Nota: La letra cursiva indica pensamientos.

Gracias por leerme.

TOMA 15

De pronto, el incómodo silencio que se había generado fue roto por la voz del castaño.

-Gracias Ayagi, me has dicho lo que necesitaba saber.

-No, Azumaya… escucha, debes saber bien todo, Saijo san solo quiere prote...

La llamada fue cortada. Su vista se perdía en algún punto del amplio pasillo inundado de una luz tan blanca y brillante que era casi dolorosa. Las visitas habían terminado varias horas atrás y ni una sola alma podía verse ahora. Un paisaje realmente desolador para cualquiera que decidiera merodear alrededor. Sin embargo, ese estado de profunda quietud y silencio era justamente el que necesitaba para ir acomodando todo lo que su mente estaba procesando. Pasó una hora, dos, tres y él continuaba sentado en la misma posición, las manos entrelazadas bajo su barbilla se extendían inmutables y la dureza de su rostro denotaba todos los sentimientos reprimidos, por lo cual el mirarle y salir vivo sería considerado un milagro. Sus ojos resplandecían como los de una bestia antes de atacar a su presa, concentrado, analizando, estimando el momento justo para devorarlo.

Finalmente, tras horas de inamovible postura, se puso de pie, avanzando hasta entrar a la habitación, donde un cansado Takato yacía dormido. Tomó asiento a un lado y contempló nuevamente cada parte del cuerpo frente a él, reviviendo, recreando, alimentando su mente y corazón con el más profundo odio hacia la mierda que rompió a su persona.

-Te prometo que nadie más volverá a lastimarte, NADIE. No mientras yo viva – susurró en el oído de Takato.

La rabia de saber quién era el perpetrador, más el voto de silencio autoimpuesto por su pareja, le hacía sentir nauseas. Debían hablar y pronto, porque de no ser así, el veneno que recorría su interior terminaría por consumirlo. Necesitaba saber que su pareja confiaba en él y que jamás habría secretos entre ellos, por más vergonzosos, terribles o dolorosos que estos fueran.

-Taniguchi san, disculpe que le llame a esta hora – exclamó Junta al tiempo que salía al balcón de la habitación – Necesito me ayude a posponer todos mis compromisos del día.

-Azumaya kun, que sorpresa… - dijo tallando sus ojos intentando remover las lagañas y somnolencia de ellos - ¿por qué?, ¿ha sucedido algo, estás bien? – preguntó preocupado el manager.

-Sí, necesito descansar, todo este tiempo ha sido agotador y ya no puedo más… el doctor dijo que al menos me tome uno o dos días. Podrías hacer eso por mí, ¿por favor? – dijo haciendo una voz angelical.

-Ya veo… claro que necesitas descanso, te has matado en trabajo todo este tiempo para mantenerte ocupado y olvidar aunque sea un momento lo que ha pasado, supuse que en algún momento lo pedirías… - pensó el hombre – no te preocupes, yo me encargaré de todo hablaré con el presidente, tú descansa y aprovecha estos tres días. Serán tus vacaciones adelantadas.

-Eso es muy generoso, solo pedí uno – exclamó el ojiverde.

-Sí, pero te los has ganado, como dije antes, pierde cuidado. Me encargaré de todo. Descansa, recupérate y vuelve renovado.

-Gracias Taniguchi san, lo haré. Hasta luego.

El actor colgó, permaneciendo un poco más en el balcón recargando su peso en el barandal, contemplando el paisaje oscuro y urbano que la noche le proporcionaba. En cuanto el sol asomara sus tonos naranjas, los engranajes comenzarían a girar y no pararían hasta que el trabajo estuviera terminado y él satisfecho.

-Por favor deme dos combos doble cuarto de libra, agregue dos órdenes extras de papas fritas y agrándelas. De bebida té oolong ¿y tú? – cuestionó miranda a Yoshi.

-Melon Soda… por favor.

-Melon soda, no olvide agregar el helado.

-¿Algo más que desee agregar? – preguntó el cajero.

-Niwa kun deseas algo más – dijo Arata mirando al menor.

-Oh no, gracias… esto es más que suficiente Shirakawa san – expresó con una mezcla de vergüenza y emoción.

-Oh Dios… en verdad no puedo creer que este chico haya vivido de tal manera, es tan inocente… - pensó – Tienes razón, igual otro día podemos venir y probaremos lo que tú quieras – comentó el detective - Sería todo, gracias.

-Enseguida estará su orden, pueden tomar asiento - El chico comenzó a dar indicaciones desapareciendo de la vista de ambos. En pocos minutos el pedido estaba listo.

-Aquí tienen su orden, que lo disfruten.

Arata observaba con detenimiento cada una de las expresiones de su pequeño acompañante - Luces emocionado – dijo mostrando cierta satisfacción.

-Trato de controlarlo – exclamó apenado, colocando sus manos sobre su rostro ya enrojecido.

