Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER XVII: Sinceridad.
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Bakugo había despertado y no vio a Uraraka por ninguna parte. Desde hacía tiempo que sus tontos juegos por quién se acaba el agua caliente habían finalizado, ya no se preocupaba por despertarse temprano para ello; pero ese día, Ochako sí lo había hecho. La noche anterior, tuvieron una discusión extraña, él seguía sin comprender muy bien pero recordaba que ella había dejado en claro que prefería al policía cuatro ojos. La farsa que habían montado terminó en un beso improvisado que se llevó más de lo que le gustaría admitir.
Y pensar en Ochako prefiriendo a Iida Tenya le sabía horrible.
Se aseó deprisa, no se molestó en desayunar nada, sencillamente, caminó hacia Towers llegando a la hora de siempre; no esperó que Ochako haya sido una de las primeras empleadas en ingresar al local, pero al menos sabía por qué se había levantado tan temprano. No quería verlo.
Cruzaron miradas cuando él ingresó a la cocina, todos los empleados llevaban su uniforme puesto y aguardaban las indicaciones del jefe de chef para iniciar le día. Él miró a Ochako antes de que ésta bajara su vista a sus pies, no tuvo mejor respuesta que esa. Dio la orden y todo comenzó a moverse.
El domingo en Towers dio inicio y con él, la lista de pedidos que, aunque no eran muchos, mantenía a todos ocupados. Bakugo circulaba por la cocina, supervisando los platillos, lanzando indicaciones como siempre pero notaba que Uraraka estaba muy tensa. Casi nunca la veía así, pero ese día parecía no ser ella.
―No todos tuvieron una buena noche, al parecer ―Escuchó a Monoma decir cerca de Ochako. Neito encontraba divertido molestar a sus empleados de vez en cuando, pero los últimos días se había tomado el tiempo y dedicación de volcar aquel pasatiempo sobre Uraraka. Ese día no parecía ser la excepción―. ¿Problemas con el creme brulee?
―Monoma ―Llamó Bakugo entonces, el aludido volteó a verlo con curiosidad―, yo pensaría dos veces. Recuerda que Yaoyorozu tiene su atención puesta sobre ella.
Todos miraron al jefe de cocina proferir esas palabras, todos incluso Uraraka, voltearon a verlo sorprendidos. Era la primera vez que Bakugo hablaba así a Monoma frente a sus empleados y aquello no fue desapercibido por el hombre que sólo levantó sus manos a modo de inocencia, alejándose de Uraraka.
―Al parecer, sí hay una favorita en la cocina ―Comentó con cizaña para empeorar las cosas.
Ochako no lo miró, continuó con su postre para entregarse cuanto antes. La mañana continuó con ambos ignorándose, aunque es verdad, sus palabras deteniendo a Neito, sirvieron para que ningún tipo de bromas se levantaran hacia nadie y la mañana avanzara de manera productiva.
Pasada la una y media de la tarde, el restaurante fue llenándose a la hora del almuerzo. Ochako había terminado sus pedidos y su horario de descanso había iniciado hace quince minutos. Se dirigió hacia su pequeño remanso de paz, el sitio donde solía ir a respirar aire puro o a llorar, dependiendo qué tan malo haya sido el día.
Se recostó contra la pared y suspirar. Se dejó caer sobre el suelo, no le interesaba ensuciar su filipina, su cuerpo se sentía tan cansado; había puesto su despertador más temprano que de costumbre para salir antes que Katsuki y no verlo en la mañana, necesitaba pensar. Apenas había conciliado el sueño presa de la ansiedad que sus pensamientos entremezclados le provocaban, así que no sólo su cuerpo se encontraba cansado, también su mente.
Escuchó la puerta abrirse, levantó su rostro hacia Aoyama mirándolo con una ceja enarcada.
―¿Estás bien? ―Preguntó, ella sonrió poniéndose de pie.
―Sí, no es nada.
―Bueno, te buscan ―Dijo el rubio señalando a sus espaldas con su pulgar―. Son tus padres.
