Ni Love Live! Ni Cincuenta Sombras me pertenece, es de sus respectivos autores.

Sólo hay dolor. Mi cabeza, mi pecho... dolor abrasador. Mi costado, mi brazo. Dolor. Dolor y palabras en voz baja en la oscuridad.

¿Dónde estoy? Aunque lo intento, no puedo abrir mis ojos. Las

palabras susurradas se convierten en más claras... una luz en la oscuridad.

—Sus costillas están magulladas, Sr. Ayase, y tiene una fractura en el cráneo, pero sus signos vitales están estables y fuertes.

—¿Por qué todavía está inconsciente?

—Nozomi-san ha tenido una grave contusión en la cabeza. Pero su actividad cerebral es normal y no tiene hinchazón. Se despertará cuando esté lista. Sólo dele un poco de tiempo.

—¿Y el bebé? —Las palabras son angustiadas, sin aliento.

—El bebé está bien, Sr. Ayase.

—Oh, gracias a Dios. —Las palabras son una letanía... un rezo—. Oh, gracias a Dios.

Oh, Dios. Estaba preocupado por el bebé... ¿el bebé?... Pequeño Blip. Por supuesto. Mi Pequeño Blip. Trato en vano de mover mi mano hacia mi vientre. Nada se mueve, nada responde.

¿Y el bebé?... Oh, gracias a Dios.

Pequeño Blip está a salvo.

¿Y el bebé?... Oh, gracias a Dios.

Se preocupa por el bebé.

¿Y el bebé?... Oh, gracias a Dios.

Quiere al bebé. Oh, gracias a Dios. Me relajo y la inconsciencia clama una vez más por mí, alejándome del dolor.

Todo es pesado y doloroso: mis miembros, cabeza, párpados... nada se mueve. Mis ojos y mi boca están cerrados con resolución, indispuestos a abrirse, dejándome ciega, muda y dolorida. Cuando emerjo de la niebla, mi conciencia es inestable, una sirena seductora lejana. Los sonidos se convierten en voces.

—No voy a dejarla.

¡Eli! Está aquí... Quiero despertarme... su voz es un susurro tenso y atormentado.

—Eli, deberías dormir.

—No, papá. Quiero estar aquí cuando despierte.

—Me sentaré con ella. Es lo menos que puedo hacer después de que salvara a mi hija.

¡Honoka!

—¿Cómo está Honoka?

—Está aturdida... asustada y enfadada. Pasarán unas horas antes de que el Rohypnol esté completamente fuera de su sistema.

—Cristo.

—Lo sé. Me estoy sintiendo siete clases de idiota diferente por amainar su seguridad. Me lo advertiste, pero Honoka es tan obstinada. Si Nozomi no hubiera estado allí...

—Todos pensamos que Hyde estaba fuera de cuadro. Y mi loca y estúpida esposa... ¿Por qué no me lo dijo? —La voz de Eli está llena de angustia.

—Eli, cálmate. Nozomi es una joven excepcional. Fue increíblemente valiente.

—Valiente, testaruda, obstinada y estúpida. —Su voz se quiebra.

—¡Hey! —murmura Umi—, no seas tan duro con ella o contigo, hijo... Mejor regreso con tu madre. Son pasadas las tres de la mañana, Eli. De verdad deberías tratar de dormir.

La niebla se acerca.

La niebla se va pero no tengo sentido del tiempo.

—Si no la pones sobre tus rodillas, te aseguro como el diablo que yo lo haré. ¿En qué demonios estaba pensando?

—Creeme Jinta, podría hacer eso.

¡Papá! ¡Él está aquí! Lucho contra la niebla... lucho... Pero soy llevada hacia abajo por la espiral una vez más al olvido. No...

—Detective, como puede ver, mi esposa no está en estado para contestar alguna de sus preguntas. —Eli está enfadado.

—Es una joven testaruda, Sr. Ayase.

—Ojala hubiera matado a ese carbón.

—Eso habría significado más papeles para mi, Sr. Ayase... La Sta. Morgan está cantando como un canario consabido. Hyde es un verdadero hijo de puta. Tiene un serio rencor contra su padre y su...

La niebla me rodea una vez más y soy arrastrada... hacia abajo. ¡No!

—¿A qué te referías que no estaban hablando? —Es Kotori-san. Suena enfadada. Intento mover mi cabeza pero me encuentro con un silencio rotundo y decaído de mi cuerpo—. ¿Qué hiciste?

—Mamá...

—¡Eli! ¿Qué hiciste?

—Estaba muy enfadado. —Es casi un sollozo... No.

—Hey...

El mundo desciende, se hace borroso y yo me voy.

Escucho suaves voces confusas.

—Me dijiste que habías cortado todos los lazos —está hablando Kotori-san. Su voz es tranquila, una reprimenda.

—Lo sé —Eli suena resignado—, pero verla finalmente puso todo en perspectiva para mí. Tú sabes... con la niñez. Por primera vez sentí... Lo que hicimos... estuvo mal.

—Lo que ella hizo cariño. Los niños te harán eso. Mirar el mundo con una luz diferente.

