EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
" El hablar nos hizo cómplices de una extraña situación, el azar nos dejaba ser felices, pero todo cambió con una sola decisión. Sé mi cómplice entre las sábanas, sé la cómplice de mi vida, sé la melodía de mis sentidos".
CÓMPLICES
CAPITULO XIX
Abrió los ojos con dificultad, se movió en la cama con una sonrisa que llevaba congelada toda la noche y la tarde ayer, había tenido el mejor de los sueños y sentía que su corazón estaba hinchado de felicidad, lo sentía latir y sentía correr la sangre en sus venas que aún estaba hirviendo de deseo, intentó girarse de lado, pero un peso sobre su pecho se lo impidió, abrió los ojos por completo para enfocar la imagen tan maravillosa que dormía encima de él.
-No ha sido un sueño. – Pensó ampliando más su sonrisa, sintiendo que su corazón aceleraba su latido una vez más, emocionado, remembrando todos y cada uno de los acontecimientos que se habían suscitado en aquella habitación, su habitación. – Estás a mi lado princesa, en nuestra habitación. – Pensaba enamorado, con la necesidad de despertarla y comprobar una vez más que por fin la había tenido entre sus brazos y que no seguía dormido soñando, que despertaba con ella a su lado, sus sueños nunca habían llegado hasta ese punto, siempre se despertaba cuando estaba a punto de volverla su mujer. – Te ves más hermosa que nunca. – Anthony seguía con sus pensamientos, observando el rostro de su mujer que lucía tranquilo, sereno y que también dibujaba una sonrisa plasmada en sus labios, sus ojos se iluminaron con un brillo muy especial, uno que solo aparecía en los ojos de cualquier chico enamorado. –Qué razón tenías Tom, "Lo entenderás cuando estés con Candy por primera vez, una chica no puede fingir en la cama" y menos una chica como Candy, tan auténtica, te amo tanto princesa y ahora sé que tú me amas con la misma intensidad. – Seguía pensado, aun no quería despertarla, quería seguir admirando la tranquilidad de su sueño, quería ser como un guardián que cuida su sueño.
La sintió removerse en sus brazos, ocasionando que la sábana que los cubría perdiera su lugar, mostrando sus hermosas piernas blancas, tan suaves, tan firmes, se había deleitado con besarlas y acariciarlas la tarde anterior y sentía que sus manos le pedían de nuevo ese contacto, sintió sus pechos unirse a su torso despertando nuevamente en él, la necesidad de hacerla nuevamente suya. Su cuerpo estaba listo, había amanecido dispuesto y a su lado se encontraba el motivo que lo había despertado, siguió observando su figura, su rostro, llenándose de esa maravillosa imagen que le regalaba su pecosa inconscientemente. De pronto recordó en la situación en la que estaban, habían pasado toda la tarde del día anterior encerrados en su habitación y por la oscuridad que se reflejaba en la ventana aún no amanecía, sin embargo él ya no tenía sueño, su cuerpo estaba saciado de ese descanso que se merecía, sin embargo era otra la necesidad que le exigía.
Candy se removía entre sueños mientras las imágenes vividas le pasaban en su cabeza como si hubiera sido parte de un sueño, sintió entre sus brazos el cuerpo de su amado y poco a poco fue tomando conciencia de donde se encontraba. Comenzó a recordar lo que había sucedido y una sonrisa se agrandó en su rostro, junto a un intenso sonrojo.
Anthony la observaba mientras se sentía cada vez más y más enamorado. Poco a poco abrió los ojos como para prepararse con lo que se encontraría, unos hermosos ojos azules que la miraban con una infinita ternura, Anthony se sorprendió por el brillo con el que era observado, era un brillo diferente al que siempre había mostrado cuando lo veía, era un brillo diferente al de aquella niña que lo miraba admirándolo, era diferente al brillo que le dirigía con una mirada coqueta al estar a solas, era el brillo que desprendían los ojos de una mujer enamorada, su mujer, su pecosa.
