Decisiones Cundáwans
Resumen: Las decisiones de las gemelas. La decisión de los antiguos Cundáwans.
Un par de horas más tarde estaban todos más serenos. Christopher le entregó a Remus un libro que había conseguido.
—No entendí muy bien lo que dice, me imagino que ustedes podrán entenderlo un poco mejor. El que estábamos buscando Chris y yo sobre los fénix no está allá.
Al leer la página que el niño había marcado con un trozo de pergamino el hombre de ojos dorados comprendió. Aquello era bastante complejo para el nivel del niño, además de tener algunas partes escritas en rúnico. Aquello les tomaría algún tiempo.
—Habrá que traducir las runas y leerlo en conjunto antes de seguir buscando en otras fuentes, pero creo que es una leyenda sobre lo que se estaba buscando de ese punto. —le dijo al niño sonriéndole.
—Supongo que eso tardará un poco. —suspiró el niño.
—Sí, así es, pero por lo menos ahora tenemos un punto por el cual comenzar. Gracias a ti y a tu hermanita.
El niño sonrió ante el comentario. No pudo evitarlo, se giró y se tapó la boca para disimular lo mejor posible un bostezo, pero Remus lo notó en seguida. Miró a sus acompañantes y se dio cuenta que, al igual que él, todos estaban agotados por la tensión que llevaban soportando desde el día anterior. La mayoría de ellos llevaba ya dos días en situaciones límites, él incluido. Recordó lo del tiempo prolongado que había hablado Ron cuando Arthur le había preguntado y tomó una decisión.
—Escúchenme todos un momento. Sé que todos están haciendo un esfuerzo para resolver la situación que tenemos ahora con Ginny, Angela y Harry, pero si nos dejamos agotar no lograremos otra cosa que enfermarnos y crear problemas adicionales. Ron tiene razón en cuanto al planteamiento del tiempo. Vamos a descansar y seguimos en lo que sería "mañana" en este tiempo prolongado.
Todos se miraron. Algunos estaban un poco renuentes inicialmente, pero al ver el cansancio en las caras de los otros y sentirlo en sus propios cuerpos comprendieron que el líder de la O.D.F. tenía razón. Todos asintieron sin muchas ganas.
—Christine y Hermione, por favor, hagan rápido una distribución de las habitaciones para llevar a todos. —les pidió Ron.
Las dos asintieron. Jessica ubicó sobre la mesa un boceto que habían hecho de la casa Angela y ella cuando eran niñas, para organizarse con los elfos para limpiar y sus labores allí. A la castaña y la niña les tomó sólo diez minutos hacer la distribución, se coordinaban en sus ideas con mucha facilidad, como lo notaron los adultos. Al terminar le entregaron el bosquejo a Ron, que al verlo listo asintió, su novia le sacó copia y las distribuyeron entre los miembros del E.D.H., que se comportaban como anfitriones de los miembros de la O.D.F., entregándole una a Remus como el líder del grupo de "invitados".
—Vamos a acostarnos a dormir al menos seis horas, mañana continuaremos —les dijo Ron a los del E.D.H.—. Hermione y yo distribuiremos los que se quedarán en las habitaciones del tercer piso. Luna y Neville los del segundo piso. George y Fred los del primer piso. Jessica, Chris & Chris vayan a acostarse ya, nosotros los acompañaremos en cuanto ellos estén acomodados. Es bueno que todos sepan que conseguirán en los armarios de cada habitación pijamas de su talla. No se los sabemos explicar pero así será. Buenas noches a todos.
—Buenas noches. —le respondieron a coro.
—Remus. ¿Podríamos quedarnos unos minutos a hablar? —le pidió la profesora McGonagall, aunque estaba bastante agotada.
—Claro Minerva —aceptó él mirándola un instante con curiosidad—. Ve tranquila Hermione, yo la acompaño luego al cuarto. —le indicó al ver que se detenía al oírlos.
—Gracias profesor Lupin —le agradeció con una sonrisa cansada, mostrándole en el pergamino que tenía en sus manos la ubicación de los cuartos para ellos—. ¿Quieren que les traiga un té o algo de la cocina? —les ofreció al asentir él en señal de haber entendido.
—No se preocupe, señorita Granger, serán sólo unos minutos. —la tranquilizó la directora, despidiéndola con tono amable.
—En ese caso yo los dejo. De todos modos quedan en su casa, si necesitan o quieren algo pueden tomarlo sin problema. —les dijo la castaña, pues Angela, Jessica, Chris & Chris habían logrado que sus ocho compañeros del E.D.H. sintiesen aquella casa como un hogar alterno al que tenían con sus familias, donde los doce eran más que amigos unos hermanos que se querían mucho y vivían en ese hogar bajo reglas establecidas por todos de común acuerdo.
—Gracias Hermione. Ve a descansar, te ves agotada. —le indicó Remus con una sonrisa comprensiva.
La castaña sonrió y se alejó hacia la puerta, donde la esperaban Meg, Nymph, Kingsley y Ron. Llevaban casi quince horas allí sin detenerse, todos estaban extenuados, especialmente los que habían vivido las situaciones con Ginny, Angela y Harry desde el sábado en la tarde, cuando se habían enterado de lo referente a Snape. Aquello parecía tan lejano, pero sólo había trascurrido día y medio en el tiempo regular y lo que tenían allí, en el extendido.
Cuando ya se habían quedado solos la directora comenzó.
—Remus, me preocupa mucho la situación con los chicos. Estoy gratamente sorprendida por sus rápidas reacciones y la capacidad de coordinarse que les he visto hoy, pero… —Se detuvo dudando como seguir.
—Lo sé, Minerva. Nymph, Aline, Eloise, Humphrey, Wymond y yo también estamos muy preocupados. Nosotros hemos estado compartiendo con ellos varias situaciones estos meses, como ya sabes. Pero con lo que vivimos estos dos últimos días con lo de Severus… —le intentó responder, pero se detuvo y denegó lleno de dudas.
—Ahora comprendo muchas cosas que ocurrieron cuando ustedes estudiaban aquí, también las reacciones de Severus ayer durante el interrogatorio, pero… ¿Tú le crees, Remus?
—Yo no sé qué creer, Minerva. Sólo sé que esto ha sido muy duro para Angela, cumpliendo a pesar de todo con la promesa que le hizo a Albus de salvarle la vida. Y ahora, como si no hubiese tenido ya bastante con todo lo que le ha ocurrido, Angelica la pone en medio de esta situación —Denegó suavemente—. Dejándole además a los doce chicos la responsabilidad de cargar con ese extraño don. Me preocupa especialmente Harry. Ha tenido que pasar por demasiadas cosas desde que era sólo un niño y ahora con el mutismo que tiene sobre la misión que le dejó Albus… —Suspiró.
—Remus, yo no soy Albus. A veces siento que no puedo más. Dirigir el colegio no es nada fácil, menos en medio de una guerra. Cada pequeña decisión que tomo puede afectar a los alumnos y sus familias. La situación de Harry es demasiado difícil para yo manejarla, más con ese secreto y la petición de Albus de dejarlos salir eventualmente del colegio para hacer algo que es evidentemente peligroso —Se le escapó un suspiro—. Si les prohíbo salir se escaparán igual, porque de alguna manera vinieron aquí a buscar la información de los sellos sin que el cuadro de Sir Cadogan se enterase.
—No lo había pensado pero tienes razón, se nos siguen escapando —Se pasó las manos por la cabeza, preocupado—. No sé que decirte, Minerva. Esto se complica cada vez más. Ahora tenemos que entrenarnos al modo Cundáwan para poder manejar la magia y energía que Angelica nos ha dejado. Y la mayoría tenemos que descubrir rápido cuáles son nuestros dones y entrenarnos en ellos también. La salud de Angela es muy delicada. Si detallaste las reacciones del profesor Raymond, te habrás dado cuenta que está muy preocupado.
—Eso es otra cosa, Remus. Yo no soy una jovencita. Hasta ahora ellos habían empezado a enseñarme superficialmente, sólo para que tuviese algunos conocimientos sobre lo que los chicos estaban haciendo, pero ahora… No entiendo porqué Angelica me dejó parte de su magia y energía a mí. Entiendo que la protección del colegio es mi responsabilidad, pero yo no tengo ni el tiempo ni la fuerza para involucrarme en esto tan profundamente Remus.
—Te entiendo Minerva, pero… Les pediré a los del G.E.M.A. que se nos unan a Nymph y a mí para ayudarte en lo que podamos aquí en el colegio, además de buscarte con el profesor Raymond una forma de entrenarte de manera eficaz pero no agresiva. Tenemos que sacar lo antes posible de esta situación a Angela.
—Lo entiendo, Remus, y no sabes como te agradezco el ofrecimiento. Pero ustedes tienen tareas con La Orden del Fénix.
—Y ésta desde hoy se ha convertido en una más, por lo menos para los miembros que Angelica involucró directamente al dejarnos sus magia, energía y dones.
—Me preocupa mucho también las reacciones que he visto en Wymond hoy.
—A mí también. Si como sospecho es el tutor… —Suspiró preocupado—. Por eso no quise seguir presionando a los chicos con el secreto de Harry, ni tampoco con el análisis de la profecía. Angela fue muy clara conmigo cuando me pidió que viniese a hablar con Ginny y Harry. Si no están serenos les afecta el proceso que esté ocurriendo.
—¿Qué podemos hacer para ayudarlo?
—No lo sé porque no sé exactamente qué le pasa. Aunque sospecho que tiene que ver con los símbolos que vimos en la libreta. ¿Viste los símbolos al lado de las fechas?
—Sí, pero ¿Qué significan?
—No lo sé exactamente. Recuerdo que un domingo, mientras cursábamos quinto año, Lily se reía porque Jennifer reñía a Angelica al no poder leer una carta para su hermano. Yo me les acerqué disimuladamente porque no entendía, el pergamino estaba sobre la mesa de la Sala Común y Angelica le señalaba en burla a Jennifer que estaba abierto frente a ella. Pero al pasar tras ellas con un libro en la mano y mirarlo de reojo comprendí. Angelica le había escrito un párrafo completo con una serie de símbolos muy raros, al parecer era una especie de código secreto entre ella y su hermano. Ahora supongo que a quien le escribía era a Wymond.
—Si tienes razón en eso tendremos que esperar a que él nos diga su significado, porque por lo que noté ni siquiera Aline sabe qué le ocurre.
—Sí. Así es… Y aún no sabemos con certeza quiénes son los otros cuatro chicos o la guía, cuándo habrá que llevarlos a la enfermería, o qué es lo que está haciendo Angelica. Creo que las respuestas a eso las encontraremos pronto y nos darán más dolores de cabeza. Los chicos están nerviosos y siguen empeñados en los secretos de Harry.
—Me preocupan mucho las interpretaciones de la profecía, Remus. Ahora más que nunca tenemos que buscar la manera de sacarlos de esta guerra.
El silencio se hizo muy espeso.
—Vamos a descansar, Minerva. Mañana tendremos que afrontar muchas cosas.
Al día siguiente, cuando se asearon y bajaron a la cocina, se encontraron una escena muy especial. Los nueve chicos estaban ayudando a Meg, que estaba cocinando, y poniendo el desayuno con ayuda de Nymph.
—Esas tortillas con el toque Meg se ven muy provocativas.
—Pues tú no tocarás ni una sola, Ron. Te vas a comportar. Esperarás a que todos estemos sentados y empezarás a desayunar con todos. —lo regañó Hermione.
—Pero yo también quiero probarla, por favor, se ven muy provocativas.
—No, Christopher, tú también esperarás.
—Pero Jessica, ella nos ha dicho que podemos repartir una, sólo para probarla.
—Eso ha sido porque ella no los conoce como yo, Christine. Si comienzan no nos dejarán a los demás ni la muestra. Y tú da el ejemplo, Fred, no te quiero ver ni siquiera acercarte a la fuente con las tortillas. A ti tampoco, George.
—¿En serio? —rió la mujer rubia divertida.
—En esta oportunidad le daré la razón a Jessica.
—¡Nymph! —exclamaron los dos niños a coro.
—Tendrán que esperar entonces un poco, chicos —les dijo la rubia controlando un poco la risa—. Los demás también bajarán con apetito.
—¡Remus! Buenos días mi amor. Disculpa que no te esperé, pero quería ayudar con el desayuno. —se abalanzó la metamórfaga en brazos de su novio.
—Buenos días mi amor. No tengo nada que perdonarte. Por lo que veo has tenido que defender mi parte para que pueda comer algo.
Los tres pelirrojos y los dos niños se ruborizaron mientras los demás se reían abiertamente y Hermione denegaba seria.
—¿En qué podemos ayudar? —preguntó Aline sonriendo aún.
—Esto ya casi está listo. Vayan sentándose. Comeremos en tres turnos. —respondió Meg.
—Eso no será necesario, comeremos todos al mismo tiempo. —replicó Wymond sonriente. Su esposa lo había ayudado con su don mezclado con su estado anímico, cuando estuvieron solos en la habitación, respetando su petición de no preguntarle nada sobre lo que le ocurría hasta que él estuviese listo para contarle.
A una señal suya su esposa, su hermana y su cuñado se ubicaron en las otras tres esquinas de la habitación, ampliando su tamaño y el de la mesa con sus varitas.
—Excelente idea. Gracias Wymond. —le sonrió Remus mientras veía la cara de sorpresa de Meg.
—En nuestro próximo entrenamiento les enseñaremos a hacerlo en el descanso. —afirmó Humphrey sonriente.
—Cuidado con eso, Meg, se te quemará. —le advirtió Christine divertida.
—Perdón. Yo… me distraje.
De nuevo se pudieron escuchar varias risas. Terminaron de cocinar y servir la comida y se sentaron todos a comer. Jessica jugaba con la comida en su plato. Estaba preocupada y pensativa.
—Tienes que comer, mi amor. —le dijo Fred con cariño.
—Sí, lo sé… Estaba pensando en lo que dijo tía Angelica sobre el régimen de pociones y comidas que tendrán que seguir, así como en los cambios emocionales de Angela desde ahora hasta que… hasta que esto esté resuelto.
—Esas son malas noticias —denegó Christopher—. No me quiero imaginar cómo se pondrá.
Los de la O.D.F. miraron asombrados a los chicos, que suspiraban ante el comentario del niño y denegaban levemente.
—Lo que soy yo si la veo con esa mirada azul eléctrico huiré rápidamente. Cada vez que me miraba así por desobedecerla en el entrenamiento… —Ron no pudo contener un estremecimiento—. Da miedo.
—No, Ron. Tenemos que buscar la forma de ayudarla —le contradijo Hermione. Al ver la mirada de su novio le aclaró—. A mí también me asusta, pero en esta oportunidad tenemos que buscar la manera.
—¿Algún consejo, Jessica? —le preguntó Fred—. Tú la conoces más.
—El primero que daría sería lo que dijo Ron, huir velozmente. Pero en este caso… —suspiró—. Hablarle rápidamente de algo que le interese y la distraiga.
—Tendremos que apoyarnos mucho en ti, George, mientras logramos sacarla de esta situación. —afirmó Luna con su voz calmada.
El pelirrojo asintió. Sabía que sería muy difícil la situación con su novia.
—Tal vez sería mejor que me la llevase unos días a Grimmauld, mientras se resuelve esto. —planteó pensativo el hombre de ojos aguamarina, recordando una etapa especialmente difícil con su hermana Angelica.
—Perdone que lo contradiga, señor Wymond, pero recuerde como se puso cuando le dijo que no podría unirse con nosotros a la primera clase del profesor Raymond. —le dijo muy seria Hermione. Ella sospechaba quien podía ser el tutor y lo más conveniente iba a ser tenerlos alejados inicialmente.
—Hermione tiene razón, Wymond, ahora menos que nunca podemos hacerla alterarse. —la apoyó Aline preocupada, pues había pensado en lo mismo que la castaña.
—Sí. El otro problema será el régimen con las pociones y las comidas. La señora Angelica también dijo que los nueve tienen que tomar poción plateada cada seis horas y dorada todas las noches —continuó Fred, mirando la comida pensativo, intentando recordar cada detalle de lo dicho por Angelica—. También que deben descansar bastante y comer mucha fruta. Por último que Ginny, Angela, Harry y el tutor deben comer, aunque no tengan hambre.
—¡Que fácil! —exclamó Christine exasperada, llevándose las manos a la cabeza.
—Con lo de la fruta no habrá problema con Angela, pero con lo demás… —Suspiró Jessica denegando—. Más sencillo no nos lo pudo poner tía.
—¿Saben cómo se pondrán Ginny y Harry después de unos días? —comentó Christopher desanimado.
—Insoportables. —respondieron a coro siete chicos.
Sólo Hermione permaneció en silencio. Ellos no serían los únicos con problemas.
—Vamos chicos, no puede ser tan grave. —les dijo Meg intentando animarlos. Pero las miradas de los chicos y los Weasley la hicieron comprender que estaba equivocada.
—Vamos a ponerlo así, Meg: prefiero enfrentarme al colacuerno húngaro que le tocó a Harry en el Torneo de los Tres Magos y no a Ginny molesta porque le insistamos en comer y tomarse las pociones. —le dijo muy serio Ron.
—La semana que estuvieron en recuperación los tres se pusieron muy explosivos durante las horas de las comidas. Tuvimos que dejarlos en paz con su poco apetito, pero ahora… Fue una suerte que no coincidieron sus explosiones de mal humor. Ni siquiera quiero imaginarme lo que podría ocurrir si esos tres se molestan simultáneamente —comentó Neville preocupado, mientras Hermione denegaba levemente en dirección de Aline. Las dos entendían que habría otro problema en ese sentido. Remus frunció el ceño al notar el intercambio de miradas y gestos, comprendiendo el porqué de ellos—. Lo cual ocurrirá después de unos días de estarles insistiendo con la comida, especialmente Angela y Harry que últimamente casi no quieren comer.
—Repito. Tía nos ha dejado una tarea muy fácil. —insistió Jessica desanimada, mientras los otros ocho chicos y ocho de los adultos suspiraban.
—En cuanto Molly se entere de los problemas para que coman insistirá en llevarlos a La Madriguera para cuidarlos ella misma. —afirmó pensativo Arthur.
—¡Olvídalo papá! Mamá no puede enterarse de esto —dijo muy firme Bill para sorpresa de varios—. Por una vez en tu vida tendrás que ocultarle algo, por lo menos por un tiempo. Los chicos tienen razón, Ginny y Harry no la van a pasar bien. Si mamá los empieza a presionar explotarán. Se les podría ocurrir ir a cumplir con la dichosa misión de Harry sólo por huir de su persistencia.
—Estoy de acuerdo con Bill, papá —lo apoyó Charlie—. Si le sumas a eso las reacciones que hemos visto en Angela cuando mamá la riñe… Si no eres capaz de guardarle este secreto a mamá me lo dices y te aplico un encantamiento desmemorizante, pero por ningún motivo podemos permitir que mamá se entere de esto.
