CREANDO LAZOS
-¡Rin!.-Gritaron al unísono los dos demonios y la humana al ver salir al Daiyoukai y ver al fondo del salón una solitaria chica que permanecía en el suelo quieta como una hoja, mientras se agolpaban tratando de llegar a la puerta, puesto que un mar de demonios salían extrañados por lo que había pasado tras aquellas puertas, aunque en el aire, estaba también un suspiro de alivio; Irasue, al fin se había marchado.
Muchos pensaron en darle las gracias a Rin, sin embargo la salida desprovista de buen genio del amo los hizo descartar esa idea a la gran mayoría y comenzaron a apartarse a otros deberes.
A su encuentro llego Kagome.
-Rin, ¿te encuentras bien? ¿Qué ha pasado?.-Le dijo, sin embargo la niña no respondió, seguía mirando al suelo como si fuese lo único que había en aquél lugar, giró su cabeza para encontrarse con los ojos marrones que preocupados insistían en que le diera una respuesta.
-Estoy bien, no te preocupes, al fin Irasue se ha marchado del palacio me ha dicho que el entrenamiento terminó.-Fingió una sonrisa mientras se levantaba, y los demonios y la sacerdotisa sonrieron con la noticia.
-Increíble lo que ha pasado, yo me encontraba en los jardines y en un segundo perdí el conocimiento, al abrir de nuevo mis ojos estaba frente a las puertas del gran salón con una multitud de demonios.-Explicó Oyuki entusiasmada, sin embargo la pequeña parecía que no escuchaba los comentarios de la kitsune y solo le limitó a observarle.
-Espero te sientas bien, ¿quieres comer algo? Sé que acabas de terminar tu desayuno sin embargo me preocupa que este último entrenamiento como los demás, con algún desmayo de parte tuya.-Añadió Ryuji.
-No se preocupen, solo tengo sueño, prefiero descansar si no les molesta.-Dijo, aunque su voz tratase de acoplarse al ánimo de ellos, no podía evitar dejar salir sus expresiones impregnadas de confusión.
Salieron los cuatro del salón, y aunque iban animados, Rin era la única que no decía más de dos palabras.
Llegó el atardecer, el sol comenzó a esconderse tras las nubes dejando en ellas tonos rosados y anaranjados, el ambiente le recordaba al otoño, tan melancólico. La chica se encontraba a las afueras del establo junto con Ah-Un, sentada sobre el césped se quedó mirando taciturna el cielo, las estrellas que comenzaban a hacer acto de presencia luminosa, el aroma del aire cálido representativo del verano. Tragó saliva recordando escenas de lo que había acontecido hacía unas horas...
Solo recordaba la suavidad de los cabellos de su amo entre sus dedos, viéndole dormitar en sus piernas como niño que cae rendido tras una tarde de juegos. La imagen le parecía bastante tierna, pero la sonrisa que salió de su rostro se disipó cuando se encontró con la mirada de desprecio del demonio que antes de decir palabra, se alejaba de ella sin prestarle atención. Aquella reacción la había dejado muy desconcertada debido a que ella esperaba algo más, si bien el amo la había halagado más de una vez sobre sus habilidades y esta vez, parecía que le daba repugnancia el ver a Rin.
Sus pensamientos la agobiaban y puso su mano sobre su obi, sintió algo duro y lo sacó; se trataba de su flauta. La miró con felicidad, y la clara imagen de la aldea se presente en su mente, aquellos momentos su corazón se sentía herido sin saber por qué razón exactamente, la reacción de su amo no era la acostumbrada y eso la dejaba bastante pensativa. Quiso interpretar algo mas en el instrumento, sin embargo antes de tocar sus labios con él, se detuvo pensando que tal vez alguien específico en el palacio la alcanzaría a escuchar y le molestaría, así que solo se alejo de ella y la miro de soslayo antes de dejarla a un lado de ella como si fuese algo sin importancia.
-¿Qué tiene la flauta que de repente te ha hecho poner una cara de desagrado?
