Capítulo 20
Encuentro ¿cara a cara?
Templo. Sala de entrada.
Las marionetas contra las que habían estado luchando en el mismo instante que sintieron el grito de Athena, se volvieron arcilla. Dejaron de tener vida.
Camus y Mu se miraron el uno al otro. ¿Qué estaba pasando? Habían sentido el cosmos de las cuatro luchar, y durante un tiempo sintieron el de los cinco bronceados, pero luego… Nada.
No dijeron nada. Como de mutuo acuerdo, ambos corrieron en la dirección que sabían que habían tomado tanto Weiss como Cristain. Estaban preocupados por las chicas.
Cuando Camus llegó a la sala donde se suponía que estaba Cristain, simplemente vio a Hyoga allí. Tuvo que contener un poco el aliento y se acercó para comprobar su estado, ya que le hacía recordar a cuando lo había encerrado en el ataúd de hielo.
-Hyoga…- murmuró mientras con cuidado lo alzaba un poco, aun respiraba. - ¡Hyoga! - intento llamarlo nuevamente pero no hubo respuesta.
-No creo que responda… -escuchó una voz algo tímida cerca y el caballero dorado busco con la mirada a la dueña y la vio algo alejada, sentada en el suelo apoyándose contra una pared, frunció el ceño al notar los rasguños y parte de su cuerpo algo congelado- Vivirá, eso te lo aseguro.
Weiss no lo miró. No se sentía con la fuerza para mirarlo. Podía usar su cosmos para descongelar su cuerpo, pero… Estaba agotada. Usar tanto tiempo su báculo, le había quitado muchas fuerzas. Al no escuchar respuesta del caballero simplemente pensó que estaba enojado. Era de esperarse, después de todo había "matado" a su discípulo. Por eso se sorprendió cuando escuchó unos pasos metálicos acercarse, pero más fue su sorpresa al notar unos cabellos azules cerca.
-Tsk… ¿qué no se supone que manejas el fuego?, ¿no deberías saber descongelarte? – fueron sus palabras mientras le tomaba con suavidad el brazo para usar su cosmos. Quizás era más experto congelando, pero también sabía cómo descongelar.
-…- Ella lo miró como si no entendiera- Estúpido. –Lo regaño luego de unos momentos- ¿en verdad es buen momento para decir tonterías? Tu discípulo está ahí…
- Él está vivo e inconsciente. Le avisaré a Saga y a Kanon que nos ayuden.
Camus les mandó un mensaje a los gemelos mediante el cosmos, sabía que seguramente Mu podría ayudar, pero no sería suficiente para transportar a los once hasta el santuario. Necesitaba sacar a los caballeros de ahí, y llevarlos a la enfermería cuanto antes.
-Lo siento…- murmuró luego de unos momentos, no se atrevía a quitar su brazo de las manos de Camus. Se sentía torpe e inútil.
-Como dije: está vivo. – Le recalcó. - Seguramente podremos pedirle ayuda a Apolo luego. Le debe a la señorita Athena. Weiss… - la llamó- Mírame – le pidió, pero ella parecía negarse- No tengas miedo…
- ¿Quién tiene miedo…idiota?
Sala del Dragón
Mu llegó lo más rápido que pudo, se había teletransportado ni bien logró encontrar el cosmos de Cristain. Se sentía su presencia algo cansada, así que estaba preocupado. Cuando la divisó, simplemente estaba sentada en el suelo cerca de Shiryu, parecía estar descansando.
- ¡Cristain!
La chica se sorprendió por el llamado y al ver al dorado, no pudo evitar mirarlo sin saber qué hacía él ahí. Tenía algunos moretones por el rostro, se notaba que había estado peleando hasta no hace mucho.
-Sonaré repetida, pero: ¿qué haces tú aquí?, ¿no deberías estar en la entrada?
-Las marionetas se volvieron arcilla…- comentó mientras se arrodillaba a su lado para comprobar su estado, quizás no era un experto en huesos y eso, pero… Al menos podría ayudarla en algo. -
-E-estoy bien…- le aseguró al ver que comenzaba a revisarla, se ruborizó.
Salón del Pegaso.