—Ella finalmente entendió el mensaje... y entonces yo... lastimé a Nozomi — susurra.

—Siempre lastimamos a los que amamos, querido. Tendrás que decirle a ella que lo sientes. Querer decirlo y darle tiempo.

—Dijo que me dejaba.

No. No. ¡No!

—¿La creíste?

—Al principio, sí.

—Querido, siempre piensas lo peor de todos, incluyéndote. Siempre lo hiciste. Nozomi te ama mucho y es obvio que tú la amas a ella.

—Ella estaba enfadada conmigo.

—Estoy segura de que lo estaba. Yo estoy bastante enfadada contigo ahora mismo. Creo que sólo nos podemos enfadar verdaderamente con aquellos a los que amamos de verdad.

—Pensé en ello, y ella me mostró una y otra vez cuánto me ama... hasta el punto de poner su propia vida en peligro.

—Sí, lo hace, querido.

—Oh, mamá ¿por qué no se despierta? —Su voz se quiebra—. La estoy perdiendo.

¡Eli! Hay sollozos amortiguados. Oh... la oscuridad se acerca. No...

—Has tardado veinticuatro años en dejarme sostenerte así...

—Lo sé, mamá... Me alegro de que hayamos hablado.

—Yo también, querido. Siempre estoy aquí. No puedo creer que vaya a ser abuela.

¡Abuela!

¡El dulce olvido me llama!

Hmmm. Su barba suavemente raspa la parte de atrás de mis manos mientras él aprieta mis dedos.

—Oh, nena, por favor, regresa a mí. Lo siento. Lamento todo. Sólo despierta. Te extraño. Te amo...

Lo intento. Lo intento. Quiero verlo. Pero mi cuerpo me desobedece y me duermo una vez más.

Tengo una urgente necesidad de ir al baño. Abro mis ojos. Estoy en el ambiente estéril y limpio de una habitación de hospital. Está oscuro excepto por una luz lateral, y todo está en silencio. Mi pecho y cabeza duelen, pero más que eso, mi vejiga está repleta. Necesito orinar. Pruebo mis miembros. Mis brazo derecho aulló de dolor, y noto la intravenosa pegada al interior de mi codo. Cierro mis ojos rápidamente. Volteando mi cabeza, estoy agradecida de que obedezca mi voluntad, abro los ojos de nuevo.

Eli está dormido, sentado junto a mí e inclinándose hacia mi cama en sus brazos doblados. Me estiro, agradecida una vez más porque mi cuerpo responda, y paso mis dedos por su cabello suave. Se despierta con un salto, alzando su cabeza tan de repente que mi mano cae débilmente en la cama de nuevo.

—Hola —hablo con voz ronca.

—Oh, Nozomi. —Su voz es ahogada y de alivio. Agarra mi mano, apretándola fuertemente y sosteniéndola contra su mejilla áspera y con barba.

—Necesito usar el baño —susurro.

Me mira boquiabierto y luego me frunce el ceño por un momento. —Está bien.

Lucho para sentarme.

—Nozomi, quédate quieta. Llamaré una enferma. —Rápidamente se pone de pie, alarmado, y se inclina por el timbre en la cabecera.

—Por favor —susurro. ¿Por qué me duele en todas partes?—. Necesito levantarme.

Caray, me siento tan débil.

—¿Por una vez harías lo que te dicen? —espeta, exasperado.

—En verdad necesito orinar —dijo con una voz áspera.

Mi garganta y boca están tan secas. Una enferma entra en la habitación. Debe estar en sus cincuentas, aunque su cabello es negro azabache. Usa unos pendientes de perlas extralargos.

—Sra. Ayase, bienvenida de nuevo. Le haré saber a la Dra. que está despierta. —Camina hacia mi cabecera—. Mi nombre es Dora. ¿Sabe dónde está?

—Sí. Hospital. Necesito orinar.

—Tiene un cateter.

¿Qué? Oh esto es asqueroso. Miro ansiosamente hacia Eli y de nuevo a la enfermera.

—Por favor. Quiero levantarme.

—Sra. Ayase.

—Por favor.

—Nozomi —advierte Eli. Lucho para sentarme una vez más.

—Déjeme quitarle el catéter. Eli-san estoy segura que a la Nozomi-san le gustaría un poco de privacidad. —Mira deliberadamente hacia Eli, echándolo.

—No me voy a ir a ninguna parte. —La mirada de vuelta.

—Eli, por favor —susurro, estirándome y agarrando su mano. Brevemente él la aprieta y luego me da una mirada exasperada—. Por favor

—ruego.

—¡Está bien! —espeta y pasa su mano por su cabello—. Tiene dos minutos

—le dice entre dientes a la enfermera, y se inclina para saber mi frente antes de darse la vuelta y dejar la habitación.

Eli entra en la habitación dos minutos después mientras la Enfermera Nora me ayuda a salir de la cama. Estoy vestida en una delgada bata de hospital. No recuerdo ser desnudada.

—Déjeme llevarla —dice él y da zancadas hacia nosotras.

—Sr. Ayase, puedo hacerlo —la Enfermera Nancy lo reprende.