La voz exaltó a Rin que enseguida se incorporó para ver de quien se trataba.
-Eres tu Kagome-nee-chan. No, no es eso, es solo que...
No terminó la frase y su mirada volvió a hundirse en el verde del césped.
-¿Puedo acompañarte?.-Le preguntó la chica a lo cuál Rin asintió y se apartó un poco para dejarle el espacio libre a la meiko. Guardaron silencio por un rato, era agradable, aunque algo extraño en la situación de la más joven, de soslayo miraba el rostro de su compañera y esperaba que comenzará ella una plática pero no sucedió, y antes de poder decir una palabra cambió la situación...
-Estoy muy orgullosa de tí, Rin.-Dijo calmadamente.
La mencionada se sonrojo.
-Gracias, mucho te lo debo a ti, el apoyo que me has dado todo este tiempo ha sido más que importante para mí. En parte no lo hubiera logrado sin ti.
Kagome le respondió con una sonrisa y después de un segundo habló.
-Dime, ¿ha pasado algo entre Sesshomaru y tú?
Esa fue una pregunta directa y la mirada de la pequeña se entristeció un poco, antes de hablar dobló sus rodillas y puso su manos sobre ellas.
-Siento que he lastimado a mi señor, no sé como, pero al terminar aquello, me miro como si lo hubiese logrado ver algo que el no quería, siento que le he lastimado de una forma que no es perdonable para mí o tal vez para nadie. ¡Rayos! Y yo imaginaba que me estaba iendo mejor mi relación con él.
Mientras ella hablaba Kagome le miraba con una sonrisa de medio lado, y al terminar volvió su vista al atardecer.
-Se podría decir que si le has lastimado.
A pesar de lo que Rin decía, esa no era la respuesta que ella quería aunque sabía que su mente la aceptaba. Bufó cansada y cerró sus ojos en ademán de querer dormir.
-Sabes, en mi mundo, una vez, leí un libro llamado "El Principito" no fue de gran interés sobre mi, sin embargo me enseño algo muy importante; "Jamás juzgar las apariencias y aprender a ver con el corazón, puesto que las cosas más importantes solo se ven con el corazón" Un capítulo mostraba la situación de que el principito llegaba a un prado, y en él se encontraba con un pequeño zorro, a él le pareció muy lindo, sin embargo el zorro no le permitió acercarse más a él.
Rin comenzó a prestar más atención al relato de su amiga y abrió de nueva cuenta sus ojos.
-El zorro solo le dijo: "No puedo tener nada contigo, puesto que no estoy domesticando" El pequeño no entendía a que se refería y el zorrito le explicó que se trataba de "crear lazos" cada día el principito se sentaba cerca de él y conforme los días transcurrían el pequeño se sentaba cada vez más cerca de él zorrito hasta que un día pudo estar con el perfectamente.
La niña no entendía del todo a que se refería y tras una larga pausa la sacerdotisa continuó.
-Pongamos a Sesshomaru como el zorrito, y a ti como el Principito, poco a poco desde que eras niña, fuiste acercándote a él, en el cuento la naturaleza de ambos era lo que lo hacían no poder acercarse tan pronto, en tu caso fue el orgullo del demonio, al pasar lo que paso, fue como si tu no hubieras esperado y te acercaste de bulto a él, no a él físicamente, sino a su interior, el estaba creando "Lazos" contigo, sin embargo, hablamos de Sesshomaru, no es alguien del que se pueda hablar con facilidad y así como no podemos hacerlo, sus sentimientos son todavía mas extraños de entender, tu has sido la única que se ha acercado a él sin medida, pero lo que paso fue un paso demasiado grande para el desarrollo que llevaban.
-¿Se podría decir que he invadido su espacio íntimo?.-Añadió Rin.
-Así es...
Aquello le hizo sentir peor y suspiro sin saber que pensar o que decir a continuación, aquella revelación era algo confusa todavía.
-No te preocupes, tal vez esté algo irritado debido a que su orgullo lo ha de haber resentido mucho en aquél momento, estoy segura que el no te guarda rencor en ningún sentido, solo que tal vez no supo como reaccionar en ese momento y su ferocidad salió antes que una frustración.
