Diez años después

Los personajes no son míos, solo la trama.

Letra cursiva, tiempo futuro.

Abandonado

No podía creer lo que veía, los dragones que una vez habían sido derrotados por su clan, sobrevolaban el castillo del cielo preparados para atacar en cualquier momento. Sobre ellos había hombres, guerreros y demonios de toda clase incluso perros. Tomó la mano del pequeño Kit a su lado. Lo había sentido temblar detrás de sus faldas.

Shippō, quería ver a su madre, quería abrazarla y esconderse en sus brazos; puede que ya no fuera tan pequeño de edad, pero en ese momento quería volver a hacerlo, la hembra canina a su lado tomó su mano. Y eso fue suficiente para hacerlo sentir seguro, ella no lo abandonaría, no como Kagome.

La sangre derramada en los hermosos pisos brillantes del palacio era la muestra del poderío del enemigo. Shippo estaba tirado sujetando la herida en su rostro. Su ojo izquierdo ardía, su mejilla sangraba; la garra mortal del demonio oso, lo marcó de por vida. Y hubiera dejado este mundo si la dama no hubiera recibiendo el golpe fatal por él. El oso cambio de victima cuando otros soldados entraron al gran salón con un par de sirvientes. Shippō se acerco a la Dama, arrastrándose poco a poco. Sus ojos estaban cerrados, pero todavía respiraba.

—Y ¿estos quiénes son? —La voz que era como el rugido de un volcán resonó en las paredes. Haciéndolo temblar.

—Piden piedad a cambio de información.

—Haber… ¿Qué tenemos aquí? Hablen ahora…

—Lord Sesshōmaru, ha caído más bajo que su propio padre Inu no Taishō. Le robó la mujer a su hermano y la ha preñado.

—¿La sacerdotisa? —preguntó el monje que acompañaba al oso.

—Sí señor.

—Pero está muerto. No la robó.

—No, no lo estaba. Regresó, solo para encontrar que Lord Sesshōmaru, la había tomado como su amante, además le dio la inmortalidad. Y la habría tomado como su esposa en ese momento si él no hubiera vuelto.

—Está vivo, entonces… El monje Miroku dijo que lo había matado. —El monje era el líder, por lo que se hizo cargo del interrogatorio.

—No. Fue una farsa. Una trampa.

—¿A donde fueron?

—No lo sé, salvo que uno de sus generales, viaja con ellos. Se cree que también traicionó a Lord Sesshōmaru.

A Shippō, le dolió saber que lo había cambiado por el niño humano. Tal vez porque él era más pequeño o porque era de su especie. Después de todo, Inuyasha era mitad humano y ella había abandonado a Sesshōmaru, un demonio completo.

.

.

.

Sesshōmaru miraba su casa completamente devastada. No había columna en pie. El fuego lo había consumido todo. Los cuerpos de sus súbditos siendo comidos por bestias carroñeras. El Oeste cayó y el único lugar a donde pudo haber ido su madre estaba fuera de su alcance. No tenía el poder de transformarse, estaba atrapado en su forma humanoide. Se dejó caer de rodillas, lo único que había agradecido era saber que Kagome estaba segura en alguna parte en el futuro. La pregunta constante que lo martirizaba era: ¿Cómo iba a llegar hasta ella? Maldijo a Inuyasha.

.

.

.

El pequeño zorro caminaba entre las cenizas, y cadáveres en descomposición, la Dama lo había transportado a tierra firme justo antes de ser tragada por un dragón, no era que ella hubiera podido escapar con él. Estaba demasiado herida, bañada en sangre ella le miró y sonrió antes de que su energía lo envolviera y despertara tiempo después en ese lugar.

A lo lejos vio a un… ¿demonio? De cabello blanco. Parecido a Sesshōmaru, pero no era él, no olía y mucho menos podía sentir su yōki tremendamente demoniaco y aterrador. Se paró frente al ser desconocido y muy parecido a su señor, tampoco vestía como Sesshōmaru. Él levantó la cabeza y Shippō dio un paso atrás desconcertado.

El hombre, ladeo la cabeza, sus ojos dorados ya no parecían tan demoniacos, de alguna manera eran como si hubieran perdido algo. También detectó sentimientos en ellos, tristeza. Se dio cuenta de que sí, era Sesshōmaru y algo le había sucedido al demonio que ahora parecía más bien un humano.

