Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.
SasuHina Month 2020
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Día 17, entonces la noche cayó.
En lo alto del cielo azul, el Sol la iluminaba con sus rayos. En sus manos llevaba un bento que había hecho especialmente para él. El verde pasto se cernía sobre sus sandalias ninjas. Apretó los dos almuerzos preparados contra su pecho y suspiró. Cerró los ojos, permitiéndose pensar en él mientras caminaba. Aún tenía un tramo considerable por recorrer.
Sasuke Uchiha siempre fue un personaje común en su vida, desde que recordaba. Un amigo. Si lo pensaba, en su mente tenía vagos recuerdos de un niño alegre, que una vez le había dicho lo divertido que era jugar con ella sin que se le pegara. E incluso, sí se esforzaba, lograba recordar a Mikoto Uchiha, haciendo una de sus visitas a su madre en los territorios Hyuga con Sasuke. Aunque la mayoría de veces, ellas eran quienes iban a la zona Uchiha. Después de todo, un lazo de amistad no sólo existía entre ellos, sus madres tuvieron uno propio antes. Hasta que un simple día, no ocurrieron más. No fue el hecho del fallecimiento de su madre, pues tras eso su padre aún le permitía visitar de vez en cuando a su único amigo. Se debió a esa noche fatal, en la que todo el clan Uchiha fue masacrado. A excepción de Sasuke.
Hinata comprendió que él ya no era el mismo, y jamás lo volvería a ser. Lo supo cuando frente a las tumbas de los Uchiha el la miró. Los ojos que habían llorado ya no lo hacían. En cambio, en el rostro infantil una mueca común se transformó en otra cosa. Un rostro que en aquél momento le fue indescifrable junto a sus puños cerrados. Su mente infantil sólo lo interpretó como dolor, nada más. Con el pasó del tiempo, mirando hacía atrás como ahora, había descubierto que desde esa vez, tal vez la semilla del odio ya había sido plantada.
Comenzó a preocuparse cuando entre clases, como en silencio solía sentarse a su lado o viceversa, él ya no hablaba. En lo absoluto. Le fue repentino y como un balde de agua fría no sentir la conversación llevada por el niño orgulloso. Intentó entenderlo, después de todo, ya no podía hablar sobre lo talentoso que era su hermano, sobre si su padre no le había hecho algun cumplido otra vez, o sí su madre le preparó su desayuno favorito, o simplemente lo fastidiosas que eran las demás niñas. Todo se detuvo sin más. Los pobres intentos de las otras niñas sí antes eran difíciles, ahora se habían vuelto imposibles. No sólo por su actitud, sino que cargaba consigo un aura impenetrable. Una coraza inquebrantable era lo que había creado. Sus penosos intentos de sacar una conversación a flote eran inservibles. Dejando de intentarlo por el momento, conformándose con sólo sentarse a su lado. Después de ello, las vagas conversaciones que sostenían eran siempre iniciadas por ella, con dificultad.
Sólo hasta unos cuantos meses antes de la asignación de equipos, él le había hablado primero, en un susurro, mientras Iruka enseñaba. Los vengaré, le dijo. Tan bajo que creyó que se hablaba más a sí mismo que a ella. Pero cuando volteó, entendió que quería que lo supiera, que lo escuchara. Los ojos negros mostraban odio, determinación, fuego. Su labio tembló ante la imagen, sólo asintiendo, insegura de qué contestar. En sus ojos no había rastro alguno del pequeño que una vez fue.
Una vez, casi inocentemente, había creído que con su equipo, con Naruto Uzumaki en el, podría encontrar algún tipo de luz. Una salida de tanto calvario, de ese circulo vicioso de rencor. Ella una vez se sintió irradiada por la luz que despedía Naruto. Quizás con él sucedería lo mismo, se dijo. Y lo creyó así un tiempo. Sin embargo, tras el encuentro con esa persona, todo progreso que ella notó, había desaparecido. Como tantas veces, como se solía reunir con él en el silencio del bosque (para entrenar su taijutsu con ella decía, pero para Hinata la mejor parte era cuando descansaban, y hablaban), las sonrisas de lado que recibía y los pequeños cumplidos a su manera, se extinguieron. En cambio, los golpes parecían más duros, sus ojos negros dejaban de mirarla a ella y se concentraban en nada más que derribarla para volver a empezar, quisiese o no. Porqué debía hacerse más fuerte sí quería cumplir su objetivo, decía. No es suficiente, decía. En su blando corazón, dolía. De sólo pensar en el niño con el cual jugaba, en su sueño de superar a su hermano, en el amor y admiración que veía en sus ojos cuando hablaba de él, dolía. Dolía verlo cada vez más sumergido en odio y rencor, en tantas emociones negativas que estaba segura sólo lo comerían vivo. Pero Sasuke Uchiha no lo olvidaría jamás, y comenzaba a aceptarlo.