Kagome poso su mano en la rodilla de ella y Rin se giró a verla.
-Ánimo, pequeña. Solo tienes que acercarte a él y hacerle ver que no es lo que parece.
Eso parecía fácil de decir, pero no de hacer. Sin embargo las palabras de la chica la hicieron sentirse muchísimo mejor.
-Mañana por el mediodía regresaré al Sengoku, mi pequeño ha de estar extrañándome mucho y mi perro idiota preocupado por mi y por ti también.
El último comentario hizo hacer reír al par de chicas y sus miradas se encontraron para sonreírse.
-Regresaré al palacio, estoy segura que aún deseas estar sola con tus pensamientos, así que te dejo, estaré con Oyuki por si necesitas algo.-La meiko se levantó y dedicándole una última mirada a la joven, se marchó.
Pasaron un par de horas y Rin aún permanecía frente a ya el anochecer, un bostezo de Ah-Un la sacó de su mente.
-Supongo que ya es hora de dormir para ti, ¿cierto?.-Le dijo tiernamente mientras acariciaba su lomo, condujo a la bestia a su establo y observó como se acomodaba para dormir, salió sin hacer ruido y volvió al sitio donde estaba, ahora contemplaba la luna que se asomaba muy por lo bajo de las nubes. Suspiró, cerro sus ojos y con un poco de trabajo, dos extremidades salieron de su espalda de color azul.
Levantó el vuelo a casi metros del suelo y viéndose tan cercana a esté decidió elevarse más del piso, su mirada se fijo hacía el cielo y agitó sus alas que la llevaron cada vez más alto, tras pasar unas densas nubes, sintió algo que la observaba, una calma la lleno y su cuerpo parecía simplemente destellar sonando con un canto al tocar el viento, se giró para ver la presencia de la luna que la observaba muda en vuelo, Rin parecía hipnotizada y permaneció allí por más de una hora, el cansancio de hacía tiempo ya no le importaba y regresando a lo que estaba haciendo siguió volando, esta vez paso por lo que era el tercer piso del palacio, cortando la esquina de este se topo con el balcón del gran salón, se detuvo unos instantes.
Imágenes bastante agradables vinieron a su mente, aquél momento en el que una acción valía más que miles de palabras, un beso en su boca fue lo que le bastó y dejó llevar por el aroma del demonio. Los recuerdos la hicieron detenerse en ese lugar sobrevolar por encima de él, pensaba en que estaría haciendo su señor, tal vez el pensamiento era algo absurdo debido a la cercanía en cuanto a habitaciones, pero debido a lo que había ocurrido se sentía incapaz de irle a ver o esperar verlo por el palacio.
Bufó cansada y olvidando los melosos recuerdos se dispuso a seguir aleteando lejos de ahí, subió un poco más la altura para apreciar mejor la luna que a su lado parecía acompañarle en su nocturno viaje.
-Me hes increíble verte, no puedo evitar pensar en él cada que te veo.-Le decía como si el astro le fuese a responder, sonrió para sus adentros y de pronto una ráfaga de viento la hizo estremecer, comenzaba a caer el frío de la noche y pensó que sería mejor descansar antes de que contrajera un resfriado. Se giró para volver a ver el palacio frente a ella y tratar de localizar donde se encontraba su habitación, descendió un poco más.
-Rin
El llamado le estremeció aún sabiendo de quien provenía, sintió un escalofrió recorrer su cuerpo y giró su cabeza un poco, el amo le veía desde el pasillo de su habitación, Rin pudo ver que su rostro seguía inexpresivo.
-¿Qué estás haciendo?.-Preguntó y eso animo a la chica un poco.
-Amm pues... salí a dar un paseo nocturno, es bueno estar bajo la luz de la luna, dice que es relajante y yo... este...-Notó la frívola mirada del demonio
Tal vez aún siga molesto por lo sucedido, ¿por qué no puedo controlar está lengua?
