Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
Hay OOC
16| UN GRAN ERROR
Llegaron un miércoles en todo tipo de vehículos. Cincuenta miembros de la élite londinense. Trajeron consigo criados, criadas, cocheros, lacayos, caballos, vestidos, equipajes, risas, chismorreos y expectativas.
De forma incomprensible para Naruto, Hinata se encargó de todo, y lo hizo a la perfección. Les dio la bienvenida y se los presentó uno por uno, con pequeñas indicaciones que le permitieran recordarlos.
—Milord, seguro que recuerdas a lady Ino Yamanaka, la hija del conde de Bythemoore... Bailaste con ella en el baile del duque de Kimburton.
¡Cielo santo! ¿Cómo podía recordar tantos detalles? Él no se acordaba de nada. Aun con todo, ofreció la respuesta esperada.
—Naturalmente. Nos complace que nos visite.
Así transcurrió la mañana, saludando a personas que no recordaba y observando asombrado cómo Hinata les daba la bienvenida, les presentaba a los sirvientes que se encargarían de atender sus necesidades, pedía que se les mostraran sus habitaciones y que se trasladara a ellas su equipaje. No entendía cómo podía estar al tanto de todo.
Lillian la seguía a todas partes con listas de cosas que debía comprobar, pero Hinata nunca las consultaba. Naruto sabía que, aunque su lectura había mejorado mucho, todavía no estaba preparada para usarlas sin encontrar escollos.
De modo que prescindía de las listas; lo hacía todo de memoria. Extraordinario. Absolutamente extraordinario.
Hubo un momento en que él le preguntó si podía anotarse los nombres de los invitados en un trozo de papel y prendérselo de la solapa con un alfiler, o del vestido de ella. Hinata rió ante la ocurrencia.
—Tranquilízate, Naruto. No es difícil recordar los nombres de los invitados. Imagina que son tus alumnos.
—Con mis alumnos tenía una gráfica de los asientos y podía hacer trampa para saber quién era quién.
—¡Qué gran idea! —exclamó con un destello en la mirada—. Le pediré a Lillian que te pase la disposición de los invitados durante las comidas para que así puedas hacer trampa también con ellos.
Hubo un momento de pánico cuando la duquesa de Lynchbrooke se mostró insatisfecha con su alojamiento, y una dama de menor rango tuvo que mudarse para contentar a la anciana. Naruto pensó que no le costaría recordar quién era la duquesa y se propuso evitarla en la medida de lo posible.
Después se produjo otro instante de decepción cuando llegó una misiva del príncipe de Gales comunicándoles que no podría asistir y enviándoles sus disculpas. Luego llegaron el duque y la duquesa de Uchiha, y su presencia no pudo complacer más a Naruto.
—¡Por fin unas caras conocidas! —dijo mientras los saludaba.
Eran una pareja bien parecida: él con su pelo oscuro y sus ojos oscuros, ella con sus asombrosos ojos jade y su cabello de reflejos rosas.
—Han organizado una buena reunión —dijo el duque.
Sasuke Uchiha había heredado el título recientemente, tras la muerte de su hermano mayor. Naruto se había sentido identificado inmediatamente con el joven porque, al igual que él, no esperaba convertirse en noble.
—Es una auténtica locura —confesó Naruto—. No sé cómo se las apañan los aristócratas.
La duquesa sonrió entusiasmada.
—Ésta es mi primera fiesta rural. Me encanta estar aquí.
Tenía una voz dulce y cantarina. Había llegado de Texas hacía sólo unos meses y, a diferencia de su marido, estaba enamorada de la etiqueta y el protocolo. Sin embargo, no era ninguna esnob, y a Sasuke le agradaba mucho su compañía.
—Tengo entendido que Hinata ha organizado muchísimas actividades. —Se acercó y bajó la voz—. Al menos eso espero, porque no tengo ni idea de cómo hablar con toda esta gente. Seguramente no haré otra cosa que trastabillarme.
—Si yo puedo apañármelas, tú lo harás estupendamente —le contestó su esposa apretándole el brazo con un gesto tranquilizador.
—Quizá podrías prestarle tus libros —dijo Sasuke, luego miró a Naruto—. Tiene muchísimos libros sobre etiqueta. Uno lo ha escrito ella misma. Ya le he dicho que debería intentar que se lo publicaran.
—Yo sería el primero en comprar un ejemplar —comentó Naruto.
—Hinata parece estar en su elemento —añadió Sasuke, mientras miraba hacia donde la condesa se encontraba saludando a otros recién llegados.
—Me asombra todo lo que es capaz de hacer —confesó Naruto—. Yo no podría.
—Yo no tengo ninguna intención de hacerlo —aclaró Sasuke.
—Sin embargo, yo tengo previsto tomar apuntes para saber lo que hay que hacer cuando tengamos invitados en la finca —intervino Sakura.