Suspiró mientras juntaba fuerzas. Debía comenzar a moverse e ir a investigar a quien estaba detrás de todo esto, pero tampoco consideraba justo dejar al caballero ahí solo. No sabía que tantas heridas había recibido, ni que tan seguro era dejarlo allí para seguir su camino.
En eso sintió una pequeña distorsión en el suelo, algo se acercaba. Quizás no era tan buena leyendo el aire como Atalaya, pero la tierra sabía darle pequeños datos sobre la situación. Sabía por ejemplo que Cristain y Weiss estaban con los dorados que las habían ayudado (aunque eso también podría deberse a los cosmos).
No paso mucho hasta que de la nada un portal apareció no muy lejos de donde estaba. Podía notar que el cosmos de Athena se sentía mucho más fuerte, y también que a través de esa puerta podía verse el santuario. ¿Qué estaba pasando? Pronto obtuvo su respuesta al ver a uno de los caballeros atravesarlo, al inicio pensó que sería aquel que custodiaba la tercera casa (había escuchado que era quien tenía esa habilidad), solo podía ver su figura en principio, pero cuando lo vio dar unos pasos más hacia ella… Entrecerró levemente los ojos mirándolo y se sorprendió. ¡Si era el caballero! ¿Qué hacía él en ese lugar?
-Señorita… -la saludo cordialmente- Soy Saga, caballero de Géminis.
Sala de Andrómeda y Fénix
Atalaya miró un poco a Shun, mientras le acomodaba unos mechones. Aunque le dolía todo el cuerpo (especialmente las quemaduras provocadas por Ikki), no podía decidirse a ir a la parte principal. Él estaba ahí, y si algún enemigo deseaba acabar con su vida… Ahora el momento, y por lo tanto sentía que tenía la obligación de protegerlo. Ella le había arrebatado parte de su destino, el poder para proteger a su diosa. Había sido egoísta, había elegido por él. Sabía que en ese momento no había espacio para pensar, pero, de todas formas, le molestaba.
En eso sintió una distorsión en el aire. Como que de repente algo estaba cambiando, algo se acercaba. Se puso de pie en pose de batalla, y todo su cuerpo le recordó su estado. Claramente no estaba en las mejores condiciones, sabía perfectamente que el abusar de Aya le ocasionaba eso: no sentía los golpes, no sentía las heridas; pero una vez pasado el efecto sentía todo junto. No tardó mucho en descubrir que causaba esa sensación: una especie de puerta apareció de la nada, mostrando parte del santuario. Una imagen de una figura familiar apareció.
Lo había visto cuando hablaron con todos los dorados, pero… había algo extraño. Definitivamente recordaba la figura, y los aspectos (¿quién podría confundirlo?) pero ¿por qué no llevaba la armadura? Sabía que lo había visto antes… pero ¿dónde?
Detrás de él, otro más apareció, esta vez sí portando armadura de Cáncer. Lo recordaba por sus palabras acerca de "no vamos a ir a rescatar a esos tontos porque no son compañeros"
-Hola- la saludo- Soy Kanon de Géminis.
-Sí, si… Y yo soy Mascara. Hagamos lo que vinimos a hacer y ya.
Atalaya parpadeó cuando vio a Cáncer acercarse a los caballeros, no entendía cómo es que habían logrado llegar ahí. Tampoco las razones… Pero lo que menos parecía entender era el hecho de ver a ese sujeto…
-Soy el gemelo de Saga- le recordó al ver la expresión confundida, no podía culparla, las pocas veces que se habían cruzado había estado junto a Saga- Camus nos pidió venir a ayudarlas con los bronceados….
Kanon se acercó, había notado los golpes y las heridas. Al parecer había tenido una buena lucha contra los dos, y podía leer muy bien esa expresión: culpa. Saga tenía esa mirada en ocasiones al recordar el daño que había hecho cuando había tomado el lugar de Shion.
-S-será bueno… -comento suspirando- Ellos necesitan ayuda…
-Sí que les diste una buena paliza- anunció de pronto Mascara mientras miraba a esos dos, quizás no había peleado directamente con ellos, pero conocía las historias- Están casi muertos, incluso sus cosmos están al límite. Un poco más y serían un par de cadáveres…
La guardiana del viento se puso tensa al escuchar las palabras de Cáncer. ¿Qué había hecho? Sabía que tenía que intentar otras opciones, sabía que quizás tendría que haber alguna posibilidad. ¡Si tan solo…!