—Está bien chicos, haré todo lo posible por no decirle nada a Molly. Pero no sé cómo piensan hacer para que ella no se entere. Saben que intentará saber todo sobre Ginny, especialmente ahora.
Los cinco Weasley, hijos de la matrona, se miraron reteniendo la respiración. Lo dicho por su padre era muy cierto.
Wymond y Aline se miraron. No podían permitir que Molly presionase a Angela de nuevo. Además nadie más debía enterarse, estaban en una guerra. Asintieron levemente, poniéndose de acuerdo mentalmente. Entre los dos colocaron en silencio un bloqueo a todos los que estaban presentes. A excepción de Raymond, no podrían hablar con nadie de lo que estuviese relacionado con lo que estaba ocurriendo con los chicos. Con Molly, Kandace y Alphonso sólo podrían hablar lo que Remus autorizase.
—Los chicos permanecerán en el colegio —intervino muy firme Minerva—. Tendrán que tomar las pociones en sus habitaciones y la Sala de los Requisitos para que los otros alumnos no se den cuenta. Ya la profesora Vector me había pedido permiso para cambiar a Finnigan y a Thomas con los jóvenes Creevey y Pearson, que están afectados por la pérdida de su compañero. Autorizaré eso de inmediato. Eso les dará más privacidad a Potter, Weasley y Longbottom. También considero conveniente que el joven George Weasley permanezca esta semana en el colegio, ayudando al profesor Raymond a preparar algo especial para Halloween, quedándose luego unos días para ayudarlo con otras actividades… como compensación por su comportamiento de años anteriores.
Los gemelos asintieron, comprendiendo que esa sería la explicación ante todos de su presencia allí. Fred se ocuparía nuevamente del negocio.
—Pero quiero enterarme cuando ustedes abandonan el colegio —continuó la directora con voz severa—. No quiero que se repita lo ocurrido cuando vinieron aquí a averiguar lo de los sellos sin hablarlo primero conmigo. Eso no fue lo que acordamos Potter y yo.
Ocho chicos tragaron saliva, pero Hermione reaccionó rápidamente.
—Disculpe, profesora McGonagall, pero nosotros no quebrantamos el acuerdo. No salimos del colegio por la misión de Harry.
—Entonces tendremos que incluir en el acuerdo sus visitas aquí. Yo accederé a la petición de dejarlos salir que me hizo Albus, pero sus venidas a La Casa Flotante también me deberán ser informadas.
Los nueve chicos se miraron. Estaban en un aprieto. No estaban conformes con acceder a aquello. Sabían que podían escaparse sin que se enterasen, pero eso significaría problemas si llegaban a descubrirlos. Tampoco podían seguirle dejando todas las decisiones a Harry. No podían dejarle esa presión a él solo.
—Profesora McGonagall, puesto que ese acuerdo lo hizo con Harry y él no está presente creo que no somos nosotros quienes podemos responderle a eso —le respondió Neville, para sorpresa de sus propios compañeros—. En este momento no es prudente tampoco preguntarle a él. Con lo único que podríamos nosotros comprometernos es con plantearle a Harry siempre el informarle a usted previamente antes de salir del colegio, bien sea para venir aquí o fuera del colegio. Tampoco creo que Harry acceda en todas las oportunidades, pero… creo que sí en la mayoría, porque ustedes ya saben a qué venimos aquí.
La profesora McGonagall lo miró gratamente impresionada y, aunque no era la respuesta que hubiese querido oír, comprendió que los chicos tenían razón. No podían presionar a Harry.
—Si ustedes me dan su palabra de hacer su mejor esfuerzo para que el joven Potter acceda a participarme de cada una de sus salidas, yo no tendré inconvenientes en autorizarlas.
—Tiene nuestra palabra. —le respondió Ron. Los otros ocho integrantes del E.D.H. asintieron.
Al terminar de comer, recoger y limpiar subieron a la biblioteca para seguir con las investigaciones.
Cinco horas más tarde habían conseguido información sobre viajes en el tiempo, historias y leyendas antiguas entre los Cundáwans, pertenecientes a la época de la migración, todo siguiendo las acotaciones de la libreta a medida que avanzaban en su revisión. Cuando terminasen con eso procederían con los pergaminos sueltos.
—Hay algo que me extraña de las anotaciones de tía Angelica. Bueno, en realidad son varias cosas —empezó Jessica mirando a sus tíos. Ya no soportaba los nervios que le estaban provocando sus sospechas al ver las fechas de las últimas anotaciones, las que estaba revisando—. ¿Cómo hizo para averiguar los ascendientes Cundáwans de todos si estaba grave en casa de los tíos Brown? ¿Cómo formó este listado de posibles dones? ¿Qué futuro visitó para hacer esto? ¿Hizo algún otro viaje al futuro? ¿Modificó el futuro al hacer esto? ¿Cuándo acondicionó esta casa para nosotros? Es evidente que lo hizo después que la abuela Isolde se fue de aquí.
Todos levantaron la vista de los libros que leían y se quedaron mirándola primero a ella, para luego mirar a los Cundáwans.
Los cuatro miraban muy pálidos a su sobrina. Aline, Eloise y Humphrey se giraron a mirar a Wymond, inquietos, con un nudo en la garganta por las sospechas que tenían. Sabían que sólo él entendía los símbolos de la libreta, pero no estaban seguros por sus reacciones del día anterior si debían contestar ellos o él. Aline iba a responderle pero se detuvo al sentir la mano derecha de su esposo sobre las de ella. Lo vio mirarla con sus ojos verdes y denegar.
Wymond tomó aire y los miró a todos al pendiente de él. Tomó la libreta con las anotaciones de su hermana y sus notas sobre los dones, que él había copiado del libro que Hermione le había pasado. Acarició la libreta con suavidad, recordando a su hermana Angelica. Miró las fechas en el código secreto de ellos dos, puestas por su hermana al lado de las fechas de las anotaciones, y se decidió a hablar.
—Por lo que hemos conseguido aquí existen doce dones entre los Cundáwans, que se presentan rara vez en nuestra raza: Transferir Energía, Transferir Magia, Percibir e Influir Pensamientos, Percibir e Influir Emociones, Percibir Energía, Sanar Absorbiendo la Enfermedad, Transformarse en Seres Vivos, Manipular los Elementos de la Naturaleza, Comunicarse con los Animales, Manejo Avanzado de la Magia a Temprana Edad, Viajar en el Tiempo y Manipular la Energía a expensas de la propia… hasta entregarla y morir. También dos dones mezclados, los cuales es aún más raro que se presenten: el de Percibir e Influir Emociones mezclado con el de Percibir Energía, y el de Transferir Magia mezclado con el de Transferir Energía.
Se detuvo un momento mirando las fechas en la libreta de su hermana. Las conocía perfectamente a las dos, pero especialmente a la más rebelde, para entender lo que había ocurrido.
—Angelica estaba bastante mal por el ataque, al igual que Jennifer, pero… Hubiesen podido llegar a sobrevivir.
Todos retuvieron el aliento, mientras Eloise cerraba los ojos. Ella había empezado a sospechar aquello al ver las fechas con aquellos símbolos extraños al lado, pero oírselo decir a su hermano, el que siempre había entendido mejor a su hermana rebelde… eso le partía el corazón.
—Angela está muy mal de sus pulmones. Sin embargo su estado está directamente conectado con su estado emocional, por su don… Con Angelica ocurrió algo similar. Jennifer estaba también bastante mal, pero parecía reponerse durante el embarazo. La razón que nos dieron hasta hoy sobre la licantropía tuya ayudándola es cierta, pero… Según las anotaciones de Angelica en nuestro código…
Tuvo que detenerse. Tenía un nudo en la garganta mientras leía la primera carta que su hermana había dejado para él, antes de plasmar sus investigaciones. La había leído mientras los demás investigaban el día anterior, después de encontrar aquella caja y revisar con todos los antecedentes Cundáwans en ellos. Aquella carta… La que estaba al final no había tenido aún el valor de leerla, no después de leer aquello. Tomó aire, empleó todo su autocontrol y empezó de nuevo.
—Mamá, Angelica y Jennifer tenían el don de Sanar Absorbiendo la Enfermedad. Mamá lo estuvo usando con ellas mientras estuvieron embarazadas, pero ese don tiene sus límites. No podía intentar sanarlas totalmente hasta que no diesen a luz, porque… porque para eso mamá hubiese tenido que hacerles tomar unas pociones muy fuertes que las hubiesen puesto en peligro a Angela y a ti. Jennifer sabía que no sobreviviría al parto, pero no accedió a aquello.
Jessica estalló en llanto en brazos de su padre, que la abrazó sin poder contener un par de lágrimas. Nymph y Fred se paralizaron mirándolos, aquello era demasiado.
Eloise empezó a llorar silenciosamente, esforzándose por contenerse mientras era abrazada por su esposo.
Aline dejó fluir su don para intentar calmar a todos los presentes, mientras un par de silenciosas lágrimas se escapaban de sus ojos como esmeraldas abrazando a su esposo por la cintura. Ahora comprendía porqué estaba tan mal desde el día anterior, cuando leyó aquello.
George cerró los ojos. Sospechaba que había más allí, también que dolería mucho. «Angela… ¿Soportará saber esto?».
—Jennifer te transmitió todos sus conocimientos de medimagia con ayuda de su gemela y murió aquí al nacer tú, Jessica, sin que mamá pudiese hacer nada para evitarlo. Angelica también quedó muy… Apenas si sobrevivió al parto. Al recuperarse un poco ella salió buscando ayudar a Sirius, para poder dejarlas a ustedes dos con él y con Remus si ella no se recuperaba totalmente, y… Eso la debe haber deprimido mucho, provocándole una recaída por la cual la trajeron de nuevo aquí con mamá. Cuando se recuperó un poco salió de aquí con Angela, contigo y los Brown. Ella se había enterado de lo ocurrido con Lily, James, Alice y Frank cuando le dijeron sobre Sirius. Fue entonces cuando visitó a Harry y a Neville, luego hizo el primer viaje en el tiempo.
Volvió a acariciar la fecha, miró a Jessica que lloraba. Tomó aire y continuó. Tenía que explicar aquello. Entendía porqué no lo habían hecho su esposa, su hermana y su cuñado el día anterior, cuando tocaron el punto hablando de la profecía, pero… Tenía que hacerlo.
—Angelica tenía el don de viajar en el tiempo, al igual que nosotros cuatro. Jennifer no lo tenía. Cuando Raymond lo descubrió en ella la entrenó con nosotros. Lo primero que se nos advierte es que no debemos interferir en los acontecimientos, porque las consecuencias de romper la secuencia de hechos naturales son terribles. Nos explicó que sólo los que tenían un don particular podían percibir los cambios bruscos en la energía natural. Que ya había ocurrido en dos ocasiones, en que los hechos fueron alterados, provocando grandes males intentando hacer un bien.
Frunció el ceño y leyó en sus apuntes el último de los dones que allí estaba anotado. Aquél tan especial.
—Ahora entiendo que el don particular al que se refería Raymond en esa oportunidad era el del Manejo de la Energía… No, Jessica, no creo que Angelica haya modificado el futuro. Raymond debe haberle enseñado, al entrenarla en sus dones, que no debía hacerlo. Hasta donde sé no existe información detallada de cómo fueron modificado los hechos, cuando hace centurias alguien viajó en el tiempo e intervino en la cadena de sucesos, pero según el conocimiento Cundáwan lo ocurrido fue muy grave. Ella viajó hacia un futuro que ella consideraba lejano, con Harry estudiando su último año en Hogwarts, intentando averiguar si era él de quien hablaba la Profecía Cundáwan. De él y de Angela porque, como ella dijo, ya lo sospechaba.
Tragó saliva. Aún le costaba asimilar lo que su hermana había descubierto. Los tres destinados de la profecía para enfrentar a Voldemort coincidían, demasiado bien para su gusto. Además estaban todos los otros puntos analizados el día antes en que aparecían Jessica y los otros chicos… Tomó aire y se decidió a continuar.
—Lo que vio… Visitó un futuro cercano a nuestro presente actual. Vio a su hija formando parte de un grupo liderado por Harry, con amigos, con su sobrina y dos niños cerca de su hija demasiado parecidos a los amigos de su hermana, pero sin ellos cerca de ustedes. Eso debe haberla confundido cuando ella estaba en ese momento en su presente pensando dejarles las bebes. Con nosotros cerca de ustedes. Eso la debe haber confundido aún más… Debe haberse acercado de alguna manera a investigar, o lo que vio desde lejos… Raymond nos ha dicho que al usar su don percibió la energía de mi hermana rodeando a Harry, a Ginny y a Angela. Ella percibió su propia energía en nosotros, por eso le pidió a Raymond que nos reuniese para lo que está haciendo.
Todos palidecieron. Estaban entendiendo el punto y no les gustaba. George apretó la mandíbula y los puños.
Wymond tomó aire de nuevo. Estaba utilizando todo su poder de concentración para hablar de aquello. Sabía que debía responderle a su sobrina. No sabían si ella o alguno de los otros podía llegar a presentar ese don, viajar en el tiempo, pero aún si no lo tenían de nacimiento sabía que su hermana se los había dejado a los doce chicos. Sin embargo el explicar aquello… le estaba doliendo demasiado.
—Ella viajó buscando respuestas sobre qué hacer si su hija y el hijo de su mejor amiga eran los señalados por la profecía, temerosa de liberar su energía sobre ellos por la percepción que tuvo de la cicatriz de Harry… Pero lo que vio en aquél viaje le ratificó que ella lo haría finalmente… y también a quiénes les cedería sus dones, magia y energía. Por eso hizo otros viajes a diferentes lugares y tiempos, sin modificar nada, sólo como observadora, recabando la información en esta libreta, antes de…
No pudo seguir. Se sentía destrozado a pesar de haber mantenido su coraza de calma por fuera, la misma que ahora usaba su sobrina rebelde para enfrentar situaciones difíciles. Se concentró en su entrenamiento para recuperar la serenidad. Levantó la vista hacia su otra sobrina.
—Ella investigó tanto como pudo, Jessica. Pero el estar viajando en el tiempo, estando tan delicada de salud, seguramente debilitada por su angustia por Angela y por ti, no le permitió hacer más. Fue agravándose gradualmente. Creo que no averiguó que ocurriría con ustedes por temor a flaquear en su decisión. No quería alterar la línea de acontecimientos.
Las lágrimas se deslizaban por varios rostros en ese momento.
—En cuanto al listado de dones creo que ella sólo pudo percibir algunos en ustedes cuando viajó a ese futuro. Los de nosotros cuatro ella los conocía, pero el listado tiene interrogantes porque ella no podía estar segura si no hacía una evaluación de los dones en cada uno de ustedes. Si se hubiese acercado a hacerlo hubiese modificado posiblemente el rumbo de los acontecimientos.
Wymond se levantó después de decirles esto y salió de la biblioteca rumbo al huerto, necesitaba caminar en un espacio abierto. Tenía que calmarse pero… La mirada de Jessica… Él se sentía tan destrozado como ella lo estaba… Estaba casi seguro que Angela sabría aquello al regresar, o lo sospecharía y haría lo imposible hasta averiguarlo… Angelica y Jennifer… Le dolía demasiado… Lo que Angelica le había dejado escrito sobre ese posible futuro que visitó… Simplemente no podía asimilarlo.
Aline lo siguió de lejos, dándole su espacio. Estaba muy deprimida por todo lo descubierto. No había querido pensar en aquello desde que escuchó la voz de Angelica en el recuerdo que Raymond les había mostrado. Se había concentrado en buscar información. Pero el ver la foto de su hermano y comprender lo ocurrido con él la deprimió mucho. Luego las fechas que había dicho Eloise… Se había bloqueado. Intentó centrarse en lo que habían ido a hacer allí para no decaer.
Después la actitud de su esposo durante el día anterior… Ahora entendía la Oclumancia y sus barreras. Había cargado solo con aquél dolor en su corazón, en un esfuerzo por proteger a los otros de saber aquello… Por eso su actitud mientras todos analizaban la profecía… Se había mantenido firme hasta que Jessica empezó a preguntar lo que lo estaba destrozando. Entendía porqué lo había respondido. Ellos lo evadieron el día antes.
Estaba tan concentrada en sus pensamientos, mirando a su esposo, que no sintió a la niña pasar a su lado. Abrió mucho los ojos al verla acercarse a él. Tuvo el impulso de ir a detenerla pero algo la frenó. Le pareció sentir a Angelica y a Angela allí y eso la paralizó.
Christine había escuchado todo, parada tras una estantería mientras buscaba un libro. Sollozó en silencio mientras escuchaba a Wymond. Sintió la presencia de Angela y alguien más a su lado calmándola, minutos antes que él se levantase y saliese de la biblioteca.
Se secó el rostro y salió rápidamente hacia la enfermería, sin que la mayoría la notasen. Sabía que lo encontraría en el huerto caminando, se parecía demasiado a Angela. Se le acercó lentamente, lo tomó de la mano con cariño y lo llevó con ella hasta el fondo del huerto, lo haló con suavidad para que se sentase allí, le puso en sus manos un vaso de poción tranquilizante y se recostó al árbol, cerrando los ojos.
Wymond se sobresaltó al sentir la mano de la niña en la suya. Se dejó llevar por ella y se sentó, como la niña le pidió por señas, debido a la expresión de su rostro. Al ver la poción que ponía en sus manos y como cerraba los ojos, sentada a su lado, sonrió y se la tomó mirándola con ternura. Aquella pequeña tenía la facultad de desarmar su coraza de fortaleza con su carácter dulce. Ya Angela le había dicho una vez que la niña lograba calmarla con sus silencios, ahora lo entendía.
—Angela se parece mucho a ti, papá Wymond. —le dijo Christine después de unos minutos. Los niños acostumbraban decirle así desde que lo conocieron, cuando estaban tristes porque Angela los había regañado, buscando consuelo. Pero ahora lo había hecho para expresarle su cariño—. Por eso te traje aquí. Ella usaba este sitio para pensar cuando regresaba de entrenar con el profesor Raymond. Ahora entiendo porqué estaba tan angustiada al venir caminando hasta aquí, pero cuando se levantaba tenía mucho mejor semblante —continuó la niña sin mirarlo—. Si cierras los ojos puedes escuchar al viento murmurar entre las hojas.
—Tienes razón Chris. —le respondió Wymond unos minutos después de cerrar los ojos.
Aline se les había acercado lentamente, en silencio, escuchándolos.
—Si prestas atención puedes oír lo que dicen… Mamá Aline, me gustaría que te sentaras con nosotros y lo escucharas también. —le dijo la niña sin abrir los ojos.
Wymond sonrió con los ojos cerrados y estiró una mano hacia el frente. Aline, que se había asombrado al oír a la niña, la tomó y se sentó junto a su esposo, apoyando su cabeza sobre su pecho. Permanecieron en silencio casi media hora, escuchando el rumor de las hojas, sintiendo una transmisión de calma que provenía de muy lejos, de una madre y tres chicos unidos. Sin embargo era tan sutil su presencia que ninguno de los Cundáwans estaba seguro de su percepción.