—Sellaron a mi bestia —Lo escuchó decir. Y Tras un momento respondió:

—Inu Kimi… —el pequeño zorro, comenzó a llorar, no podía completar la frase las palabras estaban atoradas en su garganta y se lanzó a los brazos de Sesshōmaru porque necesitaba el calor reconfortante de alguien que no lo abandonara.

El ahora humano, solo atinó a recibir el abrazo. Su madre había muerto y el solo podía sentir una pena abrazadora en su corazón junto con la furia, dolor y desesperanza…

.

.

.

Kagome llevaba días ignorando al demonio como si su mente estuviera muy lejos, en aguas extranjeras.

—Puedes ignorarme lo que quieras, pero debes comer.

—Algo ha pasado. No puedo decirte qué. Sin embrago, lo siento aquí. Yako, yo… No puedo sentirlo. Bueno, sé que está allí, quieto… dormido. Él no despierta. ¿Qué crees que le haya pasado a Sesshōmaru?

—No lo sé. Y por el bien de ambos, será mejor que no lo sepamos. Inuyasha dijo que él nos encontraría que sabría cómo. Confiemos en él. ¿Quieres?

—No quiero.

—Yo tampoco, si te soy honesto. Luego recuerdo que no podremos bajar de este barco y nadar hasta la orilla. Soy un demonio zorro no un demonio pez.

Kagome le sonrió, por primera vez desde que Inuyasha había aparecido en aquel campo de batalla para reclamarla. Miró el plato frente a ella y comenzó a comer. No se había dado cuenta del hambre que tenía.

—Tienes razón, no podemos —dijo mientras llevaba un trozo de pescado a su boca —. ¿Qué haremos cuando toquemos tierra?

—Buscar un lugar donde escondernos. Estas personas me toleran por el dinero que pagamos, pero realmente dudo que les agrade llevar a un demonio abordo.

—¿Crees que podamos averiguar algo de… ellos?

—Lo intentaré, pero no iremos de vuelta. ¿Entiendes? —Ella asintió—. Sería peligroso y podrían matarlos. Si algo te ocurriera… No podría perdonármelo y tampoco el consejo.

.

.

Hideo llegó al departamento de Kagome, con una bolsa de comida rápida. Ella no había respondido a sus llamadas de nuevo, y tampoco se había presentado a laborar. Tocó el timbre del interfono, cuando las puertas del edificio se abrieron, se dio paso hasta el piso de su departamento. Al llegar sacó su llave de emergencias que le había dado Kagome y entró. Las luces apagadas y la corriente de aire frío, no lo desconcertaron tanto como cuando encendió la luz y vio la pequeña mesa hecha pedazos.

¡Kagome!

Caminó hasta la ventana de la estancia y la cerró no sin antes mirar a la calle. Lo que vio lo impacto y le causó un escalofrío que le recorrió la espalda. Había un hombre con un estuche de violín en su mano izquierda, no podía distinguir sus facciones faciales porque llevaba puesto un Kasa.

¡Taishō! —dijo Hideo, sacó más la cabeza por la ventana en un intento de distinguir un poco más del hombre. ¿Qué más daba si era indiscreto? Era obvio que el señor Taishō, lo había visto entrar y que estaba montando guardia. «Pues que el hombre sepa que ella no está sola». Si el señor Taishō era un asesino y tenía algo que ver con la desaparición de su pupila, entonces…

Pero su valentía había acabado en el momento que el señor Taishō había desaparecido frente a sus ojos, asustado se levantó de prisa golpeándose la cabeza con la parte posterior de la ventana.

¡Auch demonios!

Hideo se apartó de la ventana dando un par de pasos atrás. Discretamente se asomó de nuevo a la calle y efectivamente el hombre del violín ya no estaba. Se apresuró hasta la habitación de Kagome, buscó en su armario, la ropa estaba intacta. Pero en su cama había un sobre con su nombre.

Abrió apresuradamente el sobre, sus manos temblaban, al desdoblar la hoja y leyó:

Mi querido Hideo.

