Fandom: Final Fantasy VI (Square-Enix)
Personajes: Kefka Palazzo, Terra Branford, Emperador Gestahl
Prompt: In battle, side-by-side
+ Gracia +
El día había llegado aunque desafortunadamente para la joven en cuestión, ella ni siquiera fuese capaz en totalidad de mostrar un ápice de curiosidad o interés a cuanto se desarrollaba a su alrededor.
Día que habiendo transcurrido un tiempo estimado de aprendizaje en el uso de armas y guía en el control de su innata magia, Terra Branford ya estaría de sobra preparada para cumplir con el rol designado desde su llegada y en pocos años, consecuente primera aparición en el Castillo Imperial.
Cuales caballeros surgidos de fabulas y leyendas recopiladas en incontable laminas de papel sobre tapas de cuero, Al Emperador Gestahl le complacía ser testigo de las habilidades que los soldados adquirían, desarrolladas a lo largo de años y años de estricta formación. Con sus torsos cubiertos por resistentes telas y brillantes piezas de armadura, cada valeroso héroe parecía abandonar las ilustraciones, cobrando vida para enzarzarse en dicho torneo.
Pero combatir arma contra arma no se igualaba a la desventaja del metal contra el insaciable fuego emanante de fuerzas mágicas. Ahora, siendo dos con la gracia de crearlo para deleite y recelo del mismísimo Gestahl, bien acomodado en el asiento principal de una fila encarada al frente, desde el balcón de considerable extensión. De su posesión, naturalmente.
Así con taimada anticipación su pecho se contrajo, tamborileando sus dedos contra el filo del reposabrazos derecho hasta que sus penetrantes ojos se fijaron como veloces aves rapaces en la figura moviéndose envuelta por el predominante color de la pasión, vibrantes tonos rubíes y granates resaltando las distinguibles fragmentos del opuesto, moteado índigo en la zona correspondiente al brazo izquierdo entre componentes dorados. A su lado, la segunda figura también arropada por el sanguinolento color seguía el mismo camino gris hasta detenerse. El maduro regente liberó todo el aire contenido y asintiendo con la cabeza mostró una sonrisa de complacencia por encima de su abultada barba.
Kefka nunca decepcionaba cuando se trataba de exhibirse en eventos de ese calibre. Rodeados de finos trazos rojizos, ojos azules se desviaron para mirar a su compañera, las acciones de ésta estaban por decidirse. Sí, incluso portando una versión mejorada del instrumento en favorecer su sumisión.
Presentándose el adversario desde el otro punto del área de entrenamiento, tales interpretes de una obra teatral, el mago se inclinó, la pálida mano de Terra siendo sostenida con delicadeza, quien imitó el gesto y retrocediendo un paso, cual disciplinado bailarín la liberó ocasionando que la joven hechicera fuese libre en la ejecución de una asombrosa serie de giros, desconcertando al soldado, aferrado a la afilada arma entre sus manos que incapaz de separar sus ojos de ella, ni se enteró de la conjuración que Kefka se había ocupado de lanzar sobre ellos. Entorpeciendo cualquier daño físico. Habiendo seguido el movimiento de la muchacha, era fácil suponer que en su vuelta a la realidad, a fin de impresionar a su Emperador se arrojaría hacia Kefka quien no dudó en sacar su propia arma de entre los pañuelos y cadenas de pequeñas gemas acoplados a su cintura, una delgada espada de menor longitud pero afilada como una aguja. Arrojo que incluso si Kefka se equivocaba en su predicción, costaría al pobre hombre una buena quemadura. Terra ni siquiera necesitaba esforzarse en recordar las palabras para formular el hechizo, sus labios pronunciaban al unísono cada palabra que retumbaba en el vacio de su mente, juntando sus manos sin abrumarse por el creciente calor que se condensaba a su alrededor.
¡Ouch! El impacto parecía doloroso, el fuego avivándose engullendo al asustado muchacho, llamas penetrando metal y ropa, hambrientas. Forzando por el inminente dolor, el soldado se detuvo soltando su espada cayendo de rodillas sollozante. Sus alaridos causando el sonido que el mago más favorecía, sádicamente rio y rio sin apartar sus claros ojos de lo que antes había sido un digno combatiente, en apariencia. Recomponiéndose, guardó su espada y chasqueando los dedos exclamó:
-Siguiente. -
Tan despreciable como era la actitud de Kefka, entusiasmado Gestahl acontecía a cada victoria sin otra cosa en mente que adivinar que hechizos se manifestarían, atreviéndose incluso a hacer apuestas con los otros espectadores, sentados a derecha e izquierda.