-Adorable... No lo hagas, si algo te hace feliz está bien demostrarlo. Anda quita ya esas manos y dale una gran mordida a esto – dijo tomando la hamburguesa, acercándola hasta rozar los labios del niño.

Yoshi retiró de golpe sus manos al sentir la jugosa carne en su boca, la cual abrió tímidamente para atestar una mordida. Fuegos artificiales se veían alrededor, masticó rápido y trago, tomó con sus propias manos la hamburguesa y dio una probada más grande – mfmg esto está delicioso… - dijo con la boca llena y sonriente.

-Ah, en definitiva, es un niño, siento que podría malcriarlo… - pensó - jaja por favor mastica con cuidado y no olvides respirar, prueba las papas, son mis favoritas – dijo Arata tomando unas cuantas.

La hora de la comida, si es que se le podía decir así a un atracón a la una de la mañana, transcurrió con normalidad, ver comer a Yoshi era muy divertido debido a todas las expresiones que su rostro mostraba, cual niño que tiene juguete nuevo. Por otro lado, Arata disfrutaba la compañía y el momento. Hacía mucho que no saboreaba de los placeres sencillos y cotidianos de la vida. Tras unos cuantos minutos más el encanto llegó a su fin.

-¿Terminaste? – cuestionó el mayor tomando la charola frente a él.

-Sí. Muchas gracias, Shirakawa san – dijo el chico limpiando los últimos rastros de comida sobre su rostro – estuvo delicioso, ahora entiendo por qué la cajita tiene una sonrisa.

Arata rio tras el comentario - Me alegra mucho escuchar eso, luego podemos comer otra cosa que tengas ganas de probar – comentó al tiempo que se ponía de pie – si estás listo, es hora de continuar con el trabajo.

Por una milésima de segundo el alegre rostro del menor cambió a uno sombrío, de nuevo la realidad de su condición había vuelto a su mente. La comida en su estómago comenzó a molestarle, pero trató de controlarlo. Arata, quien le observaba desde el depósito de basura notó su estado, pero, aunque fuera incómodo, había sido un acuerdo. Ahora él, más que nadie deseaba atrapar a Madarame y cerrar el caso, puesto que ya no solo había prometido a Usaka resolver la situación, sino que también al joven frente a él, quien había sufrido terriblemente y en silencio todo el tiempo.

Tomó al chico pasando su brazo por sus hombros y caminó con él hasta el carro – recuerda que yo te voy a proteger, así que no tengas miedo – exclamó el detective.

Yoshi le miró, tras las palabras escuchadas sus labios comenzaron a formar un leve puchero. Aguantó sus ganas de llorar y se limitó a entrar en el auto. Pronto todo terminaría. Odiaba sentirse vulnerable, siempre mostraba un lado rudo y descarado, pero Arata sacaba su verdadero ser. El de alguien que desea ser cuidado y consolado.

-Bien, a partir de aquí tú me guiarás – indicó Arata.

Yoshi dio un largo respiro y exhaló sin importarle si este era exagerado, simplemente necesitaba soltar la tensión. - Siga todo el camino hasta la Zona industrial, una vez allí le diré por dónde ir – exclamó el menor.

Tras un recorrido de una hora cuyo acompañante fue el sonido de la radio, al fin, el destino se encontraba ante ellos.

-Siga por este camino hasta topar con la fábrica de ladrillos.

Por su parte, el mayor seguía cada instrucción al pie de la letra. Fue entonces que la voz del chico le hizo detenerse y exhalar un grito ahogado.

-Es ese Shirakawa san – señaló con dedo tembloroso – ese es el automóvil.

Arata se paralizó por un momento, sus manos comenzaron a sudar, su respiración se hizo más profunda y la excitación de saberse a nada de resolver el caso era palpable, pero debía controlarse, era el momento de reducir cualquier posible error a cero. Inhaló profundo y dirigió una pregunta hacia el otro.

-¿Estás seguro que ese es el coche?

-Sí – exclamó con seguridad – ese es el coche.

Arata soltó de golpe el aire contenido, sacó su celular y habló al equipo de investigación. Un rápido intercambio de palabras se dejó escuchar y de nuevo la atención se centró en el pelilargo.

Arata volteó su vista hacia el joven y con cuidado posó su mano sobre la cabeza de este.

-En breve estarán aquí las personas que recolectarán y analizarán cualquier evidencia existente en ese auto. Niwa kun, mírame – pidió - has sido muy, muy valiente, sin ti no lo habría logrado. Gracias por confiar en mí, verás que todo estará bien.

Una tímida sonrisa se dibujó en su rostro. -Eso es lo que más deseo, Shirakawa san – dijo el menor con los ojos clavados en él, para rápidamente volver a enfocarse en el carro frente a ellos - ¿será que realmente... podré iniciar de nuevo?

-¿Chunta?, ¿qué haces aquí?... ¡ya son las ocho! vas tarde a tu photoshoot. – soltó reprendiéndole al mirarle parado a un costado del ventanal cruzado de brazos y viendo hacia afuera.