Hinata se acercó a ellos con una sonrisa de complacencia en los labios.
—Bueno, creo que ya han llegado todos y todos están instalados. Debemos cambiarnos para el almuerzo, querida —le dijo a Sakura—. Si necesitas algo, házmelo saber.
Lo dijo, en un tono sincero que, a juicio de Naruto, Sakura muy probablemente agradeció. Durante buena parte de la temporada social habían estado enemistadas, porque ambas se disputaban la atención del duque. Había ganado Sakura, y a Naruto le parecía que Hinata se lo había tomado muy bien. No entendía por qué al duque no le había preocupado la posibilidad de no tener descendencia cuando inicialmente lo habían prometido a Hinata, pero eso ya no importaba. Lo importante era que el duque y su esposa estaban locamente enamorados y eso se veía en cada mirada que se dedicaban.
Intercambiaron algunas ocurrencias antes de que Hinata se ofreciera a ayudar a Sakura a seleccionar el atuendo adecuado para el primer almuerzo campestre. Sasuke las observó mientras se dirigían hacia la escalera y cuando ya estaban lejos se volvió hacia Naruto.
—¿Qué le has hecho a la condesa?
—¿Disculpa?
Sasuke ladeó la cabeza pensativo.
—Hinata siempre me ha parecido un tanto... distante, fría. Desde que la conozco, jamás la había visto tan agradable.
—Entonces sólo puedo decir que no la conocías bien —contestó Naruto con una sonrisa de satisfacción.
Cuando el primer día se fue extinguiendo para dar paso al segundo, Naruto ya era consciente de que no podía decirse lo mismo del duque de Senju. Obviamente, empezaba a entusiasmarse con Hinata. Parecía contar con la devoción perpetua de ella. No sabía muy bien cómo se las había arreglado para sentarse siempre cerca de él en las comidas, pero estaba seguro de que el manual de la aristocracia Debrett no los habría puesto juntos. Daban paseos por los jardines y, cuando Naruto le pedía a una dama que paseara con él para poder seguirlos de cerca, oía la alegre risa de Hinata resonar a su alrededor.
Por las tardes, los invitados se entretenían jugando al bádminton o al croquet, y se les obsequiaba con comidas extravagantemente preparadas. Habría un gran baile de despedida el viernes por la noche, y todos los invitados se marcharían el sábado. Naruto estaba deseando que llegara aquel día.
En esta ocasión, no habría tiempo para una cacería, algo que el conde agradecía inmensamente.
El duque de Senju y su hija bajaron a desayunar poco después de que Hinata y Naruto se hubieran sentado a la mesa. Como era habitual, sus otros invitados aún no habían aparecido. Hinata había ordenado que se mantuviera la comida en las mesas auxiliares durante muchas horas, para que todos pudieran levantarse cuando les apeteciera.
—Uzumaki, ¿tienes yate? —preguntó el duque.
—Que yo sepa no —contestó Naruto tras lanzarle una mirada interrogativa a Hinata.
—Una verdadera lástima. Son divertidísimos.
—Y carísimos de mantener, papá —añadió lady Amaru. Hinata no recordaba a lady Amaru tan joven.
—Muy cierto, querida, muy cierto. Aun así, si van a Cowes, háganmelo saber. Les dejaré el mío.
—Es muy amable, excelencia —dijo Hinata.
El duque le guiñó el ojo mientras alzaba la copa, y ella se acordó de la última vez que un caballero le había guiñado el ojo desde el otro lado de la mesa. Miró de reojo a Naruto y, por su sonrisa contenida, supo que también él lo había recordado. Fue un momento especial que sólo los dos compartieron y que les hizo pensar en lo maravilloso que sería poder disfrutar de esos momentos de secreta complicidad con otra persona.
—¿Conoces al príncipe de Gales, Uzumaki? —preguntó el duque.
—No, aún no —respondió Naruto.
—Lástima. Es un estupendo marino, y tiene un barco precioso.
—Solemos ir a Cowes después de la temporada social —explicó lady Amaru—. Papá no para de hablar de ello.
—Nunca he estado en la costa —dijo Naruto.
—Debe ir alguna vez —comentó lady Amaru con una dulce sonrisa—. A mí me encanta.
A Hinata no le agradaba la idea de que aquella muchacha familiarizara a Naruto con la costa como ella lo había familiarizado con Londres. Al mostrarle las maravillas del mar, lady Amaru descubriría el brillo de los ojos de Naruto cuando vivía nuevas experiencias.
—No sé si lo pasaría bien cerca del mar —dijo Naruto—. No sé nadar.
—Yo tampoco —replicó Amaru con una risita tonta—, pero siempre es agradable pasear por la playa. ¿Has ido alguna vez a la costa, Hinata?
