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Positivo-Negativo
Sakusa Kiyoomi & Miya Atsumu
Disclaimer: personajes no son míos
Epílogo
Ya ha pasado año y medio desde que Atsumu emigró de Japón. Han cambiado varias cosas desde que se fue.
El menos importante de todos los cambios es que un tal Oikawa Tooru llegó desde Argentina para suplir el hueco que dejó Atsumu en el equipo. No me cae muy bien porque es el armador favorito de Wakatoshi desde que jugaban en primaria, lo que me jode, porque el armador favorito de cualquiera, sin dudas, debería ser Atsumu. Este Oikawa Tooru se cree la gran cosa porque es un chico bonito y, de hecho, todos en el equipo le dicen Chico Kawaii. Creo que Bokuto le puso el sobrenombre. No lo sé ni me importa. Ahora él y Bokuto comparten piso en la casita de piso de linóleo que alguna vez fue de Atsumu y mía, y por algún motivo eso también me jode. En fin, con ese Chico Kawaii en la parrilla, los especuladores apuestan sus fichas a que los MSBY volveremos a ganar el campeonato de la V-Ligue.
Mi senpai Iizuna juega ahora con los Adlers, supliendo el lugar de Kageyama. La peste de Hoshiumi ha empezado la temporada con muy buen pie, y de seguir así, es probable que consiga el premio al MVP. Esto me jode más que el caso del chico Oikawa.
Otro que ha empezado la temporada con muy buenos números es Suna. Quizá porque Osamu ha acabado aceptando que son novios, o porque Osamu es oficialmente chubby. Suna dice que esos rollitos son buena publicidad para su negocio. Yo no estoy seguro de concordar, pero lo cierto es que Osamu da los abrazos más blanditos, y luego de su hermano, son mis abrazos favoritos.
Con esto de la cuarentena, el calendario se ha reordenado. La V-Ligue se ha movido para el verano, y los torneos internacionales, de momento, se han cancelado. Además, la densidad de los partidos ha bajado mucho. Antes podíamos llegar a tener tres encuentros en una semana. Ahora solo jugamos una vez a la semana. Esto se ha debido en gran parte para disminuir las movilizaciones de un lado a otro.
Últimamente hablo mucho con Osamu. Él representa mi conexión en Japón con Atsumu, y supongo que debe ser recíproco. Es una de las razones por las que ya no llamo a Atsumu por su apellido, aunque depende de con quien esté conversando, a veces regreso al «Miya».
Echo de menos a Atsumu.
Está viviendo en Tours. Ni Atsumu ni yo sabemos pronunciarlo correctamente, y entre nosotros, le llamamos Tori, que se siente más japonés. Más «Hyogo», dice Atsumu. Me cuenta que el francés le cuesta mucho, que la gramática es enredada y la pronunciación imposible, y de momento, lo único que ha dominado bien, es insultar en francés, a su juicio el único motivo por el cual nació un idioma tan dado al conflicto (dice Atsumu). Se suponía que iba a mejorar su francés durante la cuarentena, pero en ese tiempo no hizo más que hablar en japonés, en esas largas videollamadas que intercambiábamos casi todos los días.
Ahora que han arrancado las temporadas de vóleibol, tenemos que dar lo mejor de nosotros, para que podamos volver a vernos.
Creo que Tours es muy bonito. Recuerdo que estudiamos Tours en la facultad, en una asignatura llamada «Arte en la Ciudad». A veces las universidades imparten clases con nombres así de rimbombantes. Encargué por internet una enciclopedia ilustrada de Tours, y por las noches, a veces me descubro pasando con calma las hojas del libro, imaginándome a mí y a Miya paseando por los lugares tan bellos que retratan aquellas fotografías. Espero pronto poder visitarlo.
Hablando de fotografías, la colección de fotos enmarcadas de mi piso ha ido en aumento. He añadido varias de Atsumu, algunas de ellas obsequiadas por Osamu. Los últimos días de Atsumu en Japón, nos sacamos miles de fotografías. Atsumu es mi protector y fondo de pantalla tanto en mi teléfono como en mi computador, y yo soy su protector y fondo de pantalla de sus respectivos aparatos.
Es curioso cómo una persona puede cambiar tu manera de pensar, empezando por los detalles. Por ejemplo, me he convertido en una especie de reloj internacional. Cada vez que veo la hora, pienso instantáneamente en la hora que es en Francia. Ni siquiera tengo que hacer algún cálculo. Es algo que tengo automatizado.
También estoy escuchando mucha música francófona, en especial de aquellos artistas que me recomienda Atsumu. Creo que está enamorado de un belga que se llama Stromae. Un día me reconocerá que está embobado de ese tipo Stromae, y yo tendré que responderle «Ya me había dado cuenta, tonto. Eres un tonto. No haces más que cantar sus canciones, aunque todavía ni sabes lo que dicen. Tonto y tonto».
Incluso me compré unas botellas de Crémant. No soy amigo de los espumantes, pero recuerdo que Atsumu solía guardar un par en la nevera, y estas en específico traían la etiqueta «producto de Francia»: tuve que comprarlas. Quizá las descorche cuando Miya y yo volvamos a vernos.
Atsumu también ha adquirido ciertos detalles que le vienen de mí. Empezó recientemente a leer los libros de Harry Potter, en su traducción francesa. Al principio no sabía qué quería decirme cuando me hablaba de «Drago Malefoy» que estudiaba en «Serpentard», una de las cuatro casas de la escuela «Poudlard» de magia y hechicería. Creí que se trataba de una mala broma, pero cuando me acusó de «Moldu», me di cuenta que algo no andaba bien.
