Sobre lo ocurrido el día de la llegada de los alumnos de los colegios de Beauxbatons y Durmstrang no es necesario que me extienda, pues es sobradamente conocido para todos los que habéis leído "Harry Potter y el Cáliz de Fuego". Recordemos lo más básico. Por la mañana, Hedwig trajo una carta de Sirius (que decía que ya estaba en el Reino Unido y le insistía a que se mantuviera vigilante y le informara regularmente, pero sin usar a Hedwig, que podría llamar demasiado la atención). Al atardecer, llegaron los alumnos de Beauxbatons en un carruaje volante tirado por una especie de caballos alados a los que Ginny identificó al momento como "abraxans", y los de Durmstrang en un barco de vela que navegaba por debajo del agua. Ginny se fijó especialmente en los directores de esos colegios, aunque por diversos motivos: la de Beauxbatons porque era una mujer gigantesca, el de Durmstrang, porque era ese Igor Karkaroff contra quien Moody la había prevenido. Y el caso es que aunque el tal Karkaroff estaba muy sonriente y cordial, Ginny se dio cuenta de que esas sonrisas y esa cordialidad eran más falsas que un Sickle de madera, algo que obviamente avalaba las sospechas de Moody. Ron, por su parte, no se fijó en Karkaroff sino en Viktor Krum, que llamativamente era uno de los alumnos de Durmstrang (Ron también se fijó especialmente en una alumna de Beauxbatons especialmente guapa, de la que se empeñó en decir que era una Veela, para irritación de Hermione).

Ese mismo día durante la cena (remito al libro para los detalles), vinieron Ludo Bagman y Barty Crouch. Tras explicar las reglas del torneo (que estaría compuesto de tres tareas), trajeron un cáliz mágico cuyo interior estaba lleno de llamas igualmente mágicas (algo que era obvio para alguien de familia mágica como Ginny), el "Cáliz de Fuego", cuya magia seleccionaría a los campeones. Los que quisieran participar debían echar en el cáliz un papelito con su nombre (a tal fin, el cáliz sería colocado en el vestíbulo de entrada), y al día siguiente el Cáliz escupiría los papelitos con los nombres de los escogidos. Dumbledore también advertía que trazaría una Línea de Edad alrededor del Cáliz, para asegurarse de que nadie con menos de diecisiete pudiera depositar un papelito con su nombre. Fred y George (que esos días habían estado a menudo secreteando) dijeron que a pesar de todo intentarían algo para participar. Al final del banquete, ocurrió algo que volvió a traer a la mente de Ginny las sospechas de Moody, y es que Karkaroff se fijó en Harry Potter y luego se encontró cara a cara con Moody, cosa que no gustó nada a Karkaroff a juzgar por su cara. "No me gusta ese Karkaroff", pensó Ginny. Consideró la posibilidad de decirle algo a Harry, pero luego se lo pensó mejor. Le habían dicho que no dijera nada y no diría nada.

Sabido es que al día siguiente Fred y George intentaron poner sus nombres con no muy buenos resultados, y que diversos conocidos de nuestros héroes sí pusieron los suyos. Ese día fueron a ver a Hagrid, que se había vestido de modo muy elegante o más bien con lo que él creía que era ir de modo muy elegante. Intentaron sonsacarle en qué consistirían las tareas (pues sabían que era bastante bocazas) pero esta vez Hagrid mantuvo la boca cerrada. Hagrid también se negó a unirse a la organización que quería fundar Hermione, decía que los elfos domésticos estaban bien como estaban. Ginny consideró la posibilidad de decirle a Hermione que lo dejara correr, pero luego decidió que mejor no, que no tenía ganas de discutir con ella. Por la tarde, Hagrid se echó lo que supuestamente era colonia (pero que olía a caca de dragón, en opinión de Ginny) y subió con ellos al Gran Comedor, para el banquete de Halloween. Claro que entonces Ginny se dio cuenta de lo que ocurría: que le gustaba la gigantesca directora de Beauxbatons, Madame Maxime, con quien se encontró. Tan obvio era que hasta su torpe hermano Ron lo vio.

