Capítulo 21
Las palabras susurradas y sus besos habían provocado que el corazón de Kagome se acelerara, él le había dicho que la amaba y no podía creerlo, necesitaba escuchar una vez más de sus labios esas palabras, necesitaba creerlo ya que ella también lo amaba con toda su vida, incluso le dolió haberlo visto con Kikyo, pero estaba segura que todo había sido planeado por ella y tal vez Inuyasha no tenía casi nada de culpa.
Haciendo un gran esfuerzo tuvo que interrumpir el beso, pero no el abrazo.
― ¿Me amas? – preguntó mirándolo a los ojos y entrelazando sus brazos alrededor del cuello de Inuyasha
―Más de lo que te imaginas – respondió atrayéndola hacia ella y recargando su frente en la de Kagome, podía escuchar su respiración y los latidos de su corazón – Desde el primer momento en que vi a una pequeña caminando distraída con un ramo de flores, desde el primer día en que esa misma pequeña me cerró la puerta de su casa solo porque fui a devolverle sus rosas
Kagome esbozó una sonrisa y se avergonzó un poco, porque recordaba ese día.
― ¿Y Kikyo, Inuyasha? ¿Qué sientes por ella?
―Esa nunca existió – le susurró al odio – Porque siempre estuviste y estarás tú
Kagome saboreó esas palabras, el hecho de saber que Inuyasha la amaba la hacían liberarse de esas dudas que la atormentaban día con día.
―Yo sé que no soy correspondido – continuó el ojidorado – Sé que aun sigues amando a Sesshomaru, pero si me das la oportunidad de demostrarte que soy mejor que él y que yo te puedo hacer feliz…
Kagome puso uno de sus dedos sobre los labios de Inuyasha para hacerlo callar.
―Sesshomaru no está más aquí – tomó la mano de su esposo y la llevó hasta su corazón – Porque ahora solo estás tú, te amo y has llenado huecos en él que jamás pensé que existían
Inuyasha cerró los ojos y se dejó llevar por el sentimiento que ha amos los inundaba, esbozó una sonrisa y besó a Kagome con tanta ternura y pasión, ahora lo que sentían el uno por el otro había salido a la luz y que ya no existían más dudas, era el momento de hacerla suya para siempre, reclamar su cuerpo, poseerla en todos los sentidos, ser el primero y el único en su vida.
―Kagome, si me quedo aquí te haré mía – el tibio aliento de Inuyasha chocó con la suave piel de Kagome – Así que te daré una sola oportunidad para que me eches de tu habitación, porque de lo contrario no podré detener mi deseo hacia ti
―No pienso echarte de mi habitación. Quiero ser tuya para siempre
Quiso dar un grito en el cielo, esas eran las palabras que quería escuchar de su amada.
Comenzó lento, besando los carnosos labios de Kagome, esos labios que el primer momento en que los vio deseo besarlos y ahora que los tenía solo para él pensaba disfrutarlos penalmente y para el resto de su vida.
Una vez más sus dedos recorrían los brazos de Kagome, su destino eran los cordones del vestido que llevaba su amada, suave y lentamente desató cada cordón y el vestido resbaló por todo su cuerpo hacia el suelo, en ese momento él aprovecho para quitarse la ropa de dormir que llevaba puesta.
Ambos estaban completamente desnudos y frente a frente, Kagome se sentía tan incómoda, nunca en su vida había estado de esa forma con un hombre y para ella era su primera vez.
El ambarino besó desde el lóbulo de su oreja, luego sus labios se colaban en la cuerva de su cuello, besándolo y al mismo tiempo lambiéndolo, sus manos acariciaban las tentadoras cuervas, las deslizó un poco más para tocar su trasero, la atrajo más a él y Kagome pudo sentir su miembro rozar contra su delicado botoncito.
Inuyasha siguió besando su hombro para luego besar el nacimiento de los senos de Kagome, se inclinó un poco y en el aire capturó un pecho besando, succionando, lambiendo, Kagome arqueo la espalda al sentir una oleada de placer.
La tomó entre sus brazos y la llevó en dirección a la cama, Kagome lo miró a los ojos y él le regaló una sonrisa, la depositó delicadamente en la cama.
―Esta noche haré que tus deseos se hagan realidad – le susurró al oído – Te haré mía, solo mía
La beso una vez más en los labios, preparándola en todo momento para que ella estuviera lista para recibirlo.
