Capítulo 16
En cuanto Merlín se vio envuelto por los brazos de Hunith, el brujo cerró los ojos disfrutando de la calidez y familiaridad que irradiaba su madre. Era increíble, quizás hasta mágico, como Hunith podía aligerar todas las cargas y preocupaciones que llevaba Merlín sobre sus hombros con un simple y sencillo gesto.
Terminando el abrazo, Hunith dio un pequeño paso hacia atrás para apreciar mejor el rostro y estado de ánimo de su hijo. Nada parecía estar mal con él, excepto por el cansancio y las tribulaciones que acosaban la mente del brujo, las cuales se reflejaban en los ahora grisáceos ojos del brujo. Incluso con la capucha que ocultaba la mayor parte del rostro de Merlín, Hunith podía ver cuánto le pesaban sus últimas experiencias. A pesar del tiempo que se había tomado lejos de Camelot, Merlín todavía estaba lejos de encontrar el cierre que necesitaba.
"¡Oh, Dios!" exclamó Hunith al recordar que se encontraban a mitad del día donde sus vecinos podían verlos y sacar conclusiones apresuradas "¿Dónde están mis modales? ¡Pasen, por favor!" les indicó Hunith haciéndose a un lado para que sus invitados entraran a la casa mientras rezaba mentalmente para que no hubiera revelado que Merlín aun estaba vivo.
Sonriendo, Blaise y Gwaine agradecieron a Hunith con un pequeño asentimiento, o un guiño juguetón, antes de entrar a la casa. Turbada de que alguien los hubiera visto, Hunith miró hacia el pueblo donde había unos pocos vecinos que la veían con curiosidad y extrañeza al observar el recibimiento que le había dado a un grupo de extraños. Con una pequeña sonrisa despreocupada que esperaba aligerara las preocupaciones o chismes de los vecinos, Hunith entró a la casa y cerró la puerta detrás de ella.
Respirando profundamente, Hunith se giró para ver a sus invitados de pie en medio de la pequeña habitación luciendo un poco indecisos sobre qué hacer a continuación. "Tomen asiento, por favor" invitó Hunith a Blaise y Gwaine señalando unos banquitos mientras se dirigía al fogón donde Merlín atendía el pan que había dejado cociendo.
"No te molestes Merlín" le dijo Hunith mientras llenaba unos vasos con agua fresca del arroyo.
"Sabes que no es molestia, madre" le respondió Merlín con una gran sonrisa "Además, comenzaban a quemarse un poco".
"¡Oh, no! ¿Fue mucho?" preguntó Hunith acercándose a ver los panes ligeramente ennegrecidos.
"Un poco" respondió Merlín antes de que sus ojos brillaran de color dorado eliminando las partes quemadas, sustituyéndolas por una corteza bien cocida como la del resto del pan.
"¡Merlín!" lo reprendió Hunith con una sonrisa divertida ante el descarado despliegue de magia de su hijo "Vamos, ven a sentarte".
Guiando a su hijo hacia la pequeña mesita donde Gwaine y Blaise se habían apretado para dejarles espacio, Hunith repartió un vaso lleno hasta el borde para cada uno de los invitados.
"Muchas gracias, señora" dijo Blaise antes de darle un gran trago a su bebida disfrutando del frescor del líquido.
"Gracias, Hunith" dijo Gwaine dándole un pequeño guiño antes de beber "Supongo que todavía no cuentan con algo más fuerte que el agua, ¿verdad?"
"Blaise, llámame Hunith. No hay por qué ser tan formales" respondió Hunith sentándose junto a Merlín "Y no, Sir Gwaine. Temo que si lo que está busca es alcohol, deberá de buscarlo en otra parte".
"¿Ves lo que decía, Blaise?" continuó Gwaine haciendo un pequeño puchero "Ealdor necesita una taberna, ¿cómo pueden vivir así?".
"Supongo que hay cosas que nunca cambian" murmuró Hunith con los ojos llenos de diversión al escuchar las divagaciones del caballero sobre el alcohol.
"No, no lo hacen" respondió Blaise con un ligero tono de molestia en su voz.
"Si lo hiciera, Gwaine rompería el equilibrio y podría destruir el mundo" se burló Merlín participando en la conversación.
"¡Hey! Se supone que estás de mi lado, amigo" se quejó Gwaine con falsa indignación.
"Lo siento, Gwaine" respondió Merlín encogiéndose de hombros con una sonrisa inocente que apenas ocultaba su risa.
El tiempo transcurrió entre risas y bromas, principalmente a costa de Gwaine, hasta que Hunith se incorporó para sacar los panes del fogón y colocarlos en un platón que llevó a la mesa junto con un poco de mantequilla y miel para que almorzaran todos juntos.
"¡Se ve delicioso!" exclamó Blaise mirando con avidez el pan recién preparado.
