"Reparación"
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"He llegado hasta el fin con los brazos cansados"
Oportunidades las tuvo todas. Las tuvo de sobra, por centavos, por una facilidad remota que no le cabía dudar que pudo haber abierto la boca y decir lo que tenía qué decir. Pero no. Naoki no es así y quizá no lo sería en una vida próxima ni en la siguiente que le toque.
Si Naoki pudiera regresar el tiempo atrás, desearía jamas haber visto la cara de Kotoko en cuanto le reveló que estaba comprometido con Sahoko.
Fue la cara más destrozada y devastada que le vio desde que la conocía. Una cara que reflejaba la tonalidad de un "fue" o un "lo que pudo haber sido". Esa expresión evocaba una sensación desoladora en todo su cuerpo, entumeciéndolo como si lo hubieran inyectado con anestesia para que no fuera capaz de sentir el dolor físico que lo paralizaba en ese preciso instante en que decidió aceptar su derrota a causa de su tonto fracaso que varias veces tuvo la oportunidad de prever.
La voz suave que sonaba desde sus oídos ensordecidos por su incapacidad de manejar las situaciones que involucraban las emociones daba a su fin. La voz anunciaba en su cabeza que perdió.
Perdió y con eso, llegaba el amargo sabor de la derrota. Una derrota que conllevaba de una batalla que si bien, nunca empezó, porque siempre la pospuso.
—Ya veo— La voz decepcionada de Kotoko lo hicieron volverse a la cruel realidad que lo esperaba con los ojos abiertos y los brazos extendidos al cielo.
—Kotoko-chan, es un error— Repuso su madre en un pitido. —¡No es lo que tu crees!— Dirigió su vista a él con urgencia. —Explícale, Onii-chan, cuéntale a Kotoko-chan la situación como es—
—Así está bien— Kotoko inclinó la cabeza (un signo de decepción de su parte). Él solo divisaba lo que acontecía sin la más mínima idea de cómo corregir la tristeza que albergaba el rostro de Kotoko. Quería enmendarlo, en verdad que lo quería arreglar hasta quedar absuelta del daño, pero ponderaba en que aún no terminaba con el compromiso, por lo que todavía no se encontraba con la libertad de arreglar el desastre.
Verla casi llorar frente suyo fue un detalle doloroso para él de contemplar con los ojos rotos, y las pupilas constreñidas. Sus ojos se cruzaron en el breve lapso en que Naoki había entendido que lo que pudieron haber tenido pudo ser hermoso, algo especial y lejos de lo relativo, algo tan lindo como profundo. Algo tan humano como puro.
Algo tan… las posibilidades se quedaban cortas ante tal escenario deprimente que vivía sin pena ni gloria.
—No necesito más explicaciones— Aclaró Kotoko, subiendo la cabeza con la intención de mostrarse segura con lo que decía. Así era ella. Segura, incluso en los peores momentos. Kotoko nunca se doblegaba en la destrucción, en la tristeza, en nada. —Con la respuesta de Naoki-kun me basta para entender lo que ocurre en casa—
—Kotoko-chan— Entrecortó su madre apurada.
En eso, ella salió corriendo de la cocina.
Naoki fue tras ella, pero fue retenido por su madre, que en parte había regresado a llorar. Él al verse en una situación de quedarse atrapado con su madre llorándole, se vio limitado a observarla, esperando a que ella dijera el motivo por el que lo retuvo de esa manera.
Las manos de su madre se clavaron en sus antebrazos, pareciendo agujas incrustadas sobre su piel.
—Onii-chan, no hagas nada ahorita— Ordenó entre su mismo llanto.
—Por qué?— Espetó alterado.
—¡El Sr. Oizumi hizo una oferta que no pude rechazar!— Confesó desconsolada. —No pude porque…porque mi tu padre es más importante que cualquier otra cosa, yo lo miré batallar tanto con la empresa de Pandai, desde fundarla hasta tener éxito— Inhaló. —Lo menos que podía hacer es apoyarlo en todo lo que puedo; yo no puedo dejarlo solo; si la empresa entraba en bancarrota, lo destrozaría—
Naoki procesó con brevedad lo que acababa de revelar su madre. No se esperaba que el Sr. Oizumi le hiciera la oferta directamente a su madre a sus espaldas. Una maldita oferta que hizo que se comprometiera con una chica aburrida?!
Indignante.
