¡Sean bienvenidos!

Simbología

- zzzzzzzzz - || Diálogo de los personajes

Cursiva || Pensamiento de los personajes

[Flashback] || Eventos pasados en la historia

[Flashforward] ||Eventos futuros en la historia

.

Disclaimer:

Los personajes no me pertenecen, son de la mente de Rumiko Takahashi

.

Nota:

Tomé libertades en temas históricos, geográficos y sociales para el desarrollo del relato.

.

.


.

Capítulo 15. Abatido, pero con el alma indestructible

.

Tarde | 22 de mayo | Mar Amarillo

El incesante vaivén de la embarcación provocó que Ranma abriera paulatinamente los ojos. Observó un techo de madera a corta distancia, correspondiente a la base de la parte superior de una litera. En el centro del camarote se hallaba una pequeña mesa circular y a lado de la cama existían dos ventanas rectangulares de medianas dimensiones por las cuales invadían sin obstáculos los rayos del sol, lo que iluminaba parcialmente el interior.

A primera vista no pudo determinar con exactitud dónde se encontraba. Quiso levantarse, pero sólo alcanzó a quedar sentado en la cama debido a un abrumador vértigo que le hizo cerrar intempestivamente los ojos. Volvió a recortarse para disminuir esa terrible sensación y porque también sentía fuertes dolores en la cabeza, cara y torso.

¿Qué carajos me pasó? ¿Y dónde estoy? Lo último que recuerdo es estar peleando con Genjuro… recibí su ataque y todo se volvió negro. Parece que estoy en el barco, pero ¿cómo llegué aquí? Su nublosa mente y el dolor palpitante le dificultaban pensar con claridad. En un instante, advirtió que la joven Tōdō no estaba presente así que temió lo peor ya que supuso que se había quedado en el muelle para enfrentarlo sola.

De pronto, por la puerta del camarote apareció la susodicha llevando material de curación. Al verlo consciente, dejó las cosas sobre la mesa, se le acercó con premura y tomó asiento a la orilla de la litera.

– ¡Por fin despertaste! – expresó conmovida.

– Sí, apenas hace un rato – se tomaba un poco la cabeza con su mano derecha –. ¿Qué fue lo que pasó?

– Fue mi padre, él te rescató.

– ¿Es en serio? – abrió más los ojos, sorprendido por lo acontecido.

– Supo que Genjuro iría y viajó para ayudarnos. De no haber sido por él, no sé cómo hubiera terminado todo. – bajó la mirada, por imaginar terribles consecuencias.

Un silencio se adueñó del lugar después de aquella declaración. El chico asimiló la gravedad de lo acontecido por lo que también quedó mudo con una expresión de desazón.

– ¿Qué te pasa? – Masumi volvió a hacer contacto visual con él.

– Yo… lo siento. Perdí de nuevo. – bajó la mirada para ocultar su vergüenza.

– Peleaste muy bien, de hecho pensé que ganarías.

– Casi hecho a perder toda la misión. – sus palabras denotaban amargura por el revés.

– Hiciste que pudiera proteger el mapa. También me salvaste. – le dio una ligera palmada en el hombro, para alentarlo.

– Si no fuera por el maestro.

– ¡Basta, por favor! – exclamó irritada.

Saotome creyó que estaba molesta por la temeraria decisión que tomó al pelear contra Jaan sólo, considerando justa una reprimenda de su parte. En eso reflexionaba cuando percibió algo que le hizo mirar de nuevo a su colega. Advirtió que tenía los ojos algo vidriosos y le miraba con zozobra.

– Sentí miedo al creer que morirías. No te culpes ahora; lo importante es que estamos vivos.

– Lo siento, no quise molestarte. – se disculpó de inmediato.

– Sólo concéntrate en recuperarte, ¿quieres? – limpió rápidamente las pocas lágrimas que albergaban sus azules ojos.

Kusonoki había arribado a Pekín el día de la presentación, algo tarde para acompañar a los chicos. Por esto prefirió hablar con su contacto en la ciudad, el señor Jiang, para escuchar de primera voz los pormenores de la misión y el resultado de esta. Feliz por el éxito temporal de los guardianes, decidió dejarlos descansar y verlos hasta el viaje de regreso.

Debido a sus temores acerca del heredero Jaan, el día siguiente decidió apersonarse en el barco antes de que los guardianes hicieran su arribo para preparar al capitán sobre la importancia del especial cargamento que llevaría. Aún no se había encontrado con su hija cuando observó la pelea del pupilo, por lo que pidió a la tripulación que impidieran el descenso de la chica, puesto que el mismo lo auxiliaría. Un par de marineros le llevó rápidamente hacia el muelle en un pequeño bote, donde pudo ponerlo a salvo y llevarlo a bordo de la embarcación.

Para suerte del grupo el buque contaba con un médico a bordo. Después de una valoración, informó a sus compañeros que además de las lesiones visibles en el rostro, encontró una herida superficial en la parte superior de la cabeza y severas contusiones sobre el plexo solar. Le administraron un sedante y algunos analgésicos para mitigar el dolor y hacerlo descansar.

Ya despierto en el camarote, la joven Tōdō comenzó a retirarle el vendaje que cubría gran parte de la cabeza con cuidado. El ligero corte de la cabeza parecía sanar así que le puso las vendas de nuevo. Una vez que terminó le hizo tomar los medicamentos indicados por el galeno y le recomendó que se recostara a descansar.

