Nota de Gatt:

Creo que el mundo se siente más pesado y vil de lo que realmente es. Creo que la desgracia, la desdicha y el dolor que sentimos por todo lo que está pasando a nuestro alrededor es real, pero también creo que la voluntad para arreglarlo está dentro de la mayoría de nosotros.

Como muchos otros, crecí rodeada de adultos que insistieron en manejar el mundo sin entender realmente las consecuencias de lo que hacían, y ahora me toca lidiar con los pedazos rotos que me entregaron mientras decían descaradamente, "esto es tuyo ahora, encárgate". El mundo se sacude con violencia ahora mismo, gracias al berrinche de gente miedosa, prepotente y egoísta; por favor, no olviden que en momentos como este debemos poner en práctica nuestro instinto de cuidar al prójimo y responder a la crueldad con esperanza. Sean cautelosos, sean responsables, sean gentiles, y conviertan toda esa furia y frustración en la fiereza necesaria para protegernos entre todos.

Los buenos somos más, mantengámoslo así.

¡Heil FRIKI!

(En vista de las dificultades que parecen atacar al mundo este año 2020, esperamos que nuestro mensaje de aliento y buenos deseos sean un impulso para todos los lectores; es el mismo impulso que tantas veces nos otorgaron. Mantengan las medidas de higiene, practiquen el distanciamiento social responsablemente, apoyen a su comunidad y defiendan a los miembros más vulnerables con sus acciones, no sólo palabras, siempre con el respeto como base. Todo bajo control. Gracias).


Capítulo 15

—¡GONZO, EL ARROZ!

El aludido dio un salto y corrió hacia la estufa, intentó destapar la olla e inmediatamente retiró la mano cuando se quemó los dedos. Senza lo apartó del camino y utilizó un paño para sostener la tapa de metal; raspó el fondo de la olla con una cuchara mientras miraba a Gonzo con reproche.

—Te dije que vigilaras que no se queme, alcornoque.

—¿Y para qué me mandas a mí? —se quejó Gonzo mientras remojaba la mano en un vaso de agua fría—. ¡Yo estaba con la ensalada, dile a Zuko!

—Zuko está afuera vigilando que la parrilla no explote porque Din sabe que no puedes dejar a Mako con un encendedor por más de dos minutos, ¿y tú quieres ponerlo a correr ida y vuelta constantemente entre aquí y allá como un periquito en un palo?

—Entonces Niko.

—¡Niko ni alcanza la estufa! ¡Ya estás grandecito, pon de tu parte!

Senza le entregó la cuchara a Gonzo para que continuara revolviendo y se alejó de allí con paso severo antes de que la conversación pudiera continuar.

Senza tenía una gran sagacidad con las palabras, por lo que era poco común que descargase su frustración tan explícitamente, sin sarcasmo o humor para suavizar los insultos y convertirlos en broma. A pesar de la pinta de hombre rudo que tenía, su talento estaba en convencer a los demás con elocuencia y tacto; su papel era mantener el orden por el mayor tiempo posible cuando Tetra no estaba, y en general podía lograrlo por un tiempo récord de dos horas y un cuarto.

Ya había transcurrido poco más de cuarenta minutos desde que la niña se había ido a buscar a su tío.

Los primeros quince minutos no levantaron muchas sospechas: cada quien estaba ocupado haciendo algo, demasiado afanados con sus tareas como para hacerse preguntas. Quizás Sheik y Tetra quisieran conversar un poco antes de unirse a la diversión, o puede que Sheik estuviera atendiendo todavía la llamada y Tetra estuviera esperando a que terminara, y un sinfín de etcéteras. Esta era su casa y podían tardarse quince minutos si querían.

Era normal.

Después de media hora transcurrida sin que la Capitana reapareciera, Senza empezaba a tener problemas manteniendo todo bajo control; Nudge se ofreció a buscar a Tetra un momento y al cabo de un minuto regresó para pedirle a Senza que le ganara algo de tiempo.

Eso no era normal.

Senza se aprovechó de que todo el mundo estaba ocupado y se escabulló por la casa: tenía algo de tiempo antes de que alguien del equipo se metiera en problemas sin supervisión. Notó que la puerta de la habitación de Tetra estaba cerrada, igual que la puerta de Sheik. Senza igualmente se acercó por el pasillo y dio un par de golpes con los nudillos a la primera puerta; no se sorprendió de que Nudge le abriera.

—Senza, ¿cómo va todo?

—No sé, dime tú.

Nudge salió y cerró rápidamente la puerta tras de sí, respiró profundamente y miró a Senza a los ojos con seriedad. la voz de Nudge era un poco más alta que un susurro, evidentemente para que nadie más lo escuchara.

—Tetra y Sheik tuvieron algún tipo de pelea, no estoy seguro sobre qué todavía, pero los afectó muchísimo.

Senza tragó saliva y asintió. —¿Qué tan grave es?

—Muy, muy grave. Hace años que… bueno. Ni siquiera quiere hablar conmigo, sólo sé que fue una pelea con Sheik porque él también cerró la puerta.

—¿Estás seguro de que cerró la puerta por eso?

—¿Quién crees que le enseñó la misma maña a ella? Mira, necesito tiempo para calmarla.