Abrió un poco más las piernas de Kagome y ella por instinto por la cintura. Inuyasha rozaba su miembro con la pequeña flor virginal.
Una vez que la sintió húmeda y cálida comenzó a penetrarla lentamente, sabía que era una virgen y tenía que hacerlo lento si no lo lamentaría por el resto de vida.
Kagome al sentirlo entrar en ella comenzó a dolerle, se movía de un lado a otro tratando de apartarlo de ella, pero las palabras susurradas en su oído por él la hicieron calmarse.
Esa noche se hicieron uno solo…
Antes de irse a dormir, Sesshomaru había pasado a su despacho para revisar algunos papeles, cuando salió se encontró con una mujer.
― ¿Qué haces despierta a esta hora, Kagura?
―Señor Sesshomaru, hay algo que debo decirle – dijo la mujer
― ¿Qué es? – preguntó Sesshomaru muy intrigado
―Es sobre la señora e Inuyasha
―Si vas a decirme que son amantes….
―Es verdad señor – lo interrumpió – Vi como ella lo metía al despacho y ambos se besaban
Sesshomaru frunció el cejo y tomó a la mujer de los brazos y la zarandeó
―Mientes!
―No señor – ella negó – Yo entre a dejar unas cosas que su madre me había encargado, cuando de pronto la vi entrar a ella y después como el mismo demonio entraba, ambos se estaban besando y si no hubiera sido por la interrupción de la señora Kagome, ellos habrían…― Kagura prefirió guardar silencio ante sus últimas palabras para dejarlo a la imaginación de Sesshomaru
Una ira lo comenzaba a devorar por dentro, nadie se burlaba de él a sus espaldas, nadie y mucho menos su esposa que por más bella que fuera no le daba derecho a traicionarlo.
Subió las escaleras en dos en dos y fue hasta la habitación que compartía con Kikyo, al entrar la encontró sentada en una sillita mientras se peinaba el cabello. Kikyo se sobresaltó al ver la cara de su esposo, Sesshomaru la tomó de un brazo y la obligó a ponerse de pie.
―Ahora en estos momentos me vas a explicar que hacías en mi despacho con el demonio blanco – su mirada era fría a tal grado de hacer temblar de miedo a Kikyo ― ¿Son amantes?
Kikyo se soltó de las cadenas que Sesshomaru había forjado en su brazo.
―Si – lo admitió sin ningún descaro – Él y yo somos amantes, supongo que tarde o temprano te ibas a enterar
― ¿Por qué me engañaste? – dio un paso hacia ella y Kikyo retrocedió uno más
― ¿Por qué crees? – Esbozó una sonrisa sínica― Eras él único que me podría dar una mejor vida, si hubiera permanecido a lado de Inuyasha viviría en la miseria. Y no sabes lo arrepentida que estoy, porque no soporto estar un minuto a tu lado, me da asco cada vez que me tocas, besas y para soportar todo eso, solo pienso en él
Sesshomaru alzó la mano y estaba a punto de golpearla, pero después contuvo ese impulso.
― ¿No te da vergüenza? No solo me mentiste sino que te llevaste de encuentro a tu hermana
― ¿Ella? –Arqueó una ceja – Su ingenuidad y el amor que siente por ti la llevó a Sacrificarse, yo nunca le pedí que mintiera a mi favor
―Lo hizo porque….― guardó silencio y por primera vez comprendió por qué lo había hecho – Porque ella realmente me amaba
―Tu descubrimiento llega tarde, amos estamos atados el uno al otro
―No, a partir de estos momentos ya no eres nada para mí, buscare la forma para liberarme de ti y recuperare a Kagome
― ¿Y cómo lo vas hacer? No olvides que ella está casada
―Pero no ama a su esposo. Cuando rete a duelo a Inuyasha y lo mate, te dejaré y buscaré la forma para tenerla a mi lado
Sesshomaru giró sobre sus talones para marcharse de esa habitación, pero aun cuando Kikyo trató de detenerlo siguió su camino hasta dejar sola a esa mujer.
Kikyo sentía que todo estaba perdido, pero después esbozó una media sonrisa, si Sesshomaru retaba a duelo a Inuyasha, era probable que no sobreviviera y eso la libraba definitivamente de él, solo quedaba su hermana, pero ya habría tiempo para pensar cómo se desharía de ella.