Él le dirige una mirada hostil. —Demonios, ella es mi esposa. Yo la llevaré.

—Lo dice entre dientes apretados mientras mueve el poste de intravenosa de su camino.

—¡Sr. Ayase! —protesta ella.

Él la ignora, se inclina y gentilmente me levanta de la cama. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello, mi cuerpo quejándose. Dios, me duele todo. Me lleva al baño de la suite mientras la Enfermera Nora nos sigue, empujando el poste de intravenosa.

—Sra. Ayase, estás demasiado delgada —murmura de manera desaprobatoria mientras gentilmente me pone de pie.

Me balanceo. Mis piernas se sienten como gelatina. Eli mueve el interruptor, y estoy momentáneamente cegada por la lámpara fluorescente que suena y titila para encenderse.

—Siéntate antes de que te caigas —espeta, todavía sosteniéndome. Con indecisión, me siento en el retrete.

—Vete. —Trato de que se vaya.

—No. Sólo haz pis, Nozomi.

¿Esto podría ser más vergonzoso? —No puedo, no contigo aquí.

—Podrías caerte.

—¡Sr. Ayase!

Ambos ignoramos a la enfermera.

—Por favor —ruego.

Él alza sus manos en derrota. —Me quedaré afuera con la puerta abierta.

—Da unos cuantos pasos hacia atrás hasta que está justo afuera de la puerta con la enfermera enfadada.

—Date la vuelta, por favor —pido. ¿Por qué me siento tan ridículamente tímida con este hombre? Pone sus ojos en blanco pero lo cumple. Y cuando su espalda está volteada… me dejo llevar, y saboreo el alivio.

Hago recuento de mis heridas. Mi cabeza duele, mi pecho duele donde Jack me golpeó, y mi costado tiene un dolor pulsante donde él me empujó al suelo. Además, estoy sedienta y tengo hambre. Dios, realmente hambrienta. Termino, agradecida al no tener que levantarme para lavarme mis manos, ya que el lavabo está tan cerca. Simplemente no tengo la fuerza para levantarme.

—Terminé —gritó, secando mis manos en la toalla.

Eli se da la vuelta y entra y antes de que lo sepa, estoy en sus brazos de nuevo. He extrañado estos brazos. Hace una pausa y entierra su nariz en mi cabello.

—Oh, te he extrañado, Nozomi-san—susurra, y con la Enfermera Nora enfadada detrás de él, me tiene de nueva en la cama y me suelta, reacio, creo.

—Si ya ha terminado, Sr. Ayase. Me gustaría revisar a la Nozomi-san ahora.

—La Enfermera Nora está enfadada.

Se mueve hacia atrás. —Es toda suya —dice en un tono más medido. Ella jadea y regresa su atención a mí. ¿Exasperante, verdad?

—¿Cómo se siente? —me pregunta, su voz enlazada con simpatía y un rastro de irritación, lo cual sospecho que es a beneficio de Eli.

—Dolorida, y sedienta. Muy sedienta —susurro.

—Le traeré un poco de agua una vez que haya revisado sus signos vitales y la Dra. la haya revisado.

Toma un tensiómetro y lo envuelve en mi antebrazo. Miro ansiosamente a Eli. Él parece terrible, angustiado incluso, como si no hubiera dormido por días. Su cabello es un desastre, no se ha afeitado en largo tiempo, y su camisa está muy arrugada. Frunzo el ceño.

—¿Cómo te sientes? —ignorando a la enfermera, él se sienta en la cama lejos del alcance.

—Confundida. Dolorida. Hambrienta.

—¿Hambrienta? —Pestañea con sorpresa. Asiento.

—¿Qué quieres comer?

—Cualquier cosa. Sopa.

—Sr. Ayase, necesitará el permiso de la doctora antes de que la Nozomi-san pueda comer.

La mira de manera impasible por un momento y luego saca su BlackBerry del bolsillo de sus pantalones y presiona un número.

—Nozomi quiere sopa de pollo… bien… Gracias. —Cuelga. Miro a Nora quien estrecha sus ojos hacia Eli.

—¿Nico? —pregunto rápidamente. Eli asiente.

—Su presión sanguínea está normal, Sra. Ayase. Llamaré a la doctora. — Remueve el tensiómetro y, sin otra palabra, sale de la habitación, irradiando desaprobación.

—Creo que hiciste enojar a la Enfermera Nora.

—Tengo ese efecto en las mujeres. —Sonríe.

Me río, luego me detengo mientras dolor irradia en mi pecho. —Sí, lo causas.

—Oh, Nozomi. Amo oírte reír.

Nora regresa con una jarra de agua. Ambos nos callamos, mirándonos mientras sirve un vaso y me lo entrega.

—Sorbos pequeños ahora —advierte.

—Sí, mamá —murmuro y le doy la bienvenida a un sorbo de agua fría. Oh mi. Sabe perfecto. Tomo otro y Eli me observa intensamente.

—¿Honoka? —pregunto.

—Está a salvo. Gracias a ti.

—¿La tenían ellos?

—Sí.

Toda la locura por una razón. El alivio se mueve por mi cuerpo. Gracias a Dios, gracias a Dios, Gracias a Dios, está bien. Frunzo el ceño.

