Capítulo 20
—Inuyasha ¿Qué haces aquí? – preguntó la joven.
—Nada, él ya se iba – se adelantó a responder su hermano mayor — ¿Verdad Inuyasha?
—No – negó el joven y observó a su linda esposa – Vengo hablar contigo.
—Pero si no quieres se puede ir – repuso Koga.
— ¿Puedes dejar de interrumpir? – dijo Inuyasha molestó mirando a Koga – Esto es entre ella y yo.
—Sí, pero ella es mi hermana – se puso al par de Inuyasha – Y no dejaré que un maldito bastardo como tú la haga sufrir – ambos apretaron los nudillos de las manos y estaban a punto de golpearse.
— ¡Basta! – interrumpió Kagome poniéndose en medio de los dos, Kagome observó a su hermano, le regaló una sonrisa y por último de dijo – Por favor, déjame hablar con él.
—Kagome…
—Tranquilo – le tocó el hombro dulcemente – Estaré bien.
—Si te hace algo sólo grita ¿De acuerdo?
—No te preocupes – le lanzó una mirada de desprecio a Inuyasha –Ya no hay nada que me pueda hacer.
Koga miró a su hermana y asintió, pero antes de salir observó a Inuyasha y por último salió de la sala de estar cerrando la puerta a sus espaldas y se fue a su despacho.
Kagome le dio la espalda a Inuyasha, inhalaba y exhalaba para calmar sus nervios, pero tenerlo en frente de ella no hacía más que aumentar el dolor que existía en su corazón, aun no podía borrarse de la mente la imagen de él con otra mujer haciendo el amor.
—Kagome…
La dulce voz de Inuyasha la sacó de todos sus pensamientos, él le tocó un hombro pero hizo un movimiento brusco y se apartó de él y ambos quedaron frente a frente.
— ¿A qué has venido? – la joven preguntó con indiferencia, su semblante había cambiado por completo, ya no era el rostro de una mujer dulce, sino de una mujer fría.
—Vengo hablar contigo…yo
— ¿Tú que Inuyasha? – Lo interrumpió — ¿Quieres la anulación de nuestro matrimonio? No te preocupes, eso ya lo estoy arreglando, Damián se ofreció a ayudarme.
— ¿De modo que lo sigues viendo? – Preguntó celoso – Eres mi esposa.
— ¿Esposa? – Kagome arqueó una ceja – Por favor, esas escenas de celos ya no vienen al caso, así que será mejor que seas breve con tu comentario.
Él se acercó lentamente y Kagome al advertir lo que iba hacer retrocedió unos cuantos pasos, pero ojidorado fue más rápido que ella y la tomó de la cintura atrayéndola hacia él.
Kagome recargó sus manos contra el pecho de Inuyasha y trataba de zafarse, pero él era más fuerte que ella.
— ¿Te vas a tranquilizar? – preguntó el ojidorado al sentirla estremecerse entre sus brazos.
— ¡Suéltame!— ordenó mientras golpeaba su pecho con sus frágiles nudillos.
—No hasta que me escuches.
—Muy bien – Kagome alzó la voz y asintió aunque las lágrimas no se habían hecho esperar parte de ella – Acabemos con esto ¿Qué quieres?
Inuyasha se acercó a ella y Kagome se encogió de hombros y cerró sus hermosos ojos chocolates, sentía su aliento en su frente, mejillas, en el lóbulo de una oreja, en la cuerva de su cuello, en sus labios…
Su corazón – aun destrozado – latía con fuerza ¿Qué estaba tramando? ¿Acaso sería una trampa? ¿Así era cómo él jugaba con el corazón de una mujer?
— ¿Qué quieres, Inuyasha? – estaba a punto de rendirse con solo sentirlo tan cerca de ella, sus lágrimas resbalaban por todas sus mejillas.
—Te quiero a ti Kagome – dijo Inuyasha acercándola más a él y abrazándola con fuerza para que no se escapara de sus brazos – He sido un tonto, un ciego y un maldito que solo te hizo daño, pero si me perdonas te juro que eso cambiara porque me dicaré por completo a ti…por qué…por qué… te amo, te amo mi dulce Kagome.