Se regañó a si misma y no se pudo percatar que en casi un segundo el Daiyoukai flotaba a su misma altura y esto le impacto tanto que instintivamente aleteo un poco más fuerte. Una vez tranquila observó a su amo que traía un hakama azul marino bastante ligero, al parecer el amo tenía poco de haberse dispuesto a dormir. En aquél momento ella se giró hacía la luna y la siguió admirando, observó como su amo se movía y la estola que originalmente es su cola se extendió y el comenzó a levitar con gran delicadeza.
Era increíble que semejante criatura pudiera efectuar tan hermosos movimientos, no pudo evitarlo y le siguió de cerca en su vuelo, se alejaron un poco del palacio sin saber tal vez que dos pares de ojos, los de la kitsune y la meiko los observaban melosas.
¿Qué es está sensación dentro de mí? El volar a su lado... Es, tan reconfortante, el aire es como si cantará en mis oídos y el aroma de la noche me acurrucará en sus brazos, quisiera que esto continuara por siempre.
Lo miró, la mirada dorada de él seguía fija en el horizonte y ella al ver esto sonrió y siguió a su lado con gran calma.
Tal vez fue su corazón que cobro voluntad propia, tal vez los pensamientos de ella se hicieron acto y en medio del cielo nocturno, un par de alas azules revoloteaban al compas de los cabellos plateados que se mecían con la brisa, tal vez no se dio cuenta, cuando de repente su vuelo se acercó a él y Sesshomaru se detuvo un segundo, ahora se encontraban ahí, con la mirada fija, la luna resaltaba la luminosidad de los cabellos plateados y hacía brillar el aura de la niña. En un momento ambos desviaron su mirada hacía la luna y permanecieron quietos por un segundo, estaban tan cerca, tal vez sus cuerpos buscaban unirse, pero en aquél momento la magia reinaba en el aire.
Le observó por un momento más, y aunque este solo estaba suspendido en el aire con los ojos cerrados sintió algo en su corazón.
-Ammm ¿Lord Sesshomaru?
El mencionado no abrió los ojos, sin embargo encaró una ceja en señal de que prosiguiera.
-Lo que sucedió en la tarde...-Fue entonces cuando abrió sus ojos ambarinos y la miraron duramente.
-No estoy muy segura, pero al terminar, le noté algo molesto y pues yo...-Al parecer su valentía ya no daba para más y detuvo su declaración en ese momento.
El Daiyoukai no dijo palabra alguna sin embargo no espero otra respuesta más proveniente de la chica.
-Deberías estar satisfecha de que lograste bastante en estos días, ¿no era lo que querías?.-Preguntó el, aunque no esperaba respuesta.
Rin se sintió un poco hostigada así que no respondió enseguida pero se armó de coraje.
-Bueno, lo que quería, siempre ha estado... frente de mí.
Eso fue suficiente para que el ambiente se llenara de un silencio, tal vez incómodo, tal vez solo sin importancia.
Ah! ¡¿Pero qué rayos me pasa?! Creo que los consejos de Kagome me hicieron imaginarme demás.
Miró hacía todos lados, casi como buscando refugio ante sus vergonzosas palabras, pero la voz del demonio la sacó de sus pensamientos de fuga.
-A dormir...-Y eso fue lo único que dijo y con aquellos gráciles movimientos regresó al palacio seguido por ella muy cerca de él. Al llegar al borde del palacio, ambos tocaron el suelo, la estola volvió a enredar el brazo de Sesshomaru y el par de alas azules se deshicieron en una pequeña estela de humo. Rin se lamentaba que tenía que decir "Buenas noches" y despedirse, y cuando decidió comenzar a caminar en sentido contrario a su señor, esté habló.
-Rin...
¿Por qué tenía que tener esa voz tan prominente? Era a veces de monosílabas pero era a veces la seriedad de las palabras eran algo extrañas. La mencionada se giró y pudo ver a su señor con la puerta abierta de su habitación, pero el no entró, sino más bien, parecía esperar. ¿Era eso? Un sonrojo asaltó su rostro y su corazón latió desbocadamente. Tragó saliva antes de poder dar un paso y ante la mirada de su señor, entró a la habitación de esté, seguía igualmente ordenada que siempre. Solo escuchó el cerrar de la puerta.
