- Es una hermosa noche.

- Eh, oh eras tú Terry. Me asustaste. Dijo Candy mientras contemplaba las estrellas alejada del resto de la fiesta.- Tienes razón es una noche hermosa.

- Sin embargo esta noche las estrellas han sido opacadas en su belleza. Dijo mirándola de perfil.

- ¿Eso crees?

- Si y ¿sabes por qué? Dijo tomando las manos de Candy entre las suyas y mirándola directamente a los ojos.

- ¿Por qué? Dijo Candy casi en un susurro completamente nerviosa.

- Por la sencilla razón de que tu eres más brillante y hermosa que cualquier otra cosa en este mundo.

- T- Terry ¿te sientes bien? Dijo con las mejillas sonrojadas.

- Claro que si, como he podido ser tan ciego todo este tiempo.

- ¿A que te refieres?

- A ti, siento tanto haberte tratado tan mal antes. Su mirada se dirigía al suelo y luego a ella con arrepentimiento en ellos.

- Oh, te refieres a eso.

- ¿Podrás algún día perdonarme?

- Déjalo Terry, no te guardo rencor.

- Cierto, casi olvido darte esto.

- Candy miro con curiosidad como Terry metía su mano a su bolsillo y sacaba una caja algo larga.

- Es para ti. Dijo extendiéndola frente a ella.

- ¿Par mi?

- Felicidades.

- Candy tomo la caja entre sus manos y algo nerviosa la abrió.

- No sabía si te gustaría pero al verlo me acorde de ti.

- Terry… es precioso.

- Que bueno que te gusta. Dijo en un suspiro.

- Pero no puedo aceptarlo. Candy cerró la caja intentando devolverla.

- ¿Qué? ¿De que hablas?

- Yo… yo no puedo usarlo.

- Pero… ¡¿por qué?! Dijo exaltado.

- Lo siento pero no puedo usarlo. Dijo pasándose los dedos por el cuello, recordando aquel crucifijo.

- ¡¿Al menos explícame por qué no lo quieres?!

- No lo entenderías…

- ¡Está bien! Está bien. Dijo tratando de controlar su carácter.- Si no quieres usarlo está bien, pero guárdalo… ahora es tuyo.

- Pero Terry.

- Por favor tenlo, lo compre pensando en ti. No te exigiré que lo uses de inmediato pero tal vez en algún momento decidas usarlo.

- Candy con muchas dudas finalmente asintió.- Esta bien.

- También quería pedirte que me permitieras ser más cercano a ti, sé que no merezco pedirte nada después de lo mal que te trate todo este tiempo.

- Terry… ya te dije que no hay problema.

- Sobre todo después de saber que nunca te aprovechaste de Stear.

- ¿Cómo? Pregunto Candy confundida.

- Ya lo sé todo, se que decías la verdad sobre la enfermedad de Stear y lamento no haberte creído antes pero después de haber escuchado tu conversación con la señora Corwley se que era verdad.

- Ah… ahora todo tiene sentido. Dijo Candy mirando hacia otro lado con tristeza e ira en sus ojos.

- ¿Entiendes todo? No comprendo.

- Me refiero a todo esto, de un momento a otro estas amable, me hablas tan bien, así que se trataba de eso.

- No, no me comprendes.

- Con que él señor ahora cree en mi después de haber oído a alguien más.

- Candy…

- Déjame hablar, ya te escuche lo suficiente. Yo siempre te dije la verdad, no tenía motivos para mentirte y ahora como escuchaste a la señora Corwley ¿vienes a decirme que me crees y pedirme que seamos más cercanos?

- ¿Sabes algo? No lo quiero, llévatelo. Candy con ira en sus ojos le devolvió el regalo a Terry. Se dio media vuelta y salió corriendo sin poder evitar más las lágrimas.

Las cosas no habían salido como lo había esperado, y tras reflexionar había entendido cuanto la había ofendido.

- Qué estúpido soy. Cuando pensaba haber avanzado un paso a ella en realidad retrocedía dos. Ahora tenía que encontrar otra manera de acercarse a ella.

La fiesta estaba por culminar y Candy había estado la mayor parte del tiempo ausente.

- Querida ¿Dónde te habías metido? Decía la abuela preocupada al ver por fin a Candy.

- Abuela… yo lo siento. Dijo mirando el piso evitando que notara sus ojos rojos.

- Bueno lo importante es que estas ahora aquí.

- Mientras la abuela le presentaba a otras personas pertenecientes a la aristocracia, Terry la veía a lo lejos pensando en alguna forma de obtener su perdón.