-Hoy no iré a trabajar, ni mañana, ni pasado. Me han dado los días para descansar – dijo serio y sin mirarle.

El mayor podía percibir que algo no estaba del todo bien en su pareja, el ambiente se sentía extrañamente tenso – seguramente estará molesto por lo de Ayagi… - pensó sin poder quitar esa sensación de su pecho – pero… no, debe ser algo más – Con rapidez se acomodó propiamente en la cama.

-Takato, hay algo de lo que debemos hablar.

Junta se giró para verle, bajó los brazos hasta posarlos a sus costados. Allí estaba de pie, con un rostro tranquilo pero serio a muerte y los ojos siempre rebosantes de brillo, ahora lucían más severos, mirándole como si pudiesen atravesarle hasta ver su alma.

Un escalofrío de incertidumbre le recorrió el cuerpo al escuchar la voz grabe de su ángel. Las palabras no salían de su boca, la oración que había escapado de este le había dejado petrificado. Jamás lo había visto así, ni siquiera cuando le dijo que terminaran. Esto era mil veces más asfixiante y agónico. En automático llevó su mano libre hacia su pómulo derecho al sentir como copiosas lagrimas comenzaban a salir sin explicación alguna – NO, por favor… dime que no lo sabes… ¡por favor! – Su respiración comenzó a hacerse inestable, como si el aire le faltara. Fue entonces que sintió como dos brazos enormes y fuertes le abrazaban.

-Chu.. chunta… ¿Lo sabes, verdad?

Más que una pregunta, esta sonaba a afirmación. Una extremadamente dolorosa.

-Sí, lo se – soltó con dolor. Sintiendo como el esbelto cuerpo entre sus brazos se estremecía.

-Lo siento, perdóname por favor… no quería que lo supieras – decía entrecortado – entiéndeme por favor – justo después de decir tales palabras, el agarre de su mano derecha tras la espalda de Junta se hizo aún mayor.

-¿Takato, cómo puedo comprenderte si no me lo dices? – dijo alejándole lentamente hasta sostener con ambas manos el rostro de este - ¿cómo ayudarte a sanar si no se qué te duele?, ¿qué contestarte si no hay diálogo?. ¿Tienes idea de cuánto te amo?, cuánto me duele verte así y cuánto duele que no me hayas tenido la confianza de contarme todo primero… ¿quién soy para ti entonces?, un chico que solo te sigue cual perro, pieza decorativa, alguien que te hace sentir bien al tocarte, alguien con quien pasar el rato, alguien que no puede darte apoyo, inmaduro, patético y…

-¡BASTA! – gritó Takato con el ceño fruncido – BASTA… tú… tú eres mi vida… y te amo tanto que evité decirte, porque no quería afectarte en nada, quería que no llenaras tu corazón de rencor, quería… que olvidaras… quería protegerte de todo lo que se vendría si yo hablaba. No, no es solo eso… se honesto contigo mismo Takato… - se reprendió internamente - Tenía miedo de… de tu reacción… de lo que podrías hacer - el ojiazul cerró los ojos y continuó. – La verdad es que me siento tan, pero tan avergonzado… cómo podría decirle al amor de mi vida que alguien más puso sus manos sobre mi… cómo podría decirle que conoce quién fue, como decirle que siempre tuvo la razón en absolutamente todo lo que me dijo, que yo estaba cegado y que le juzgaba de intransigente, cómo decirle cuánto dolor sentí, cómo decirle cuánto le llamé, cuánto supliqué y jamás apareció… cómo decirle que estoy sucio, humillado, lleno de vergüenza en todos los sentidos y que solo quisiera morir. Dime Chunta… ¿cómo podría mirarte a la cara de nuevo sabiendo que no te merezco, que no valgo nada y con el terrible miedo de que me encuentres repulsivo y me rechaces porque Madarame me tuvo? – a este punto ya no hablaba, gritaba. Las lágrimas derramadas, ahora parecían rio y el llanto que se controlaba al hipar, ahora retumbaba sonora y desesperadamente haciendo ecos de dolor en toda la habitación – Por favor no me dejes, por favor no me rechaces, por favor, por favor quédate conmigo. Te necesito. Por favor no me odies, no podría con eso… por favor, tengo tanto miedo, tanto miedo… pregúntame lo que quieras saber, yo te lo diré todo, pero por favor no me dejes.