Tras el banquete, el Cáliz seleccionó a tres campeones: Viktor Krum, por Durmstrang, la supuesta veela de Beauxbatons, que se llamaba Fleur Delacour; y Cedric Diggory, por Hogwarts. Los tres salieron del Gran Comedor por una puerta que daba a una pequeña habitación anexa. Pero cuando Dumbledore se disponía a dar un discurso, algo inesperado ocurrió: del Cáliz salió un papelito con el nombre de una cuarta persona, y esa cuarta persona era…Harry.

Harry negó haber puesto su nombre en el Cáliz de Fuego. Dumbledore le llamó y Harry, empujado por Hermione, se levantó y fue donde los demás campeones. Ginny estaba hecha un lío. ¿Qué había pasado exactamente? Si no había sido Harry, ¿quién había puesto su nombre en el Cáliz de Fuego, y sobre todo, por qué? ¿Había sido Igor Karkaroff? Ginny miró hacia la mesa y vio que Karkaroff no parecía nada contento. El caso es que Bagman, seguido poco después por Crouch, Karkaroff, Maxime, McGonagall y Snape, salió del Gran Comedor por la misma puerta que los campeones, y cerraron tras ellos. Ginny vio que las llamas del Cáliz de Fuego se apagaban poco a poco hasta desaparecer por completo. Luego, Moody se levantó y salió, también por esa puertecita. Ginny miró hacia Ron y Hermione, como buscando ayuda, y vio que su hermano no parecía nada satisfecho, en tanto que Hermione parecía muy tensa.

—¿Qué te ocurre?—preguntó Ginny a Ron.

—Podría habérmelo dicho…podría haberme dicho que iba a presentarse…pero no, ¿por qué iba a querer decírselo al estúpido de su amigo?—dijo entre dientes.

—¿Qué?¿Es que no le has oído decir que no fue él quien puso su nombre?

—Claro…claro…tú defiende a tu novio, a fin de cuentas, ¿quién soy yo? Sólo tu estúpido hermano. Como siempre. No soy más que el estúpido de Ronald Weasley.

Y dicho esto, Ron se levantó y salió. Ginny sintió que la tierra se le abría debajo de los pies. Ni en sus peores pesadillas se había imaginado una situación semejante, el ver a su hermano enfrentado con Harry o el tener que escoger bando. Eso hizo que no disfrutara lo más mínimo del festejo que se organizó en la torre de Gryffindor por tener a Harry como campeón de Hogwarts (sobre todo porque Ron no estaba allí: había subido a su dormitorio). Fred y George pensaban que Harry había puesto su nombre en el Cáliz de Fuego, pero les daba igual, les parecía que había sido genial que supuestamente consiguiera burlar la línea de edad que había trazado Dumbledore. Todos querían saber cómo lo había hecho, y por más que Harry insistiera en que no lo había hecho, nadie le escuchaba. Ginny no tuvo valor para decirle lo ocurrido con Ron. Casi lo hizo cuando Harry se dispuso a subir a los dormitorios, pero no se atrevió.

Al día siguiente, Harry no bajó a desayunar con el resto de la gente. Ginny, durante el desayuno, trató de hablar con Ron, pero a la primera palabra que pronunció, su hermano la rechazó bruscamente.

—¡Sí, claro! Es tu novio, todos lo sabemos. Yo en cambio solo soy tu estúpido hermano. Es lógico que defiendas a tu novio, además, es el Gran Harry Potter, el Niño Que Vivió, el Vencedor del Señor Tenebroso y todo eso, ahora además es el Campeón de Hogwarts que quizá hasta gane el Torneo de los Tres Magos y…

Pero Ginny no siguió escuchando. Se levantó y se fue. Trató de hacer esfuerzos para no llorar. Esto era peor de lo que había imaginado. A su hermano le había dado un brutal ataque de celos. Ella sabía bien que Ron tenía un grave complejo de inferioridad, siempre lo había tenido, teniendo que competir con hermanos mayores que eran más brillantes que él, siempre a la sombra de Harry, además, y esto había sido la gota que colmaba el vaso. Harry sería el centro de atención y Ron quedaría tan dejado de lado como siempre. Consideró la posibilidad de ir a ver a Harry, pero no se atrevía a mirarle a la cara, además, tampoco sabía bien qué decirle. Optó en cambio por ir a ver a Ojoloco Moody a su despacho. Moody la invitó a entrar, y le contó lo sucedido en el cuartito anexo al Gran Comedor (que los lectores de "Harry Potter y el Cáliz de Fuego" conocen bien).