Con repetidos pestañeos volvió a la realidad. Estaba casi en los limites de Konoha. Adentrándose entre los árboles, lo pudo divisar al fin. Sentado bajo un árbol, respirando agitadamente, estaba Sasuke. Se acercó y tomó asiento junto a él.
―Bu-buenos días, Sasuke-kun. ― Le sonrió suave. No la miró. ―Tra-traje el almuerzo. ―Como tan comúnmente hacía. Porqué sabía que él comenzaba a la mañana y no paraba para almorzar correctamente. Con cuidado los dejó sobre el césped, abriéndolos. El aroma de la comida fue liberado, el estómago de Sasuke gruñó. Con una sonrisa le entregó el suyo.
―Hmp. ―El azabache lo tomó, comenzando a comer. Ella hizo lo mismo, aunque había preparado una ración más pequeña, ya había almorzado después de todo. Lo miró de reojo. Mientras comía, aún se podían apreciar un par de gotas de sudor. A un costado, había vendas esparcidas. Su entrenamiento estaba mas exhaustivo que nunca. Tragó duro cuando recordó que cuando terminaran, entrenaria taijutsu con ella. Ahogó un suspiro y agradeció siempre llevar consigo su pomada especial.
Cuando terminó y dejó el bento en el pasto al igual que ella, esperó que se levantara y dijera empezemos. Pero no ocurrió, se quedó allí sentado, con los codos sobre las rodillas encogidas, con la mirada en frente. Fija en algo que ella no veía.
―¿Sa-sasuke-kun?
―Me iré de la aldea. ―Fue claro. Los ojos blancos se abrieron en sorpresa. Llevó una mano a su boca. ―Hay un hombre. Me dará lo necesario para cumplir mi venganza. ―Fue sincero, diciendo lo justo. Entonces volteó a verla.
―Pe-pero serás considerado un renegado de la aldea, Sasuke-kun. ―Intentó persuadirlo todavía con una mano sobre su boca. Mordía su labio inferior. Estaba consciente que Sasuke no pidió su opinión, que había tenido suficiente con que le dijera. Pero su corazón que latía hablaba también, y no lo quería dejar ir.
―No me importa. ―Los ojos blancos desembocaron en los ojos negros. Tan opuestos. Pero estaba ahí, con esa persona que conocía desde que tenia memoria. Haciendo honor de ello, con tantos años, sabía que no cambiaría de parecer con cualquier cosa que le dijese. Eligió su camino. Uno oscuro, que traeria consecuencias. No podría evitarlo aunque lo desease a los puños, él la superaba ampliamente. Suspiró, alejando la mano de su boca para apretar sus puños contra el verde césped.
―¿Cuándo? ―Preguntó lo más firme que pudo. Él pareció levemente impresionado por el cambio de actitud. Recobró su postura y miró al frente.
―Aún no lo sé. ―No pudo evitar hacer una mueca. Desde ese día, la incertidumbre iba a invadirla. ¿Un simple día Sasuke ya no estaría allí? Sus labios se apretaron. Se había vuelto usual para ella reunirse con él con la excusa de entrenar, aunque para ella sólo significaba mantener ese lazo que sentía cuándo estaba con él como ahora. Más que entrenar, disfrutaba los descansos, o los momentos antes de irse en los cuales observaban en silencio el frondoso bosque. Sasuke volvió a mirarla, ella lo hizo también, confundida. En el rostro del azabache, se mostraba una sonrisa ladina.
―Descuida. Me despediré, Hinata. ―Había sonado tan confiado, seguro. Y estaba en lo correcto, eso pensaba. Que sólo desaparecería sin más y esa unión especial que sentía con él se volvería difusa. Pero al ver esa sonrisa de su parte, supo que él también sentía ese lazo, tanto como ella. Con las mejillas inevitablemente sonrojadas le sonrió. Temió al sentir un par de lágrimas formarse en las esquinas de cada ojo. Con el dorso de su mano las limpió antes que siquiera rodasen por su rostro.
―¡E-eso espero, Sasuke-kun! ―Le sonrió entonces plena. Un día no estaría más, porque habría siguido su camino. Bueno o malo, era uno que él eligió. Ella tenía que seguir su propio camino también. Consciente que cualquier negativa ante la ruta que seguiría sería en vano, decidió apoyarlo en silencio. ―Sí Sasuke-kun... ―Murmuró apartando la vista. ―Sí Sa-Sasuke-kun se va sin des-despedirse, no lo perdonaré.