Candy estaba hipnotizada por completo perdida en sus ojos tratando de controlar el latido de su corazón que también había acelerado su ritmo, sincronizándose a la par de su amado.
-Buenos días, hermosa. – Le dijo en un susurro muy cerca de sus labios, buscando besarlos nuevamente, con las ansias contenidas en su cuerpo y su sangre calentándose cada vez más.
-Buenos días mi príncipe. – Solo atinó a decir enfrascada en su mirar, viendo como Anthony giraba por completo su cuerpo para mantenerlo frente al de ella, colocó su frente a la de ella haciendo una misma respiración. Anthony tomo una de las piernas de Candy y la colocó sobre su cintura, permitiendo que ella sintiera la reacción matutina de su amado. Candy abrió la boca sorprendida por lo que sentía debajo.
-¿Cómo te sientes? – Le preguntó un poco preocupado, ya que para él a pesar de sentir algo de incomodidad al ser la primera vez que invadía el cuerpo de alguien, había sido como tocar el cielo con su cuerpo, pero tenía claro que para ella había sido un poco más incómodo, se lo había dicho su cuerpo al momento que la hizo mujer, al momento que tomó su virtud y la guardó en su alma.
-Me siento bien. – Le dijo aún sin sopesar el hecho de que había entregado su pureza a su príncipe. Anthony la besó tiernamente, tomó sus labios entre los suyos con total ternura, sin embargo su cuerpo estaba dispuesto a comenzar una nueva experiencia. Sus besos se extendieron por su cuello llegando pronto a sus hombros, despertando poco a poco en Candy esa nueva sensación de placer que había descubierto, esa nueva necesidad de que estuvieran dentro de ella, tratando de reconocer el deseo latente de su parte íntima. - ¿Tú cómo te sientes? – Preguntó inocente recibiendo las caricias de su amado, disfrutando cada roce y cada demostración de amor que él le proporcionaba.
-Más enamorado que nunca. – Le respondió sin rendirse de su cometido, siguió explorando con su boca su cuerpo y con sus manos acomodaba y acariciaba el cuerpo de su pecosa en el suyo, buscando la manera de incitarla y provocarla para volver a repetir aquella maravillosa experiencia de la cual sabía se haría adicto a ella.
Se posicionó de nueva cuenta sobre su cuerpo, descubriendo a ambos de aquella sábana que les impedía ver la perfección de sus ambos, él quería deleitarse una vez más con su anatomía y deseaba que ella también disfrutara de la misma forma al observarlo a él tal cual era. No solo le había desnudado su cuerpo sino que deseaba desnudarle su alma.
-Te amo pecosa, te amo tanto. – Le decía necesitado mientras bajaba un poco más sus labios recorriendo cada centímetro de su cuerpo, quería llegar a su humedad y comprobar directamente si ella ya estaba lista para recibirlo de nueva cuenta, los suspiros que dejaba Candy escapar de su boca los trataba de acallar con su mano, sintiendo un poco de vergüenza por la dirección que tomaban los boca de su príncipe.
De pronto Anthony comprendió que lo que su padre le había explicado no era tan descabellado, que lo que siempre creyó que sería incómodo realizarlo, con ella era una tarea tan simple y deliciosa que le complacía bastante realizarla, más cuando escuchó y sintió el cuerpo de Candy removerse ansioso desatando una serie de espasmos que la orillaron a terminar de golpe sobre su boca, su cuerpo se había tensado de pronto y sus manos habían terminado aprisionando sus cabellos, sus gemidos habían cesado, deteniendo por un segundo su respiración, después de eso el aire contenido escapo de sus labios comenzando a respirar cada vez más agitada, buscando la manera de que el aire llegara a sus pulmones una vez más, tratando de recuperar el control de su cuerpo, se dejó caer de pronto en la almohada nuevamente, sus manos dejaron de tirar de su cabello y se colocaron a los lados de su cuerpo, su cadera se sentía relajada lo mismo que sus piernas, sintiendo su cuerpo le pesaba en ese momento. Anthony levantó su rostro para observar a su amante desde esa posición y lo que encontró fue una mujer totalmente satisfecha, relajada, tranquila, ahora todo encajaba, todas las pláticas recibidas hacían click al formarse una sola. Ese era el placer dibujado en el rostro de una mujer.