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Humphrey tranquilizaba a Eloise en la biblioteca, mientras Remus y Fred lo hacían con Jessica. También percibieron la transmisión de calma, tenue y lejana pero efectiva.
Nymph había ido tras la niña, la perdió por un momento, para luego verla salir de la enfermería corriendo hacia el huerto. La siguió intentando darle alcance, parándose al ver a Aline y Wymond. Observó todo en silencio, oculta tras una columna en la salida hacia el huerto. Al verlos sentados, aparentemente tranquilos, regresó a la biblioteca. Les informó a los otros que ellos tres estaban en el huerto un poco calmados.
En el ventanal de la primera biblioteca Christopher los observaba en silencio. También había escuchado todo, pues regresaba con un libro con información sobre lo que buscaba en sus manos para mostrárselos. Al ver levantarse a Wymond salió corriendo de nuevo hacia aquél lugar. No quería perturbarlo con su tristeza cuando comprendía que él estaba aún más deprimido que los demás. Conocía perfectamente su comportamiento, llevaba años viéndolo en Angela. También sabía que su hermana era quien podía calmarlo. A él se le facilitaba más acercarse a Jessica.
Cuando los vio a los tres sentados bajo aquél árbol, aparentemente tranquilos, se decidió y salió rumbo a la enfermería. Ubicó varios vasos de poción tranquilizante en una bandeja, se tomó uno y llevó los otros hacia la segunda biblioteca. Estaba seguro que les harían falta a varios de los que estaban allí.
Cuando Luna lo vio llegar con aquello comprendió que el niño tenía que haber escuchado. Se levantó y lo ayudó a entregarles los vasos con poción a los más afectados en silencio. Neville también entendió y los ayudó, al igual que Meg, que había empezado a tenerles mucho cariño a los dos niños Brown desde lo ocurrido en el ataque al tren, mientras acompañaban en la enfermería a los que se recuperaban.
—Creo que será mejor tomarnos un descanso y comer. —sugirió Luna.
Todos asintieron y bajaron a la cocina, a excepción de Minerva y Remus, que se quedaron allí hablando.
—Todavía me da escalofríos al recordar los ojos de Wymond cuando nos hablaba de lo ocurrido con sus hermanas —le comentó la directora—. Aunque no entiendo cómo ha podido deducir todo eso.
—Por las anotaciones en la libreta de Angelica. —le contestó Remus cabizbajo.
—Entonces ella usó el código entre ellos en su libreta de investigaciones, de modo que sólo Wymond podía entender lo que habían hecho… Eso es muy duro para él.
—Sí. Lo es. Ahora entiendo su actitud desde ayer cuando leyó eso en la libreta. Supongo que decidió responder las preguntas de Jessica porque ahora los doce chicos van a tener ese don de Viajar en el Tiempo… Con todo lo que han pasado podrían verse tentados de modificar la historia.
—No lo había pensado… Tienes razón… Remus, esto es… ¿Cómo vamos a manejar la situación con los chicos?
—Quisiera tener una respuesta para eso, Minerva, pero no la tengo. No sé que haremos ahora con esta situación —Permanecieron unos minutos en silencio, mirando la lámina en la pizarra con el listado de posibles dones—. Vamos a comer. No sabemos cuánto tiempo se puede prolongar esto, cuándo habrá que llevar a los otros seis o qué más nos vamos a conseguir. Necesitamos estar en las mejores condiciones posibles.
Los dos bajaron en silencio. Pensativos. Allí vieron a Aline y Christine incorporándose al grupo para ayudar, mientras Wymond se sentaba, mirándolos a todos en silencio, evidentemente preocupado y triste. Remus se sentó a su lado luego de palmearle suavemente la espalda.
Christopher se acercó y le dio una pequeña barra de chocolate a cada uno de ellos. Wymond miró al niño y a su amigo y sonrió. Los dos los abrieron y empezaron a comérselos.
—Eso no se hace papá —dijo Jessica poniendo pose de regaño—. Tú tampoco tío. Ahora no tendrán hambre y no querrán comer lo que estoy cocinando. —agregó en tono bajo, fingiendo estar triste.
—Yo siempre comeré lo que tú cocines, pequeña, aunque no tenga apetito. —le respondió Wymond rápidamente, sonriente al ver su pose, intentando evitar que Remus la regañase por molestarlo.
—¿Siempre? ¿Aunque sea pastel de espinacas? —le preguntó con picardía pero fingiendo seguir contrariada. Sabía que no le gustaba, además quería aprovechar su estado de ánimo.
—Siempre pequeña.
—¿Me lo prometes? —preguntó con su pose de tristeza aún.
—Es una promesa —Un segundo después de decir esto, al ver su sonrisa de triunfo, se arrepintió—. Eres una pequeña tramposa.
—Te quiero muchísimo tío. —le dijo ella abrazándolo, mientras levantaba su pulgar hacia Hermione en señal de triunfo. El plan que habían trazado antes que él entrase había dado resultado.
Remus al ver aquello sonrió. Definitivamente los chicos eran de armas tomar. Miró rápidamente a Minerva pidiéndole permiso en silencio y la vio asentir sonriente.
Cuando terminaron de comer, recoger y limpiar Jessica tomó la palabra.
—Tío Wymond, ¿podrían empezar a evaluarnos en los dones para averiguar cuáles tenemos?
—Sí. En los que nosotros tenemos podemos hacerlo.
—Entonces mejor comenzamos con eso arriba, en las salas de entrenamiento. Podemos dividirnos en dos grupos, uno iría a la sala que usa Angela con ellos tres y el otro a la que yo uso con los demás.
—De acuerdo. Vamos los que recibiremos los dones de Angelica —aceptó Remus—. Arthur y los siete miembros de la Orden que sólo recibirán magia y energía pueden seguir investigando mientras tanto. —les planteó, sonriendo levemente al ver que luego de asentir la directora tomaba el mando del pequeño grupo.
—Aline y yo evaluaremos primero a los que pueden entrar a la… la "Sección Prohibida" —dijo Wymond con evidente molestia en su voz y rostro—. Ella y yo combinados tenemos casi todos los dones, además que lo hemos hecho antes en mayor cantidad de oportunidades que Eloise y Humphrey por lo que seremos más rápidos. Así podrán ir a buscar los libros que faltan por revisar mientras evaluamos a los demás.
—El único que no tiene ninguno de nosotros es el de Sanar Absorbiendo la Enfermedad. En ese los tendrá que evaluar el señor Raymond a todos. —aportó Humphrey.
Los nueve chicos y siete de los adultos asintieron conformes. Jessica dejó a Eloise y a Humphrey con los dos niños Brown y la mayoría de los integrantes de la O.D.F. en la sala que ella usaba y se incorporó al grupo conformado por sus otros compañeros en el E.D.H. y su padre para ser evaluados por Aline y Wymond.
Aline empezó con George, determinando en él seis de los dones: Transferencia de Energía, Transferencia de Magia, Percibir e Influir Pensamientos, Percibir Energía, Manejar Elementos de la Naturaleza y Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad. Wymond determinó que también tenía el de Comunicarse con los Animales. Apenas terminaron con él bajó a buscar libros.
En Jessica confirmaron que tenía el de Percibir e Influir Pensamientos, así como también el de Transferir Energía, Transferir Magia, Manejar Elementos de la Naturaleza y el Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad. Esperó a que su tío terminase con su novio y bajó con él a la "Sección Prohibida". Tenían que tomar apuntes en pergaminos de los libros que no podían sacar.
En Fred confirmaron los dones de Percibir e Influir Emociones, Transferir Energía y Transferir Magia, encontrando también el de Transformarse en Seres Vivos, Manejar los Elementos de la Naturaleza y el Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad.
En Hermione confirmaron el de Percibir e Influir Pensamientos, Percibir e Influir Emociones y Transferir Energía, encontrando además el de Manejar los Elementos de la Naturaleza, Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad y… el de Viajar en el Tiempo. Aline y Wymond se miraron pálidos cuando la Cundáwan terminó de evaluarla en ese don, justo cuando él lo hacía con Ron y lo confirmaba también en él. El chico también tenía los dones de Percibir e Influir Pensamientos, Percibir Energía, Transferir Energía, Transferir Magia, Manejar los Elementos de la Naturaleza y el Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad.
Wymond denegó ante la interrogante muda de su esposa. No, aquello no era normal. Los dones eran muy raros incluso entre los Cundáwans puros. Cuando Raymond los había evaluado a ellos cuatro en los últimos dones que surgieron se había mostrado muy sorprendido de que tuviesen tantos dones, no era lo normal. Guardaron silencio y continuaron pero todos entendieron sus gestos, el día anterior habían leído la información detallada sobre los dones.
La castaña y su novio salieron tomados de la mano de la sala, en silencio. Aquello los tenía asombrados y preocupados. Al llegar a la Sección Prohibida comentaron con sus compañeros lo que estaba ocurriendo, esperando a que llegasen los otros antes de atreverse a sacar conclusiones.
Aline empezó entonces con Neville mientras Wymond lo hacía con Luna. En el chico ella consiguió los de Percibir e Influir Pensamientos, Percibir e Influir Emociones, Transferir Energía, Transferir Magia, Transformarse en Seres Vivos, Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad (que asombró mucho al chico) y… Viajar en el Tiempo.
En la rubia también consiguió Wymond aquél don, así como Percibir e Influir Pensamientos, Transferencia de Magia, Percibir Energía, Transformaciones en Seres Vivos, Manejo Avanzado a Temprana Edad y Comunicación con los Animales, lo cual los preocupó. Tenía los tres más peligrosos.
Mientras su esposa terminaba con el chico empezó con Remus, confirmando los que ya sospechaban de Transferencia de Energía, Transferencia de Magia, Percibir e Influir Pensamientos. Consiguió también Manejo Avanzado de Magia a Temprana Edad y… el de Percibir Energía y el de Viajar en el Tiempo.
Aline y Wymond se sentaron agotados y extremadamente preocupados. No habían conseguido en ninguno mezclados el de Percibir e Influir Emociones con el de Percibir Energía, el don mezclado de ella, pero…
La chica rubia sacó rápidamente a su novio de la sala, los dos bajaron casi corriendo a reunirse con sus compañeros.
Remus se sentó en silencio junto a los dos Cundáwans, con los ojos cerrados. Él había estado tomando nota en un pergamino de los dones que iban consiguiendo en los chicos, en un listado junto a los de Angelica. Estaba muy angustiado por lo que habían conseguido. Además de lo que habían hallado en él. No lograba asimilar todo aquello. En ese momento deseaba más que nunca que todo lo ocurrido desde que se había graduado en el colegio fuese una extraña y surrealista pesadilla.
El colmo fue cuando Nymph llegó a buscarlos. La metamórfaga estaba pálida, su pelo era color caoba oscuro y sus ojos castaños los miraban asustados.
—¿Qué pasa, Nymph? —se apresuró a preguntarle Remus, abrazándola al verla temblorosa—. Tranquila mi amor, dinos qué pasa.
—Necesitamos que vayan conmigo a la otra sala para… para terminar de evaluarnos con… con el de Transferir Magia, con el de Percibir las Emociones y…
—Y con el de Comunicarse con los Animales —completó Wymond, al notar que la voz de su amiga flaqueaba—. ¿Han conseguido varios en ustedes?
La metamórfaga asintió, asustada. Aline, Wymond y Remus se miraron y, aunque aquello les hubiese parecido imposible minutos antes, se preocuparon más. No, aquello no era en lo absoluto normal.
—Vamos. —dijo Wymond decidido.
Christopher sólo tenía el de Percibir e Influir Pensamientos, Absorber Enfermedad y Transformaciones en Seres Vivos, además del Manejo Avanzado a Temprana Edad. Christine los de Percibir e Influir Emociones, Transformaciones en Seres Vivos y Manejo Avanzado a Temprana Edad. No, ellos dos no eran tan preocupantes, pero los otros sí.
Meg los de Percibir e Influir Pensamientos, Transferir Energía, Manejar los Elementos de la Naturaleza, Manejo Avanzado a Temprana Edad, Viajar en el Tiempo y Comunicarse con los Animales.
Kingsley los de Transferir Energía, Transferir Magia, Percibir Energía, Manejar los Elementos de la Naturaleza, Manejo Avanzado a Temprana Edad y Comunicarse con los Animales.
Jarod tenía los de Percibir e Influir Emociones, Transferir Energía, Transferir Magia, Transformarse en Seres Vivos, Manejar los Elementos de la Naturaleza y Manejo Avanzado de la Magia a Temprana Edad.
Bill tenía los de Transferir Energía, Transferir Magia, Percibir e Influir Pensamientos, Percibir e Influir Emociones, Transformarse en Seres Vivos, Manejo Avanzado de la Magia a Temprana Edad y Comunicarse con los Animales.
Charlie tenía los dones de Percibir Energía, Transferir Magia, Transformarse en Seres Vivos, Manejar los Elementos de la Naturaleza, Manejo Avanzado de la Magia a Temprana Edad y Comunicarse con los Animales.
Nymph tenía los dones de Transferencia de Magia, Percibir e Influir Emociones, Transformarse en Seres Vivos, Manejar los Elementos de la Naturaleza, Manejo Avanzado a Temprana Edad, Comunicarse con los Animales y… Viajar en el Tiempo.
Christine había sido una de las primeras evaluadas. Había estado tomando nota tanto de los suyos como de los otros que estaban allí. Al llegar el resto del grupo se sentó junto a Remus para completar las anotaciones.
Al concluir con todos bajaron a la biblioteca, donde les esperaban los otros siete chicos del E.D.H. y los otros miembros de la Orden. Remus leyó para todos el listado que la niña y él habían hecho con los dones que habían conseguido en cada uno de ellos. Luego el listado de los que había tenido Angelica: Percibir e Influir Pensamientos, Transferencia de Energía, Sanar Absorbiendo la Enfermedad, Transformaciones en Seres Vivos, Manejar los Elementos de la Naturaleza, Manejo Avanzado a Temprana Edad, Comunicarse con los Animales, Viajar en el Tiempo y el de Manipular la Energía.
La mayoría estaba al borde de un colapso nervioso.
—Falta que el profesor Raymond nos evalúe a todos en el de Sanar Absorbiendo la Enfermedad. —comentó en voz baja Christine, pero el silencio absoluto que había en aquél momento en la sala llevó su voz a todos, palideciendo automáticamente.
—Hermione, ve con Eloise para que ella se quede con los chicos y Molly. Pídele al profesor Raymond que venga contigo para hacer las evaluaciones que faltan. No le digan una palabra a Molly de lo que… de nada. Sólo hazle ver que queremos su opinión sobre algo… algo que hemos conseguido. Aprovecharemos que ella no sabe nada de la diferencia de tiempo aún. —le dijo muy serio Remus, haciendo un esfuerzo por mantenerse lo más sereno posible.
Al profesor Raymond no le extrañó la aparición de la castaña con Eloise. Suponía que él tendría que completar la evaluación en el don que los otros cuatro no tenían. Lo que sí lo tenía desconcertado era la percepción que tenía de varios de los que estaban en la Casa Flotante, a través del tercer lazo. Sin embargo no hizo ningún comentario. Sabía que no sería prudente en el estado de nervios de la señora Weasley.
Eloise se sentó junto a Angela. Le acarició suavemente la cabeza, mirándola preocupada. Se limitó a decirle a Molly que creían haber conseguido algo pero querían que lo viese Raymond. Para Molly sólo habían transcurrido treinta y cinco minutos, por lo que comentó contenta que era bueno que hubiesen conseguido algo tan rápido. Eloise hizo un gran esfuerzo y sonrió con tristeza. En seguida se enfocó en su sobrina, sumida en sus recuerdos y pensamientos.
Apenas llegó a la Casa Flotante le pidieron a Raymond que hiciese la evaluación del don para Sanar Absorbiendo la Enfermedad en todos, antes de comentarle lo que habían conseguido. Lo tenían Christine, Christopher, Jessica, Hermione, Fred, Meg, Jarod, Charlie, Kingsley y Remus. Aquello fue la gota que derramó el vaso.
Los niños Brown, que sólo presentaban cuatro, eran los más serenos. Rápidamente buscaron en la enfermería poción tranquilizante para todos, mientras Wymond y Remus le explicaban lo encontrado hasta ahora al anciano.
Lo del hermano de Aline y las decisiones de Jennifer y Angelica lo afectó bastante. Pero el enterarse de tantos dones presentes en aquél grupo de jóvenes y adultos… En lo absoluto aquello podía ser normal. Hasta donde él sabía ni siquiera entre los Cundáwans puros se presentaban así.
Cerró los ojos y meditó unos momentos. Las últimas palabras de Angelica retumbaron en su cabeza: "El tiempo se les agota, Raymond. Voldemort conseguirá de nuevo el control sobre la piedra y el acceso a las cuevas en las Tierras Altas, con la espada del dragón que allí se encuentra y el acceso a los Mudredais. Eso no puede ser detenido. Prepara a todos para lo que se avecina".
—Joven Granger, yo debo volver con los jóvenes y enviar a Eloise aquí de nuevo —levantó una mano para que no lo interrumpiesen—. Desde que Albus me pidió por primera vez que viniese si él llegaba a faltar siempre dudé si hacerlo o no, pero me convenció al recordarme la "Ley del Equilibrio". Si él faltaba era muy probable que Voldemort desatase su poder y los conocimientos adquiridos del Cundáwan desertor, al pensar que ya no existía la única persona a quien siempre había temido.
Todos lo siguieron mirando interrogantes, por lo que se decidió a continuar.
—Por esa razón vinimos los del G.E.M.A. Con lo que me he enterado hoy comprendo que fue una decisión acertada. Cualquier Cundáwan sabe que es casi imposible que todos ustedes presenten esa cantidad de dones simultáneamente, lo que me lleva a pensar que debe existir una poderosa razón para que esto esté ocurriendo. Es por eso que quiero regresar a la enfermería y que Eloise regrese con ustedes. Deben terminar de investigar lo que falta de lo dicho por Angelica. Eso es prioritario.
—Pero… ¿No sería conveniente que usted estuviese aquí con nosotros? —preguntó Neville.
—Yo debo permanecer junto a los jóvenes, en espera de que ocurra algún cambio en ellos y… y que sea revelado quiénes son los otros cuatro de su grupo, la guía y el tutor. Seguramente también necesitarán ayuda antes de ir con Angelica. Sería conveniente que averiguasen qué está ocurriendo con exactitud con los tres jóvenes y cuál es la labor de la guía y del tutor.
Todos tragaron saliva y asintieron. La mayoría ya sospechaba de quien podría tratarse el tutor, por lo que al notar las miradas del anciano sobre él disimularon lo mejor que pudieron.
Cuando la castaña regresó con Eloise todos estaban silenciosos y pensativos.
—Señora Weasley puede estar tranquila, ellos estarán bien, Angelica no les haría daño.
—Pero están… ¡Por Merlín! ¿Qué está ocurriendo?