-Hiciste lo que debiste hacer- las palabras de Kanon le llamaron la atención, y también sentir una mano en su hombro, quizás no sabía de qué estaba hablando ni a que se debía todo, pero se notaba que lo que sea que había pasado no era por voluntad- Además, están vivos. Eso es lo más importante, seguramente la señorita Athena sabrá cómo ayudarlos.
-Pero…decidí por ellos- atino a decir, se sentía molesta. ¿Las otras también pensaban igual? - Quizás…. Quizás si hubiera hecho alguna otra investigación, si hubiera esperado obtener respuesta de los espíritus… -miro a un costado claramente afectada.
- ¿Y qué? – escuchó a Mascara nuevamente – No sé qué sucedió, ni tampoco me interesa realmente. Estos mocosos se metieron en este problema ellos solitos- Kanon le llamó la atención, agarró a Ikki y se lo colocó al hombro- Deja de chillar. ¿Qué tuviste que elegir? ¿Qué decidiste por ellos? Yo lo único que sé es que les diste una paliza, y viendo a los tres, tú eres la que más heridas tienes. En una batalla se hace lo que se debe hacer para vivir, vive aquel que es más fuerte.
- ¡Mascara! – volvió a regañarlo, quizás de alguna forma el santo de Cáncer tenía razón: en una batalla uno no se podía detener a pensar en todas las opciones, simplemente luchaba para ganar y ya. Suspiró y miro a la guardiana- Decidiste lo que creíste que era lo mejor, no debes dudar.
x-x-x-x
La batalla había terminado, pero ninguna de ellas estaba contenta con el resultado. En verdad sentían que quizás la forma en cómo habían solucionado las cosas no había sido la mejor opción, pero tampoco podían quejarse. Incluso los dorados que estaban cerca de ellas se los recordaba. Saga había notado que la Guardiana de la tierra era bastante joven, y parecía aún tener actitudes de aprendiz. Eso se había notado cuando, al intentar revisarla, unas ramas aparecieron del suelo como para protegerla, aunque luego se mantuvieron quietas.
-Lo lamento…- se disculpó nuevamente María - Aún no controlo totalmente mi poder.
-Eso explica un poco las cosas…- susurró y luego la observó unos momentos y solo le extendió la mano, no quería asustarla. - No tengas miedo, solo vine a pedido de un compañero para ayudar.
-La pelea ya terminó…- murmuró dudando un poco de aceptar la ayuda, pero luego de mirarlo unos segundos decidió aceptar.
Saga la ayudó a levantarse ya que María seguía en el suelo sentada, aún sentía el cuerpo pesado, pero era menos que momentos antes.
-Puedo darme cuenta de eso.
Sala del Cisne
-Estoy bien, no necesitas ayudarme más de lo que has hecho…
Se sentía nerviosa teniéndolo ahí. Especialmente porque le estaba prestando más atención de la que pensaba que era necesaria. De hecho, se había olvidado casi por completo del Cisne que estaba a unos metros de ambos. Y el tener esa mirada puesta casi totalmente en ella era lo peor.
-De todos modos, estoy algo preocupado – y volvió a tomarle una mano a pesar de que Weiss hace un rato ya se había levantado, aunque todavía no se había encargado de los golpes fríos que había recibido de Hyoga- Especialmente por esto-le señalo la mano que estaba helada al tacto.
-Solo necesito un poco de tiempo – susurró tratando de no mirarlo.
Momentos antes había cometido ese error y era lo que había causado que se sintiera avergonzada. Y aun no terminaba de entender por qué le afectaba tanto (bueno, sí, lo sabía, pero se negaba a decirlo en voz alta).
Se rio un poco ante la respuesta de ella, la dejaría ser. Después de todo ya podía ver que había comenzado a usar su cosmos para revertir el daño ocasionado por su alumno.
Salón del Dragón
Mu había ayudado a Cristain a levantarse, incluso había logrado curarle algunas heridas superficiales que estaban sangrando aún. Pero había algo que no terminaba de captar.
- ¿Qué fue lo que pasó?
No es que no quisiera charlar tranquilamente con ella, pero… necesitaban enfocarse un poco en las cosas. Especialmente que ahora ella estaba más calmada.