-¡TAKATO! ESCÚCHAME – dijo pegando su frente a la del otro - JAMÁS, JAMÁS TE DEJARÉ. Te lo dije hace mucho tiempo atrás, no importa quién te desee o incluso si tú quisieras a alguien más, JAMÁS TE DEJARÉ, soy egoísta y codicioso. MALDITA SEA… TE AMO, PRESTA ATENCIÓN A ESTO: YO NO TE ODIO, NI ANTES, NI AHORA, NI NUNCA Y NI EN UNA ETERNIDAD TE RECHAZARÍA. ¡NO ESTÁS SUCIO! NO HAS PERDIDO VALOR. TÚ ERES PERFECTO, HERMOSO, BRILLANTE Y NO TIENES NADA POR LO CUAL AVERGONZARTE – Expresó con desesperación y amor, mientras abrazaba con necesidad a su amado, intentando en el acto reconfortarle. – A partir de ahora, jamás me ocultes nada, que no haya secretos entre nosotros. Yo te cuidaré toda la vida, confía en mi por favor. No me dejes sentado en la banca mientras tú te enfrentas al juego solo, nunca más. Tú y yo, somos el mejor equipo y te juro por mi vida que estaré para ti SIEMPRE. Solo mírame, aquí me tienes.

-Chunta… – soltó con voz ahogada. Simplemente era imposible articular palabra alguna, las emociones le habían ofuscado.

-Mi tesoro, perdóname por haberte hablado con dureza. De verdad quería saber y conocer tus motivos, entender qué te tenía tan angustiado, que de tu boca saliera la verdad. El veneno dentro de mí me estaba matando. Fui un cabezota, cruel… no quiero que derrames una sola lágrima por mi causa, nunca – agarró aire y continuó – perdóname por no haber estado para ti cuando sufrías, no sabes cuánto lo lamento. Ya no llores por favor, eso me parte el alma.

-No, no digas eso - interrumpió de inmediato ante tales palabras y limpió como pudo su rostro – no te estoy reprochando, jamás lo diría con esa intención. Tú me advertiste, me lo advertiste tantas veces… – dijo apretando sus dientes - yo soy el único que debe pedir perdón.

Junta le miró y suspiró… -Creo tienes razón en pedir perdón – poco a poco fue acomodándose en la cama hasta quedar recostado a un lado del mayor. Con cuidado Posó su brazo alrededor de la cintura de este – si eso te hace sentir mejor, entonces hazlo, yo te perdono. Así que por favor acepta mis disculpas, para que yo también pueda avanzar. No te quedes con nada, yo no lo haré.

-Las acepto… - contestó de inmediato - solo quiero que tú y yo estemos bien - dijo de inmediato, reposando la cabeza sobre el pecho del ángel – me siento tan en paz contigo, protegido y amado, no quiero moverme, no quiero perderte. No puedo creer que te lo haya dicho. Mis miedos, pesares e inseguridades. Si quisieras podrías destruirme, ¿cómo llegué a depender tanto de tu presencia?

-Estabas tan aterrado de mi reacción que no podías hablar… ¿qué clase de pareja soy que ni siquiera puedo darle confianza a mi amado?... es ridículo pensar que te rechazaría. Solo queda demostrarte cuan importante eres para mí, hasta que lo sientas por completo, hasta que te llenes y no tengas duda alguna – pensaba Junta.

Ambos permanecieron unos minutos sin decir nada, necesitaban tranquilizar las aguas, solo el sonido de sus respiraciones se escuchaba. El ambiente tenso que se había prolongado ahora no era más que un recuerdo. Finalmente, aquello que había estado oculto salía a la luz. Un gran peso había sido removido de sobre Takato y Junta tras la confesión, dejándolos a su vez exhaustos emocionalmente.

Takato se separó un poco y comenzó a hablar… -Sabes, ayer ese maldito se paró aquí… pensé que moriría presa del pánico - comentó el actor. Mientras tanto la mirada del menor se volvía fría – no podía gritar, ni moverme, me sentí vulnerable de nuevo. Entonces Ayagi entró y lo echó. Fue ahí que pude respirar de nuevo. Para nada era mi intención contarle, pero estaba tan ahogado que en ese momento lo único que quería era un salvavidas, aparte había visto todo, inventar excusas a esas alturas era imposible… - hizo una pausa y continuó – a lo que quiero ir es, que no le conté porque confiará más en él que en ti y lamento mucho que te hayas tenido que enterar por él. Con eso me doy cuenta de que me traicionó a la primera oportunidad. Sólo el sabía, no podías enterarte por otro medio.

-No, te equivocas… Ayagi no me contó nada, bueno, al menos no a propósito. Anoche que salí del cuarto le hablé por teléfono, le engañé diciéndole que lo sabía todo y lo demás pues es historia – dijo tomando con cuidado la mano del actor, depositando tiernos besos en esta – es un idiota, pero… creo no es un mal tipo. Igual no lo quiero tan cerca de ti.

-¡AAH! Eso sí que ha sido una sorpresa – dijo volteando a ver a su ángel – tú hablando bien de Ayagi, si supiera me pregunto cómo reaccionaría – una risa suave se dejó escapar de entre sus labios.

-Me encanta tu risa – dijo besando con cuidado su boca – creo que debo agradecerle por llegar a tiempo. Debo cambiar a Takato lo antes posible de hospital, no se sabe cuándo podría volver ese mal nacido – pensó.