—Han conseguido algo en La Casa Flotante, las investigaciones de Angelica. Son varias anotaciones y referencias a algunos libros que hay allí. Les tomará algún tiempo descifrarlas, pero estoy seguro que pronto volverán con respuestas.
—Gracias por regresar, profesor. Perdone mi egoísmo, pero prefiero que esté aquí si… Si hay algún cambio en ellos sé que sólo usted podría ayudarlos.
—No se preocupe. La entiendo perfectamente y estoy de acuerdo con usted. Por eso, luego de confirmarles que van por buen camino en sus investigaciones, regresé.
—Gracias.
El anciano sonrió. Había logrado tranquilizarla un poco. Wymond les había dicho a Remus y a él, mentalmente, del bloqueo que había puesto con su esposa. Los dos estuvieron de acuerdo, mostrándole su conformidad con un leve asentimiento. Tenían que manejar aquella situación con mucho cuidado.
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—Hermione, Luna, George y yo iremos a la "Sección Prohibida" a revisar los libros que tenemos apartados sobre la mesa. Tomaremos notas de los puntos referenciados por la señora Angelica y las traeremos aquí —les dijo muy serio Ron—. Por favor, los demás del E.D.H. organicen la comida.
Los cinco chicos asintieron. La mayoría no tenía hambre pero, como les recordó la profesora McGonagall, esa era precisamente la situación que tendrían que manejar dentro de poco ellos con los tres chicos y los de la O.D.F. con el tutor.
El aludido se hizo el desentendido. No quería pensar en eso aún, no hasta saber qué significaba. Le preocupaba mucho que Angelica lo hubiese seleccionado sin decirle qué tendría que hacer. «¿Y si no tengo la suficiente preparación para eso? Angelica no volvió a tener contacto conmigo desde que nos separamos para yo ir a entrenarme. Pudo designarme como tutor sin saber si podría o no hacer lo necesario para ayudar a los chicos, basándose sólo en su confianza en mí. Deseo de corazón que ella no se haya equivocado en la decisión que tomó luego de… Jennifer, Angelica, les prometo solemnemente que sea o no el tutor haré mi mejor esfuerzo para ayudar a los doce chicos, especialmente a Jessica, Angela, Harry y Neville que sé fueron su primordial preocupación en sus últimos momentos».
Aline y Eloise empezaban a preguntarse quién sería la guía y qué tendría que hacer.
Remus se llevó a Kingsley, Minerva y Arthur a la salita.
—Necesito que hablemos de cinco problemas que tendremos que manejar durante esta semana. El primero es el entrenamiento en los dones, así como el manejo de la magia y la energía al modo Cundáwan, para los miembros de La Orden del Fénix que estamos aquí en esta situación. El segundo es las actividades normales en el grupo. El tercero es la situación en el refugio a partir de hoy. El cuarto es la situación con los chicos desde ahora. El quinto… el quinto será el tutor durante esta semana y no sabemos si después. —les dijo muy serio.
—En cuanto al entrenamiento no veo que tengamos muchas opciones. Está la salud de la señorita Angela White en medio. —dijo muy preocupada la profesora McGonagall.
—Te reafirmo lo que ya te había dicho, Minerva, buscaremos un camino para ti.
—Gracias Remus. Esto me tiene… No entiendo cómo se le pudo ocurrir a Angelica involucrarme en esto… Entrenarme al modo Cundáwan y replantear con la ayuda de Jarod las defensas del colegio, con el nuevo conocimiento que ahora tengo pero ni por asomo he empezado a asimilar… Esto es… —Respiró profundamente intentando tranquilizarse.
—En cuanto a las actividades de La Orden del Fénix y la situación en el refugio creo que los podremos manejar. Penelope y Percy deben continuar con su viaje de investigaciones sobre los movimientos en Irlanda, mientras Olympe, Athos, Aramis y Merritt siguen tras las pistas en Francia —intervino Kingsley pensativo—. Sally, Chloe, Molly, Joseph, Steve, Will, Richard y Arthur no estarán directamente involucrados en el entrenamiento especial que ahora nos toca. Ellos pueden manejar con los otros miembros de la Orden el entrenamiento Cundáwan normal, las situaciones directas si hay ataques y lo concerniente al refugio.
—Mientras tú y yo estemos ausentes simultáneamente serán Richard y Arthur los que tomen las decisiones urgentes —afirmó Remus. El señor Weasley asintió—. De todos modos nosotros seguiremos participando en las actividades de La Orden del Fénix en la medida de nuestras posibilidades.
—En cuanto a la situación con los chicos desde ahora yo lo manejaré aquí con la ayuda del profesor Raymond, mientras se recuperan la guía y el tutor de lo hecho por Angelica para que nos ayuden con ellos. —dijo la profesora McGonagall, aunque no lucía muy segura en esta oportunidad.
—En lo concerniente al tutor durante esta semana… Remus, tendrán que manejarlo Nymph y tú con ellos en Grimmauld. No veo otra opción. —le dijo Kingsley.
—Sí, lo sé. —suspiró desanimado.
—Creo que la joven Jessica Lupin deberá permanecer esta semana con su padre y sus tíos en Grimmauld, por… problemas de salud. —afirmó la directora.
—Gracias Minerva —sonrió Remus, levemente más animado—. Por lo menos ya ha logrado arrancarle una promesa con la complicidad de Christopher y Hermione. Tal vez consiga ayudarnos con la situación con él.
Cuando llegaron los cuatro chicos se unieron a la comida, subieron a la biblioteca, revisaron durante un par de horas todo lo que habían reunido, prepararon un listado de puntos para revisar al día siguiente y se fueron todos a dormir. Estaban agotados por todo lo ocurrido ese día.
A la mañana siguiente Hermione, Luna, George y Ron volvieron a la Sección Prohibida, mientras los demás preparaban el desayuno. Una hora después llegaron los cuatro chicos a la cocina, pálidos y desencajados. Al verlos llegar así Remus, Wymond y Humphrey se detuvieron en las explicaciones que les estaban dando a Meg, Abby, Charlie, Fleur, Bill, Sue, Pacey, Hestia, Jarod, Clarisse, Kingsley, Minerva y Arthur sobre las dudas que tenían.
—¿Qué ocurre? —preguntó preocupado Remus.
—Será mejor que lo hablemos todos después de comer. —dijo muy seria Hermione.
George y Ron eludieron las miradas de todos. Se sentaron rápidamente, lejos de su padre y sus hermanos. Hermione se sentó junto a su novio, silenciosa y pensativa. Luna se sentó junto a Neville, pero por primera vez en mucho tiempo volvía a tener la mirada perdida. Eso preocupó bastante a su acompañante.
Al terminar de comer todos siguieron a los chicos hacia la sala de entrenamientos en Magia Antigua que Angela usaba con el trío. Hermione unió con su varita las dos mesas que tenían allí para estudiar, en las pocas clases teóricas que les daba la chica de pelo negro, acercando también varias sillas, que empezó a reparar. Aline, Nymph y Eloise empezaron a ayudarla, uniéndoseles en seguida los demás. No solo repararon las existentes sino que duplicaron las mesas y varias de las sillas.
—¿Ron? —le preguntó cautelosa la castaña.
—Mejor lo explican Luna y tú. Yo todavía no lo asimilo.
—Comenzaré con lo que conseguimos de los Mudredais. ¿Recuerdan la leyenda que conseguimos ayer sobre una lucha muy antigua entre dos razas? —preguntó Luna. Al ver a todos asentir tomó aire y continuó—. No es ninguna leyenda. Ocurrió unos años antes de conseguir la puerta y que se produjese la migración. Una de las dos razas eran los Cundáwans, los antiguos. La mayoría poseían todos los dones además de muchos conocimientos y barreras que… que decidieron en un consejo no serían transmitidos, dejándolos guardados en unos libros… unos libros muy especiales, parcialmente bloqueados, hasta que llegase la persona a quien se los deberían entregar.
Se detuvo a tomar aire y mirar sus apuntes. Ni siquiera en las investigaciones de su papá había visto algo tan… surrealista como lo que ellos estaban viviendo. Nerviosa se mordió los labios, pensando como continuar.
—Luna. Esos libros de los que estás hablando… —Jessica se detuvo dudosa. Aquella sospecha era… No, no podía ser.
—Sí, Jessica. Los libros que no logramos sacar de la "Sección Prohibida" son esos libros. Por lo que conseguimos allí… la señora Angelica viajó hasta ellos y… ellos le dieron esa información, enseñándole a bloquear otros, que son los que podemos sacar pero no leer completos.
—Pero… ¿Por qué ellos le entregarían esa información a Angelica? —preguntó Meg, intranquila por la respuesta que sospechaba recibiría.
—Porque la otra raza es los que nombró la señora Angelica, los Mudredais. Ellos eran una raza de magos expertos en Artes Oscuras antiguas. De noche tienen muchas de las características de los vampiros y los licántropos. Aún de día son capaces de perturbar las mentes de sus enemigos por medio de… algo así como la contraparte del don de Percibir e Influir Pensamientos, pero tienen que reunirse tres de ellos para generar un campo oscuro en el que envuelven a sus víctimas.
Todos los que estaban escuchando aquello retuvieron la respiración, comprendiendo la expresión que tenían los chicos al llegar.
—¿Consiguieron algo más? —preguntó Remus, intentando mantenerse tranquilo.
—Su poder más mortífero es enviar a sus enemigos a un espacio entre la vida y la muerte. Un espacio donde pueden ir cuerpos con almas —La joven rubia se detuvo para darles oportunidad a los demás de asimilar aquello. Pasados unos minutos decidió continuar—. Para hacer esto seis de ellos deben atacar simultáneamente a tres de sus enemigos, canalizando su… su energía oscura a través de un cuerpo sin alma, como el dejado por alguien que ha sido besado por un dementor… Su punto débil es matarlos con un dardo de plata tratado con poción dorada, directo en el corazón.
Transcurrieron casi cinco minutos en silencio mientras todos intentaban asimilar aquello.
—Luna, dijiste… ¿Dijiste canalizando su energía? —preguntó Wymond temeroso por la conclusión a la que estaba llegando.
—Sí. La mayoría de los Cundáwans antiguos tenían todos los dones, también… también el de Manipular la Energía. Además que sabían que si no les permitían reunirse a los seis para atacar podrían evitar que lo usasen. Fue así como los lograron contener y aislar.
—¡Por Merlín! Pero ahora ellos no están aquí para detenerlos. —expresó en voz alta Minerva el pensar de la mayoría.
—No. Y el profesor Raymond no puede actuar directamente fuera de los límites de Hogwarts, pero…
—Pero el tutor, la guía y nosotros doce sí. —completó Neville en voz baja.
—Sí. Y… —Luna se detuvo y miró a Hermione.
—Y tenemos que decirles la otra información que conseguimos. Es… complicada. —dijo la castaña intentando mostrarse segura.
Aquello los hizo mirarse a todos preocupados, pues notaron las miradas nerviosas entre los cuatro investigadores.
—Te escuchamos, Hermione. —la animó Remus con la voz más serena que logró usar, intentando mantener la calma. No quería ponerlos más nerviosos.
—Los doce miembros del consejo de los Cundáwans antiguos, después de aislar a los Mudredais, se habían reunido para decidir qué hacer con sus conocimientos más avanzados cuando tres de ellos empezaron a hablar de manera simultánea, con sus tres diferentes voces, repitiendo incesantemente algo muy extraño —les comenzó a leer la castaña sus apuntes—. El anciano jefe del consejo solicitó rápidamente que varios de los presentes tomasen nota. Cuando los tres callaron no recordaban lo ocurrido.
Hermione se detuvo, cerró los ojos y tragó saliva. Sus oyentes la miraban petrificados a excepción de sus compañeros de investigación. Los abrió y continuó.
—No les fue posible entender el significado y guardaron lo copiado. Un año después se repitió el fenómeno, pero algunas de las estrofas eran distintas, uniéndose algunas con las ya existentes.
—¿Dijiste estrofas, Hermione? —preguntó Bill empezando a hacerse una idea sobre el punto al que conduciría aquello. El pelirrojo se contuvo de insistir en su cuestionamiento ante su falta de respuesta al ver a Remus denegar en su dirección. Comprendió que no quería poner más nerviosos a los chicos.
—En una tercera sesión, ocurrida casi dos años después cuando ya habían emigrado, se repitió el fenómeno —continuó la castaña intentando mantenerse impasible—. Al revisar y ordenar todas se formó la primera versión de lo que hoy conocemos como la Profecía Cundáwan. Al terminar de escucharla y releer las notas que habían tomado varios de ellos… hicieron siete de ellos un viaje como observadores a varios puntos del futuro, verificando los puntos de la profecía, verificando su autenticidad.
La castaña se detuvo mirando sus apuntes, mordiéndose los labios. Ella, que nunca había creído en aquello, ahora tenía que lidiar con la de Trelawney primero y ahora con aquello. Ron estaba pensando en lo mismo, denegando levemente de forma inconsciente.
—¿Hermione? —preguntó Charlie preocupado.
—Uno de ellos fue el primero en intentar violentar la continuidad del tiempo, queriendo evitar su cumplimiento. Pero no sólo no lo evitó, sino que su accionar generó una puerta de acceso a los Mudredais que antes habían aislado totalmente. Ellos lograron contenerlos nuevamente y ponerle un sello pero… pero la puerta quedó allí. Lograron actuar porque aún no habían puesto el sello a la entrada a Ainsley ya que aún no había salido el Cundáwan traidor. La profecía mutó y… y se complicaron por primera vez las cosas.
—¿Qué pasó la segunda vez, Hermione? —preguntó Kingsley después de diez minutos de tenso silencio.
—Otro Cundáwan antiguo entró en contacto con Godric Gryffindor para detener el enfrentamiento con Salazar Slytherin. Lo consiguió parcialmente, pero la profecía mutó nuevamente siendo prácticamente imposible de interpretar para ellos. A los antiguos Cundáwans no les pareció muy alentadora de lo poco que podían entender. Por eso el consejo dictaminó que ningún Cundáwan debía intervenir nuevamente en la línea del tiempo. Sólo podía permitirse que los "bucles normales" se diesen, los que eran necesarios para que se cumpliesen determinados hechos, pero no el que viajasen Cundáwans con el don a modificar los hechos, porque cada mutación había generado algo más terrible que lo previsto en la profecía original.
—Sospecho que no dejaron copia de la profecía original, ¿verdad? —preguntó Christopher un poco molesto.
—No. Tampoco de la primera variante, pero sí de… El que intente modificar en algo los acontecimientos se verá automáticamente regresado a su tiempo de origen, totalmente incapacitado mágica y físicamente, impidiéndole actuar. Pusieron ese… ese bloqueo en todos ellos, tanto en los que se quedaron como en los que emigraron, siendo heredado por todos los descendientes.
Se quedó mirando el pergamino que tenía frente a ella, mordiéndose los labios, frotándose las manos, nerviosa.
—¿Hay algo más, Hermione? —preguntó Nymph preocupada por los gestos de las chicas y las miradas de los dos pelirrojos al pergamino.
—La mayoría de los Cundáwans antiguos tenían todos los dones, por lo que tenían la capacidad para detener sus ataques de manera efectiva —comenzó la rubia mientras su amiga tomaba fuerzas, ella no lograría terminar. Por primera vez en su vida estaba tan nerviosa que le temblaban las manos—. Pero sólo los doce del consejo los tenían con una fuerza muy superior a los demás. Sólo alguien con todos los dones al igual que ellos, con la misma fuerza que tenía en los del consejo, podía generar un escudo y un sello tan poderoso para poder aislar a los Mudredais permanentemente.
—Déjame adivinar, Luna, alguien como Angela, ¿verdad? —preguntó el niño empezando a desesperarse.
—Sí, Christopher. Sólo Angela ha presentado ese don con la fuerza que tenía en ellos. —contestó la castaña al ver que la rubia lo miraba paralizada.
—Y eso lo sabes con certeza porque… — presionó angustiada Eloise.
—La señora Angelica no sabía cómo cumplir con lo que ella había decidido hacer —decidió explicar Hermione lo que habían entendido. Lo demás… sólo él sabría qué significaba—. Por eso comenzó con sus investigaciones, primero sobre cada uno de nosotros, luego sobre los magos extraños que vio combatiendo del lado de Voldemort. Buscando eso consiguió las leyendas que vimos ayer y se asustó. Sabía que había algo cierto tras ese relato y… —se mordió los labios.
—¿Hermione? —preguntó Remus sin poder contenerse.
—Ella entró en contacto con los Cundáwans antiguos. Les pidió que la ayudasen a hacer lo que había decidido, explicándoles lo que había averiguado. Tres de ellos viajaron al futuro como observadores, porque no querían arriesgarse a que mutase de nuevo la profecía en algo peor. Regresaron verificando lo que ella les había dicho. Ellos le dieron entonces los libros, le explicaron cómo debía establecer el lazo entre Ginny, Angela, Harry… —La castaña se detuvo un momento, sus manos temblaban sobre el pergamino— Luna, Neville, Ron y yo para… —No pudo continuar.
George y Ron apretaron los puños y cerraron los ojos. Todos los miraban asustados, especialmente a Luna, Neville, Hermione y a Ron. Luna le apretó suavemente la mano a su amiga y decidió terminar ella de decirles aquello.
—Ellos no le explicaron cómo cerrar el procedimiento. Le dijeron a la señora Angelica que tendría que llevar a Angela allí para hacerlo ellos porque era algo complicado. No le quisieron decir qué iban a hacer exactamente. Pero ella desconfió un poco porque le dijeron que estaría inconsciente durante el procedimiento.
Aquello hizo que todos contuviesen la respiración. Los Cundáwans puros se habían ya aislado en ese entonces por lo que habían entendido. Se dejaban guiar por los razonamientos y no por los afectos, era lógico que Angelica hubiese desconfiado.
—La señora Angelica les pidió entonces que estableciesen un tutor para que ayudase a su hija cuando esto se desatase y ellos accedieron, luego de viajar otros dos al futuro y… verificar algo. Luego ella regresó, inició el lazo con Harry, Ginny, Ron, Hermione, Neville y yo y… y les llevó a su bebe.
Wymond no lo soportó más y se levantó bruscamente, dejando caer la silla, saliendo de la sala hacia el pasillo. Golpeaba con sus puños la pared del extremo del corredor cuando llegaba hasta ella, caminando como una fiera enjaulada a lo largo del pasillo. Aline parada en la puerta intentaba transmitirle calma tanto a su esposo como a los que estaban aún adentro. Eloise había estallado en un mar de lágrimas mientras Humphrey intentaba calmarla.
Los nueve chicos unieron las manos sobre la mesa formando una cadena. Sospechaban que allí había algo más y decidieron, en un mudo acuerdo, darse su apoyo mediante aquél gesto silencioso. Nymph, Meg, Fleur, Bill, Abby, Charlie, Sue, Pacey y Remus se unieron a la cadena de los chicos, luego se les unieron Hestia, Jarod, Clarisse, Kingsley y Minerva, finalmente se unieron Arthur y los cuatro tíos de la chica, cuando Wymond entró un poco más calmado.
