Rumores del mercado negro
Luego del espectáculo, Charlie no había visto la cara de Alastor. Había enviado un ramo de flores bastante bonito, y seguramente, demasiado caro. Los lycoris rojos no eran particularmente fáciles de obtener en casi ningún lugar en el infierno, a pesar de que algunos les llamaban la flor infernal.
La princesa creyó que Alastor había acompañado a Mimzy hasta su casa, siendo él todo un caballero, aunque Niffty aseguró que no era así.
—"Se quedó casi hasta que la función terminó, pero el jefe tuvo que salir por un asunto urgente que no podía posponer… Aunque no dijo cuál. Pidió que lo disculparas, y que en cuanto volviera, festejarían el éxito del bar." —Por supuesto, la cara de Charlie había sido inundada por la decepción.
—"Bueno, era de esperarse. No creo que el bar, o el hotel… o incluso tú seas su prioridad, Charlie. Desde que se presentó dijo que ayudaría pero que le parecía ridícula tu idea, lo más seguro es que encontró algo mejor en lo que meter sus garras." —Intervino Vaggie, acariciando la cabeza rubia de la princesa. Niffy bufó un poco por lo bajo, molesta por la intervención de la polilla.
Charlie, que acababa de recibir el golpe de la vergüenza por lo que había hecho durante la función junto a Mimzy, parecía agobiada. Empezó a pensar que quizá él había huido por el atrevimiento que ella había tenido; la princesa había sido demasiado agresiva en el asunto de sus sentimientos y se había dejado llevar… ¿qué tal si lo había asustado? Claro, Alastor era un demonio que era bastante asertivo, fuerte y confiable hasta cierto punto, pero en cuestiones románticas y cosas por el estilo se había dado cuenta que sentía incomodidad, más que nada se había percatado gracias a las constantes insistencias de Angel para con el ciervo, así que quizá lo tomó como lo tomaba siempre que el actor porno trataba de molestarlo.
—"Estoy completamente segura que fue por cuestiones mayores. El jefe nunca se iría así como así si el asunto no fuera demasiado importante." —Niffty estaba convencida de que, si sus palabras llegaban a la princesa sin intervención de Vaggie, seguramente evitaría la dilación entre la relación que había entre ellos. Francamente, estaba un poco determinada a que tanto Alastor como Charlie dejaran de dar vueltas al asunto y aceptaran lo que sentían uno por el otro mientras ella se sentaba a verlos como su shipp favorita del hotel, fuera de la de Husk y Ángel, quienes esperaba empezaran a tener un poco más de convivencia.
—"Seguramente…" —Respondió Charlie con un suspiro mientras miraba el arreglo floral. Ella poco sabía sobre lo que se estaba cocinando en aquellos momentos en el infierno, y lo grande que llegaría a ser su participación en ello.
Un poco decaída, la princesa se retiró a descansar a sus habitaciones. Vaggie la acompañó casi obligándola, creyendo que necesitaría apoyo ya que se veía cansada. Llegaron al piso conocido tan cotidiano por ellas, en el penthouse de lo más alto del edificio. Las puertas blancas con dibujos de manzanas doradas y el ojo de Lucifer en la parte superior de la puerta parecían observar a la polilla acusadoramente.
Fue extraño para Vaggie estar ahí sin ser la pareja de Charlie; ella había evitado pasearse cerca o si quiera pensar en lo que había perdido en aquella habitación, y la sensación de castigo que sentía al no poder ingresar ahí nuevamente.
Charlie se paró frente a la puerta, volteando su cuerpo para ver a su acompañante. Vaggie sonrió nerviosamente, a la espera de algo que sabía no iba a pasar.
—"Gracias por acompañarme hoy, Vaggie." —La princesa sonrió de una manera melancólica, con unos ojos tristes que removieron el estómago de la polilla. Si tan sólo pudiera sentir esos labios nuevamente, si tan sólo pudiera tocar esa piel otra vez, los pensamientos de Vaggie la traicionaron una y otra vez, sobre todo, al percatarse de que el ambiente que flotaba alrededor de Charlie se debía a ese estúpido cabrón hijo de perra.
Algo dentro de Vagatha la empujó, casi ansiosamente, a aprisionar a Charlie contra la pared. Su rostro se acercó al de la princesa, quien, por la sorpresa, había cambiado su rostro melancólico por uno preocupado.