-Duérmete...
Sus palabras sonaron más que quedas, no tan frías como las de siempre, y esto extraño a la humana, no sabía que hacer, la situación era clara. Esta noche... dormiría con él, junto al hombre que amaba, y aún incapaz de reconocerlo no se movió. Pero el demonio que había caminado hacía su tufón le miró de soslayo.
La mirada decía: "A dormir, ¡ahora!" y eso lo sabía muy bien ella, así que se estremeció por un momento y a un paso lento se acercó al lecho de él. Esté le dio la espalda y vio solo como el makai volvía su vista hacía la ventana donde se colaba por entre la delgada cortina los rayos del astro pálido. Le pareció ajena la situación a lo que ella imaginaba, sin embargo se entregó una vez más a sus simples actos, sin pensar.
Se quitó el obi de su kimono y lo acomodo en una silla junto a su lugar de estadía, no estaba segura de lo que hacía y no sabía si quitarse por completo el kimono. Abajo solo quedaría la prenda de seda blanca semitransparente, apenada no sabía que hacer, su rostro se encendió y se imagino estallando en ese momento. Cuando se creía a desmayar, el movimiento lento de su señor la distrajo, el camino hacía donde estaba ella y se posó a su lado.
-Si no sientes cómoda, puedes irte a tu habitación.-Dijo detrás de ella.
Sintió un escalofrio al sentir la mirada de él, y se regañó mentalmente.
¡TONTA! ¿No era ese tu momento más soñado? No lo pierdas, no te permitas perderlo. Solo son tu y él.
Suspiró algo asustada y deseó estar haciendo lo mejor, no tenía que sentirse como una extraña, ¡cuantas veces no durmió a lado de su amo! aunque claro en esos momentos ella era una pequeña desconociendo el pudor de dormir a lado de un hombre. Ahora experimentaba aquello que no conocía.
Recuerda a lo que accediste. Tu misma lo dijiste; lo que siempre querías, estaba frente a ti, y el te escogió... Rin, tienes en tus manos el corazón más gélido del mundo, que ahora a comenzado a latir con un solo significado; tú.
Se sonrojó y en un instante, se quitó el resto del kimono. Al sentir un escalofrió solo se sentó en la orilla del futón. El se sentó frente a ella y buscó su mirada, su enrojecido rostro fue una imagen casi angelical para él y le miró por un momento más.
-S-sabe, estoy contenta...
Le miró por un segundo y volvió a bajar la mirada.
-Por fin, todo esto del entrenamiento a acabado y... estoy satisfecha completamente.-Cerró sus ojos repitiéndose mentalmente "Tranquilízate" Aunque todo intento fue en vano cuando sintió un lánguido dedo recorrer su mejilla, abrió sus ojos y sintió la mano de él sobre su rostro, ella le sonrió tontamente pues no atinaba a hacer otra cosa. Sus pensamientos y su mirada se dirigieron en ese momento a un par de colinas de nieve que se lucían en el rostro de él, sus labios parecía el más apetitoso platillo jamás visto por ella.
No guardó su cinismo y siguió mirándolo por un poco más, sin embargo su boca se entreabrió, miró los dorados ojos y por un momento su mente se desconecto totalmente, tomó la mano de él y la entrelazó con la de ella, la chica se adelantó y sin ningún movimiento por parte de él, se acercó a sus labios, podía sentir el calor que emanaba su respiración y el aroma del Daiyoukai fue lo más exquisito en ese momento. No importaba cuantas miradas frívolas o lo que sucedió en la tarde, en ese momento, ella solo una cosa de él.
Casi por instinto cerraron sus ojos y de nuevo el acto comenzó, sus bocas se encontraron en un beso que al principio era lento, poco a poco el demonio le fue respondiendo y disfrutando del sabor de los labios de ella su corazón latió en un ritmo diferente.