—Bien, entonces voy a decirle a los muchachos qué está pasando. Terminaremos de cocinar, guardaremos todo e iremos a comer a otro sitio.

—¿Crees que puedas quedarte conmigo?

—¿Yo? ¿Para qué?

—Mientras hablo con ella, tú podrías hablar con él.

—¿Y decirle qué, exactamente? Sheik ni siquiera es del tipo que habla mucho normalmente.

—Senza, hazme un favor y escucha con atención —Nudge posó sus enormes manos sobre los hombros de Senza y lo estrujó levemente—. Necesito saber que tengo un compañero de relevo.

En ese momento, Senza finalmente entendió la gravedad de la situación, al igual que el peso de lo que Nudge le estaba pidiendo que hiciera.

Nudge y Senza siempre habían trabajado en equipo para mantener un cierto balance en su grupo de amigos; Nudge era el que mejor entendía a Tetra emocionalmente de todos ellos y sabía escucharla y aconsejarla cuando fuera necesario, mientras que Senza era el único capaz de mantener a sus compañeros en orden cuando la Capitana no estaba. Cuando el equipo se salía de balance, ellos dos tenían la silenciosa tarea de restaurarlo; era la responsabilidad que habían adquirido por ser los únicos adultos y los miembros de más antigüedad del grupo. Que Nudge tuviera que pedirle ayuda a Senza explícitamente indicaba que algo estaba terriblemente mal.

Con severidad, Senza asintió sin decir palabra, dio media vuelta y se regresó por donde vino.

Una vez en la cocina, llamó a sus compañeros, explicó con calma lo que sabía y les indicó lo que tenían que hacer a continuación; terminaron de cocinar, guardaron y limpiaron los utensilios, dejaron la casa en orden y, finalmente, se marcharon todos.

Todos menos Senza.

Ahora que estaba solo y sabía a quién se enfrentaría, sentía como si alguien le hubiera echado una soga al cuello. ¿Qué tan útil podía ser él en una situación como esa?

Nada, simplemente no tenía opción. Se armó de valor y regresó al pasillo, donde lo esperaban las dos puertas cerradas; tragó saliva, pero antes de que pudiera dudar más sobre lo que estaba haciendo, Senza golpeó la puerta de la habitación de Sheik con los nudillos.

La puerta se abrió lentamente.


— O —

Ver a Tetra inmóvil, tumbada boca abajo sobre su cama, era como contemplar una hoja flotando sobre el agua de una piscina. Una escena melancólica, casi hermosa en su propia tragedia auto-contenida.

Sin embargo, para el que sabía del tema, una hoja en una piscina no era un momento etéreo que hablaba de la fragilidad de lo efímero o algo así. No, no, no, y no. Una hoja en un lago, o un río, o en una charca incluso, era siempre preferible a una hoja en una piscina: esas eran aguas que tenían a dónde fluir, a dónde correr, y tarde o temprano se limpiarían solas de esa hoja. Una alberca, por otro lado, era agua estancada que requería limpieza, mantenimiento, drenaje y filtro. Una hoja era signo de descuido, y su estadía prolongada podía causar un deterioro grave a largo plazo. Una hoja no flotaba para siempre; una hoja se hundiría; una hoja se desharía en pedacitos y taparía el sistema y estancaría la porquería hasta que el único remedio sería sacar el agua, cambiar los filtros, limpiar el drenaje y despedir al tonto que dejó que llegara a ese estado.

La metáfora era quizás un tanto exagerada, pero Nudge se daba el lujo de ser dramático por dentro; por fuera le tocaba ser la mamá gallina que, aunque no era precisamente la madre más poderosa de la naturaleza, hacía milagros con lo que estaba a su alcance.

—Bueno, veamos qué podemos hacer aquí… —Nudge se sentó junto a la niña, sobre la cama—. ¿Dónde dejaste mis instrumentos de tortura?

Tetra no movió ni un músculo. No hacía falta que dijera nada, Nudge sabía exactamente lo que estaba buscando y nada más había preguntado para hacer conversación; se inclinó un momento hacia la mesita junto a él, abrió el único cajón y sacó un estuche rosado con corazoncitos, y de allí tomó un peine con una pegatina de unicornio.

—Ah, mi arma preferida, "El Desenredador". Vamos, siéntate un momento y empecemos.

Nuevamente, Tetra permaneció sin moverse. Evidentemente, el pobre Nudge no estaba teniendo mucho éxito, pero no se dejaría derrotar: agarró a la niña y la sentó sobre la cama, de espaldas a él, con la misma facilidad que uno tendría para sentar una muñeca de trapo. Tetra no se opuso en lo más mínimo a que Nudge la manejara de esa forma, pero la tensión en su cuerpo era evidente. Nudge hizo caso omiso y con un movimiento experto proveniente de años de práctica, le soltó el pelo sin hacerle daño; con una mano sostuvo la cabellera rubia y con la otra comenzó a peinar.

Era fácil perderse en el movimiento rítmico, casi automático, del peine conocido como "El Desenredador"; una acción sencilla, repetitiva y segura como esa no requería concentración alguna, así que poco a poco, la espalda de Tetra fue relajándose: su mente y sentimientos, por otro lado, necesitarían otra clase de ayuda, pero al menos era un progreso.

