Capítulo 18: Intimidad.
Aún en semipenumbra, Harry se preguntó cuántas horas llevaba observando dormir a la dueña de su corazón. Ginny descansaba tumbada a su lado, sus labios curvados en una dulce sonrisa que no había abandonado en ningún momento, al menos desde que él comenzó a observarla. Adoró una vez más aquellos labios tiernos y perfectos, aquellos pómulos firmes y suaves, aquella nariz respingona marcada apenas, graciosamente, por unas divinas arrugas de expresión; al igual que aquellos hermosos y resueltos ojos del color del chocolate que a él más le gustaba. Suspiró, satisfecho por volverla a tener junto a él. ¿Qué importaba cuántas horas llevase extasiándose con aquella divina belleza? Pensó que siempre serían pocas, demasiado escasas, para saciar la sed que su corazón sentía constantemente de ella.
Así que, con la cabeza apoyada cómodamente en su brazo que descansaba en la almohada, continuó contemplándola, maravillado. No cabía en su mente el hecho de haber sido capaz de alejar de su lado a aquel ángel perfecto, lleno de dulzura, de ternura y de carácter… exactamente tal y como él siempre lo había deseado. ¿Cómo había estado tan loco? ¿Cómo no había luchado por ella? Con inmensa pena y aún lleno de dolor, recordó porqué: su corazón estaba destrozado; Lilith había muerto. Muerto. Presa de uno de sus propios compañeros, víctima de un loco… violador. Y Ginny no había estado con él para compartir su pena por aquella muerte. Ni siquiera se había enterado.
De pronto, una corazonada golpeó su mente con ímpetu, logrando apartarlo de sus pensamientos sobre Ginny y haciendo que su rostro mostrara una sorpresa absoluta. ¿Sería posible? ¿Podía ser que Lilith hubiese sido la primera víctima de Blacksoul? ¡Pero no! ¡Ella fue violada y asesinada por Patterman hacía más de un año! Negó con la cabeza, frustrado; estaba seguro de que algo sumamente importante se le acababa de escapar en aquella reflexión; un pálpito en su corazón se lo gritaba, desesperado. Por ello, intentó tranquilizarse; dejó la mente en blanco, tratando de conseguir un nuevo enfoque que le ayudase a hallar el eslabón perdido de lo que en aquel momento, comprendió por fin, era toda una cadena. ¿Y si Lilith no hubiese sido su primera víctima, sino el desencadenante de sus actos? ¿La causa? ¿Pero qué pintaba ese tipo en todo aquel desgraciado asunto? Turbado, tuvo la certeza de que obtendría la clave que aún le era esquiva cuando hallase la conexión entre ambos casos. No podía ser de ningún otro modo.
No se dio cuenta de que el dolor causado por los dramáticos recuerdos removidos desde lo más oculto de su alma, había logrado que una solitaria lágrima surcase su mejilla; y tampoco de que, desde hacía poco, Ginny lo estaba observando, preocupada.
—Harry…
El sobresalto que sintió al escuchar su voz consiguió que, inmediatamente, su mente regresase junto a ella.
—Buenos días, mi vida. —Le dedicó una leve sonrisa, enamorado.
—¿Qué pasa, Harry? —Con un dedo, ella retiró suavemente la lágrima perdida.
Sorprendido, él intentó observar su rostro. No deseaba hacerla entristecer con aquellos recuerdos y, mucho menos, culparla por algo que sucedió en el pasado. No había rencor en su corazón, ni en su alma. Relajó su semblante, al darse cuenta de que no quedaban más lágrimas que retirar.
—Nada, amor. Vuelve a dormir. Apenas ha amanecido —le pidió con voz tranquilizadora.
En cambio, Ginny frunció el ceño, preocupada.
—¿Cómo crees que voy a ser capaz de dormir después del estado en que te he descubierto? —argumentó—. Tu rostro mostraba un sufrimiento inmenso, desesperado. Y estabas apunto de llorar. Harry: siendo adultos, jamás te he visto llorar.
—Ginny, yo no pretendía…
—¡Por lo que más quieras, Harry! —lo interrumpió, apunto de perder la paciencia—. ¡Dime qué está pasando! ¿Es por nosotros? ¿Te arrepientes de haber vuelto a mi lado? —preguntó, vehemente, enfrentando su mirada con decisión en busca de respuestas.