—Ya no es divertido, Miya. «Draco Malfoy» estudia en «Slytherin», una de las cuatro casas de la escuela «Hogwarts» de magia y hechicería. No me acuses de «muggle» por conocer la pronunciación correcta de las palabras. Tú viste las películas, deberías saber cómo se pronuncian.
—No, te repito, es «Drago Malefoy», le sacaré una foto al libro. A que no sabes cómo se llama el profesor de posiciones según los franchutes.
—¿Cómo?
—Severus Rogue.
—No. Ya basta. Atsumu, no es divertido.
La conclusión es que el francés realmente solo sirve para pelear.
No sé si podré considerar a Miya un Potterhead si irá diciendo por la vida «Drago» en lugar de «Draco». No dejan de ser detalles. Los cambios más importantes son los que dejó Atsumu en mí antes de su partida.
Ya no me siento una persona tan desagradable, como me pensaba. Ya no siento la necesidad de ponerme en guardia todo el tiempo. He dejado de ser esa persona que hiere antes de salir herido, que huye si no puede herir. Ya no temo mostrarme tal cual soy, y me siento orgulloso no solo de mis virtudes, también de mis defectos. Tengo que sentirme orgulloso de lo que soy en lo bueno y en lo malo. Tratar de reforzar lo bueno, tratar de disminuir lo malo, y valorarme por estos esfuerzos.
Mis eventos han dejado de llamarse eventos para convertirse en lo que realmente son: crisis de pánico. Estoy atravesando por una buena racha. La última vez que tuve una crisis, ocurrió al mes de que Miya se mudara a Tours. Estuve a punto de recaer cuando inició la cuarentena, y otra vez más cuando vi en las noticias lo rápido que el virus se había extendido en Europa. La primera me pilló en una cena que compartía con Suna y Osamu, y entre ambos lograron contenerme. Para la segunda estaba solo en mi piso. Sabía que no podría con ella solo, así que llamé a Hinata, quien vive relativamente cerca de mí. Noches después hablamos con Miya. Me explicó las medidas que había tomado el país como las que había incorporado a su rutina él mismo, con mucha paciencia, respondiendo a todas mis preguntas, y accediendo a la mayoría de mis consejos y propuestas.
Como ahora casi todo es online, he vuelto a mis terapias con Sönke-san. Quizá aquel también sea un motivo importante de por qué atravieso por una buena racha.
Eso no quiere decir que mis pensamientos negativos hayan desaparecido. Todavía siguen allí. Todavía se materializan entre mis actividades cotidianas. Todavía limpio compulsivamente todos mis efectos personales, y disfruto comprando productos de limpieza.
Disfruto, especialmente, quitar el polvo de mis fotos enmarcadas, sacarles brillo.
Disfruto hacer la colada en mi nueva lavadora, de estas multifunciones con la secadora incluida.
Especialmente me gusta hacer la colada a las una de la mañana, cuando en Tours son las seis de la tarde, y conversar con Atsumu mientras veo el tambor de la colada girar a velocidades de vértigo. Al día siguiente pienso que, en esos casos, las ojeras valen la pena.
Hay otros días en que realmente lo extraño, pero no puedo llamar a Atsumu por distintos motivos. O él no puede responderme por distintos motivos. Esos días me desplomo sobre el kotatsu, o me enrollo en el futón, y pienso en el pasado, pero también en el futuro.
Ahora mismo lo extraño, pero no quiero llamarlo todavía. En su lugar, he llamado a Shoyo. Saldremos a comer su famosa «comida filosófica» y hablaremos de lo mucho que yo extraño a Miya, de lo mucho que él extraña a Kageyama, y de lo mucho que ambos tendremos que esforzarnos para que seamos seleccionados para representar al país en las Olimpiadas del siguiente año.
Sé que Atsumu también se está esforzando. Sé que va corriendo su propia carrera. Eso me inspira a mí a no flaquear. A ponerle garra.
Lo extraño, lo echo de menos.
Tengo que seguir corriendo.
+/-
Notas Finales: algunos podrán decir... ¿y el angst a dónde quedó? pero... bueno. Yo le etiqueto angst porque soy dramática como el Omi, y también le etiqueto humor porque es inevitable que se me cuele lo absurdo cada tanto. En realidad, esto es un slice of life. La vida es un compendio de emociones, y a mí me gusta abarcar el espectro de ellos.
Muchas gracias a todos los que me acompañaron hasta aquí. Fue un proyecto un poco más personal que otros de mis escritos, porque yo misma soy hipocondríaca, y en varios pasajes tuve que dejar de escribir, tratar de calmarme. Quizá no he captado las personalidades de Omi y Tsumu tan bien. Quizá mi impaciencia me llevó a subir los capítulos antes de tiempo, y por ello están plagados de errores. A veces, por mi hipocondría, prefería revisar lo menos posible. Ahora me rio de lo boba que soy. En fin...
Un proyecto menos de la lista de pendientes.
(Potterheads presentes: ¿qué sucede con esa traducción francesa? mi favorito es cómo Hufflepuff pasó a llamarse Poufsouffle hahaha... no puedo con ello. Komorin, ven a reír-llorar conmigo)
(Amigos del bokuoi: lo sé, no pude aguantarme...)
Escribamos más de Omi y Tsumu, #Omitsumi, que se lo merecen :D
Javiera Clarividencia
