Justo cuando comenzaba a calmar las reacciones de su cuerpo, tras el té con Snape, le llegó un búho mensajero con una carta lacrada en el pico. Se desconcertó por la entrega de tal mensaje personal; porque regularmente recibía las cartas en el correo matutino. Sabiendo que no era una lechuza de Hogwarts y sin reconocer al dueño del mensaje por el animal específico, se dirigió primero por uno de los premios que guardaba para Ashley. Intercambió la carta por el ratón muerto y este salió volando de regreso a quien fuera su dueño.
No bien vio la caligrafía que escribía su nombre, suspiró como si quisiera captar el aroma del hombre, su corazón se aceleró y la mano que tomaba la carta tembló ligeramente, con anticipación.
Tragó fuerte mientras rompía el lacre y leyó un cordial agradecimiento por su compañía. Apenas terminando de leer las palabras escritas, Harry se encontró sentado a la mesa con pergamino, pluma y tinta; escribiendo una respuesta.
"Fue un placer y espero que se repita pronto…
Un segundo después arrugó ese pedazo de pergamino y lo lanzó a cualquier parte del piso.
Comenzó de nuevo.
"Snape,
"Fue un placer verlo y poder platicar con usted. Si se siente inclinado a repetirlo o alguna vez desea visitarme…
Gruñó mientras arrancaba ese pedazo de pergamino de la mesa y lo arrugaba con frustración para tirarlo también. Esta vez se dio tiempo de respirar profundamente y ver el pedazo de pergamino en blanco. Más controlado, comenzó por tercera vez.
"Sr. Snape,
"Para mí también fue agradable la plática y su compañía. Me siento honrado por haber recibido su invitación y, de nuevo, me disculpo por haberme dilatado en la respuesta.
"Supongo que debo disculparme si antes he parecido descortés. Estaba nervioso, y preocupado, y no sé porqué quería
Se detuvo en la escritura sólo después de haber escrito la última línea. Gruñó frustrado y tiró aquella al piso. Iba tan bien…
Persiguió la bola de pergamino por el piso y la alisó de nuevo. No estaba del todo mal… pero no creía que fuera buena idea poner esa última línea. Maldijo mentalmente cuando recordó el hechizo para quitar tinta en los pergaminos. Y comenzó a escribir la misma carta una cuarta vez, en un trozo de pergamino que no estuviera arrugado.
"Sr. Snape,
"Para mí también fue agradable la plática y su compañía. Me siento honrado por haber recibido su invitación y, de nuevo, me disculpo por haberme dilatado en la respuesta.
"Supongo que debo disculparme si antes he parecido descortés.
¿Qué debía escribir después de eso? Quería una carta que dijera, si no todos sus pensamientos y sentimientos, al menos algo que no fuera a molestar al hosco hombre del que estaba enamorado. Siguió.
"No ha sido mi intención parecerlo.
Y… suponía que escribir más sólo lo llevaría a extenderse en disculpas y justificaciones y terminaría de nuevo exponiendo sus sentimientos al hombre que ya lo había rechazado. Acabó la carta con su nombre como firma.
Releyó eso un par de veces para buscar algún error o una palabra mal escrita; para cerciorarse que fuera políticamente correcta y que no delatara sus emociones (ninguna de ellas). Cuando estuvo satisfecho, llamó a Ashley y le pidió llevara la carta con Snape. Mientras veía a la lechuza volar, se sintió más nervioso que tras recibir la carta.
Al día siguiente, con el correo matinal, Harry recibió una nueva carta de Snape. Esta vez abrió la carta más asombrado por recibirla que nervioso.
"Sr. Potter,
"Esté seguro que no he tomado ofensa en una descortesía que se adjudica. Como dije antes, fue una compañía agradable. Una que podemos llegar a repetir si tal no le parece una imposición.
"Salvo por las horas en las que me encuentro ocupado con los alumnos, no sienta reparo en visitarme de nuevo si alguna vez se siente inclinado a hacerlo.
"Severus Snape.
Cuando Harry terminó de leer, no pudo evitarlo, abrazó la carta contra su pecho, como si aquello fuera lo único que podía mantenerlo de pie y no caer sobre sus rodillas.