Anthony fue gateando cual felino una vez que había terminado su misión de comprobar si ella ya estaba lo suficiente lista para entrar de lleno en ella. Candy lo recibió con una sonrisa y lo abrazó con sus piernas por la cintura, estaba ansiosa de volver a sentirlo entrar en su cuerpo.
-Hazme el amor. – Le dijo en súplica, como un murmullo, como si fuera otra mujer completamente diferente a la tímida Candy, en ese momento no existía ya la vergüenza entre ellos, en ese momento solo eran un hombre y su mujer demostrándose con hechos su amor.
-Muero por volver a hacerlo. – Le dijo mientras lentamente unía su cuerpo al de ella, sintiendo como Candy se aferraba a su espalda y él comenzaba un movimiento rítmico mientras la sujetaba de sus caderas y la besaba con pasión, sintiendo en sus labios el calor de su cuerpo, la pasión de sus besos, hacer el amor con Candy era la experiencia más maravillosa que le había sucedido en su vida.
Poco a poco los movimientos se fueron incrementando al igual que los besos y las caricias, Anthony buscaba la manera de saciarse y saciar el cuerpo de su mujer, realizando un excelente trabajo en cada uno de los movimientos que realizaba, Candy estaba llegando nuevamente a la cúspide del placer y de un momento a otro liberaría su cuerpo, mientras tanto disfrutaba cada una de las sensaciones que le provocaba la firmeza del cuerpo de su amado, sentía que cada vez crecía más dentro de ella y eso la llenaba de satisfacción, se sentía plena, amada, cuidada y a pesar de haber sentido cierta incomodidad al principio el haberla estimulado previamente le había ayudado a disminuir el ardor que sentía al recibirlo de nueva cuenta, pronto sintió nuevamente esa sensación estremecerle su cuerpo concentrándose una vez más en su parte íntima acumulándose de pronto al sentir que su cuerpo comenzaba a estremecerse conforme se iba acercando al final, una vez más estallo en un grito abrazándose al cuerpo de su amado una vez más, mientras Anthony al sentir como su firmeza era abrazada con ansia y desespero se liberaba al mismo tiempo en el fondo de su ser, dedicando los últimos movimientos a terminar de vaciar su interior para llenar el de su amada, liberando así ambos por completo su cuerpo.
El cuerpo de ambos lucía cansado, exhausto, ambos chicos sentían su cuerpo pesado y lacio, pero sus rostros sudorosos reflejaban una satisfacción que les llenaba por completo el alma. Eso, eso era hacer el amor, era la expresión más amplia y nítida de lo que significaba.
Anthony besó con ternura una vez más los labios de Candy, agradeciéndole infinitamente el hacerlo tan feliz.
-Gracias amor, por hacerme el hombre más feliz del mundo. – Le dijo en un susurro, muy cerca de su boca como si alguien más lo fuera a escuchar y quisiera evitarlo. Candy le sonrió feliz, con ese brillo que había aparecido en sus ojos y que se establecería ahí haciéndolos su definitiva morada.
Él se levantó de encima del cuerpo de su amada para dirigirse al cuarto de baño, la veía cansada y aún no salía el sol, era demasiado temprano, sin embargo sabía bien que tenía que llevarla a su hogar aunque no le gustara en absoluto separarse de ella, ya había probado lo que era tenerla en sus brazos y amanecer junto a ella, le sería muy difícil tener que esperar de nuevo hasta casarse para hacerla de nueva cuenta su mujer. Le besó los parpados que tenía cerrados como queriendo volver a dormir otro rato más para descansar su cuerpo del trabajo realizado. Se sintió culpable de dejarla así rendida, pero su culpabilidad desapareció cuando vio en su rostro aquella sonrisa que no había borrado desde el día anterior.