Vaggie no pudo evitar tratar de besar a quien, hasta hace unas semanas, había sido su pareja. La amaba, la amaba con un amor enfermizo que no importaba siquiera si Charlie lo entendía.
La princesa era alguien que no debería confiar en nadie más que en Vagatha misma, alguien que no podía defenderse ni juzgar bien a las personas; el tiempo le había dado la razón a Vaggie y sabía que, tarde o temprano, la ingenuidad de Charlie le cobraría caro, por eso, ella haría lo imposible para protegerla. Por eso, ella la haría entender que lo mejor para Charlie era estar a su lado.
Cuando los labios de la polilla estaban a punto de rozar los de la princesa, ésta última volteó su rostro. Unas manos delgadas y delicadas que anteriormente la habían acariciado, ahora empujaban a Vaggie lejos de la persona en la que condensaba todo su afecto.
—"Vaggie..." —La voz de Charlie sonaba dolida; ella, tontamente, había creído que la polilla permanecería a su lado como una amiga, sin embargo, casi la había besado. Los sentimientos de la princesa del infierno ya eran suficientemente fatuos aquella noche como para enfrentarse a algo así.
Había soportado muchas cosas, y en ese momento, quería llorar más que nada un tanto por la desilusión de la ausencia de Alastor; lo que menos esperaba y quería era que su ex tratara de avanzar con ella luego de que Charlie se declarara implícitamente al chico que ahora le gustaba.
Era una mierda, y no tenía ganas de afrontarlo. No esa noche, no de la manera en la que estaba, porque sabía que podría explotar si la orillaban. No quería desquitarse con Vaggie, y no quería que la polilla se hiciera más ilusiones.
—"Buenas noches, Vagatha." —Charlie había decidido dejar de lado lo que había pasado, dándole la espalda a la polilla y entrando a su habitación sin decir una palabra más. El tono frío con el que dio la despedida a su acompañante, la mirada de desaprobación y el aura distante, hicieron que el corazón de la polilla temblara de una manera diferente a como lo hacía usualmente. Un dolor en su pecho nacido de una perdida debido a su equivocación y su egoísmo llenó de frustración a Vaggie, quien simplemente apretó los dientes y dio un puñetazo a la pared más cercana en cuanto escuchó el portazo de la puerta cerrándose tras la espalda de Charlie, dejándola en silencio en medio del pasillo desolado.
—"La recuperaré tarde o temprano." —Se prometió antes de abandonar el lugar.
OooooooooooooooOoooooooooooooooooO
Alastor estaba claramente molesto por el hecho de haber sido separado de "la gran noche" de Charlie; sin embargo, cuando Young-Mi le informó que el príncipe Stolas se había contactado por un asunto de suma importancia, no tuvo más remedio.
Stolas, ante la mirada de Alastor, era un demonio bastante inquietante, y poderoso. Estaba seguro de que, si no fuesen de la misma facción, sus poderes ya habrían colisionado uno contra el otro más de una vez.
Sobre todo, lo más conveniente de tener a Stolas como aliado era su flujo de información y objetos provenientes de fuera del infierno.
Sí, objetos de la tierra y otros lugares foráneos eran particularmente fáciles de obtener si tenías el dinero o el poder suficiente para que llegaran a tus manos a través del mercado que manejaba el príncipe infernal.
Y como alguien que se había declarado políticamente neutral, era natural que tanto la facción de Lucifer como las de otros señores infernales lo contactaran.
Sin embargo, una reunión entre Stolas y el demonio de la Radio simplemente llamaría demasiado la atención. Por ello, la reunión se había mantenido en completo sincretismo y en un lugar que Alastor nunca imaginaría.
Ciudad Imp era un lugar donde la presencia de pecadores era mínima. Una presencia como él, comúnmente, resaltaría como un pulgar dolorido, no obstante, una capa oscura cubría el cuerpo de Alastor, haciéndolo parecer su propia sombra. No era extraño que cientos de encapuchados pasearan tratando de mezclarse anónimamente en la ciudad, más que nada por el negocio floreciente que prometía un viaje al mundo humano en pos de venganza.
Alastor, sonriente bajo las ropas anormales en él, se detuvo frente a un edificio de apariencia común. Un letrero que decía I.M.P con unas siluetas de tres imps pintadas cuidadosamente, colgaba de un poste que sobresalía de la fachada.
