Descargo de responsabilidad: hay personajes míos, pero la mayoría son de la serie Black Sails, aunque hay personajes que sí existieron realmente (no son ficticios). No hay ánimo de lucro.


Capítulo 21:

Había pasado una semana desde que salvaron a Charles. Isabel no había hablado con él todavía, esperaba que fuera él quién se acercase a ella. La noticia de que ella era una mujer había pasado de boca en boca en Nassau, Isabel podía escuchar sus chismes, pero había aprendido a pasar de ellos. No valía la pena escuchar lo que tenían que decir de ella, nadie la entendería y sólo la juzgarían. ¿Por qué molestarse en preocuparse de lo que pensasen? El único que le preocupaba era Charles. Quería saber si tenía que buscarse una tripulación nueva.

También habían llegado noticias. Un tal Blas de Lezo, almirante español, había capturado a Eleanor Guthrie por orden real y estaba cumpliendo castigo en las galeras españolas. Una carta de Tomás Agustín Bueno de Castro había sembrado pavor en la corte y en los periódicos a donde Isabel, para estar segura de que se publicaba, había enviado copias escritas manualmente a todos los periódicos de España, evitando su nombre y apellidos y cualquier pista que pudiera identificarla. Isabel no sintió lástima por ella ni por los latigazos que se iba a llevar por no entender el idioma. Eleanor Guthrie estaba recogiendo lo que había sembrado. Woodes Rogers había sido despojado de todos sus títulos y había caído en desgracia en el exilio. Blas de Lezo tenía orden de cazarle, al habérsele hallado cómplice de un complot para adueñarse del oro del Urca, al parecer, ambos se conocían de combate navales durante la Guerra de Sucesión Española y la inquina entre ambos era conocida entre los marineros españoles bajo el mando de Lezo. Complot inexistente que Isabel se había inventado, pero como se había demostrado que Eleonor había participado en un robo a la monarquía española, no había pruebas que exculpasen a Woodes Rogers.

El rey de Inglaterra, Jorge I, prefirió renegar de su amistad con Rogers antes que meterse en una nueva guerra contra el Imperio Español. Richard Guthrie había desheredado a su hija, renegando completamente de ella. El dinero de su herencia iría a parar a los bahameños por todas las molestias que Eleanor había causado, supliendo así parte del dinero que ella había robado. Con este acto, Guthrie esperaba comprar algún perdón del Consorcio o del pueblo, pero había sido en vano. Hornigold se había compadecido del señor Guthrie diciéndole que la desdicha de su hija no era culpa suya. Curiosamente, todos habían aplaudido la escena, para consternación y lamento de Eleonor. Esa había sido la última vez que la habían visto en Nassau.

Pero el oro del Urca no se había encontrado. Isabel tenía la sospecha de que Flint lo había escondido. Ese oro estaba maldito, les había causado un montón de problemas a todos. Isabel estaba eufórica. De momento, los imperios Inglés y Español habían concedido una tregua a Nassau mientras intentaban localizar el oro del Urca, por lo que las actividades piratescas y la venta del comercio, se habían reanudado. Era cuestión de tiempo que el Ranger zarpase de nuevo. El consorcio de piratas, después de enterarse del arrojo, la valentía y la lealtad que había tenido Isabel hacia Vane, la había propuesto para ser su nueva mercadera, se había ganado el respeto de todos los capitanes que lo formaban. Isabel todavía no había aceptado, al no saber qué posición tenía en el Ranger todavía, no podía hacer planes.

Había estado buscando a Charles desde hace unas horas. Lo había encontrado bebiendo con Teach en el Old Avery. Estaban hablando ruidosamente, riéndose. Abigail les había servido unas copas. Ella se había negado a marcharse de Nassau, diciendo que ahora tenía más libertad que siendo la señorita Ashe, el trabajo de camarera era duro, pero al menos podía valerse por sí misma.