Si estas leyendo esto es porque pude lograrlo. He saltado de nuevo al pazo y cruce el tiempo. Quiero creer que si lo he logrado podré salvar a Inuyasha y tendré una vida buena y prospera. Confío en que seré feliz. Por favor deja las cosas como están. No busques a Taishō. No lo enfrentes, no tiene paciencia para con los humanos impertinentes. Si crees que no puedes vivir con esto, busca a mi madre, tal vez ella pueda darte tranquilidad.

Con amor Kagome.

Hideo caminó a paso lento hasta el hogar de la señora Higurashi, con las piernas temblando por el esfuerzo. Antes de llamar a la puerta, sacó un pañuelo y limpió el sudor que bajaba por su frente. Tenía mucho tiempo de no ver a la esposa del que fue su mejor amigo. Al parecer, Kagome sabía que él no podría vivir sabiendo que ella había, técnicamente, desaparecido y no hacer nada al respecto.

La mujer, madura, al verlo le sonrió.

.

.

.

Llegaron a China dos días antes, los fuertes rumores de la caída de los demonios, llegaron hasta ese territorio y Kagome había sentido un fuerte dolor en el corazón. Sin saber quienes de los de su clan habían sobrevivido, rezaba por todos ellos en cada momento del día. El zorro también había estado conmocionado, pero se negó a volver. Su Dama le había encargado la protección de la parte más susceptible de su señor, Kagome.

—¿Y si me quedo aquí y te prometo que esperare a tu regreso? Debemos saber que tan grande ha sido el daño al Oeste.

—El Oeste cayó, ¿tu cuál crees que fue el daño? —preguntó el zorro mientras pelaba una fruta. Sentado frente a ella. estaban en una choza que había rentado para pasar los siguientes días antes de decidir a dónde ir ahora que sabían como estaban las cosas en Japón.

—En su mayoría muertos.

—El consejo y los nobles muertos. —Gruñó entre dientes, no la miró a la cara. Se abstuvo en continuar comiendo la fruta extraña.

—¿La Dama?

—Tal vez —levantó la mirada, ella no pudo leerlo.

—¿Y puedes estar así de tranquilo?

—Su deseo era proteger la siguiente línea de sucesión.

—¿Es que solo pueden pensar en el poder y la corona? —Ella preguntó, verdaderamente molesta y sorprendida, él le había confesado que amaba a la Dama entonces, ¿Por qué parecía tan tranquilo y frio con respecto a su paradero o posible muerte?

—¿Preferirías que no lo hiciera?

—No me refiero a eso lo sabes.

—Kagome, él hijo de Sesshōmaru es más que el hijo de un Señor. Si nace con la habilidad de no poder ser purificado significa que nuestra especie Yōkai, debe volver a adaptarse.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Piensa esto niña: Una bestia, capaz de tomar una forma humanoide con mayor conciencia y tal vez más inteligencia. Como si fuera otro ser, en un mismo cuerpo físico.

—¡Ah! Quieres decir que ¿son dos?… Pero, pero… ¿Cómo?

—Hace mucho tiempo, más de lo que podrías imaginar… parte de nosotros eran bestias salvajes sin casi nada de conciencia. Hubo otra raza, capaz de superarles en inteligencia. Una especie de humanos, pero en realidad no lo eran. Son lo que los hombres actuales llamarían Dioses. En el tiempo en que ambas especies casi se exterminaban entre sí, una bestia astuta, se atrevió a seducir a uno de estos Dioses, le hizo creer que podía sentir compasión y luego algo más. La bestia absorbió al Dios, dominando su conciencia. La primera generación nacida naturalmente fue nombrada Daiyokai. Los Daiyokai, la raza real, busca mantener la sangre pura para ascender al reino y, crea otros hijos con bestias de baja categoría para mantener el dominio sobre las nuevas razas que surjan a través de los tiempos. Como los humanos.

—Los demonios que no tienen forma humanoide son…

—Solo bestias.

—Por favor dime que Sesshōmaru… ¡Oh por Dios! ¿él me utilizó? —Kagome estaba horrorizada.

—Nuestra parte demoniaca, intentará siempre dominar nuestros corazones más no significa que en realidad no podamos amar. Es algo que está atado con nosotros. En realidad, no se trata de utilizar o no. Kagome, no puedo decirte sí te ama, pero puedo decir que eres muy importante para él y no solo por su descendencia.