El wendigo golpeó la puerta suavemente, el sonido del toc toc resonaba en la solitaria calle oscura. No había ni un alma a esas horas, ocupados en sus asuntos, seguramente, aunque en realidad, la poca afluencia de demonios en aquel lugar se debía a la mala actitud de una loba del infierno explosiva que era mejor evitar.
Al tercer golpe, la puerta fue abierta con un chirrido que decía que no había sido aceitada en mucho tiempo; un imp desconocido se presentó, aunque Alastor tenía la impresión de haberlo visto en algún lugar antes. Luego, recordó que la caja del show de imágenes había mostrado un pequeño musical donde un demonio muy parecido a aquel se presentaba.
Blitzo miró a su invitado de manera curiosa; Stolas había sido muy convincente para que aceptara el trabajo, sobre todo si negarse significaba que el libro le sería arrebatado. Con un ademán gracioso dejó entrar a Alastor, quien pensó que el anfitrión de aquella noche era realmente entretenido.
Alastor fue guiado a una especie de sala de juntas bastante espaciosa; las paredes rebosaban con dibujos infantiles de personajes infernales que él conocía muy bien, entre ellos, había uno de Stolas tachado con marcador rojo. Le causó gracia la oración pájaro de boca sucia y observó como el imp que lo había escoltado se dirigió hacia un imp más pequeño que estaba bebiendo algo en un vaso rojo.
—"Moxxie, éste es nuestro invitado que el pájaro desagradable nos pidió que escoltáramos, ¿están listos? ¡Oh! ¡Seguro que están listos!" —Blizto había hecho tantos ademanes mientras hablaba, que había mareado a Moxxie. Por supuesto, el imp de pecas blancas aún no estaba listo, ni siquiera estaba Millie en la habitación para empezar. La cara de aburrimiento y fastidio de Moxxie hizo sonreir a Alastor, quien simplemente se dignó a observar la interacción de los presentes. No era su negocio, en cualquier caso. —¡Un momento! ¿Dónde están Millie y Loona?
—"Señor, le recuerdo que usted las envió por provisiones para el viaje que COMPLETAMENTE NO NECESITÁBAMOS." —Moxxie parecía que podía estallar en cualquier momento, sobre todo, teniendo a un jefe tan despistado e hijo de mil putas como el que tenía. Ya era lo suficientemente malo tenerlo que soportar todos los días en un horario de oficina, como para tener que hacer horas extras en una incursión que sólo era llevar al cliente y traerlo de vuelta la misma maldita noche.
—¡Oh! Moxxie, ¡tan ingenuo! ¿Quién nos garantiza que en nuestro viaje no nos encontremos con un oso? ¿O con un tsunami?" —Blizto se había acercado a su empleado y lo abrazó mientras continuaba con su diatriba. —¿No es verdad, apreciado cliente?"
Alastor asintió con la cabeza mientras sonreía con sus dientes amarillentos; la vista hizo temblar un poco a Moxxie, pensando que había visto esa sonrisa y esos ojos rojos con pupilas delgadas en algún lado, e instintivamente, reconocía que el tipo podría ser peligroso.
—"Ciertamente, Blitzo. Aunque me estoy impacientando, no tengo mucho tiempo, ¿sabes?" —Al wendigo realmente le empezaba a agradar el imp más alto, pero era sincero y quería terminar con sus asuntos lo más pronto posible. Deseaba fervientemente regresar al hotel y celebrar el gran éxito de Charlie.
Alastor no esperó mucho cuando Millie y Loona regresaron. La loba infernal se había quedado observando a Alastor descaradamente; al wendigo no le agradaban los perros, así que trató de ignorarla. No les tenía miedo, pero claramente sus recuerdos al respecto de aquellos seres y parecidos no le agradaban.
Al final, no tardaron mucho en abrir el portal. Ésta era la primera vez en mucho tiempo que Alastor pisaba la tierra; el mundo humano se veía cambiado, tan parecido al infierno, que pensó que esencialmente eran lo mismo.
El lugar al que habían llegado era una especie de edificio abandonado a las afueras de la ciudad. Sin luces artificiales, la oscuridad los rodeaba y lo único luminoso eran las pequeñas lámparas de la lejanía que provenían de la ciudad colina abajo.