"Muchas gracias, Blaise" dijo Hunith complacida por el cumplido del ermitaño "¡Adelante, sírvanse ustedes mismos!". Sin esperar más, cada uno de los invitados tomó su rebanada de pan para prepararlo a su gusto.
"Veo que la princesa sigue mandando sus despensas" comentó Gwaine alegremente antes de darle una gran mordida a su pan con abundante mantequilla.
"¿Todavía?" le preguntó Merlín mirando con sorpresa a su madre que disfrutaba de su almuerzo.
"Todavía. Después de que se hubieran marchado a Dyfed, le envié un mensaje al Rey Arturo para agradecerle por toda la ayuda que nos había brindado. También aproveché para avisarle que habían venido a Ealdor y que estaba al tanto de toda la historia" respondió Hunith con calma "Pensé que después de eso se detendrían los apoyos que enviaba el rey a Ealdor. Imagina mi sorpresa cuando llegó el siguiente mensajero con una nueva despensa".
"Supongo que la princesa consideró que debía de ayudar ahora que Merlín está fuera de Camelot" comentó Gwaine sin reparar en el pequeño estremecimiento del brujo al escuchar sus palabras.
"Eso es muy amable por parte del rey" comentó Blaise sorprendido por las acciones del Rey Arturo. Por lo general los reyes no procuraban a las familias de sus sirvientes cuando este perdía o dejaba su trabajo. Obviamente el rey de Camelot era una excepción a la norma.
"Lo siento, madre" se disculpó Merlín agachando la cabeza con vergüenza.
"¿Por qué, Merlín?" le preguntó Hunith mirando a su hijo con extrañeza.
"Debería de haberte ayudado más" respondió Merlín con pesar "No debí haberte dejado de esa manera".
"No hay necesidad de disculparse, Merlín" respondió Hunith dándole unas suaves palmadas a la mano de su hijo sin darle mucha importancia a la situación "Ya tenías mucho en que pensar".
"De todas maneras, debí de estar ahí para ti" continuó Merlín sin dejar de sentirse culpable por lo sucedido.
Hunith frunció los labios con preocupación mientras veía la culpa que Merlín sentía. Tenía el presentimiento de que había más de lo que decía o dejaba ver su hijo.
"Bueno" dijo Blaise estirándose perezosamente antes de levantarse de la mesita "Será mejor que veamos a los caballos mientras ustedes dos se ponen al día. ¿Y qué dices si vamos por un poco de carne fresca para la cena, Gwaine?"
"Me parece bien" respondió el pícaro caballero levantándose rápidamente para seguir al ermitaño "Tiene bastante que no voy a una cacería. Nos vemos en un rato".
"Con cuidado" respondió Hunith con una sonrisa mientras veía salir a los dos hombres agradeciéndoles en silencio por darle la oportunidad de hablar a solas con Merlín. 'Ojalá pueda aligerar un poco sus preocupaciones' deseó Hunith de todo corazón.
"Entonces, ¿a dónde vamos?" preguntó Gwaine después de haber cerrado la puerta dándoles privacidad a Hunith y a Merlín.
"A cazar, ¿a dónde más?" preguntó Blaise mientras sacaba un rudimentario arco y unas flechas de la carreta.
"¿Hablabas en serio con lo de ir de cacería?" preguntó Gwaine mirando con sorpresa a Blaise. Desde que lo había conocido, nunca había demostrado ser un cazador. Si había carne en la comida, llegaba ya lista para guisarla. Siempre dio por sentado que Blaise la conseguía por medio del trueque o la compraba en el mercado.
"Por supuesto" respondió Blaise caminando hacia el bosque "¿De qué otra manera les daremos el espacio y tiempo suficientes para que platiquen?"
"Mmm…supongo que tienes razón" respondió Gwaine mirando con un poco de incertidumbre hacia la casa de Hunith. 'Sólo espero que Hunith pueda hacer lo que no hemos logrado en todo este tiempo' pensó el caballero con frustración antes de correr para alcanzar a Blaise.
-oOo-
"¿Qué te preocupa Merlín?" preguntó Hunith después de darles unos minutos de ventaja a Gwaine y Blaise para que se alejaran de la casa.
"¿Por qué crees que me preocupa algo?" preguntó Merlín desviando un poco la mirada como si temiera que su expresión traicionara sus palabras.
"Soy tu madre, Merlín" respondió Hunith con seriedad al mismo tiempo que una pequeña sonrisa se asomaba por sus labios "¿De verdad crees que no sé cuando algo está mal contigo?"
"Ya debería saberlo" murmuró Merlín, no era la primera vez que su madre hacía esa declaración.
"Bien, entonces, ¿qué está pasando?" volvió a preguntar Hunith.
"Yo…no sé" respondió Merlín vacilando un poco temiendo hablar más de lo que debería "Mucho ha estado sucediendo en estos días".
"¿Cómo qué?" preguntó Hunith suavemente invitándolo a abrirse y compartir sus problemas y preocupaciones.