—No, siempre he pensado que la arena me resultaría un poco molesta.
—Tienes razón, podría serlo. —El duque se recostó en la silla y, dándose una palmadita en el estómago, añadió—: Estupenda comida, estupenda.
Para sus cincuenta años, estaba en forma, pero no tan en forma como Naruto. Hinata siempre había pensado que acostarse con un hombre era algo que había que soportar. Después de vivirlo como algo de lo que se podía disfrutar, se preguntaba si sería capaz de volver a «soportarlo». Aunque con el duque posiblemente también habría placer, de lo contrario su esposa no habría podido amarlo como lo amaba.
—He pensado que esta tarde podríamos dar un paseo en coche —propuso Hinata—. Hace muy buen día. Podemos usar la berlina.
—Una idea magnífica —contestó el duque.
—Yo prefiero cabalgar. ¿Tienen caballos? —preguntó lady Amaru.
—Sí, y me encantaría acompañarte —respondió Naruto antes de que Hinata pudiera abrir la boca.
Hinata se reunió con Naruto en los establos, donde él esperaba a que prepararan el coche y dos caballos sueltos.
—No tenía ni idea de que supieras montar —dijo ella.
—Me crié en el campo. Claro que sé montar —replicó él sin mirarla.
—Habría preferido que fuéramos los cuatro en el coche.
—¿Para que pudieran continuar aireando mis defectos?
—¿De qué demonios hablas?
—Veamos... no conozco al príncipe de Gales, no he estado en la costa, no tengo yate... A saber qué más se descubriría durante un paseo en berlina.
—El duque sólo nos daba conversación.
—No, milady, intentaba impresionarte. —Se volvió para mirarla, sorprendiéndola con la dureza de su mirada—. Y se le estaba dando de maravilla.
—No me ha impresionado en absoluto. Yo he comido con los príncipes de Gales, y he dejado bien claro que el mar no me entusiasma.
Naruto se estiró los guantes y a ella le pareció que lo hacía sólo para distraerse con otra cosa, porque estaban perfectos como los llevaba.
—No te comparo con él —dijo ella con dulzura.
—Porque no hay comparación posible. Él es duque, yo conde, y el rango es lo más importante para ti.
Ella apartó la mirada para que Naruto no viera en ella la verdad. Antes de conocerlo bien, antes de aprender a leer, valoraba el rango por encima de cualquier cosa... pero ¿ahora? Ahora ya no lo tenía tan claro... Le daba igual.
—Ahí vienen nuestros invitados —dijo con una sonrisa forzada—. Sé agradable, Naruto. Ella es una dama encantadora.
—La agradaré hasta que ya no pueda agradarle más.
Cuando ya se marchaba, Hinata lo cogió por el brazo y lo detuvo.
—Bastará con que seas tú mismo, Naruto. Es lo único que hará falta para que se enamore locamente de ti.
Le pareció percibir en él un gesto de dolor.
—No es así como pretendía encontrar esposa. —Se inclinó hacia ella y bajó tanto la voz, que casi no podía oírlo—. Lo sabrías si hubieras leído mi carta. —A continuación se enderezó y sonrió.
—Lady Amaru, los caballos están listos. He pensado que podríamos seguir a la berlina para que su padre no dude de mis intenciones.
—Una idea magnífica, Uzumaki —espetó el duque con una sonrisita—. Tú me vigilas mientras yo te vigilo.
Hinata empezaba a pensar que su estupenda idea no había sido tan estupenda después de todo. Nunca había tenido un amante celoso. De hecho, nunca había tenido un amante, ni nadie había sentido celos por ella. La conjunción de ambas circunstancias le resultaba estimulante al tiempo que fastidiosa. No quería herir los sentimientos de Naruto, pero la finalidad de tener invitados era precisamente poder determinar las posibilidades.
Permitió que el lacayo la ayudara a subir a la berlina. El duque subió y se sentó frente a ella. Al mirar a su alrededor, vio a lady Amaru a lomos de su caballo, sonriente y segura de sí misma.
—Vamos, lord Naruto, le echo una carrera hasta el camino principal. — Riendo, inició el galope, el conde a la zaga.
—¡Ah, la juventud! —exclamó el duque—. Cochero, no los pierda de vista, por favor.
Con una sacudida repentina, el coche se puso en marcha. Hinata miraba fijamente al horizonte pero los jinetes ya no eran más que meros puntos.
—¿Y si ella no lo acepta? —preguntó el duque.
—¿Cómo dice? —replicó Hinata, sorprendida por el comentario.
—¿Qué pasará si mi Amaru no está interesada en su conde?
Su conde. Sí, era su conde pero ella jamás lo habría expresado así.
—Que cometerá un gran error.
Entonces empezó a preguntarse si no lo estaba cometiendo ella también.
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Continuará...
