.
Capítulo 22
"Sin aliento a respirar, sin palabras a gritar"
Parte 1
.
.
.
Agosto 14, 1920. Stratford-upon Avon, UK
.
Después de una larga travesía Candy llegó ultramar con la única certeza de una dirección en un boleto, que sostenía con fuerza entre sus manos.
Pasó la noche en Southampton con la familia del capitán del Queen Mary, por la insistencia de su hija Gwyneth con la que había hecho amistad, y viajó por las Midlands occidentales hasta la pequeña estación de Stratford-upon Avon en el corazón del condado de Warwickshire.
Terence le había dicho a Stear que se establecería en aquel lugar, donde ya había alquilado un cottage.
.
Con las piernas que apenas lograba mantenerlas firmes por la emoción, descendió del tren mirando a su alrededor con el irracional deseo de encontrarlo ya por alguna parte.
Un vivaz ruido abrazó su llegada. La pequeña ciudad comercial estaba ya inmersa en su intensa actividad de preparación de los mercadillos generales y de la feria de ganado de Rother. Aquel enérgico y completo frenesí, típico de la bulliciosa ciudad del interior británico, le fluyó por la piel recargándola de una indescifrable adrenalina.
Las enormes ganas que sentía por volverlo a ver y revelarle finalmente sus sentimientos eran frenadas por el temor de haberlo ofendido irremediablemente con su comportamiento.
Más se adentraba por las calles perfectamente alienadas del pequeño centro de origen medieval más aquel molesto temor crecía.
.
Quiso pasear por un poco a pié, para recobrar la necesaria calma, empezando a vivir la ciudad que él había elegido para su presente. Una atmósfera irreal y extraña la acompañó hasta los Bancroft Gardens a lo largo del amplia y vivaz Bridge Street.
Animada por un vientecillo insistente, vagó contemplando los tejados inclinados y ondulados de las casas pequeñas, de la época victoriana pintados de blanco y negro con decoraciones geométricas en contraste para asegurar una sensación de orden.
En algunas cosas Stratford-upon Avon se había detenido con William Shakespeare.
Sí, la ciudad había avanzado, las generaciones habían seguido a lo largo de los siglos pero en cada plaza, callezuela o rincón escondido se respiraba algo de él. Era el espíritu inminente de esa pequeña aldea engarzada como un diamante en la encantadora campiña inglesa postrada en eterna devoción por la magia de sus versos. Restaurantes, hoteles, calles e incluso hornos y florerías, todo con su nombre, en la insignia o en algún otro detalle insignificante recordaban al Bardo o a los ambientes y arquitecturas del siglo 16 en muchas de las calles permanecidas prácticamente inalteradas desde entoces.
Se hubiera podido imaginar, y sin tanta fantasía, verlo delante al pequeño William, corriendo por aquellas calles o yendo con su madre Mary Arden con el farmacista o perderse escribiendo sentado en una banquilla o en los jardines de la Grammar school junto a la capilla del Gremio de la Santa Cruz.
.
Candy sostuvo la respiración inhalando en el aire aquellas palabras que tantas veces él le había recitado con su admirada y ferviente voz.
Sentía que Terence se había enamorado de aquel lugar de inmediato.
Como Nueva York había acogido sus tumultos interiores con su caótica y frenética amabilidad, así aquella pequeña ciudad rica en historia y capaz de detener el tiempo debía ser ahora como una panacea para su alma en busca de estabilidad.
Prosiguió con estos pensamientos hasta la entrada de los jardines, pasando junto a las distintas salas de té que mimarian sus gustos de noble inglés que la cosmopolita Manhattan no había logrado disminuir a pesar de su índole curiosa.
Por una buena media hora permaneció sentada sobre la banca observando los ingeniosos juegos de agua de una pequeña fuente, continuando a agobiarse con la indecisión.
"¿Candy, pero que te sucede? ¿Después de este largo viaje estás permitiendo que te venza el miedo de
enfrentarlo? Que tonta eres..." se recriminaba.
"¿Y si te rechaza también él?
No, Terence no lo hará...".
Y si lo hiciera, se dijo al final superando los últimos miedos, ella quería de todas maneras que él lo supiera.
El momento de silencios definitivamente había terminado para ellos.
.
Ahora segura de jugar con sus cartas descubiertas, se dirigió hacia la salida acercándose al gran Gower Memorial de bronce, el primer tributo funerario al poeta en su patria.
Quedó impresionada por las miles de cartas que las personas del lugar y visitantes que iban a homenajear su legado habían dejado a sus pies.
Eran docenas y docenas. Muchas de ellas eran cartas tan apasionadas. Otras gritos de dolor por los amores perdidos. Entre tantos de esos había escritos enteros de sus dramas o extractos de frases.
Se inclinó, hojeando algunas.