—¿Cómo la atraparon?

—Elizabeth Morgan —dice simplemente.

—¡No!

Él asiente. —La capturó en el gimnasio de Honoka. Frunzo el ceño, todavía sin entender.

—Nozomi, te daré los detalles después. Honoka está a salvo, todos los asuntos considerados. Fue drogada. Está aturdida y conmocionada en este momento, pero por algún milagro no fue herida. —La mandíbula de Eli se tensa—. Lo que hiciste… —Pasa una mano por su cabello—, fue increíblemente valiente e increíblemente estúpido. Te podían haber asesinado. —Sus ojos resplandecen con un azul deprimente y escalofriante, y sé que está reprimiendo su enojo.

—No sabía qué más hacer —susurro.

—¡Podrías habérmelo dicho! —dice vehemente, cerrando sus manos en puño en su regazo.

—Él dijo que la mataría si se lo decía a alguien. No podía tomar ese riesgo. Eli cierra sus ojos, terror grabado en su rostro.

—He muerto cien veces desde el jueves.

¿Jueves?

—¿Qué día es?

—Casi sábado —dice, revisando su reloj—. Has estado inconsciente por casi veinticuatro horas.

Oh.

—¿Y Jack y Elizabeth?

—En custodia policial. Aunque Hyde está aquí bajo vigilancia. Tuvieron que removerle la bala que le dejaste —dice agriamente—. No sé en dónde está en el hospital, afortunadamente, o probablemente lo mataría yo mimo. —Su rostro se oscurece.

Oh mierda. ¿Jack está aquí?

¡Eso es por SIP tú puta perra!

Palidezco. Mi estómago vacío convulsiona, lágrimas manchan mis ojos, y un profundo estremecimiento me recorre.

—Hey. —Eli se mueve a toda prisa hacia adelante, su voz llena de preocupación. Tomando el vaso de mi mano, cuidadosamente me envuelve en sus brazos.

—Ahora estás a salvo —murmura contra mi cabello, su voz ronca.

—Eli, lo siento tanto. —Mis lágrimas comienzan a caer.

—Tranquila. —Él acaricia mi cabello, y yo gimoteo en su cuello.

—Lo que dije. Nunca iba a dejarte.

—Tranquila, nena, lo sé.

—¿Lo sabes? —Su admisión le pone fin a mis lágrimas.

—Lo averigüé. Eventualmente. Honestamente, Nozomi, ¿en qué estabas

pensando? —Su tono es tenso.

—Me tomaste por sorpresa —murmuro en el cuello de su camisa—. Cuando hablamos en el banco, creíste que iba a dejarte. Pensé que me conocías mejor. Te he dicho una y otra vez que nunca me iría.

—Pero después de la forma atroz en la que me había comportado… —Su voz apenas se escucha, sus brazos se tensan a mí alrededor—. Pensé por un corto tiempo que te había perdido.

—No, Eli. Nunca. No quería que interfirieras, y pusieras la vida de Honoka en peligro.

Él suspira, no sé si es de rabia, exasperación o dolor.

—¿Cómo lo descifraste? —pregunto rápidamente para distraerlo de su línea de pensamiento.

—Acababa de aterrizar en Akihabara cuando el banco llamó. Lo último que escuché es que estabas enferma e ibas a casa.

—¿Así que estabas en Portland cuando Sawyer te llamó en el coche?

—Estábamos a punto de despegar. Estaba preocupado por ti —dice suavemente.

—¿Lo estabas?

Frunce el ceño. —Por supuesto que lo estaba. —Pasa su pulgar por mi labio inferior—. Paso mi vida preocupándome por ti. Tú sabes eso.

¡Oh, Eli!

—Jack me llamó a la oficina —murmuro—. Me dio dos horas para conseguir el dinero. —Me encojo de hombros—. Tenía que irme, y esa pareció la mejor excusa.

La boca de Eli se presiona en una fuerte línea. —Y Sawyer te dio la salida. Está enfadado contigo. También.

—¿También?

—También como yo.

Me estiro y tentativamente toco su rostro, pasando mis dedos por su barba. Él cierra sus ojos, inclinándose en mis dedos.

—No estés enfadado conmigo. Por favor —susurro.

—Estoy tan enfadado contigo. Lo que hiciste fue monumentalmente estúpido. Bordeando lo insano.

—Te lo dije, no sabía qué más hacer.

—No pareces tener en cuenta tu seguridad personal. Y ya no eres sólo tú ahora —añade de manera molesta.

Mi labio tiembla. Está pensando en nuestro Pequeño Blip.

La puerta se abre, sorprendiendo a los dos, y una mujer joven afro- americana con una capa blanca sobre unos pantalones grises entra.

