Anya y Mercutio miraban la Fortaleza Rosen desde la playa, a salvo. Las antorchas avanzando hacia la fortaleza, con los pasos sincronizados de los Valatores, parecían una visión de una pesadilla; Intuneric nunca había sido invadido por esa cantidad de mortales y aunque los hermanos eran valientes y sentían el peligro muy lejano, no podían evitar sentir una incómoda sensación que no sentían desde hacía cientos de años: miedo...pues aunque se les conocía como seres inmortales, incluso esa mortalidad se veía amenazada cuando los exponían al sol o una estaca de espino atravesaba su pecho, justo donde estaba su seco corazón. ¿Inmortales?, vanidad solamente.
- ¿Será posible que seamos tan egoístas como para dejar morir a los nuestros? - preguntó Mercutio a Anya, quien en su interior, se preguntaba lo mismo.
Un torbellino apareció a unos pasos de los vampiros: Mcgonagall y compañía aparecieron, un poco aturdidos y desorientados. Mercutio dejó escapar un suspiro de asombro y con grandes zancadas se acercó al grupo.
-¡Minerva!- exclamó sonriendo y tomando entre sus manos la mano derecha de Minerva, para posarla en sus labios
McGonagall se sonrojó, tratando de mantener la compostura.
- ¡Mercutio, por favor...ya no estamos en edad...!
- Disculpa si te incomoda mi admiración, pero es que verte en estos momentos de incertidumbre, me hace recobrar el valor.
Harry y Ron sonrieron por lo bajo, mientras Luna suspiraba pensativa. McGonagall apartó su mano de las de Mercutio, intentando evitar su mirada, que la ponía sumamente nerviosa.
- ¡Anya!, me alegra saber que estás a salvo.
- Nuestros planes fracasaron- dijo sonriendo tristemente- ... ¿quién podría imaginar esta masacre?
Agachó la mirada y abrazó a su vieja amiga, sollozando como no lo hacía desde años atrás.
- Son nuestra familia, Minerva, son nuestros hermanos.
- También nuestros amigos están ahí- dijo Harry acercándose- Nuestro plan no ha fracasado...aún...Nosotros estamos aquí para rescatar a nuestros magos, sin importar contra quién tendremos que luchar: sea vampiro o sea valator.
Harry sacó su varita, Ron y Luna lo siguieron y Mcgonagall asintió mirando a sus alumnos.
- Vayan con mucha cautela, señor Potter.
- Pero...profesora McGonagall, usted...- tartamudeó Ron.
- Yo también debo apoyar a mis amigos- interrumpió Minerva, colocándose a un lado de los hermanos Evié.
-Entiendo- dijo Harry, alzó su varita mirando a Ron y a Luna, y al instante desaparecieron.
- Minerva...no tienes por qué ponerte en peligro por nosotros- dijo Mercutio.
McGonagall le guiñó un ojo y sonrió.
- Bueno, aturdir a unos cuantos valatores no tiene por qué ser gran cosa.
Anya y Mercutio se alegraron, sintiéndose invencibles de nuevo, se tomaron de la mano, al mismo tiempo que Mcgonagall alzaba su varita, desvaneciéndose al mismo tiempo.
