Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER XVIII: Inverosímil.
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Los siguientes días a aquella noche durmiendo juntos en el sofá fueron extrañamente complacientes para ambos. Es cierto que desde hacía varios días, ya no llevaban a cabo la guerra sin cuartel entre ellos, pero de igual manera había momentos de tensión, principalmente después de aquel beso dado para cubrir su mentira frente al padre de Ochako; pero cuando la mañana siguiente, Katsuki despertó con Ochako sobre su pecho, la sorpresa y calidez por igual, lo envolvió.
No se lo dijo, pero la mujer lo usaba como almohada, él no quiso moverse por ende, no hasta que ella despertara; mientras tanto, él siguió observándola dormir con tanta paz que por un momento, el dolor de cuello por dormir sobre el posa-brazos del sofá, le fue indiferente.
Los días siguientes a aquel, se desarrollaron con ambos desayunando juntos, un americano y un capuccino, tostadas francesas, a veces huevos revueltos o mermelada, dependiendo cuánto azucazúcarako necesitara en su sistema para iniciar en forma su día; el trayecto al trabajo disfrutando la compañía del otro, a veces sólo en silencio, otras escuchando quejas hacia la casera o alguna tontería entre ellos. Era extraño verse a sí mismo caminando junto a Ochako; nunca tuvieron sexo, sólo un beso compartido, pero de igual manera, sentía que su nivel de intimidad era tan profunda. Era la primera vez para Katsuki tener semejante conexión con alguien con quien no compartió cama…, en un sentido sexual, claro.
Esa semana, siguieron las cenas preparadas para sus cómplices y la maratón de películas de superhéroes; en pocos días, la idea de no estar sentados juntos en el sofá, viendo películas y escuchando las teorías de Ochako, parecía inaudito. Carajo, se había acostumbrado tanto a su presencia que le avergonzaba admitirlo.
Ella no era distinta. Ochako adoraba ver a Katsuki cocinando en el departamento, le gustaba oír sus músicas y verlo cantar por lo bajo, creyendo que ella no se percataba de ello. Ella fingía estar haciendo otras cosas, pero su atención siempre se la llevaba él.
Sonó Pink Moon de Tash Sultana y ella fue a su teléfono para ponerlo a mayor volumen, Katsuki la miró con curiosidad a lo que ella sonrió.
―Amo esa canción ―Dijo y cerró los ojos para mecerse en su sitio al compás lento de la balada.
Katsuki dejó lo que hacía para recostarse contra la mesada sin dejar de observarla, sencillamente no podía dejar de hacerlo, cruzó sus brazos sobre su pecho y frunció su ceño al ver allí, haciendo que su comedor dejara de portar aquel ambiente tan soso, por el sencillo hecho de tenerla a ella allí. Ochako notaba eso, sentía la mirada de Katsuki encima suyo, su corazón latía con mayor fuerza pero no dejaba de moverse. Le gustaba sentir su mirada en su cuerpo.
―¿Cómo bailas Pink Moon? Es deprimente. ―Katsuki dijo acercándose a ella.
Uraraka lo miró con una sonrisa entre burlesca y encantadora, tomó sus manos y las llevó sobre su cintura, entonces las pequeñas manos de la mujer viajaron a sus anchos hombros, acomodándose allí. Ante cada movimiento, ninguno dejó de observarse.
―No lo piensas, sencillamente lo sientes ―Dijo.
Katsuki odiaba bailar, él prefería sentarse a escuchar música, mover la cabeza o quizá el pie si sentía muy inspirado, tamborilear los dedos al compás, pero ¿bailar? Eso no era para él. Ochako lo tomaba de la mano y las depositaba en su cintura como si fuese lo más natural para ella; él no necesitaba otra invitación más que esa. Su cuerpo se mecía a su compás, sus ojos no se apartaban de los avellanos ajenos, fundiéndose en aquella mirada brillante y genuina.
Ochako llevó su cabeza hacia su pecho, él contuvo la respiración por un momento pero cuando ella comenzó a cantar la melodía 'cause I going to crazy again, él cerró los ojos. Ella lo tocaba y él parecía dejar el suelo por momentos, como si pudiese arrebatarle peso de su cuerpo. Así era Ochako, ligera, cálida.