Una breve cita escrita con una elegante y linear caligrafía atrajo mágicamente su atención. La leyó con un suspiro, pensando al sonido del timbre persuasivo de la voz de Terence.
"Donde los pequeños miedos se hacen grandes, ahí un grande amor crece".
Como en un íntimo diálogo entre los dos, ella le respondió.
"Terence, ya he vivido demasiados miedos. ¡Quiero tu perdón y tu amor!
¡Lo has dicho tú… los sueños se muerden, no se acarician!".
Con un ansia creciente empezó a apresurar sus pasos.
De repente sintió la urgencia de aquella confesión.
.
Tan pronto como salió del jardín, se detuvo para pedir indicaciones a una chica que estaba con la cabeza metida en el cofre de su auto, intentando reparar un daño.
Habían sido sus ropas masculinas y su evidente habilidad las que atrajeron su atención. No se veían tantas chicas al volante y pocas aún que entendían como funcionaran aquellos vehículos del infierno por dentro se podían contar con los dedos de una mano.
-"Disculpe, necesito llegar a la dirección del actor Terence Graham. Tengo el nombre de la calle en la que vive pero del número no estoy muy segura...".
Stear se había disculpado con ella pues no había estado atento al anotarlo y ahora tenía la duda.
La morena levantó el rostro del cofre sucio de grasa.
-"Americana, de Illinois tal vez… pero el acento se ha suavizado, debió haber vivido por algún tiempo en una gran ciudad...".
Candy la miró con curiosidad.
-"Es verdad… ¿Como ha sabido?".
-"Es un don natural, señorita. Me fascina estudiar las inflexiones de la gente que pasa por aquí. Mucho gusto, Yo soy Anne!".
-"¡Y yo soy Candy!" se presentó cordialmente.
Anne alargó su mano instintivamente pero rápido la retiró al ver que estaba toda sucia y se la limpió en los pantalones soltando una carcajada.
-"No, no le doy la mano… no quisiera arruinar su bonito vestido que imagino ha sido comprado en una refinada boutique, pero tal vez puedo ayudarla. ¡Sé que alomejor no lo parezca por mi aspecto… pero soy una actriz de teatro… y muy ocupada también! Conozco a la persona de la que habla...".
-"¿En verdad?´" se emocionó Candy.
-"¡Claro! Stratford es un bullicio por su llegada. No es un artista cualquiera, usted lo sabe seguramente. ¡La estrella más brillante de Broadway ha llegado aquí hace algunos días para crear una nueva compañía con el igual de famoso Gordon Craig, quien se ha transferido hace una semana desde Italia justamente para trabajar con él!. ¡Los actores de la ciudad están afilando las uñas para participar en sus audiciones… yo incluida! ¡Si ya casi están en fila afuera de su casa para hacer sus propuestas!".
-"¡Que maravilla, entonces usted sabe donde vive Terence!".
-"Bueno no justamente, pero hay una calle aquí donde están todas las casas de las celebridades, déjeme ver… ¡Si es Warwick Road! No es tan lejos, la acompaño directamente… ¡Si confía en mi cacharro, en los
conocimientos de mecánica de una mujer y sobre todo si dejamos las formalidades entre nosotras, Candy!".
-"¡Está bién Ann, te lo agradezco tanto! No te preocupes..."- le respondió cómplice –"¡Estás hablando con una que también sabe conducir, aunque no me atrevería jamás con audaces reparaciones!".
El rostro vivaz de Anne se iluminó con una expresión astuta en un flash que le recordó a Candy aquel de su querido Stear.
-"¿Conoces bien a Terence?¿Tú también perteneces al sector?" le pregunto mientras entraba por la Bridge Street con una marcha lenta para permitirle al vacilante motor ganar velocidad.
-"Oh no… Yo sólo soy una… amiga...".
Su tono bromista fue acompañado por un suspiro romántico.
-"Si, imagino que has atravesado el Atlántico sólo para venir a charlar con un buen amigo...".
Candy sintió que ardía de pies a cabeza. Estaba consciente que hasta un ciego podría darse cuenta de lo que le crepitaba en el cuerpo.
Percibiendo su turbamiento, Anne cambió rápido de argumento.
-"Mira, Candy, aquel es el Shakespeare Memorial Theatre" le explicó.
-"¡Es el teatro donde actuará Terence!Ya han puesto el cartel con la solicitud de actores para las audiciones. Él y Craig han decidido nombrar a su compañía 'Black Swan'… Hay tantos cisnes en las aguas del río Avon, especialmente en estos tiempos… los negros sin embargo, son una gran rareza..." prosiguió alegremente mientras Candy acariciaba con los ojos aquel teatro que acogería dentro de poco los primeros pasos de la nueva carrera de Terence con un seguro y merecido éxito.
-"Llegamos, ésta es la calle de los artistas. Para saber la dirección es mejor que preguntes a alguno que viva aquí".