– El doctor dijo que en pocos días la hinchazón del rostro y tu dolor de cabeza disminuirían. Te recomendó reposo, y lo bueno es que de aquí a que lleguemos a casa no habrá mucho por hacer. – mientras depositaba en un bolso de plástico el vendaje usado.

– Pues ya que. – se palpaba los pómulos notando la severa hinchazón.

– Me tengo que ir, Ranma. Voy a tirar esto y después voy con mi padre.

– Masumi, gracias por todo lo que haces.

– Gracias por cuidar de mí. – respondió desde la puerta a punto de abandonar el sitio.

Él deseaba mostrar un genuino agradecimiento por cuidarlo desde el primer desaguisado que tuvo con Jaan, ya que ella le hizo sentir calma y seguridad en los turbios momentos que venía arrastrando desde su exilio del dojo Tendo. Ella también quería demostrarle lo agradecida que estaba por el compromiso que mostró en la misión, ya que presentía que ambos podían tener un fuerte vínculo que les permitiría desempeñarse mejor como guardianes, algo que falsamente creyó tener en el pasado con otra persona. El sacrificio que realizó para protegerla se lo confirmó.

Sus miradas permanecieron en contacto por varios segundos sin interrupciones, enrojecimientos o incomodidades. Cuando quedó a solas se recostó para recuperarse, aunque comenzó a angustiarle el reciente descalabro a manos de Genjuro porque eso le demostró que todavía no estaba a la altura de su rival.

.

.

Ocaso | 22 de mayo | Nerima, Japón

Bastante agotados regresaban el señor Tendo y la hija menor al finalizar del día. Estuvieron practicando toda la tarde en las afueras de la ciudad con miras en el próximo torneo de artes marciales que se celebraría en Tokio el mes entrante. La chica mantenía el semblante cansado pero con cierta satisfacción puesto que por fin parecía encontrar un motivo para mantenerse serena en los difíciles momentos que le atribulaban.

Por su parte, Soun mostraba mayor tranquilidad porque entrenar con ella le provocada renovados ánimos y le ayudaba a reforzar la relación padre e hija. De esta manera podrían superar juntos la tristeza que llevaban por la ausencia de la familia Saotome.

– Fue muy buen entrenamiento, papá. – expresó Akane.

– Como en los viejos tiempos, hija. – respondió sonriendo el hombre.

– No me había dado cuenta, pero ya estaba perdiendo forma. – alzó el puño a la altura de su rostro y lo miró con detenimiento.

– Con el tiempo la recuperarás. Sabes, estaba pensando que necesitamos mejorar tu velocidad. Ya tienes la fuerza y si logras ser más rápida, podrás vencer a cualquiera.

– ¿En serio lo crees? – le miró muy ilusionada.

– ¡Claro! Y yo me encargaré de eso. – alzó el índice, para reafirmar su promesa.

Aquellas palabras estaban llenas de razón, pues su fuerza había quedado de manifiesto en infinidad de ocasiones. Tuvo varias peleas contras las prometidas del chico, y aunque no siempre resultaba victoriosa porque este la protegía, si estaba muy cerca del nivel de esas mujeres. Soun creía que igualarlas e incluso superarlas era algo que lograría en breve tiempo.

A la joven de ojos castaños le brindaba tranquilidad el convertirse en una mejor peleadora pues entrenar la relajaba y así podía despejar su mente de los melancólicos pensamientos que le invadían desde la partida de Saotome. También deseaba mostrar que tenía una franca mejoría para evitarle más penas a su familia, pues ellos le seguían apoyando todo este tiempo.

Asimismo, consideraba controlar sus emociones puesto que albergaba una ligera esperanza de reencontrarse con el chico en aquel torneo. Si lograba dominar lo que sentía con lo que decía, creía que aquello le ayudaría a aclarar el terrible malentendido.

Cuando vuelva a verlo debo ser más sincera y abierta con él. No puedo dejar que mi carácter arruine lo que podría ser la última oportunidad de expresarle lo que siento. Tal vez no quiera ni verme, pero estoy dispuesta a que me escuche. Ranma, donde quiera que estés, espero que te vaya bien. Sé que pronto nos encontraremos, aún tengo fe en que pasará.

.

.

Mediodía | 23 de mayo | Tokio, Japón

El heredero Jaan volvía a Japón después de la travesía por tierras chinas en la búsqueda del mapa. Aunque al principio estaba furioso por el infructuoso viaje, el vuelo a Tokio parecía haberle calmado y ayudado a pensar con otro enfoque las cosas. Apenas llegó a la ciudad se comunicó con Jun para citarlo a la brevedad en el departamento. Había encontrado una nueva estrategia para recuperar los símbolos que le darían el poder que anhelaba y precisaba comunicarle con urgencia esas ideas.

Ya en el apartamento se sirvió una copa de whisky en tanto reposaba en la sala esperando a su interlocutor. Éste se anunció en el interfono y se le permitió la entrada en el complejo. Después de los saludos de rigor, el viejo indagó sobre el estatus del viaje aunque suponía que las cosas no les resultaron favorables debido al semblante serio del hombre.

– ¿Pudo recuperar el mapa, señor? – cuestionó con reservas.

– ¿Tú que crees? – expresó con hartazgo.

– Por lo que veo, no. ¿Qué problemas tuvo?

– Esos malditos guardianes se me adelantaron y lo robaron antes que pudiera tomarlo. Estuvo a punto de detenerlos cuando escapaban, pero el viejo Kenzo apareció para arruinarlo todo. – su visión de enfocó hacia arriba a su izquierda, rememorando el altercado.

