Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Recomiendo: Lost In Your Eyes – Debbie Gibson

Capítulo 15:

Creciente amor

"Me pierdo en tus ojos

Y siento que mi espíritu se eleva

(…) Cuando estoy perdida en tus ojos

No me importa no saber hacia dónde me dirijo

Puedes llevarme a los cielos

(…) ¿No es esto lo que se llama romance…?"

Bella lo abrazó desde el cuello y cerró sus ojos. Besarlo siempre era algo que disfrutaba, en especial si era él quien llevaba el ritmo de su lengua. Estaba obnubilada.

—Te amo —jadeó Edward, pegándola a la pared.

Ella respiró contra sus labios y enseguida comenzó a llorar.

—¿Estás hablando en serio? —inquirió, mirándolo a los ojos.

—Como nunca lo he hecho. No llores —le suplicó—. Me duele. —Suspiró—. Te amo, de verdad lo hago. —Le besó las manos y luego cerró los ojos, sintiendo el ápice de ilusión de que ella aceptara aquellas palabras.

—Edward —gimió—. Yo… me enamoré de ti.

La vio sonrojarse, lo que le enterneció en demasía.

—¿Te avergüenzas? —le preguntó con una sonrisa.

—Es que… nunca…

Él le besó la frente.

—No tienes nada de qué avergonzarte. —Le tomó la barbilla—. Te amo. Escúchalo bien.

Bella lo abrazó y escondió su rostro en el amplio pecho del sheriff.

—Yo también te amo —respondió.

Edward cerró sus ojos, sabiendo que lo había perdido todo al enamorarse de ella pero también había ganado un mundo nuevo.

—Yo creí que tú…

—Mentí —aseguró.

—¿Por qué? —lo miró—. Lloré tanto, Edward… Me hiciste mucho daño haciéndome creer que esa mujer era importante para ti.

Él tragó y le acarició las mejillas, mirando sus expresiones dulces.

—Lo hice porque… —Cerró los ojos—. Porque así te mantenía protegida. Ese día que regresábamos, tal como te conté aquel día, me encontré con alguien que no debía estar ahí. Se llama James, es un colega que me odia. —Sonrió con pesar—. Todo lo que vio lo iba a usar a su favor porque…

—Sabe que tengo prontuario —murmuró, alejándose de él.

Edward bajó los hombros y la buscó.

—Es asqueroso que el sheriff esté con alguien como yo, ¿no es así?

—Jamás pensaría así. —Le besó los hombros desde atrás.

—Es cierto —replicó—. Eres un hombre respetado, alguien de la ley, debes vivir una vida perfecta y yo no lo soy —afirmó con mucho dolor—. Si te amenazó, entonces… entonces debes pensar en ti.

Él la giró.

—No aceptaría eso. Ya lo intenté y lo único que hacía era llorar —dijo con franqueza—. Sé que te dije que me acerqué a ti por la investigación pero me clavaste un hechizo, porque desde que te vi no pude sacarte de mi cabeza, cada vez que te miraba me convencía de que eras… la mujer de mi vida. Sé que soy una mierda al decirte que me acerqué por ti por la investigación, ¡pero te amo, Isabella! Hice todo esto porque estoy aterrado de verte tras las rejas, porque… sé que no serías capaz de hacer todo lo que dicen que haces.

Bella le acarició la quijada, enternecida con su sinceridad. Le costaba imaginarse a un hombre tan imponente como él llorando por ella.

—Usé la llegada de Kate para hacerte creer lo equivocado. Sabía que haciéndote eso ibas a marcharte de mi vida —añadió—. No pude hacer más. Soy capaz de perderlo todo por ti, ¿sabes por qué? —Ella negó—. Porque ya lo gané todo al conocerte.

Bella gimió y se subió a su cuerpo, agarrándose de su cuello.

—Te amo y no te dejaré, así tenga que luchar contra todo el mundo —le susurró—. No me pidas que me aleje, ya no lo hice, no puedo. Quiero protegerte, quiero cuidarte… Quiero amarte. Y si tengo que enviar al carajo todo lo que soy, pues eso haré, ya no permitiré que esto me aleje de ti. Quiero amarte, lo quiero hacer con toda la extensión de la palabra, solo… por favor…

—Hazlo —le pidió ella, rechazando sus ideas del comienzo—. Te amo, Edward.

Él soltó un gemido y comenzó a llorar.