-No te preocupes por eso, ya le agradecí yo – dijo tomando la mano del menor. Por un momento permaneció en silencio, sin embargo, nuevos temores surgieron. Ahora su ángel sabía quién había perpetrado el crimen y no tenía idea de cómo lo tomaría. -Chunta, ahora que lo sabes… - tenía miedo de preguntarlo, pero era necesario o no podría estar en paz - ¿Qué harás con lo que te he dicho?

-Seguro se refiere al hijo de puta… ¿Que qué haré preguntas?... – suspiró y continuó - te mentiría si te digo que no quiero matarlo, reducirlo a la nada. Pero no haré algo que te perjudique. Shirakawa san se está encargando de investigarle, creo que con tu testimonio será más que suficiente para meterlo a la cárcel.

-No quiero hacerlo… - replicó de inmediato – no puedo arrastrar a mi miseria a todos mis compañeros, la película saldrá pronto. Todos lo esperan con ansias, no quiero ningún escándalo.

-Sabía que dirías algo como eso. Pero si es tu deseo yo lo respetaré, haré solo lo que tú me pidas.

-Solo quiero dejar atrás el pasado, recuperarme y volver a nuestra vida normal – una débil sonrisa surcaba su rostro – quiero atenderme con un psicólogo, reconozco que no estoy bien, todas las noches sueño con lo que pasó y entro en pánico, pero se que contigo a mi lado podré superarlo.

Junta escuchaba atentamente cada palabra que salía del actor, le dolía escuchar lo que todos los días enfrentaba, todo lo que había estado guardando para sí – Claro que lo superaremos. Siempre que tengas un mal sueño, entraré en ellos y te cuidaré, te sostendré y te pegaré a mi pecho justo como estamos en este momento – dijo besando su cabeza -Solo quiero hacerte dos preguntas. ¿Vas a hablar con el detective y decirle quién fue?

-No. Ya te lo dije y tú por favor ¡no le digas nada!

-Eso fue rápido de tu parte y no te preocupes, no te presionaré para que lo hagas, ni le diré nada.

-¿Cuál era la segunda? – preguntó.

-Si llegara Shirakawa san a encontrar pruebas y dar con la mierda esa, ¿seguirías sin declarar?

Takato reflexionó un momento en lo que se le preguntaba, Shirakawa le había dicho que todo sería tratado de manera privada, sin escándalos, trato y sentencia directa. Entonces, ¿por qué sentía temor? ¿por qué no refundirlo en la cárcel donde no podrá dañar a nadie más?

-Si es así, tal vez lo haría… sería lo ideal si no vuelvo a verle la cara nunca más – dijo apretando la colcha.

-¿Te ha amenazado? – preguntó con severidad.

-Dijiste que solo serían dos preguntas - debatió el mayor.

-Dos para empezar, además me dijiste que preguntara lo que quisiera – dijo extendiendo sus alas.

-Oh Dios, nunca podré contigo…

-Entonces, ¿lo ha hecho?…

-¿De qué te sirve saber eso?, da igual si es sí o no.

-Tomaré tu renuencia a contestar como un sí.

-Por favor dame un respiro, mi corazón se ha vuelto débil por tantas emociones y ni siquiera he desayunado – dijo posando su brazo sobre sus ojos.

Takato intentaba cambiar de tema, había sido suficiente por hoy y no deseaba continuar con ello. Por su parte Junta notaba la incomodidad en el otro, por lo que optó por no seguir con el interrogatorio. Ya tendrían más oportunidades para hacerlo. De todas maneras, lo que dijera no cambiaría lo que ya tenía pensado hacer.

Dos toquidos se dejaron escuchar tras la puerta.

-Seguro son Tsukishima san y Numano kun, siempre se reportan al llegar, aunque hoy llegan tarde.

Toda conjetura quedó de lado al ver que quien entraba por la puerta era el doctor encargado de Takato.

-¡Saijo san buen día! Oh, Azumaya san, que sorpresa verle aquí – comentó sonriente.

-Hoy tengo el día libre – contestó animado el ángel. Colocándose de pie para dejar al paciente cómodo.

-Doctor, tenía tiempo que no le veía – saludó Takato.

-Lo sé, el no verme por aquí es una buena señal ¿no cree? y Azumaya san que bien que tiene libre el día porque tengo buenas noticias para ambos.

Los dos intercambiaron miradas para volver la vista hacia el extranjero.

-¿Cuáles son las buenas nuevas? – preguntó Junta.

-He revisado el expediente de Saijo san por lo cual a partir de hoy le otorgo el alta. Saijo san, su recuperación va muy bien, a decir verdad, sorprendentemente rápido. Supongo es por los cuidados que ha recibido. Estimo que el tiempo de sanación podría reducirse a la mitad del pronosticado al principio.

-Creo haber escuchado bien, pero igual preguntaré para estar seguro ¿De verdad puedo irme a casa? – preguntó anhelante.