– Le tendieron una trampa, supongo.

– Puede ser – dio un sorbo al vaso con licor –. ¿Y sabes qué? El chico Saotome está con ellos.

– Imposible, aún sigue con vida. – expresó con sorpresa.

– El muy estúpido tuvo el valor de enfrentarme de nuevo. Ha mejorado mucho desde la primera vez que peleamos. – se puso de pie para llenar el vaso de nuevo.

– Kusonoki la ha de estar entrenando. – el anciano le seguía con la mirada desde un sillón.

– Él y sus discípulos pueden llegar a ser un problema, pero podemos convertir eso en una ventaja. – manifestó de espaldas al viejo.

– ¿A qué se refiere con eso?

– Por lo que pasé en China me di cuenta que ellos están buscando los mapas y las llaves. Creo que en vez de buscar por nuestra cuenta, dejaremos que ellos las reúnan para arrebatárselas cuando las consigan.

– Tiene sentido, pero enfrentarlos a todos juntos puede ser peligroso.

– Por eso te cité, mi estimado Jun.

A partir de ese día mantendrían una vigilancia constante sobre las actividades de los guardianes. Jaan tenía una llave y Deimos poseía la otra, pero aún desconocían el paradero de la última. Acerca de los mapas, uno acababa de ser recuperado por el maestro Kusonoki y compañía en tanto los otros dos seguían ocultos o desaparecidos. Su grupo rival buscaría los artículos faltantes con premura para evitar que cayeran en sus manos, justo como ahora quería que sucediera. Cuando los reunieran, aprovecharía la ocasión para arrebatárselos costara lo que costara.

Para lograr tal empresa, enfocarían todas sus baterías en analizar a conciencia al grupo y a sus integrantes, así como seguirles el rastro en cualquier movimiento que realizaran.

– ¿Qué quiere que yo haga por mientras? – cuestionó el viejo.

– Encuentra a Deimos lo más pronto posible y vigílalo. Mantenme informado de todo lo que pase con ese hombre. – observó la hora en el reloj de pared sin prestar atención a su acompañante.

– Lo haré de inmediato. – se incorporó para abandonar el edificio.

– Antes de que te vayas necesito una cosa más. Quiero que me traigas el "Codex Animare". – el heredero lo observaba con frialdad.

– Claro, señor.

Mientras abandonaba el complejo sintió un ligero temor por esa petición. Ese tal "Codex" había sido descubierto por el padre de Genjuro varias décadas atrás y al saber el poder que guardaba decidió utilizarlo para sus fines particulares. Sin embargo, terribles resultados surgieron cuando aplicó los conocimientos que poseía aquel volumen ya que el hombre casi fallece. Aunque si logra dominarlo, los guardianes no tendrán oportunidad contra nosotros.

.

.

Tarde | 23 de mayo | Nerima, Japón

Las manecillas del reloj del instituto avanzaban con ritmo constante aquella calurosa tarde. Muchas jovencitas salían del recinto escolar platicando de forma amena sobre los deberes escolares, entre ellas la menor de las Tendo. Se le notaba en mejor disposición a dejar el aislamiento emocional que tenía, puesto que la motivación de la competencia y el entrenamiento con su padre parecían mejorar el estado de ánimo.

– Nos vemos mañana. – se despidió alzando su manos de las chicas.

– ¡Hasta mañana! – respondieron al unísono las amigas.

Caminó rumbo al dojo de manera tranquila imaginando cómo serían las siguientes prácticas con su padre cuando le pareció escuchar una voz familiar. Se detuvo un momento para voltear hacia dónde provenía el sonido y observó a Ryoga pedirle indicaciones a una anciana que barría la banqueta. Cuando lo reconoció se le acercó para saludarlo.

– ¡Ryoga, que gusto verte! – exclamó efusivamente.

– Hola, Akane. – expresó tímidamente, tocando la parte de atrás de la cabeza.

Con una gran sonrisa fue recibido por la chica de cabello azul que se alegraba de verlo después de tantos días de ausencia. Aprovechó para entregarle varios regalos de los lugares dónde había estado ya que siempre tenía esos detalles con ella, los cuales recibió gustosa. Se ofreció para acompañarla a casa y poder conversar sobre el principal tema que los unía: el paradero del joven Saotome.

– Akane, lamento decirte que no supe nada de Ranma. – manifestó decepcionado.

La joven Tendo hizo una prolongada pausa a la vez que asimilaba las palabras del chico Hibiki. Eso lo suponía desde que lo vio pues algo dentro de ella le indicaba que si volvía a ver a su prometido sería por cuenta propia. Bajó la cabeza mientras proseguía la marcha hasta que decidió responderle.

– No te preocupes. Te agradezco que lo hayas buscado. – apretó con fuerza el portafolio que llevaba.

– Pero seguiré intentándolo, te lo prometo. – detuvo el andar para mirarla y reafirmar esa promesa.

– Puedes dejarlo, no tienes que hacerlo más. – la chica no le miraba directamente.

– ¿Qué quieres decir? ¿Acaso ya no te interesa encontrarlo?

Claro que quiero verlo. Muero de ganas de tan solo escuchar su voz, pero debo estar tranquila. Ya no está sólo en mis manos lo nuestro, tal vez lo vea mañana, en una semana o nunca. Tendré fe y aprovechará la oportunidad que tengo en el torneo, si no aparece ahí no sé qué más podría hacer.