—¿Era esto lo que esperaba, señor? ¿El nombre de Harry saliendo del Cáliz de Fuego?—le preguntó Ginny.

—No. Si en verdad ha sido Karkaroff, ese maldito traidor me ha ganado por la mano. Pero una de dos, o tiene un talento como actor extraordinario, o no ha sido él. Su indignación parecía sincera cuando discutíamos.

—¿Qué pensaba que haría, señor?

—Que manipularía la selección para que saliera un candidato de su escuela que le resultara conveniente y que luego usaría de malas artes para que ganara. Luego, con el dinero, ayudaría a Quien tú sabes y con eso quizá se ganaría su perdón. Pero esto me ha pillado por sorpresa.

—Puede que sí fuera él y que simplemente esté fingiendo indignación.

—Puede. Pero ¿por qué? ¿Por qué meter el nombre de Potter en el cáliz de fuego?¿Qué pretende conseguir?

—No sé…quizá quiera que Harry quede mal. O… quizá quiera que salga gravemente herido—Ginny palideció ante esa posibilidad.

—Suena verosímil…Potter quedaría gravemente herido pero nadie podría culpar a Karkaroff. Es la clase de cosas que ese maldito traidor haría. Desde luego, no le pienso quitar ojo de encima. Y tú, recuerda lo que te dije, ¿eh?

—Sí, señor. ¿Puedo preguntarle otra cosa?

—Claro.

—¿Cómo ha podido hacerlo?¿Cómo ha podido lograr que el nombre de Harry saliera del Cáliz?

—Oh, si tienes los conocimientos mágicos adecuados no es muy difícil. Basta con que se coloque el nombre de Potter compitiendo supuestamente por otra escuela mágica y luego lanzar un Confundus muy fuerte para hacer olvidar al Cáliz de Fuego que sólo compiten cuatro colegios. El quid está justamente aquí: un alumno de cuarto curso simplemente no tiene su poder mágico lo suficientemente desarrollado como para hacerlo. Esto basta para probar que no fue Potter quien lo hizo aunque por lo visto muchos en Hogwarts creen que sí.

—Empezando por mi hermano—suspiró Ginny. —Está dolido porque Harry no le dijera que iba a meter su nombre en el Cáliz de Fuego y no le cree aunque niegue haber puesto su nombre.

—Ya—asintió Moody. —Entonces, no tendrá mucho interés en ayudarle, ¿no?

—No—suspiró Ginny.

—Dumbledore me ha encargado que vele por Potter. Legalmente, no puedo ayudarle a pasar las tres pruebas, pero tú sí puedes.

—¡Pero no tengo ni idea de cuáles son ni de qué hay que hacer para superarlas!

—No te preocupes. Puedo darte alguna pista sibilina, y como tú eres de familia mágica, te será más fácil interpretarlas. Con eso, más la ayuda que pueda prestar Hermione Granger, si somos astutos puede ser suficiente para que Potter salga con vida de este torneo.

—¿Qué?—Ginny estaba horrorizada. —¿Quiere decir que Harry puede…morir?

—Ojalá pudiera decirte otra cosa, pero creo que es mejor decirte la verdad. Me temo que sí, las pruebas son peligrosas y pueden ser mortales si no tienes la habilidad mágica suficiente para pasarlas, por eso se han reservado para magos mayores de edad. Es nuestra tarea evitar que eso pase. ¿Estás dispuesta a colaborar?

—Sí—respondió Ginny.

—Recuerda. Nuestra meta no es que Potter gane, eso creo que está fuera de su alcance. Nuestra meta es que salga con vida de las tres pruebas, y a ser posible con todas sus extremidades intactas—miró hacia su pata de palo, luego se señaló su ojo mágico. —¿De acuerdo?

—De acuerdo, señor.

—Bien. De momento, es suficiente. Tenme al corriente de cómo esté Potter, y no pierdas de vista a Karkaroff, ¿de acuerdo? Cualquier novedad sobre ambos, házmela saber.

—Sí, señor.

—Hale, vuélvete con Potter.

Le encontró bajando de la Lechucería junto con Hermione (sintió un leve mordisco de celos). Harry le contó que había escrito a Sirius sobre lo ocurrido, y añadió que Hedwig no estaba nada contenta porque hubiera escogido otra lechuza para llevar el mensaje.