El aroma a quemado fue aumentando y ambos se pararon al percatarse que la cena de su casera se estaba quemando. Katsuki la soltó para ir hacia la cocina y tratar de salvar la cena, escuchando a Ochako reír.
―¡Deja de reír, maldita sea! ―Bramaba Bakugo.
―Lo siento ―Dijo Ochako sin poder parar de reír. Él volteó a mirarla sin borrar la gracia de su rostro. Ambos echaron a reír.
¿Por qué todo parecía más fácil con ella?
No, I don't care, no I don't seguía cantando Tash. En verdad, nada le importaba.
Llevaron la cena a Shuzenji y a Asui, no tardaron demasiado, pero al regreso, vieron a Mina en la puerta de su departamento. Katsuki suspiró, sin duda su momento de tranquilidad, había cesado.
―Mina, ¿qué haces aquí? ―Preguntó Ochako al acercase a su amiga.
―Quería visitarles, vecinos ―Dijo la pelirrosada con una gran sonrisa―. Eijiro está en el departamento nuevo vaciando algunas cajas y nos preguntábamos si les gustaría acompañarnos a cenar.
―Quieres que te ayudemos a vaciar las cajas faltantes ―Simplificó Katsuki.
―¡Bakugo! ―Dijo Ochako en reprimenda.
―No les mentiré ―Mina se encogió de hombros―. Eijiro tiene muchas pertenencias y está por volverme loca.
―Bienvenida a la convivencia compartida ―Respondió Katsuki―. Ese idiota tiene un afán por coleccionar cosas.
―Dímelo a mí. Intenté aplicar las reglas de Marie Kondo pero definitivamente, Marie no tiene a un Eijiro en su vida. ―Respondió Mina llevándose una mano a su frente―. ¿Y? ¿Qué dicen? ¿O tienen planes juntos? ―Preguntó con ambas cejas levantadas.
Ochako se sonrojó violentamente y comenzó a negar. Claro, no tenían planes juntos más que fundirse en el sofá viendo la segunda película de The Guardian of Galaxy Vol. 2. Si tenía suerte, volver a dormir juntos en el sofá.
―Ve tú, yo estoy muy cansado ―Respondió sencillamente Katsuki pasando de las dos mujeres.
―¡No te olvides que el viernes es nuestra fiesta de bienvenida, Bakugo! ―Escuchó a Mina decirle pero no hizo mucho caso.
Ochako lo vio marcharse antes de seguir a su amiga hacia su propio departamento para ayudarla en su mudanza. Esa noche, Katsuki se dirigió a su cama y estuvo un buen rato dando vueltas sobre ésta; no durmió de inmediato, sólo se quedó allí recostado esperando que el sueño llegara. Carajo, quería que Ochako regresara pronto.
¿Desde cuándo se había vuelto tan posesivo? Desde siempre, pero ¿con Ochako? No le dio muchas vueltas al asunto, el sueño fue ganando y él quedó dormido un rato después. No escuchó la puerta abrirse ni sintió la mano de la castaña sobre su frente.
El viernes había llegado y con él, alta demanda que generaban los pedidos en Towers. Los platillos iban y venían, los chefs también. Bakugo supervisaba todo con la exigencia que lo caracterizaba, todos incluso Monoma estaba con órdenes hasta las narices, sin necesidad de molestar a nadie más.
Uraraka por su parte, terminaba el glaseado de los cupcake que le había solicitado Sato, tenía el teléfono en el bolsillo trasero de sus pantalones y sentía cómo éste vibraba molesto. Ella lo ignoró un buen rato hasta finalizar el pedido y entregárselo a Sato para llevarlo a la vitrina de postres en el restaurante. Sonrió a su superior cuando éste elogió su terminación y se marchó.
Fue entonces que ella, aprovechando que no tenía pedidos encima, se dirigió a los vestidores para revisar su teléfono preguntándose quién se enfrascaba tanto en llamarla de esa manera. Tomó asiento en uno de los bancos que contaba la pequeña pieza llena de casilleros y casillas para zapatos, entonces encontró cinco llamadas perdidas que Todoroki Shoto le había dejado.
―Oh, carajo… ―Susurró preocupada. ¿Por qué la llamaba? ¿Acaso sabía algo más? ¿Supo que su embarazo es falso? Las preguntas rondaban en ella, inquietándola a cada segundo. Su teléfono volvió a sonar con una nueva llamada entrante por parte del abogado. Aspiró profundo para contestar―. ¿Todoroki-san?