– No es eso. Es sólo que trato de ser más paciente. Y no quiero que sea una carga para ti.

– Para mí nunca será una carga ayudarte. – le confesó Ryoga.

– Gracias por todo Ryoga. ¿Sabes una cosa? Estoy entrenando muy duro con mi padre porque voy a participar en un torneo que habrá el próximo mes. – le miró a los ojos mostrando más alegría.

– ¿En serio? Me da mucho gusto. Si quieres yo también puedo ayudarte.

– Sería fantástico. Incluso tú también podrías participar, habrá una rama varonil.

– ¿Estaría bien, no? Si tú lo haces, yo también. – afirmó con seguridad el joven de la pañoleta.

Después de dejarla en el dojo, el chico se despidió y le prometió que regresaría para ayudarla a entrenar, pero primero necesitaba arreglar unas cosas en casa para poder concentrarse de lleno en el torneo. Cuando dejaba la localidad se dio cuenta que Nerima sin la presencia de Saotome parecía un lugar tan extraño y distante al igual que cualquier otra ciudad.

Me da gusto que Akane se vea mejor. Todo esto por culpa del idiota de Ranma, que nunca aprendió a tratar a las chicas.

Lo que el chico no expresaba, a pesar de ser tan abierto en sus emociones, era que en el fondo echaba de menos la peculiar convivencia que tenía con el joven de ojos azules. Peleas, insultos, discusiones, retos, problemas y malos entendidos se habían esfumado con la desaparición de su amigo. También lo extrañaba, muy a su manera.

En tanto, dentro de su habitación la peliazul realizaba sus deberes escolares y meditaba la razón por la cual no le confesó a Ryoga unos de los motivos para participar en el torneo. Escribía oraciones en la libreta mientras reconocía que todo giraba en torno a su prometido todavía.

.

.

Tarde | 24 de mayo | Mar Amarillo

Otra vez estuvo muy cerca, de no ser por el maestro no la hubiera contado. Cada vez que nos encontramos salgo mal parado. No me equivoqué respecto a él la primera vez que lo vi. ¿Si me hubiera atacado en Nerima y no hubiera podido proteger a Akane? ¿Si la hubiera lastimado por mi culpa?

Le provocaba gran ansiedad imaginar en peligro la integridad de la joven Tendo por culpa suya. A pesar de la dolorosa ruptura aún albergaba profundos sentimientos por ella. Estaba dispuesto a protegerla aunque ya no tuvieran lazos entre ambos porque esa decisión le nacía del corazón.

– Ver el mar produce siempre calma – Kenzo apareció de pronto –, eso dicen.

– La vista es hermosa. – respondió Ranma, apoyado sobre el barandal de cubierta.

El viento empujaba minúsculas gotas de agua que le mojaban el rostro. Observaba hacia el infinito un vasto azul que parecía no tener fin. Su cuerpo se sintonizaba con el vaivén de la marea mientras que el sonido oceánico le permitía ingresar en una acentuada cavilación.

– Algo te preocupa, ¿no es verdad? – inquirió Kenzo.

– Perdí otra vez. – respondió manteniendo la vista en el azul firmamento.

– Más allá de los hechos, lo importante es que salieron bien librados del problema. Y que tomaron la mejor decisión.

– Sí, pero de no ser por usted tal vez yo ya estaría muerto. – bajó su mirada al fondo marino.

– Confiaste en ti mismo y eso es bueno, pero una pequeña ayuda de los demás siempre es una gran bendición.

– Creo que tiene razón.

Conversar con aquel viejo de afable carácter por alguna razón le hacía tener esperanzas respecto al futuro. Entendió que mientras fuese parte del grupo siempre podría contar con él, lo que le reconfortaba ya que la soledad de una u otra manera le había acompañado desde niño.

– Ranma, la auténtica victoria no consiste en derrotar a alguien más poderoso que tú, sino en ser capaz de proteger algo que te importa de verdad.

El señor Kusonoki volvió al interior de la embarcación en tanto Saotome pensaba sobre lo dicho por el hombre. Aunque era la primera vez que escuchaba aquellas palabras no le resultaban ajenas pues cuando perdió la oportunidad de librarse de la maldición en Jusenkyo no tuvo remordimientos puesto que salvó la vida de la persona que más le importaba en el mundo. Akane, ¿cómo estarás ahora?

.

.

Noche | 26 de mayo | Wakayama, Japón

Los guardianes arribaron cerca del anochecer a su hogar tras un largo trayecto en barco y tren desde la China continental. Después de poner al día a sus compañeros y un breve descanso, se reunieron en el lugar donde regularmente entrenaban para charlar sobre los pormenores de la reciente misión. El maestro tomó la palabra para realizar un resumen de los acontecimientos.

– Dentro de lo que cabe la misión resultó exitosa. Tenemos el mapa del sitio donde está oculta la katana – mostró el rollo que obtuvieron en Pekín.

– ¿Con que ese es el mapa? – declaró Hikaru, algo sorprendida por el aspecto del pergamino.

– No todo resultó bien. Genjuro se presentó para tratar de quitárnoslo. Por suerte, pudimos contenerlo. Lamentablemente su compañero sufrió algunas lesiones, aunque por suerte no de gravedad. – señaló al joven de la trenza, que bajó la mirada un poco avergonzado.

– Lo bueno es que regrésate, pelirroja. Tú y yo tenemos asuntos pendientes. – precisó Tatsuo, para intentar animarlo.