Isabel la saludó alegremente. Al enterarse de su situación, le había ofrecido su casa para hospedarse. Quizá Abigail sería mejor para el puesto de mercadera del consorcio en vez de ella. Tal vez Abigail tendría algunos de los contactos de su padre que podían ayudarla a vender la mercancía. Porque, a decir verdad, Isabel no tenía ningún tipo de contactos ni experiencia y tendría que empezar desde cero. Cuando la vio, Charles puso un rostro serio y en su mesa se hizo el silencio. Isabel no sabía si acercarse o no. Por una parte, no quería molestarles y, al parecer, su presencia no era bienvenida, pero, por otro lado, no quería que Charles y ella se estuvieran evitando constantemente. Quería saber cuál era el problema entre ellos para poder solucionarlo. Decidiendo que era un mal momento, tal vez debido a su inseguridad o simplemente a cobardía, Isabel se dio la vuelta, queriendo salir de allí cuanto antes. Fue un agarre firme en su brazo lo que la detuvo. Era Charles Vane.

- Creo que necesitamos hablar. -dijo Charles.

Y ambos caminaron por la bahía. Menudo espectáculo estaban dando. Hicieran lo que hicieran, en esa república pirata llena de cobardes y cotillas, siempre llamarían la atención. Por eso, ya sabiéndolo, sólo tuvieron que buscar un sitio un poco alejado para darse ellos sensación de privacidad, aunque en realidad carecieran de ella.

- Entiendo por qué lo hiciste. -dijo Charles mirándola fijamente. Estaba realmente serio. Isabel podría jurar que nunca lo había visto así. –Anne, Jack y el Consorcio me ayudaron a entender.

- No lamento haberme vestido con ropajes masculinos. -dijo Isabel. -Pero lamento haberte mentido.

- Me desconciertas. -dijo Charles. -De un momento a otro te pones de mi lado, me cuidas, te quedas a mi lado cada vez que lo necesito, te enfrentas a Eleanor y me has salvado de la horca. Y no dejo de preguntarme. ¿Qué he hecho para merecer tanta lealtad?

- Sólo sigo mis instintos. -dijo Isabel. -Mi intuición nunca me ha fallado. Volvería a hacerlo ¿sabes? Salvarte de la horca, aunque no te aconsejo que vuelvas a estar en esa posición, me diste un buen susto.

Y por primera vez esa noche, Charles rio. Isabel sonrió mientras le miraba. Una de las cosas que más le gustaba de Charles es que llevaba sus emociones en su rostro. También le gustaba la comodidad que sentía con él, la familiaridad con la que podían tratarse. Charles dejó de reír, mirándola fijamente. Se quedaron así un rato, mirándose el uno al otro, acercándose lentamente.

- ¿Cuál es tu verdadero nombre? -preguntó Charles.

- Isabel Concepción de las Heras Castellanos. -respondió ella mirando la expresión divertida de Charles. -¿Por qué lo preguntas?

- Quisiera saber el nombre de la mujer con la que he estado obsesionado. -la voz ronca de Charles la estaba volviendo loca. -Eres una mujer increíble, Isabel. ¿Quieres ser mía?

Isabel sonrió coqueta. -Creo que tendrás que cortejarme, capitán.

Acto seguido, ella se dio la vuelta, dejándolo allí. Seguramente Charles creería que ese sería un buen momento para un beso. En una novela romántica, seguramente lo sería, pero si había algo que había aprendido de Eleanor Guthrie era no poner las cosas demasiado fáciles. Isabel sabía que Charles probablemente seguía enamorado de Eleanor y quizá sentía curiosidad por ella o le tenía cariño por haberle salvado la vida, pero Isabel no quería calentar su cama por una noche, quería ganar su corazón y lealtad, algo que ella, a diferencia de Eleanor, sí valoraba. La vida de un pirata siempre estaba en el mar, pero ella también era una pirata y no estaba dispuesta a estar en tierra más tiempo del necesario. Isabel quería todo de Charles, su perfección y defectos. Si ella cedía ahora, probablemente él sólo la viese como la sustituta de Eleanor o como una especie de prostituta. Isabel no sería la reina del hielo como lo había sido Eleanor, ella sabría cuándo parar el juego de seducción que planeaba jugar con Charles. Pensaba hacer trabajar a Charles, porque después de todo, ella era española, briosa, temperamental, seductora. Tendría que comprobar si Charles podría manejarla.