-"Has sido muy gentil en acompañarme, me las arreglaré de alguna manera" le agradeció Candy descendiendo del auto. -"Espero volverte a ver muy pronto sobre el escenario en el elenco de la Black Swan".
-"Gracias por los buenos deseos" le respondió la actriz echando a andar, esta vez mucho más veloz, y retumbando por la calle arbolada.
-"Tal vez tú puedas hablarle bien de mi cuando te reconcilies con él … no se le niega nunca un capricho a la mujer que se ama...".
-"Que impertinente..." pensó alegre Candy dirigiéndose a la puerta cercana.
.
Había dado solo algunos cuantos pasos cuando la saliva se le atoró en la garganta.
Aquel hombre distinguido de mediana edad de vestimenta extremadamente refinada que salía del portón de una de las villas le parecía el duque de Granchester, el padre de Terence.
Lo había visto solo una vez en el colegio San Pablo.
En realidad su encuentro había sido muy informal. Ella había tropezado con él terminando en el piso. Mientras intentaba disculparse, él sin dar mucha importancia a lo sucedido, la había ayudado en modo galante a levantarse y le preguntó con gentileza si se había hecho daño.
Como solía hacer Terence también él después se alejó en silencio, con el rostro endurecido por sus oscuros pensamientos.
Sólo después de pocos segundos había entendido quién era, cuando vió correr detrás de él a Elisa quien lo llamaba con su título nobiliario completo mientras se ofrecía, con exagerada ceremonia, de acompañarlo hasta la oficina de la madre superiora.
Aquel día había tenido un extraña impresión al verlo. Aquel hombre estaba rodeado por un aura austera que inspiraba a tenerle una cierta distancia reverente y que él alimentaba con su actitud fría.
Sin embargo… le pareció que aquellos ojos helados se enternecieron cuando le dió la mano para ayudarla a levantarse.
-"Disculpe, Señor..." le preguntó armándose de valor.
-"¿Usted sabe por casualidad si este cottage es la residencia de Terence… Graham, el famoso actor?".
El caballero se volteó para verla mejor, observándola con discreción.
-"Señorita, aunque lo fuera no creo que el señor Graham quiera recibir admiradoras en su propia casa. Puede pedir informes sobre él en Memorial Theatre si quiere verlo".
-"Pero yo… no soy una simple admiradora..." le aclaró Candy mientras le parecía revivir como un deja vu el reencuentro con Terence en el hospital fuera de la habitación de Eleonor.
-"Soy una persona que lo conoce muy bien...".
Richard buscó en su memoria dónde había ya visto aquel bonito rostro expresivo lleno de pecas.
-"¿Podría decirme su nombre, por favor, señorita?" le preguntó empezando a mostrar un inexplicable nerviosismo.
Su voz de barítono le confirmó sin más dudas su identidad.
-"Soy Candice White Andrew, Su Excelencia, nos hemos conocido en Londres. He estudiado en el mismo colegio junto a su hijo..." le respondió sin más preliminares.
-"¿Candice?¿Es usted?" dijo temeroso Richard.
Su rostro se había vuelto transparente al instante.
Su Tórax había comenzado a respirar incierto.
-"¿Usted es, Candice? No lo puedo creer..." repitió de nuevo acercándose a ella sin esconder su agitación. Candy vio como tomaba sus manos y se las besaba. Inclinado ante ella, con aquel gesto había perdido cualquier respeto a las formalidades, sintió entre sus dedos el calor húmedo de sus lágrimas.
-"Su Excelencia, yo...".
-"¡Gracias! ¡Gracias por hacer que Terence regresara a mi!".
La chica se sorprendió por aquella indebida demostración de agradecimiento.
Miró perpleja al grupo de subordinados que lo acompañaban y que no entendían por qué aquel hombre poderoso estuviera renunciando a las etiquetas en público en modo tan descarado mostrándose vulnerable ante una desconocida. Se sintió avergonzada por él.
-"Le ruego, no llore...".
-"¡Permita que me desahogue, Señorita Andrew, me he reprimido por tanto tiempo!".
-"¿Entonces, usted y Terence habéis aclarado todo?".
-"Si" le respondió el duque levantando la mirada.
-"Y sé que usted ha tenido una influencia determinante en su decisión de venir a buscarme...".
-"No tiene que agradecerme en absoluto, señor… Terence ha pasado por demasiadas experiencias difíciles en su vida. estoy segura que él mismo hubiera llegado a la misma conclusión al final. Era inevitable. Sois padre e hijo… por mucho que el dolor os haya cegado y alejado con violencia...".
-"Tal vez hubiera ocurrido como dice, Candice, pero un ángel ha guiado a mi hijo para que se mirara dentro antes de que fuera demasiado tarde para nosotros. Y él una vez más ha demostrado ser mejor que su padre...".