Suspiró, poniendo los ojos en blanco.
—Es en serio?!— Escupió Naoki, una vena punzando en la sien y el puente de la nariz aleteando.
Su madre asintió.
La situación dio un giro inesperado.
Las escasas conversaciones que había tenido con el Sr. Oizumi no bastaron para corroborar lo que el Sr. hizo a sus espaldas, mostrándole una sonrisa cómplice cuando estaban juntos en la oficina, pero fuera de la oficina las cosas habían sido distintas a las esperadas.
Había entendido a duras penas, que las primeras opiniones no siempre son las correctas. Realizó que lo mismo le pasó cuando conoció a Kotoko.
La mal juzgó basándose en las primeras apariencias que tuvo de ella sin conocerla y después se percató de que ella era distinta a la primera opinión que se llevó de su persona.
No se atrevió a empuñar las manos y golpear cualquier otra cosa que pudiera disminuir la tensión que sentía en ese momento. La tensión que lo consumía, volviéndolo preso de sus sentimientos encontrados.
Cómo fue que se dejó engañar de esa manera?
Tan estúpido fue?
Sí. Tan estúpido fue por no pensar con claridad las cosas.
Se estuvo torturando durante tantas semanas pensando que lo que hacía estaba bien, cuando desde el principio fue un error. La caída del eslabón.
Estaba probando el verdadero sabor de perder por una tontería. Una insulsa insignificancia, una nimiedad que no valía ni un centavo partido por dos.
Naoki no sabía qué era peor, si escuchar a su madre llorarle o si lamentarse por su incapacidad de discernir la situación en la que él mismo se inmiscuyó por una tarugada.
Se dio cuenta que ser adulto no es cosa fácil; y tampoco era un hombre tan capaz como creía serlo. Ser el genio que se le consideraba en la universidad no es nada a diferencia de lidiar en el mundo de los adultos, donde ver a tu mamá llorar frente a ti y la chica que amas saber que estás comprometido con otra mujer que no es ella es lo que vivía en el presente.
—Lo siento mucho, Onii-chan— Lloriqueó desmoronada. —Ocasioné una desgracia por mis infantilismos y por estar pensando tanto en tu padre—
—Descuida— Intentó decir para enmendar la tensión que acaparaba la atmósfera entre ellos.
—No quise meterte en tantos problemas— Siguió ella. —No lo quise, de veras que no lo quise, no fue mi intención—
—Está bien— Aseguró, dándole unas palmadas en el hombro. —Deja de llorar, madre— Soltó un pesado suspiro. —Es suficiente llanto por ahora—-
—¡Onii-chan!— Lloró indignada.
—Me cansé de que llores por tonterías que se pueden corregir— Espetó él, sin tacto. —Ni siquiera he intentado reparar la situación y te has rendido; esa no eres tu, madre— La tomó de los hombros, y la sacudió ligeramente. —¡Recupera el espíritu! Ponte en batalla, madre; tu no eres así—
Las lágrimas que salían de los ojos de su madre cesaron de emerger.
—Onii-chan— Respiró cortado.
—¡Tú no te dejas ganar por una estúpida oferta del Sr. Oizumi!— Dijo. —¡Ponte tu armadura de guerra, sal a la batalla y gana, madre— Motivó. —¡Gana!—
Su madre parpadeó recuperando su semblante.
—No puedo hacer esto solo— Añadió Naoki. —Necesito ayuda—
Su madre inhaló temblorosa, limpiando los rastros de lágrimas que permanecían en sus mejillas.
De pronto, por inercia, asintió.
Naoki sonrió complacido con su respuesta.
No era un fue.
No lo consideró así en el instante en que ocurrió, pero aquella mañana en que despertó y Kotoko no estaba allí en la mesa desayunando con ellos. Lo entendió.
Entendió que era un fue.
Lo asimiló con el dolor en el pecho, muy cargado en su espalda como un peso descomunal que cargaba con la mayor pena del mundo conspirando en contra su favor.
Supo que hubo un momento en que pudo haberle dicho lo que pasaba por su mente en los diversos momentos que pasaron juntos; supo que fue un completo incompetente para lidiar con sus sentimientos de manera abierta, porque todo tenía que estar encerrado bajo llave con un candado de gran valor impenetrable para que nadie pudiera ingresar a su interior.
Lo supo todo de antemano, lo divisó con la ingratitud en que un huracán te absorbe sin tu permiso para escupirte en otro lugar del mundo.