―¡¿Mis qué?!
Ochako creyó que sus padres volverían a su ciudad apenas amaneciera pero en lugar de eso, los halló en su restaurante almorzando. No sabía si acudir a ellos, temía que su mentira con Bakugo fuese descubierta, pero no podía dejarlos esperando más. Suspiró para ir hacia ellos y mostrar su mejor sonrisa.
―Mamá, Papá… Hola ―Dijo al acercarse a ellos. Sus padres se pusieron de pie para abrazarla―. ¿No debían estar viajando ya?
―Sí, pero tu madre tuvo una idea fantástica ―Dijo su padre alejándose de ella―. Hacer turismo por Tokio y almorzar en el restaurante de nuestra pequeña Chako.
―Ya sabes, tener la tienda en casa no nos daba mucho tiempo para hacer éste tipo de cosas. ¿No estás feliz? ―Dijo su madre.
―¡Claro! ―Respondió sin tanta emoción―. ¿Quieren un postre? Corre por mi cuenta.
―Oh, tranquila. Por cierto, ¿dónde está tu novio? ―Preguntó su madre.
―Queríamos saludarlo.
El rostro de Ochako volvió a sumergirse en un rojo vivo intentando buscar la manera correcta de decir que Bakugo Katsuki no podía asistir; sin embargo, escuchó cómo la llamaba una voz conocida, demasiado conocida para su gusto. Se volteó a mirar aterrada y comprobar que Iida Tenya caminaba hacia ella con un ramo de rosas y una sonrisa en sus labios.
Y allí comprendió, el porqué estaba mal mentir.
―Uraraka-san, lamento interrumpirte pero como no hemos hablado desde el día en el hospital, quise traerte éstas rosas y decirte lo mucho que lo siento y…
―¿Hospital? ―Preguntaron sus padres al escucharlo mencionar eso. Iida notó a la pareja junto a Ochako, percibiendo el gran parecido que tenían con su novia.
―Un pequeño accidente con mariscos y terminamos en el hospital… ―Balbuceó Ochako intentando que las mesas próximas, dejaran de prestar tanta atención a lo que sucedía con ellos.
―¡Oh, ¿son tus padres?! ―Preguntó Iida con emoción―. Es un gran honor conocerlos.
―¡Cariño, ¿por qué no nos dijiste que te intoxicaste?! ―Gritó su madre aterrada, ignorando a Iida―. ¿Hace cuánto pasó eso?
―No pasó nada más, todo estuvo bajo control ―Insistía Ochako―. No quise asustarlos sólo eso.
―Bueno, lo importante es que estás bien, Chako ―Dijo su padre sin saber muy bien qué sucedía allí.
―¿Y quién es el elegante oficial de policía? ―Su madre miró de pies a cabeza al hombre estudiándolo sin pasar por alto el ramillete de rosas que tenía entre sus brazos―. ¿Eres su amigo?
―No, yo soy su…
―¡Iida-kun! ―Interrumpió Ochako antes de que pudiese continuar―. ¿Me acompañas un momento afuera? Necesito hablarte de algo importante.
―Pero…
―Vamos, no tardaremos ―Sonrió a sus padres y comenzó a jalar de Tenya, éste se disculpó con la pareja para seguir a su novia fuera del restaurante, siendo la atracción de muchos clientes.
Ochako no podía creerlo, sin duda aquel no era su día y peor aún, tenía a Iida con flores sin comprender por qué estaba actuando tan distante con él, no podía culparlo. Salieron al costado del restaurante y ella dejó escapar un suspiro sin saber muy bien por dónde empezar. Él la veía curioso, no sabía qué sucedía.
―Uraraka-san, si sigues molesta conmigo por lo del otro día, de verdad, no fue mi intención… ―Inició Tenya, ella lo miró sorprendida―. Aprenderé todo lo que tenga que saber de ti, eres muy importante para mí.