-"No tiene que explicarme nada..." insistió ella.
-"Lo importante es que vosotros dos habéis tenido la oportunidad de entenderos…".
Richard dijo a sus subordinados que quería unos minutos de absoluta privacidad con aquella chica a quien evidentemente conocía. Educadamente le abrió la puerta y la dejó acomodarse con calma.
-"Candice, Candy… le ruego me escuche, sé que usted y Terence habéis hablado mucho de su infancia y que le ha contado de nuestra no tan idílica relación sin secretos.
Ahora le parecerá absurdo lo que le diré, pero para mi es importante que sepa que mi hijo es el regalo más precioso que pudo darme la vida, a pesar de todos mis imperdonables errores de los cuales no me alcanzará el tiempo para arrepentirme.
Me hace daño reconocerlo… no he entendido lo importante que era para mi hasta que él se marchó y demostró no necesitar más de mi. He reelaborado en cada silencio y en cada pesadilla nocturna aquella decisión que he tomado tan irresponsablemente y que me ha literalmente maldecido.
Es penoso, sabe, para un hombre de cierta edad crecido con firmes certezas poner en discusión toda una vida…
¡Yo con él he fallado en todo! Lo he condenado por mi temerosa debilidad a una infancia infeliz lejos de su madre, por quien no he tenido el valor de luchar a pesar de que la amaba y la ame aún, he sido un padre silencioso y demasiado severo y no me he dado cuenta, maldicion..." - rompió una vez más en llanto amargo de remordimiento -"No he sabido ver como Beatriz lo trataba y como con su enferma y obtusa ceguera aplastaba día con día su sensibilidad. Ha tenido el coraje de negarlo hasta el final, incluso delante de él cuando la acusaba por su carácter violento… bajo mis ojos… Jamás he visto los moretones de mi pequeño, estaba demasiado ocupado intentando calmar mis heridas e ignorar con mi desapego mis sentimientos de culpa, y nunca escuché sus lamentos más dolorosos que me gritaban silenciosamente sus ojos rebeldes. Que tonto, que padre indigno… ¡Solo Dios sabe cuanto me ha destrozado escuchar sus palabras de rencor y sufrimiento!
¿Como podría culparle por huir aunque tantas veces se lo había reprochado con rencor? ¿Con qué desvergonzada cara dura he continuado a hacerlo por años?
Pero Terence ha cambiado, Candy… ha sabido callar su orgullo como yo no habría sabido hacerlo en su lugar para conceder un espacio que abriera la posibilidad de una posible charla. Y yo no sé como expresar cuanto le estoy agradecido por haberlo ayudado a salir del fango con la cabeza en alto y convertirse en lo que ahora es...".
-"Su hijo es una persona fuerte… yo no he hecho nada...".
-"Lo sé… Terence es un joven extraordinario pero fué el amor que siempre ha sentido por usted que lo ha hecho madurar. Usted lo ha liberado de su coraza y lo ha alentado a enfrentar sus angustias, domando aquel sentimiento de rabia vacía que llevaba dentro como una culpa.
Me lo ha dicho él mismo, se lo debo a usted la conmoción con la que me ha abrazado diciendome que ha superado el mal que le he hecho y que aún me necesita…
Ahora… Terence y yo aún tenemos tanto camino por recorrer pero finalmente hemos aceptado mirarnos a los ojos leyendo en ellos solo amor. Y yo me siento feliz por haber tenido la oportunidad de verla y agradecerle por esto… No imagina cuanto sea importante para mi.
Usted y mi hijo tenéis mi más sincera bendición!".
Candy se apartó de él ruborizada.
-"Oh no, señor duque, tal vez ha malinterpretado, entre nosotros no existe ese tipo de relación. También yo he cometido mis propios errores con él… no se si él aún me permita remediarlos...".
-"¡El rencor y el orgullo son ladrones astutos de momentos preciosos, mi querida! El presente se nos escapa entre los dedos… No sé si para mi y Eleanor habrá aún una oportunidad pero para usted y Terence es diferente. ¡El amor está allá afuera, a un paso… Estoy seguro que sabréis escuchar su voz!
Venga conmigo, la haré entrar, no creo que la escuche si toca. Para vernos con tranquilidad ha dado a la servidumbre un dia de descanso. No hay nadie más en casa sólo él. Al entrar siga aquel pasillo a la derecha; podrá encontrarlo en el jardín frente a la entrada lateral, yo lo he dejado ahí...".
Ella lo siguió, esperando que le abriera con la copia de las llaves que su hijo le había dado.
Con compuesta reserva lo saludó mientras entraba, auń conmovido, a bordo de su Rolls Royce.
.
Después caminando lento atravesó el portón.
Un fresco aroma de hierba apenas cortada le cosquilleo la nariz.
Avanzó por el camino sabiendo dónde dirigirse.