―Disculpa la insistencia, Uraraka-san ―Habló el hombre con su neutralidad característica―, pero necesito que salga de su puesto de trabajo. No involucre a Bakugo.
―¿Cómo? ¿Se refiere a…?
―Sí, salga de allí. La estoy aguardando en la esquina, estoy en un Toyota Corolla negro.
―Disculpe, no puedo hacer eso. Estoy en horario de trabajo y…
―Ya estamos al tanto de su tregua con Bakugo Katsuki ―Interrumpió el hombre. El calor dejó de habitar su cuerpo cuando oyó a Shoto decir esas palabras. Maldijo en su interior y cerró los ojos para pensar un momento―. No le recomendaría prolongar ésta situación.
Ochako aceptó y cortó la llamada. Apretó con fuerza su móvil entre sus manos, haciéndose un ovillo allí mismo, intentando recuperar el calor que abandonó su cuerpo ante aquella noticia. Todo se acabó, todo su plan se vino abajo y ella acababa de perder todo por lo que trabajó tanto. Sus ojos comenzaron a humedecerse y las ganas de llorar se congregaron en su garganta.
―Tú te metiste en esto ―Se dijo a sí misma limpiándose los ojos―, así que, tú podrás salir.
Se puso de pie y recogió las fuerzas inexistentes en ella para salir de allí, verificó que no hubiese nadie merodeando por allí, especialmente Bakugo, no podía simplemente desaparecer en horario laboral y tampoco podía decirle sobre la llamada reciente por pedido del abogado. ¿Y si lo hacía? ¿Si se lo contaba? No estaría sola, pero en esos momentos, su vida estaba en las manos de Todoroki Shoto, no podía arriesgarse. Más.
Se recompuso como pudo y dejó las instalaciones de su trabajo para buscar el vehículo de Shoto; tal cómo se lo había explicado, en la esquina aguardaba un vehículo negro de polarizado bastante oscuro pero a pesar de eso, reconoció al hombre de traje tras el volante. Ella abrió la puerta del copiloto y él le pidió que ingresara, no se animó a negarse.
―Yo… ―Inició Ochako sin saber muy bien qué decir. El vehículo se puso en marcha para su sorpresa―. ¿A dónde vamos?
―Bakugo Shoen-san quiere verla ―Respondió sin mirarla.
―¿La abuela de Bakugo? ―Shoto asintió.
Así de jodida estaba que hasta la dueña de su departamento quería verla. ¿Para qué? Seguramente, para darle de baja ella misma, burlarse de paso (imaginaba que sería una versión mayor de Bakugo Katsuki, nada más). Sólo esperaba que no presentaran denuncias. Su rostro se tornó pálido ante aquella idea, después de todo, estaba con el abogado de la mujer.
―Relájese, no la haremos desaparecer si piensa eso. No somos yakuzas.
―No pensaba eso… Precisamente ―Respondió. Aquella idea terrorífica, ¿por qué lo mencionó? Ochako se hacía demasiadas preguntas que no venían a cuento, su estómago se revolvía en su interior y la respiración comenzó a fallarle―. ¿Puedo abrir la ventanilla?
Shoto asintió y Ochako bajó el vidrio de su lado intentando recuperar un poco la compostura. La castaña comenzó a normalizar su ritmo cardiaco con el aire que soplaba su rostro, relajó su cuerpo. Observó por el retrovisor junto a ella el rostro tan calmo del abogado, era como una máscara de tan inexpresivo que podía llegar a ser.
Comprendía por qué Bakugo lo llamaba mitad-mitad, sin embargo, aquella variación en sus cabellos y en sus ojos le daban un aire más interesante. De hecho, todo en él gritaba "misterio", el vehículo del año, el traje oscuro, su mirada perdida y el aroma a fragancia costosa.
―Conoces a Midoriya, ¿no? ―Inquirió Shoto para su sorpresa.
―Sí, frecuento su cafetería cuando tengo tiempo ―Respondió Ochako sin mirarlo―. Él te habló sobre mí, recuerdo.
―No le di muchas alternativas.
―Tú no eres de los que dan muchas alternativas ―Ochako sonrió a Shoto y éste sólo asintió para continuar su vista al frente, sin expresión alguna―. ¿Eres amigo de Deku?