Se lo dijo y se sorprendió de lo fácil que era decir esas palabras, si la amaba y mucho, ese amor le daba una esperanza de que ella lo perdonara y esperaba que así fuera ya que no sabría cómo iba a tomarlo si ella lo rechazaba.
— ¿Y crees que me voy a creer eso? – Dijo Kagome y al instante Inuyasha la soltó al escucharla y se apartó de ella unos centímetros — ¿Qué ganas con mentir?
— ¡No te estoy mintiendo! Es verdad Kagome ¡Te amo!
—Pues yo a ti no – la joven negó limpiándose las lágrimas con la manga de su vestido – Ya que no me queda nada y no sé qué pretendes con esto, así que guarda tus palabras y vete.
—Kagome – Inuyasha se puso de rodillas ante ella – Perdóname, sé que te hice daño pero te juro que si lo haces, todo cambiara.
Por un segundo estuvo a punto de correr hacía él y abrazarlo, decirle que lo perdonaba y que lo amaba, pero su orgullo y un corazón herido eran más fuertes que sus emociones.
—Vete Inuyasha — Kagome avanzó hacia la puerta de la sala y la abrió – No tiene caso seguir con esta conversación.
Inuyasha se puso de pie y caminó lentamente hacia ella – Por favor.
—Lo siento pero no puedo. No quiero hablar contigo, no quiero verte ni escucharte ¿Qué parte de esas tres cosas no entiendes?
—Muy bien – asintió el ojidorado, se acercó a ella y le susurró al odio – Pero no me daré por vencido tan fácilmente, no te dejare ir de mi lado.
—Ya me dejaste ir.
—Aun no.
Y se fue, la joven salió de la sala y subió las escaleras con dirección hacia su habitación.
Koga al verla subir, miró la puerta de la entrada y negó con la cabeza por lo que estaba a punto de hacer.
—Esto va en contra de mis principios.
Salió de la casa y siguió a Inuyasha, vio que entraba a una taberna así que él hizo lo mismo, él había tomado asiento y ordenó que le llevaran una botella de coñac, Koga tomó asiento a un lado de él y lo miró.
— ¿Qué haces aquí? – preguntó indiferente el hombre.
—Si mi hermana no quiso escucharte, aquí estoy yo – el ojiazul se cruzó de brazos y una mujer llegó con una botella y dos copas.
— ¿Qué quieres escuchar? – Inuyasha abrió la botella y sirvió el vino en dos copas y una se la llevó a la boca.
—Tu versión, algo me dice que podría confiar y creer en ti. Así que no me decepciones.
Inuyasha analizó las palabras de su cuñado y asintió – Bien, comenzare por el principio – dijo ya que sabía que era la mejor forma de iniciar y que él llegara a entenderlo, se servía otro trago — ¿Recuerdas baile que organizaron los Wells, con motivo del cumpleaños de la madre de Brigitte Wells?
—Si – asintió Koga y bebió un sorbo del coñac – Lo recuerdo.
—Bueno, esa noche me quede embelesado al ver a una enmascarada de vestido color turquesa – esbozó una sonrisa al recordar a su bella esposa con ese hermoso vestido – Quería saber quién era, intente por todos los medios tratar de acercarme a ella pero no fue posible, hasta que se me presentó la oportunidad cuando ella salió al jardín, la tome entre mis brazos y la bese – aun sentía el sabor de los labios de Kagome en los suyos – Quise quitarle el antifaz para saber quién era pero ella huyo de mi lado sin decirme tan siquiera un nombre.
Ahora que lo recordaba, Koga había visto a su hermana agitada y nerviosa esa noche, pero antes de decir una palabra decidió escuchar la versión de Inuyasha, de principio a fin.