– Masumi, ¿quieres decirnos tus opiniones sobre tu compañero en esta misión? – el hombre la invitó a pasar al frente.

– Realizó un buen trabajo y fue de mucha ayuda todo el apoyo que me brindó, hizo lo que se le pidió e incluso más de lo que debía. Incluso salvó mi vida; de no ser por él, creo que no lo hubiéramos logrado. – observó de nuevo al chico, notando que le miraba y parecía agradecer esa retroalimentación.

– Gracias. Ranma, ¿tienes algo que decir? – el chico se puso al frente.

– Aprendí mucho de este viaje y sobre cómo resolver problemas. Lo único que lamento es no haber podido defenderme de Genjuro como debía.

– Eso es algo que debe preocuparnos y ocuparnos.

Él último encuentro con el heredero Jaan dejaba en evidencia que el mapa ahora estaba en Japón, a resguardo de ellos. La importancia de recuperarlo radicaba en que el pergamino correspondía a la llave que tenía ese hombre en su poder. De haberlo conseguido encontraría la katana y con ello pondría en grave riesgo la seguridad nacional.

– Los mapas que faltan están en manos confiables, así que eso no me preocupa por ahora. Las llaves serán nuestra prioridad porque las otras dos las tienen Genjuro y Deimos. Como recuperarlas será muy peligroso he decidido separar al equipo.

– ¿Separarnos? – expresó preocupada Hikaru.

– No es lo que piensas, me refiero a tomar objetivos distintos.

Por una mejor organización el grupo se dividiría en dos bandos con intereses comunes. Hikaru y Tatsuo se ocuparían de las labores ordinarias del equipo, como misiones locales, tareas de seguridad de la casa y de forma secundaria, en investigar los aposentos de la familia Jaan. En tanto, Masumi y Kenzo retomarían las investigaciones sobre los poseedores de las llaves, con la finalidad de recabar la mayor información posible para trazar los planes que les permitan recuperarlas y de paso neutralizar a esos individuos.

– Comenzaremos a partir de mañana. Tatsuo, quiero que te hagas cargo de sus actividades.

– Entendido. – cuando aceptó la orden, observó por instinto a Hikaru que le miraba con alegría, lo que le ruborizó.

– Es todo por el momento. Pueden ir a descansar, excepto tu Ranma. Necesito hablar contigo.

Rápidamente quedaron a solas en la inmensidad de la habitación. Saotome tenía preocupación por haber quedado fuera de las principales asignaciones y el tono en que el hombre la habló. Se le notaba serio y preocupado por lo que presentía algo malo.

– Tiempos sombríos se ciernen sobre nosotros. Tú más que nadie sabes de primera mano la amenaza que supone Jaan y has visto hasta dónde puede llegar por conseguir lo que quiere. – expresó de forma solemne su mentor.

– Es un hombre muy peligroso. Jamás imaginé que pudiera tener tanto poder. – reconoció muy consternado.

– No todo es ser fuerte, muchacho. El poder siempre es peligroso: atrae a los peores y corrompe a las mejores personas.

– Pero, ¿cómo lo detendremos?

– Ya encontraremos la manera. Y para eso vamos a poner manos a la obra. No se lo dije a tus compañeros, pero tú no nos ayudarás a detenerlos y conseguir las llaves. Sin embargo, primero nos enfocaremos en entrenarte.

– ¿Fue por eso? – declaró sorprendido.

– Sí. ¿Qué pensabas?

– Pues que tal vez ya no estaba dentro del equipo. – sonrió ante tal verdad.

– ¡Qué imaginación! – dijo Kenzo después de reír también –. Es cierto que tienes poco tiempo con nosotros, pero has demostrado grandes capacidades. Mañana volveremos al entrenamiento que teníamos, sólo quise decírtelo en privado para que no te sintieras relegado porque por ahora no te consideraré para las tareas del grupo.

– Me queda claro, maestro.

– Ve a descansar, mañana tendremos mucho trabajo.

Saotome yacía recostado tiempo después de conversar con el maestro. Razonaba sobre la manera para vencer a Jaan, pues comprendía que de fracasar en la próxima ocasión seguramente moriría. No era la primera vez que tenía rivales que le superaban, sin embargo, este más que derrotarlo deseaba exterminarlo. Para enfrentarlo, debería aplicar con mayor determinación aquella máxima que le expuso la joven Tōdō: pelear como si su vida dependiera de ello.

.

.

Mañana | 27 de mayo | Wakayama, Japón

Ubicados en una meseta a gran altitud muy cerca de la mansión, Ranma y Kenzo descansaban después de una par de horas de ascenso. Apenas se disipó la noche, se dirigieron hacia aquella montaña porque el maestro continuaría con el entrenamiento del discípulo en aquel lejano sitio. El camino se encontraba en buenas condiciones por lo que no encontraron dificultades para llegar y menos Saotome, ya que poseía una óptima condición física debido a sus años de artista marcial.

– Este lugar es muy tranquilo. – expresó el hombre señalando un risco saliente en los límites de la meseta.

– Se puede ver la casa, el tempo y la cascada. – apuntó el chico parado sobre la enorme roca.

– Primero voy a explicarte unos conceptos sobre lo que quiero que consigas con las siguientes prácticas. Dominaste a la perfección como utilizar tus sentidos, como lo vi la última vez. Y fue fantástico como encontraste una oportunidad para lograr atacar a Genjuro. Sin embargo, aún te falta dominar el arte de la defensa.