―No sabría decir si la palabra amigos sea lo que nos vincula ―Respondió―. Hice las transferencias para la compra de su cafetería.
―¿Su cafetería?
―Su madre era la dueña. Por cuestiones de… Tiempo, nos vendió por completo. Él sigue trabajando allí.
―Comprendo ―Respondió Ochako―. Supongo que le debo una visita. La última vez que lo vi, le pedí información sobre Bakugo.
―La última vez que lo vi, le pedí información sobre ti.
Ochako se encogió de hombros.
―Deberías visitarlo ―Dijo Ochako mirándolo. Él correspondió por un momento a aquellos ojos avellanos. Eran tan sinceros, como los de Izuku.
Apartó su vista.
―No fui muy cordial con él.
―Bueno, siempre habrá una siguiente ocasión para serlo, ¿no?
Estaba tan ensimismada en la mirada distante y triste que poseía el hombre junto a ella, que no se percató que estaban llegando a una prominente mansión de estilo victoriano, contrastando enormemente con los altos edificios que se cimentaban bajo la colina en donde se cernía, cual escultura colosal. No fue sino hasta que los amplios portones de metal revestidos con enredaderas, se abrieron ante ellos.
Uraraka observaba todo con magnificencia, todo era tan lujoso y ostentoso que no cabía en su sorpresa de encontrar tanta belleza en un predio tan grande. La fuente en el jardín, las estatuas blancas, el personal de mantenimiento de la casa, todo parecía sacado de alguna película europea. Bajaron del vehículo y Shoto la guio hacia un solario lleno de plantas y en donde el sol ingresaba tan sutilmente, iluminando todo de manera cálida.
Ella tomó asiento en uno de los sillones de hierro perteneciente al juego de tonos blancos que contaba el sitio, había otros tres asientos libres y una mesa redonda baja en medio. Ella miraba a su alrededor, incapaz de creer que tanto lujo se congregara en un solo sitio. ¿De verdad Bakugo pertenece a una familia tan adinerada? Ahora comprendía por qué estaba tan molesto al tener su cuenta bancaria congelada.
Shoto dio una pequeña reverencia cuando una mujer mayor se acercó a ellos, Ochako se puso de pie e imitó al abogado cuando la vio. Bakugo Shoen llegó hasta ellos con paso firme a pesar de emplear el bastón a su lado, tenía una mirada intensa, a pesar de los años encima, su belleza seguía presente, la mujer era dueña de una tez blanca, ojos rubíes y cabello corto de hebras blanquecinas, vestía un sencillo vestido ligero para el clima.
―Uraraka Ochako-san ―Habló la mujer―, sólo he visto tu foto en el expediente del contrato que Shoto-kun me hizo firmar. Eres muy bonita.
―Gracias, igualmente, Bakugo-san ―Respondió Ochako, seguía de pie frente a la mujer, sus piernas comenzaron a temblarle. Shoen la miró un momento y sonrió por lo bajo para invitarla a sentarse nuevamente.
―Te llamaré si necesito algo más, Shoto-kun ―Dijo Shoen y su abogado se retiró con una reverencia. Las dos quedaron solas en aquel solario sin decir mucho por un momento―. Bien, creo que ya sabes por qué estás aquí. ―Ochako asintió sin poder mirarla, tenía los puños cerrados sobre su regazo, intentando contener el temblor en su cuerpo―. Mi pregunta real no es saber por qué lo hiciste, Uraraka-san… Si no, ¿cómo conseguiste llegar a un acuerdo con mi nieto?
Ochako levantó su mirada hacia la mujer mayor sin comprender muy bien su pregunta, ella lo notó.
―Conozco a Katsuki a la perfección; sé que cuando algo no sale como quiere, hace lo que sea para conseguirlo ―Dijo―, he esperado que me lleguen denuncias por parte tuya ante algún tipo de maltrato y más aún al saber que terminó siendo tu jefe. Qué extraño mundo, ¿no? ―La vio sonreír―. Pero en lugar de eso, la idea de que Katsuki te dejara vivir con él me es… Inverosímil.
―Ambos teníamos intereses en común ―Respondió Ochako pero Shoen echó a reír con fuerza, provocándola encogerse en su sitio.