La sensación que recorrió su cuerpo sólo reafirmó cuánto… ¿amaba al hombre?, ¿deseaba al hombre? No, aquello no era. Pero reafirmó cuánto le afectaba el hombre. No era extraño para él que Snape lograra causarle reacciones tan fuertes, lo que le parecía ajeno era la civilidad con la que le trataba ahora. Lo impresionante era que su fuerte reacción al hombre no se debiera, únicamente, a ser humillado, castigado o antagonizado por el otro.
Si no hubiera sabido ya que estaba enamorado de él, lo hubiera intuido en este momento. Pero…
¿En verdad podía tomar esas palabras de manera literal o eran una cortesía que había desconocido en Snape hasta entonces?
No, tuvo que responderse a sí mismo. ¿Por qué sería un simple formulismo de cortesía cuando el hombre lo había invitado a una cena —fallida por culpa del invitado—, sólo por haber mencionado algo de paso en una conversación?
Una vez más, en lo que respectaba a Snape, no sabía qué pensar.
En todo caso, siempre podía poner la escusa de la cena pendiente, ¿no?
Habiendo decidido tal, planeó su próximo movimiento. Aunque no podía llamarse un experto en la cocina, no debería ser tan difícil. Después de todo, los Dursley lo habían puesto frente a la estufa en más de una ocasión.
De inmediato salió de casa a comprar lo necesario para una cena románt… una cena cualquiera, que compartiría con un antiguo profesor. Sería eso nada más.
Mientras compraba lo primero que venía a su mente para tal cena, se le ocurrió hacer un par de intentos antes de llamar al profesor para reunirse de nuevo.
Tras un par de horas de compras, se dirigió al Callejón Diagon para conseguir cervezas de mantequilla… y tal vez una botella de vino… y otra de whiskey de fuego. Después de todo, en Londres muggle no le venderían alcohol y él no sabía qué bebía Snape.
Escuchó su nombre llamándolo con una voz que conocía y volteó de inmediato. Reconoció primero el peinado de rizos elaborados y rígidos, en seguida las gafas con piedras incrustadas y así de rápido se arrepintió de haber volteado.
La mujer, que despreciaba sólo por debajo de Umbridge, se acercó apresuradamente mientras era seguida por un pergamino volador y una pluma que ya escribía sobre éste.
—Señor Potter, un segundo —demandó queriendo sonar afable—. Estoy escribiendo un artículo sobre usted y necesito hacerle unas preguntas.
—Todo está en papeles oficiales del ministerio —respondió dando medio paso para irse.
—Oh, pero ambos sabemos que eso no nos cuenta la verdadera historia, ¿verdad? —siguió mientras se ponía frente a él para entorpecer su retirada.
—Toda la verdad está ahí, si me disculpa…
—Sólo unas preguntas rápidas —insistió cortándole el paso y comenzando a hablar, Harry gruñó mientras intentaba escapar. Ella tenía más práctica en acosar—. Todo el mundo sabe que el espía de la Orden del Fénix, Severus Snape, no lo tiene en alta estima —al escuchar el nombre de Snape en labios de la arpía, se sorprendió hasta la inmovilidad. La mención había sonado como una amenaza implícita—, ¿esto es porque usted tenía una parte del innombrable o porque siempre vio al espía como alguien contra quien desquitar su resentimiento? —siguió ella velozmente—. ¿Lo salvó de Azkaban para seguir abusando de él? ¿Cómo se siente al saber que tantas personas murieron para mantenerlo a usted con vida?
Las insidiosas preguntas de la mujer lo llevaron de vuelta a la furia que había sentido al leer la llamada "biografía de Albus Dumbledore" y aquellos artículos en los que había aprendido la calaña de reportera que era Rita Skeeter, durante el Torneo de los Tres Magos. El escuchar el nombre de Snape junto con esa sarta de… idioteces lo hizo temer por el futuro inmediato, por el presente y por el pasado. Por las implicaciones.
Con el miedo alimentando su furia, enfrentó a la mujer diciéndole justo lo que pensaba de ella. Dejándola con la boca abierta dio media vuelta y se marchó a paso raudo. Dobló en la primera esquina que se cruzó y, sintiendo que se escondía de la mujer, entró en la primera puerta abierta que vio.
Unos segundos después, se ubicó dentro de una tienda de túnicas y sombreros. Fingiéndola su objetivo, revisó entre las prendas siempre pendiente a que la horrible mujer no lo siguiera; aunque no podía decir lo mismo de sus palabras. Una y otra vez escuchaba las insidiosas palabras "¿… siempre vio al espía como alguien contra quien desquitar su furia?"