Uraraka vio el rostro del hombre frente a ella y su ramo de rosas. Sentía una presión horrenda en su pecho a consecuencia de la culpa, ella no había sido sincera con él y Tenya no se merecía eso. Se llevó ambas manos a su rostro.
―No puedo hacerte esto, Iida-kun ―Dijo finalmente―. No he sido sincera contigo y de verdad, mereces saberlo.
―¿Qué cosa? Me estás asustando.
―La razón por la que no quería que conozcas mi departamento se debe a mi compañero de piso.
―¿No era compañera? ―Ella negó.
―Es hombre y además… ―Tragó profundo―, es Bakugo.
―Pero él… Él es tu jefe ―Dijo mirándola como si estuviese delante de un enigma sin comprender, pero de a poco, fue comenzando a hilar cabos―. ¿Es por eso que él sabe tanto sobre ti?
Ella asintió.
―Desde que llegué a Tokio, hemos comenzado a vivir juntos. Fue por un mutuo acuerdo, algo netamente profesional ―Iida asintió―; pero ayer yo… Yo lo besé.
Iida dejó de sostener el ramo de rosas sin muchas ganas, éstas cayeron sin gracia sobre el suelo y en su rostro se leía no sólo tristeza, sino decepción. Ochako no podía verlo a la cara.
―Me lo dices porque…
―Mis padres llegaron de sorpresa a mi departamento, no tuve otra excusa más que decirles que Bakugo es mi novio. Nos besamos por eso ―Explicó―. El problema es que…
―Te gustó.
Ochako abrió los ojos con sorpresa al escucharlo, porque finalmente al hacerlo, al escuchar a Iida decirlo en voz alta, comprendió que tenía razón. Ella disfrutó ese beso mucho más de lo que se animaba a admitir. Tenya se alejó de ella entonces y Ochako no tuvo fuerzas para detenerlo. Por sus mentiras había lastimado a alguien que en verdad tenía sentimientos honestos. En verdad no lo merecía.
Sin embargo, escuchó la voz de Iida gritando y eso la hizo voltear a su dirección, hallando a Bakugo sujetando a Iida del brazo, impidiendo que éste se marchara. Ella no podía moverse, se mantuvo estática viéndolos a la distancia.
―No la culpes ―Dijo Katsuki―; yo soy la razón por la que ella está mintiendo de ésta manera. Yo la obligué a que me cediera el departamento, yo la llevé a la única solución de vivir juntos y yo la…
Iida no lo dejó terminar, propinó un puño en su mejilla para callarlo. El golpe fue tan fuerte y tomó a Katsuki tan de sorpresa, que lo hizo trastabillar unos pasos hacia atrás.
―¡Bakugo! ―Gritó Ochako corriendo hacia él y con sus manos, tomar su rostro para ver que su labio inferior y su nariz sangraban.
El hombre se recompuso y miró a Iida con una sonrisa ladina.
―Dime, Iida… Ahora que estás de servicio, ¿es válido agredir civiles?
Tenya tuvo otro arranque de ira y estaba dispuesto a arremeter nuevamente contra Bakugo, éste no parecía disgustado con la idea, se alejó de Ochako para enfrentar al oficial con su puño preparado, pero la mujer se puso entre ambos, con las manos sobre los hombros de Katsuki intentando persuadirlo.
―Bakugo, mírame ―Insistía ella y aunque las ganas de golpear al policía que tenía delante suyo eran grandes, la voz de Ochako lo hizo bajar sus ojos hacia ella―. Necesitas limpiarte, vamos adentro antes de que los clientes vean ésta escena. Por favor, Bakugo.
Tenya los veía allí juntos, ella tomándolo en sus manos como si fuese lo más preciado para sí y él cediendo ante su tacto, como una bestia rendida ante sus pies. Iida sonrió con ironía para marcharse de allí. Ochako lo vio irse pero no se alejó de Katsuki.
―Ve detrás de él ―Dijo su jefe pero Ochako negó―. Ve antes de que te arrepientas.
―No hay nada que pueda hacer más que llevarte adentro ―Respondió ella―. Tienes la nariz el labio sangrando, no sé cómo esperas que te deje así.