-Te amo princesa. – Le dijo de nuevo y se metió a bañar.
Candy abría los ojos un poco después para hacerse consciente de que estaba fuera de su hogar, la culpa se hacía presente mientras el rubio terminaba con su baño, al salir del cuarto de baño lo hacía envuelto únicamente en una toalla, dejando al descubierto su torso, ofreciendo una maravillosa vista a su amada, quien entre la luz que comenzaba a asomarse por la ventana observaba con detenimiento la perfección del cuerpo de su amado.
-Eres tan guapo. – Le dijo con pena, Anthony se sintió alagado por ese comentario y se acercó de nuevo a ella para admirarla con detenimiento.
-Tú eres tan hermosa, tan perfecta, tan maravillosa y eres mi mujer. – Le dijo cerca de sus labios mezclando su aliento con el de ella. Candy se sintió sofocada de pronto con el calor que le provocaban las simples palabras de su príncipe, se cubrió con la sábana dispuesta a irse a bañar, sin embargo Anthony se la arrebató de entre sus manos con travesura para observar la parte superior de su cuerpo apegándose a ella para sentir la suavidad de sus senos sobre su pecho. – No sé cómo le hare de ahora en adelante para soportar no tenerte de esta forma. – Le decía aferrándose a su cuerpo con ansia mientras cerraba sus ojos al pronunciar las palabras.
-Yo tampoco lo sé. – Le respondió Candy, temerosa, no sabía cómo iban a controlar sus cuerpos si la cercanía de ese momento los invitaba a un nuevo encuentro de sus cuerpos, la necesidad de fundirse en uno era tal que no podían evitarlo, ambos estaban perdidos de amor y deseo el uno del otro, era como si dos náufragos se hubieran encontrado para beber de su cuerpo y deseaban saciar esa sed que en vez de aminorar iba en aumento. La dejó ir para que tomara un baño, no sin antes observar de nueva cuenta su perfecta anatomía.
-Eres tan hermosa. – Le dijo antes de que desapareciera al otro lado de la puerta.
Candy tenía la intención de usar el mismo vestido que traía el día de ayer, sin embargo al salir de la habitación se encontró con aquel vestido que había dejado el día que había cuidado a Anthony y que al regresar por él había terminado dejándolo de nueva cuenta, guardándolo el rubio como un recuerdo de lo que tal vez no sería, sin embargo en ese momento se lo entregaba a su dueña fascinado con lo que veían sus ojos.
-¿Lo guardaste? –Le preguntó sorprendida.
-Todo lo tuyo lo tengo guardado no solo en mi corazón. – Le dijo enamorado, quitando la bata que cubría su hermoso cuerpo, comenzando a besarla con delicadeza por el cuello. -¿Te ayudo a vestirte? – Le preguntó con sutileza. Candy asintió.
Anthony lentamente se inclinó para ayudar a colocar lentamente su ropa interior mientras la subía iba rozando sus piernas lentamente viendo como su piel se erizaba al contacto, la ajustó a su cuerpo y tomó el corsé con mucho cuidado colocándolo en su lugar, cubriendo con pesar aquellas maravillas que poseía su cuerpo, no sin antes deleitarse con su sabor cada de ellas, ajustaba el cordón dentro de cada uno de los ovillos acariciaba su espalda mientras lograba su cometido, una vez terminada esa labor continuo besando su nuca observándola desde esa posición ante el espejo, observando las reacciones que tenía su rostro al estar realizando una tarea opuesta a la del día anterior, para Candy eso era sumamente candente, ya que su cuerpo reaccionaba al roce de las manos de su amado que para ella eran expertas.