—¿Cómo va a ser por nosotros? —. Atónito, la abrazó con desesperación—. Volver a tu lado, es lo mejor que me ha pasado en esta vida—. Besó su rostro, su cabello…
—Entonces, ¿qué es? —Ginny susurró, pegando su cuerpo desnudo al suyo, bajo las sábanas, y besando sus labios con ternura.
Harry suspiró.
—He recordado la tragedia que sucedió a una compañera… a Lilith. Tú no la conociste. Gin, no quiero hablar de ello ahora —pidió con un tinte de súplica en su voz.
La apretó aún más contra su cuerpo, mientras le rogaba con la mirada que no hiciese más preguntas.
—Está bien. Tranquilízate —aceptó.
Aunque ella, para nada se había serenado con aquella escueta respuesta, que no había dejado en su mente más que un mar de preguntas.
Ambos se besaron con pasión, una vez más, como habían hecho cientos de veces aquella noche.
—¿Cuándo piensas convertirme en la señora Potter? —cambió de tema, acomodándose entre sus brazos.
—He pensado mucho en ello. Este sábado, en Hogwarts —anunció, como si aquella elección fuera tan obvia que no precisase de ninguna explicación.
Ahora fue el turno de la joven pelirroja de mostrar infinita sorpresa.
—Tú y yo, solos, con McGonagall y Neville como únicos testigos —explicó brevemente.
Un brillo especial se abrió paso en la mirada de su prometida, que pronto fue enturbiado por la duda.
—¿Y mis padres? ¿Y mis hermanos? ¿Ron, y Hermione…? —quiso saber, confusa.
—Me llamarás loco. Pero yo deseo una boda secreta, completamente íntima, que no trascienda a la prensa hasta que haya transcurrido el tiempo suficiente como para que ya casi no quede nada que contar.
—Estoy completamente de acuerdo con tus palabras. Pero Harry, te estoy hablando de mi familia. Ellos no van a filtrar la noticia. Lo sabes perfectamente —le reprochó, molesta.
—No se trata de eso.
Aún más confundida, ella lo miró sin comprender.
—¿Por qué anoche tú no revelaste a tu hermano, ni a Hermione, que tú y yo nos hemos comprometido? —preguntó con sencillez.
Por un instante, Ginny quedó pensativa. Realmente no se planteó nada al tomar aquella decisión. Fue más un impulso; simplemente, se dejó llevar por su corazón.
—Porque sentí que, si lo hacía, el nuestro robaría protagonismo a su propio compromiso —respondió por fin—. Y de ningún modo deseo hacer eso. Mi hermano y Hermione merecen ser los protagonistas absolutos del día de su boda; han esperado demasiado para ello. Ademas, se les ve tan ilusionados…
—Exactamente. Yo pensé lo mismo.
Hizo un gesto involuntario de obviedad y besó su rostro suavemente, su frente, sus ojos, sus mejillas y nariz, su barbilla… Después fijó su mirada, llena de amor, en aquellos bellos ojos.
—A pesar de ello, sigo muriéndome por casarme contigo ahora mismo. Es un deseo loco, desesperado. Necesito hacerte mía de todos los modos posibles y entregarme a ti con la misma necesidad.
—Y si hacemos a mi familia partícipe de nuestra boda, no habrá modo de impedir que el maravilloso momento que Ron y Hermione están viviendo quede eclipsado por esta, aunque ambas no se celebren el mismo día —ella terminó el razonamiento.
Él asintió con tristeza.
—Hasta ahora, yo no había pensado sobre este tema seriamente; tan solo quería casarme contigo cuanto antes y punto. —Pareció contrariada—. Pero yo me siento exactamente igual que tú. ¡Me muero por casarme contigo!
Él rió, completamente feliz.
—Además, preferiría que fuese un acto totalmente íntimo, donde todas y cada una de nuestras elecciones, por pequeñas que estas sean, dependen tan sólo de ti y de mí —añadió con reservas, pues no estaba seguro de como ella tomaría aquella reflexión.
—Mamá se pondrá como un basilisco cuando sepa que la hemos dejado al margen de todas y cada una de esas "pequeñas elecciones" —Ginny temió.