—¿Sesshōmaru buscaba la evolución de su raza?

—El consejo, y sí tal vez inconscientemente, Yako también.

—¡Vaya! ¡Qué tontería!

—Nuestras bestias siempre buscarán fortalecerse o fortalecer a su descendencia. Es un instinto natural.

.

.

.

Sesshōmaru había sanado con la ayuda de Shippō, quien cazaba para él. El pequeño Kit, había guardado sus pensamientos acerca de Kagome. Sin embargo, le carcomía el corazón saber que su segundo padre, él que no lo había abandonado solo tuviera una cosa en mente y esta fuera encontrar a Kagome.

—¿Quieres que te haga una espada demoniaca que no te servirá de nada con tu bestia atada?

—No, quiero un arma que pueda atravesar a de demonios como al papel.

—¿Piensas enfrentarte a los traidores en tu nueva forma? Sesshōmaru.

—No, a menos que se atraviesen en mi camino. ¿Lo harás?

—¿Dónde está Inuyasha?

—Muerto.

—¿Y las espadas de tu padre?

—No me sirven de nada por el momento, llevarlas conmigo sería peligroso y poco inteligente. Sé dónde están. —Ambos se miraban entre sí, evaluándose —. ¿Totosai?...

—La tendrás mañana por la mañana. Será mejor que descanses.

—¡Me ofendes!

—Es bueno saber que no puedes matarme.

—Por ahora…

Y mientras Sesshōmaru salía de la vista del demonio herrero, Shippō se acercó al demonio.

—¿Podrías hacerme un arma?

Totosai, sonrió. Tras ver la incertidumbre del pequeño.

—¿Crees que no podrá protegerte?

—Creo que no podré protegerlo solo con mi magia. Los sagrados son realmente malos.

—Sí lo son. Pero acaso ¿los demonios no lo hemos sido también?

—No todos.

—No todos los sagrados tampoco lo son. Lo sabes ¿no? Tu madre adoptiva es una…

—¡Calla! Ella ya no es mi madre. —Shippō miró nerviosamente por donde Sesshōmaru había desaparecido. Luego susurró—: Ella nos abandonó.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Nos había llegado el rumor de que Inuyasha estaba muerto, por lo que Kagome se propuso a Sesshōmaru y él la tomó como su intención. Cuando Inuyasha regresó, ella volvió con él. Sin embargo, Inuyasha volvió a irse de misión —rodó los ojos— y ella volvió con Sesshōmaru y él la tomó como su esposa —sonrió con amargura—. Inuyasha volvió al castillo antes, huyeron juntos con Tadao, su hijo adoptivo humano. Me dijeron que… era por Sango, que estaba enferma. ¡Pero no es cierto! Huyeron como ladrones. El castillo se puso de cabeza con la desaparición de Kagome, Inuyasha y el zorro. El consejo habló durante horas a puertas cerradas. Kagome estaba preñada por ambos. Se llevó al heredero de Sesshōmaru. Nos abandonó a todos, si la Dama no hubiese llegado por mí… habría muerto con todos los del castillo. Ella me llevó al castillo del cielo, que también fue atacado y ella murió protegiéndome, algo que debió haber hecho Kagome. Si ella no se hubiera ido, los sagrados no hubieran podido purificar a nadie, los nuestros hubieran ganado. ¡Ella traicionó al Oeste! ¡Ella nos traicionó!

El Kit se había lanzado a los brazos de Totosai, llorando. No había podido desahogarse con Sesshōmaru, tenía miedo de herirlo, de que entre su negación o dolor lo lastimara o lo abandonara como lo había hecho Kagome. Entre la angustia y la frustración del Shippō, no había oído llegar a Sesshōmaru, que había escuchado con atención la historia del niño.

.

.

.

Las notas que emitía el violín eran hermosas. La pieza musical debía ser de su autoría porque nunca la había escuchado. Suave como el susurro de un amante al oído de su dama, melancólica como el recuerdo de un amor perdido. Se preguntó que había detrás de tanta derrota, que era aquel ser inhumano. La lluvia comenzó a caer, Hideo miró el cielo con el ceño fruncido, era extraño porque había sido una mañana espectacularmente hermosa. ¿Había sido el estado de animo de aquel ser sobrenatural lo que había provocado la lluvia? Miro de nuevo al frente, el violinista había desaparecido junto con la multitud que lo escuchaba.