—Perdóname, te hice mucho daño, usé excusas baratas como si aquello fuera a solucionar las cosas. De verdad, perdóname, te lo suplico. Te hice sentir como si te usara, como si no valieras nada. Perdóname…

Iba a agacharse, dispuesto a suplicárselo pero Bella le hizo parar. No podía no perdonarlo.

—Sí, te perdono —susurró en respuesta.

Edward la abrazó con tanta fuerza que Bella sintió que le unía los pedazos rotos, uno a uno, encajando a la perfección.

—Nunca vuelvas a sentir que eres menos que cualquier otra mujer, no eres lo que haces, eres lo que llevas dentro. Jamás pensaría que tú hiciste todo lo que te acusan, eres una chica preciosa, fantástica e inteligente, por favor, nunca vuelvas a tener ese tipo de pensamientos. Te amo, recuérdalo. Amo a la mujer más increíble que he conocido nunca.

Bella explotó en un llanto hondo y asintió, volviendo a besarlo con la pasión desatada, alejando los miedos, las presiones de la sociedad y todo lo que les impedía volver a tenerse. Ya no querían callarse, lo querían todo.

.

Ella tocaba las flores mientras Edward tenía pegada su entrepierna desnuda contra sus nalgas. Se sentía tan bien. Sus besos seguían recorriendo su cuello, provocándole escalofríos.

—Feliz día de san Valentín —le dijo al oído.

La Ladronzuela se mordió el labio inferior, disfrutando de cada una de sus palabras. Le miró la curiosa mano que recorría su vientre y sus senos desnudos, esperando una respuesta.

—Feliz día de San Valentín, mi amor —se atrevió a decir, girando la cabeza para poder mirarlo.

A Edward le pareció maravilloso escucharlo.

—Sé que no eres una chica de flores ni de peluches pero quería usar mi arma infalible, la tradición de un sheriff es difícil de bloquear, a pesar de que tú no lo seas.

Bella se rio y se giro de cuerpo completo. Edward repasó las flores y espinas en sus hombros y brazos, algunas coloreadas, otras en blanco y negro; cada una le parecía preciosa, como si fuera un lienzo viviente.

—No, no soy tradicional pero contigo quiero todo lo que se supone que dice la sociedad respecto al amor —susurró—, y eso incluyen las flores, los chocolates y peluches.

Él le dio un beso profundo ante su respuesta.

—Lamento no haberte dado nada. —Ella hizo un puchero.

—Lo tengo todo con tan solo verte respirar.

Bella se acurrucó con él y tomó al osito entre sus brazos, mirándolo con cariño.

—Le pondré Eddie —afirmó, jugando con sus orejas.

—¿Llevaremos a Eddie a mi regalo número dos? —le preguntó, mirando la hora en el reloj digital de la mesa de noche.

La ladronzuela levantó las cejas.

—¿Regalo número dos? ¿De qué hablas?

—Ya verás.

.

A Bella le pareció que era el mejor lugar del mundo para comer.

—¡Hay un Tetris! —exclamó, brincando hacia la máquina.

Ella usaba un vestido de colores extravagantes, nada parecido a su tenida formal de civil aburrido. No se sacaba su lado policía ni en estas circunstancias. Isabella relucía de juventud. Con su cabello tomado y desparramado de marrón y púrpura, junto a sus gigantes aretes neón, le parecía la mujer más hermosa de todas.

—¡Ven a jugar conmigo! ¡Aquí hay un Pac-Man!

Él se rio y prefirió ponerse detrás de ella y abrazarla, olerla, sostenerla y asegurarse de que jamás iba a marcharse de su lado.

—Ay, perdí —gimió.

—¿Vamos a la mesa?

—¡Sí!

Bella estaba muy feliz, tanto como jamás se había sentido. Nunca había disfrutado de un catorce de febrero, nadie le había regalado flores ni nada similar, como tampoco nadie le había dicho que la amaba. A ella también le costaba decirlo, eran palabras nuevas en su boca.

Edward sabía que la cita perfecta para Isabella Swan, una chica de apenas veintidós, era una tarde comiendo patatas fritas con helado y cerveza. Y no se equivocó. Sus ojos brillantes al ver el manjar que había delante de sus ojos solo le hizo enamorarse aún más de ella. Era perfecta en todo el grado de la palabra.

—Estoy feliz —le dijo, muy enternecida con todo lo que estaba haciendo para ponerla contenta.

Él le tomó la mano y se la besó, mirándola a los ojos.

—Quiero saber más de ti. Y no te atrevas a decirme que solo has sido una ladrona, porque eso no es así.

Bella se encogió de hombros, sin saber cómo comenzar.