―Oh, querida… No conoces a Katsuki, no en forma ―Dijo la mujer mayor―. Créeme. Lo hemos criado como se cría a un empresario despiadado, quien toma lo que necesita al precio que sea; la idea es que así fuese su destino pero él insiste en seguir jugando con cuchillos y hacerse llamar chef. ―Ochako frunció sus labios al escuchar el modo en que se refirió a su jefe―. Él tiene tanta paciencia como tú lo tienes de tonta. Katsuki no aceptaría ese trato si sólo fuese una ganancia a medias.
―Dice que lo conoce en forma ―Respondió entonces Ochako―, pero no sabe por qué aceptó eso. ¿No le parece que está lo suficientemente desesperado como para hacerlo?
Shoen sonrió sin dejar de mirarla. Había tanta fuerza en sus ojos, la misma que Katsuki poseía en su mirada pero había más.
―Es cierto, he puesto en apuros a mi nieto para que dejara de perder el tiempo en su tontería de cocina, pero en lugar de eso, tú le has ofrecido un trato ―Siguió hablando―. Él te ha hecho la vida imposible, lo sé, es de los que se esmeran en conseguir lo que quieren bajo presión; sin embargo, el no conseguir la totalidad del departamento, me sigue siendo curioso. Al parecer, él te respeta, Uraraka-san.
―No iba a perder mi departamento sólo por su riña familiar ―Respondió Ochako. El miedo que sentía hacia Bakugo Shoen fue disipándose a medida que la escuchaba hablar. Y la mujer lo notaba―. He hecho un trato de Bakugo mientras ahorro para conseguir un departamento mejor. Él estuvo de acuerdo con eso y compartimos piso desde entonces.
―Me sorprendes, Uraraka-san ―Dijo y Ochako no disimuló la sorpresa de escuchar esas palabras―. Vienes de tan lejos, tienes tantos sueños puestos aquí en Tokio, consigues un departamento como el Meraki's Place y aun así, teniendo tanto qué perder, decides poner todo en riesgo por un hombre.
Ochako se sonrojó violentamente, Shoen sonrió al verlo.
―Además, mentiste sobre tu embarazo, ¿no es así? ―Ochako volvió a bajar la vista a sus manos, estaba tan avergonzada―. ¿Tanto amas a mi nieto?
―¡Yo no…! ―Levantó su vista para contradecir a Shoen pero cuando se encontró con los rubíes que poseía la mujer en su mirada, se congeló. Cerró los ojos y trató de controlarse, Shoen intentaba ponerla nerviosa, intentaba desarmarla y ella no podía dejar que eso sucediese. Había convivido con Katsuki el tiempo suficiente como para saber cómo lidiar con un Bakugo. Suspiró―. El sentimiento que guardo por su nieto es admiración y confianza. Creo que es una persona con mucho potencial que luchó tanto por llegar a ser lo que es. Si usted no puede entenderlo, es otra historia, pero creo que en lugar de conseguir algo de él, sólo lo está alejando más. Si sigue con la misma duda de hace un rato, sólo puedo decirle que se cazan más moscas con miel que hiel, Bakugo-san. ―Ochako se puso de pie bajo la atenta mirada de la mujer―. Dejaré las instalaciones cuando usted lo crea conveniente, no pienso ir en contra suya, pero no dejaré Tokio. Su nieto me ha enseñado lo que es la perseverancia, así que pienso continuar poniéndolo en práctica.
Dio una reverencia de respeto para marcharse por donde recordaba era el camino hacia la salida de aquella mansión. Estaba tan molesta que no sintió el malestar en su estómago, no hasta llegar al jardín del sitio y detenerse. Una oleada de calor subió por ella. No pudo contener las arcadas que sintió, ni el jugo gástrico subiendo por su garganta. Terminó vomitando en el jardín del sitio.
―¡Uraraka-san…! ―Shoto se detuvo a medio camino al verla vomitando en el jardín, no pudo disimular el desagrado de la escena―. ¿Le gustaría pasar al baño?
Ochako se recompuso como pudo, aún sosteniéndose sobre sus propias rodillas para no caer al suelo, se limpió el hilo de saliva de su boca, tenía los ojos húmedos por las arcadas pero terminó asintiendo al hombre. Después de enjugarse la boca y tomar un medicamento que asentara su estómago, Todoroki la llevó de regreso a su trabajo. Tenía el teléfono entre sus manos y diez llamadas perdidas de su jefe. Se encogió de hombros, sentía que un golpe más y ella acabaría desmayada en el suelo.