—¿Recuerdas cuando te regalé este estuche? Acababas de ganar tu primera competencia el día anterior. ¡Estabas tan emocionada que simplemente tenía que darte algo para felicitarte!

La cabeza de Tetra giró levemente para dirigir su mirada a uno de sus estantes, donde descansaban sus primeros trofeos y medallas.

—Cuando abriste el regalo y no dijiste nada, de verdad pensé que metí la pata. ¡Oh, me quería morir de vergüenza!... A ver, ahora toca "El Domador".

Nudge colocó el peine de vuelta en el estuche y tomó un cepillo morado con forma de estrella. Continuó su labor usando su nueva herramienta, que se veía cómicamente pequeña en sus enormes manos.

—Una semana después, me pediste que te enseñara a peinarte para ponerte el gorro de natación tú sola, y sacaste este estuche y me dijiste que usara mi regalo para ayudarte. Creo que se me derritió el corazón ese día.

Pasaron unos minutos en un silencio casi absoluto, donde lo único que se escuchaba era el sonido del cepillo pasando una y otra vez por el cabello de Tetra. La pose de la niña era visiblemente más relajada a pesar de que todavía no había pronunciado palabra alguna, y de vez en cuando se movía para acomodarse un poco. Nudge decidió que "El Domador" había hecho bien su trabajo y decidió cambiarlo por un peine fucsia de dientes cerrados.

—Lo que quiero decir es, que hay momentos en que no sabrás cómo arreglártelas sola. ¿Quieres saber lo que debes hacer en esos momentos?

Tetra suspiró y habló por primera vez, con voz vacilante.

—… ¿Qué se supone que debo hacer si no puedo sola?

—Pues, después de tantos años arreglándote el cabello, creo que ya lo sabes. Si tienes un mal día en tu cabeza y sobre tus hombros, necesitas desenredar los nudos poco a poco, domar y darle forma a lo que queda después de eso y, por último, repasar lo que ya lograste.

Ante la respuesta, Tetra se giró levemente para ver a Nudge; la niña tenía una expresión un tanto incrédula en su rostro.

—¿Por eso el tercer peine se llama "El Repasador"?

—¿Y tú qué pensabas? ¡Las mejores armas tiene un nombre inteligente detrás!

Cuando Tetra dejó escapar una sonrisa, Nudge supo que iba por buen camino con lo que estaba haciendo; puso "El Repasador" en su sitio y empezó a organizar algunos mechones dorados entre sus dedos.

—¿Vas a trenzarme el pelo?

—¿No te gustaría?

—Sí claro, gracias.

—Bien, mientras tanto, cuéntame un poco sobre lo que te tiene tan desmoronada.

Los hombros de Tetra volvieron a tensarse y la pequeña sonrisa que tenía desapareció, pero su expresión pensativa dejó entrever que estaba escogiendo sus siguientes palabras con cuidado.

—Tuve una pelea… Discutí con Sheik.

Hizo una pausa, esperando a que Nudge comentara algo; sin embargo, él también permaneció en silencio, así que Tetra continuó.

—Ganondorf lo llamó para decirle que Outset eligió al viejo como representante y tiene miedo de que trame algo. Si Ganondorf no logra convencerlos de que elijan a otro, Sheik no me dejará competir.

—… ¿Y tú quieres competir?

—¡Claro que sí! ¡No es justo que vivamos como cobardes y Link no pueda ir a casa por su culpa!

—Entiendo que pueda ser frustrante, pero también entiendo el punto de vista de Sheik.

—¡Y yo también! ¡Eso es lo que más me molesta!

Tetra se volteó súbitamente hacia Nudge, que dejó ir la trenza rubia a medio hacer para no jalarle el pelo.

—¡Su punto lo dejó muy claro! ¿Y sabes qué? ¡Me duele mucho!, sentí que nos menospreciaba a los dos. Fue estúpido y horrible y no puedo creer que… No quiero ni pensar que tiene razón.

—Ay, mi pobre pollito de agua… —Nudge la abrazó con todo el cuidado y calidez de una mamá gallina.

—¿Qué se supone que debo hacer?

—Pienso que los dos necesitan calmarse un poco y volver a hablar, pero no sobre la competencia.

—¡Pero-

—Tetra, criatura, las cosas se hacen un paso a la vez. Ambos tienen que ponerse en la misma onda antes que nada, y eso incluye lidiar con el berenjenal maquiavélico que es tu abuelo.

Los ojos de Tetra parpadearon con incredulidad y su boca entreabierta emitió un corto balbuceo que intentaba, sin éxito, convertirse en palabras. Evidentemente la última respuesta de Nudge la tomó por sorpresa y cualquier cosa que hubiese formulado en su cabeza para contestarle se fue por el caño.

La niña se rindió con sus esfuerzos de formular una oración y volvió a darle la espalda a Nudge para que terminara de trenzarle el pelo; él entendió rápidamente lo que quería y se puso manos a la obra, en silencio, para que Tetra pudiera poner los pensamientos en orden.

—¿Nudge? —dijo finalmente con voz vacilante.

—Dime.

