Al adentrarse en aquella parte del bosque, el olor de Stiles se hizo aún más intenso. En un principio Derek pensó que era debido a que no dejaba de ser una zona donde el chico había pasado muchísimo tiempo. Casi se podía decir que, hasta que Derek no se mudó a su actual vivienda, aquella parte del bosque había sido la segunda residencia de Stiles dadas las veces que había estado allí.
Pero cuando vio que el rastro del olor le llevaba directamente hacia los restos de la mansión Hale, supo que no era ninguna coincidencia. Y que no se debía a un olor residual. Sino que Stiles había estado allí en las últimas horas.
Que con un poco de suerte, seguiría estando allí.
Fue ser consciente de ese hecho, y Derek se asombró una vez más de la crueldad de Helena Lickson. De aquella desconocida a la que no le había hecho absolutamente nada, pero de la que se había convertido en su enemigo a batir sólo por apellidarse Hale.
El hombre veía que aquel deseo de venganza de sus familiares, en el caso de ella, se había convertido en un odio y una crueldad absoluta, que le llevaba a hacer cosas abominables. Cosas como convertir a un pobre chico simplemente porque era el humano del que estaba enamorado su enemigo...
O cosas como retener a ese pobre chico humano en el mismo sitio donde pereció su familia, obligándole de ese modo a revivir a la vez los dos grandes errores que había cometido en toda su vida.
Obligándose a no perder la calma, porque dejarse llevar por el odio no era precisamente el modo más inteligente de actuar, Derek cerró los ojos por unos instantes. Una vez cerrados, dibujó en su mente el rostro de Stiles con sus millones de detalles que le hacían tan único y hermoso a su modo: Sus ojos marrones que se convertían en casi ámbar cuando le daba la luz del sol; sus labios finos que siempre estaban parcialmente abiertos en una mueca o una carcajada, pero nunca serio; sus lunares salpicándole la piel y distrayéndole en más de una ocasión al ser la tentación de lamerlos demasiado intensa…
La técnica consiguió su objetivo. Cuando pudo imaginárselo perfectamente, y sobre todo saber que estaba a meros metros de distancia, la tensión desapareció casi por completo.
Inspirando con fuerza varias veces, Derek se transformó en su forma de Beta y entró en los túneles que conectaban la parte trasera de la propiedad de los Hale, con los sótanos de la mansión. Los mismos donde Kate le torturó durante más de 12 horas, tanto física como verbalmente, y donde su familia acabó pereciendo al pensar que aquella era su única vía de escape… sólo para descubrir que las puertas estaban selladas con mountain ash.
No captó el olor del Alfa mientras recorría los pasillos llenos de humedad, aunque sabía que ella podría ocultarlo. Pero, afortunadamente, los Betas no tenían esa capacidad y, al no percibir tampoco su olor, se sintió aliviado. Sobre todo cuando el olor que captó claramente, fue aquel que era puro Stiles y que estaba unos cuantos metros más adelante. Tras una de las puertas de metal.
Antes de abrir la puerta, pegó su oído a la misma. Entrar sin saber lo que ocurría dentro sería cometer un auténtico suicidio. Mucho más de lo que ya estaba siendo todo aquello.
A los pocos segundos, Derek oyó un latido débil, junto a una sensación que le resultaba familiar.
Los dos segundos que tardó en recordar por qué le resultaba tan familiar aquella sensación, fueron los dos segundos que tardó en abrir la puerta… Porque estaba captando la misma sensación que percibió de Stiles la primera y única vez que presenció cómo tenía un ataque de pánico.
Fue un día en que Stiles llegó al loft a las 7 de la mañana, nervioso como nunca antes le había visto (y eso que Stiles siempre estaba nervioso), diciéndole que venía de hablar con su padre.
Resultaba que alguien de comisaría le había dicho a su padre que les había visto juntos, y había tenido que contarle que estaban saliendo. Y, por los nervios de Stiles, estaba claro que aquella conversación no había ido muy bien.
Al principio, aquel día de hacía diez meses, Derek no lo vio como nada más que los nervios tradicionales que cualquier chico tiene cuando su padre descubre que está saliendo con alguien… Sobre todo si a eso se añade que ese alguien es un hombre, porque aún no se había atrevido a salir del armario.
Pero cuando Stiles empezó a decirle que a su padre no le había hecho ninguna gracia la idea, y que había empezado a enumerar los millones de motivos por los que no quería que salieran juntos, los nervios se transformaron en algo más.
Y cuando Stiles empezó a repetir una y otra vez que no quería que su padre le odiara, pero que tampoco quería discutir con él porque seguía siendo su padre, y que no tenía ni idea de qué podía hacer para que todo estuviera bien, Derek tuvo que hacer algo más que limitarse a acariciarle la espalda en gesto de apoyo: Le abrazó con fuerza, pegando su cuerpo menudo contra el suyo, mientras le repetía una y otra vez que nada de eso iba a pasar.
Cierto, no tenía la seguridad de que no fuera a ocurrir aquello, pero tampoco iba a permitir que el chico tuviera un infarto a causa de la preocupación.