―¿Puedo preguntar desde hace cuánto lo saben? ―Inquirió Ochako cuando estaban a mitad de camino.
―Desde su escena fuera de Towers, con el oficial ―Uraraka se recompuso de inmediato al escuchar aquello. Miró a Todoroki con sorpresa―. Tengo conocidos viviendo en Meraki's Place, comentaron haber visto a Bakugo rondando el complejo. Tenía que asegurarme, así que fui a investigar su puesto de trabajo cuando presencié su discusión.
―Dios… ―Ochako no cabía de la sorpresa, se llevó ambas manos a su frente―. Pero, ¿por qué esperaron tanto?
―Shoen-san quiso tomarse su tiempo investigando un poco más.
―¿Investigando qué?
―No es asunto suyo.
Uraraka dejó escapar un gran suspiro de su interior. Tenía más preguntas que respuestas pero definitivamente, Todoroki Shoto no sería la fuente en donde obtendría lo que buscaba.
―Nadie le había hablado de esa manera a Shoen-san ―Comentó Shoto cuando estaba llegando. Ochako no se molestó en mirarlo, aún seguía asimilando la información.
―¿Crees que me demandarán? ―Preguntó y él la miró con una ceja enarcada.
―Vomitaste en su jardín.
―Fue por los nervios.
―Puedo esperar lo que sea de los Bakugo ―Ochako se encogió de hombros, aquello no se escuchaba muy alentador―, pero no creo que te demanden, no después de hablarle de esa manera. Creo que hasta te ganaste su respeto.
―¿Conservaré el departamento entonces?
―Yo no dije eso.
Ochako sólo se llevó sus manos a su frente. De verdad estaba jodida.
Llegaron al restaurante y Ochako se despidió de Shoto para descender de su vehículo. Seguía con su filipina blanca y el estómago un poco revuelto aún, sólo pedía no vomitar en su casillero, ya perdió suficiente dignidad por un día. Ingresó por la puerta trasera hacia los vestidores para cambiarse los zapatos y regresar así a su puesto de trabajo cuando la puerta del cuarto se abrió y vio a un muy enojado Katsuki.
―¿Dónde mierda estabas? ¡Estamos apabullados de trabajo, Cara Redonda! ―Lo escuchó decir sin una pizca de gracia en su voz. Ella lo miró un momento y no pudo sino recordar las palabras de Shoen.
―¿Tanto amas a mi nieto? ―Uraraka bajó la vista a sus manos hechas puños. No sabía cómo responder a esa pregunta.
La mano de su jefe fue hacia su brazo pero no se animaba a verlo a los ojos. Sintió la otra tomando su mentón para levantarlo un poco y hacer que lo mirase. No podía ocultar la humedad en sus avellanos orbes.
―¿Qué sucedió? ―Preguntó directamente. Él la conocía tan bien que sabía cuándo algo la atormentaba y en verdad estaba aterrada. Ella no pudo contenerse más y rodeó el cuerpo de Katsuki con sus brazos, abrazándolo. Él no se opuso al taco, al contrario, sintió una de sus manos tras su cabeza y la otra en su espalda, apretándola contra él, dándole apoyo―. ¿Tan malo es?
―Ya lo saben ―Dijo ella tras un momento. Él no supo a qué se refería así que ella se alejó un poco para mirarlo a los ojos―. Todoroki-san me llamó hace un momento, me esperaba fuera del trabajo, me dijo que ya estaba al tanto de todo.
―Carajo… ―Katsuki tenía el ceño fruncido y sentía cómo su cuerpo se tensionaba bajo su tacto―. ¿Qué más te dijo?
Ochako se encogió de hombros.
―Me llevó junto a tu abuela.
―¡¿Qué?! ―La soltó un momento y se volteó para ver que la puerta estuviese cerrada, se giró a verla nuevamente―. ¿Cómo que te llevó junto a mi abuela? ¿Ella…?