Acabó comprando una túnica y un sombrero nuevos y de su talla, usó las prendas de inmediato sobre la ropa antes de salir de su escondite. No podía decir, con seguridad ya, cómo había visto a Snape en esos años de escuela. Sabía que eran antagonistas, el uno y el otro habían chocado desde el primer instante; y de ahí, en cada otro encuentro. El uno había encontrado en el otro… ¿qué? ¿Alguien con quién desquitarse? ¿Sería cierto eso que le había dicho la desagradable mujer?
Si se lo preguntaba realmente, respondería lo mismo que en aquellos años: sólo se había defendido de los ataques que había recibido, pero ¿podía pensar eso después de conocer más a Snape?
Sí.
No.
Tal vez.
Odiándose a él mismo por permitir que las palabras de Skeeter siguieran en su mente y lo obligaran a actuar, se dirigió a otra tienda mágica completamente diferente.
.
Llegando a casa sacó cada cosa de su compra y las guardó distraídamente. Tiró al piso la túnica y el sombrero que lo habían escondido y sobre la mesa colocó el pensadero que había adquirido. Lo miró con reticencia.
¿Se quería enfrentar de nuevo a las humillaciones que Snape le había hecho pasar? Un extraño temor se alojó en su estómago. ¿Qué pasaría con sus sentimientos después de recordar cada humillación, cada desdén, antes de la batalla final? No quería recordarlas y hacer que sus sentimientos actuales por el hombre cambiaran.
Y tal vez por eso justamente era por lo que tenía que hacerlo. Más que poner a prueba sus sentimientos, podría atemperarlos y recordar porqué era buena idea que Snape lo hubiera rechazado; porqué había sido buena idea despedirse de su profesor recordándose que Snape aún amaba a una mujer —a una muy en específico—. El porqué había sido una pésima idea emocionarse con una invitación abierta para visitarlo y una aún peor intentar invitarlo a su casa.
Preparó el pensadero y comenzó a prepararse él mismo. Dejó que la sensación de injusticia, dolor y antipatía que sentía provenía de su profesor de pociones lo inundara por completo. Y de todos ellos, comenzó a notar los que eran más fuertes y comenzó a jalar algunos de aquellos hilos plateados fuera de su cabeza. Cada uno lo puso en el pensadero y cobró valor para revivir malos momentos.
Sin sentirse preparado para lo que fuera a ver, se sumergió en los recuerdos.
Allí apareció primero su primer viaje en el expreso de Hogwarts, la amistad —casi inmediata— con Ron y cuando éste habló mal de Slytherin por primera vez. Malfoy en ese primer saludo antes de la ceremonia de selección —y el ínfimo gesto de dolor en la cara del niño que antes le había parecido sólo arrogante y que antes le había pasado desapercibido—. La primera vez que vio a Snape, y cómo le dolió la cicatriz en ese justo momento —cómo lo acusó por esa… coincidencia y que hasta ahora se daba cuenta era por Voldemort bajo el turbante de Quirrell—. Percy advirtiéndole con su propia apreciación de Snape. Su primera clase de pociones con el profesor imponiéndose con cuerpo, voz y conocimientos —lo que Hermione había llamado "dar el pésame" pero al más puro estilo del espía—. Hermione y Ron diciendo que Snape había tratado de tirarlo de la escoba —no que él necesitara mucho para convencerse en esa época, pero había parecido suficientemente cierto, hasta que Quirrell le dijo lo contrario—. El duelo con Lockhart y el haberlo puesto a pelear contra Malfoy —su sorpresa, o temor, al escucharlo hablar pársel—. El enfrentamiento con Sirius en la Casa de los Gritos cuando aún creían a Sirius un asesino —Snape había tenido razón en que debía al menos agradecerle por intentar protegerlo. Aunque apenas se hubiera estado dando cuenta que no era necesario, Snape lo había ido a proteger… y tal vez a cobrar una venganza por años de humillaciones y el asesinato de su amada Lily—. El pleito de Snape y Sirius en la cocina de Grimmauld Place —ahora podía ver como Sirius también provocaba a Snape para que reaccionara; Sirius sacando primero la varita—. Su primera lección de Oclumancia —cuando había respondido sus preguntas, como ningún otro miembro de la Orden lo había hecho—. El haber metido la cabeza en el pensadero con el recuerdo de Snape —la furia de Snape estaba completamente justificada: él se había metido en algo tan personal sólo por… "curiosidad"—. Cuando Dumbledore defendía a Snape por la muerte de Sirius y él se negaba a escuchar razones. Ron hablando mal de Snape y él dándole segunda. Hermione defendiendo a Snape y él desestimándola. La muerte de Dumbledore justo tras llegar de obtener el falso Horrocrux —ahora sabiendo que Snape sólo seguía las órdenes del director… justo como él lo había hecho cuando le obligó a beber aquel veneno que guardaba al relicario—. Ver el ataque de la serpiente y dejarlo morir en el piso de la Cabaña de los Gritos.