Él no dijo nada más, sólo caminó junto a ella para ingresar por la puerta trasera del local e intentando no llamar la atención de sus empleados, inútilmente, fue a su oficina. Las personas lo veían entre miedo y sorpresa, no esperaron ver a su jefe volviendo con el rostro sangrante y a Ochako detrás de él.
De hecho, nadie esperaba ver semejante encuentro entre dos hombres a las afueras del restaurante Towers, principalmente porque uno de ellos era un oficial de la policía y el otro, el jefe de cocina del mismo.
El hombre sentado en su auto en la acera de enfrente, cerró el vidrio de su ventanilla para encender el motor. En el trayecto de su marcha, marcó un número en particular desde su teléfono y el sonido del timbre de espera resonó en sus auriculares.
―Bakugo-san ―Habló Todoroki Shoto―, los rumores sobre Katsuki eran ciertos. Él y la inquilina tiene un acuerdo de convivencia.
―No me extraña ―Respondió una mujer tras la línea―. Bien, sabes cómo proceder.
Sin otra palabra más, terminó la llamada.
Katsuki carraspeó al sentir el algodón con alcohol contra su labio, escuchando a Chieko reír por lo bajo; él no pudo evitar sonrojarse y mirar a otro punto. Recordaba a su madre limpiar sus heridas cuando volvía de escaparse de su casa, siempre regresaba con golpes y raspones a consecuencia de sus aventuras fuera de la mansión Bakugo. Su madre, a medida que limpiaba su heridas, le preguntaba sobre lo que había hecho, a dónde iba, fascinada con las historias de su hijo y con regaños de por medio; sin embargo, incluso con eso, ella solía ser su cómplice cuando niño. Regresar al pasado siempre lo ponía de malhumor.
―Ochako tiene suerte ―Escuchó decir a la mujer, llamando la atención a Katsuki―; es bonito tener a alguien que te defienda de ésta manera.
Bakugo volvió a sonrojarse.
―Ella no necesita que la defiendan ―Respondió y Chieko sonrió al hombre.
―Siempre ha sido muy independiente, es cierto ―Concluyó su madre―, claro que yo no tenía que limpiar su rostro con heridas como éstas cuando niña. Tú en cambio, pareces estar acostumbrado.
Katsuki sonrió y bajó la mirada a sus manos. En su vida, muchas cosas se lo habían servido en bandeja de plata, con tantos privilegios asegurados, él tuvo muchas oportunidades enfrente; sin embargo, él no quería eso. Tenía las manos llenas de cicatrices a consecuencia de esas cosas que él buscó por su cuenta; muchas por cuchillos y heridas dentro de la cocina, otras porque su camino también se labró sobre golpes y violencia. Él se acostumbró a conseguir lo que quería, sin importar el costo.
―Ahora que sé que estás en su vida ―Inició Chieko, colocando una pomada sobre el su labio roto, sacando a Katsuki de sus pensamientos―, puedo estar más tranquila. Sólo trata que nos llame un poco más de seguido, ¿está bien?
Katsuki asintió. Ella guardó sus utensilios en su cartera, Katsuki la observaba en silencio. Entendía por qué el tacto de Ochako era tan suave.
―Gracias por la curación ―Dijo él sencillamente. La mujer acercó su mano a su rostro en respuesta dedicándole una sonrisa maternal para dejar la oficina de Bakugo después.
Él quedó solo entonces, con sus heridas curadas y un sinfín de pensamientos arremolinados en Ochako. Katsuki se recostó contra el respaldo de su silla y cerró los ojos un momento.
Cuando el apuro había llegado a Uraraka, él se encontraba en su oficina pero al escuchar que su cocina se mantenía ciertamente en silencio, fue a ver a sus empleados hallando que éstos se amontonaban en la puerta que conectaba con el restaurante, todos intentado mirar a través del pequeño cristal que poseían las puertas. No entendía muy bien su interés pero cuando se acercó a ellos, Aoyama lo miró con una sonrisa.