—Gracias, creo que tienes razón.

—Cuando quieras, corazón. Para eso estamos nosotros, ¿sabes? Para ayudarte con lo que tenemos a la mano. No siempre hacemos un trabajo perfecto, pero no en todas las competencias te ganas el oro. A veces lo importante es no ahogarse en el intento.

—Entiendo…

—Me alegro. ¿Te sientes mejor?

—No del todo, pero… pero al menos ya sé lo que quiero decir sobre cómo me siento.

—¿Quieres hablarlo también?

—No. Creo que debería hablar de esto con Sheik en vez de ti, no te ofendas.

—¿Ofenderme? Qué va —Nudge hizo una pausa para observar su trabajo —. Ahora, hazme un favor y date la vuelta.

Tetra hizo lo que le pidió su compañero y giró por completo su cuerpo hacia él. Nudge observó que no sonreía y sus ojos azules estaban vidriosos como si en cualquier momento pudiera llorar, pero notaba un cambio importante: la niña derrotada que había encontrado desmoronada sobre su cama ya no estaba, y en su lugar estaba la jovencita herida, pero determinada, que se sentaba ante él tan dispuesta a ser examinada.

—Estás lista —declaró con finalidad.

—Me siento lista —confirmó ella, y eso era lo más importante.

Súbitamente, sonó el teléfono.


— O —

El cuerpo de Sheik se quedó paralizado por quién sabe cuánto tiempo después de que Tetra se fuera; cuando se le cansaron las piernas, fue y se sentó en un rincón de su cama. Allí permaneció inmóvil por otro montón de tiempo más, con la mente en blanco y la mirada perdida.

Perdido entre infinitos minutos de silencio y soledad, Sheik se dio el lujo de reflexionar.

No se sentía orgulloso de lo que había hecho: había lastimado a Tetra terriblemente con sus palabras. Lo que le dijo no era mentira: Sheik creía firmemente que una parte de él se había perdido para siempre hace mucho tiempo. Lo que aún quedaba hacía su mejor esfuerzo para no colapsar, por el bien de ella, y por varios años lo había logrado con éxito; es más, se había convencido de que ese Sheik incompleto era suficiente para avanzar por un nuevo camino y hacerlo bien.

Si podas las ramas de un árbol, nacerán nuevas ramas en otra dirección.

Su nuevo camino era formar y mantener una familia con Tetra: criarla, educarla, protegerla, guiarla… quererla. Sheik siempre había querido a Tetra y con seguridad podía afirmar que siempre la querría. Estaba dispuesto a hacer lo que sea por su bienestar, enfrentarse a cualquiera. Tan envalentonado se sentía por su buen trabajo hasta entonces, que se dejó llevar por un momento y dio un paso en falso.

Si no enderezas una rama cuando es joven, se torcerá en dirección al sol.

Daphnes era un hombre ilustre e inteligente, respetado y reconocido en su comunidad; pero también era autoritario, distante, cínico, capaz de espantar a su propia hija con su carácter. Era lo opuesto a Sheik, y eso lo convertía en un reto muy tentador. Si Sheik tenía éxito, Tetra podría ganarse el amor que le correspondía y los tres recuperarían un pedacito de lo que habían perdido. Sheik, en su afán de hacer algo bueno por su sobrina, sin querer abrió la puerta a un lobo que él mismo disfrazó de oveja.

Si una rama está torcida y es imposible corregirla, la cortas para que otra salga.

Había extraído a Tetra del peligro, aunque no sin consecuencias: demasiadas personas quedaron envueltas en la red de Daphnes, en su plan maniático que buscaba un sacrificio supuestamente pequeño por un bien mayor que nadie podía ver. Ahora tenía que ser cauteloso o le entregaría a Tetra en bandeja de plata. La jugada de Sheik le daría una victoria amarga pero efectiva, siempre y cuando no diera más pasos en falso.

Cuando todo el árbol crece mal, debes cortarlo o arrancarlo de raíz.

Su última opción era dañar lo que había construido durante años con tanto amor; no sólo se enfrentaba a un enemigo difícil, sino que su sobrina lo empujaba en la misma dirección. Sheik tomó la difícil decisión de imponerse con un ultimátum. La discusión lo había lastimado, por múltiples razones, y en su estado lamentable había soltado sobre Tetra un peso que ella no merecía cargar. Sheik no sabía si sus razones para hacer esto último eran del todo nobles.

Una parte de él quería creer que su disposición por proteger a Tetra lo habían empujado sin querer a depositar sus inseguridades en ella, pero otra parte de él no podía descartar un cierto egoísmo que…

Toc-toc-toc, el sonido de alguien llamando a su puerta lo interrumpió.

Sheik se levantó sin pensar y abrió la puerta lentamente. Senza estaba al otro lado con el rostro serio y algo cansado.

—Hola. ¿Puedo pasar?

—¿Necesitas algo?

—Seré franco, Nudge me pidió que hiciera control de daños.

—Ah, debí imaginármelo de él —comentó Sheik mientras cerraba la puerta.

Senza apoyó su brazo sobre el marco de la puerta y se inclinó amenazadoramente sobre Sheik.