Tras eso, lo miró fijo. La sonrisa que él llevaba solo se ensanchó. Entonces él se acercó y posó su áspera mano sobre su mejilla, sintió el calor subir por todo su rostro. Con su pulgar, limpió una lágrima que había escapado de su conocimiento. Por un momento se paralizó, el mundo dejó de girar. Sólo era él con una mano en ella. Hinata apretó nuevamente sus labios cuándo él apartó su mano y miró otro lado, ¿eso era un sonrojo?, se preguntó al ver un atisbo de rosa en el rostro del azabache. De todas maneras, la tierra volvía a girar.
―Tonta. ―Lo oyó farfullar. Colocó un mechón de cabello tras su oreja, llevando sus piernas contra su pecho. Cerró los ojos sintiendo la cálida brisa. No estaba segura sobre cuanto tiempo habían estado así. Pero el Sol comenzaba a ocultarse, la noche se avecinaba. Abrió sus ojos perlados. El cómodo silencio que se instauró entre ellos era lo justo para disfrutar de la vista. De cierta forma se sentía ligero, aunque no había aceptado del todo la decisión de Sasuke, tenía su apoyo. Y él lo había entendido. Entre ellos siempre había un entendimiento silecioso. Cuándo la calidez común que sentía en su pecho al pensar en ello empezaba a invadirla, recordó algo.
―Naruto-kun se pondrá muy triste.
―Tsk.
Ambos, regresando la vista al frente, fueron testigos del Sol ocultándose con todo su esplendor entre los grandes árboles a su alrededor. La noche caía.
Unos días después de esa conversación, Hinata se encontraba en su habitación con el piyama puesto. Sentada en su cama, cepillaba su cabello. Vagamente pensando que tal vez podría dejarlo crecer un poco más. Bostezó. Estaba cansada, ese día después de haber hecho una pequeña misión con su equipo había ido a entrenar con Sasuke. Sasuke.
Sin pensarlo llevó una mano a su pecho. A pesar de que en su niñez pensó haber desarrollado un flechazo por el Uzumaki, sus fuertes latidos por Sasuke le habían demostrado que no. Lo que su corazón había desarrollado por el Uchiha lo sentía cada vez más fuerte incluso, creciente. Quizás fue por conocerlo de tanto tiempo, o sólo el hecho de convivir continuamente. No lo sabía. Lo único que estaba segura, era que Sasuke significaba más aparte de un simple amigo. Suspiró al recordar la decisión que había tomado. De repente, alejandola del rumbo que tomaban sus pensamientos, oyó un sutil golpeteo en su ventana. Dejó el cepillo y con cuidado se acercó a ver. El aire escapó de sus pulmones, apresurándose a abrir la ventana. Allí estaba Sasuke. De un saltó, entró a la habitación, aunque Hinata quiso avergonzarse por su ropa, algo captó su atención. En la espalda del pelinegro había una mochila.
―Sasuke-kun. ¿Qué...?
―Hinata. ―La cortó. ―Me voy. ―Con sólo oír esas palabras, su labio inferior tembló, sus hombros se tensaron. Se pensó lista, pero al parecer se había equivocado. Decirle adiós por quién sabe cuanto tiempo, no se veía tan simple ahora. Bajó la mirada, y apretó los parpados con fuerza. No quería llorar, pero sintió que las lágrimas no tardarían en aparecer, no podía evitarlo. El temor por él la invadió.
―Y-yo... ―De pronto, pudo sentir como la rodeaba con sus brazos. Un abrazo firme. A pesar de que sus ojos se abrieron con sorpresa, y las lagrimas acumuladas cayeron manchando su ropa, no la soltó. Al instante devolvió el abrazo, cerrando sus puños sobre su espalda. ―Ten cuidado, Sasuke-kun. ―Le susurró. ―P-por favor.
Sintiendo cómo asentía con la cabeza, se separaron lentamente. Con el rostro todavía manchado por las lágrimas derramadas, lo miró. Los ojos negros ardían en determinación. Había un objetivo fijo en ellos.
―Cuando lo logre ―Habló Sasuke, ella comprendió a qué se refería. Le hablaba con la mirada seria, sin apartar la vista de los ojos blancos, para que supiera que hablaba con toda seguridad. Como ese día. ―, volveré por tí.
Hinata percibió a su latir volverse imparable, descontrolado, casi frenético. Con las mejillas teñidas de rosa, limpió su rostro y sonrió. Lo que había dicho era una declaración que sería respondida con su mismo peso. Él lo entendería, así como ella lo entendió.
―Te es-estaré esperando, Sasuke-kun.
Lo vió darse la vuelta para salir por la ventana, sin mirar atrás. Con las manos apretadas sobre su pecho, Hinata observó el emblema Uchiha desaparecer en la oscuridad de la noche.