Fue escupido a un sitio donde sabía que perdió.
Un sitio que quizás nunca tuvo entre sus manos, pues, lo dejó escapar sin tomar riendas en el asunto.
Naoki despertó esa mañana con la garganta áspera, el cabello enmarañado, los ojos exhaustos y las ojeras pendiendo de sus ojos. El sinsabor del ambiente lo percibía como un cubetazo de agua fría, siendo envuelto por una capa de hielo que quemaba la piel de solo rozarla.
Intentó ir tras Kotoko luego de la conversación que tuvo con su madre que llegó a un buen punto final, pues, ella había entendido a la perfección sus palabras y estaba dispuesto a dar el todo por el todo.
Le daba certeza saber que su madre estaba situada de su lado, apoyándolo y escuchándolo en tiempos de incertidumbre, donde reinaba la inquietud del alma y la poca vanidad que se podía poseer se mitigaba con los pensamientos insolubles que tenía sobre el sentimiento descorazonado de no haber podido hablar con Kotoko y aclararle el malentendido.
La amaba y la necesitaba de su lado. Debía de existir una manera de poderla convencer de lo contrario. Con la cabeza en alto aceptaría las represalias que ella misma le daría, terminando asimismo en la conclusión de saber si ella lo amaba o no, como él la amaba a ella.
Aunque desconocía sus sentimientos, sabía que ella amaba a alguien, pero todavía no le había dicho quién era; pero muchas veces ella le incitó quién podría ser, mas él no captaba las indirectas que ella le mandaba con su usual manera de hablar.
Pero se ponía a pensar, qué le habría dicho si ella le hubiera dado el beneficio de la duda. Qué tonterías hubieran salido de su boca sin filtros, qué cara no pondría él al mostrarse como realmente es. Lo que en verdad oculta tras la máscara de su personalidad reprimida; qué cosas no le diría a Kotoko si tuviera otra oportunidad para hacerlo.
Asimismo con el humor agrio hasta la médula, subió a la oficina con la melancolía abarcando toda su expresión fría y desentendida del mundo.
El elevador poseía un cierto atributo solitario que sacaba a relucir su soledad, ahora que Kotoko no estaba con él; Kotoko se dedicaba a entrenar para los partidos de basquetbol que se llevarían a cabo durante el otoño e invierno. Ya habían ganado uno cuantos partidos, pero necesitaban subir de categoría para estar en el nivel ideal para ganar el torneo de baloncesto de la región, para así irse a las ligas mayores.
Suspiró desganado.
Así era Kotoko; de amplias aspiraciones. De sueños inalcanzables, que hacía alcanzables. Era una chica de muchas cualidades, que se le consideraba como alguien de pocos atributos físicos, pero que a sus ojos, ella lo tenía todo.
El gran desequilibrio mental que padecía en plena acción de ir produciendo el videojuego con la finalidad de terminarlo lo más pronto posible, debido a los miles de problemas que trabajar en la empresa de su padre le había traído sin previo aviso.
Pasadas las dos, su madre le habló desde el celular, en lugar de hablarle por el teléfono de la oficina directamente.
Sus ojos se abrieron en breve, pasándose una mano por la frente.
—Madre— Saludó él.
—¡Onii-chan!— Dijo en su habitual tono risueño. —Buenas noticias, tu padre ya está por llegar a la casa, el chofer de Pandai lo llevará a casa y Shigeo-san traerá comida del restaurante—
—Y Kotoko?— Preguntó en torpeza.
Su madre pareció no captar su torpeza y siguió en su manera habitual.
—Tuvo partido esta mañana y llega a las 3— Manifestó ella. —De ella no te preocupes, ya le dije a Kotoko-chan que todo es un malentendido y se fue más tranquila al partido; ella lo entendió, pero espera una explicación de tu parte, porque se siente excluida porque no le dijiste nada al respecto—
Naoki pasó saliva, lamentándose su ineptitud.
—Ya veo…— Masculló suspirando.
—¡Descuida, Onii-chan!— Reconfortó su madre con motivación en su tono. —Sí tienes una oportunidad, estoy casi segura de que le gustas a Kotoko-chan, si no es por decir que muy segura de que sí habrá algo entre ustedes ¡sí!— Exclamó de gusto. —Espero que te pongas las pilas con esto, Onii-chan y lo tomes como aprendizaje para hablar con Kotoko-chan—
—Ok, madre, gracias— Colgó el celular a lo bruto.
