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Hola queridos lectores
lamento mucho la demora
pero aqui sigo
seguire hasta terminar todos mis fics
mil gracias por su paciencia y sus hermosos reviews que me alientan a seguir escribiendo
espero algunos mas con sus votos ;D
saludos
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CAPITULO 18 DEJANDO LAS MASCARAS
Sinceridad ¿Qué es la sinceridad? ¿Quién realmente puede tener la sinceridad al cien por ciento con alguien?
Sinceridad debe ser lo primordial en cualquier relación, siempre debe ser así para que las relaciones funcionen, para que a comunicación fluya de manera suave y clara como el agua.
¿Pero cómo lograrlo?
A veces las personas no logran ser tan abiertas con los demás sobre todo cuando la vida no ha sido tan agradable con uno mismo.
Pero eso quiere decir que debemos ser ¿Cerrados?
¿Qué maldita confusión?
Ser o no ser
Esa es la cuestión
H.G.P
Helga miraba a la doctora Bliss -¿Entonces saldré mañana?
-Si Helga, por fin podrás ir a casa
-Pero todavía no se cumplen los 5 meses
-Tu conducta ha ayudado mucho y con mis informes era de esperarse ¿No lo crees?
-¿Ya vieron que no estoy tan loca?
La doctora Bliss se rio ante lo que dijo la joven
-No digas es Helga, es porque vieron que eres una buena persona
Helga bufo –Todos dicen eso, no lo soy
-Si lo eres, es hora de que las máscaras se vayan ¿No?
Helga se quedó pensando unos segundos
Quizás tenía razón la doctora Bliss
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Rhonda miraba con molestia a la persona que estaba frente a ella -¿quieres algo más?
Phoebe suspiro –Por favor Rhonda, no eres tan mala
-¿Tu que sabes? Tú no sufriste como yo
-Todos lamentamos mucho tu perdida, pero no fueron Gerald ni Arnold, la familia Pataki como la tuya, decidieron dejarlas protegidas cuando Sheck quiso quitarles todo.
-Eso dicen ellos
-Eso lo dejaron tus padres –Saco una carta –La familia Johanssen me la entrego para que la leas
-No…
-Antes de que digas algo más, solo leerá y sabes que cuando salgas de aquí al menos conmigo y con Helga podrás contar, estoy segura de que te extraña, fuiste su mejor amiga por años aunque no lo creas.
Rhonda no dijo nada mas, solo vio como la oriental se iba, tomo la carta con temblor antes de ser llevada por un policía para salir de la sala de visitas.
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-No me importa lo que me cueste, tengo que salir de este maldito lugar –Miro la fotografía de una joven rubia –Tengo que hacer algo
Helga G. Pataki le pagaría caro, no ella no podía salir en libertad como si nada, sin sufrir como él estaba sufriendo
-¡¿Dos meses?! ¡No! Tengo que salir ahora
Colgó
-Maldita sea pero ya verás Helga Geraldine Pataki
Rompió la fotografía que tenia en sus manos para después ir directamente a su celda.
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Arnold miraba emocionado hacia la puerta, había ido por Helga, le pidió a Olga que lo dejara ir solo, porque tenia que estar ese momento con su amada joven solo
Necesitaba estar a solas
Estaba nervioso pero feliz, de pronto vio como una joven rubia con un vestido celeste se iba acercando a la puerta, llevaba el cabello suelto y sus convers color rosa pastel que hacían juego con su tolero rosa que llevaba encima de su vestido
Era hermosa
-Arnold –Susurro al mirarlo
-Hola Helga –Se acerco y le entrego un ramo de rosas del color de su suéter.
Ella sonrió
-No debiste
-Yo creo que si –Dijo mirándola con adoración -¿Vamos?
-Si
Ambos caminaron hacia la casa de la rubia pero Arnold se detuvo en el parque -¿Apeteces un helado Helga?
Arnold lo miro –Bueno yo…
-¿De chocolate?
Helga lo miro con ternura –Bueno
Arnold la sentó en una banquita y corrió por un helado
-No te merezco Arnold
Lo miro en la distancia, cuando de pronto le llego un mensaje
"Deja de tenerte lastima tu misma, los demás no lo hacemos, vive y disfruta del amor de quien amas, te lo mereces.
Phoebe"
-¿Phoebe? –Sonrió con melancolía –Pese a todo…también me has perdonado ¿Enserio?
"Si" llego un mensaje nuevo con esa simple palabra
Siempre había pensado que Phoebe le leía la mente.
Sonrió feliz mientras Arnold volvía con dos conos, era momento de dejar todo atrás, de mostrarse como era realmente.
-Gracias Arnold
-Por nada Helga –Sonrió con amor, ella podía notarlo
-Arnold hay algo que….
-Helga quiero decirte algo primero –Dijo el rubio adelantándose –Realmente sabía que eras tú siempre lo supe
Helga se sonrojo – ¿No te engañe ni por un minuto?
-La verdad es que no –Rio por lo bajo –Se cómo eres y que locuras puedes llegar a hacer, debo confesar que esperaba que abandonaras la idea mala fuese la que fuese
-¿Por qué no te negaste?
-Por ti, y también por Gerald
-¿Por qué no me dijiste?
-Planeaba hacerlo en la cita siguiente como habíamos quedado pero paso todo lo demás y bueno…yo realmente quiero decirte que me gustas mucho Helga
La rubia se sonrojo nuevamente
-Arnold yo…
-Helga quiero ser tu novio, quiero que me des el honor de amarte y de que tú me ames cada día mas, se que lo haces por lo que hiciste, digo ¿Quién daría su vida si no es por amor?
-Un poco de modestia no te vendría mal Arnoldo –Dijo fingiendo molestia
-No lo creo
-Has cambiado
-Quizás, pero igual tu –Dijo acercándose -¿Me das el privilegio de amarte? Quiero amarte como eres, porque estoy enamorado de ti.
Helga bajo la mirada
-Sin mas mascaras –Levanto su mentón para que lo viera –Por favor
Helga sonrió de lado
-Bien…por supuesto que si quiero
Y eso era lo que quería escuchar, se acerco lentamente para besarla, un beso lleno de ternura, delicadeza, amabilidad, amor y todo lo que siempre hizo que su corazón brincara por el rubio que ahora la besaba.
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Rhonda sollozaba en su celda mientras se abrazaba a sí misma.
Sus padres sospechaban
Sus padres pudieron hacer algo
Sus padres pudieron huir con ella
Pudieron no dejarla sola
¿Por qué confiaron en los Johanssen?
Cuando murieron ni ellos ni los Shortman se hicieron cargo de ellas
¿Por qué entonces tanta confianza?
No comprendía
¿Por qué esperar a que los mataran?
No tenia lógica en su cabeza
Aunque debía admitir que con ello quedaba claro que su odio siempre estuvo mal enfocado
Y desperdicio mucho tiempo odiando a quien no se lo merecía, estuvo junto a alguien cuya su familia fue la causante de todo, todo por la ambición de derrumbar el vecindario.
Se encogió mas en su cama sintiendo como el peso de su error caía sobre ella.