Al día siguiente

Candy había procurado salir temprano, iba a visitar a los niños del hogar además no quería enfrentarse a él sin embargo el destino no le daba tregua.

- Candy.

- Cuando estaba por salir una voz la detuvo y por no mostrar descortesía solo saludo pero sin voltear a mirarlo.- Buen día. Fue todo lo que dijo tomando la manija de la puerta con intención de irse.

- Candy, espera por favor tenemos que hablar.

- Lo siento pero tengo prisa.

- Solo serán 5 minutos.

- Con un resoplido asintió.- Esta bien.

- ¿Podrías al menos mirarme?

- Ella giro de mala gana y al verlo noto que él al igual que ella había tenido una mala noche. Sus ojos levemente hinchados y los parpados oscuros. Por un leve instante sintió lastima pero al recordar lo sucedió anoche quito ese pensamiento.- Bueno dime.

- El intento tomar su mano pero ella rápidamente retrocedió.- Dime lo que tienes que decirme rápido, por favor.

- Entiendo que estés molesta.

- Candy giro su rostro cerrando sus ojos.- ¿Todavía no lo sabes, verdad? ¡Es increíble! No estoy molesta, ESTOY INDIGNADA.

- Lo sé, lo sé y tienes todo el motivo para estarlo.

- ¡Por supuesto que sí! Jamás creíste una sola palabra de lo que te dije. Preferiste pensar lo peor de mí en lugar de creerme o escucharme. Candy estaba a punto de romper en llanto pero contenía sus lágrimas, no lo merecía.

- Terry agacho su cabeza y con un suspiro levanto su rostro.- Perdóname.

- La casa se lleno de silencio.- Yo… yo no puedo decir nada ahora. Giro en dirección a la puerta y cuando la había abierto una mano detrás de ella la cerro de golpe.

- Ella giro con furia pero rápidamente esa furia cambio a una sensación de tristeza, frente a ella tenía el rostro de Terry con los ojos aguados.- Terry…

- No puedo… lo siento pero no puedo dejarte ir ahora. Dijo él. Entonces en movimiento rápido tomo su barbilla con una mano y con la otra la apretó a su cuerpo y pego sus labios a los suyos.

Un beso dulce que eran caricias de perdón. La había tomado de sorpresa pero no se resistió, sus brazos los coloco en el cuello de él. Esto era el paraíso sus besos parecían llevarla a la gloria. Poco a poco fue soltándola y al verla con sus mejillas sonrojadas, su pecho que subía y bajaba para poder respirar le hizo sentir un deseo de abrazarla y no soltarla nunca.

- Te prometo que hare que confíes en mi. Dijo Terry saliendo de casa antes que ella dejándola desconcertada.

Al poco tiempo Anthony bajo encontrándose con una Candy paralizada.

- ¡Vaya! Estabas despierta, buen día, Candy.

- Eh… buen día, Anthony.

- Él la miro con curiosidad.- ¿Te pasa algo?

- ¿A mí? No para nada… Creo-creo que olvide algo en mi habitación. Dijo saliendo disparada como un rayo.

- Ten cuidado en las escaleras. Candy subía rápidamente pero su nerviosismo hizo que tropezara lastimándose la rodilla.

- ¡Auch!

- ¡Candy! Anthony corrió a acercarse.

- Mm… estoy bien… solo fue un raspón.

- Déjame ayudarte. ¿puedes caminar?

- Si, no te preocupes.

- Podrías caerte de nuevo, ya se sujétate de mi cuello.

- Anthony ¿Qué haces? Dijo Candy mientras se elevaba en los brazos de Anthony.

- Él subió las escaleras con ella en brazos.

- ¿A dónde me llevas?

- A tu habitación, hay que curarte esa rodilla.

- Pero no es necesario.

Anthony abrió la puerta de una patada y coloco a Candy sobre la cama.

- Puedo hacerlo sola, descuida.

- Está bien, no insistiré. Avísame si necesitas algo. Dijo Anthony saliendo de la habitación.

- De acuerdo.

Al salir Anthony se quedo fuera de la puerta y se paso la mano por la cabeza.

- ¿Qué me está pasando? Pensó. – Solo fui amable con ella ¿verdad? Es solo una amiga. Pero si es así ¿por qué mi corazón parece como si fuera a salir?, basta yo no puedo hacerle esto a Terry, no debo tener sentir esto, es inapropiado… es absurdo… es prohibido.

Continuara…