-Sí, obviamente deberá venir en cuanto sienta alguna molestia. También le programaré una cita al mes para llevar el control de su estado y el tratamiento. Lo único que le encargaré será que coma suficiente y balanceadamente, perdió mucho peso y usted de por si ya es muy delgado. Si queremos que esos huesos se recuperen pronto, la alimentación es primordial.

-No se preocupe doctor, me encargaré de que Takato coma bien – intervino rápidamente el ojiverde.

-Oh, estoy seguro de que así será – dijo sonriente el hombre – Saijo san, voy a hacerle un chequeo rápido, solo para confirmar que todo esté bien y después de ello pueden ir preparando sus maletas.

-Gracias, extraño mucho mi casa y a decir verdad no pensé que volvería tan pronto. Estoy realmente emocionado.

-Ha sido un paciente modelo. Iré a lavarme las manos, colocarme los guantes y regreso -indicó el hombre - Azumaya san, haré una revisión completa… si gusta puede esperar afuera.

De inmediato el menor pudo notar cómo el pelinegro se tensaba, por lo que decidió preguntar – Takato, ¿quieres que me quede aquí?

-Sí, por favor – dijo bajando la mirada. Tras las palabras intercambiadas le era imposible dejarle ir.

-De acuerdo comenzaré con el examen. Takato san presionaré su pómulo y necesito saber si siente alguna molestia. Gracias a la técnica que empleamos no tiene cicatriz alguna – dijo al tiempo que palpaba el área afectada – también la inflamación ha cedido, aún falta un poco para estar completamente en su estado normal, pero va bien. ¿Cómo siente la mordida?, ¿duele al comer?

-No, para nada, todo bien.

-Eso es bueno. Ahora tocaré su hombro, este se dislocó y solo estuvo un mes con la férula. Necesito que lo mueva como le indicaré.

Takato seguía cada instrucción punto por punto, todo esto bajo la atenta mirada del ojiverde.

-¿Duele si le tomo de esta manera?

-No.

-Excelente. Ahora revisaré sus costillas.

La imagen del actor era totalmente lamentable sin ropa. Estaba tan esquelético que parecía que hasta el viento se lo llevaría. Los yesos colocados en su brazo y pierna, respectivamente, seguro pesaban más que él.

-Aún tiene hematomas, pero vamos bien. Le colocaré de nuevo las vendas elásticas, eso le hará sentir mejor – dijo al tiempo que las acomodaba - Azumaya san, no llamé al enfermero así que ahora usted me asistirá. Por favor ayúdeme a colocar a Saijo san boca abajo.

"Demonios", pensó. Estaba comenzando a dudar de su decisión de quedarse. En todo el tiempo transcurrido no había querido si quiera darle una mirada a esa zona. Podía sentir como la rabia se iba apoderando de su cuerpo. Fue entonces que sus ojos hicieron contacto con los del mayor y pudo percibir el miedo en ellos, así como el leve temblor que recorría su cuerpo.

-Tranquilo, estoy contigo - dijo susurrando en su oído mientras lo acomodaba. Con cariño tomó su mano para darle apoyo.

-De acuerdo, voy a descubrir esta área, mueva por favor su pierna izquierda un poco. Así, muy bien, ahora voy a revisarle, si siente alguna molestia dígame.

El doctor con cuidado separó las nalgas del actor, quien a su vez se estremeció y apretó con mayor fuerza la mano que le sostenía.

-Lo siento Saijo san, se que es molesto, pero terminará pronto. Lo está haciendo muy bien.

Junta, tras dedicarle unas miradas al mayor, regresó la vista hacia las manos del doctor, fue entonces que pudo ver tres líneas que se extendían desde la zona perianal. Apretó los dientes con fuerza, por un momento tuvo que cerrar sus ojos. No quería ver más.

-Saijo san, ya no tiene costras, seguro eso le causaba mucha comezón. Se ve muy sano y su tono rosado ha vuelto – Dijo acomodándole la ropa – Azumaya san, por favor vuelva a acomodarlo.

Ambos actores permanecían en silencio, uno suficientemente apenado y el otro sin encontrar la salida a la furia acumulada.

-Usted puede retirarse. Todo como le había dicho antes, va viento en popa. Mis recomendaciones serían: no realizar movimientos bruscos, reposar, incluir en su dieta mucha fibra y agua porque al menos por fuera la apariencia es buena, pero por dentro no revisamos, así que procure dieta blanda. Por mi parte sería todo. Más tarde le enviaré por mensaje su cita. Fue un placer atenderle. Con permiso.

-Gracias doctor – expresaron al unísono.

La visita del médico les había dejado un sabor agridulce en la boca. Podían sentirlo y si no hacían algo pronto, este persistiría.

-Bueno… te tengo dos opciones – se animó a hablar Junta en un intento de calmar sus demonios – la primera es empacar lo más pronto posible todo y comer en casa, la segunda es: llamar a los policías de Shirakawa san, esperar a que lleguen, ir por algo de comer y después organizamos la mudanza.