―El novio de Uraraka llegó ―Explicó―. Está con sus padres.
Cuando lo oyó decir eso, supo que la mentira sobre su relación había llegado a su fin. Ochako se ponía nerviosa fácilmente pero en ese escenario, las cosas no pintaban nada bien. Tenía a sus padres por un lado y por el otro, al cretino de su novio policía. Carajo, debía hacer algo.
Ordenó a sus empleados que regresaran a sus puestos, que no había nada por ver ahí y con aquella orden, salió de la cocina rumbo al restaurante para encontrar ya sólo a los padres de Uraraka. Kiyoshi lo vio con sorpresa.
―¿Lo conoces? ―Preguntó refiriéndose al oficial. Katsuki asintió solamente para salir del restaurante en búsqueda de Ochako. Ella lo había defendido y mentido por él. Y él debía devolverle el favor.
La escuchó confesar todo, la escuchó decir todo lo relacionado a su convivencia forzosa, las mentiras fueron cayendo a su alrededor. Él había llegado tarde. Sin embargo, escuchó lo del beso y su cuerpo se paralizó.
―Mis padres llegaron de sorpresa a mi departamento, no tuve otra excusa que decirles más que Bakugo es mi novio. Nos besamos por eso ―Siguió explicando Ochako―. El problema es que…
―Te gustó. ―Fue la sentencia de Iida y Uraraka no respondió.
Luego vio a Tenya alejarse de ella. Él actuó por instinto y se acercó a él para tomar su brazo y detenerlo. El policía le gritó que lo soltara pero Katsuki no podía dejar que se vaya, que dejara así a Ochako por algo que él había causado.
Carajo, el cretino sabía dar golpes y su cara lo comprobó. Tenya había dejado a Ochako y él se encontraba allí, siendo curado por la madre de ésta, por pedido suyo. Vio a Ochako tan preocupada por él que por un momento quiso tranquilizarla, no era para tanto, había recibido golpes más fuertes en su vida.
Sonrió para sí. Sí, había recibido peores golpes.
Ochako terminó los pedidos que tenía y se limpió las manos con un trapo que tenía cerca suyo; seguía pensando en todo lo sucedido momentos atrás con Iida y el modo en el que lo había lastimado. Tenía gravado en su mente sus ojos cargados de decepción y sin duda, eso la hacía sentirse peor. Luego recordaba el golpe que le dio a Katsuki y la forma en que eso la hizo sentir; ella había corrido hacia él y tomó su rostro entre sus manos, sintió la mirada de Katsuki en ella y su corazón latió como si fuese a salirse del pecho.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando vio salir a su madre de la oficina de su jefe, todos de hecho se giraron a ver la mujer que con una sonrisa apenada, saludando a los chefs. Ochako se acercó a ella con cierta preocupación en su semblante.
―No pongas esa cara que pones más nerviosos a todos ―Dijo su madre con diversión, caminando hacia la salida trasera junto a su hija―; sólo fue un golpe. Tiene cicatrices más grandes que sólo ese rasguño.
―Gracias por atenderlo ―Dijo Ochako. Ambas yacían fuera de las instalaciones, era más sencillo hablar así con ella―. ¿Por qué no regresan a mi departamento? Les prepararemos la cena.
―Cariño, tenemos boletos para el tren que sale a la tarde ―Respondió su madre con cierto pesar―. Pero pueden visitarnos, sabes que la casa no es grande pero siempre habrá espacio para ustedes. Además, a Bakugo-kun le gustó nuestra receta; deberías de llevarlo al local a comer algo.
Ochako sonrió a Chieko y se fundieron en un abrazo prolongado. Recordaba las llamadas que casi nunca hacía y se sintió tan mal por ello. Sostuvo aquel abrazo por un poco más para luego mirar a su madre.
―Los llamaré con más continuidad ―Aseguró.
―Se lo encargué también a Bakugo-kun ―Respondió su madre y ambas sonrieron.