Necesitó casi quince minutos para conseguir calmarle de una vez y que su respiración volviera al ritmo de siempre. Y cuando lo consiguió, un exhausto Stiles acabó dormido entre sus brazos, y Derek no pudo hacer otra cosa que tumbarle en la cama y dormirse a su lado… Aquella fue la primera vez que durmieron juntos y, aunque lo que lo motivó no fue precisamente algo agradable, no cambiaría el resultado final por nada del mundo.
Pero ahora no estaban en su loft, y Stiles de seguro no estaba tumbado en su cama, recuperándose de un ataque de pánico.
Cuando abrió la puerta, el Alfa tuvo una sensación muy extraña. Fue como experimentar un deja vu, pero vivirlo como si estuviera fuera de su propio cuerpo. O, en este caso, como si le estuviera ocurriendo a otra persona.
Al entrar en el sótano, encontró a Stiles exactamente en el mismo lugar donde él mismo estuvo encadenado hace más de un año, siendo torturado con descargas eléctricas que le impedían transformarse.
El olor del miedo procedente de Stiles llegó de golpe, y fue como si hubiera recibido un puñetazo.
Sin concederse un segundo, Derek corrió hacia el chico y rompió uno de los brazaletes que le mantenían sujeto.
- Stiles – susurró al tiempo que le desataba, viendo que tenía los ojos cerrados – Vamos, dime algo.
Stiles sólo soltó un quejido levísimo al ser zarandeado por el hombre, necesitando que recuperara la consciencia enseguida.
- No te preocupes – continuó el Alfa al tiempo que terminaba de desatarle y le sentaba con cuidado en el suelo, dejando que se apoyara en su cuerpo – Ya estoy aquí – musitó con voz temblorosa - Ya estoy aquí, mi vida. Voy a sacarte de aquí ahora mismo.
Las ganas de Derek de hacer algo más que darle pequeñas palmadas en la cara para terminar de espabilarle eran superiores a sus fuerzas. En ese momento lo que más deseaba era besar aquellos labios agrietados a causa del tiempo que debería llevar sin beber, y acariciar con ternura las marcas de los golpes recibidos en la cara.
Pero todo eso debía esperar hasta que le hubiera sacado de allí. Hasta que estuviera por fin a salvo.
- Derek…
La voz de Stiles, aunque era tan débil que no parecía ni suya, le sonó como música celestial.
Sin poder evitar sonreír de felicidad, a pesar de tener a un Stiles herido y torturado entre sus brazos, Derek se obligó a pensar en la parte positiva. Y esa era que Stiles estaba entre sus brazos.
Le sujetó de los hombros con ambas manos, tratando de ser lo más delicado posible, para alejarle lo suficiente y verle en condiciones.
Pero encontrarse con un Stiles con los ojos totalmente abiertos y ningún rastro de dolor, no era precisamente lo que esperaba.
Y, sobre todo, no esperaba que una de las manos de Stiles estuviera sujetando con firmeza un puñal.
- ¿De dónde has sacado…
No pudo terminar la pregunta.
No cuando, sin decir nada, Stiles clavó el puñal en su costado, a la altura del pulmón.
La punzada de dolor que sintió Derek fue tan intensa que estuvo a punto de perder el conocimiento. Y estaba seguro de que, si no lo hizo, fue sólo porque la incredulidad ante lo que acababa de ocurrir le impedía dejarse llevar.
Con los ojos muy abiertos, incapaz de pronunciar una sola palabra, vio cómo Stiles se separaba de él, la mano llena de sangre… de su sangre. Al ponerse el chico en pie, Derek perdió el apoyo que tenía y acabó cayendo de espaldas al suelo.
Trató de ponerse en pie.
Todo aquello no tenía ningún sentido y tenía que averiguar qué demonios estaba ocurriendo.
Pero cuando Derek se apretó la herida para tratar de apaciguar el dolor, comprendió que algo iba mal.
Algo iba horriblemente mal.
Porque no sólo acababa de ser apuñalado por Stiles.
Sino que, además, aquella puñalada no estaba causando el daño que se suponía que causaban las puñaladas… Porque Derek, además de la punzada de dolor, empezaba a sentir nauseas y cómo su cabeza le daba vueltas.
Y cuando fue consciente de que la sangre no paraba de brotar y que la herida no se estaba cerrando, como se suponía que tenía que haber empezado a ocurrir, supo lo que ocurría.
Que Stiles no sólo le había apuñalado.
Lo había hecho con una navaja impregnada en acónito. Un veneno que ahora mismo estaba circulando por su sangre, impidiéndole curarse.
Pero, por si aquello no fuera suficiente, faltaba un pequeño detalle.
Un detalle llamado Helena, que en esos momentos estaba atravesando la puerta que Derek había cruzado hacía unos minutos.
Lo hizo tranquilamente, incluso sonriendo. Como si no acabara de descubrir que su enemigo había entrado en su refugio sin que nadie se hubiera dado cuenta.
Porque estaba claro que todos sabían que Derek estaba dentro, intentando llevar a cabo una absurda misión de rescate.
Pero Helena no quiso conformarse con mostrar esa sonrisa desagradable de superioridad. Además, tuvo que hacerlo colocándose al lado de Stiles, pasando uno de sus menudos brazos por los hombros del chico.
- Buen trabajo, Beta.
Y aquel fue el momento que Derek escogió para desmayarse.