-Creo que los controlaron- comenzó a explicar- no estoy muy segura de cómo, te habrás dado cuenta de que no tiene cosmos ¿verdad?
-Es verdad, es como si no estuvieran…- desvió la mirada hacia donde estaba el caballero de Dragón que, a pesar del tiempo, no parecía dar indicios de despertar- ¿Crees que los sellaron o algo?
Era lo único que se le ocurría. Había fragmentos de un espejo cerca, pero no sabía la verdadera razón. Tomó un poco más firme la mano de Cristain. Tenía un mal presentimiento de todo eso.
-No los sellaron- Cristain suspiró- Atraparon tanto su alma como su cuerpo en un espejo maldito, y… nos hicieron pelear con un espejismo. Al derrotarlo, solo liberábamos su cuerpo. Su cosmos no sé adónde fue.
Salón de Andrómeda y Fénix.
-Hay algo que no entiendo lo que pasó…
Atalaya levantó la mirada para ver al dorado. No entendía de qué estaba hablando ni porque seguían allí. ¿No sería mejor apurarse para que esos dos recibieran la ayuda que les correspondía? Sabía que en el Santuario podrían atenderlos mejor, incluso Athena podría pedirle a Apolo que los revisara… Después de todo, seguro el dios sabría cómo revertir ese estado. O esperaba que supiera.
- ¿De qué hablas Cáncer? – Kanon lo miró sin entender tampoco de qué estaba hablando. - Es obvio que hubo una pelea…
Para el menor de los gemelos (solo porque Saga decía que él había ganado por minutos) no había nada más que entender o preguntar. Todo estaba claro: Atalaya se había enfrentado a Andrómeda y al Fénix, seguramente quienes habían estado controlados por alguna deidad que estaba enojada con la diosa. Era lo único que se le ocurría (aunque con lo que recordaba del sujeto ese infiltrado, no estaba seguro si su teoría era la correcta).
-Eso está claro, genio- gruñó Mascara- Me refiero a por qué decidieron usarlos a ellos y no atacaron a otros. Por ejemplo, los plateados, o a nosotros, los dorados.
- ¿No será porque son los más cercanos a la diosa? – Atalaya frunció el ceño, ahora que Mascara lo decía….
-Piénsalo bien: si les quitaron el cosmos, como eso parece ser el caso, ¿por qué el de un bronceado? ¿Por qué no el de un dorado? ¿Por qué se detuvieron ahí?
-En eso tienes razón…- Kanon comenzó a pensar- Generalmente si tu objetivo es la diosa, y quieres eliminar la custodia… Te desharías de todos. No solo de cinco.
-Además… si yo voy a sacar de combate a mi enemigo, no voy a hacerlo a medias. Lo aniquilaría completamente.
Atalaya en ese momento pareció recordar algo. ¡La mujer! ¡La que les había hablado! Comenzó a retroceder unos pasos, con cuidado mientras veía a Kanon y Mascara intercambiar ideas. Había algo que debía hacer…
Observó alrededor para ver si existía otra alternativa para salir de allí (el pasillo por donde había entrado se había vuelto un portal que daría con el Santuario), y entonces la vio: un pequeño pasadizo por donde podría escabullirse. Si le llevaba adonde quería ir, perfecto. Si no, ya encontraría el modo de llegar. Miró por última vez a Shun y luego empezó a correr.
- ¡HEY! - Kanon la vio a último momento. Cuando ya terminaba de desaparecer- ¿Y a esta que le pico?
x-x-x
Cristain. Weiss. María.
La voz en sus cabezas las tomo desprevenidas. Era Atalaya. Incluso Cristain casi suelta la mano de Mu que sostenía, por inconciencia. Weiss simplemente frunció el ceño.
Voy a buscar a la mujer. La que nos habló cuando llegamos.
¡¿QUÉ VAS A HACER QUÉ?! El grito de Weiss no se hizo esperar. Incluso su cosmos pareció hacerlo, lo cual alertó a Camus que la miraba sin entender que sucedía, no lograba escuchar las palabras, pero sí sentía la vibración producida por el cosmos. Se sentía como si estuviera escuchando una conversación a lo lejos sin comprender las palabras.