Candy se dejaba cambiar por su amado sin poner objeción, era como una muñeca en sus brazos, toda su vida con los Andrew había recibido ayuda para cambiarse, pero era la primera vez de todas ellas que lo disfrutaba de sobre manera. Anthony colocó el fondo del vestido de la misma forma acariciando sus piernas en su cometido, una vez que la ajustó a su cuerpo la acercó a él nuevamente y la besó con un simple roce como si fuera el aleteo de una mariposa, Candy cerró los ojos y lanzó un suspiro deseosa de más, Anthony se entretenía con sus reacciones, la estaba logrando excitar de nueva cuenta sin la necesidad de tocarla demasiado, simplemente con sus roces y con la imagen que sus ojos captaban en aquel espejo. Por último le colocó el vestido ajustando el gran moño que tenía de adorno en su espalda, ayudándola a sentarse para colocar en sus pies su calzado, esas botas altas que utilizaba casi a diario, le descubrió las piernas levantando su vestido acariciando su tersa piel tan nívea como sus manos, las besó con ternura abriendo Candy los ojos por completo ante esa acción, mientras Anthony le dedicaba una sonrisa tan hermosa que pronto se recompuso de su sorpresa y le correspondió de la misma forma.
Colocó cada uno de su calzado y la ayudó a ponerse de pie para aferrarla a su cuerpo, buscando una posición en la que sus formas se apegaran a su cuerpo, acariciando sobre la ropa su cuerpo. Anthony había descubierto que era un hombre bastante pasional y había encontrado en Candy ese motivo que lo tenía reprimido desde su pubertad, desencadenando esa necesidad que su cuerpo le exigía descubrir y el haberlo descubierto con Candy le llenaba el alma. Su cuerpo era su templo y él se dedicaría a adorarlo durante toda su vida, Anthony había convertido una simple acción como era vestirse en una erótica tarea que le despertaba a Candy los instintos de una mujer pasional y deseosa de más. Candy cepilló su cabello ante la mirada enamorada de su príncipe quien la observaba embelesado con su imagen.
-Nos vamos. – Le dijo una vez que terminó de peinarse, Candy asintió tomando su mano y sintiendo ambos esa descarga que les provocaba miles de sensaciones desatando en su vientre ese revoloteo de mariposas ya identificado.
Salieron con cuidado de la habitación, sabían que nadie tenía que enterarse de lo que había sucedido en aquellas cuatro paredes, que mientras para ellos era el mismo cielo, para los demás era algo prohibido. El sol comenzaba a elevar sus rayos para el amanecer y el par de enamorados caminaban rumbo al hogar de Ponny, la gente comenzaba a realizar sus labores, pero nadie reparaba en el par de enamorados que caminaban abrazados. Candy sentía algo de incomodidad al caminar, pero el lento andar que llevaban ambos lo mitigaba.
-¿Estás bien? – Le preguntaba muy cerca de su rostro, preocupado de haber causado algún daño a su princesa. Ella asintió acurrucándose en su pecho, le causaba pena aceptar ante él que tenía cierta incomodidad en su intimidad.
-Estoy bien, no te preocupes. – Le decía para tranquilizarlo, le gustaba la manera como se preocupaba por ella.
Llegaron al hogar y se sentaron en los escalones que estaban en la puerta, como ya era su costumbre, como cada mañana que él llegaba tan temprano y se sentaban a platicar antes de él retirarse a trabajar.
-¿Pudiste dormir bien? – Preguntó de nuevo para entablar conversación, se habían quedado sin palabras por un momento disfrutando únicamente de su compañía.
-Dormí muy bien. – Le dijo con una sonrisa y un sonrojo apareció en su rostro, tenía que reconocer que haber compartido la cama con él había sido maravilloso. - ¿Cómo dormiste tú? – Preguntó ahora ella curiosa.
-Creo que la primera noche que duermo verdaderamente tranquilo y en paz. – Y efectivamente así era, ya que al haber perdido a su mamá desde pequeño nunca había podido conciliar un sueño apacible.