—Un momento, compa. Si no quieres que entre entonces hablamos aquí, pero no me voy a ir hasta que aclaremos algunas cosas.

—Senza, te recuerdo que esta es mi casa. Además, no me asustas.

—Pues deberías tenerme algo de miedo: lo que tengas que decir sobre tu pelea con la Capitana determinará si seguimos siendo amigos o no.

—No somos amigos.

—¿Ah no?

—No.

—¡Bien! ¡Eso sólo lo hace más fácil si te tengo que partir la nariz!

—¿Me amenazas en mi hogar?

—No es muy bonito cuando alguien más grande que tú no escucha razones, ¿a que no, cabeza de choclo?

Sheik, desconcertado, parpadeó un par de veces. Senza rápidamente cambió de expresión y se cruzó de brazos, expectante: su nueva postura indicaba que la previa actitud de buscapleitos fue mera actuación.

—Intentémoslo otra vez. ¿Puedo pasar?

Ya fuera por impulso o curiosidad por lo que tenía que decir, Sheik se apartó del camino y lo dejó entrar.

Senza cerró la puerta tras de sí y aceptó la silenciosa invitación de una silla que descansaba cerca; la acercó a la cama, donde se sentó Sheik, y se posó con el respaldo de la silla hacia adelante. Senza cruzó los brazos sobre el respaldo y apoyó su barbilla allí.

—¿Ya estás cómodo? —dijo Sheik con cierto aire sarcástico.

—Uf, sí. Comodísimo, gracias.

—Bien. Entonces, ¿te importaría explicar el pequeño teatro que armaste hace un minuto?

—Ah, creí que era obvio. Vine a hacer control de daños, eso dije ¿o no?

—No, esa parte la entendí. Todo eso de hacerte el prepotente para ponerme en los zapatos de Tetra…

—Vaya, así que por eso está tan mal.

Nuevamente, Sheik parpadeó con incredulidad.

—Pero… ¿Es que no sabías nada?

—Por favor, Nudge es el único que le sacaría una explicación a esa niña tan terca —dijo primero con tono burlón, luego continuó con voz más seria—: no sé nada sobre la pelea, pero me imaginé lo que la afectó. También sabía que no me lo dirías fácilmente, así que hice algo de trampa. Disculpas de antemano por las amenazas, pero gracias por confirmar mis sospechas.

Por tercera vez consecutiva en ese día, Sheik fue tomado por sorpresa.

—Debo admitirlo Senza, eres genuinamente más inteligente de lo que pareces.

—Existen libros buenos con portadas feas… —Sensa se encogió de hombros—. Harías bien en recordar que a veces es a propósito.

Era una advertencia más que válida y una lección importante. Subestimar a Daphnes había sido un error garrafal; Senza por lo menos tenía la extraña decencia de manipularlo para bien y avisarle abiertamente al respecto. Sheik no pudo evitar sentirse un poco irritado por el descaro del hombre frente a él, pero tenía que dejar su orgullo a un lado y reconocer que Senza no era un enemigo; la ayuda que ofrecía era genuina.

—Bien, quieres que colabore, entiendo —suspiró Sheik, como si aceptara su derrota—. ¿Qué quieres saber?

—Me vendría bien el contexto, ¿qué pasó?

Sheik comenzó a recapitular lo sucedido, al principio sin mucha atención, como un autómata recitando un texto prescrito y ensayado. Sin embargo, a medida que avanzaba se le hizo cada vez más difícil divorciarse de su propio relato: las emociones que había sentido en el momento volvieron a atacarle, y cuando por fin alcanzó el final, Sheik apenas podía hablar sin que se le formara un nudo en la garganta.

—Hylia bendita… —exclamó Sheik mientras enterraba su cabeza entre sus manos—. Esto sólo me hace sentir peor… ¿En qué se supone que me ayuda todo esto?

—¿A qué te refieres? —preguntó Senza, hablando por primera vez desde que se sentó a escuchar.

—No soy mejor persona por hablar contigo. Lo que le dije a Tetra no puede borrarse. Tampoco… tampoco lo demás. Es un asco.

—Te refieres a lo de su madre.

—¡Sí! ¡Por el amor de Nayru, sí! ¿En qué estaba pensando?

—No creo que estuvieras pensando mucho que digamos.

—No estoy del todo seguro de que sea así…

Las palabras de Sheik dejaron un mensaje implícito flotando en el aire. Senza reflexionó un poco antes de responder.

—Creo que entiendo a lo que te refieres; puede que te dejaras llevar y le dijiste a Tetra, de la manera más hiriente posible, que los dos están a medias sin su mamá. La discusión ya había terminado, pero te sentías tan herido que una parte de ti quería que ella se sintiera igual de mal.

Sheik asintió en silencio; con cuidado, Senza se levantó de la silla, la reacomodó y se sentó derecho, aunque volvió a cruzarse de brazos.

—Bien, aquí mi honesta opinión: manejaste esto de la patada en todos los sentidos. Sin embargo… ¿quién puede culparte?

—¿Perdón?

—Pues eso. No fue tu mejor momento ni de lejos y es importante que lo reconozcas, pero te estás menospreciando bastante en esta situación.