El señor de los Mochis, lo miraba expectante, esperando que el hombrecillo corriera detrás de su amo, o bien, dejara las cosas tal y como estaban, por su bien. Él hombre, sacó unas monedas de su pantalón y se las otorgó. Luego caminó por la acera en el sentido contrario por el cual su amo, Sesshōmaru, había desaparecido.

.

.

.

Meses después, Kagome dio a luz a un par de niños hermosos, ambos de cabello negro, pero distintos en sí. Mientras que uno tenia pequeñas orejas triangulares y ojos color miel, muy humanos, y garras en sus manos. El otro, llevaba la marca de su casa grabada en su hombro, sus orejas tal cual eran tan humanas como las de su madre, y con ojos azules e inteligentes. Era como si la genética o la bestia que habitaba dentro de él supieran que, el niño debía pasar desapercibido en un mundo de humanos.

.

.

.

Sesshōmaru estaba de pie frente a un hechicero tan antiguo como la tierra misma. No podía creer lo que el viejo demonio le decía. Solo un viaje de ida, al futuro. Pero si no sabía a que tiempo exacto ir, no podría regresar o bien volver a utilizar su magia. Bueno, el poder de Yako. Ahora que estaban de alguna manera separados, podría utilizar su energía, pero si fallaba… seria en vano su muerte. Aunque siempre estaba la esperanza de que el demonio sobreviviera, con una parte de él habitando en Kagome…

Sesshōmaru asintió hacia el hechicero, y caminó fuera de la cueva. El pequeño zorro estaba practicando algunos movimientos con su espada, mientras esperaba a su señor y padre. Al verlo aproximarse guardó su arma y esperó al hombre.

—¿Dónde está Kagome? —Sesshōmaru preguntó. Su rostro era serio y decidido a obtener las respuestas que deseaba.

—No… no lo sé. —Tartamudeo.

—¿A dónde la llevó Inuyasha?

Sesshōmaru se arrodilló para quedar a la altura del niño.

El zorro, negó de nuevo.

—Shippō, te ordeno que le digas a este todo lo que sepas de Kagome.

—Ya te lo dije Kagome está con Sango y Miroku.

El niño quiso huir dando media vuelta para marcharse, más las fuertes manos de su padre lo giraron de nuevo frente a él.

—No, no lo está.

El niño, lo miró. Asustado. Inuyasha le había dicho que Sango necesitaba a Kagome, luego se enteró de que en realidad estaban huyendo juntos dejándolo atrás para mirar el desastre de la pena y dolor que dejaron. Pero, luego Inuyasha regresó por Sesshōmaru y ya no sabía qué pensar.

—Kagome no era una sacerdotisa cuando conoció a Inuyasha…

—Shippō, sé que Kagome viene del futuro.

El niño guardó silencio, mientras miraba los ojos dorados y humanos de su padre.

—¿Para que deseas encontrar a una humana que te traicionó luego de que le otorgaras todo lo que tenías?

—¡Shippō!

—Acéptalo de una vez, ella nunca te amo, te abandonó. A ti, a mí a todos.

—Ella no lo hizo. Estás en un error.

—¿Qué te hace pensar que está en el futuro?

—Inuyasha me dijo que la hizo volver.

—Inuyasha era el único que podía cruzar el tiempo con ella. Nadie más. Si es verdad que la hizo volver, que realmente lo dudo, porque el pozo se cerró con la destrucción de la perla, y además cuando ella regresó, lo hizo por él y el pozo volvió a cerrarse, para siempre.

—Tal vez no fue así.

—Tal vez Kagome te mintió.

Sesshōmaru quien miraba a los ojos del Kit, desvió la mirada hacia otra parte, parpadeando, confundido, apenado.

—Ella no fue quien te hablo del pozo ¿verdad?

—No —había furia en su tono, incertidumbre en sus ojos.

—Era un secreto de la manada de Inuyasha, incluso Rin y… te lo dijo ¿Jaken?

—Inuyasha. Antes de morir.