—Lo único que me dejo fue esto – sacó el medallón de Kagome y Koga al verlo abrió los ojos de par en par ya que conocía bien esa joya – Lo sé – dijo Inuyasha al adivinar sus pensamientos – Pero me di cuenta muy tarde de que Kagome era la mujer que estaba buscando, porque justo cuando estaba a punto de olvidar a esa enmascarada y dedicarme a Kagome, apareció otra mujer que…— y de pronto se le cortaron las palabras y ya no puedo seguir.
—Y pensaste que esa mujer era mi hermana – Koga terminó la frase por Inuyasha.
—No – él negó – Ella me hizo creer que era Kagome, aun no sé por qué lo hizo… pero Kagome sembró en mi la duda, así que le tendí una trampa la cual cayó, quise matarla en ese momento, por su culpa le había hecho daño a la mujer que amo – suspiró – Pero lo mejor que hice fue dejarla ahí, ya que lo único que me importaba era hablar con Kagome, pedirle una disculpa por mi comportamiento, cuando llegué a casa ella no estaba y lo único que me había dejado era una nota aclarándome que ella era la misteriosa enmascarada.
Koga escuchaba atentamente a cada una de sus palabras, bueno la verdad había sido un estúpido al dejarse engañar tan fácilmente, pero no había tratado de herir a Kagome intencionalmente, en sus ojos dorados se reflejaba el amor que sentía por su hermana, y si ella no le deba una oportunidad, tal vez él lo haría.
— ¿Cuánto la amas? – preguntó Koga.
—Es un sentimiento que no se puede explicar….pero se, que si no estoy a su lado moriría lentamente, la amo más que a mi miserable vida, sólo quiero que me perdone y que me deje amarla.
El ojiazul lo miraba y sentía una gran pena al verlo así, nunca había visto a un libertino desecho como él, sin duda la pérdida de Kagome lo había dejado completamente destrozado cambiando su mundo por completo.
—Mira, está noche Bankotsu y yo saldremos de viaje a Cornwall – explicó – Nuestras esposas y Kagome estarán solas y no quiero dejarlas con un anciano…así que ¿Podrías hacerte cargo de ellas por dos semanas?
— ¿Por qué me lo pides a mí? – preguntó sorprendido Inuyasha.
—Porque es una forma para que te puedas acercar a Kagome – Koga le guio un ojo – Puedes quedarte en la casa y así tratar de recuperarla.
— ¿Me estas ayudando a pesar del daño que le hice a tu hermana?
—Inuyasha, en tus ojos veo sinceridad y si realmente quieres recuperarla será mejor que aceptes mi propuesta o de lo contrario te pediré que no la vuelvas a ver más.
—Sí, acepto – Inuyasha asintió.
—De acuerdo – Koga se levantó de la silla y le dijo por último – Te espero a las nueve.
—Estaré puntual.
—Nos vemos – y Koga salió de la taberna dejando a Inuyasha.
Inuyasha bebió su último trago, pagó la cuenta y se marchó a casa a preparar sus cosas para irse a vivir por dos semanas en la casa de los Higurashi, Koga le había dado una oportunidad de recuperar a Kagome que ella misma no le había dado y sin duda no la iba a dejar pasar.
Koga llegó a casa y le explicó todo a Bankotsu, al principio estaba a punto de matar a su hermano por la estupidez que había cometido, pero sabía que él era un hombre maduro así que tenía que confiar él y si Koga decía que Inuyasha fue sincero con él y que le había creído, Bankotsu no tenía más remedio que aceptarlo.
Aunque no sabían cómo lo iba a tomar Kagome, seguramente terminaría por matarlos a los dos por haberle pedido el favor de cuidarlas a Inuyasha.
—Te va a matar – dijo Bankotsu saliendo del despacho y avanzaron a la sala donde ya los esperaban Ayame, Eri y Kagome.
—No digas nada, esto déjamelo a mí – Koga le guio un ojo a su hermano.
Se acercaron a ellas y los dos hermanos abrazaron a sus esposas.
—Bien señoras, la hora de irnos a llegado – dijo Koga besando una mejilla de Ayame – Pero no se van a quedar solas ya que le pedí a alguien muy especial que se hiciera cargo de ustedes.
