Fic Castiel 17

- E conseguido a un grupo de demonios interesados en las plumas. Solo que solicitan ver al ángel para asegurarse de que sean reales - dijo un demonio a su jefe

- por qué les cuesta mucho creer que las plumas son reales? Puedo entenderlo de los humanos, pero de los demás? - el jefe se preguntó desilusionado.

- tal vez porque nunca habían escuchado que un ángel mostrara sus alas en la tierra y además que sean de color negro. -

- eso las hace únicas. Pero da igual. Reúne al grupo y les mostraremos al ángel. - unos minutos después, el demonio entró con un grupo de cinco demonios a su espalda esperando ver al ángel.

- será mejor que no nos trates de engañar. - un demonio amenazo.

- descuiden. Aquí está la prueba de que lo que les decimos es cierto - el jefe guía a los de demonios a otra habitación en donde se puede observar al ángel muy golpeado en medio de la habitación con las manos amarradas hacia arriba obligándolo a estar de pie con las alas igualmente amarradas obligándolo a que permanezcan extendidas. Los demás demonio asombrados, se acercaron al ángel para mirarlo desde detrás de su espalda para asegurarse de que no ira ningún truco - lo ven? Las plumas son reales - Castiel no alzó la mirada, solo seguía mirando al suelo ya que sabía las consecuencias si pensaba en mover un musculo. - entonces… aremos negocios? -

- yo quiero todas las plumas de vuelo - un demonio se apresuró a decir tratando de pagar con anticipación antes de que los demás demonios comenzaran a hablar y a pelear por las plumas.

- no tan rápido mis amigos. Las plumas de vuelo tienen un precio mucho más elevado que las plumas pequeñas. – dijo el jefe calmando a todos

- es un fraude - reclamó uno

- no, mi amigo. Esas plumas tardan mucho tiempo en volver a crecer a su tamaño total para volverlas a arrancar. Es muy justo su precio, además de que nunca encontraras otras del mismo color. Quien sabe, quizás hasta tengan más poder que las típicas plumas blancas. Así que tómenlo o déjenlo –

- yo quiero diez pequeñas - dijo otro. El jefe asintió y trono los dedos para que uno de sus empleados se acercara a Castiel y con un tirón arranco las plumas haciendo que el ángel gritara de dolor mientras se retorcía dejando en claro que las plumas eran cien por cierto genuinas. Una vez que los clientes se fueron, el jefe se acercó a Castiel.

- tu trabajo es solo quedarte quieto y dejar que crezcan más plumas. Entendiste? - el demonio no obtuvo ninguna respuesta. Se pasó a revisar las alas de Castiel por la parte de atrás revisando en qué lugares podría arrancar más plumas para su venta. Ya que hoy había tenido mucha ganancia. Pero por suerte de Castiel, nadie se interesó en sus plumas de vuelo ya que su precio era muy alto. Además esas plumas eran las más dolorosas al tratar de arrancarlas. Poco a poco las plumas que quedaban adheridas al ángel, fueron perdiendo el brillo que las hacían llamativas a la vista de los demás y ya no se veían tan atractivas como al principio. Y eso no le agradó el jefe.

- jefe, hoy no pudimos obtener ventas ya que las plumas no se ven de calidad - no de los empleados informó enfureciendo mas al jefe quien tomó la decisión de ir a hablar con Castiel. El ángel seguía golpeado y débil amarrado en la misma posición por días.

- dime porqué las plumas pierden brillo! - el jefe exigió sin tener respuesta. - te acabo de hacer una pregunta! - el demonio golpeo en la cara a Castiel hasta que lo obligó a hablar

- las plumas necesitan ser preparadas para que se mantengan así -

- prepararlas? Y como diablos se hace eso?! -

- con mi gracia se mantienen sanas. Pero yo necesito acicalarlas para que obtengan ese brillo que tanto deseas….. Lamento estar utilizando mi gracia para sanarme y no para mantener mis plumas para tu negocio - el jefe gritó en desesperación desquitándose con el pobre ángel colgado indefenso en frente de él dejando un poco asustados a sus empleados.

- eres un inútil! Debí atrapar también al arcángel cuando tuve la oportunidad! -

- jefe. Qué aremos? - un empleado encargado de cosechar las plumas de Castiel hablo.

- no vamos a dejar que use su gracia para mantener las plumas porque se soltará. Será mejor que nos diga en donde se encuentra el arcángel y si se niega, arránquenle las plumas de vuelo y las demás que estén sanas y mátenlo. - el jefe dio la orden a los demás empleados. Castiel sintió un miedo que recorrió todo su cuerpo ya que no se podía defender de que los demonios que lo mantenían débil para que no escapara. Y ahora lo querrán obligar a decir en donde se escondía su hermano. Castiel no hablaría. No le importaba que le arrancaran todas sus plumas. Y si tenía que elegir entre su hermano y sus plumas, la respuesta era obvia. Así que se preparó mentalmente para el dolor en sus alas y después decir adiós permanentemente a este mundo. Castiel solo podía pensar en su familia. Pero no en su familia angelical, sino que a las verdaderas personas que lo amaban como a un verdadero miembro de su familia. Pensaba en lo agradecido que estaba por tener un hermano como Gabriel, que a pesar de que era bromista e infantil, siempre lo protegió y estuvo con él mientras que los demás lo rechazaban por el color de sus alas. Le agradeció a Sam por ser un gran amigo y apoyarlo en todo lo que hacía y decía mientras pasaban momento inolvidables sin darle la espalda. Y sobre todo con Dean. Quien lo consideraba como su mejor amigo a pesar de que no era humano y pasaba mucho tiempo con él a pesar de que no comía y no tomaba cerveza de la misma forma en qué lo hacía él. Lamentó las veces que pelearon y agradeció las veces que se salvaron uno al otro, pero en especial, por ese amor que Dean tanto le brindo. Ese amor que fue creciendo cada día más y más que hizo cambiar a Castiel.

- esto será divertido - un demonio hablo antes de tomar las plumas de vuelo y comenzar a jalarlas

- lo siento - Castiel dijo para su familia arrepentido de no poder luchar y no poder defenderse de lo que le esperaba.