Una vez que soltaron las manos la castaña retomó sus apuntes, el pergamino y la libreta de Angelica. Tomó aire y empezó de nuevo a hablar.
—Fueron ellos los que prepararon a Angela y a la señora Angelica para lo que está ocurriendo en este momento, explicándole a ella cómo debía unir a los demás al lazo con nosotros siete y cerrarlo al volver a su tiempo regular. Según las anotaciones de la señora Angelica en el pergamino que ustedes habían visto, fue al regresar de allí que ella nos visitó por segunda vez para sellar el lazo incipiente que ya había creado y ponerle el límite de tiempo a… a lo que había decidido hacer.
—Al final del pergamino habla de la guía y del tutor —finalizó Luna—. Allí conseguimos… conseguimos la referencia a la última página en la libreta. —Se la entregó a Wymond, pues estaba escrita en el código de símbolos extraños que todos los del E.D.H. habían notado sólo él entendía.
Wymond la tomó para leerla, pálido y con las manos ligeramente temblorosas. Todos lo vieron cerrar los ojos, abrirlos, leer aquello de nuevo, cerrarlos, denegar, tomar aire y abrirlos para mirarlos.
—Angelica… —intentó comenzar, pero se le atravesó un nudo en la garganta y cerró los ojos de nuevo. Se concentró en el recuerdo de la última vez que vio a sus hermanitas, en el de la primera vez que vio a sus sobrinas y los gemelitos, en el momento que conoció al sobrino de su esposa y en el rostro de ella para poder seguir adelante. Con ellos seis en mente le fue más fácil decidir qué decirles de aquello—. Están escritas las fechas y esta última página en nuestro código porque —continuó Wymond abriendo los ojos— me nombró tutor de Angela para el procedimiento… Después que la despertaron le dijeron los dos que estaban allí lo que habían hecho… Angela está recibiendo también la energía y dones de siete de ellos.
—¡¿QUÉ?! — gritó Eloise poniéndose de pie bruscamente.
—Los observadores también vieron sus energías en el viaje que hicieron y comprendieron lo mismo que Angelica, ellos actuarían indirectamente. Angela despertará los dones dormidos en todos con mi ayuda. Además… Cuando Voldemort libere a los Mudredais… Ellos no vieron a Raymond, pero sí su energía en varios de nosotros y… Tampoco vieron a la señora Kandace ni al señor Alphonso. Según lo que vieron, Angela deberá ayudarnos para conformar un grupo especial que pueda detener a los Mudredais, aislándolos nuevamente.
—¿Qué? —susurró Remus.
—Debo volver con ella y… dejarme ir voluntariamente junto a ellos para… para cerrar el proceso con Angelica, que se irá definitivamente. Yo… —tragó saliva— yo tendré que ayudar a Angela a controlar el procedimiento hasta que esto termine porque… porque será complicado para ella, debido a lo fuerte que era el don del Manejo de la Energía en Angela sumado… sumado ahora a lo que han hecho Angelica y los antiguos con nosotros.
Miró a su esposa y le tomó de la mano con cariño.
—¿La guía soy yo? —preguntó temblorosa.
—Sí mi amor.
—¿Qué se supone que significa eso, Wymond?
—No lo sé exactamente. Según las notas de Angelica nos escogió a los dos por ser de los cuatro los que tenemos más dones y mayor fuerza mágica. Confió en que podríamos investigar y guiar a los chicos.
—¿Qué pasará con Angela? —preguntó en voz baja George.
—El procedimiento de hoy la alterará —les contó con el tono más sereno que logró mantener-. Pero ellos no pudieron decirle las consecuencias a Angelica porque… porque ellos no las sabían. —confesó, pues sabía que eso era lo que más les interesaba saber justo en ese momento.
Todos palidecieron al extremo al oír aquello. George clavó su cabeza en la mesa y se cubrió con sus brazos, llorando sin control. Ya no podía más. Wymond se fue hasta él, se sentó a su lado al levantarse Luna, lo abrazó contra su pecho con fuerza y empezó a hablarle.
—Confía en mí, George. No permitiré que nada malo le pase. Angelica tampoco. Ella no sólo me nombró su tutor sino que le transmitió algunas cosas para ayudarla cuando volvió a tenerla en sus brazos, antes de hacer la cesión. Yo debo ir ahora con ellos para… Cálmate, ella estará bien.
—Wymond, ¿cómo sabemos que no hicieron lo mismo con Ginny, Ron, Harry, Hermione, Neville, Luna y ustedes? —se atrevió a preguntar Charlie.
Wymond maldijo para sus adentros que uno de ellos hubiese planteado eso. A excepción de su esposa, su hermana y su cuñado todos los demás contuvieron el aliento.
George se estremeció en los brazos de Wymond, no sabía si quería oír esa respuesta.
—No. No pudieron hacerlo porque para poder transferir el don de Manejar la Energía debe establecerse un contacto directo previamente, a diferencia de los otros dones, como lo leímos ayer nosotros cuatro en un párrafo que ustedes no lograban ver —le respondió Humphrey seguro—. Angela podía haberlo hecho con Harry porque Angelica estuvo en contacto con él cuando era un niño, estando ella ya embarazada, luego estuvo en contacto con su prima, con los niños, con sus amigos del E.D.H. y con nosotros, por eso el temor de Raymond era justificado.
—Pero estamos enlazados con la señora Angelica y con ella. —insistió Ron asustado.
—Sí. Ella los visitó para establecer ese lazo, por eso mi hermana pudo transferirles su don. Pero sólo llevó a Angela con ellos, no llevó a ninguno de ustedes. No hubo contacto directo con ellos, por lo tanto no pudieron hacerlo.
Christopher iba a decir algo, pero Christine le apretó la mano y cuando la miró a los ojos comprendió. Se mordió los labios pero asintió levemente.
Hermione cerró los ojos, mareada. Ron se empezó a sentir mareado también y la abrazó, cerrando los ojos. Luna se tuvo que apoyar en la silla en que se había sentado Wymond, moviéndose rápidamente Fred a ayudarla al notar eso. Neville, que había intentado ir hacia ella, no pudo terminar de incorporarse, palideció y cerró sus párpados. Los que estaban en el tercer lazo, que habían percibido el cambio en los dos primeros, los miraron preocupados.
—Nosotros cuatro debemos ir ya a la enfermería. —afirmó Ron.
George hizo un esfuerzo por recuperar la calma. Se separó lentamente de Wymond, se limpió el rostro con el pañuelo que le tendió Aline y le sonrió agradecido. Luego se giró a mirar a su hermano, la rubia y los dos castaños preocupado.
—Yo también debo ir ya. —afirmó Aline que acababa de marearse, con los ojos cerrados.
—Volvamos todos al colegio. —dijo con voz segura Remus.
—Creo que antes deben ponerse de acuerdo sobre cómo se manejará toda esta situación con todo lo que hemos descubierto —lo contradijo Wymond, abrazando a su esposa por los hombros y usando su entrenamiento para controlarse a pesar del mareo—. De ser posible también sería prudente terminar de revisar las anotaciones de Angelica e indagar un poco más.
—Christopher y yo los llevaremos y regresaremos para que hablemos de ello. —afirmó decidida Christine, que era quien estaba un poco más serena.
—Yo iré con ellos. Intentaré mantener tranquila a Molly —dijo Arthur—. Le diré que ustedes seis entrarán también en el mismo proceso pero que no se preocupe, que de acuerdo a lo que conseguimos hasta ahora todo estará bien.
A excepción de Aline, Remus y Wymond todos retuvieron el aliento. Molly Weasley iba a ser un punto delicado de manejar con aquella situación. Wymond entonces les explicó el bloqueo que él y su esposa les habían puesto. Aquello los hizo soltar un poco la tensión.
—Hasta que Ginny, Angela y Harry no regresen no sabremos que tanto recordarán o sabrán, pero… —Wymond tragó saliva antes de continuar—. Soy de la opinión que no debemos decirle lo último completo a Raymond.
Los otros veintisiete tragaron saliva y asintieron. Todos bajaron a la enfermería de La Casa Flotante, ayudando Bill a Ron, Charlie a Neville, Jarod a Luna, Kingsley a Hermione, Humphrey a Aline, Remus y Arthur a Wymond. Christine, Christopher, Arthur y los seis que estaban mareados tomaron poción tranquilizante y los que se verían pronto llevados también tomaron poción para Magia Antigua. Los tres que los acompañarían llevaron de esas dos pociones en sus capas y viajaron con ayuda de Atenea, Maya, Galileo, Febo, Zeus y Gaya a la enfermería del colegio.
Pasados unos minutos, cuando estaban más serenos y con Christine y Christopher reintegrados al grupo, Remus se decidió a hablar.
—Tenemos que ponernos de acuerdo sobre siete puntos fundamentales. El primero es que a excepción de los profesores Kandace y Alphonso nadie debe enterarse de lo ocurrido con ellos nueve y… —suspiró— y con todos nosotros. Pienso que ellos deben enterarse de lo hecho por Angelica para que puedan ayudar al profesor Raymond a entrenarnos tanto en los dones como en Magia Antigua a todos.
—En eso sólo difiero en algo, papá —se atrevió a contradecirlo Jessica—. Estoy segura que Angela querrá seguir siendo quien nos entrene en Magia Antigua a los del E.D.H. Creo que deberá seguir siendo así hasta que no la logremos convencer de lo contrario. Eso dependerá de… de cómo regrese ella hoy.
Los demás chicos asintieron en apoyo a la chica de ojos miel.
—Tienes razón hija —aceptó desalentado Remus—. Pero por favor hagan todo lo posible porque cambie de opinión.
—Claro. Lo intentaremos. —aceptó Fred poco convencido.
Los demás chicos asintieron con la misma expresión en sus rostros. Conociendo a la chica eso iba a ser bastante difícil.
—Lo segundo es que deberemos seguir con todas nuestras actividades normales, en la medida de nuestras posibilidades, para evitar levantar sospechas —prosiguió Remus—. Por lo tanto los entrenamientos se llevarán a cabo en los tiempos prolongados del campo Cundáwan del profesor Raymond… y aquí para ustedes mientras logramos convencer a Angela de lo contrario —completó en contra de su voluntad—. Nymph, Eloise y Humphrey, Minerva va a necesitar ayuda con esto.
—Lo entendemos. Cuentas con nosotros. —afirmó Humphrey.
—Lo tercero es la situación durante esta semana con Wymond —Todos suspiraron—. Sabemos que no va a ser fácil. Minerva, Arthur, Kingsley y yo hemos planteado un plan de acción de emergencia con los de La Orden del Fénix. Jessica vendrá conmigo a Grimmauld para ayudarme con él. Después de lo que conseguiste hoy que te prometiera, será un buen punto que tú estés allí para ayudarnos.
La chica de ojos miel asintió sonriente, al igual que Christopher.
—La señorita Lovegood le enviará los apuntes y deberes para que se mantenga al día con el colegio. —indicó la directora, a lo cual la chica asintió inmediatamente.
—Eso nos lleva al cuarto punto, la situación esta semana con Neville, Luna, Ron, Hermione, Angela, Ginny y Harry —Los tres chicos que se quedaban en el colegio tragaron saliva al oír a Remus—. Ya lo habíamos comentado y resuelto en parte pero… Con la última información que conseguimos… No sabemos si en realidad con Angela la situación durará sólo una semana. También considero un problema que Ginny y Luna estén solas en las clases.
—En cuanto a la situación con las señoritas Weasley y Lovegood —La profesora McGonagall había pensado en ello después de su conversación con Remus antes de la cena la noche antes— por este mes intercambiaré varios alumnos de sus casas, de modo que la señorita Lovegood será asignada a Gryffindor. Lo justificaré como una forma de fomentar la integración entre las casas, lo cual me parece muy necesario después del ataque al tren y lo que estuvimos hablando hoy. Por otro lado el joven George Weasley permanecerá tanto tiempo en el colegio como sea necesario, para lo cual cambiaremos la justificación… —Se detuvo unos minutos a pensar—. Desde hoy será un asistente del profesor Raymond debido a su edad. Estoy segura que él permitirá eso sin problemas.
George y Remus asintieron.
—El quinto punto se llama Mundungus Fletcher —Los chicos se tensaron—. No voy a insistir con lo de la misión de Harry hasta que él se recupere. Pero necesitamos que nos confirmen nuestras sospechas sobre lo que hicieron y que nos digan si han hecho algo más, para buscar una manera de resolver esa situación.
Los cinco chicos se miraron indecisos. Angela y Harry no eran parte del plan, pero Jessica, Ginny, Neville y Luna sí. La ausencia de la chica de ojos dorados al mismo tiempo que la pelirroja podía retrasar aquello demasiado. Los gemelos y el niño eran buenos en pociones, pero no tenían la habilidad de ellas. Jessica los miró fijamente de uno en uno, todos comprendieron sus intenciones y asintieron.
—Nosotros no hemos hecho nada nuevo, pero ya habíamos planteado una posible solución a eso antes de… cuando ellos llegaron al colegio de Grimmauld, antes que Ginny y Harry entrasen en ese estado.
—Te escucho hija.
—Lo siento papá, sólo te diré que en cuanto a Mundungus Fletcher nosotros ya lo tenemos resuelto. Solamente que yo tendré que escaparme en algunos momentos de Grimmauld para venir aquí y preparar algo.
—No Jessica, en eso no pienso ceder. Ustedes se comprometieron con Wymond en que los chicos no participarían en nada hasta que se recuperasen.
—Ninguno de los siete participará.
—¿Y cómo piensan resolver esto sin ayuda de Angela? —los interrogó intranquilo—. ¡No estarán pensando ir a Azkaban! —exclamó alarmado.
—No. Nosotros… —la joven de ojos miel se detuvo dudosa.
—Mejor vamos a contarles todo, Jessica —pidió George—. Ya bastantes motivos de preocupación tienen como para darles uno más.
Todos lo miraron asombrados, incluso Meg, Hestia, Jarod, Clarisse y Kingsley que estaban ya al tanto del comportamiento de los gemelos.
Fred sin embargo reaccionó rápidamente, comprendiendo que estaba muy afectado por lo que estaba sucediendo con Angela y sus dos hermanos, miró a su novia y asintió en señal de estar de acuerdo. A su asentimiento siguió el de los gemelitos.
—El hecho que los aurores sospechasen sobre la pérdida de esos recuerdos nos llevó a pensar que debía existir diferencias entre lo que hizo Hermione y un hechizo desmemorizante —comenzó la chica, hablando lentamente para armar rápidamente en su cabeza la versión más cercana a la verdad posible sin meterse en demasiados problemas—. Cuando vinimos a buscar lo de los sellos investigamos también eso. Conseguimos las diferencias y una posible solución. Si se prepara un conjunto de pociones adecuado y se le suministran de determinada manera, se puede lograr que él vaya perdiendo gradualmente varios recuerdos, mostrando las mismas características de lo que ella hizo al borrarle ésos.
—¿Qué? —preguntó asombrado Remus.
—Pensamos prepararlas y enviárselas a Azkaban bajo la excusa de un "tratamiento" para el alcoholismo —la ayudó a explicarse Fred—. De esa manera se lo darán a tomar y pensarán que es debido a su problema etílico que perdió esos recuerdos. A él no le afectará de otra manera. De hecho sí mejorará en otros aspectos de su salud, pero perderá varios recuerdos de manera aleatoria.
»Eso será inicialmente marcado y luego… modificaremos gradualmente el tratamiento para que en unas semanas ya no pierda ninguno y se siga recuperando en otros aspectos de su salud. Por lo que investigamos eso cuadraría perfectamente con una enfermedad, parcialmente controlada, relacionada con el alcoholismo —Hasta aquí todo era cierto—. Para la prescripción usaremos un recetario viejo de un medimago amigo de la señora Catherine Brown. Para hacerse pasar por el amigo que le envía el tratamiento George y yo hablaremos con un amigo nuestro. Si él no acepta buscaremos otra vía.
Los miembros de la O.D.F. los miraban mudos de la impresión.
Remus había hablado con Eloise, Humphrey, Aline y Wymond para que los dos primeros viajasen de la misma manera que habían hecho los chicos y borrarle otros, el problema era que los únicos que sabían cómo hacerlo eran Wymond, Angela y Raymond. Los dos primeros no podrían hacerlo en un tiempo y estaba seguro que el anciano no los ayudaría a hacer algo así.
—¿Cómo pensaban obtener los ingredientes? —preguntó Remus, intentando asimilar lo dicho por su hija y el novio.
—Fred y yo los conseguiríamos. —respondió George.
—Saben por supuesto que todo eso es absolutamente ilegal, ¿verdad? —les preguntó la directora McGonagall mirándolos escandalizada.
—Sí. Pero no vimos otra salida para resolver la situación. Debido a lo ocurrido en el refugio habíamos visto a Angela muy tensa. Harry había decidido mantenerla al margen de todo por un tiempo para evitarle una recaída. —se sinceró Jessica.
—Seguiremos su plan con unas pequeñas modificaciones. —decidió Remus.
—¿Qué? —se sobresaltó la directora—. Pero ellos romperán muchísimas normas con esto, además de ser algo ilegal.
—Minerva, esta no es una situación del colegio sino de resolver un problema de la guerra con Voldemort —intentó tranquilizarla Remus, utilizando sus sonrisas, gestos y artimañas de Merodeador—. Además no he dicho que ellos lo harán, sino que seguiremos su plan. Eloise será quien prepare las pociones y Nymph irá disfrazada a San Mungo, obteniendo una prescripción que nos sirva de modelo, luego enviará el tratamiento utilizando varios disfraces.
La directora frunció el ceño y los labios desaparecieron en una línea muy delgada. Estaba muy molesta. Ni siquiera podría castigarlos debidamente porque nadie se podía enterar de aquello. Asintió levemente en dirección a Remus, pero miró de tal manera a los chicos que todos comprendieron que estaban en problemas.
—Hija, entrégale las indicaciones a Eloise. Fred, tendrás que ayudarnos con tus contactos por la tienda a conseguir los ingredientes que no sean fáciles de ubicar —les ordenó muy serio Remus—. Quiero que les quede muy claro a todos que en lo absoluto apruebo lo que hicieron ni lo que planeaban hacer —los regañó muy serio y firme. Los cinco chicos agacharon la cabeza—. Si he decidido proceder siguiendo su plan es porque tenemos que resolver la emergencia que ustedes crearon. ¿Han hecho algo más fuera de La Casa Flotante que pueda generar otros problemas?
Los niños se miraron nerviosos. Christopher denegó a la pregunta muda de su hermana. «No en este momento con todo lo que está ocurriendo», pensó asustado.
—No. El E.D.H. no y Angela tampoco. Harry la interrogó severamente cuando llegamos de Grimmauld. Nos aseguró que la única tarea que tenía pendiente, fuera de las que tenía con el E.D.H., era dar cumplimiento a su promesa a abuelo en lo referente a Draco Malfoy y Severus Snape. —respondió Jessica.