—¡No es culpa mía! ¡Yo no puse mi nombre en el Cáliz de Fuego y ahora, como resultado de eso, tanto Ron como Hedwig están enfadados conmigo!—bufó Harry.

Ginny, entonces, se acercó a Harry. Sabía lo que tenía que hacer.

—Harry, ¿qué te dije sobre qué debías hacer cuando te sintieras mal?

—Debía contártelo a ti—dijo Harry en tono casi avergonzado.

—Pues adelante. Vámonos junto al lago, y me cuentas cómo te sientes.

Y sin esperar a la respuesta de Harry, le agarró la mano y empezó a caminar. Harry la siguió dócilmente. Poco después, estaban junto al lago. Se sentaron bajo un gran roble.

—Adelante, Harry.

—¿Qué quieres que diga?

—Lo que te pase por aquí—le tocó la cabeza con un dedo— y lo que te salga de aquí—le tocó el corazón con la mano. —Lo que sea, no te cortes, di palabrotas, grita, chilla, insulta a todo el mundo, insulta a mi hermano, insúltame a mí incluso, pero no quiero que te cortes. Quiero que te desahogues—le tomó una mano entre las suyas. —¿Queda claro?

Harry sonrió durante un instante fugacísimo, luego volvió a adoptar un rostro sombrío.

—Estoy harto de toda esta mierda. Yo nunca quise ser "El niño que vivió" ni nada de eso. Yo sólo querría tener lo mismo que tienes tú, un padre, una madre, hermanos, tíos y tías tal vez, amigos de la familia quizá, un hogar. Pero todo eso lo perdí de golpe porque una noche a Voldemort se le ocurrió que por qué no asesinar a sangre fría a un bebé que no podía hacerle ningún daño, o sea, yo. Nadie ha querido explicarme por qué se le ocurrió hacer eso y eso también me cabrea, me cabrea que todos me oculten la verdad. Muchos me veían como alguien especial porque sobreviví a la Maldición Asesina pero resulta que ni siquiera eso es mérito mío, que todo fue cosa de mi madre. Pero mi madre no habría tenido que sacrificarse por mí si Voldemort no hubiera querido matarme. ¿Por qué? ¿Por qué cojones hizo eso? Y ahora está eso del Cáliz de Fuego. ¡Yo no puse mi nombre en ese puto cáliz, pero nadie me cree, empezando por el imbécil de tu hermano!—Ginny por un instante estuvo a punto de saltar en defensa de Ron pero se contuvo a tiempo: le había dicho que si quisiera insultara a su hermano y era indisputable que Ron estaba actuando como un imbécil. —¡Al parecer, todos piensan que qué puede ser más normal que El Niño que Vivió queriendo ganar el jodido Torneo de los Tres Putos Magos de los Cojones!

Harry se estaba exaltando cada vez más. Estuvo un buen rato más así, despotricando, gritando, diciendo palabrotas una tras otra, poniendo verde a Ron, poniendo verde a Dumbledore por ocultarle cosas, poniendo verde a todo el mundo por no creerle, quejándose de que Ron le envidiara por algo que él no consideraba envidiable y en cambio no supiera valorar el tener todo lo que Harry deseaba. Ginny se sintió tentada de salir corriendo: nunca había visto a Harry así. Pero resistió. Finalmente, agotado, Harry lanzó un profundo suspiro y se cubrió la cara con las manos. Ginny las apartó suavemente, levantó delicadamente la cara de Harry y la giró de modo que quedara mirándola a los ojos. Harry la dejó hacer. Por un instante fugaz, Ginny quiso besarle. Pero ese no era el momento para romanticismos. Se acercó a él y le abrazó con fuerza. Harry se quedó rígido por un instante, pero pronto reaccionó y la abrazó también.

—Recuerda esto, Harry. No estás solo. Me tienes a mí. Tienes a Hagrid. Tienes a Sirius, que aunque no esté aquí se preocupa por ti y seguro que halla algún modo de comunicarse contigo—le susurró al oído mientras le achuchaba y le acariciaba. —Y sé que esto del Torneo de los Tres Magos es complicado, pero saldrás de esta.

—Estoy seguro de que sí. Ahora me quedo más tranquilo. Gracias, Ginny—dijo Harry.

¡Hola! Perdonad el retraso, espero que haya merecido la pena. ¡Un abrazo, potterófilos!