Vio a su padre acercarse entonces y también lo rodeó en sus brazos. Kiyoshi sonrió a su hija cuando se separó de ella.
―Procura esclarecer las cosas en tu vida, Chako ―Dijo su padre sorprendiéndola. Él le guiñó el ojo―. Sabes que, no importa lo que hagas, siempre estaré orgulloso de ti. Lamento si te hice pensar lo contrario.
Ochako no pudo contener las lágrimas tras escucharlo, él volvió a abrazarla y su madre se unió, rodeándola por la espalda. La mujer se había olvidado lo bonito que se sentía aquel abrazo de sus padres como cuando era aún una niña. Bakugo tenía razón, su padre no creyó en su mentira pero de igual manera, parecía a gusto con su extraña relación.
Se despidió de ambos y los vio marcharse. Se secó el rostro y aspiró profundo; el malestar por su rompimiento con Iida Tenya parecía diluirse un poco con aquel abrazo que sus padres le dieron. Necesitaba a su familia y en verdad agradecía que hayan terminado sorprendiéndola con su llegada.
Volvió al trabajo después de serenarse.
Finalizó el horario laboral en el restaurante y todos los empleados fueron dejando las instalaciones, despidiéndose entre ellos. Ochako solía ser la última en marcharse, le gustaba verificar que no olvidaba nada en su casillero o en los vestidores; una vez salió, vio a Katsuki de pie con una pequeña bolsa de judías en su mejilla ligeramente hinchada y un cigarrillo encendido en sus labios. Sonrió con pena al verlo.
―Tengo crema cicatrizante en casa ―Katsuki volteó a ver a Ochako cuando escuchó su voz―, ayudará también a que la inflamación baje.
―No lo necesito. Es sólo un rasguño ―Respondió quitándose la bolsa congelada del rostro. Dio otra calada a su cigarrillo.
Ambos comenzaron a caminar dejando el restaurante. La noche estaba fresca, agradable. Ninguno dijo nada por un buen tiempo; Ochako comenzó a disfrutar esos momentos de silencio a su lado, era una manera agradable de estar al lado de Katsuki, comenzaba a entenderlo más y sin duda, su intervención para evitar que Iida se marchara, la conmovió enormemente.
―¿Cómo sobrellevas el asunto del cretino con placa? ―Dijo entonces Bakugo, ella lo miró curiosa.
―Fui muy injusta, no quise hacerle daño ―Respondió―; pero tampoco estaba siendo sincera conmigo misma.
Él la miró y ella sonrió a su jefe, encogiéndose de hombros.
―Pero si quieres preparar mi cena y consolarme, no me molestaré ―Continuó. Katsuki chasqueó su lengua. Apagó el cigarrillo tirándolo al suelo y pisándolo con la punta de sus zapatos―. No tienes que preocuparte por mí. Nos hice un favor a Iida-kun y a mí.
―Y hablando de favores, recuerda que hoy también debemos preparar la cena a la vieja y a tu amiga cara de rana.
―Oh, cierto ―Respondió Ochako―. Bueno, pudo haber sido peor.
Llegaron al complejo de departamentos y subieron a su propio piso. Ochako comenzó a bañarse mientras Katsuki preparaba los ingredientes para la cena de su casera y la recepcionista del complejo, nada extraordinario, sólo arroz blanco con curry. Cuando Ochako salió del baño, el curry ya estaba a mitad de cocción.
―Entra a bañarte, yo continuaré. ―Dijo la castaña acercándose a él. Katsuki la miró un momento, llevaba un vestido holgado de tirantes blancos y estampado de girasoles. Los colores cálidos resaltaban aún más en ella―. ¿Tengo algo por mí? ―Dijo mirándose a sí misma en búsqueda de lo que cautivaba la atención en Bakugo.
―Sólo termina la salsa.
Lo vio alejarse a zancadas para entrar al baño con sus prendas limpias. Ochako no le dio mucha importancia para continuar con la cena. No tardó mucho para terminar los platillos y servirlos en los recipientes de plástico con que solían llevar cada noche a sus colaboradoras.