—Buenas noches, Sra. Ayase. Soy la Dra. Bartley. —Ella me empieza a examinarme a fondo, poniendo una luz ante mis ojos, haciéndome tocarla con mis dedos, luego tocando mi nariz mientras cierro primero un ojo y luego el otro, comprobando todos mis reflejos. Pero su voz es suave y su tacto delicado, tiene un trato cariñoso con los pacientes. La enfermera Nora se une a ella, y Eli camina hacia la esquina de la habitación y hace algunas llamadas, mientras ellas dos me atienden. ¡Es difícil concentrarse en la Dra. Bartley, la enfermera Nora y Eli, al mismo tiempo! pero oigo como llama a su padre, a mi madre, a Anju y les dice que estoy despierta. Por último, deja un mensaje para Jinta.

Oh, mierda… Un vago recuerdo de su voz vuelve a mí. Él estaba aquí, sí, cuando yo todavía estaba inconsciente.

La Dra. Bartley comprueba mis costillas, sondeando con sus dedos suavemente pero con firmeza. Me estremezco.

—Estos están magulladas, no fracturadas o rotas. Tuvo suerte, la Sra. Ayase. —Quiero fruncir el ceño. ¿Suerte? Esa no es la palabra que yo hubiera elegido. Eli la contempla hoscamente, también. Él vocaliza algo hacia mí. Creo que es temeraria, pero no estoy segura.

—Voy a recetarle unos calmantes. Los necesitará para esto y para el dolor de cabeza que debe tener. Pero todo está evolucionando como debe ser, Sra. Ayase. Le sugiero dormir un poco. Dependiendo de cómo se sienta por la mañana, podemos dejar que se vaya a casa. Mi colega, el Dr. Singh la atenderá a continuación.

—Gracias.

Hay un golpe en la puerta, y Nico entra llevando una caja de cartón negra con un estampado en crema de Fairmont al lado de los olímpicos. ¡Santocielo!

—¿Comida? —dice la Dra. Bartley, sorprendida.

—La señora Ayase tiene hambre —dice Eli—. Es sopa de pollo.

La Dra. Bartley sonríe. —La sopa va a estar bien, pero sólo el caldo. Nada pesado. —Ella nos mira fijamente a ambos y sale de la habitación con la enfermera Nora. Eli coloca la bandeja con ruedas delante de mí, y Nico coloca la caja en ella.

—Bienvenida de nuevo, Sra. Ayase.

—Hola, Nico. Gracias.

—Es un placer, señora. —Creo que quiere decir más, pero se mantiene a raya.

Eli está abriendo la caja que contiene un termo, un tazón de sopa, un plato, una servilleta de lino, cuchara sopera, una pequeña cesta con bollos de pan, un salero y pimentero de plata… The Olímpica en toda regla.

—Esto es genial, Nico. —Mi estómago ruge. Estoy famélica.

—¿Eso es todo? —pregunta.

—Sí, gracias —dice Eli, despidiéndolo. Nico asiente con la cabeza.

—Nico, muchas gracias.

—¿Algo más que pueda conseguir, Sra. Ayase?

Echo un vistazo a Eli. —Sólo un poco de ropa limpia para Eli. Nico sonríe. —Sí, señora.

Eli mira su camisa, desconcertado.

—¿Cuánto tiempo has estado usando esa camisa? —pregunto.

—Desde el jueves por la mañana. —Él me da una sonrisa torcida. Nico se va.

—Nico también está realmente enfadado contigo —añade Eli mal humor, desenroscando la tapa del termo y vertiendo la sopa cremosa de pollo en el recipiente.

¡Nico, también! Pero no me detengo en eso, como mi sopa de pollo distraída. Huele delicioso, y el vapor se enrosca tentadoramente en la superficie. La pruebo y es todo lo que prometía ser.

—¿Bueno? —pregunta Eli, se sube a la cama otra vez.

Asiento con la cabeza entusiasmada y no me detengo. Mi hambre es primordial. Me detengo sólo para limpiar la boca con la servilleta de lino.

—Dime lo que pasó después de que te dieras cuenta de lo que estaba pasando.

Eli se pasa una mano por el pelo y niega con la cabeza. —Oh, Nozomi, es bueno verte comer.

—Tengo hambre. Cuéntame.

Frunce el ceño. —Bueno, después de que llamaran del banco y pensar que mi mundo se había acabado totalmente… —No se puede ocultar el dolor en su voz.

Dejo de comer. Oh, mierda.

—No dejes de comer, o dejaré de hablar —susurra, su tono de voz es firme como su mirada. Sigo con mi sopa. Vale, vale. . . Maldita sea, tiene buen sabor. La mirada de Eli se ablanda y después de un momento, resume.

—De todos modos, poco después de que tú y yo hubiéramos terminado nuestra conversación, Nico me informó de que a Hyde se le había concedido la libertad bajo fianza. ¿Cómo? No lo sé, pensé que había logrado frustrar cualquier intento de libertad bajo fianza. Pero eso me dio un momento para pensar acerca de lo que habías dicho… y supe que algo andaba muy mal.

—Nunca fue por el dinero —digo de repente, un inesperado aumento de la ira quema en mi vientre. Mi voz se eleva—. ¿Cómo pudiste pensar eso?

¡Nunca ha sido acerca de tu maldito dinero! —Mi cabeza comienza a latir con fuerza y hago una mueca de dolor. Eli abre la boca una fracción de segundo, sorprendido por mi furia. Entorna los ojos.