—Nunca voy a juzgarte, ¿de acuerdo? Sabes que puedes confiar en mí.

Su sonrisa queda se mantuvo así mientras recapitulaba su vida. Miró las patatas y se llevó una a la boca, buscando el valor de comenzar. Era difícil hacerlo, nunca le había contado esto a nadie.

—Escapé de casa a los dieciocho —dijo, encogida nuevamente de sus hombros—. Vivía cerca de Malibú. Mis padres son abogados y pasaban todos los días en su trabajo. Nunca me faltó nada material pero sí el cariño, a mí y a mi hermano, el pequeño Hugo. —Suspiró, recordándolo con mucha añoranza—. Mi abuela nos acompañaba todos los días pero su salud mermó y finalmente no pudo hacerlo porque tenía que quedarse en cama. Aquello me hizo tan mal que desde entonces no soy la misma. Solo tenía dieciséis y Hugo apenas dos. Luego de que mi abuela tuvo que mantenerse en su distancia, hablándonos por teléfono y viéndola cada vez que podíamos ir, las cosas se hicieron tan pesadas que tuve que tomar la responsabilidad de cuidar de mi hermano yo misma. No quería que Hugo estuviera solo. Con frecuencia veía a mi madre consumir medicamentos para poder mantenerse siendo capaz de solventar su valorado trabajo. —Se rio con desgana—. Se emborrachaba y discutía con mi padre, quien le pedía que no diera esos ejemplos en casa. Cuando eso pasaba, tomaba a Hugo y lo hacía cantar para que no viera lo que ocurría.

Respiró hondo y Edward le siguió acariciando una de sus manos, escuchándola con mucho interés.

—Un día, mis padres hicieron una fiesta. —Tragó, sabiendo que iba a llorar al seguir—. Fue un caos. Mi madre se emborrachó junto a mi padre, disfrutando de sus mierdas con sus colegas y amigos. Hugo tenía hambre y cuando los vi disfrutar, corrí hasta ellos, en especial mi madre, y frente a todos les recordé que tenían hijos, que mi hermano los necesitaba y que yo no merecía lo que estaban haciendo. Mi madre reaccionó muy mal debido al alcohol y no dejó de decirme que no servía para nada, que le avergonzaba, que… habría preferido tener una hija diferente. —Bella cerró sus ojos—. Recuerdo que hui, corrí y corrí sin poder aguantarme las lágrimas, quería escapar y no volver nunca. —El llanto se le hizo insostenible—. Hugo tenía cuatro años y salió de casa para buscarme. Era un terreno inmenso, con socavones y… —Se tapó el rostro para sollozar. Edward solo pudo abrazarla mientras sentía el nudo en su garganta—. Era muy pequeño, no sabía que delante de él había un agujero tan grande y hondo. Cayó y murió enseguida…

Recordar a su hermano era siempre una llaga que ardía en lo más profundo de su interior. Nunca quería hacerlo porque siempre acababa llorando con mucha angustia.

—Mis padres lo buscaron por diez días —susurró—, yo salía en las noches, gritando su nombre, pero sabía que no iba a volver a escuchar su risa nunca más. Finalmente dieron con el socavón y no lo soporté, sentía que por un lado era mi culpa y luego todo recaía en mis padres. Los odié, no sé cuántos insultos les dije. Hui de noche, apenas y tenía dieciocho, dos días después del funeral de Hugo. Desde entonces no los he visto, no quiero hacerlo. Creo que nunca podré perdonarlos.

Bella seguía llorando y Edward siguió abrazándola, pensando en el dolor que sentiría él de tan solo pasar por algo similar con Rose, con quien tenía nueve años de diferencia. Él también odió a aquellas personas, pues habían dañado a su pequeña ladrona de una manera muy difícil de sanar… o imposible.

—Jamás te pediría que perdones a alguien si no lo sientes por el momento —afirmó, besándole el dorso de sus manos de manera repetida—. Así que huiste. Eras muy pequeña.

—No tenía dinero, por lo que tuve que comenzar a robar —aseguró.

—De lo contrario ibas a morir de hambre —susurró—. En esos años yo estaba comenzando una prominente carrera. Es increíble cómo cambian las realidades. No voy a juzgarte por lo que hayas hecho, pero necesito saberlo. ¿Por algo del pasado te perseguían? Dímelo…

—Sí —respondió—. Edward, en más de una ocasión te dije que me relacioné con las personas que no debí. —Sintió un escalofrío—. En medio de todas las personas incorrectas, una fue el proxeneta Black. No fui prostituta, me encargaba de limpiar las camas cuando se terminaba… eso. Era horrible, demasiado. Luego conocí a Mike Newton.