Sheik se masajeó las sienes para aliviar el persistente dolor de cabeza que comenzaba a sentir. Podía entender a medias lo que Senza le estaba diciendo, aunque no terminaba de hacerlo.

—¿Crees que hice bien? —preguntó.

—No, hombre, no. Digo que la Capitana rara vez cambia de opinión cuando algo se le mete en la cabeza. Puede que no estés acostumbrado a ser, digamos, absolutista con ella, pero era un mal necesario. Reaccionaste al momento y pusiste su seguridad primero, que es lo lógico.

—¿Pero?

—Pero también es cierto que debiste analizar la situación con calma antes decidir qué hacer, pensar con la cabeza fría. Todavía puedes hacerlo, rumiar un poco el asunto a ver si se te ocurre algo mejor que sacarla del evento si Ganondorf falla.

—No creo que encuentre una mejor opción, pero…

—Todavía faltan cartas en esa mano, Sheik. Veamos qué sucede primero con lo que está fuera de tu alcance, estás a tiempo de ajustar eso. A mí me preocupa más la parte donde cambiaste de tema a tus problemas de amor propio o lo que sea.

—… Problemas de amor propio —repitió con voz seca.

—Ah no, tienes razón, eres un sociópata que disfruta recordándole a niñitas que son huérfanas. ¡Quiérete un poquito, compa! ¡Mírate, estás deshecho!

Casi como un encantamiento, en ese instante Sheik pudo percibir todo el peso del estrés emocional al que se había sometido. Súbitamente estaba muy cansado, como si hubiera terminado una maratón de varios días. En cierto modo era así: llevaba demasiado tiempo sintiéndose culpable como para contemplar si tenía un ápice de razón. Se había empeñado en autoevaluarse en blanco y negro, pero ahora gracias a Senza podía ver los matices; eso le permitió un módico respiro y así el agotamiento lo alcanzó finalmente.

—Siempre has hecho un gran trabajo con Tetra —continuó Senza con un tono más gentil—. Si sirve de algo, los chicos y yo te admiramos; eres un excelente tutor, aunque no lo sientas así siempre.

—No sé qué tanto merezco esa admiración. Últimamente meto mucho la pata.

—No te hagas mala vida con eso. Eres parte del equipo, y en este equipo se vale meter la pata siempre y cuando aprendas y lo arregles después. Te ayudaremos en el camino.

Senza se levantó de la silla y volvió a colocarla donde la había encontrado; luego se dirigió a la puerta. Una tímida sonrisa se asomó en el rostro cansado de Sheik.

—Senza.

—¿Sí?

—Gracias. Por el control de daños.

Con una sonrisa de oreja a oreja y una expresión de alivio, Senza asintió y finalmente salió de la habitación de Sheik, cerrando la puerta tras de sí.

Apenas se marchó su invitado, Sheik se desplomó sobre su cama, exhausto como pocas veces se había sentido, aunque dispuesto a enmendar los errores que había cometido apenas tuviera la oportunidad de hacerlo.

por el momento, sin embargo, estaba demasiado agotado. Poco a poco se dejó arrastrar por la comodidad, el cansancio y el silencio tan pacífico que lo rodeaba e invadía: su cuerpo le pedía encarecidamente una siesta. Cerró los ojos y se dejó llevar, lentamente, hacia la inconsciencia del sueño.

Súbitamente, sonó el teléfono.


— O —

Bip, bip, bip. ¡Qué sonido más irritante y repetitivo atormentaba su oreja izquierda!

Link permaneció de pie en la oficina de Ganondorf, que había cedido finalmente a prestarle el teléfono; el niño no tenía ninguna experiencia con el aparato, aunque siempre le había parecido un concepto mágico. Ahora mismo lo encontraba más molesto que otra cosa, pero estaba dispuesto a soportarlo, o de eso quería convencerse: su cuerpo se rehusaba a quedarse quieto y su pie derecho zapateaba rápidamente con un constante tap-tap-tap, producto de la ansiedad que sentía. Mientras tanto, el tono de espera lo acompañaba desde el auricular que sostenía junto a su oreja izquierda.

Bip, bip, bip. Tap-tap-tap.

Bip, bip, bip. Tap-tap-tap.

Bip, bip, bip. Tap-tap-tap.

Click.

—¿Aló? —preguntó la voz de Tetra, súbitamente presente en la oreja izquierda de Link.

—¡Ah! ¡Contestó! ¿Qué hago?

—Sólo habla por el transmisor —respondió Ganondorf mientras extendía el meñique y el pulgar de su mano, luego la acercó a su cara para imitar un teléfono; con su otra mano señaló el meñique extendido.

—¿No tengo que pisar ningún botón?

—Es un teléfono, no una radio.

Link asintió enérgicamente y tomó aire.

—¡HOLA TETRA, HABLA LINK! ¿ME OYES?

Ganondorf le atinó en la nariz con la tapa de un bolígrafo y le hizo señas para que no gritara.

—¿Link? ¿En serio eres tú? —la voz de Tetra volvió a sonar en su oreja izquierda.

—¡El que viste y calza! ¿Me oyes bien?

—Sí, te escucho fuerte y claro —se rió con alegría—. ¿Cómo…?

—El Gobernador me está dejando usar su teléfono por ahora. No creo que me deje hacerlo muy seguido, pero algo es algo.