Con ese último recuerdo se precipitó fuera del pensadero y se encontró con lágrimas en los ojos. Si estas eran por furia, por revivir cada momento o por… indignación, no sabría decirlo. Lo único que lograba notar, era un regusto amargo en la garganta.
De lejos eran todos los recuerdos, lo sabía, pero con eso podía decir que había tenido suficiente por el momento. Además de que cada acción de Snape cobrara un significado diferente, ahora que conocía aquellos recuerdos de su pasado... se avergonzaba de él mismo, de lo que había hecho y cómo había reaccionado. Años más, diferencia de edad o más conocimiento —cualquiera fuera la razón—; viéndose en tercera persona rezongarle a Snape y enojarse con el hombre o simplemente culparlo, le parecía… mortificante. Porque Snape no había tenido la culpa de que su cicatriz doliera, no había tenido la culpa de que él fuera un "alcornoque" que se dejara influenciar por las palabras de otro niño de su edad al que había conocido por primera vez pocas horas antes. O la razón por la que había querido matar a Sirius en la Casa de los Gritos. La primera clase de Oclumancia cuando le había explicado lo que otros en la Orden del Fénix le habían ocultado. Y, mientras Snape a veces lo trataba más como un adulto que el resto de los mayores, él lo había insultado una y otra vez. Recordaba algunas sensaciones que lo habían hecho reaccionar así; pero visto en tercera persona… se veía tan diferente.
No necesitaba más recuerdos para recordar como Ron y él hablaban del "cretino grasiento" o cómo se desquitaban con cada apelativo que les pareciera divertido. En esos momentos, sí, él mismo se reconocía un poco como uno de esos infames "merodeadores" que Snape había conocido en sus años de colegio. No necesitaba ver más recuerdos para saber que había culpado, también a Snape, por cosas iguales a las que él había hecho.
Podía justificar sus propias reacciones: en esa época no conocía nada más que el sarcasmo y el desdén de Snape, pero… tal vez, sólo tal vez, si hubiera reaccionado diferente… si hubiera sido más maduro… si no hubiera estado absorto en él mismo…
Pero sabía que no podía haberlo hecho.
Si hubiera sido menos prejuicioso…
—Ron —dijo a las paredes—, eres un cretino —insultó a su amigo, con una sonrisa triste en la cara, aunque no estuviera. Siempre lo había encaminado a pensar lo peor de Snape—… Y yo un imbécil.
Viendo los hilos plateados flotar en el interior del pensadero, se preguntó qué haría con esos recuerdos. Podría guardarlos y tal vez dejarlos fuera de su cabeza; así no tendría que enfrentarse a ellos… pero no sabía si dejarlos fuera de su mente causaría que cambiara algo de su personalidad o si perdería los sentimientos y sensaciones ligados a ellos.
Devolvió cada fina hebra plateada de regreso a su cabeza y arrastró los pies hasta dejarse caer en el sillón de la sala. Aunque ya sabía que Snape lo había protegido desde las sombras del primer año de colegio… hasta ahora se topaba con lo "malagradecido", "malcriado" y "arrogante" que se había comportado en verdad.
Un sentimiento de haberse humillado a él mismo lo dejó clavado en el sillón hasta que salió el sol.
El sonido de alguien llamando a la puerta lo sacó de su mente. Antes de poder correr a cualquiera fuera el visitante, la puerta se abrió con un golpe.
Con varita en mano y hechizo en los labios, saltó ante la intromisión y sólo abandonó la pose de ataque cuando registró a Hermione parada en la puerta. Con las manos en las caderas y un gesto de absoluto disgusto en la cara, la mujer lo veía como si acabara de romper todas las reglas de Hogwarts al mismo tiempo.