—Cuida tu lenguaje —gruñe—. Cálmate y come. Lanzo una mirada hostil hacia él.

—Nozomi —advierte.

—Eso me dolió más que nada, Eli —susurro—. Casi tanto como que vieras a esa mujer.

Inhala fuertemente como si lo hubiera abofeteado y, de repente, se ve agotado. Cierra los ojos un instante, sacudiendo la cabeza, resignado.

—Lo sé —suspira—. Y lo siento. Más de lo que crees. —Sus ojos son luminosos con la contrición—. Por favor, come mientras que la sopa esté caliente.

Su voz es suave y convincente, y hago lo que pide. Él da un suspiro de alivio.

—Vamos —le susurro, entre bocado y bocado del ilícito pan blanco.

—No sabíamos que Honoka había desaparecido. Pensé que tal vez estaba chantajeándote o algo así. Te devolví la llamada, pero no respondiste. —Él frunce el ceño—. Te dejé un mensaje, entonces llame a Sawyer. Nico inició el seguimiento de tu teléfono. Yo sabía que estuviste en el banco, así que nos dirigimos hacia allí.

—No sé cómo me encontró a Sawyer. ¿Rastreó mi teléfono, también?

—El Saab está equipado con un dispositivo de seguimiento. Todos nuestros vehículos lo están. En el momento en que estábamos llegando al banco, tu ya estabas moviéndote y te seguimos. ¿Por qué sonríes?

—En algún nivel Sabía que se me acechabas.

—¿Y eso es divertido por qué? pregunta.

—Jack me había dado instrucciones para deshacerme de mi teléfono. Así que pedí prestado el de Whelan, y fue el que tiré. Puse el mío en una de las bolsas de lona para que pudieras rastrear tu dinero.

Eli suspira. —Nuestro dinero, Nozomi —dice en voz baja—. Come.

Limpio plato de sopa con el último trozo de pan y lo meto en mi boca. Por primera vez en mucho tiempo, me siento llena, a pesar de nuestra conversación.

—Terminado.

—Buena chica.

Hay un golpe en la puerta y la enfermera Nora entra una vez más, llevando un pequeño vaso de papel. Eli quita mi plato, y empieza a poner todos los objetos dentro de la caja.

—Aliviará el dolor —Nora sonríe, y me tiende la pastilla blanca en el vaso de papel.

—¿Puedo tomar esto? Ya sabes, ¿con el bebé?

—Sí, señora Ayase. Es Lortab, está bien. No va a afectar al bebé.

Asiento agradecida. Mi cabeza está golpeando. Me la trago con un sorbo de agua.

—Debe descansar, Sra. Ayase. —La enfermera Nora mira fijamente a Eli.

Él asiente con la cabeza.

¡No! —¿Te vas? —Exclamo, entrando en pánico. No te vayas. ¡Sólo hemos empezado a hablar!

Eli resopla. —Si piensas por un momento que voy a dejarla lejos de mi vista, Sra. Ayase, está usted muy equivocada.

Nora resopla, pero se cierne sobre mí y reajusta mis almohadas de manera que tengo que acostarme.

—Buenas noches, Nozomi-san—dice ella, y con una última mirada de censura a Eli, se va.

Levanta una ceja mientras se cierra la puerta.

—No creo que la enfermera Nora me apruebe. —Se queda de pie junto a la cama, con aspecto cansado, y a pesar del hecho de que yo quiero que se quede, sé que debo tratar de persuadirlo para que vuelva a casa.

—Necesitas descansar, también Eli. Vete a casa. Estás agotado.

—No te voy a dejar. Voy a dormitar en el sillón. Frunzo el ceño a él y luego me muevo.

—Duerme conmigo.

Frunce el ceño. —No. No puedo.

—¿Por qué no?

—No quiero hacerte daño.

—No me harás daño. Por favor, Eli.

—Tienes una vía intravenosa.

—Eli. Por favor.

Él me mira, y puedo decir que está tentado.

—Por favor —Levanto las mantas, invitándolo a la cama.

—A la mierda. —Él se quita los zapatos y los calcetines, y con cuidado se sube a mi lado. Suavemente, envuelve su brazo a mi alrededor, y yo pongo mi cabeza sobre su pecho. Besa mi pelo.

—No creo que la enfermera Nora vaya a estar muy feliz con este acuerdo — susurra con complicidad.

Me río y luego me detengo, cuando lanzas de dolor atraviesan mi pecho. — No me hagas reír. Me duele.

—Oh, pero me encanta ese sonido —dice con cierta tristeza, su voz baja—. Lo siento, nena, lo siento tanto, tanto. —Besa mi pelo otra vez y respira profundamente. No sé por qué está pidiendo disculpas, ¿por hacerme reír?

¿O el lío en que estamos? Descanso mi mano sobre su corazón, y él coloca

suavemente su mano sobre la mía. Los dos estamos en silencio durante un momento.

—¿Por qué fuiste a ver a esa mujer?

—Oh, Nozomi —Él se queja—. ¿Quieres hablar de eso ahora? ¿No podemos dejar esto? Lo siento, ¿vale?

—Necesito saberlo.