Suspiró, bajando la cabeza.
Su rostro para esos extremos estaba encendido que parecía que estallaría del sonrojo que acaparaba su cara.
Qué significaba que tenía una oportunidad?
Es que insinuaba que Kotoko gustaba de él?
De ser así, se sentiría más que bendecido con tal posibilidad. Pero solo era una remota posibilidad de las muchas posibilidades que se imaginaba en sus ratos de reflexión.
Dio un breve respingo, dejando las cosas sobre la mesa, tomó su traje y salió de la oficina a la brevedad posible.
Llegando a casa, ansiando tener unos minutos de calma antes de la tempestad que le aguardaba con la llegada de los Oizumi.
Subió las escaleras con la cara exudando todo su sentir, conforme daba cada zancada. Lo que no contaba cuando llegó al segundo piso fue que su cuerpo colisionó con otro cuerpo considerablemente más pequeño que el suyo, pero que era resistente, por lo que el impacto no fue tan torpe al reaccionar y posó sus manos sobre los hombros de la otra persona, para recuperar el equilibrio.
No contaba con que se tratara de Kotoko saliendo de ducharse.
—Ah, Naoki-kun— Dijo ella al reconocerlo. Sus mejillas sonrosadas y sus cabellos mojados, le daban el aire idóneo para tentarlo de apegársele.
—Kotoko— Musitó él, atónito de verla así de bonita.
—Me imagino que vienes llegando— Manifestó ella, aplazando la distancia entre ellos. Su cabello largo y lacio emanaba un aroma electrizante, fue demoledor para el joven Naoki, quien se retorcía de sólo verla de esa manera.
—Sí— Respondió, añadiendo:—Y tú?—
—Hace rato— Sacudía su cabello negro, pasando sus dedos entre los mechones largos que albergaban su cabellera lacia. —Ganamos el partido, por cierto— Sonrió satisfecha con el logro. —Hacía mucho calor en el auditorio de la universidad en la que nos tocó jugar, pero fue divertido, aunque— Se pausó, centrándose en un mechón en particular que estaba enredado y comenzó a separar sus cabellos uno a uno.
Naoki no sabía si Kotoko lo hacia a propósito, porque estaba perdido en lo que salía de su boca por estar enfocado en verla tocar su cabello con ademanes delicados y finos de una mujer.
—Oba-sama me dijo que había sido un malentendido que te vas a casar— Repuso, enarcando una ceja y luego bajándola. —Dime, es cierto? Porque no te veías muy convencido las veces en las que hablé contigo acerca de la nieta del Sr. Oizumi, digo, me seguiste la corriente cuando me reía de ella y sus maneras refinadas de comportarse— Imitó las conductas de Sahoko con burla, haciendo que los ojos de Naoki se iluminaran a un modo más tranquilo. —Pero bueno, es cierto que no te vas a casar?—
Tragó saliva siendo escupido a la realidad nuevamente.
Quiso evadir la pregunta, mas no encontró en él fuerzas para hacerlo.
—Estoy comprometido— Precisó él, en vergüenza.
—Pero enamorado?—
—No, no estoy enamorado de ella— Aclaró en voz tenue.
Kotoko sonrió luminosa, poniendo ambas manos sobre sus mejillas que en segundos se encendieron.
—Entonces, tengo una oportunidad— Murmuró para sí misma, sin que Naoki alcanzara a escucharla, pero presintió que se trataba de algo bueno por la luz exudando de su cara. De pronto lo miró más repuesta que la noche anterior. —Bien, entonces, me iré a cambiar para recibir a Oji-san, ya está todo bien entre nosotros, Naoki-kun, ok?— Guiñó campante, yéndose a cambiar a su habitación con una luz rodeando toda su extensión.
Naoki apostaba que se trataba de algo bueno, mas desconocía el trasfondo del asunto.
Será acaso algo bueno? Se preguntó con la cara confundida.
Lo más probable es que sí. Ella se miraba muy contenta.
Bueno, encogió los hombros, haciendo un movimiento de asentimiento con la cabeza.
Si ella sonríe es porque es algo bueno.
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P.D. (Mención a la canción "Fue" de Soda Stereo)
Qué clase de mensaje entrelíneas tendrá Kotoko bajo la manga?