Sobre el césped perfectamente cuidado lo vió a lo lejos acostado con los brazos abiertos observando el cielo surcado por alguna nube dispersa.
Aquel prado abrazaba silenciosa y amigablemente su figura pensativa.
Por todos lados temerarios narcisos que aún resistían la estación sintieron su llegada ansiosa al lugar en el que sólo unas semanas antes había sido rodeado por el brillante amarillo de sus vivaces y duraderas fluorescencias.
.
Capturada por su vista, Candy se detuvo para observarlo en la distancia.
Sus ojos profundos se perdían en la exploración del cielo.
Era hermoso. Increible e irresistiblemente hermoso.
En aquel momento solo deseó que fuera suyo.
.
El ligero susurro de sus pesados pasos lo distrajeron de sus meditaciones.
Terence se levantó del prado, pensando que Richard había regresado.
-"¡Papá… veo que eres más testarudo que yo! Te he dicho que por el momento no pretendo aceptar tu propuesta...".
Sus palabras se perdieron en el aire frente a ella.
-"¿Candy? ¿Qué es lo que haces aquí?".
-"Tu padre me ha dejado entrar… Me ha dicho que te encontraría en el jardín...".
-"¿A qué has venido?" le preguntó molesto pero estaba tremendamente contento de verla.
Candy dio otro tímido paso hacia él.
-"¡Perdoname, Terence! Jamás debí dudar de tí… ¡No sé como pero yo necesito que me perdones!".
-"¡Me has herido, Candy, como nadie más! ¡Me has tratado como un sinvergüenza!".
-"¡No quería… nunca lo he pensado en verdad… NUNCA! He visto llorar a Anthony destrozado, estaba desconcertada, tu nota, yo...".
-"¡Esta bien, disculpas aceptadas!" la detuvo sin hastío.
-"Ahora puedes volver a atravesar el océano para ir con Anthony al altar… ¡Dejame seguir adelante, te lo pido por favor! Es demasiado difícil recomenzar.
¿Entiendes que necesito volver a acomodar las piezas de mi vida por segunda vez?".
-"¡Yo no me casaré con Anthony!" sollozó Candy.
Una mirada herida la atravesó para alejarla de sí.
-"¿Por qué? ¿Por el momento se encuentra demasiado ocupado siguiendo alguna práctica legal urgente de los Andrew? Oh no, déjame pensar, hay tal vez algún examen fundamental en Princeton que le exige la máxima concentración para garantizarle una brillante nota para su graduación muy esperada por su padre, ¿verdad?".
-"Le he dicho que no puedo casarme con él porque ya no lo amo...".
-"¿Como?".
Terence se sentó desconcertado mientra ella, como una visión inmaterial se dejó caer de rodillas sofocada por un llanto incontrolable.
.
- "¡Te amo, Terence!. ¡Yo te amo a ti!" le confesó temblando
-"No tengo más que decir. Sólo esto.
Siento tanto no haberlo entendido antes.
¡Si ahora tú no quieres saber nada de mí sabré aceptarlo… pero no podré jamás dejar de amarte!".
.
-"Candy...".
Sin pensarlo más, Terence también se arrodillo frente a sus brillantes ojos.
-"¡Basta, no más disculpas! ¡Basta de tanto dolor!" le rogó secandole el rostro con los dedos como podía.
-"Terry, pero yo... tengo".
-"¡Basta… basta...basta!".
.
Con un beso detuvo sus palabras.
Sufrimientos, indecisiones, remordimientos, miedos. Todo fue sanado en aquel instante.
.
Era todo tan claro. Disruptivo. Indescriptible. Sublime.
La verdad había estado siempre frente a sus ojos.
Los dos se pertenecían.
.
Terence se apartó de ella mirándola por primera vez sin obstáculos que inhibiesen sus acciones.
Una sonrisa infinita le coloreó el rostro.
Ella se sintió definitivamente conquistada por aquella sonrisa, poseída por una alegría descarada que le vibraba bajo la piel.
Se abrazaron nuevamente, dejándose caer sobre la suave hierba aún mojada.
Entrelazados y felices giraron en el césped varias veces sin dejar de reir.
El aire de la tarde se refresco por el perfume de la menta salvaje que se contagió de su emocionada euforia.
.
Terence se detuvo sobre de ella, aún incapaz de creer aquella realidad.
Con los brazos extendidos rodeò sus hombros, acariciando con sus largos cabellos despeinados su rostro.
La beso más veces. Intensa y profundamente.
Cada mínimo de sus latidos se llenaban de aquella única respiración retenida que dominaba sus bocas ansiosas de amor.
Se respiraron, se devoraron, se fundieron en un abrazo convulsivo que tenía hambre.
Un hambre por tanto tiempo reprimida y por eso aún más urgente.
Candy sintió sus dedos recorrer ávidamente sobre su propio cuerpo derribando sus frágiles defensas en una dulce e imparable entrega, mientras sus labios no dejaban furiosamente de buscarse.