―Me llevó a su casa y me habló sobre nuestro acuerdo, también está al tanto de mi embarazo falso ―Ochako volvía a repetir las palabras de Shoen en su mente, haciéndola sonrojar de la vergüenza. Apartó su mirada de Katsuki, no podía verlo a los ojos―. Es posible que nos desalojen, así que no hay mucho por hacer. Le dije que me enviara la notificación antes de hacerlo, quiero tener tiempo para juntar mis cosas y buscar dónde quedarme.
Ochako dio una pequeña reverencia a su jefe para pasar de él con intenciones de dejar la sala, sin embargo sintió cómo éste tomó su mano para impedírselo. Ella seguía sin querer mirarlo.
―Todo esto es mi culpa.
―Era un riesgo que asumí el día que te presenté el acuerdo ―Respondió Ochako. Él se volvió hacia ella―. Lamento salir en horario de trabajo, Chef. Me pondré a trabajar de inmediato.
Él no la soltaba, ella no sabía por qué insistía.
―No vas a perder tu departamento ―Dijo él antes de dejarla ir. Ochako lo vio con preocupación―. Hablaré con mi abuela y…
―No ―Él no ocultó la duda en su mirada―. No lo hagas. Empeorarás las cosas.
―¡No voy a dejar que te haga algo más! ―Explotó Katsuki sorprendiéndola―. Estamos juntos en esto, Uraraka. No pienso dejar que lo hagas sola. Tú sólo preocúpate por la fiesta de tu amiga de ésta noche; no nos quitarán el departamento.
Katsuki pasó de ella y abrió la puerta para salir. Ochako quedó un momento mirando a la nada. Estaba al borde de perderlo todo, pero por muy extraño que suene, escuchar a Katsuki de esa manera, le devolvieron las fuerzas que había perdido. Miró por donde su jefe se marchó. Sí, estaban juntos en eso.
Bakugo dejó a Ochako en el vestidor cuando se marchó a su oficina, cerró con seguro la puerta y tomó su teléfono para marcar el número de su madre. No podía creer que la vieja se había atrevido a hablar directamente con Ochako, sin duda era un mensaje para él, de que no importaba con quiénes hicieran tratos, ella siempre estaría por encima de todo y en parte, sabía que era cierto, pero Uraraka era inocente. No dejaría que le hicieran algo, carajo.
Tras varios tonos de espera, su madre contestó.
―¡¿Qué mierda les sucede para secuestrar a Ochako de su puesto de trabajo?! ―Fue lo primero que dijo Katsuki.
―¡No me grites al oído, pendejo! Sigo siendo tu madre, animal ―Respondió Mitsuki a los gritos igual que su hijo―. No supe que Shoen llamó a Ochako, no hasta que la vi vomitando en el jardín.
―¿Qué carajos? ¿Por qué?
―Estaba muy nerviosa, no la culpo. Sabes cómo puede ser de intimidante tu abuela ―Respondió y eso causó aún más rabia en Katsuki. Bakugo se llevó sus dedos a su tabique, intentando controlar las ganas de tirar su teléfono contra la pared―. Escucha, no le quitará su departamento si eso es por lo que llamas.
―¿Qué clase de trampa es esta? ―Inquirió molesto―. ¿Por qué no lo haría?
―Hablé con tu abuela. Quiere proponerte un trato temporal.
―Lo sabía…
―Quiere que pases tu cumpleaños con nosotras en casa ―Dijo y Katsuki frunció su entrecejo molesto.
―¿Sólo eso? ¿La dejarán en paz si voy?
―Sólo si ella te acompaña.
―¿Por qué haría algo así? ¡Dejen de involucrarla, carajo!
―¡Eso hubieras pensado tú antes de obligarla a vivir contigo! ―Respondió su madre molesta―. Creí que ya no eras un niño pero actúas como si aún tuvieras quince años, Katsuki. Además, no estás en posición para exigir nada. ¿Quieres protegerla de tu abuela y mantener su departamento? Entonces deja de zapatear y acepta las condiciones.
Sin esperar contestación por parte de su hijo, Mitsuki colgó la llamada dejándolo con el teléfono en el aire. Maldijo todo lo que conocía, apretó su teléfono con fuerza. ¿Qué mierda tenía en su cabeza su abuela para querer involucrar a Ochako de esa forma? ¿Quería burlarse de él acaso? ¿Chantajearlo quizá? Todo parecía una maldita broma.
Todo parecía estallar frente a él.