—Eso me lleva al sexto punto. Wymond ha puesto ya uno de los sellos que ustedes enviaron en sus investigaciones. Sabemos que será prácticamente imposible mantener a Angela al margen de la situación con esos tres, no con la promesa que le hizo a Albus, pero no queremos a ninguno de ustedes involucrados más en esa situación.
—Nosotros sólo nos involucramos en eso por ayudar a Angela, papá, y… Perdóname por lo que voy a decirte, pero ahora más que nunca si ella nos necesita nosotros no podemos abandonarla. —le contradijo Jessica con tono suave y expresión decidida pero respetuosa.
»Lo que si puedes tener por seguro es que haremos todo lo posible por mantenerla alejada de ese hombre. Esa situación le hace mucho daño por lo que tía Aline nos contó. No podemos permitir que ella siga teniendo contacto con él —Remus comprendió de inmediato la actitud de Wymond. Por eso había hecho que los chicos se enterasen—. Pero como bien saben Angela no incumplirá su promesa, por eso la única manera de mantenerla lejos es que ella esté segura que estarán a salvo y eso sólo depende por ahora de ustedes.
—Por eso no tienen que preocuparse —les respondió Nymph—. Wymond y Aline le prometieron a Angela que se harían cargo de que estén a salvo y así será. Me encargaré personalmente que sea así en la ausencia de ellos dos.
Aquello les hizo soltar un poco de tensión y sonreír levemente. Al menos ese iba a ser un dolor de cabeza menos. Remus y los demás los miraron comprensivos, además de contentos de ver lo unidos y protectores que eran los unos con los otros.
—Ahora el séptimo y último punto, Molly y el profesor Raymond. En cuanto a Molly creo que le podemos y debemos decir lo que conseguimos sobre los dones. También que Aline era tía de Lily y por lo tanto es familia de Harry. Pero en cuanto al análisis que comenzamos a hacer de la Profecía Cundáwan y lo que averiguamos de los Mudredais creo que es mejor no decirle nada. Le diremos que hemos regresado porque queríamos hablar lo de los dones con el profesor Raymond y coordinar con él las evaluaciones para averiguar cuál tiene cada uno de nosotros además de estar al pendiente del regreso de ellos nueve, que luego regresaremos con más calma para investigar a fondo.
A todos les pareció buena idea y mostraron su conformidad.
—En cuanto a lo otro… Wymond tiene razón en lo referente al profesor Raymond, no creo que sea conveniente decirle ni lo del aislamiento definitivo de los Mudredais ni que él… Pero no sé cómo podemos manejar esa situación.
Todos se quedaron pensativos.
—Creo que si ellos nos metieron en este enredo lo más justo es que nos ayuden a salir. —dijo bastante molesto Christopher.
—¿De qué hablas? —le preguntó extrañado Fred.
—De las barreras esas extrañas del último pergamino, las de los chiflados esos que hicieron esto con la señora Angelica. —le explicó el niño en el mismo tono.
Los ojos se les iluminaron a todos.
—Chris, eres un genio. —lo felicitó emocionada Christine, mientras salía corriendo arrastrando a George de la mano.
—¿A dónde van? —preguntó extrañada Meg.
—A la biblioteca. —respondieron a coro los tres que se habían quedado en la sala.
—Como no puede entrar a la "Sección Prohibida" se lleva a George para que investigue. —explicó sonriente Fred.
—Cada día se parece más a Hermione en eso. —comentó maternal Jessica.
—Chicos, esta situación es… Yo no sé que vieron Angelica y los… —les empezó a plantear Remus, deteniéndose un momento. «¿Qué tan malo sería repetir la palabra usada por Chris con ellos? No, mejor mantener el tono serio, aunque yo piense igual de los que hicieron esto con Angelica»— antiguos Cundáwans cuando viajaron a ese futuro. Pero estoy seguro que si ponemos todos nuestros mejores esfuerzos y nos unimos podemos salir adelante en cualquier situación. Debemos pensar que posiblemente hayan interpretado mal lo que vieron, si sólo visitaron un momento difícil y en base a eso tomaron decisiones posiblemente equivocadas.
—Tío Remus tiene razón en eso. Por lo que he oído esos chiflados no se caracterizaban por tomar siempre decisiones acertadas. —comentó el niño, sacándoles una sonrisa a todos.
—Albus siempre nos dijo a todos que lo más importante para detener a Voldemort y a cualquiera que pensase como él era permanecer unidos. Por favor, desde hoy vamos a trabajar unidos. —les insistió Remus con su tono de profesor.
Los tres chicos presentes asintieron, aunque cruzaron los dedos en sus bolsillos. Sabían que no estaban siendo del todo sinceros. Ellos irían a las batallas sin que lo supiesen los de La Orden del Fénix. Además Harry seguiría adelante con su misión, lo sabían, también que lo apoyarían en la forma que él lo pidiese.
Diez minutos más tarde entraban Christine y George a la sala de entrenamientos con un pergamino en manos de la niña y una expresión triunfal en sus rostros. Christine se acercó a Eloise y le mostró lo que habían conseguido. A la Cundáwan se le iluminó la mirada. Humphrey leyó rápidamente aquello sobre su hombro y sonrió. Veinte minutos más tarde ya habían logrado levantar una barrera sobre todos los que estaban allí. Era tan antigua que estaban seguros que Raymond no la reconocería.
—También hemos conseguido información adicional sobre las anotaciones de la señora Angelica junto a los nombres de Ginny, Harry, Hermione, Ron, Luna y Neville. Hemos logrado sacar algunos libros hacia las otras bibliotecas que ayer no habíamos podido sacar.
—Vamos a revisarlos —decidió Remus al notar que todos se miraban dudosos—. Jessica, Fred y George, por favor transcriban a pergaminos los que no puedan sacar de la Sección Prohibida. Tenemos que tener la mayor cantidad de información posible para ayudarlos.
Los tres chicos asintieron, poniéndose en pie salieron hacia el lugar indicado, preocupados por los que estaban en la enfermería. Por lo que les contó Christine, difícilmente había logrado el profesor Raymond tranquilizar a la señora Weasley cuando Ron había entrado en el mismo estado de su hermana. Los niños se fueron con los de la O.D.F. hacia la segunda biblioteca, cabizbajos y tensos. Nymph, Meg, Abby y Fleur se sentaron con ellos a leer lo conseguido, intentando tranquilizarlos un poco.
Cinco horas más tarde se reunieron en la cocina para comer. Habían trascrito a pergaminos la información de las notas de Angelica, además de información adicional que habían conseguido. Jessica, Meg, Sue y Clarisse prepararon la comida mientras los demás organizaban lo recabado.
Siguieron así durante otros dos días, completando la información de las notas de Angelica y la adicional que iban consiguiendo. Se sentaron a cenar luego de organizarla, preocupados por lo que habían conseguido.
—¿Por qué no podemos ver la información completa de las anotaciones de la señora Angelica? —preguntó Charlie exasperado—. ¿Cómo se supone que los ayudaremos así?
—Seguramente podremos leerlo cuando se presenten en ellos esas características, no antes. —dijo ceñuda Christine.
—Así fue con la poción para la licantropía. —explicó desanimada Jessica.
—Pero esto del fuego en las notas de Ginny… parece muy complejo. —comentó Bill preocupado.
—Lo de Hermione, Ron, Luna y Neville tampoco se entiende —agregó George inquieto—. Pareciera que pudiesen actuar por separado, pero tener más fuerza en conjunto, sólo que no es muy claro en qué o cómo exactamente.
—Lo único que hemos conseguido es ubicar todas las referencias y profundizar en cada uno de los dones —resumió muy seria Meg—. Pero en cuanto a los procesos que vivirán los nueve y las "peculiaridades" que mencionó Angelica sólo tenemos trozos inconexos por ahora.
—Seguiremos viniendo todos los días a buscar en los libros que no hemos logrado sacar —afirmó Jessica muy seria—. Los otros nos los distribuiremos entre nosotros y los revisaremos continuamente, hasta que aparezca algo nuevo que nos ayude.
—Estoy de acuerdo —la apoyó Remus—. En cuanto aparezca algo nuevo sobre estos temas nos comunicaremos entre nosotros de inmediato. En esto no pueden tener secretos con nosotros, chicos.
—No te preocupes, tío Remus, en cuanto sepamos algo se los comunicaremos. —aseguró muy serio Christopher.
Jessica, Fred y George se miraron preocupados. Harían lo posible por cumplir con lo dicho por el niño, pero sospechaban que no sería fácil.
—Vamos a dormir en esta oportunidad al menos ocho horas. Necesitamos descansar y estar lo más serenos y saludables posible para su regreso. —les dijo Remus, intentando transmitirles una calma que él no sentía.
Todos asintieron y se fueron a descansar. Sospechaban que el regreso de los nueve sería muy pronto.
Justo estaban poniéndose en pie, después de desayunar, cuando aparecieron Atenea, Febo, Galileo, Maya, Orión, Ares y Lily cantando alegres y revoloteando sobre ellos.
—Rea.
—Moony.
—Hera.
—Zeus.
—Gaya.
Llamaron simultáneamente los chicos a los otros fénix rápidamente. Los adultos los miraban asombrados por la reacción de los chicos y la aparición de las aves.
—En verdad son especiales estos fénix para entender la locura que ustedes han armado. —comentó sonriendo maternalmente Nymph, al verlos tan nerviosos y con los ojos brillantes.
—Vamos ¡Rápido! Pronto despertarán Ginny, Ron, Harry, Hermione, Luna, Neville y la señora Aline. —dijo George, que había recibido el mensaje de Orión.
Los que estaban en el tercer lazo los miraron sonrientes. Tenían razón, podían percibir a los cuatro primeros chicos y la cundáwan débiles, pero no extraños como antes, aunque evidentemente diferentes, lo cual era lógico después de lo que se habían enterado. Todos se acercaron a los chicos para regresar a la enfermería en Hogwarts. Apenas llegar rodearon rápidamente a los que iban a despertar.
A excepción de Molly, Arthur y Raymond todos fueron envueltos por una oleada de energía brillante proveniente del cuerpo de Angela. Aquello sólo duró unos minutos, pero fue suficiente para asustarlos un poco. Se había iniciado el proceso con todos ellos al generarse el vínculo con la chica. Molly los miró a todos asustada, mientras Arthur y Raymond se miraron comprendiendo lo ocurrido, inquietos.
La menuda pelirroja movió levemente la cabeza y abrió lentamente los párpados, sonriendo ampliamente al ver el rostro preocupado de sus hermanos y sus padres, girándose rápidamente para mirar a su novio, que en ese momento la estaba mirando a ella sonriendo y asintiendo. Los dos estaban contentos de verse bien.
Hermione y Ron se miraron, asintieron y sonrieron en un apoyo mudo, al igual que hicieron Luna y Neville. Los cuatro miraron a Ginny y a Harry y suspiraron. Ellos habían estado menos tiempo que la pelirroja y el chico de pelo negro, recibiendo mucha información y energía, se sentían débiles y aturdidos pero sabían que los cuatro estarían bien inicialmente. El proceso de ellos sería el último en desatarse y cerrarse. Miraron preocupados a Angela y suspiraron de nuevo.
Aline miraba a su esposo intranquila. «¿Por qué no ha regresado aún? ¿Qué implica ser el tutor?». Ella ahora sabía cuál era su tarea como guía. Angelica y los antiguos le habían trasmitido información para ello. «Pero… ¿Por qué están los antiguos concentrados alrededor de Wymond al igual que de Angela?».
Todos se asustaron al notar que los chicos y la mujer intentaban sentarse pero parecían no tener fuerzas para ello. Mientras Molly y Arthur sentaban a Ginny, al igual que Nymph y Remus a Harry, Clarisse y Kingsley a Hermione, Fleur y Bill a Ron, Hestia y Jarod a Luna, Abby y Charlie a Neville y Sue y Pacey a Aline, Christine, Christopher, Jessica, Fred, George, Meg y Eloise se movieron rápidamente hacia las mesitas ubicadas entre las camas donde estaban ellos, para tomar cada uno un vaso de poción para recuperarse del uso de Magia Antigua, que les hicieron beber a los siete.
Raymond al notar que seguían débiles, a pesar de haberse recuperado ligeramente con la poción, les hizo una transmisión de magia y energía, con ayuda de Jessica, Fred, George, Jarod, Bill, Kingsley y Remus.
Al notar que se restablecían todos respiraron un poco aliviados, aunque un poco preocupados por los otros dos. Christine y Christopher les dieron a tomar de la poción para la Magia Antigua que habían llevado a los que habían ayudado a los siete en cama. Raymond activó las estrellas de Kandace, Alphonso, Eloise, Humphrey, Jennifer, Harry y Aline para Neville, Hermione, Ron, Aline, Luna, Ginny y Harry respectivamente.
—¿Cómo te sientes, Harry? —le preguntó Raymond observándolo analíticamente, preocupado.
—Me siento un poco débil a pesar de la transferencia de magia y energía que acaban de darme y… extraño.
—¿En esta oportunidad recuerdas algo de lo ocurrido, Harry?
—Sí. Angela y la señora Angelica vinieron a buscarnos, luego Ginny, Angela y yo fuimos envueltos en… una especie de burbujas pero apegadas al cuerpo y eran de energía pura. Allí… —No sabía cómo explicar lo demás, además de sentirse aún bastante cansado.
—Allí la señora Angelica nos transmitía tanto energía como mucha información y… no sé cómo explicarlo pero creo que también… —Intentó completar la menuda pelirroja, pero dudó.
En ese momento Ginny y Harry percibieron en quienes los rodeaban todo lo ocurrido desde que habían perdido el conocimiento, incluyendo algo que estaba bloqueado por una barrera extraña, levantándose también en ellos aquél extraño bloqueo. De manera muy rápida se enteraron de todo y se produjo aquella barrera, sintiéndose aturdidos y mareados por unos minutos. Luego sintieron que algo se movía entre ellos y Angela, sintiéndose mejor, preocupándose ahora por ella.
El bloqueo se levantó también en Hermione, Ron, Luna y Neville, que se miraron y asintieron. Entendieron a qué se debía, mirando preocupados en seguida a la menuda pelirroja y el pelinegro.
—Ustedes están al tanto de todo lo ocurrido —aseveró Harry, asombrando a los cuatro Cundáwans—. Me acabo de enterar de todo lo que ha pasado desde que se reunieron todos aquí en la enfermería. Estoy seguro que Ginny también, por medio de uno de los dones. Pero eso me ha hecho sentir mal —La pelirroja asintió, ratificando que le había ocurrido lo mismo—. Angela nos ha estabilizado, pero me preocupa cómo le afectará ahora a ella todo esto.
—Eso no lo sabe ninguno de nosotros, Harry —le respondió el anciano, preocupado tanto porque ellos hubiesen empezado a percibir a través de sus dones de inmediato como por el hecho que Angela los hubiese estabilizado sin haber salido de ese estado en que se encontraba—. Jamás había sabido de un caso en que se liberase la energía y transfiriesen todos los dones dejándolos atados a alguien después de haber fallecido. Hasta donde yo sabía al liberar la energía se transfería todo muriendo. Mucho menos que se hiciese dejándolos atados a una persona para que se liberasen gradualmente. No sé qué y cómo lo hizo Angelica, tampoco sé cómo afectará esto a Angela, o porqué parecen surgir los dones en ustedes inmediatamente.
Aquello los preocupó a todos. Nadie sabía cómo iba a desenvolverse aquello realmente. Tendrían que ir resolviendo las situaciones a medida que se fuesen presentando.
—¿De qué están hablando? ¿Usted no sabe como ayudarlos? —preguntó Molly alarmada.
—No he dicho eso, señora Weasley —se apresuró a tranquilizarla el anciano—. No sé qué proceso utilizó Angelica, ni cómo afectará a Angela, pero si sé lo que tengo que hacer para ayudarlos. Lo primero será seguir unas indicaciones que Angelica me transmitió, completándolas con terapias con las estrellas. Cuando estén recuperados los evaluaré en los dones que ahora tienen, luego empezaré a entrenarlos en ellos para que no se vean afectados y puedan estar tranquilos.
Aline le insistió a Humphrey en voz baja hasta que la llevó a la silla junto a la cama del que se había enterado era el hijo de su sobrina, prometiéndole que se recostaría de nuevo tan pronto lo viese y conversase con él un poco.
Harry se quedó mirando a su novia. Los dos se sentían débiles y extraños pero ya habían regresado. El proceso con ellos había terminado. Con Angela duraría aún algún tiempo por lo que sabían. Se giró a mirar a la chica de pelo negro pensativo, intentando ordenar en su mente las ideas que le había transmitido Angelica para conseguir información sobre lo que había hecho.
Al ver a Wymond en la camilla más allá, junto a Angela, abrió mucho los ojos. Sabía que estaría así porque lo vio envuelto en otra burbuja pero… Era tan extraño verlo tan pálido y demacrado. A pesar de haberlo visto ya así luego del ataque al tren aún lo impresionaba. Generalmente se le veía tan ágil, fuerte, seguro y protector con los demás que verlo en esas condiciones producía desasosiego.
—Wymond estará bien. No te preocupes. —le dijo Aline con tono cariñoso, mientras le sonreía con mucha dulzura.
—Lo sé, pero siempre se le ve tan fuerte que impresiona verlo así —comentó Harry. Se giró a mirarla y sus esmeraldas brillaron—. Te pareces mucho a los pocos recuerdos que tengo de mamá, aunque eso es ahora para mí lógico. ¿Puedo llamarte tía? —le preguntó, sonriendo al verla tan emocionada.
—Claro que sí mi pequeño. —lo abrazó feliz. Sentía una mezcla de dicha y tristeza en su corazón mientras una lágrima se escapaba de sus ojos verdes como esmeraldas, que en ese momento brillaban con una luz muy especial.
Ginny, Hermione y Ron sonreían felices, mientras Molly miraba aquello sin entender.
Arthur vio el desconcierto en el rostro de su esposa y la tomó por un brazo, llevándola hacia el otro extremo de la enfermería. Bill y Charlie la tranquilizaron en sus protestas al decirle que le contarían lo poco que habían logrado averiguar hasta ahora, además no saldrían de allí, Ginny, Ron y Harry no estaban solos.
Cuando le contaron de su parentesco con el profesor Raymond, los posibles dones en todos sus hijos y la cesión de dones y energía que Angelica había hecho con ellos seis, tuvieron que darle poción tranquilizante. Al preguntarles porqué sólo Ginny y Ron habían estado inconscientes le tuvieron que explicar un poco sobre el don del Manejo de la Energía, pero sólo superficialmente.
Eloise y Humphrey miraban felices a Aline y a Harry. Sabían lo mucho que había sufrido ella por la ausencia de Adalbert, especialmente cuando esto había ocurrido al poco tiempo de morir la mamá de ambos, Avila. De no ser por el apoyo de Wymond se hubiese sumido en la tristeza. Luego fue ella quien lo apoyó a él con la muerte de sus hermanas menores y los amigos de ellas… entre los cuales ella se había sentido siempre muy afín a "la otra pelirroja", sin saber que era su sobrina. También sabían todo lo que había sufrido el chico con Petunia y su familia, por lo que el verlo abrazado por Aline les llenaba de alegría. Por lo menos era una luz en aquellos tiempos tan difíciles.