Temblando deslizó sus manos hacia abajo, a lo largo de su espalda.
Firmemente los arrestó mentras lo atrajaba aún más cerca de ella.
Era el primer gesto posesivo hacia su hombre.
Un gesto desconocido y consciente.
.
Terence lo sintió con el orgulloso y divertido sabor de una victoria.
- "Podría morir en estos labios..." le dijo disfrutando de aquel momento de ligereza.
-"¡Pero ahora tengo demasiadas ganas de vivir!".
.
.
.
-"Hemos llegado Anthony, esta es la calle… pero no me acuerdo si el número sea 69 o 96… Pensé que sería capaz de memorizarlo pero debo reconocer de mala gana que mi cabeza a veces no obedece mis órdenes...".
-"¿Stear, lo dices en serio?".
Anthony gruñió impaciente por la enésima distracción demostrada por su primo.
-"¡Me parece que te estás tardando mucho! Primero, pasas por los tanques que has olvidado llenar dejándonos secos a medio campo y el agujero en el que has caído antes y que nos ha hecho saltar una rueda con todo y eje y ahora… ¿Es posible que no te acuerdes de aquel bendito número? ¡Tú tienes una memoria excepcional!".
Era cierto. Stear lo había intentado todo, bajo la mirada bondadosa y amable de Albert, para retrasar su viaje y permitirle a Candy poder aclarar las cosas con Terence antes de que ellos llegaran.
-"No te preocupes, la calle no es muy larga y tenemos solo dos alternativas por verificar… al menos eso creo..." respondió Stear con un aire no tanto convencido.
Albert lo apoyó.
-"Vamos, Anthony, no perdamos los ánimos. Intentemos buscando en la 69. Seguramente alguien sabrá darnos información".
Titubeante Anthony siguió su consejo, descendió del auto y se acercó al portón.
-"Parece que no hay nadie..." constató después de algunos minutos.
-"Y aquí no pasa ni un alma viva..." confirmó también Stear observando la calle desierta.
-"Los artistas estarán ocupados a esta hora en el teatro".
-"Esperad… me parece haber escuchado voces provenientes de esta parte… ahí la pared es más baja...".
Albert se movió hacia la derecha a lo largo del recinto del elegante cottage y pidió que lo siguieran.
-"Stear, ven ayúdame… y tú que eres más ágil, Anthony, intenta subir sobre nuestras manos para alcanzar la cima. Podremos preguntar a aquella gente que nos abra y nos dé información...".
-"¡De acuerdo!" respondieron los dos de inmediato.
Sin dificultad Anthony se apoyó sobre aquel soporte y logró ver al interno.
.
Sus pupilas se dilataron ante aquella visión.
Por pocos dramáticos segundos permaneció petrificado observando.
Era justamente Candy aquella mujer entre los brazos de Terence.
Se estaban besando apasionadamente. Se estaban acariciando y desnudando.
Él le estaba desatando los lazos que cerraban el escote del vestido y sumergía su cabeza en su ropa interior, entre la blanca piel de su seno.
Sus manos por todas partes sobre ella.
Y las de ella… hacían la misma cosa.
No, no era Candy, no podía ser ella aquella chica que estaba amando sin frenos.
Con él jamás se había dejado llevar así… Era insoportable leer en sus ojos aquella ardiente excitación, cuantas veces la había deseado para él…
.
Sintió morir entre aquellas jadeantes respiraciones y aquellos cuerpos entrelazados y temblorosos que desde lo lejos le parecían uno solo.
.
-"Y entonces, ¿Qué es lo que ves? ¿Hay alguien?" le preguntó Stear intuyendo que algo no andaba bien.
-"Si Stear, hay alguien… pero no creo que tengan ganas de prestarme atención" respondió mientras descendía.
-"Por Dios, Anthony, ¿Por qué tienes esa cara? Parece que has visto un fantasma...".
Anthony agacho el rostro sin responder.
-"¿Has visto… has visto a Terence?".
-"Si...".
-"¿Y no está solo?".
-"No...".
.
.
.
Candy dejó escapar un gemido ronco cuando Terence con su boca empezó a hacer a un lado el encaje de su sujetador para apoderarse de sus floridas redondeces que hervían bajo sus dedos expertos. Instintivamente buscó su mirada. Se sentía espantada por la intensidad de lo que él le estaba haciendo sentir.
Sus rizos se esparcían a lo largo del vestido desatado hasta sus hombros desnudos.
Sus mejillas ruborizadas. Sus escalofríos cedían cada vez más ante sus caricias.
Terence mirándola se perdió en el mar de sus ganas.
Tenía un deseo loco por poseerla, raptarla, fundirse con su alma. Ahí. En aquel momento y por siempre.