Ambos se abrazaban mutuamente cómplices de sus acciones, de sus miradas perdiéndose uno en el otro diciéndose en silencio cuanto se amaban y que de ahora en adelante entre ellos no cabrían dudas ni reclamos con respecto a lo que sentían uno por el otro. Aún tenían que hablar con respecto a lo que los había hecho discutir, pero en ese momento ninguno quería echar a perder ese momento en el cual habían caído, observando que el día era más hermoso, que aquella mañana era la más bella que habían despertado.
-¡Vaya ya están listos! – Les dijo Tom sacándolos de aquella burbuja en la que estaban inmersos aquellos dos amantes.
-¿Listos? – Preguntó Anthony al ver quién era el que osaba interrumpir con aquel agradable ambiente que ambos habían creado.
-¿No me digan que siguen enojados? – Preguntó al ver que ninguno recordaba que ese día llegaban las novias de sus primos.
-¿Enojados? – Preguntó Candy también confundida al haber olvidado la disputa que habían tenido el día anterior.
-Vaya por lo visto ya lo olvidaron. – Dijo Tom refiriéndose a la llegada de las chicas, porque que lo que se refería a su enojo era obvio que ya habían limado asperezas.
-No te entendemos Tom. – Dijo Anthony dirigiendo una mirada cómplice a su pecosa.
-Vamos chicos, que hoy llegan las novias de sus primos. – Les dijo algo desesperado.
-¡Es verdad! – Dijo Candy sorprendida viendo a los ojos a su novio. - ¡Lo había olvidado! – dijo de nuevo.
-Me lo imaginaba, ayer estaban tan molestos que me imaginé que no recordarían nada, pero al verlos sentados aquí afuera ya cambiados y listos tuve la idea que me había equivocado.
-Lo sentimos Tom, ¿Ya están listos Stear y Archie? – Preguntó Anthony.
-¿Bromeas? Ese par de seguro no durmió pensando en que llegarían hoy sus dulcineas.
-¿Dónde se encuentran los muchachos?
- Están alistándose, les dije que los buscaría para prepararnos para ir a buscarlas, me imaginé que estarías aquí con Candy. – Le dijo Tom seguro de que todo estaba ya bien entre ellos. - ¿Ya aclararon sus problemas? – Preguntó viendo a Anthony quien era el que había sido más ofendido a juzgar por lo que había visto el día anterior.
-Completamente. – Dijo Anthony dando un beso a Candy en su mejilla ante la sonrisa sincera de su hermano.
-Me alegra. Espero que ya no se vuelvan a repetir esos arranques de celos. – Dijo Tom seguro de que eso era lo que había detonado el incidente, siempre que Anthony se molestaba de esa manera estaba de por medio el nombre del actor, aunque no quería volver a repetir el problema.
- No te preocupes hermano, Candy y yo ya aclaramos todas nuestras diferencias y puedo asegurarte que nunca más habrá alguna duda o celos nuevamente. – Le decía viéndola a los ojos sincero, jurándole en silencio que todo había quedado atrás, que estaba plenamente convencido que ella lo amaba y que él la amaba a ella y a nadie más, recibiendo con complicidad esa mirada de su amada quien la percibía de la misma forma, habiendo compartido más de una noche de amor entre ellos.
-Me alegro. – dijo Tom sincero, sonriendo a ambos rubios.
-¿Stear y Archie nos acompañaran? – Preguntó Candy insegura.
-De ninguna manera, iremos solo tú y yo Candy. – Dijo Tom ante la sorpresa de Anthony.
-¿Qué dices? – Preguntó Anthony.
-Lo que escuchas Tonny, no es conveniente que nadie te vea.
-Pero si solo es recibirlas en el comienzo del camino.
-De todas formas no es conveniente que te arriesgues.
-Puedo esconderme en el auto. – Dijo una vez más.
-Amor, creo que Tom tiene razón. – Dijo Candy, ante la mirada de asombro de Anthony. – No sabemos quién traerá a las muchachas.
-¿Y no podemos esperar hasta que lleguen aquí? – Preguntó no queriéndose separar de su amada. – De todas formas no sabemos a qué hora van a llegar. – Dijo por último, cayendo en cuenta los otros dos que era verdad lo que decía.