"No sé dónde estoy parado, madre" respondió Merlín con la voz ronca "A veces siento que no sé para que estoy haciendo las cosas…y que sólo he estado fracasando en todo lo que me he propuesto…"
"¿Esto tiene que ver con el Rey Arturo?" preguntó Hunith con seriedad.
"Lo protegí tal y como se había esperado de mí, ¿pero a qué precio?" respondió Merlín sintiéndose nuevamente frustrado y molesto por la situación. '¿Cuánto más debo sacrificar?'
"Hiciste lo que creíste correcto, Merlín" respondió Hunith con suavidad "No se te puede pedir más".
"¡Pero lo hacen!" gritó Merlín "¡Todos esperan que traiga la magia a Albión de nuevo! Muchos sueñan con que Arturo levante la prohibición de la magia, ¿y qué he logrado hasta este momento?"
"Le has mostrado a Arturo que hay más que oscuridad para la magia, y que la visión de su padre era falsa. Enfrentaste a lady Morgana a pesar de que habías sido desterrado, le salvaste la vida y protegiste a su gente a costa de tu propia vida" respondió Hunith con la voz cortada al recordar esos oscuros días cuando creyó que había perdido a su único hijo "Le has demostrado tu lealtad y amistad".
"Y aún así no hay certeza de que Arturo termine con la prohibición mágica y la persecución" arremetió Merlín sintiendo como sus ojos se humedecían de frustración.
"Merlín" llamó Hunith tomando la mano del brujo para tranquilizarlo "Arturo salió en una loca búsqueda para sanarte, y para ello buscó asistencia mágica, ¿necesitas más pruebas para creer que él ha cambiado sus puntos de vista?"
"Yo…no lo sé…Quizás el simplemente está pagando una deuda" respondió Merlín a la defensiva "Tal vez él no quería deberle algo a un usuario de magia".
"Tú no crees eso, ¿o sí?" preguntó Hunith nerviosamente mientras buscaba entre los turbios ojos de su hijo tratando de encontrar la verdad entre la confundida mente de su hijo.
"No lo sé, ya no lo sé. He dado tanto para que la Edad de Oro de Albión ocurra, pero una y otra vez no veo que ese día llegue. Sólo gano nuevas cargas que se van sumando a las anteriores y a mis errores. ¿Cuánto más debo dar?" preguntó Merlín rememorando lo que había sido su vida desde que su madre lo había mandado a Camelot hasta este momento.
El silencio cayó sobre la habitación. Ni la madre ni el hijo hablaron después de lo que se había dicho. A Hunith le dolía ver a su hijo tan perdido. Recordaba los días de la infancia de Merlín cuando su hijo se preguntaba sobre su magia y el porqué había nacido con ella, y si tenerla lo hacía un monstruo. Todas esas preguntas que un niño jamás debería de hacerse. Pero todo cambió después de que Merlín se fuera a Camelot, porque cuando lo volvió a ver, Merlín había crecido y madurado, y lo más importante, él estaba en paz consigo mismo.
Lo que sea que haya pasado después de que Arturo descubriera la magia de su hijo, era algo que todavía lo afectaba. En algún momento, las viejas heridas se habían vuelto a abrir, y ahora el dolor, la frustración y la confusión no lo dejaban estar tranquilo. Algo le decía que Merlín había comenzado a reconsiderar toda su vida y cada una de las decisiones que había tomado, incluso si estas se habían hecho con las mejores intenciones. Y no sólo eso, él deseaba verse recompensado, Merlín podría ser desinteresado, pero como cualquier persona, él deseaba ver los frutos de sus esfuerzos. Ahora estaba en una encrucijada: desistir o buscar un nuevo destino.
"¿Qué vas a hacer?" preguntó Hunith con seriedad.
"Aún no lo sé. Tengo mucho que pensar" respondió Merlín jugueteando de repente con el cristal que Freya le había entregado en el lago de Avalon mirándolo con atención y deseo.
Hunith guardó silencio mientras veía a su hijo jugar con el extraño cristal mientras se preguntaba sobre el origen de ese artefacto, y la razón por la cual Merlín lo guardaba y miraba como si fuera un gran tesoro. "Sólo asegúrate de que lo que decidas sea lo que de verdad quieres, incluso si te aleja de tu destino".
Sorprendido por las palabras de Hunith, Merlín dejó a un lado el cristal fijando toda su atención, mirándola con aprensión "Y pensar que hace tiempo me dijiste que Arturo y yo éramos dos caras de una misma moneda. ¿De verdad crees que deba dejarlo?"
"Eso es algo que tú mismo debes decidir" respondió Hunith con una triste sonrisa "Aún creo que los dos se necesitan, Merlín. Tu magia te fue dada por una razón. Pero no puedo evitar pensar en este momento si eso es lo que de verdad quieres".