Ella lo estaba inconscientemente alentando con su total abandono.
.
Con un gesto frenético liberó uno de sus pezones del encaje lamiéndolo famélicamente. Entre las paredes de su paladar lo sintió endurecerse y estremecerse mientras lo envolvía y lo estimulaba con movimientos veloces.
Todo el cuerpo de Candy viajaba bajo la tensión de aquellas contracciones irregulares.
-"Oh, Terence...".
El joven la observó cómo arqueaba la espalda contra la hierba, sintiendo el músculo de sus piernas aturdirse en un incontrolable tremor.
-"Espera..." le dijo dulcemente apartándose de ella.
-"¿Por qué? " susurró Candy con un hilo de voz.
- "No es así como te quiero...".
Con sus manos que de repente se volvieron torpes, le acomodó el corpiño y le ató con delicadeza los listones.
Se puso de pié y le tendió la mano.
-"Ven, Candy, vamonos...".
-"¿Pero a dónde quieres ir? No entiendo...".
Recuperando su habitual tono despreocupado, Terence le lanzó un chispeante desafío.
-"¡Espera y lo verás tú misma, pecosa!".
-"¡No, quiero saberlo ahora mismo!" espetó Candy poniéndose de pié impidiendole el paso con su cuerpo.
Terence continuó a jugar animado por su expresión curiosa.
-"Todavía no… te lo diré dentro de poco...".
-"¡Al contrario me lo dirás ahora mismo! ¡No puedes decidir todo siempre tú!" le reprochó tomándole el rostro entre sus manos acercándolo para darle otro beso suave y sensual sobre sus labios.
-"Dejaré que me convenzas sólo con un millón de estos besos, mi amor...".
-"Empieza a contarlos entonces… mi amor!".
.
Sin interrumpir el abrazo se encaminaron rápido hasta el auto, continuando a besarse.
No podían dejar de besarse.
.
Anthony, Albert y Stear vieron el Cadillac rojo salir del portón en dirección al centro.
-"¿A dónde irán con tanta prisa?" se preguntó Albert.
-"¡Vamos, sigámoslos, subid!" los exhortó Stear.
Al ver que Anthony estaba impasible y no daba ni un paso, Stear lo arrastró con fuerza hasta el auto.
-"Hemos viajado por días para llegar hasta aquí, ¿No es que has renunciado de hablar con ella? ¡Sabías lo que habrías encontrado cuando has decidido venir!".
-"No, Stear, tienes razón… yo no soy un cobarde...".
Entonces él se movió como despertando.
-"Después de lo que apenas he visto, creo que tengo más la necesidad de hablar con ella".
.
Los siguieron por un poco a cierta distancia.
Terence bajó por toda la Henley Street antes de aparcar en la entrada peatonal de Meer Street, la única vía circular de la ciudad. Ayudó a Candy a bajar y juntos continuaron a pie. tragados por la fila de edificios centenarios.
-"Ya no podemos seguirlos..." se lamentó Albert.
-"Ya no se ven… los hemos perdido...".
Stear tuvo entonces una intuición.
-"Albert, tal vez tengo una vaga idea de dónde pudieron haber ido… Volvamos al auto, iremos a esperarlos ahí...".
.
.
Mientras corrian, Candy y Terence llegaron a la pequeña plaza pavimentada con guijarros.
Ahí se detuvieron sonrientes y jadeantes intentando normalizar la respiración aún emocionada.
Él le ofreció el brazo y la invitó a entrar en un negocio con la insignia particularmente llamativa que subito había atraído la atención de la chica: 'William´s Right Hand'.
-"Es la sastrería que colabora con las principales compañías de teatro aquí. Trabajará también con nosotros cuando llegue el momento" le dijo mientras abría la puerta.
La mujer de atractivo aspecto que estaba haciendo las cuentas en la caja reconoció de inmediato al famoso actor y próximamente director.
Se habían conocido un día antes y para Terence nunca había sido un problema el permanecer impreso en las fantasías femeninas.
-"Señora Rain..."
-"Oh señor Graham, Que placer volverlo a ver...".
Arreglando el peinado de sus gruesos cabellos negros, Faith Rain fue de inmediato a su encuentro dando a Candy un cordial gesto de saludo con la cabeza.
-"¿En qué puedo servirle? ¿Tenéis ya alguna idea para la próxima puesta en escena?".
-"Francamente..." dijo Terence enmascarando con desenvoltura su nerviosismo.
-"No he venido por cuestiones de trabajo. Necesitamos dos trajes para un matrimonio...".
Faith corrió para coger una cuadernillo y empezó a anotar algunos apuntes.
-"Necesitaré los modelos para poder tomar medidas y empezar la confección..." dijo distraídamente.
- "Bueno, aqui los tiene frente a sus ojos… siempre si la señorita aquí presente acepta casarse conmigo...".