-Quiero comer en casa – respondió sin dudar – extraño verte cocinar.

-Te cocinaré todo lo que quieras mi amor – dijo depositando un beso sobre los labios del otro – entonces déjamelo todo a mí. Pronto estaremos en nuestro hogar.

-Que bien se escucha eso… nuestro hogar – solo ayúdame a ponerme de pie, por favor. Quiero cambiarme de ropa. Oh, debería llamarle a Usaka san…

-Una cosa a la vez tesoro. Te traeré el cambio a la cama, así no tendrás que moverte, si necesitas ayuda me dices.

-Sí, lo se… pero déjame decirte que estoy fracturado, no inútil. No hay nada que no pueda hacer, no me subestimes.

-Ah, alguien ha recuperado su espíritu competitivo – dijo el ángel con una gran sonrisa, colocando las prendas sobre la cama.

-A falta de actores mediocres de cuarta para humillar, tengo que conformarme con mis compañeras, las playeras, pants y muletas. No me ganarán.

-¡Da pelea Takato!

-Ya verás con qué maestría lo haré, ángel de poca fe.

-Pero si yo tengo mucha en ti Takato – dijo haciendo unos pucheros.

-Ven aquí – dijo moviendo su mano – te has ganado un abra…..

No pudo terminar la oración porque un animado Junta presionaba sus labios, sumiéndolos en un beso intenso y necesitado. Tras unos minutos dos rostros muy sonrojados se separaron.

-Takato, cámbiate… vayamos a casa.

-Sí… a casa.

-El jefe nos va a matar – soltó el pecoso.

-No, no si no se entera – respondió tranquilo Tsukishima.

-Ayer no volvimos con Saijo san y hoy vamos ¡súper tarde! – dijo presionando con fuerza los botones del ascensor – además ¿y si le pasó algo malo? – gritó histérico.

-Mira, tranquilízate. De haber ocurrido algo así ya nos habrían llamado, aparte Saijo san tiene nuestro número si nos necesitara ya nos habría dicho.

-Al menos me consuela que pudimos recopilar información valiosa – dijo Numano.

-Sí, debemos hablar pronto con el jefe. Llegamos, este es el piso. Salgamos pronto.

-Toca tú la puerta a mi me da pena… - dijo el joven.

-Deja de ser un crío y hazlo – expresó con fastidio el mayor.

-Eres un senpai demonio – dijo apretando los ojos – aquí voy…

-Shirakawa san… Shirakawa san – llamaba moviéndole ligeramente el hombro.

-mmm…

-Shirakawa san, despierte, le he traído café y su teléfono no ha dejado de sonar desde hace una hora. Shirakawa san – insiste.

Lentamente fue abriendo los ojos. Después de haber encontrado el coche y esperar a los investigadores, se había mantenido despierto hasta que estos terminaran de examinar el área. Una vez todo en orden, había manejado hasta su departamento donde ahora habitaba un nuevo inquilino.

-¿Niwa kun…? – preguntó, al tiempo que tapaba con su mano el enorme bostezo que escapaba de su boca.

-Sí, soy yo… supuse que querría comer algo, así que preparé tostadas con huevo y café, no había más variedad y no conozco la zona así que no pude salir a comprar otra cosa, pero si quiere algo más dígame a dónde ir y yo puedo encargarme, se cocinar de todo, la sopa de miso es mi especialidad, aunque el arroz y el curry no se queda atrás, también…

-Shh – dijo poniendo su dedo índice sobre los labios del chico – el café, los huevos y las tostadas están bien para mí. Gracias – dijo sonriendo. Se puso de pie y caminó hacia la cocina – ven comamos.

-Dios… es demasiado atractivo… No. Detente, Shirakawa san está ayudándote no puedes tener esos pensamientos – se reprendía a sí mismo sacudiendo su cabeza de un lado a otro, intentando despejarse las ideas, sin éxito alguno – pero, su sonrisa es sexy y su voz profunda y sus dedos tan grandes…

-Niwa kun… ¿me escuchas?

-¿Qué?, ¿qué dije? – se estremeció abriendo los ojos como platos en el acto.

-Te pregunté si quieres leche en tu café – dijo mirándole de reojo - ¿te sientes bien? tu rostro está como tomate.

-Ah no, no, estoy bien… y no tomo café, la leche sola está bien. Gracias – dijo pidiendo que la tierra le tragara – serás estúpido, no es la primera vez que estás a solas con un hombre ¡ya contrólate! – continuaba con su monólogo interno.

-Bien, café para los adultos y leche tibia para el gatito bebé – dijo colocando la taza frente a Yoshi.

- Gra, gracias. I,i itadakimasu… Dios, ya llévame, no puedo con este hombre… ¡NO ME HABLES ASÍ! No me trates tan bien…

El sonido de una llamada le hizo volver a la tierra.

-Shirakawa al habla… - respondió el hombre con firmeza, sorbiendo un poco de su café. Miró a Niwa y levantó su pulgar en señal de que le había gustado. A lo cual el otro se limitó a sonreir.

