Gui: En honor a Coriolanus Snow y al hecho de que me he terminado la famosa Balada de los Pájaros Cantores y las Serpientes, os dejo con Veneno.
Disclaimer: Gracias Collins por darnos nuevo material de fanfic.
Nació y murió una estrella
Veneno
Como había conseguido algo de carne, Mayse empezó a masticarla antes de pensar en cómo se alimentaría más tarde. Al caer la noche, llovió, y se dio el gusto de acoger en su boca las lágrimas del cielo.
Habían muerto dieciocho tributos. Sus caras aparecieron en el cielo y Mayse tuvo un pensamiento por cada una de ellas. No conocía a nadie más que a Benedic.
Por alguna razón, tenía sentido que Benedic hubiese muerto en el Baño de Sangre. Ponía sus ambiciones en lo que no tocaba, como conseguir más cuchillos que los demás. Claro, pero si mueres consiguiendo cuchillos…
La cerbatana que había conseguido ella tenía su encanto. Mañana se entrenaría a usarla.
Se tiró un buen rato buscando dónde dormir, y eso fue su salvación. Escuchó a un tributo hacer ruido y decidió esconderse y observarlo. Era una chica, si no recordaba mal del Distrito 11, y acababa de encontrar unas bayas que parecían ir bien con las demás raíces comestibles que había recogido. Con ellas empezó su festín mortal. Le dio tiempo a comer un par de bayas e hincarle el diente a algo que parecía una zanahoria. Cuando empezó a masticarla se atragantó y se llevó las manos a la garganta. Y murió, sin más.
Aquello traumatizó a Maysilee más de lo que lo había hecho el Baño de Sangre, que a fin de cuentas era algo que todos sabían que ocurriría. Pero aquella arena era inquietante, mucho más inquietante que lo que su fachada bonita dejaba entrever. Esa zanahoria parecía una zanahoria completamente normal y las bayas no tenían por qué ser venenosas, sobre todo si una chica de campo había decidido comérselas.
Una opción posible y terrible: esas plantas eran mutaciones venenosas de sus parientes terrestres.
Presa del pánico, Mayse empezó a frotarse la lengua pensando en la lluvia, en la carne seca, pero paró en cuanto se dio cuenta de que con sus manos había tocado troncos de árbol. La ansiedad le agarró el corazón y le hizo correr y correr y correr hasta que le dio flato.
¿Y si moría allí? ¿Y si la arena en sí misma estaba envenenada?
Resultó que la hipótesis de Maysilee era del todo cierta. Incluso el agua del arroyo cristalino mataba a los tributos. Hicieron falta cuatro, pero, al final, por ley de selección natural, los demás aprendieron a no tocar el agua, la comida, ni los animales que habían cazado.
Era una buena manera para los Vigilantes de mantenerlos a todos a tiro de la Cornucopia. Era odioso. Y tal fue el odio de Maysilee que fue fértil. Si vivía, se anotaría que el le sugería ideas brillantes.
Tenía una cerbatana con la cual clavarle pinchos a la gente. Nada muy mortal. Pero… ¿pinchos envenenados? Eso lo cambiaba todo.
Me gusta hacer a Mayse algo avispada. Parece que era una chica muy lista.
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Gui
SdlN