-Tienes razón Anthony, el telegrama no decía hora de llegada.
-¿Entonces? – Preguntó Tom.
-Lo más conveniente sería esperar su llegada. – Dijo Anthony abrazando a Candy por los hombros.
Mientras tanto en un automóvil que viajaba entre las piedras y el mal camino que habían dejado las últimas lluvias, un par de jovencitas iban entusiasmadas de encontrarse con aquella que era su mejor amiga.
-¿Estás emocionada de verla de nuevo Patty?
-Si Annie, tengo casi dos años que no la veo.
-¿Tan rápido ha pasado el tiempo? – Decía sorprendida. – Patty ¿Cuánto tiempo tienes de no ver a Stear? – Preguntó con miedo de lastimar a su amiga. Patty bajó la mirada triste recordando cuando había sido la última vez que vio a su amado inventor.
-Hace seis meses, la última vez que lo vi fue antes de que Archie quisiera convencerlo de abandonar esa locura de la guerra.
-¿Aún no lo olvidas?
-¿Olvidarlo? Si cada día pido al cielo porque lo cuide y esté sano y salvo para volver a verlo. Tengo dos meses que no recibo carta alguna y eso me tiene muy angustiada.
-Te entiendo Patty, pero no te preocupes, Archie me habló hace poco y me dijo que Stear estaba bien. – Los ojos de Patricia se iluminaron al escuchar que su amado se encontraba bien.
-¿Entonces por qué no me ha escrito? – Preguntó después con tristeza. - ¿Se habrá olvidado de mí? – Preguntaba triste.
-No lo creo Patty, tal vez la carta se ha perdido, el correo no es confiable en estos momentos y mucho menos el que viene desde Europa. – Patty asintió tratando de concentrarse en eso. Quiso cambiar de plática y distraerse de aquel joven de anteojos que últimamente había llenado sus pensamientos de angustia, miedo y desesperación.
-¿Le vas a decir a Candy lo que te dijo Terry? – Preguntó Patty con timidez.
-Yo creo que sí, Candy amaba mucho a Terry y tiene derecho a saber que la está buscando.
-¿Pero no crees que ella ya esté más feliz ahora sin él?
-No creas que no lo he pensado Patty, sin embargo pienso que tiene derecho a saberlo.
-Eso sí, solo espero que no le vayamos a causar algún conflicto.
Ambas chicas se quedaron en silencio pensando cada una en diferentes situaciones, Annie pensaba en decirle a Candy que Terry la había buscado para decirle que quería hablar con ella, y que estaba en Chicago ensayando el próximo estreno de su obra, creía que para Candy sería una gran noticia, una vez que ella supiera que la estaba buscando y que quería verla sabía que Candy no se resistiría en ir a buscarlo.
En cambio Patty creía que Candy era más feliz así como estaba, ella no había necesitado tener a su lado a Terry para salir adelante, era una chica completamente diferente a ellas, siempre había sido muy optimista y había demostrado que era lo suficientemente independiente para valerse por sí misma sin la ayuda de nadie, ni siquiera de su propia familia y se le hacía un poco injusto que después de casi dos años de no buscarla y de haberse mantenido alejado de ella sin siquiera tener una noticia de él, apareciera de la nada tan campante para querer hablar con ella.
Ninguna de las dos chicas volvió a decir nada al respecto, ambas tenían ideas diferentes de si debían o no decirle a Candy, pero habían llegado a la conclusión de decirle lo que sabían y que su amiga decidiera si era conveniente o no ir a ver al actor.
A lo lejos Anthony vio un automóvil que se acercaba hacia el hogar de Ponny, venía bajando una pequeña colina donde podía apreciarse más claramente.
-Mira amor. – Le dijo a Candy con una sonrisa. – Creo que ahí vienen las muchachas.
-¡Es verdad, amor! – Dijo Candy emocionada. - ¡Mira Tom! – Le decía a su hermano para que atendiera a donde ambos miraban.