—¿De verdad Ganondorf hizo eso? Dale gracias de mi parte.

Link volvió a ver a Ganondorf y señaló al teléfono mientras sonreía.

—Tetra dice gracias.

El hombre Gerudo, que hasta entonces había mantenido una cara de pocos amigos, suavizó un poco su mirada y asintió como respuesta. Link aceptó el gesto como válido y volvió a concentrar su atención en la llamada.

—¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien? ¡A que sí extrañabas hablar conmigo! ¡Es la primera vez que uso un teléfono, pero me emociona más que eres mi primera llamada!

—Estoy bien, un poco cansada… y con hambre. Todavía no he comido pero estoy en eso: tenemos un teléfono en la cocina —hizo una pequeña pausa para reírse un poco—. Me alegra oírte otra vez. Me hiciste falta.

—Tú también me hiciste falta un mundo, ni te imaginas. Si pudiera, te llamaría todos los días.

La mirada fulminante de Ganondorf regresó más fuerte que nunca para decirle que NO sería posible utilizar su teléfono para semejante cosa. Al fin y al cabo, la factura del servicio no se pagaba sola.

—Ni lo intentes, soy una chica muy ocupada: con lo parlanchín que eres me tendrías horas al teléfono y no tengo tiempo que perder.

—¿Sigues entrenando para la competencia, verdad?

—¿Qué, dudas de mí?

—Nunca. No después de todo lo que has hecho por mí. Por eso necesitaba llamarte, es sobre el viejo Daphnes.

—Ah, eso… Ganondorf nos avisó hace un rato…

—Oh. Bueno, me habían dicho que informó a Sheik pero no sabía que tu sabías. ¿Se entiende?

—Sí, tranquilo.

—Entonces… ¿qué piensan hacer?

Brevemente, Tetra le explicó lo sucedido; no le dijo más que lo necesario para entender la postura de ambos ante el problema, así que Link asumió que cierta parte de la discusión había sido más privada. Podía respetar que Tetra no quisiera contarle cada detalle, al fin y al cabo ella tenía derecho a mantener sus asuntos personales como eso, personales. También estaba la decisión de Sheik, que era más o menos la esperada por Link, y entendía por qué el querido tío de su amiga estaba dispuesto a protegerla por encima de todo, incluyéndolo a él; no podía considerarlo una traición realmente, ya que él tampoco estaría cómodo si alguien tuviera que arriesgarse contra Daphnes por él.

—De verdad lo siento mucho, Link, pero no te preocupes —la voz de Tetra estaba llena de determinación—. No dejaré que quede así: pienso volver a intentarlo hasta que cambie de opinión.

—Genial, creo que sé cómo conseguirlo.

—¿De qué hablas?

—¿Aló? —una tercera persona, nada menos que Sheik, interrumpió la conversación.

—¿Señor Sheik?

—¡¿Tío?!

—¿Tetra? ¿Link? ¿Pero qué…?

—Estoy usando el teléfono de la cocina —respondió la niña.

—Y yo el del Gobernador —aclaró Link.

—Ya veo… Estaba medio dormido cuando sonó el teléfono, parece que llego un poco tarde a esta conversación. Creo que mejor me voy.

—¡No, esperen! ¿Los dos pueden oírme?

—Pues sí, nuestros teléfonos comparten la misma línea.

Link asintió como si entendiera de lo que le estaban hablando; Ganondorf, que seguía observándolo detenidamente, le hizo señas otra vez para indicarle que no podían verlo por el teléfono.

—Bien, entiendo —mintió Link, desvergonzado—. Es importante porque necesito que los dos me escuchen. Señor Sheik, Tetra me habló de su decisión sobre lo de Daphnes. Quiero que sepa que lo entiendo, pero todos sabemos que el Gobernador no podrá convencer a Outset.

Otra vez Ganondorf le dirigió una mirada fulminante; el isleño decidió darse la vuelta y alejarse un poco del escritorio del Gobernador, con cuidado de que el cable del teléfono no se tensara mucho y el resto del aparato terminase en el suelo. La distancia no era mucha, pero de esta manera estaba más o menos seguro de que Ganondorf no le aventaría más cosas si no quería que su preciado teléfono se cayera y se rompiera.

—Iré yo mismo a Outset para arreglar las cosas.

—¡Tienes que estar bromeando! —exclamó Tetra con incredulidad—. ¿Qué se supone que vas a hacer?

—Tetra tiene razón, con tu destierro en efecto y con Daphnes de enemigo, no se me ocurre qué podrías lograr.

—Averiguaré los planes del señor Daphnes, si los tiene. También hablaré con quien me escuche: sé que me quedan aliados en casa, gracias a ellos pude pagar los arreglos del Mascarón Rojo. No estoy tan solo como creíamos y ustedes tampoco, así que de alguna manera, todo lo que se me ocurra que pueda ayudarlos, lo haré.

—Link… —Sheik hizo una pausa—. ¿Estás seguro de esto?

—No tenemos nada que perder. Si descubro que Tetra está en riesgo, esperaremos hasta que sea seguro.