A Edward se le ennudeció la garganta. Sabía que lo que estaba por saber podía empeorarlo todo.

—Él es un narcotraficante muy peligroso, demasiado.

—¿Qué te hizo? —La voz de Edward subió al ver la tristeza en sus ojos.

—Edward, prométeme que no harás nada contra ese tipo. Me da mucho miedo.

Él tragó.

—Te prometo que no haré que te perjudique. Dime qué ocurre.

Bella se mordió el labio inferior.

—Mike… me cortejó cuando me encontró en un bar, muy lejos de aquí. Su aspecto de chico malo era muy atractivo y en cuanto conectamos se mostró muy diferente a quien era. Cuando comenzamos a salir, me ofrecía todos los lujos que podía pero a mí solo me importaba que me quisieran —musitó—. Al principio creí que él iba a hacerlo pero los hombres del crimen no tienen corazón. —Miró a Edward—. Cuando viví con él vi cosas espantosas, Edward, era… un monstruo.

—¿Qué cosas?

—Él… asesina a sangre fría, no le importa nada. Simplemente dispara a quienes le deben un poco de dinero, lo hace de una manera tan… —Tembló—. Me hice la dura todo lo que pude pero le gustaba mostrarme qué tan fuerte podía ser. Cuando no soporté más, me golpeó. —Edward frunció el ceño y sus manos comenzaron a tensarse con brusquedad—. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que me obligaba a acostarme con él, que en realidad no quería. Supongo que siempre fui demasiado ingenua, aunque intentara actuar de forma contraria. —Por unos segundos cerró sus ojos, mientras el sheriff se obligó a no salir corriendo, buscar al hijo de puta y dispararle sin espacio a la duda—. Frente a varios de mis intentos por huir de él, me castigaba llevándome a sus crímenes cerca de los campos, donde llevaba a… a… personas inocentes…

Edward no soportó verla así y le hizo sentarse sobre sus piernas, abrazándola y besándola.

—Te juro que nunca hice nada malo. Sé que debí acusarlo con la policía porque había chicos de apenas catorce… —gimió—. Pero le temía mucho. Aún lo hago.

—Sé que tú nunca pudiste haber hecho algo así.

—Pero me callé.

—Tenías miedo, tú lo dijiste.

Lo abrazó desde el cuello.

—La última vez que lo vi tomé prestado uno de sus coches favoritos, le robé algo de dinero y hui. Sabía que iba a matarme porque ya no le servía… Ni siquiera como mula (1). Yo no quiero morir, no quiero que me dañe —sollozó—. Tengo mucho miedo, porque ellos están aquí, lo sé.

La desesperación que Edward vio en su ladronzuela le hizo temer también. Él no quería perderla, jamás lo permitiría.

—Creo que te has olvidado de algo muy importante —susurró el sheriff, tomándole la barbilla.

—¿Qué?

—Que tienes a un sheriff capaz de hacer todo por ti.

Escucharlo fue tan tranquilizador, tanto que solo lo besó hasta no poder respirar. Él le limpió las lágrimas, prometiéndole que nunca más iba a sentir miedo.

—Te juro que todas esas pruebas que tienes son falsas, nunca le he hecho daño a nadie salvo para defenderme, tú lo sabes…

—Te creo, siempre voy a creerte. Saldremos de esta mierda, te lo prometo —aseguró.

—Te amo, Edward.

—Y yo te amo a ti, mi pequeña ladronzuela.

.

Edward miró el dibujo que Bella le había dado para el catorce de febrero y enseguida centró su atención en ella, que dormía en su pecho. La amaba tanto. No podía creer lo talentosa que era.

Luego de darle ciertos besos atractivos y apasionados, ella sonrió, abriendo sus ojos. Mirarlo en la mañana siempre era fantástico.

—¿Qué ocurre contigo? —le preguntó, estirándose—. Eres tan guapo en la mañana.

Él tiró de su nariz y luego le acarició las mejillas.

—Debe ser porque estoy enamorado.

Ella se rio y le quitó un par de cabellos de la frente.

—Dime que hoy no volverás a trabajar —suplicó—. Le diría a Rose que estoy con enferma solo para quedarme aquí contigo, pero enseguida sabría que he mentido.

—Prometo volver muy temprano. ¿Qué te parece si cenamos juntos? Te prepararé lo que quieras.

A Bella se le apretó la barriga al escuchar sus planes. Le entusiasmaba tanto.