—"¡Blitzo, cariño!" —La voz conocida de Stolas rompió el silencio del patio de la fábrica abandonada de cristal. La cara del aludido era un poema al fastidio y el hartazgo.
—"Si, si… Lo que sea, cumplí con mi trato." —Blitzo mantenía sus brazos cruzados y su cara renuente a mirar al demonio ave que recién había llegado; a Alastor le importó poco lo que ocurría, simplemente necesitaba terminar con esto de una vez, así que se acercó para saludar al recién llegado.
—"Stolas… todo un gusto." —El wendigo se había quitado la capa que cubría su cabeza. En la tierra, no había necesidad de ocultarse de aquella manera, los únicos que podían merodear eran humanos y ángeles, y en ambos casos, les tenían sin cuidado. Sólo había dos seres que tenían en su poder objetos para viajar a la tierra, uno estaba presente y el otro era Lucifer.
—"Alastor…" —Stolas miró al aludido, con el pico sonriente; aquello fue la oportunidad de Blizto para escapar de la atención del demonio ave e irse a sus negocios con Millie y Moxxie.
—"Eh… Uhmmm… ¡Regresaremos en una hora! Siéntanse como en casa." —Los tres se fueron casi huyendo, mientras Moxxie pensó para sí mismo que si hubiese sabido que el tipo al que escoltarían era el demonio de la radio, lo hubiese rechazado tajantemente.
Ambos demonios ingresaron a la fábrica vieja; en el interior vacío, Stolas convocó un par de sillas y una mesa de té.
—"El mundo humano es tan decadente como lo recuerdo…" —Suspiró Stolas satisfecho y con una cara de aprobación bastante notable.
—"Ciertamente." —Respondió el wendigo, tomando asiento en el conjunto de muebles que habían aparecido repentinamente. —"Aunque, tan aburrido…"
—"Y es por eso que decidí que nuestra conversación debería ocurrir aquí, querido Alastor. Dedo admitir que la tierra, fuera del caos de sus humanos, es un lugar donde Satanás no metería sus narices."
—"Y… ¿qué es lo que te ha hecho solicitar mi presencia? Es extraño de tu parte llamarme, sobre todo debido a que eres neutral."
—"Los favores son la base de nuestra relación, Alastor, y lo que voy a comentarte es un favor demasiado grande para que tanto Lucifer como tú lo consideren en un futuro."
—"Ah… ¿sí? Tienes mi total atención, Stolas." —Alastor cruzó las piernas y se recargó en la mesa en un ademán cómodo que denotaba atención; era bastante interesante que alguien como el príncipe que tenía frente a sí supiera cosas que la misma red de información de Alastor no sabía.
—"Hay un objeto sagrado bastante poderoso el cual Satanás quiere ponerle las manos encima… Y como sabes, el único que puede proporcionarlo soy yo, de alguna manera u otra. Lo curioso es que, aquel objeto no apunta a hacerle daño a los demonios…"
La sonrisa de Alastor aún se mantenía, sin embargo, sus ojos mostraban lo perturbadora que había sido aquella información. Un arma que no dañaba a los demonios, significaba que era un arma que podría dañar a celestiales. A Charlie. Las armas que los ángeles habían hecho específicamente para evitar que Lucifer se levantara en armas contra ellos.
Un exterminador normalmente no utilizaba ese tipo de arma, pero la llevaba consigo como una especie de advertencia. Lucifer mismo tenía una, puesto que, aunque fueron pensadas para hacerle daño a él, también causaban daño a los ángeles. El hecho de que existiera por allí una de aquellas armas era completamente extraño.
—"¿Cómo la obtuviste?"
—"Fue extraño, si lo he de decir; mis hombres habían estado recolectando las armas celestiales de la última incursión angelical en el infierno, cuando encontraron un convoy perteneciente al mismo Satanás. Hubo una pelea, ya sabes… Así es como obtuve el arma, y aunque Satanás la reclamó como suya al inicio, bien sabes que lo que se gana por la fuerza es legítimo a menos que la vuelvan a tomar por los mismos medios. El caso es que tuve la amabilidad de esconder aquel cargamento, sin saber realmente lo que contenía. Pensé que para que a Satanás le interesara, podría ser bastante valioso. E, ironías de la vida, ¡así fue!" —La cara del príncipe mostraba un regocijo marcado cuando contó la historia; bien sabían los que conocían a Stolas que no había nada más gratificante para él que ver cómo alguien se retorcía y suplicaba gracias a su interferencia.