Rin...
En un segundo sus cuerpos estaban en el lecho, el arriba de él, se deleitaba eternamente de su boca, delicadamente los tomaba con sus dientes y alaba lo cual hacía soltar un suspiro a la mujer, no importaba cuantas veces lo hiciera, no dejaba de ser para él, lo más grandioso que se podía sentir en su tiempo de vida y en aquellos estados sentimentales 'inútiles' de los humanos, que ahora él pasaba por alto para solo dejarse llevar.
Su mano posada en sus cabellos se deslizó por su rostro, la blanquecina piel se estremecía con el tacto de el hombre, recorrió su cuello delineando sus clavículas y en un tacto más profundo, recorrió el medio de su cuerpo, sus ojos volvieron a encontrarse y aquella mano siguió su recorrido, esta vez fue abriendo poco a poco la delgada prenda de ella, y se detuvo en la tersa piel de su abdomen, se entretuvo en aquél momento y casi como si hubiera sido una necesidad su mano paso detrás de su cintura y se colocó en su espalda haciendo que la chica en un acto de sensación arqueó su espalda regalando al aire un gemido complaciente.
Sesshomaru se divirtió recorriendo lentamente la espina dorsal de la mujer que a cada centímetro sentía una descarga eléctrica, embriagado por la situación, bajo sus dedos a sus muslos y de estos a sus piernas que comenzó a recorrer una y otra vez, sorprendiéndose de lo suave que era la piel de ella. Creyéndose incapaz de detener, sintió los brazos de Rin en su cuello y el pequeño gesto fue para traerlo de nuevo a su boca, sus ojos dorado se cerraron y el baile se dio, sensación divina el probar la dulzura de los labios de la humana y deleitarse con la imagen de ella, extasiada de sensaciones que no sabía controlar.
-Eres mía, solo mía y de nadie más...
La besó una vez más y dispuesto a cumplir su más soñada fantasía, abrió la prenda de la mujer que comenzaba a temblar de la excitación de la situación. Las emociones, las sensaciones carnales se hacían más unidas y esperando que el momento fuese eterno fue abriéndose camino para tomar una posesión sagrada en la mujer; su virginidad. Pero esa no era la razón más importante. Sesshomaru jamás podrá dedicarle un "Te Amo" siendo incapaz su boca de reaccionar, su cuerpo le haría hacer ver a Rin, que efectivamente el corazón de hielo se derretía al escuchar el nombre de la pequeña, que poco a poco fue creciendo cautivando los ojos del demonio, no por su físico, sino que en armonía con su forma de ser y sus sentimientos, hacían de ella, la mujer más hermosa del mundo.
-ZzZz Room... ZzZz Room...
¡Ay no puede ser cierto!
Una venita saltó de la frente de Sesshomaru, su 'amada' mujer, al parecer fue vencida primero por el sueño que por el deseo de su cuerpo, y ahora solo permanecía dormida plácidamente sin saber que la pasión ahora se apagaba detrás de un rostro enojado de un Daiyoukai.
Bufó cansado, pero no podía hacer nada. Volvió a un lado de la humana, se sentó en el futón y en un segundo giró a ver a la chica, varios mechones caían por su rostro, la inocencia en su expresión denotaba la más grande paz.
-Sesshomaru...-Susurró y una expresión de asombro surcó los ojos del demonio. Pasaron los minutos...
El demonio miró la luna y tal vez cansado, se recostó a un lado de ella y posó su cabeza en el pecho de él, rodeo su cabeza con su brazo y solo permaneció así por toda la noche, no era necesario dormir, pero tampoco era molesto el estar tan cerca de ella, más de una vez la miraba y apartaba mechones de su frente para besarle la frente.
Sin el darse cuenta, una sonrisa inocente se asomó en el rostro de ella y aún dentro de sus sueños, no podía contener tanta felicidad. Así como sucedió aquella noche, ella deseó que se volviera a repetir, si no es por mucho pedir; por toda la eternidad...