Pronosticar la trayectoria de los ataques mediante los sentidos era de mucha ayuda, pero solo consistía en el primer paso. No siempre existía la posibilidad de eludir los embates, por tanto, debía aprender a contener una arremetida como la última que le derrotó. Para ello tendría que asimilar la forma de detectar el flujo de energía.

– No voy a entrar en detalles sobre cómo llamarle, por ahora sólo deberás aprender a percibirla.

Sacó de un pequeño bolso un frasco con tinta negra. Abrió con cuidado el depósito y le pidió que le mostrara los puños. Una vez que lo hizo, entintó los nudillos completamente y le solicitó que corroborara como se manchaba la piel al contacto con la pintura.

– Ahora, pelearás contra mí utilizando sólo tus puños.

Le atacó con decisión y velocidad, pero contuvo con gran precisión y habilidad los golpes. La calidad del hombre como artista marcial contrastaba con la apariencia apacible y bonachona que mostraba. De pronto, el mentor gritó que se detuviera porque quería mostrarle un detalle importante sobre el ejercicio.

– Mírame bien. ¿Notas algo extraño? – le mostraba las manos abiertas a la altura de su pecho.

– No veo nada raro. – indicó ladeando un poco la cabeza.

– Acércate un poco más.

– Sigo sin ver nada extraño – repentinamente notó algo que faltaba –. ¡Sus manos no están manchadas!

Aun cuando sintió cómo los golpes fueron detenidos por las manos del hombre, éstas lucían limpias. Debía tener varias manchas ya que sus puños estaban muy manchados. Para corroborarlo, golpeó ligeramente su antebrazo y observó que al menor contacto la pintura le manchó la piel. ¿Cómo puede ser posible que no tenga manchas?

– Seguro te preguntas porque no hay tinta en mi cuerpo. Eso es porque nunca llegaste a tocarme.

– ¡Eso no puede ser! Yo sentí que detenía mis ataques. – movía sus puños.

– Tienes razón. Si lo hice, pero no con mi cuerpo sino que capté tu energía y la bloqué en cada ataque.

– ¿Con que fue por eso? – puso las manos en los bolsillos.

– Así es. Por lo que sé ya has tenido experiencia con el flujo de energía. Sin embargo, sólo has utilizado la emocional, cómo con el Huracán de Tigre (Mōko Takabisha) o la que irradia tú rival, como con el Dragón Volador (Hiryū Shōten Ha).

– Cierto.

– Ahora quiero que la detectes sin que dependa de tus emociones, ya que eso te ayudara a defenderte adecuadamente. Y si logras combinarlo con tu percepción sensorial podrás mejorar considerablemente tu defensa.

– Bien, ya estoy listo para aprender, maestro.

– Será difícil pues dependerá de tu conexión espiritual.

Su mentor le pidió que tomara asiento en una postura que le permitiera meditar, que cerrara los ojos y que respirara de forma calmada y profunda. El chico acató las instrucciones y se mantuvo en aquella posición por varios minutos, a la espera de la siguiente disposición.

– Visualiza la energía recorriendo todo tu cuerpo, desde tus pies hasta tu cabeza.

Saotome permanecía inmóvil intentando comprender las órdenes, pero no lograba sentir aquello que el maestro le decía. Controlaba sus emociones para evitar desesperarse, ya que los frutos de la práctica le harían un mejor peleador como con el anterior ejercicio que el mentor le enseñó.

– Ahora golpea la palma de tu mano con el otro puño. Intenta detenerlo controlando tu energía para evitar que haya contacto físico.

Realizó el ejercicio, abrió los ojos y descubrió que su palma estaba llena de tinta, pues el puño hizo contacto con su piel completamente.

– ¡Rayos! – golpeó con fuerza el suelo.

– Tranquilo, es normal que no resultara a la primera ya que es un ejercicio complicado de realizar. Este será tu práctica a partir de hoy. Una vez que lo domines, pasaremos al siguiente nivel – sacó un paquete de pañuelos húmedos y se los entregó –. Toma esto, puedes limpiarte para que sigas practicando.

– De acuerdo – se limpió la palma que estaba manchada –. ¿Cuánto tiempo debo meditar?

– Tú decidirás eso. Toma el tiempo necesario.

Prosiguió por varias horas realizando el ejercicio sin resultados satisfactorios, aunque eso le motivaba a seguir adelante. Volvieron a casa para comer, puesto que no iban preparados para estar más tiempo en aquel lugar. Mañana seguiría con su práctica, pero a solas porque era la mejor manera de concentrase.

.

.

Tarde | 27 de mayo | Nerima, Japón

Ukyo todavía guardaba rencillas con Akane desde la partida del artista marcial. Aunque viajaron juntas para buscarlo no olvidaba que la joven de ojos castaños había hecho añicos el corazón de su amigo y prometido. Odiaba que la eligiera por encima de ella, pero detestaba más que la chica lo hubiese despreciado de tan cruel manera que provocara el exilio del muchacho.

Recién volvieron de buscarlo se encargó de informar a todo el mundo el motivo de la ausencia del joven, así como el estado del compromiso entre ella y su amigo de la infancia. Recordaba la poca empatía que mostró la chica cuando lo despreció, por lo que consideraba injusto que intentara ocultar la realidad.

Todo por tu culpa, Akane. Nunca debiste hacerle eso a mí Ran-chan, algún día lo pagarás y yo misma me encargaré de eso. Sigues tan campante después de que se fuera, sabía que él no te importaba, ¿pero por qué hacerle eso?