—"¿Sabe esto Lucifer?"
—"¡Por supuesto que no! Tu deber es informarle, de todas formas. Lo importante aquí es el otro rumor que hay en el mercado de armas celestiales."
Alastor no mantenía contacto con ese mercado, manejado principalmente por Stolas, aquellas armas y el desarrollo de éstas no le llamó la atención hasta hace algunas semanas atrás que el mismo Lucifer le había encargado extraer al científico que podía modificarlas de las manos de la facción de Satanás. Ahora, el mismo estaba buscando un arma que pudiese dañar a Lucifer (y a Charlie también), así que empezó a encajar todo en su sitio.
—"¿De cuál otro rumor hablas, emplumado amigo?"
—"Hubo otro caído hace poco, si lo recuerdas, casi dos años después del incidente de la princesa; se dice que la familia Von Eldritch lo oculta desde entonces a la espera de su recuperación por la caída, pero nadie sabe mucho al respecto, ni siquiera Lucifer. Los Von Eldritch, o al menos la mitad de ellos, se cambiaron de facción apenas la muerte del hijo mayor, por lo que es entendible que ellos no notificaran lo sucedido ni mostraran al nuevo integrante. Sin embargo, el hecho que el caído nuevo no se muestre en sociedad o no trate siquiera de hacer contacto con Lucifer ya pasado su tiempo de recuperación, mantiene un aire de sospecha en él."
Alastor estaba pensativo. Había escuchado de aquello unas décadas atrás, aunque no le importó mucho; luego, con su arduo trabajo para Lucifer, pensó que no importaba… pero, el hecho de que aquel caído nuevo no se mostrara al público, y también el que la facción a la que pertenecían ahora los Von Eldritch estuviera buscando un arma tan específica, lo hizo pensar profundamente en las posibilidades.
—"Creo que deberé meter mis manos en el asunto." —Respondió el wendigo determinado, mientras tomaba un sorbo de una taza de café que él mismo había hecho aparecer frente a sí. —"Por el momento, le haré saber a Lucifer sobre tus observaciones."
Stolas sonrió amablemente; por supuesto, la pelea entre Lucifer y Satanás le importaba poco, sin embargo, lo hacía por su pequeña hija. Sabía que, entre Satanás y Lucifer, éste último era el mejor para gobernar y el más benevolente con respecto a sus nobles y los favores que le hacían, y lo único que Stolas deseaba era una vida feliz para su hija. Y eso significaba, entre otras cosas, un buen partido para ella, sin presiones políticas de por medio.
OoooooooooooooooOoooooooooooO
Charlie despertó cansada; en realidad, no quería salir de la cama. Las experiencias de la noche pasada aún flotaban en su cabeza, y la incomodidad de ver a Alastor luego de aquello es lo último que quería.
Y luego estaba el asunto de Vaggie.
Maldijo a todo el infierno por la mierda a la que debía enfrentarse tarde o temprano aquel día, pero si podía aplazarlo, lo haría.
Aún enredada en sus sábanas y con su cabeza hecha un desastre, vestida apenas con un pantalón de seda y una camisola a juego que remarcaba sus pezones, escuchó la puerta ser tocada.
Un ritmo familiar para ella, y un mariposeo en su estómago al compás de aquello la inundó.
¡Por el amor a Lucifer!
No esperaba que aquella persona de entre todas la fuese a buscar a su habitación, y sin embargo, lo hizo. Nerviosa, se levantó a toda prisa, buscando algo con lo que cubrir las partes de su cuerpo que debían ser cubiertas. Tomó una bata de noche que colgaba de la silla frente a su tocador mientras gritaba un "¡ya voy!" nervioso.
En efecto, no era tan temprano, así que probablemente él creyó que venir a su habitación a esa hora sería bueno si ella aún no bajaba. El mismo Alastor había pensado que aquella incursión podría catalogarse como aventurada y quizá un poco apresurada, pero no podía evitarlo.
Se había llevado todo su autocontrol no visitarla la noche anterior en cuanto regresó del mundo humano. Incluso le había conseguido uno de esos juguetes humanos que a ella tanto le gustaban; probablemente, el objeto que le había traído le gustaría lo suficiente incluso para ver su cara sonriente y de mejillas rosadas lleno de felicidad.