—No la busques. —Shippō derramaba lágrimas amargas, llenas de furia.

Sesshōmaru se arrodillo frente al niño, comprendía cuan abandonado se sentía por Kagome, hubo un tiempo que se sintió igual, cuando su padre había muerto por su otra familia, cuando su padre lo había dejado por su hijo menor. Cuan traicionado se sentía…

—Shippō, estoy aquí. Tal vez Kagome…

—¡Los demonios no existimos en su tiempo! —Shippō gritó con todas sus fuerzas. Dejando a Sesshōmaru conmocionado. —No existiremos, quinientos años o menos tiempo en el futuro, no lo haremos. Nos convertiremos en cuentos de hadas, mitos y leyendas. Tu padre no será recordado. Seremos borrados de la historia. Dime si Inuyasha te dijo eso mientras moría o si Kagome lo insinuó si quiera mientras le dabas la inmortalidad, o la jodías como una perra en celo. —Las manos pequeñas estaban en puño, su quijada temblaba de furia y dolor —Sabes lo que creo: Nos traicionó, nos abandonó a ambos. Si ella realmente se fue sin decirme adiós sabiendo que nunca verá, en el futuro, es porque nunca le importe. Sí ella se fue, sin una nota para ti… sin decirte que tu especie será exterminada es porque nunca le importaste, nunca te amó de verdad.

El niño, dio media vuelta y comenzó a alejarse. A partir de entonces comenzó a crecer más rápido. Su supervivencia dependería de ello.

Sesshōmaru, nunca había sentido tanto dolor en su pecho, un dolor que lo atormentaba y ahogaba. Uno que no podía sacarse de encima. Y fue mientras miraba a lo lejos sobre una montaña, como eran exterminados los suyos. Sin que él pudiera hacer nada. Que el dolor le trajo una nueva visión del futuro.

El niño, ahora más alto que lo acompañaba, miraba la escena de una manera tan fría y llena de odio que le recordó de nuevo a un Sesshōmaru más joven. ¡Y vaya que el niño tenía razón! Ella debió prevenirlo. Debió decirle. Ella de forma retorcida, lo traicionó.

.

.

.

Joji, miraba al hombre frente a él. Puff un hombrecillo muy entrometido, pero sí el quería tomar el lugar de su protegida Kagome. Aunque se preguntó por qué querría rebajarse a realizar el mismo el reportaje de ese violinista vagabundo.

Tu Kagome se va, abandona su trabajo y ahora me dices que quieres ser tú el que haga los reportajes de ese ¿personaje?

Sí, ¿por qué no? No tengo nada mejor que hacer y según un amigo mío que es maestro de música, dice que el hombre es u talento natural. Un genio.

Mmm ¿Qué tramas?

Nada, amigo mío.

Bien has lo que desees, pero ya dale fin a ese reportaje.

El hombre, continuó con la lectura de los documentos abandonados, despidiendo así al hombre que había rogado que no enviara a nadie más a suplir a Kagome en su reportaje con el violinista. No era que los nuevos hubieran logrado algo con el violinista.

Había estado esperando al ser sobrenatural por dos horas antes de que este apareciera. Lo dejó tocar y luego caminó tras él, llamándolo por su nombre. Aunque sus piernas temblaran por invocar a ese demonio. Sí demonio.

Señor Taishō.

Él no paró su andar, pero tampoco se apresuró. Hideo lo alcanzó y continuó caminando a su lado. Su corazón martillaba. Ya que el demonio. No le había corrido ya se atrevió a preguntarle.

Preguntaba si podría permitirme continuar con la entrevista que la señorita Higurashi dejó pendiente con usted. —Al no tener respuesta, continuo—: La revista para la que trabaja es muy profesional con sus fieles seguidores y ya que ninguno de las reporteras que han enviado después de Kagome no han logrado la entrevista con usted, como el mentor de Kagome he decidido encargarme yo mismo del asunto. Solo en su ausencia.

Sesshōmaru paró su andar, y giro levemente su rostro hacia el hombre que con insistencia se aferraba a su compañía. Hideo tragó saliva.