—No tenías que hacer eso – dijo Kagome – Podemos cuidarnos.
—Lo sé, pero me iré tranquilo al verlas a las tres protegidas por alguien – Explicó Koga.
— ¿Y a quien le pediste el favor? – preguntó Kagome.
Pero antes de que pudiera contestar la pregunta de su hermana, apareció Kaede en la entrada y dijo…
—Señor Koga, el señor Inuyasha está aquí.
Kagome al escuchar el nombre de su esposo un coraje le invadió todo el cuerpo.
— ¿Se lo pediste a él? – Estaba sorprendida — ¿Por qué? Si sabes lo que me hizo.
—Kagome, Inuyasha no es tan desgraciado como tú lo piensas.
En ese momento apareció Inuyasha y Koga avanzó hacía él saludándolo como si nada hubiera pasado, esto le sorprendió a la joven Kagome, pero dio, al verlo ahí en la entrada, con ese porte elegante que tenía, se derretía por completo.
—Inuyasha se encargara de ustedes – explicó Koga— Ya dispuse una habitación para él y…
— ¿O sea que se va a quedar en esta casa? – lo interrumpió Kagome.
—Si Kagome – Koga asintió – Se va a quedar.
Inuyasha esbozó una sonrisa y le guiño un ojo a su esposa, realmente se veía hermosa y más lo era cuando fruncía las cejas o se enfadaba.
—Creo que la hora ya llegado ¿Nos acompañan a la salida, señoras? – Les preguntó Koga a Ayame y a Eri y las dos asintieron, pero antes de salir de la sala Koga miró a Inuyasha y le dijo – Cuídalas y…suerte – le susurró al oído para que Kagome no lo escuchara.
—Ve tranquilo, las cuidare muy bien.
Los cuatro salieron de la habitación dejando a Kagome e Inuyasha solos, ambos se veían frente a frente pero sin decir ni una sola palabra, ya que el silencio era lo que gobernaba en esa sala.
— ¿Otra vez aquí? – Kagome rompió el silencio — ¿Qué no te quedó claro que no quiero verte?
—Koga me pidió que le hiciera el favor de cuidarlas, y no pude decirle que no.
— ¿Pero por qué tú?
Inuyasha se encogió de hombros y esbozó una sonrisa – Le simpatizo.
—Y tú muy encantado aceptaste– Kagome caminó hacia la salida pero Inuyasha la tomó de un brazo obligándola a girar hacía él y estamparse contra su pecho.
—Será mejor que te rindas – dijo Inuyasha – Sabes que no me podrás ganar y tarde o temprano estarás entre mis brazos.
—Puedes quedarte esperando toda la vida – respondió la joven acercando un poco sus labios al rostro de Inuyasha – Porque jamás será así – y se soltó de él y se encamino a la salida de nuevo.
Pero la voz de Inuyasha la detuvo un vez obligándose a girar sobre sus talones para verlo.
—Ríndete amor, esta guerra la tienes perdida – Inuyasha esbozó una sonrisa – Así que mejor ven a mis brazos, te he extrañado mucho – extendió sus brazos de par en par para recibir a Kagome.
En cambio ella, le lanzó una mirada que podría incluso hacer arder el propio infierno.
— ¡Vete al infierno! – dijo Kagome.
—Ya he estado allí – respondió divertido sin dejar de sonreír – Y me pareció placentero.
— ¡Imbécil!
—Si – asintió el ojidorado – Suelo comportarme así y más si estoy parado en frente de una mujer tratando de decirle que la amo y que regrese a mi lado.
Kagome esbozó una sonrisa sarcástica y le dijo – Es una lástima que no pueda hacer una broma a ese comentario, y es una pena ya que me gusta reír. Que tenga buenas noches señor Taisho – inclinó la cabeza y salió de la sala dejándolo completamente sólo.
—Por supuesto que la tendré amor y te llevaras una sorpresa – esbozó una media sonrisa al imaginarse entrando a la habitación de Kagome y acorrucándose a su lado, mientras la besaba y le hacia el amor como lo había estado deseando.