Tetra se lamentó. —Esto apesta. No es justo que tengas que sacrificarte por mí, Link. Se siente como dejar ganar al viejo…

—Jamás ganará si no lo dejamos lastimar a nadie más —aseguró Link—, incluso si no compites este año contra el Gobernador, o si nunca vuelvo a mi vida normal en Outset. Porque mientras seamos los buenos y él sea el malo, siempre ganaremos, cada vez que le impidamos dañar a otros. Hacer lo correcto es ganar, eso es lo que creo.

Hubo silencio absoluto, tanto en la oficina como en el teléfono. Al parecer, sus palabras habían dejado una buena impresión, o por lo menos estaban considerando su plan. Link esperaba que fueran suficientes para convencerlos: después de tanto tiempo inactivo, de tanto esfuerzo y dedicación por parte de sus amigos y familia, estaba más que listo para poner de su parte y volver a la acción. Quería ayudar como podía, en todo lo que podía, y devolver así el favor que había recibido de todos ellos; cualquier cosa que pudiera hacer para minimizar los riesgos que los demás tomarían por él, definitivamente tenía que intentarlo.

—Creo en ti, Link —la voz de Tetra sonó en la oreja izquierda de Link, sincera y gentil, incluso con la ligera distorsión estática del auricular telefónico.

Sheik fue el siguiente en confirmar su posición. —Yo también. Eres un buen chico Link, cuento contigo.

Incluso Ganondorf lo miraba con aprobación en esos momentos, con sus orgullosos ojos dorados llenos de una amabilidad poco característica de él.

—Gracias a todos por su confianza, no les fallaré. ¡Ah! Una cosa más antes de irme… ¿Tetra?

—¿Sí?

—Nos veremos pronto. Estoy seguro. Sólo espera.

Click.

Link apoyó el teléfono sobre el interruptor del aparato y colgó la llamada. Si dependiera de él, se habría extendido por horas en la conversación, pero no habría sido muy justo con Ganondorf. Ya tendría la ocasión de hablar con Tetra, cara a cara, y con sus demás amigos también; había esperado hasta ahora, así que podía hacerlo un poco más. Sabía que cada minuto que él estuviera en la oficina era tiempo perdido para el hombre que había accedido a ayudarlo, así que por respeto al funcionario, no abusaría de su confianza más de lo que ya lo había hecho. Miró a Ganondorf y le sonrió con genuino agradecimiento.

—Gracias por dejarme llamar.

El hombre Gerudo suspiró con resignación, pero al menos ya no estaba molesto.

—De nada, solamente no te acostumbres mucho a esta clase de favores.

El isleño asintió, saludó con una mano y salió de la oficina con aire triunfante, aunque retrocedió rápidamente para cerrar la puerta tras de sí antes de que se le olvidara. Haría bien en no molestar más a Ganondorf por un tiempo para compensarle su ayuda; decidió que se portaría mejor con él en el futuro y así, con suerte, quizás algún día podrían llamarse amigos y no simplemente aliados con un enemigo en común.

Fuera de la oficina y cruzando el corto pasillo, estaba la recepción donde lo esperaban Linebeck y Jolene, evidentemente preocupados por él, tanto que apenas lo vieron se levantaron de sus sillas de un salto.

—¡Rayos, truenos y centellas! ¡Grumete, que susto nos diste, no vuelvas a correr así!

—¿Lograste hablar con Ganondorf? ¿Qué hiciste exactamente?

Link miró a ambos con gran felicidad, inmune a la consternación de los dos marineros. Respiró hondo, alzó los brazos en señal de victoria y con un legendario salto declaró:

—¡Volveremos a casa!

Fin del Capítulo


Nota de NK:

Originalmente este capítulo era un monstruo de casi veinte páginas, pero opté por dividirlo: los capítulos de reconciliación suelen hacerse muy largos de escribir y de leer. Algunas cosas se pueden solucionar rápido, pero otras no, y el conflicto que Sheik y Tetra plantearon no tiene cura instantánea: los cimientos están allí, ambos son más que capaces y están dispuestos a perdonar, pero esa conversación debería ocurrir en otras condiciones. También entiendo si la parte de Link se sintió un poco corta, pero todo lo que se tenía que decir, se dijo: puede que solo haya sido lo estrictamente necesario, pero también habrá un lugar y un momento para todas estas largas conversaciones que tanto esperamos. Cuando lleguen, espero que estén a la altura de todas las expectativas, nada más.

Me divertí una bomba escribiendo a Nudge y Senza, espero poder explorar mejor la relación del equipo de natación y su Capitana en el futuro porque los extrañaba. Hoy se ganaron el pan como parte del elenco secundario y me dejaron con ganas de más; me esforzaré para aprovechar mejor a mis personajes de ahora en adelante.

¡Nos leemos!

(Si bien el año 2020 ha resultado sorpresivamente terrible hasta el momento, mantenemos el ánimo y las esperanzas. Anunciamos también el inicio de la primera reedición de "Sólo Eres Humano", que consistirá en reformatear los viejos capítulos del 1 al 10, principalmente se trata de eliminar los diálogos en negrita; aunque se incluirán también pequeños cambios de tono, la trama permanecerá igual. Siéntanse libres de releer por si acaso, pero no es estrictamente necesario).