Cuando Aline soltó el maternal abrazo que le estaba dando, Harry la miró sonriente y le secó con sus manos el rostro con dulzura. Se había sentido muy extraño pero dichoso. Sólo la señora Weasley le había dado antes un abrazo similar, tan maternal. Sin embargo aquél había sido… diferente.
Transcurridos unos minutos Harry sintió un hueco en su estómago, el cual hizo un ruido que escucharon claramente quienes lo rodeaban. Todos sonrieron al verlo sonrojarse.
—Profesor Raymond, ¿podría llamar a mi amigo Dobby? Quisiera comer algo.
Hermione frunció el ceño por la hora pero no dijo nada al oír también el de la menuda pelirroja, que se tapó la cara con las mantas, seguido del suyo, lo que la hizo sonrojarse. Luego sonaron los de Luna, Aline y Neville y un rugido muy fuerte del estómago de Ron, poniéndose los cuatro muy rojos.
El anciano asintió sonriente, modificando el sello que había puesto. Confiaba plenamente en el elfo Dobby y en la elfina Wykers.
Humphrey llevó de nuevo a su cuñada a la cama para recostarla parcialmente sentada.
—Dobby. —llamó Harry a su pequeño amigo.
—¿Harry Potter llamó a Dobby, señor? —preguntó el elfo sonriente pero un poco adormilado. Era ya de madrugada.
—Sí amiguito, disculpa que te despierte a esta hora, casi a media noche, pero los que estamos aquí tenemos una larga noche de desvelo y estamos un poco agotados. ¿Podrías traernos algo de comer?
—Claro Harry Potter, señor.
—Dobby —lo regañó el pelinegro—. Te he dicho muchas veces que me llames Harry.
—Lo siento Harry Potter, señ… En seguida Dobby les trae la comida.
—Gracias amigo.
—Esa ha sido una excelente idea, mi amor —lo felicitó la pelirroja sonriente después que desapareció Dobby—. Yo tengo mucho apetito.
—Espero que Angela también despierte con apetito. —comentó George acariciándole la frente suavemente.
—Estará bien, George. Una madre jamás hace nada que pueda perjudicar a sus hijos. —le dijo con voz segura Molly, mirando con cariño a su hijo, intentando transmitirle una calma que ella no sentía.
—Mamá tiene razón, George. No te preocupes. —afirmó la menuda pelirroja sonriéndole con dulzura.
El pelirrojo sólo asintió. Sentía un nudo en la garganta. Unos minutos después volvió Dobby con una bandeja y alguien ayudándolo.
—Señorita Weasley, espero que le guste lo que Winky le ha traído. —dijo la elfina mientras se aproximaba a la camilla con una bandeja en sus manos.
—¡Winky! Que gusto verte. —afirmó Ginny.
—Dobby, no debiste despertarla. —lo regañó Harry.
—Por favor señor Potter, no regañe a Dobby. Winky es feliz de ayudar en lo que pueda a la señorita Weasley y a… ¿Qué tiene la señorita White? —preguntó la elfina palideciendo y mirándola con los ojos desorbitados, muy asustada por el estado en el que la veía y la cara de preocupación del pelirrojo.
—Está un poco delicada, Winky. Pero se repondrá pronto, no te preocupes. —le respondió rápidamente Harry. Sabía su cariño por la chica.
La elfina había salido de su aislamiento y borracheras gracias a las persistentes visitas a las cocinas de Jessica, Chris & Chris, quienes la trataban con mucho cariño y respeto, sin querer imponerle ideas de libertad como Hermione. Inclusive Angela había ido a visitarla el día anterior en la mañana, antes del desayuno, en su primer día libre de la "escolta", a pesar de sus nervios por los resultados de los T.I.M.O.S. La chica de pelo negro había hablado muchas veces con Winky en voz baja mientras se recuperaba del ataque al tren, en la enfermería.
A la castaña la habían sentado las primas y los niños con Dotty y Wykers en una de las primeras visitas a La Casa Flotante, explicándole Angela y Jessica a Hermione que la comunidad de los elfos llevaba demasiadas generaciones comportándose de la manera en que lo hacían, por lo que era muy difícil y hasta doloroso para ellos el recibir otro trato. Los dos niños le contaron como los cuatro llevaban seis años solos en aquella casa con Dotty y Wykers, sin lograr que les permitiesen tratarlos como miembros de la familia, pero sí como amigos entrañables e incondicionales.
Los elfos le explicaron respetuosamente que para la mayoría era una ofensa el que los declarasen libres. Por lo que para Winky era muy difícil su situación. Ellos habían pasado por algo similar cuando fueron liberados por las gemelas. Únicamente la paciencia y el trato de ellas y el director lograron que se calmasen un poco y asimilasen su nueva condición.
—¿Pueden Dobby y Winky hacer algo para ayudar a la señorita Angela? —preguntó el elfo mirándola preocupado, después de entregarle una bandeja con comida a Harry.
—Tal vez obligar al novio a comer algo —dijo Ginny, sonriendo al ver a su hermano mirarla molesto—. No me mires así. Si cuando se despierte te ve más blanco que la pared se va a preocupar.
—Señor Weasley, aquí está su comida. Dobby no se moverá de aquí hasta que la termine completa. —afirmó el elfo después de reaparecer con la bandeja que habían preparado para él.
George, que sentía un nudo en la garganta, por segunda vez en su vida no sentía ganas de comer, no con su novia en ese estado.
—En cuanto estés en condiciones, hermanita, me ocuparé de ti.
—Nada de eso, George. Te comes todo y no le refutas nada a tu hermana. Ella lo está haciendo por tu bien —lo reprendió Molly—. No te preocupes, Dobby, yo me encargaré que no deje ni una migaja en el plato.
—Su comida, señorita Hermione.
—Gracias Dobby.
—Su comida, joven Weasley.
—Gracias Winky. ¿Podrías decirme Ron? Te lo agradecería.
—Sí señor Ron.
El pelirrojo sonrió y empezó a comer rápidamente. La elfina le había traído bastante comida y lo agradecía. Tenía mucho apetito.
—Profesor Raymond, esta comida es para usted —se le acercó la elfina con una bandeja en sus manos—. Winky espera que sea de su agrado.
—Estoy seguro que así será, Winky. Gracias. —le respondió sonriente el anciano.
—Espero que esta comida sea de su agrado, señora Weasley. —le dijo respetuosamente Dobby entregándole una bandeja.
—Estoy segura que será así. Gracias Dobby.
Entre Dobby y Winky les llevaron a todos de comer. La mayoría no tenía apetito pero comieron sin protestar. Tenían que darles el ejemplo a Ginny y a Harry. Estaban tan contentos de verlos comiendo. Deseaban de todo corazón que Angelica se hubiese equivocado y ellos siguiesen así. Le tuvieron que meter presión con gestos y miradas a George para que comiese.
Dobby se paró al lado de George después de servirles a todos. El pelirrojo lo miraba exasperado, mientras Ginny y Harry apenas lograban contener la risa. Tantos años los gemelos recibiéndoles de buen gusto la comida a los pequeños elfos, llevando incluso a la Sala Común, se les hizo gracioso ver a un elfo de pie al lado del pelirrojo con el ceño fruncido y los brazos cruzados, esperando a que se comiese todo lo que le había llevado en la bandeja, denegando y acercándosela de nuevo cuando intentaba retirarla.
Todos comieron en silencio la comida que les habían acercado los elfos, pensativos por todo aquello, intentando distraerse un poco con la situación entre el pelirrojo y el elfo.
Molly miraba preocupada a sus dos hijos, al que consideraba su hijo y a los otros tres chicos. Le hubiese gustado tener unas palabras con Angelica por hacer aquello. Al pensar aquello observó a la chica de pelo negro con su hijo a su lado y denegó levemente.
«Después de conocer a Sirius un poco cuando compartimos en Grimmauld y lo que ahora me he enterado que ha hecho la madre… El carácter de esa chica es muy difícil y por lo visto lo ha heredado por partida doble… Pero también la recuerdo aferrándose a mí llorando en Grimmauld, después de contarnos lo del orfanato… Cuando despierte se va a sentir muy triste además de lo que pueda afectarle todo esto. Por lo que he entendido ha vuelto a tener contacto con su mamá después de quince años de ausencia, sólo para volverla a perder».
Ginny y Harry se miraban disimuladamente para no preocupar a sus acompañantes, transmitiéndose su apoyo pero también sus dudas. «¿Qué pasará ahora con nosotros? ¿A qué 'particularidades' se ha referido la señora Angelica? ¿Qué es aquello de los fénix? ¿Cómo podemos ayudar a Angela con su salud? ¿Qué pasará ahora con el E.D.H. y nuestros secretos? ¿Por qué han tardado tanto con Ginny y conmigo en comparación a Hermione, Ron, Luna, Neville y tía Aline?», se planteaba Harry preocupado.
Cada uno conocía su propio proceso, pero les preocupaba el de su pareja y sus amigos. A Ginny se le hacía evidente dos cosas: la primera que ellos tendrían éxito en cuanto a la investigación que dirigía Luna, la segunda que necesitaban analizar con sus amigos la Profecía Cundáwan.
Aline miraba a los seis chicos intranquila. Era demasiada la responsabilidad que ahora pesaba sobre ellos. La larga permanencia tanto de Ginny como de Harry en aquél estado, se debía seguramente a las "particularidades" de las que había hablado Angelica. No sabía exactamente de qué se trataban con dos de ellos, pero estaba segura que implicarían algo complejo. Le habían comunicado que ella debería ayudar a los seis chicos y el cómo hacerlo, explicándole en detalle lo que ocurriría primero con ella, luego con la castaña, el pelirrojo, la rubia y el castaño. Pero de su sobrina Angela, su sobrino Harry y la pelirroja no le dijeron mucho. Sólo que inicialmente su esposo los ayudaría.
Raymond los miraba inquieto. «¿Cómo llevar adelante ahora esta situación que ha generado Angelica? ¿Qué punto del futuro visitó? ¿Qué vio para estar segura que la pelirroja es 'la llama de fuego y amor perseverante'? La segunda parte es lógica pero… ¿A qué se refiere la primera?».
Estaba asombrado también al enterarse que aquellos dos chicos eran la pareja con el poder de los fénix. Sólo se presentaba un Cundáwan con la unión con un fénix cada trescientos años, pero una pareja con el poder de los fénix aparecía cada mil doscientos años. Aunque aquello explicaría que los pequeños que Angela consiguió la hubiesen acompañado y se hubiesen distribuido voluntariamente entre los doce chicos, ya que Angelica había unido por un lazo muy extraño a los siete desde pequeños. El último gran fénix había sido Albus Dumbledore y su compañero fue Fawkes.
—Creo que deberían todos descansar un poco —sugirió Molly al ver que todos terminaban de comer—. Podemos turnarnos para cuidar de Angela y Wymond. Yo estoy en mejores condiciones, así que haré el primer turno, el segundo lo harás tú, Arthur.
—Estoy de acuerdo con la señora Weasley. —dijo muy firme Raymond al ver que todos habían denegado al oírla.
Los chicos se miraron pensativos, consultándose con las miradas. Luego, al mirar a la chica de pelo negro, Harry se decidió.
—Ellos tienen razón, será mejor que repongamos fuerzas para cuando ellos regresen. Orión, Ares, Lily, por favor amiguitos cuiden de Angela y Wymond. Si algo ocurre despierten a todos los que estamos aquí de inmediato.
Esto último lo hizo porque estaba seguro que la señora Weasley no lo haría con ellos. La vio fruncir el ceño y le sonrió a modo de disculpa, acostándose de inmediato. Se tapó con las mantas la boca para no delatar la sonrisa al ver a su novia guiñarle un ojo, mientras los otros chicos le pedían lo mismo a los otros fénix. Las doce aves se posaron en las cabeceras de las camas en que se acostaron sus acompañantes.
George se inclinó hacia Angela, mirándola con ternura. Sabía que para la chica venían tiempos duros, pero él había decidido no permitir que se deprimiese. La ayudaría a superar esa situación en todos sus aspectos, incluyendo el perder de nuevo a su mamá. Le dio un suave beso en la frente y se acostó en la cama frente a la de su novia.
Los de la O.D.F. miraron a Remus preguntándole en silencio. Al igual que Harry miró preocupado a la chica y a su amigo. Asintió. Era lo mejor. Llamó a Fawkes y repitió la petición de Harry, mirando de reojo a Molly que lo miraba evidentemente molesta. Pero la conocía muy bien y estaba de acuerdo con Harry. Estaba seguro que sólo despertaría al señor Raymond, al verlos a todos tan pálidos y desencajados como la mayoría estaba.
Dos horas después todos confirmaron que Remus y Harry habían tenido razón. Los fénix los despertaron con sus cánticos mientras la señora Weasley, de pie al lado del profesor Raymond, les hacía señas para que guardasen silencio. El anciano la miraba de reojo con picardía, intentando contener la risa.
Los que estaban en el tercer lazo percibieron el cambio en Wymond. Sin embargo también notaron algo extraño en la forma en que Raymond lo miraba.
Humphrey sentó a Aline en la silla junto a la cama de su cuñado.
Wymond abrió los ojos lentamente. Se sentía débil y extraño. Al ver la mirada angustiada de Aline le sonrió.
—Tranquila mi amor. Estaré bien en cuanto me des mi medicina. —le aseguró con una mirada llena de amor y picardía.
Remus y Humphrey lo ayudaron a sentarse recostado en las almohadas. Cuando su esposa se acercó con el vaso con poción plateada él denegó suavemente. La tomó con mucha dulzura por la nuca y la acercó suavemente para que le diera un beso.
Aline sonriente se dejó conducir por él y lo besó con mucho amor, pero cortó rápidamente al notar que respiraba mal. Se separó de él y le acercó rápidamente la poción a los labios. Al notar que se iba a negar entrecerró los ojos que brillaron con fiereza. Le apartó con dulzura pero firmeza la mano con la que él intentaba impedir que se la diese a tomar y le llevó la poción a la boca.
Wymond sentía un nudo en la garganta y el estómago revuelto. Lo que menos quería en ese momento era digerir algo, pero al notar la mirada peligrosa de su esposa se dejó hacer. La conocía bien y no existía algo más peligroso que su esposa cuando miraba así a alguien.
Una vez que se tomó la poción tuvo que cerrar los ojos. Sentía que todo le daba vueltas y empezó a sudar frío. Sabía a qué se debía aquello. Angelica los había convencido para no dejar sola a Angela con aquella situación. Cuando leyó la explicación de su hermana… No se los había dicho todo para no preocuparlos más. Si les había dicho lo de Angela era porque los chicos tendrían que estar al pendiente de ella en el colegio, mientras él se reponía lo suficiente para tomar el control de la situación.
Todos notaron como se le marcaba la palidez al tomarse la poción, así como el sudor frío en él al cerrar sus ojos. Los que estaban unidos por el tercer lazo percibieron que se debilitaba bruscamente y se alarmaron. Raymond de inmediato le indicó por señas a Humphrey que alejase a Aline para evitar que interviniese y hacerle una transferencia de magia y energía, con ayuda de Jessica, Fred, George, Jarod, Bill, Kingsley y Remus. Molly sujetaba a Ginny y Arthur a Harry, para evitar que se levantasen de las camas.
Wymond sabía que Raymond se daría cuenta de inmediato del cambio en él pero… Una cosa a la vez… Al leer aquello había entendido porqué no recordaba nada de aquella noche. La sensación de frío era muy fuerte. Abrió los ojos al sentir que estaba recibiendo una transferencia de magia y energía, sonriendo.
Hermione y Ron los miraban abrazados desde la cama de la castaña, preocupados. Sospechaban de la reacción tan extraña en el Cundáwan ante la poción que algo les había ocultado.
Luna y Neville los miraban desde la cama de la rubia. Él se giró a mirarla interrogante y ella asintió con expresión seria. Luego miró a todos rápidamente y al volver a mirar a su novio denegó levemente. Él frunció el ceño por un momento pero, luego de mirar de nuevo al cundáwan y a los otros, asintió. Hestia, que había notado el intercambio por estar de pie junto a ellos y Jarod, frunció el ceño pero permaneció en silencio mirando a Wymond, Neville y Luna alternativamente.
Los que ayudaron a Wymond percibieron algo extraño durante la transferencia y se asustaron un poco, pero no quisieron comentar nada para no preocupar a Molly. Ya luego tendrían que hablar de aquello con él.
Remus, que estaba en el tercer lazo cuando se conformó, sospechaba que no había sido totalmente sincero con ellos. Sólo había sentido algo similar cuando se formó aquel lazo, por el don tan extraño en Angela. La posible explicación para aquello lo aliviaba en parte por su sobrina, pero incrementaba la preocupación por los días venideros con su amigo.
Jarod, Bill y Kingsley, que sólo la noche antes habían hecho por primera vez una transferencia de magia y energía, se habían sentado para ésta y permanecido así luego de hacerla. De no ser por la ayuda y guía del anciano no habrían sabido qué hacer, pero estaban decididos a aprender rápido.
Christine, Christopher, Meg, Nymph y Charlie, les dieron rápidamente poción plateada a Jessica, Fred, George, Jarod, Bill, Kingsley y Remus. Eloise activó la estrella del anciano para él mientras Humphrey ayudaba a Raymond a sentarse.
—¿Cómo te sientes, Wymond? —le preguntó preocupada Aline, mientras le secaba el sudor del rostro. Al verlo sonreír en su dirección con suavidad frunció el ceño y lo miró con severidad, adelantándose a su respuesta—. Quiero una respuesta sincera y no la dulce mentira que sé que tramas decirme.
Wymond suspiró. Lo había atrapado. No había sido suficientemente rápido porque sus reflejos eran lentos.
—Cansado, extraño y… parece que el cuerpo me pesara toneladas. Pero mucho mejor después de la ayuda que me han dado.
El estómago de Wymond hizo un sonido fuerte y claro. Al verlo abrir los ojos y sonrojarse, difícilmente contuvieron la risa. No había comido las cantidades normales en él durante su estadía en La Casa Flotante. Además era evidente que la poción plateada, después del procedimiento, les generaba apetito.
—Dobby. —llamó Jessica al pequeño elfo, haciendo caso omiso de la cara de disgusto de Hermione.
—¿Ya despertaron? —llegó preguntando el elfo.
—Mi tío sí, amiguito. ¿Podrías traerle algo de comer?
—Claro que sí. Winky y Dobby ya tienen lista la comida de él y de la señorita Angela. —respondió muy alegre el elfo, desapareciendo de inmediato.
Los elfos regresaron con la comida para él y unos sándwiches y pastelitos para los demás, que aceptaron gustosos para hacerle compañía a Wymond mientras comía.