Y él asintió, intranquilo.
—Deseo hacerlo a tu manera, Harry —ella declaró, por fin, volviendo a iluminar su mirada con un tinte de ilusión.
—A nuestra manera —insistió.
—A nuestra manera. —Le dedicó una sonrisa emocionada—. Nos casaremos este sábado, en Hogwarts, si la profesora y Neville pueden acompañarnos. Y conseguimos un druida que oficie la ceremonia —anunció, totalmente de acuerdo con él.
—Eso, déjamelo a mí —él afirmó, sonriente.
De pronto, una oscura objeción enturbió la alegría en la mirada de Ginny.
—¿Y mi vestido? ¿Y las prendas de juramento? —objetó con tristeza. No veía modo posible de tenerlo todo dispuesto con tan poco tiempo.
En cambio, Harry volvió a regalarle una sonrisa radiante.
—Tú y yo los conseguiremos juntos. Estarán listos para el sábado, te lo prometo.
Por un momento, ella enarcó una ceja, aún dudosa. Pero la determinación que observó en la mirada de Harry era tanta y tan clara, que no pudo más que contagiarse de tal seguridad.
—¡No puedo creerlo! —gritó, entusiasmada—. Oye… ¿Este sábado no pensabas darme una sorpresa? Si nos casamos, no…
—Oh, sí. Tendrás tu sorpresa —le prometió pícaramente.
Ella lo miró con suspicacia, pero calló, a sabiendas de que no iba a obtener nada más de sus labios. Sabía lo cabezota que podía llegar a ser cuando se lo proponía.
—En fin… Ya hallaremos un modo de dar la noticia de nuestro matrimonio al resto de la familia, cuando la boda de mi hermano y Hermione haya pasado. —Suspiró con resignación.
—Eso espero. Aunque entonces, tú y yo vamos a tener que dar muuuuuchas explicaciones —él añadió, con cara de circunstancias al imaginar la escena.
—Por lo pronto, vayamos esta tarde a La Madriguera, a contar a mis padres que volvemos a ser novios y que estamos viviendo juntos, antes de que se enteren por El Profeta. —Rió, revolviéndose para colocarse tumbada sobre el cuerpo masculino.
—Sí, será lo mejor. —Se acarició la cicatriz de la frente de forma distraída, tal y como solía hacer siempre que algo especialmente preocupante le rondaba por la cabeza.
—No imaginas cuánto he echado de menos verte hacer eso —ella susurró, enamorada.
—¿Hacer, qué? —Harry la miró sin comprender, hasta que se dio cuenta de qué estaba haciendo con su mano derecha y sonrió, divertido—. Será mejor que nos levantemos cuanto antes. Como pase más tiempo contigo en mis brazos, no sé quién será capaz de conseguir hacerme ir a trabajar —se lamentó y la besó con picardía.
—Tú eres demasiado importante para le Ministerio de Magia, como para poder permitirte tomar un día de vacaciones sin avisar con la suficiente antelación—. Se abrazó a su cuello, rozando deliberadamente ambos cuerpos, algo que sabía el ardiente efecto que iba a provocar en él.
—Y tú eres deliciosamente malvada. —Sus dedos recorrieron la espalda femenina, desde el cuello hasta justo el lugar donde esta perdía su nombre—. Tú lo has querido —susurró con malvado deleite, mientras la hacía presa de sus caricias, logrando que todas sus terminaciones nerviosas enloqueciesen de placer.
Lentamente, las sábanas que los cubrían resbalaron hacia el suelo.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
Sinceramente, creo que este capítulo ha ganado mucho con las correcciones que he introducido. Ahora, las reflexiones de Harry y Ginny son totalmente coherentes con sus actos posteriores. En la primera edición, quedaron argumentos por exponer en esta especie de primer "brainstorming" que la pareja hace sobre su boda. También, en esta ocasión ambos se muestran más emotivos. En fin, que he quedado muy satisfecha con el cambio.
Dedico el capítulo a Natesgo, la amiga que continúa a mi lado a través de reviews y mensajes de apoyo. Muchísimas gracias, amiga.
Hasta muy pronto, espero.
Con cariño.
Rose.