—Te lo diré mañana —murmura, irritado—. Oh, y el detective Clark quiere hablar contigo. Sólo rutina. Ahora duérmete.

Besa mi pelo. Suspiro profundamente. Necesito saber por qué. Por lo menos él dice que lo lamenta. Eso es algo, mi subconsciente está de acuerdo. Ella está hoy en un estado de ánimo aceptable, parece ser. Uf, el detective Clark. Me estremezco ante la idea de revivir los acontecimientos del jueves para él.

—¿No sabemos por qué Jack estaba haciendo todo esto?

—Hmm — murmura Eli. Estoy aliviada por el lento ascenso y caída de su pecho, agitando suavemente mi cabeza, calmándome mientras su respiración se ralentiza. Y mientras voy a la deriva intento darle sentido a los fragmentos de conversaciones que escuché mientras estaba en el borde de la conciencia, que se deslizan por mi mente, permaneciendo firmemente esquivos, burlándose de mí desde los bordes de mi memoria. Oh, es frustrante y agotador… y…

La boca de la enfermera Nora está fruncida y sus brazos cruzados con hostilidad. Pongo mi dedo en mis labios.

—Por favor, dejalo dormir —digo en voz baja, entornando los ojos ante la luz de la mañana.

—Esta es tu cama. No la suya —susurra con severidad.

—Dormí mejor porque él estaba aquí. —Insisto, corriendo a la defensa de mi marido. Además, es cierto. Eli se mueve, y la enfermera Nora y yo nos congelamos.

Él murmura en sueños. —No me toques. Nunca más. Sólo Nozomi.

Frunzo el ceño. Pocas veces he oído hablar a Eli en sueños. Es cierto que puede ser debido a que duerme menos que yo. Sólo lo he oído hablar de sus pesadillas. Sus brazos se tensan alrededor de mí, apretándome, y yo hago una mueca de dolor.

—Sra. Ayase… —La enfermera Nora frunce el ceño.

—Por favor —le ruego.

Ella niega con la cabeza, se vuelve sobre sus talones y se va, mientras yo me acurruco contra Eli otra vez.

Cuando me despierto, Eli no está por ningún lado. El sol se está entrando a través de las ventanas, y ahora puedo apreciar realmente la habitación. ¡Tengo flores! No las note la noche anterior. Varios ramos de flores. Me pregunto quién los envió.

Un suave golpe me distrae, y se asoma Umi-san por de la puerta. Él resplandece cuando ve que estoy despierta.

—¿Puedo entrar? —pregunta.

—Por supuesto.

Camina dentro de la habitación y hacia mí, sus dulces ojos azules suaves me evalúan con astucia. Lleva un traje oscuro, debe de estar trabajando. Él me sorprende inclinándose y besando la frente.

—¿Puedo sentarme?

Asiento con la cabeza, y se posa sobre el borde de la cama, tomándome la mano.

—No sé cómo darte las gracias por lo de mi hija, loca, valiente y querida chica. Probablemente le has salvado su vida. Siempre estaré en deuda contigo. —Su voz vacila, llena de gratitud y compasión.

Oh… No sé qué decir. Le aprieto la mano, pero permanezco en silencio.

—¿Cómo te sientes?

—Mejor. Dolorida. —Agrego, para ser honesta.

—¿Te han dado medicamentos para el dolor?

—Lo… algo.

—Bueno. ¿Dónde está Eli?

—No lo sé. Cuando me desperté, él se había ido.

—No debe estar muy lejos, estoy seguro. No te dejó mientras estabas inconsciente.

—Lo sé.

—Está un poco enfadado contigo, como debe ser. —Umi-san sonríe. ¡Ah! De ahí es de donde viene la sonrisa de Eli.

—Eli siempre está enfadado conmigo.

—¿Lo está? —Umi-san sonríe, complacido, como si eso fuera una buena cosa. Su sonrisa es contagiosa.

—¿Cómo está Honoka?

Sus ojos se nublan y su sonrisa se desvanece. —Ella está mejor. Loca como el infierno. Creo que la ira es una reacción saludable a lo que le pasó.

—¿Está aquí?

—No, está de vuelta en casa. No creo que Kotori-san se la deje salir de su vista.

—Sé cómo se siente.

—Necesitas vigilancia, también —advierte—. No quiero que tomes más riesgos tontos con tu vida o con la de mi nieto.

Me ruborizo. ¡Él lo sabe!

—Kotori-san leyó tu carta. Ella me lo dijo. Felicidades.

—Um… gracias.

Me mira, y suavizar sus ojos, a pesar de que frunce el ceño al ver mi expresión.

—Eli volverá —dice suavemente—. Esto es lo mejor para él. Sólo… darle un poco de tiempo.

Asiento con la cabeza. Oh… Han hablado.

—Mejor me voy. Estoy con el tribunal. —Él sonríe y se levanta—. Vendré a verte más tarde. Kotori habla muy bien del Dr. Singh y la Dra. Bartley. Saben lo que están haciendo. —Él se inclina y me besa una vez más—. Lo digo en serio, Nozomi. Nunca podré pagarte lo que has hecho por nosotros. Gracias.