Aun cuando no tenían una sólida amistad entre ambas, se relacionaban ocasionalmente cuando Ranma estaba de por medio. Al estar ausente le quedaban pocos motivos para mantener una convivencia con ella y mucho menos por el rencor que le guardaba. En cada oportunidad que se miraban le expresaba ese sentimiento y aquel día, aunque parecía común, sería muy conflictivo.

Aquella tarde la chica Kuonji tenía los ánimos exaltados debido a dos hechos importantes. En primer lugar, ese día cumplía con exactitud un año de haberse reencontrado con Saotome. Y en segundo término, la noche anterior tuvo una complicada llamada con su padre en la cual éste le arengaba a volver a casa y olvidarse del chico, pues quería que siguiera el negocio familiar. Todo eso, junto con el rencor que guardaba, le hacía estar a punto de explotar.

En uno de los espacios libres entre clases, un grupo de alumnos conversaban sobre un torneo de voleibol entre escuelas que habría próximamente y por el cual estaban sumamente interesados.

– Las otras escuelas son muy buenas, no creo que podamos ganar. – expresó Daisuke algo desilusionado.

– ¿Por qué están tan interesados? – preguntó Sayuri al grupo.

– ¿No lo sabes? Organizarán una fiesta de fin de cursos para el equipo de la escuela ganadora. – respondió el muchacho, emocionado por ese premio.

– Vaya, creo que si vale la pena participar. Akane, tu podrías jugar para el equipo. Contigo tenemos más oportunidad de ganar. – la chica le expresó sus deseos a la menor de las Tendo.

– Bueno, no sé si sea buena idea… – respondió dubitativamente la joven de ojos castaños.

– Anda, hazlo, por favor. – varias chicas le solicitaron su ingreso al unísono.

– Que mal que no esté Ranma, como los equipos son mixtos, con el participando seguro ganaríamos.

– ¡Daisuke! – Sayuri hizo una seña para que el chico guardara silencio por su impertinencia.

– Es una lástima, ¿verdad Akane? – espetó la chica de la plancha desde su banca.

Volteó para observar como Ukyo le miraba con desdén. Le desagradó bastante el tono de esas palabras, pues ella perfectamente sabía lo mucho que lo extrañaba todavía. Entendió que la chica le retaba por lo que le respondió con decisión.

– Si tienes algo que decir, hazlo Ukyo. – un silencio dominó el ambiente del aula.

La chica Kuonji se levantó para acercarse al pequeño grupo. Quedó de frente observándola fijamente mientras tomaba fuerzas para liberar lo que almacenaba su pecho.

– Todo es tu culpa. – sentenció con honesta brutalidad, señalándola con el índice.

– ¿Mi culpa? De que hablas. – respondió molesta.

– De mi Ran-chan. Tú hiciste que se fuera de aquí. – se cruzó de brazos.

– No te atrevas, Ukyo.

– Es cierto, todos lo saben.

– Tú también tuviste mucho que ver en esto.

– No quieras hacerme culpable, yo sólo quería tener a mi Ran-chan conmigo. ¡Y ahora él ya no está!

– Claro que tienes culpa. ¡Arruinaste mi boda y encima de todo te atreviste a besarlo! – golpeó con fuerza una banca al emitir esta declaración.

Todos estaban a la expectativa porque el aura combativa de las chicas crecía sin cesar. Les sorprendía ver la actitud iracunda de la Ukyo ya que regularmente se mostraba demasiado centrada y tranquila. Pero también causaba asombro la conducta de Akane, pues reconoció en ese momento y ante toda la clase, un interés genuino sobre su ex prometido.

– Esa boda no debía pasar porque tú lo engañaste para que se casara contigo. ¡Y sí, yo lo besé porque lo quiero, no como tú! – la joven Kuonji tenía los ánimos muy crispados.

– ¡Tú no sabes lo que siento por él! Y te advierto una cosa: no pienso permitir que me sigas acusando. – la joven de cabello azul la increpó con coraje.

La mesa estaba puesta para el combate. Los ojos de Akane brillaban llenos de rabia mientras tensaba la mandíbula y apretaba los puños. Ukyo no se quedaba atrás puesto que sujetaba la plancha que llevaba en la espalda, lista para arremeter contra ella. A pesar de haber decenas de estudiantes, ninguno se atrevía a interponerse entre ambas pues temían por su seguridad. De pronto, la maestra Hinako entró transformada en niña con la singular alegría que la caracterizaba, rompiendo la tensión del ambiente. Les pidió que tomarán asiento para comenzar la clase, pero antes de hacerlo, la chica Kuonji lanzó unas hirientes palabras.

– Puedes decir y sentir lo que quieras pero sabes una cosa: yo soy la única prometida que tiene ahora.

La joven de ojos castaños quiso responder la afrenta, pero fue impedida porque la maestra les apuntaba con su clásica moneda. Se retiró a la banca muy dolida por aquellas palabras, puesto que tenían razón: ya no era la prometida de Ranma Saotome y eso le martirizaba hasta lo más profundo del alma.

.

.

Mañana | 28 de mayo | Wakayama, Japón

Recién amanecía cuando el joven de ojos azules preparaba sus cosas para seguir con el entrenamiento. En su habitual mochila de acampar guardó prendas, comida, frascos de tinta y varias bolsas de pañuelos. Pensaba quedarse todo el día si era necesario para avanzar lo más posible en la práctica. Aún debía ir con Kenzo pues este le pidió que lo visitara antes de salir ya que deseaba darle algo para el viaje.