Katsuki salió del baño y fue a ver la terminación de su compañera de cocina.
―¿Qué me dices, Chef?
―Pregúntaselo a la vieja ―Respondió él con una sonrisa ladina que ella correspondió―. Se los llevaré yo, quédate aquí.
Ochako asintió y lo vio marcharse. Se sentía extrañamente bien con Katsuki, ambos conviviendo sin intenciones de matarse entre ellos. Una sensación de calidez la inundó y no podía dejar de sonreír. Parecía una niña.
―…Nos besamos por eso. El problema es que…
―Te gustó.
Seguía recordando su discusión con Iida a las fueras del restaurante. Él le había dejado en claro algo que ella había estado intentando ignorar. De repente, su calidez desapareció y las dudas regresaron. Su estómago daba vueltas en su interior y ella sólo podía repetir una y otra vez, la sensación que le produjeron los labios de Katsuki al besarla.
―Tienes que parar ―Se dijo a sí misma―. Él es tu jefe, vive contigo… Además, tampoco está interesado en ti. Tienes que ser realista.
Se dirigió a la sala en donde tomó asiento sobre el sofá, encendió la TV y ésta comenzó a enseñar escenas de una de esas películas de superhéroes que tanto gustaban a Bakugo. No le prestaba mucha atención al filme, no hasta que el rubio fornido de Chris Evans va a un museo dedicado a sí mismo y comienza a rememorar el proceso vivido para convertirse en lo que era. Ochako comenzó a sumergirse más en la trama, principalmente cuando aparece la foto de su amigo de infancia que, al parecer, murió en batalla (ella era pésima con los nombres de personajes).
Katsuki regresó de haber dejado la cena en ambos departamentos y encontró a Ochako sentada en el sofá con la atención puesta en la TV. Se acercó a ella con cierta curiosidad, la veía de lejos y parecía estar llorando. ¿Tan mal tomó su ruptura con el oficial?
―¿Cara Redonda? ―Preguntó y Ochako volteó a verlo con los ojos llorosos y la nariz enrojecida, señalando la pantalla con su índice. Él miró también en la dirección que señalaba y vio la escena de Peggy Carter de anciana frente a un joven Steve Rogers―. ¿Estás viendo El soldado del invierno?
―¡Dime que ella no muere! ―Dijo Ochako exaltada―. ¿Peggy y él eran amigos? ¿Se querían? ¿Por qué él nunca la visitó antes? ¡Agh!
Katsuki no pudo contener la gracia que le producía el rostro de Ochako en esos momentos, comenzó a reír desde lo profundo de su ser. Ella lo miró entre molesta y sorprendida por partes iguales, era la primera vez que lo escuchaba reír sinceramente.
―Hazte a un lado ―Dijo él sentándose junto a ella―. Si quieres entender cómo va el tema, tienes que comenzar con El primer vengador.
―¿Allí aparece Peggy?
―Sí.
―¿Y Bucky?
―También.
―¿Lo tienes?
―En blu-ray.
Ochako había insistido tanto en ver desde la primera película de Capitán America, así que Katsuki le tendió sus dvd's de su colección de Marvel para comenzar la maratón sin precedentes. Tras la primera película, continuar el hilo de películas hasta llegar a Thor. La madrugada se les vino encima.
Ochako estaba ensimismada en la película, no se había percatado que Bakugo terminó dormido junto a ella, con la cabeza recostada sobre su hombro. Ella al sentir el peso de su cuerpo, lo miró y con una sonrisa, lo acomodó mejor para que pudiese descansar en forma en el sofá. Ella continuó sentada junto a él, viendo el resto del filme con el dios asgardiano.
Finalizó la película, ella apagó la TV. Vio a Bakugo con la cabeza recostada contra el posa-brazos del sofá y lucía tan cómodo, no quería despertarlo pero ella tampoco quería apartarse de él.
―No creo que le moleste ―Susurró para recostarse contra su pecho y cerrar los ojos.