Sesshōmaru, giró de nuevo su rostro al frente, hacia el edificio que estaba cruzando la calle. Hideo tarde se dio cuenta del lugar en el que estaban parados. Sin saber que pensar y no estando seguro de cuanto habían tardado en llegar a un lugar que estaba casi al otro lado de la ciudad. Había sido como cruzar una puerta tridimensional. Era el edificio de Kagome. Sesshōmaru cruzó tranquilamente la calle, y esperó a que Hideo se acercará y abriera la puerta. El hombre de nuevo trago saliva. ¿Y si el demonio se lo tragaba? Sabia demasiado de quién era él.

Después de cruzar el umbral, caminaron y subieron las escaleras en silencio. Al llegar al piso de Kagome Hideo sacó la llave del departamento y cedió el paso al demonio. Sin más, él comenzó a pasearse, tocando todo a su alrededor. Miro la mesa destrozada un momento para después ignorarla tomando asiento en una de las sillas.

Hideo suspiró.

¿Gusta algo de tomar?

Sesshōmaru miraba el atardecer, cuando asintió.

El hombre nervioso, preparó y sirvió la taza de té nerviosamente. Y cuando llegó a la estancia de nuevo encontró al demonio sentado en el piso con las piernas cruzadas esperándolo. Parecía un antiguo señor esperando el informe de su súbdito y sirviente.

Carraspeó, no entendía cómo podía estar pidiéndole permiso para sentarse, a su propio invitado.

Sesshōmaru asintió. Hideo se sentó frente al demonio con su taza de té. Odiaba sentarse en el piso con las piernas cruzadas sus rodillas desgastadas le dolían mucho. Decidió que lo peor que podría pasar es que lo matara, pero si él demonio hubiera querido hacer, ¿no lo habría hecho ya? Así que sacó de su bolsillo derecho del saco de cuadros, su favorito, una pequeña grabadora y la colocó frente a ambos. Bebió un poco de su té, para hidratar su garganta reseca y dijo:

Mi nombre señor es Hideo, trabajo como director de la revista Elite y por ahora estoy supliendo a mi colaboradora la señorita Higurashi. Me encantaría si fuera posible me concediera la entrevista que ella tenía programada conseguir. Para el siguiente número de la revista.

Sesshōmaru que hasta ese momento había mantenido su mirada lejos del hombre lo miró con una ceja arriba y la mirada penetrante que hacía sentir a cualquiera una alimaña que debería ser exterminada.

La pregunta no es si voy a darle una entrevista, sino lo que quiere realmente saber.

Bueno, soy un buscador de la verdad, pero también entendería si quiere que guardemos algo en confidencialidad.

Sesshōmaru asintió.

Hideo, no quería morir sin saber lo que había pasado con Kagome y sabía que era una gran posibilidad de que no sobreviviera después de eso. Así que preguntó:

¿Ella está… está bien? ¿Volverá algún día?

Sesshōmaru miró al hombre que mantenía su mirada fija en las manos en su regazó. Humildemente había esperado obtener una respuesta de él. Si hubiera sido otro, lo hubiese matado, pero él hombre era importante para Kagome, él había sido un fuerte seguro donde él, Sesshōmaru, no había podido ser. Así que no lo mató.

Sí, ella volverá.

.

.

.

Nota: Hola, gracias por esperar el capítulo, con un poco de retraso, pero al fin llegó. La historia va a la mitad así que todavía falta mucho.

¡Volvemos con más del futuro! Ahora, ahora… Gracias a Dana Masen Cullen, Silvemy89, Faby Sama, LilSykesMixer, Gabytp, Esme575, Chippe, LadySon, Alei91, Bamac, IsabellaSato, A.R Tendo, limekamiyagil, Mizuk Mizu, MysticMoon1, Kiralm, KanoyS, Izuru, daya20, Andy taisho, Raquel Taisho, , SasuHina00, Sayuri08, FernandaTaisho, Sakuralizbeth, Maray, Kai Stavros, sailor gaby, SeleneKou13 , jacksonxmendes, y a las chicas que me siguen escribiendo por correo también gracias. No las nombre porque las repetiría por aquí. Les agradezco primero por darle la oportunidad a este fanfic y dejar su opinión siempre que han podido.

Gracias, gracias, gracias. Nos leemos pronto. Un abrazo desde México… Rakel.

Hasta el viernes de la siguiente semana.

.

.

.