Aline vio alarmada que su esposo no tenía fuerzas para sostener los cubiertos y le dio de comer con amor y paciencia. Al principio él se sentía evidentemente incómodo por aquello, pero tuvo que resignarse. Tenía hambre y sabía que necesitaba recuperar fuerzas pronto. Mantuvo la mirada en su esposa y la comida, esquivando las miradas inquisitivas de los demás.
A Molly no se le escapaba que allí había algo extraño. Wymond era un hombre de contextura fuerte. Lo había visto recuperarse de unas heridas… que estaba segura en otro hubiesen sido fatales. El verlo así la preocupaba. Le alegraba mucho que Ginny, Ron, Harry, Hermione, Luna y Neville no hubiesen regresado en esas condiciones. «¿Cómo volverá Angela?». Era obvio que George estaba pensando lo mismo, por la forma en que miraba al tío de la chica mientras le acariciaba la cabeza a su novia.
Estaba Wymond terminando de comer cuando los fénix empezaron a cantar todos simultáneamente, mientras los del tercer lazo percibían un cambio en Angela.
—¡Tú te quedas quieto! —le ordenó Remus a Wymond, que había intentado moverse para bajarse de la cama, con un tono de voz y mirándolo de tal manera que el hombre no dudó en obedecerle. Especialmente después de la fulminante mirada de los ojos esmeralda de Aline.
Remus se dirigió rápidamente a la cama de la chica, mientras Humphrey y Charlie retenían al Cundáwan, ante una señal del primero que había detectado el peligro de Aline enojada con Wymond.
Angela abrió lentamente sus párpados, dejando ver unos ojos grises. Se le cerraron de nuevo y los volvió a abrir con pesadez. Vio a su novio mirarla preocupado y le sonrió para tranquilizarlo, luego observó a todos los que la rodeaban.
Se sentía un poco desubicada, débil, pesada y… muy extraña. En un par de minutos llegaron a su cerebro todas las imágenes, sonidos y sensaciones de los presentes, desde que había quedado inconsciente hasta ese momento. Eso le produjo un mareo muy fuerte. Cerró los ojos para enfocarse en calmar la sensación y estabilizarse. Le dolía la cabeza y no pudo evitar que aquello se notase en su expresión.
—¿Qué sientes, Angelita? —le preguntó preocupado el novio.
—Mareada y… me duele un… poquito la cabeza… al percibir… igual que Ginny… y Harry… No te preocupes… mi amor… Sólo necesito… unos…
—Nada de "Sólo necesito unos minutos". No quiero mentiritas Angelita —la interrumpió George mientras la incorporaba hasta sentarla recostada en unos almohadones con ayuda de Remus—. Ahora te tomarás la poción —Al ver que intentaba detener el vaso con una mano mientras hacía un puchero se puso firme—. No Angelita. Nada de eso. Te la vas a tomar toda.
George le entregó el vaso a Remus para que se la diese mientras él le tomaba las manos, pues la chica no había cedido tan fácil como el tío.
Angela sabía que su novio tenía razón, pero el nudo que sentía en la garganta, su estómago revuelto y el dolor en sus pulmones le hacía rechazar aquello. Le hizo pucheros a los dos y denegaba, suplicándoles con la mirada que no la obligasen a aquello, pero al sentir la poción en sus labios empezó a tomársela, mientras se sujetaba con la poca fuerza que tenía de las manos de su novio.
Remus y George sentían un nudo en la garganta, pero no cedieron ante las miradas de la chica. El hombre la miraba atentamente con sus ojos dorados, dándole la poción lentamente debido a lo irregular de su respiración.
Al terminar de tomársela Angela sintió que todo le daba vueltas. Cerró los ojos mientras empezaba a temblar con escalofríos. Un sudor frío inundó todo su cuerpo. Rápidamente Jessica, Fred, Jarod, Bill, Kingsley y Raymond ayudaron a George y Remus en la transmisión de magia y energía.
Nuevamente los otros en la sala les dieron a tomar poción plateada a quienes la habían ayudado, mientras Eloise activaba la estrella de Wymond para ella y Meg le secaba con cuidado y cariño el sudor del rostro a la chica, que había abierto los ojos mirándolos a todos un poco preocupada.
Al ser la tercera transferencia de magia y energía que hacían aquella noche todos estaban evidentemente agotados, pálidos y desencajados, a pesar de la ayuda proveniente de Angela… y Wymond. Ahora todos los que pertenecían al tercer lazo estaban seguros que la ayuda también provenía de él, pues lo habían percibido con mayor claridad.
Al oír rugir el estómago de la chica y verla abrir desmesuradamente sus ojos sonrojada todos sonrieron. La elfina le acercó rápidamente la bandeja con comida que le tenían preparada.
—Hola Winky —la saludó con mucho cariño la chica—. Gracias por… la comida y… tus atenciones… A ti también… Dobby.
—Siempre será un placer para Dobby y para Winky ayudar a la señorita en lo que nos sea posible. —le respondió sonriente la elfina.
Angela miró la bandeja con un poco de angustia. Tenía hambre, pero no se sentía con fuerzas para manejar los cubiertos. A pesar de ello lo intentó, sin lograrlo. George vio aquello con un nudo en la garganta, se sentó junto a ella para ayudarla, a pesar de sentirse tan débil que tembló levemente su mano al tomar la cuchara para darle de comer. Angela vio con asombro y un poco de vergüenza a Meg pedirle a George que le permitiese a ella hacerlo. La mujer rubia lo levantó con cariño de la silla a pesar de las protestas del pelirrojo, para luego tomar los cubiertos con la intención de empezar a darle la comida.
—Yo…
—No te preocupes. Tu tío también necesitó una pequeña ayuda —le sonrió Meg con dulzura—. Deja que te dé la comida para que recuperes fuerzas. Así la próxima comida estarás en condiciones y no necesitarás que te ayuden.
—¿Cómo estás… tío Wymond? —le preguntó Angela inmediatamente, preocupada, girándose a mirarlo.
—No te preocupes pequeña. Ya he recuperado mis fuerzas. Hazle caso a Meg.
Humphrey rodó los ojos mientras Charlie denegaba levemente. Les había sido demasiado fácil retener a Wymond por su debilidad. A excepción de Ginny, Harry, Angela y Wymond, todos los que estaban en el tercer lazo percibían el verdadero estado tanto de la chica como el tío y se miraron disimuladamente, preocupados.
—Come. Te sentirás mejor tú también.
—Gracias señorita… Heigh.
—Llámame Meg.
Angela sonrió y empezó a comer lentamente, en la medida que lograba ingerir la comida con la respiración tan irregular que tenía. Mientras lo hacía no logró contener las lágrimas. A medida que Meg la alimentaba sintió muy fuerte la punzada de dolor de saber lo que habían hecho su tía y su mamá por su prima y ella, tapándose la cara cuando ya no pudo contenerse para dar rienda suelta a su llanto.
Aline se apresuró a abrazarla e intentar serenarla, tanto con su don como con sus caricias y palabras de cariño. Estaba muy preocupada porque además de la debilidad extrema que percibía en la chica era obvio que se le dificultaba mucho la respiración.
Meg se levantó ágilmente con la bandeja de comida para darle paso al pelirrojo. George rápidamente se sentó junto a ella, tomándole de las manos. Haciendo un esfuerzo por serenarse empezó a cantarle en voz baja y dulce una nana que Molly acostumbraba usar con Ginny cuando ella lloraba de pequeña.
Wymond cerró los ojos y bajó la cabeza al oírla llorar de aquella manera. Eso era lo que él más había temido al leer la primera carta. De sus ojos se le escaparon un par de lágrimas que secó rápidamente, pero otras las siguieron. Intentaba serenarse, pero le era muy difícil en el estado en que se encontraba. Humphrey se ubicó rápidamente a su lado de tal forma de bloquear el campo de visibilidad entre él y su sobrina.
Todos tenían un nudo en la garganta. Fred se llevó a Jessica lejos de Angela, al empezar la chica de ojos miel a llorar. Nymph y Remus también se llevaron al otro extremo de la enfermería a Chris & Chris. Les tomó casi veinte minutos serenar un poco a Angela. Le dieron a tomar la poción verde grama y Meg terminó de darle la comida, presionándola George con dulzura para que se comiese todo.
Angela se sentía extremadamente débil, triste y cansada. Su cuerpo parecía estar librando una batalla por ajustarse a aquello. Cuando estaba terminando de comer sintió que los ojos le pesaban y el frío que sentía se intensificaba, pero sus pulmones le estaban molestando bastante. No quería preocuparlos, pero tenía que decirles.
—George… Yo no… quiero… molestar… pero… tengo frío…y necesito… aire frío… para mis… —le dijo en voz baja, sin poder terminar por la debilidad que sentía.
—Tranquila, tú no molestas. Te acercaremos a la ventana y te abrigaremos con un par de frazadas. —la tranquilizó el pelirrojo sonriente.
Remus iba a cargarla cuando sintió que Pacey lo apartaba denegando, tomándola él entre sus brazos mientras Meg acomodaba con su varita una butaca doble cerca de la ventana y Eloise trasladaba la estrella de Jennifer junto a ella a una mesita que ubicaba Sue. George se sentó y Eloise acomodó a su sobrina apoyada en el pelirrojo con la ayuda de Pacey, mientras Meg abría la ventana. La chica se quedó adormilada casi de inmediato.
Wymond la miraba desde su camilla, preocupado. Había logrado tranquilizarse un poco antes que la chica, pero estaba bastante mal. Había estado sintiendo como su cuerpo sufría cambios intensos que lo agotaban.
Su hermana se lo había advertido. Al no ser un don natural en él y recibirlo de tres Cundáwans antiguos, con tanta fuerza, le afectaría tanto como a Angela. Sin embargo hizo un esfuerzo por mantenerse impasible para no preocupar a los otros, atento a la chica mientras comía. Pero ahora estaba perdiendo la batalla, se le cerraban los ojos y con dificultad lograba contener los pequeños estremecimientos por el frío intenso que sentía, así como tampoco lograba ya disimular los gestos por el dolor en sus músculos y la sensación de pequeñas descargas eléctricas en su columna vertebral.
Humphrey lo recostó, después de lograr darle las pociones que había traído Raymond y tenían rato insistiéndole que tomase. Su cuñado le acercó rápidamente otra frazada al verlo temblar, preocupado porque por el tercer lazo estaba percibiendo, desde que la chica había empezado a llorar, que estaba sufriendo dolores intensos que se esforzaba en no demostrar.
Raymond, que también estaba percibiendo su estado real, había ido hacia la oficina de Madam Pomfrey con Fred, pidiéndole en voz baja que le trajese un par de pociones de La Casa Flotante rápido. Al volver el pelirrojo le indicó cuáles debían darle a Angela y él se fue rápidamente a la cama en la que estaba Wymond. Pero no habían logrado convencerlo por señas hasta que vio a la chica cerca de la ventana y el malestar en su organismo le ganó a su resistencia.
Aline y Humphrey ayudaron al anciano a dárselas. Los dolores remitieron, entrando en un estado de somnolencia leve. Raymond denegó a la pregunta muda de Humphrey, no podían aplicarle el hechizo para dormir. Hasta ese momento el anciano no había permitido que les diesen poción tranquilizante ni que los durmiesen. Había estado controlando el proceso mediante el don del Manejo de la Energía y sabía que sus organismos no lo admitirían.
En el momento en que Fred se acercaba a Angela y a George, empezaron a percibir por el tercer lazo que la chica empezaba a sufrir los mismos dolores que el tío. La vieron apretar los brazos de su novio e intentar contenerse. Rápidamente George ayudó a acomodar a la chica para que Meg le diese a beber las pociones, al ritmo que su respiración lo permitía.
Ginny y Harry habían observado los movimientos y reacciones de todos muy preocupados, al igual que Molly y Arthur que los habían mantenido a los dos en las camas. A los cuatro les preocupaba mucho el estado de salud tan malo de Angela y Wymond y las caras de preocupación de sus acompañantes pero no hicieron ningún comentario. Los dos chicos empezaron a sentir que se les cerraban los ojos por su propia debilidad y, a pesar de sus protestas, los acostaron para que durmiesen.
Hermione, Ron, Luna, Neville y Aline se miraron inquietos. Ellos cinco eran los menos afectados, aunque se sentían agotados. Los cuatro primeros se acostaron a dormir ante la insistencia de sus acompañantes.
No habían transcurrido dos horas cuando Wymond abrió los ojos y miró a su esposa bastante confundido. Percibía una gran preocupación en quienes lo rodeaban y muchos pensamientos confusos que lo aturdían. Le tomó unos minutos ubicarse, calmarse y controlar el cúmulo de pensamientos y sensaciones. Se sentía muy débil y cansado, con la extraña sensación de oleadas de energía recorriendo su cuerpo, agitándolo y no permitiéndole dormir. Al ver a su esposa mirarlo con preocupación le sonrió y le habló.
—Estoy bien, cariño, sólo un poco sediento.
Arthur que se había quedado despierto haciendo la segunda guardia, con Aline y George que se negaron a dormir, la ayudó a incorporarlo y sostenerlo para que ella le diese el agua, recostándolo de inmediato. Lo dejó con ella y se aproximó a su hijo con jugo de calabaza para la chica, confirmándose sus sospechas a los pocos minutos.
Angela abrió sus ojos, las sensaciones de su cuerpo se habían mitigado bastante con las pociones que había traído Fred, pero no habían cedido totalmente, se había adormilado un poco y su respiración había mejorado, sin embargo empezó a sentir oleadas de energía moviéndose en su organismo y esto la despertó un poco incómoda, con mucha sed. Le sonrió a su novio para tranquilizarlo e iba a pedirle algo de tomar cuando vio a su suegro acercarse con el jugo en sus manos, pidiéndoselo con la mirada. George se lo dio a beber con cuidado. Luego de tomarlo la chica miró a Arthur.
—Gracias señor… Weasley.
Arthur le sonrió y le acarició con dulzura la cabeza.
—Descansa. Lo necesitas.
La chica le sonrió. Miró a su novio y se preocupó al verlo con ojeras y demacrado.
—¿Podrían llevarme… a la cama?... George también… necesita descansar.
—Yo estoy bien, mi amor. Descansa tranquila.
—Sin mentiritas… George —le replicó Angela, sonriendo al ver su expresión por usar la misma palabra que él había usado con ella—. Por favor… déjame dormir… en mi cama… y descansa… un rato… en la tuya. —insistió preocupada.
El pelirrojo iba a responderle cuando sintió que su padre se la quitaba de los brazos y la llevaba a la cama, acostándola y abrigándola con gestos paternales.
—Hagamos un trato, yo lo obligo a dormir y tú te mantienes tranquila e intentas descansar. —le dijo Arthur mientras la abrigaba.
—Trato hecho. —le replicó ella sonriente.
George que había ido tras ellos frunció el ceño, pero al ver la mirada de su padre sobre él comprendió que no tenía opción. Se acercó a su novia que le sonreía con picardía, le dio un suave beso y se fue a dormir.
Angela al verlo acostarse se tranquilizó un poco. Escuchó a su tío librar una batalla similar con su tía y miró a su suegro, señalándole con la mirada en esa dirección.
Arthur sonrió y asintió. Caminó hasta allí. Aquello iba a ser un poco más difícil, pero tenía una idea.
—Aline, por favor, ve a dormir un poco. Necesitas descansar. —le insistió una vez más Wymond preocupado por ella.
—Yo estoy bien. El que necesita descansar y recuperar fuerzas eres tú, porque en cuanto estés bien voy a ajustar cuentas contigo por no decirme la verdad.
—Te diré todo lo que quieras después pero ve a dormir, por favor.
—Aline, ve a descansar. Los dos están preocupados y tensos, eso no les hace ningún bien. Si Angela sigue así tendrá una recaída.
—Pero Arthur…
—Nada de réplicas. Te vas a la cama ahora mismo o despierto al profesor Raymond y a Molly.
Aline frunció el ceño. Se giró a ver a su sobrina que la miraba muy preocupada y comprendió que era lo mejor. Volteó hacia su esposo resignada, entrecerrando los ojos al verlo sonreír pícaro. Denegó levemente, le dio un beso y fue hacia la cama en que la habían recostado temprano para acostarse a dormir.
—Muy bien, ya ellos están acostados. Ahora los quiero ver a los dos cerrando los ojos e intentando dormir. —les dijo con severidad Arthur, en voz baja para no despertar a nadie.
Angela y Wymond lo miraron y asintieron, cerrando los ojos. No creían poder dormir pero por lo menos lo intentarían. Casi veinte minutos después entraron en un sueño profundo, debido al don de Angela que era distinto al de todos los otros Cundáwans en muchos aspectos, ayudándolos.
Casi a las seis de la mañana Arthur despertó a todos, excepción hecha de los cuatro convalecientes. Hermione, Ron, Luna, Neville y Aline, aunque pálidos, estaban casi tan bien como los que habían hecho las transferencias para ayudarlos.
Raymond evaluó primero a los cinco que habían vivido el procedimiento y estaban de pie, luego se acercó a los cuatro que dormían aún y los examinó, mientras los demás esperaban atentos. Les hizo señas para que se dirigiesen al otro extremo de la enfermería para hablar.
—Ginny y Harry están bastante recuperados. Angela y Wymond están aún bastante débiles. Sin embargo debemos moverlos a los cuatro. Lo que ha ocurrido no debe saberlo nadie para no despertar sospechas sobre ellos. Quiero que los cuatro permanezcan en el colegio para poder observar su evolución —agregó rápidamente para evitar el intento de Molly de hablar—. Vamos a llevarlos a las habitaciones en mis oficinas y traer a Madam Pomfrey aquí, yo hablaré con ella. Profesora McGonagall, necesito que por hoy suspenda las clases tanto para que los otros chicos descansen como para yo tener libertad de acción sin levantar sospechas.
—No se preocupe. Lo haré de inmediato. Convocaré una reunión con el personal docente para organizar lo que había hablado con usted sobre el intercambio de alumnos de las casas —No lo habían hablado pero necesitaba ponerlo al tanto sin despertar sospechas en Molly—. Les diré a los otros profesores que su ausencia se debe a un incipiente malestar gripal. Eso nos dará margen si es necesario justificar otras ausencias suyas, además presentaré a final de tarde al joven George Weasley como su asistente. Las ausencias de los diez chicos hoy en las casas las justificaré con una reunión en su oficina por las clases de los sábados y una recaída de los familiares de los Brown.
Todos los miraron y asintieron.
—Señorita Granger, usted los convocará a todos como prefecta anual por unas instrucciones mías que le haré llegar antes de la hora del desayuno, para lo cual todos deberán simular que han pasado la noche en sus respectivas casas y esperar allí a que ella los busque.
Todos los chicos asintieron.
Aprovecharon para movilizar a los cuatro dormidos el que nadie se levantaba temprano, debido al clima tan frío de esos días. Los chicos fueron a sus casas para asearse y cambiarse. Mientras todos los miembros de la O.D.F., a excepción de la directora, viajaron a Grimmauld.