Levanto la vista hacia él, parpadeando mis lágrimas, de repente abrumada, y él me acaricia la mejilla con cariño. Después se vuelve sobre sus talones y se va.

Oh. Estoy recuperado su gratitud. Quizás ahora debacle hacer mi acuerdo prenupcial. Mi subconsciente asiente con la cabeza sabiamente, de acuerdo conmigo de nuevo. Sacudo la cabeza y con cautela me levanto de la cama. Me siento aliviada al ver que soy mucho más estable sobre mis pies que ayer. A pesar de compartir la cama con Eli, he dormido bien y me siento renovada. La cabeza me duele todavía, pero es un dolor sordo persistente, nada como los golpes de ayer. Estoy rígida y dolorida pero sólo necesito un baño. Me siento sucia. Me dirijo al baño.

—¡Nozomi! —grita Eli.

—Estoy en el baño —Llamo cuando termino de lavarme los dientes. Eso se siente mejor. No hago caso de mi reflejo en el espejo. Vaya, soy un completo lío. Cuando abro la puerta, Eli está junto a la cama, sosteniendo una bandeja de comida. Se ha transformado. Vestido totalmente de negro, está afeitado, duchado, y se ve bien descansado.

—Buenos días, Nozomi-san—dice alegremente—. Tengo el desayuno. —Se ve tan juvenil y mucho más feliz.

Wow. Yo le sonrío ampliamente mientras vuelvo a la cama. Él lo coloca encima la bandeja con ruedas y levanta la tapa para revelar mi desayuno: harina de avena con frutos secos, tortitas con tocino y sirope de arce, zumo de naranja y té Twinings. Mi boca se hace agua, estoy tan hambrienta. Termino el zumo de naranja en unos tragos y cavo en la harina de avena. Eli se sienta en el borde de la cama mirándome. Él sonríe.

—¿Qué? —pido con la boca llena.

—Me gusta verte comer —dice. Pero no creo que sea eso por lo que está sonriendo—. ¿Cómo te sientes?

—Mejor —murmuro entre bocado y bocado.

—Nunca te he visto comer de esta manera. —Miro hacia él, y se me cae el corazón. Tenemos que abordar un pequeño gran elefante. —Eso es porque estoy embarazada, Eli.

Él resopla, y su boca se tuerce en una sonrisa irónica. —Si hubiera sabido que dejándote embarazada iba a conseguir hacerte comer así, podría haberlo hecho antes.

—¡Ayase Eli! —grito y dejo la harina de avena.

—No dejes de comer —advierte.

—Eli, tenemos que hablar de esto.

Él sigue sin entender. —¿Qué hay que decir? Vamos a ser padres. —Se encoge de hombros, tratando desesperadamente de aparentar indiferencia, pero todo lo que puedo ver es su miedo. Empujo la bandeja a un lado, me arrastro por la cama hasta él y pongo sus manos en las mías.

—Tienes miedo —le susurro—. Lo entiendo.

Él me mira, impasible, sus ojos y todo su infantilismo anterior han desaparecido.

—Yo, también. Es normal —le susurro.

—¿Qué clase de padre podría ser? —Su voz es ronca, apenas audible.

—Oh, Eli. —Reprimo un sollozo—. Uno que lo hace lo mejor posible. Eso es todo lo que cualquiera de nosotros puede hacer.

—Nozomi… No sé si puedo…

—Por supuesto que sí. Eres cariñoso, eres divertido, eres fuerte, estableces límites. A nuestro hijo no le faltará de nada.

Está congelado, mirándome fijamente, con la duda en su hermoso rostro.

—Sí, hubiera sido ideal haber esperado. Tener más tiempo, solo nosotros. Pero vamos a ser nosotros tres, y todos vamos a crecer juntos. Vamos a ser una familia. Nuestra propia familia. Y tu hijo te amará incondicionalmente, como lo hago yo. —Lágrimas vienen a mis ojos.

—Oh, Nozomi —susurra Eli, con la voz angustiada y dolida—. Pensé que te había perdido. Entonces pensé que te había perdido de nuevo. Ver que yacías en el suelo, pálida, fría e inconsciente… eran todos mis peores temores hechos realidad. Y ahora estás aquí, valiente y fuerte… me das esperanza. Amándome después de todo lo que he hecho.

—Sí, yo te amo, Eli, desesperadamente. Siempre lo haré.

Gentilmente tomar mi cabeza entre sus manos, limpia mis lágrimas con sus pulgares. Me mira a los ojos azulez, y todo lo que veo es miedo, asombro y amor.

—Te quiero, también —respira. Se inclina y me besa con dulzura, con ternura, como un hombre que adora a su esposa—. Voy a intentar ser un buen padre —susurra contra mis labios.

—Vas a intentarlo, y vas conseguirlo. Y seamos sinceros, no tienes mucho donde elegir, porque Blip y yo no vamos a ninguna parte.

—¿Blip?

—Blip —Levanta las cejas.

—Tuve el nombre Junior en mi cabeza.

—Junior será, entonces.

—Pero me gusta Blip.

Él sonríe a su sonrisa tímida y me besa una vez más.