¡ESO ES MUY PELIGROSO! Cristain gruñó ¿En qué diablos estaba pensando su amiga?
Iré contigo. María fue la que sorprendió a todas. La rubia, que era una pequeña que no tenía casi nada de experiencia en batallas, estaba dispuesta a alcanzar a su amiga.
La guardiana de la tierra miró a Saga que le había dado el espacio necesario para que se tranquilizara y también había revisado al caballero de Pegaso. Ahora estaba a un costado esperando.
- ¿Vas a ayudar a una de tus amigas? – le preguntó, había notado que se había establecido una conversación (o casi) por las vibraciones. - Será mejor que si vas a usar a tu poder, te concentres. Tu poder viene de la tierra, así que al menos en este lugar tendrás más ventaja que cualquier otro.
Eso la tomo totalmente desprevenida. Incluso lo miró sin entender, pero simplemente hizo un gesto afirmativo. Le había parecido un buen gesto, aunque extraño. María comenzó a correr en una dirección, sentía que debía ir para esa zona. No sabía si estaba bien o mal, pero simplemente sabía que debía moverse.
Cristain y Weiss por su parte, simplemente suspiraron derrotadas. Tanto María como Atalaya eran las dos que en ocasiones actuaban sin pensar. Weiss no perdió tanto tiempo, simplemente le dio unas palmadas a Camus diciéndole que era mejor que se encargara de su discípulo y luego hablarían más tranquilos, que ella debía ocuparse de algo más. Tomó un mechón haciendo que se inclinara un poco (odiaba esa pequeña diferencia de altura) y lo besó apenas. Lamentaba que fuera así, pero era ahora o nunca. No le dio oportunidad de nada: ni bien se apartó, le sonrío divertida por la expresión del caballero, y se separó para luego comenzar a correr en la dirección que sentía a sus compañeras.
Cristain, por su parte, solo le sonrió a Mu antes de soltarse con suavidad y darle un beso en la mejilla. Iba a separarse para irse, pero el caballero la tomo de la mano para impedir que se fuera tan rápido y la jaló hacia él. "Más te vale que regreses entera" le susurró en el oído mientras la abrazaba. La Guardiana del agua se sorprendió ante eso, pero se rio.
-No me voy a una pelea mortal tonto- le susurró a modo de respuesta y cuando se apartó, simplemente le colocó un dedo en los labios, mientras sus mejillas se tornaban algo rojas. - Hablaremos luego.
Le dedicó una última sonrisa, y con suavidad, se apartó del abrazo para dirigirse con sus amigas.
Entrada de la sala principal
Las cuatro se encontraron allí. Si bien habían tomado distintos caminos, por alguna razón sus elementos las guiaron hasta ese lugar. Podían sentir una presencia detrás de esos muros. No estaban seguras de quien era, ni como terminaría. Tampoco había guardias, y eso les llamaba mucho la atención.
- ¿Están listas?
No sabían cómo terminaría, ni que pasaría. Pero si sabían algo. Detrás estaría la culpable de todo. De absolutamente todo. Atalaya apretó con fuerza a Aya, su espada que había invocado se juró que la haría pagar totalmente. Las cuatro se miraron una a la otra para darse ánimos. Ahora o nunca.
Atalaya lideraría. Colocó una mano sobre la puerta y empujó, al instante vieron varias marionetas oficiando de guardias y comenzó nuevamente el baile de guerra. Las demás habían invocado nuevamente sus espadas y báculos, y sin contemplación, derribaron a cada una que les impedía avanzar. En el centro de la habitación estaba un trono con una mujer sentada, parecía dormida. Por alguna razón no se movía, no decía nada, simplemente estaba allí. No les costó mucho dar con los hilos por los cuales recibían órdenes las marionetas. Apenas y tenían que usar el poder amplificador, de modo que los báculos funcionaban como meras armas, lo mismo las espadas.
Cuando finalmente se abrieron paso y Atalaya llegó hasta la que parecía ordenar los hilos... alzo su espada para dar el golpe final, era ahora, era el momento. Debía eliminarla y vengar todo... Pero su cuerpo de repente se detuvo, había dejado de responderle. La vio susurrar algo antes de simplemente desvanecerse... No era nadie. Retrocedió unos pasos y miro alrededor... todas las marionetas contra quienes habían luchado se disolvieron. Eran muñecos de arena. Nada de esa habitación era real. Las habían engañado... Pero entonces... ¿aquellas palabras también? ¿Y por qué pensó que dijo "ama"?