—¿Buenos días también para ti? —soltó apartando la varita y recolocándose los lentes.
—Harry —demandó—. ¿Ya leíste "El Profeta" de hoy? —soltó entrando hasta la sala con pasos furiosos. Al menos no parecía furiosa con él.
—No —respondió confundido—, ¿algo interesante? —preguntó mirando el periódico en manos de ella.
Con un gesto de mano la invitó a pasar a la cocina intentando distraerla del mal humor con una taza de té. Ella lo siguió, viendo el pensadero, pero sin hacer un comentario ante tal.
—Rita Skeeter…
—Ni la menciones, Hermione —avisó por el recuerdo de encontrarla antes y de las consecuencias de ello.
—¿La has visto últimamente? —preguntó con sospecha.
—Ayer —asintió—, dijo algo de un artículo… ¿Por qué preguntas? —terminó con sospecha.
—Un año encerrada en un frasco no fue suficiente, me parece —respondió Hermione entregándole el periódico. Harry cerró los ojos antes de enterarse qué tan malo iba a ser para él.
Cuando abrió los ojos se encontró con una foto mágica de su encuentro con esa mujer en el Callejón Diagon. En primera plana se leía como encabezado "El enigma de Harry Potter". Comenzó a leer mientras gruñía su frustración.
"Tras un encuentro afortunado con nuestro Salvador favorito Harry Potter, esta reportera tuvo el privilegio de escuchar de sus labios la historia que jamás nos había contado.
"Con el más profundo dolor, nuestro héroe favorito me deja saber el infierno que vivió a manos no sólo del enemigo de todos los magos, sino de dos de los directores de su colegio y a veces profesores. Nos cuenta, con lágrimas en los ojos y puños cerrados por la fuerza de los recuerdos, todo lo que sufrió, todas las dudas que lo hicieron apartarse de nosotros en ese terrible año que se le creyó perdido y habiendo olvidado a la sociedad mágica. Nos revela pensamientos conflictivos, desgarradores realmente, y sus más oscuros secretos comenzando con cuándo y cómo fue tentado por el enemigo y encarado con la verdad de sus afectos.
"Estimados lectores, estén atentos a mi próxima publicación donde revelaré las partes más oscuras de esta historia de nuestro Salvador favorito. Sus pleitos con el espía, su más que impactante relación con Dumbledore (de la que hablé sólo un poco en la biografía de éste), su inapropiado comportamiento en el colegio, todas sus mentiras y manipulaciones. Su relación secreta con Sirius Black, y por qué heredó la fortuna de una familia a la que no pertenece. Por qué no es Auror como prometía su futuro, ¿culpa del ministerio o del él?
"Y lo que todos se han preguntado: ¿Qué hay detrás de la exoneración de Severus Snape, renombrado mortífago? Todo esto y más, lo podrán leer con detenimiento una vez que mi siguiente libro sea publicado. "Entre héroe y villano: La verdadera historia de Harry Potter".
"Próximamente en librerías.
Desgarró el periódico en dos.
—¡La voy a matar! —gritó dirigiéndose a la puerta.
—¡Harry! —lo detuvo Hermione—. Piensa en lo que vas a hacer.
—¡Qué tengo que pensar, Hermione! Esta… esta… ¡Va a publicar las mentiras que se le dé la gana! ¡Como con Dumbledore!
—No me obligues a usar magia, Harry —le advirtió su amiga.
El shock de la amenaza le valió para quedarse en su lugar. Apretó las quijadas y miró con fuerza a su amiga. Ella sonrió sin haber siquiera sacado la varita.
—Siéntate —ordenó ella. Harry obedeció a regañadientes—. Primero que nada, si lo escribe se enfrentará conmigo en juicio por escribir mentiras sin fundamentos. Segundo, si vas en este momento, sólo la provocarás más y…
—¡Yo no la provoqué! —se defendió en un grito.
—Me gustaría revisar esa memoria como evidencia —soltó ella en su tono más… legal mientras veía el pensadero como si le advirtiera. Justo antes de romper en una sonrisa que revelaba la broma.
Pero las palabras a él no le parecieron broma. Después de todo, recordaba haber reaccionado… como deseó hacerlo en ese momento.
Con la sensación de derrota inminente, escuchó el resto de lo que Hermione tenía que decir.
Terminaron a media tarde.