Al imaginarse aquello, observó el objeto que había traído consigo; no había sido gran cosa convencer a sus anfitriones de tomar un desvío de su camino de regreso al infierno por un souvenir. Alastor sabía qué tanto le gustaban las cosas dulces y bonitas a Charlie, así que, oculto en la oscuridad, se colaron en una tienda departamental humana que estaba cerrada a esas horas. No fue difícil dar con algo que podría gustarle a la princesa, en una tienda lo suficientemente extravagante y (probablemente) cara. Alastor tomó un peluche con un diseño extraño que le recordaba a la princesa, y luego, una caja de chocolates finos que seguramente le agradarían.
Desde que el infierno era, obviamente, el infierno, sabía que ella seguramente nunca había probado dulces completamente humanos. El cacao era una de las plantas más exóticas y menos comunes que los círculos infernales podrían codiciar, y podía adivinar que incluso para los nobles era casi imposible conseguir chocolate de excelente calidad como el que había en la tierra.
Es por eso que, como un regalo por su presentación, y también como una disculpa por su ausencia, Alastor había buscado aquello en la ciudad humana.
El wendigo no esperó mucho cuando una Charlie con el cabello un poco alborotado y aún con sus ropas de dormir le abrió la puerta. Aquella imagen, lejos de las ideas de Charlie de que eran probablemente inadecuadas, para Alastor fue bastante hermosa y placentera. El caníbal nunca había visto el cabello de la princesa sin su característico peinado, y el observar las ondulaciones rebeldes rozando su cuello y su pálida piel, le hizo sentir cosquillas en su pecho.
—"Buenos días, Al." —La voz de Charlie, empañada con el nerviosismo y los rastros del recién despertar, sonó un poco empañada. Aquello preocupó a Alastor, esperando que ella no pescara un resfriado o que, por el trabajo, tuviera dificultades.
—"¡Buenos días, mon amour Charlie!" —Los objetos que Alastor había traído estaban ocultos tras de él, así que ella no sospechaba aún nada. —"Vine a verte debido a que anoche no pude acompañarte a la celebración de tu éxito."
—"¡No tenías por qué molestarte! Entiendo que eres un hombre ocupado, aunque, en realidad, me gustaron demasiado las flores que enviaste y pensé en agradecerte un poco más tarde hoy… sólo que… ehrr…" —Charlie se veía un poco incómoda. En realidad, no sabía qué responder. De hecho, se le estaba cayendo la cara de la vergüenza al recordar lo que había sucedido el día anterior.
—"También te traje esto, como una muestra de mi arrepentimiento por no poder asistir a verte ayer para avisar de mi ausencia." —Alastor sacó el conejo de peluche y los chocolates que había traído del mundo humano para Charlie. Aquello la sorprendió bastante, sobre todo porque no esperaba más regalos aún de parte del ciervo.
Charlie pensó que quizá, aquello era una manera de disculparse por no poder corresponder a sus sentimientos. No sabía si debía abordar el tema o no, pero pensó que sería mejor mantener así las cosas, sobre todo porque Alastor se estaba esforzando lo suficiente para hacerla sentir bien luego del desastre.
Charlie tomó los regalos con ambas manos, pensó en invitar a Alastor a pasar, pero sabía que su habitación en esos momentos era completamente impresentable. Mirando una y otra vez los regalos y al wendigo, suspiró mientras que éste último se acercó a ella hasta que sus rostros estuvieron juntos, muy muy juntos.
—"Por Lucifer, Al, ¡no hagas eso! Mi corazón va a explotar" —Pensó Charlie mientras miraba al ciervo a los ojos. Una parte de ella, por el contrario, ansiaba estar mucho más cerca de él que aquello.
Un carraspeo los sacó de su trance; ambos voltearon más por reflejo que por gusto, y el rostro de Charlie brillaba en un rojo intenso que podría dejar pálido a un tomate a su lado.
—"Charlie, vine a avisarte que el desayuno ya está listo." —La voz de Vaggie atravesó el pasillo, molestando a Alastor.
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Notas de autor:
Y aquí tienen éste capítulo, un poco flojo, lo sé, pero el siguiente promete mucho.
¿Será cierto lo que Stolas comunicó a Alastor? Lo descubriremos la próxima vez.
¡Gracias por sus comentarios y kudos y me gusta y todo eso!