-Jefe, soy Tsukishima. Le informamos que nuestro servicio a Saijo san ha terminado. Hoy le han dado de alta, ahora nos encontramos afuera de su departamento. Les ayudamos a traer sus cosas del hospital. Acabamos de despedirnos. Azumaya san nos ha dicho que a partir de ahora él se encargará de todo, y jefe… - hizo una pausa y continuó – Numano y yo tenemos algo de qué hablar con usted, es con respecto al actor Madarame Kuroo san y…. Oh disculpe jefe, le llamaré de nuevo en un momento, nos habla Azumaya san.

-Tiene mucho que explicar Tsukishima, vengan a mi casa. Los estaré esperando.

-Sí señor. Hasta luego.

-Disculpa que haya contestado sobre la mesa, pero es mi trabajo.

-No tiene de que disculparse Shirakawa san. Por favor coma o su comida se enfriará.

-Tienes razón, tiene muy buena pinta. Al menos el café te quedó delicioso – dijo dando otro sorbo, para después pasar su lengua por sus labios.

El pequeño le miraba absorto, recordando el beso que se habían dado en el bar la noche anterior – quisiera volver a probarlos…

-¿Qué cosa? – preguntó Arata.

-¡DEMONIOS, DEMONIOS! ¡PENSÉ EN VOZ ALTA! – haciendo uso de las últimas dos neuronas que se conectaban en su cerebro respondió – Ah lo siento, estaba soñando despierto …

-Dijiste que querías volver a probarlo, ¿a qué te refieres? – preguntó curioso Arata.

-A las hamburguesas – se apresuró a decir.

-JAJAJAJA, veo que realmente te gustaron. Si las comes todos los días te harán daño, pero si gustas podemos ir este fin de semana. Hoy por lo pronto iremos de compras, como has podido ver mi alacena está vacía y los niños en crecimiento deben comer saludable.

-No soy un niño – susurró con desgana.

-Lo eres… qué te parece si me cuentas más sobre ti. Me gustaría conocerte mejor.

-Esto es tan extraño… mi estúpido corazón no deja de latir – tragó saliva – oh, y si lo que quiere es conocerme porque teme que la persona que metió a su casa sea un ladrón – pensó, estúpidamente – ¡No soy ningún ladrón, ni me drogo! – gritó poniéndose de pie de un salto, golpeando sus manos contra la mesa.

Arata comenzó a toser al sentir como la tostada se le atoraba en la garganta, se había imaginado varias respuestas, pero no esa – cof, cof… Niwa kun, eres muy gracioso, pero por favor suelta tus ocurrencias cuando no tenga nada pasando por mi garganta, cof… jajaja. Ah, este niño…

Yoshi le miraba y no pudo evitar sonreir al ver como el mayor reía, le resultaba refrescante ver que alguien tan propio y serio mostrara otra cara tan diferente. Levantó la taza con leche y tomó de ella, hacía mucho que no tenía un desayuno tan agradable, tanto que no quería que este terminara…

-Solo un poco más, por favor…

-Azumaya san, ¿qué se le ofrece? – preguntó Numano - ¿aún faltan cosas de traer?

-Ah no, no es nada de eso… solo le traigo esto Tsukishima san, olvidó su saco – dijo extendiéndoselo.

-Ah, que descuido el mío. Muchas gracias y disculpe que no nos quedemos a almorzar, pero tenemos una cita con el jefe.

-No se preocupen, será en otra ocasión. Gracias por su duro trabajo – sonrió el ángel.

-AAGHH su brillo me lastima la vista – pensó Numano entrecerrando los ojos.

-Seguro – respondió Tsukishima – con permiso, nosotros nos retiramos.

Ambos policías subieron al auto y pronto se perdieron entre el tráfico.

-Takato puedes adelantarte y comer, tomaré una ducha rápido, huelo terrible.

-Si olieras mal te lo diría, ven a comer conmigo al fin estamos en casa – reclamó el mayor.

-De acuerdo, entonces solo deja que vaya al baño a lavarme el rostro – exclamó el castaño animado – mientras enciende la televisión, me comentó Sasaki san que están pasando de nuevo la serie americana que tanto te gusta "Breaking bad".

-Oh, de verdad… ponlo entonces y no tardes – gritó el actor sentado en el comedor.

-¡No lo haré!

Con cuidado tomó la laptop del escritorio, ingresó la contraseña y rápidamente dio una mirada a los archivos que había copiado. Todos tenían como iniciales MK… Madarame Kuroo. Con cuidado volvió a apagar la computadora y la colocó en un cajón bajo llave. Se dirigió al baño, abrió el grifo y dejó que el agua corriera por un momento, lavó su rostro y observó el reflejo que el espejo le regresaba, el cual era el de un hermoso y frio ángel oscuro. Solo cuatro palabras salieron de su boca… "ahora es mi turno".