– Buenos días, maestro. Ya me voy a entrenar.

– Buenos días, Ranma. Pasa por favor, como te dije anoche quiero que mejores tu resistencia física y agilidad. Por eso voy a darte algo más para el camino. – se le acercó lentamente.

Enseguida le presionó tres puntos en posición triangular detrás del cuello con firmeza. El artista marcial sintió un pequeño piquete que le recorrió la columna, aunque poco doloroso. Repentinamente, percibió una pesadez en el cuerpo como si cargara varias losas sobre su espalda.

– Me siento muy pesado. – confesó haciendo un enorme esfuerzo por mantenerse en pie.

– Acabo de aplicarte una vieja técnica africana llamada "La Punción Elepha". Se presiona el centro de tus nervios motores causando una pesadez en los músculos del cuerpo. Dificultará tus movimientos pues será como si cargaras un peso en todo tu cuerpo, pero te ayudará a fortalecerlos y mejorar tu velocidad.

– Eso no me lo esperaba. – masculló con dificultad.

– Con esto aprovecharemos el ascenso y descenso para ejercitarte. Además, podrás lanzar golpes sin controlar tu fuerza, con lo que si logras detener tu golpe será más certero.

– Si usted lo dice, me servirá.

– Espero tengas suerte. Ve con cuidado, te esperamos para la cena.

Saotome salió de casa y se encaminó a la montaña con bastante esfuerzo. Un paso le suponía un sacrificio considerable puesto que mover cada extremidad le aminoraba las fuerzas. Sin embargo, seguía avanzando para llegar a la meseta. Llegó con dificultad al sitio y cayó rendido, quedándose dormido por unos minutos. Despertó por el ruido de las aves y del viento de aquel hermoso lugar. Comió algo de los víveres que llevaba para recuperarse y se dispuso a iniciar su práctica con mucho optimismo.

.

.

Mediodía | 28 de mayo | Nerima, Japón

La chica de cabello azul descansaba en el dojo después de la habitual práctica vespertina. Últimamente entrenaba con más ahínco debido al torneo, pero también para liberar el estrés que tenía a causa de los problemas con la joven Kuonji. Miraba el altar del sitio con nostalgia pues ese lugar era mudo testigo de diversos encuentros especiales que tuvo con Ranma, como la primera vez que practicaron, las enseñanzas que le daba, o aquel casi beso que hubo entre ambos. Su mente rememoraba los buenos tiempos cuando escucho que le llamaban.

– Akane, puede venir un momento. – oyó la voz de la hermana mayor.

– Enseguida voy. – respondió con rapidez.

Se dirigió con premura a la cocina, donde Kasumi se alistaba a preparar la comida. Había recibido una llamada minutos atrás con un recado para ella.

– ¿Qué pasa, hermana?

– La señora Kenji llamó hace un momento. Dijo que vendría para acá con un chico que te buscaba. Parece que estaba perdido y ella se ofreció a traerlo. ¿Podrías recibirlo? – mencionó mientras cortaba unas verduras.

– Sí, iré a esperarlo.

Ese Ryoga siempre tan despistado. Pensé que tardaría más en volver aquí, siempre dura mucho tiempo ausente cuando va a su casa. Debería de llamarnos para saber cuándo vendrá.

Escuchó que una cansada voz llamaba a la puerta, por lo que se encaminó para recibir a las visitas. Cuanta fue su sorpresa al llegar ante la mujer, ya que reconoció a la persona que la buscaba.

– Shinnosuke, ¿tú qué haces aquí? – dijo con los ojos más abiertos que de costumbre.

– Hola Akane, que gusto verte de nuevo. – el galante chico la saludo con familiaridad.

– Parece que si lo conoces. Estaba buscándote en la plaza sin saber bien dónde vivías y me ofrecí a traerlo. Espero no te moleste. – dijo la vieja sonriendo.

– No, no es molestia. Gracias. – en ese momento la despidió agradeciendo la acción.

Una vez que la anciana abandonó el recinto, Akane quedó pasmada ante la presencia del muchacho, puesto que nunca pensó volver a verlo y menos en tales circunstancias. Y él, por su parte la miraba de forma afectiva, como si hubieran pasado años sin haberse visto.

.

Continuará...


.

Buenos días/tardes/noches.

.

La historia como guardián continúa para Ranma, a pesar de la dolorosa derrota que tuvo con Jaan. Deberá seguir entrenando para volver a pelear con él, algo que es casi seguro.

Akane, en cambio, está encontrando una senda diferente para superar los problemas emocionales que tiene desde el suceso con el chico de la trenza. Lo malo es que apenas supera un obstáculo, se le presenta otro. A ver cómo le va con la llegada de su viejo amigo/pretendiente.

Como esta semana pasé por aniversario no pude liberar este capítulo como lo venía haciendo. Espero que ya retome mi ritmo habitual.

Por último, quiero agradecer a las páginas de Face "Fanfics y Fanarts de Ranma Latino" y "Mundo Fanfics R&I" y a sus administradoras por sus recomendaciones para con este relato. Si usted, amable lector, no los conoce les recomiendo darse una vuelta, tienen bastantes sugerencias de historias sobre Ranma de todo tipo y más.

.

Gracias por el tiempo para leer este relato, emitir sus opiniones y recomendarlo.