-Tienen razón revoltosa, ese debe de ser el carro de los Britter, si hubiéramos ido a recibirlos los hubiéramos encontrado a medio camino.
-Creo que madrugaron para llegar.
-Yo creo que estaban ansiosas de verte pecosa. – Dijo Anthony acercándose a los labios de su amada.
-¡Hey tranquilos! que aquí sigo presente. – Dijo Tom haciéndose el ofendido. Ambos rubios comenzaron a reír por las caras que hacía Tom.
-Vamos Tom no seas envidioso.
El automóvil por fin se estacionó frente al hogar, bajándose el chofer para abrir la puerta a las damas que ahí viajaban.
-Buenos días señorita Andrew. – Saludó el chofer con amabilidad a Candy, ya la conocía desde hacía tiempo y la estimaba igual que a la señorita Britter.
-Buenos días Matthew. – Respondió Candy ante la reverencia de aquel señor que la saludaba. El chofer abrió la puerta del automóvil y tanto Annie como Patty observaban con curiosidad a Candy al ella estar muy abrazada a aquel joven vaquero que se veía extremadamente apuesto.
-¡Candy! – Dijeron ambas al verla sin querer preguntar todavía quién era aquel apuesto vaquero que estaba abrazándola. El otro vaquero Annie lo había reconocido, sin embargo Patty tampoco lo identificaba.
-¡Annie! ¡Patty! – Dijo Candy corriendo a abrazar a ambas chicas, se abrazó feliz a ella y ambas chicas correspondieron a su abrazo, mientras Matthew bajaba las maletas con ayuda de los Stevens.
-Muchas gracias jóvenes Stevens.- Dijo el chofer quien conocía a ambos chicos ya que la visita anterior de Annie habían ayudado al chofer a cambiar uno de los neumáticos del automóvil al quedarse varado cerca de la entrada del camino de Ponny.
El chofer se despidió amablemente de todos, indicando a la señorita Britter que él volvería por ella en cuanto ella así lo dispusiera.
Annie y Patty observaban con cautela al rubio vaquero que seguía a la espera de ser presentado al igual que Tom.
-Patty, quiero presentarte a Tom, él es hermano de Annie y mío. – Dijo Candy presentando primero a su hermano, ya que sabía por las miradas que le daban al rubio que tenían muchas preguntas que hacerle con respecto a él.
-Mucho gusto señorita O'Brian. – Contestó Tom caballerosamente ante aquella tímida jovencita quien saludaba al recién presentado. Candy tomó extendió su mano hacía Anthony y éste no dudó en tomarla y acercarse a ella de nueva cuenta, abrazándola por la cintura y ella aferrándose a su pecho. Mientras las dos chicas la veían asombradas.
-Annie, Patty, quiero presentarles ahora a mi prometido, el joven Tonny Stevens. – Dijo Candy ante la sorpresa que reflejaban los ojos de las chicas.
-¿Prometido? – Preguntaron ambas entusiasmadas, al ver como Candy les mostraba su mano izquierda en la cual lucía aquella gran piedra que adornaba a aquel anillo que había servido como promesa de su amor. Candy asintió a su pregunta.
-Así es chicas, Tonny es mi prometido, él, él es el hombre de mi vida. – Le dijo mientras veía a los ojos a su príncipe y él también se perdía en sus esmeraldas, enamorado, embelesado de escuchar de sus labios pronunciar con orgullo que era su prometido y sobre todo el saber que lo presentaba como el "hombre de su vida". Anthony rompió el contacto de sus ojos para poder saludar a las muchachas que estaban aún sorprendidas con lo dicho.
-Mucho gusto, muchachas. – Dijo con su maravillosa sonrisa llena de felicidad. Ambas chicas lo admiraban reconociendo que era un hombre verdaderamente atractivo y veían en el rostro de Candy una felicidad que nunca antes le habían visto plasmada en él.
Continuará…
Otro más hermosas, espero sus comentarios!
Saludos y bendiciones.