—Hecho. Estaré aquí a primera hora —afirmó.

—Descuida, iré a por ti.

Edward hizo el desayuno y se aseguró de que comiera bien antes de irse al trabajo, estaba más pálida que de costumbre y parecía muy somnolienta y cansada.

—Estoy bien, solo he dormido poco gracias a ti —aseguró, jugueteando con su pecho.

Una vez que la dejó en las puertas de la tienda de perforaciones y tatuajes, se regresó al trabajo con una alegría desbordante y francamente diferente a la que había tenido nunca. Cuando saludó a Lucy, dándole un suave beso en la frente, tal como lo haría con su madre, ella se quedó de piedra viéndolo tararear de camino a su oficina.

—¿Y a este qué le pasó? —se preguntó, pestañeando perpleja.

Jasper venía llegando también y cuando se dio cuenta de lo que sucedía, se restregó los ojos, pensando que se trataba de un sueño.

—Oye, ya no estás tan gruñoncito —le dijo él, entrando a la oficina.

Edward se dio cuenta de su inmensa felicidad pero no pudo dejar de sonreír.

—No me digas que esto se trata de Kate…

—De ninguna manera. —Arrugó el rostro.

—Oh, entonces es otra chica. ¿Quién es la pobre alma que no sabe dónde se metió?

El sheriff le dio una mirada serie y él se largó a reír.

—Esta vez pareces… diferente, sheriff.

—¿Lo crees?

—Te veo y no puedo creerlo.

Edward sabía que se trataba de algo diferente, claro que sí. Bella lo era en su totalidad.

—Olvidemos mi vida amorosa, te tengo algo importante que pedir.

Él se sentó y escuchó con atención.

—Vamos a destrozar a Mike, te lo juro. —La rabia con la que salían sus palabras eran más intensas de lo que alguna vez Jasper había sido testigo—. Lo nuestro ahora es personal.

—¿Puedo saber qué ocurre, jefe?

Edward se levantó, encendió un cigarrillo y miró hacia la ventana.

—Descuida, pronto lo sabrás. Solo quiero que sepas que esto es una guerra. Voy a hacer que él se arrepienta de cada mierda que ha hecho, una a una.

Luego de saber todo lo que le había hecho a su ladrona lo tenía sulfurado y a punto de cometer una locura. Si lo tenía en frente iba a matarlo. ¡Nadie tocaba a Bella! ¡Ni en sus putos sueños!

Iba a pagarlo.

.

Isabella estaba intentando concentrarse en la caja pero se sentía muy incómoda.

—Qué pálida estás —dijo Rose, caminando hacia ella.

Le tocó la frente.

—¿Qué pasa?

—No lo sé. Creo que tengo acidez, siento algo incómodo en la boca del estómago.

—Mmm… Debe ser que estás cerca del periodo. A veces me pasa.

Emmett venía llegando de comprar el almuerzo, el que consistía de comida hindú. Cuando depositó las bolsas sobre la mesa más cercana y Bella pudo olerlas, sintió una náusea tan dura que por un segundo pensó en ir al baño a vomitar.

—Bella, ¿de verdad estás bien? ¿Por qué no vas a casa a descansar? —Rose se había preocupado.

—No, descuida, solo debí comer algo que me hizo mal…

Pero se calló cuando otra oleada de olor a curry le golpeó la cara. Esa vez fue suficiente para que una fuerte arcada le hiciera querer sentarse en la silla más cercana. Y cuando quiso hacerlo, un mareo intenso por poco le provocó una caída.

¿Qué carajos le sucedía?


1) Mula: persona que lleva la droga hacia diferentes partes, comercializándola en los barrios.


Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia, ya entrando a la recta final. Estos dos ya no pueden sostenerse en su amor, así como tampoco en la manera de ocultar los secretos. La situación debe ser sincera para ambos y este es el comienzo pero ¿cuáles son las consecuencias de la decisión de ambos? La historia de Bella fue compleja de abordar para ella, aún es muy joven y la situación la colapsó apenas saliendo de su adolescencia, su familia la estaba absorbiendo y ella merece un hogar que la valore y respete, está en Edward seguir demostrándole cuánto la ama, porque lo hace con toda intensidad. ¿Qué significan esos síntomas de Bella? Por poco se desmaya. ¿Qué está ocurriendo? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco sus comentarios, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no saben cuán feliz me hace que siempre tengan algo lindo y constructivo que decir, su cariño es un gran motivo para seguir dejando lo que mi cabeza crea para ustedes, gracias de verdad

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Cariños para todas

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