- ¡Atalaya!
Las chicas llegaron junto a su amiga quien parecía estar procesando lo que había pasado. Las habían engañado, y habían perdido la única oportunidad de averiguar quién era el verdadero enemigo. Atalaya golpeó el piso claramente furioso.
-Nos tomaron el pelo.
-Al parecer no tenía intenciones de dejarse ver…- Cristain suspiró. No le gustaba haber sido tratada de tonta, pero estaba contenta de que todo había terminado.
Una semana después.
Se quedó unos momentos más en la habitación, observando como el cuerpo de aquel que hasta hace no mucho era un caballero. Le dio una caricia suave en la mejilla luego de apartar un mechón verde. Lucía cansado, enfermo... cerró con fuerza la mano. El peso de la elección era mucho para ella, no importaba lo que dijeran sus amigas se sentía culpable. Apolo había revisado a los caballeros y su dictamen no era nada bueno: vivirían, pero el daño a su espíritu era muy fuerte. Ya de por sí era un milagro que estuvieran vivos. El cosmos de los cinco era demasiado débil, simplemente servía para mantenerlos con vida.
Murmuró una nueva disculpa, y le dio un beso en la frente. Era mejor irse, no quería estar ahí cuando despertara... cuando supiera lo que había pasado. Lo que ella le había hecho. De los cinco, sólo Ikki había despertado tres días después de regresar... Pero habían tenido que volver a sedarlo por la impresión. Se apartó dirigiéndose a la ventana.
-Adiós... Shun. - susurró antes que una especie de remolino de viento la envolviera y desapareció.
Al sentir la brisa en su rostro, comenzó a despertar. Sentía el cuerpo pesado, pero... lo único que sus sentidos captaron era ese aroma casi floral en el aire. Entreabrió los ojos y sólo vio el movimiento de las cortinas. Debió ser un sueño. El cansancio volvió a vencerlo como nunca antes, y cerró los ojos.
En la entrada del santuario, Atalaya volvió a aparecer. Ahí la esperaban sus amigas que ya se habían despedido. Ya no tenían nada más que hacer allí.
- ¿Estas seguras de esto? – María la miró preocupada.
-Sí, es lo mejor. Ya no hay más peligro para la diosa Athena. Sea quien sea el que haya atacado a los caballeros, parece que ha cumplido su objetivo.
-Supongo que tampoco quieres que ayudemos a encontrar al culpable. - Weiss se cruzó de brazos.
-No hay nada que hacer, los Espíritus requieren que regresemos al campamento. Somos Guardianas, no caballeros de Athena.
-Espero que sepas lo que haces… - Cristain suspiró resignada. Al menos había alcanzado a despedirse de Mu antes de que las convocaran de regreso.
Las cuatro se dirigieron hacia unas columnas que parecían formar un arco. Ni bien lo traspasaron desaparecieron. Era una de las entradas que habían creado para poder regresar. Ya su misión había terminado: la Diosa estaba a salvo, a costa de sus caballeros "favoritos". Vivirían, pero jamás podrían volver a protegerla ni a portar una armadura, las cuales también habían quedado invalidadas hasta que Hefestos lograra encontrar alguna forma de volver a crearlas de la nada, eso o alguien lo convenciera.
Athena no las culpaba, no podía. Simplemente se lamentaba de no haber podido ver el verdadero peligro que había representado eso. Seguiría cumpliendo sus funciones de diosa, pero su parte humana, su corazón humano había tomado el control durante todo ese tiempo al vigilar constantemente a los chicos esperando verlos despiertos.
Con esto finaliza Templo Kimei
Sé que he estado inactiva hace muchísimo, pero no me di cuenta que la historia aquí estaba desactualizada. Actualmente mi vida es un poco caótica, pero planeo terminar esta saga que es como una espina (en el buen sentido) para mi. De hecho he venido atormentando a Misao y a otras autoras. Espero que todo este plot twist con los bronceados les haya gustado... Y la historia como se habrán dado cuenta continua en "Cristales"
¡Gracias por el apoyo!