-"Ah… perfecto… señor Graham, dígame..." - continuó ella sin inmutarse –"¿Para qué fecha está fijada la boda?".
Terence le respondió aún junto a Candy, disfrutando viendo con la orilla del ojo su sorprendida reacción.
-"¡Para hoy, señora… nosotros vamos a ir a casarnos!".
-"¿Que? ¡Tal vez no os habéis dado cuenta, para el novio es fácil… pero para terminar un vestido de buena calidad para la novia lleva muchos días!".
-"¡Entonces muestrenos algunos de los vestidos que ya tiene en la tienda, igual será perfecto!". Candy avanzó determinada, volteandose hacia él con una expresión torpemente controlada que le gritaba su asombrado y entusiasmado si.
-"¡Y que sea el más bello, no queremos escatimar en gastos!" disolvió cada indecisión Terence, sonriendole encantado por su adorable pudor.
¡Jamás se había sentido tan satisfecho de sí mismo en toda su vida!
-"¡Tal vez tengo una idea de lo que podría gustarle, señorita, venga conmigo al taller!".
.
Terence se puso un smoking clásico y esperó frente a un enorme espejo.
Se sentía muy ligero.
Después de unos largos 20 minutos, la costurera y su cliente salieron del vestidor.
Candy tenía puesto un espléndido vestido de seda rosa pálido de líneas limpias con un cinturón en las caderas que lo detenía. Sólo el corsé estaba envuelto en un discreto bordado que cubría el escote mientras que la falda caía suave acariciando sus formas sin crinolinas ni elementos decorativos que provocaran un excesivo volumen.
Faith le había colocado un velo transparente cocido a un broche de perlas que le recogía parcialmente sus cabellos.
El único detalle más elaborado era el pequeño bouquet adornado por una cascada de listones con la misma textura del bordado del vestido, en los que los 'nudos de amor', tan apreciados en la moda art déco, se trenzaban en pequeñas flores rosas.
-"¡Terry, mira este me queda bién… me gusta!".
Él se cruzó de brazos.
-"¡Estás hermosa pero ni lo pienses, es demasiado escotado! ¡No permitiré que salgas de este lugar vestida así!".
-"Esperad" intervino prontamente Faith.
"`Ahora mismo lo arreglo yo. Basta con aplicarle un pequeño punto aquí… así está un poco más cubierta, Candice. Podrá tener el vestido que le gusta y contentar a su posesivo marido… Creo que mi trabajo ha terminado. Usted es mucho más bella así simple, no tiene necesidad de tantos accesorios...".
El actor de repente se puso serio.
-"¡Confirmo lo que ha dicho, señora Rain, yo he sido hechizado por su simplicidad!".
.
Poco después los dos jóvenes salieron tomados de la mano de la sastrería vestidos con impecables trajes de novios, despertando la curiosidad de los paseantes.
-"Si nos damos prisa podremos hablar con el sacerdote que me ha presentado Gordon cuando llegué aquí" propuso Terence.
-"Es el hermano del propietario del teatro donde trabajaremos y me ha parecido un tipo demasiado anticonformista. Estoy seguro que no se espantara cuando nos vea.
A por cierto, gracias por haber aceptado..."-
-" Tú eres...".
-"No empieces a llamarme tonto, Candy, por favor..." bromeó él interrumpiendo su comentario dándole un fogoso beso.
-"¡Eres un adorable tonto, amor mio! Y yo una loca que ha aceptado casarse contigo sin siquiera pensarlo un segundo...".
-"¡Has hecho una magnífica elección! ¿Ves? Has aprendido a confiar en tu instinto… ¡Ahora vamos a la iglesia… nos espera una memorable boda!".
Candy se detuvo de repente, vacilante.
-"Espera, Nadie nos casara si no tenemos anillos, Terry...".
En efecto, era un detalle al cual Terence no había pensado.
-"¡Oh si, los anillos… No he visto joyerías abiertas… sin embargo, tal vez he encontrado la solución!" la tranquilizó empezando a correr.
-"¿Pero a dónde vas?".
-"A pedir un gentil préstamo...".
.
Sin perder el ánimo Terence se acercó a una pareja de ancianos que estaba sentada en una banca.
-"Buenas tardes , Señores" les dijo con la respiración agitada por la carrera.
-"Sé que lo que estoy por pedir os parecerá algo particular pero mi novia y yo tenemos prisa por casarnos hoy mismo y aún no encontramos los anillos. ¿Seríais tan amables de concedernos los vuestros sólo por lo que dure la ceremonia? Os los restituire tan pronto como todo haya terminado. Obviamente… sois bienvenidos a asistir...".
Los dos cónyuges se miraron sorprendidos por unos momentos antes de quitarse los anillos al mismo tiempo.
-"Tome, con mucho placer..." le dijo la mujer colocando los dos anillos en su mano cerrándola con cuidado.
