La atmósfera en el salón era algo que cualquiera denominaría como romántica. Pero en ese momento lo único que les importaba era lo relajadas y despreocupadas que se sentían. Jane había insistido en solo dejar encendida una de las lámparas en la esquina y optó por prender varias velas que Maura encontró en la cocina.

"Aprovechemos la luz de la luna" —había dicho.

Maura no se había opuesto a la idea, aunque apenas comenzaba a darse cuenta de lo mucho que un simple cambio de iluminación había cambiado el espacio.

—¡Oh, Dios mío! Mi abuelo tenía uno de estos —exclamó al ver el tocadiscos dorado y varios discos en la pared—. No se veía así de... lujoso, pero hacía el trabajo. ¿Funciona?

—Claro, aunque casi todos son clásicos de piano. Mi padre los coleccionaba.

—Es increíble. —Sacó uno de los discos y con mucho cuidado lo colocó, cerrando los ojos cuando sonó la primera nota—. Necesitamos más música así.

—Esa es una de mis favoritas —dijo al reconocer la suave nota—. No sabía que tenías interés en los clásicos.

—Aún hay muchas cosas que no sabe de mí, doctora Isles —le guiñó un ojo con una sonrisa pícara en los labios.

Maura casi pone los ojos en blanco y sonrió sirviéndose la segunda copa de vino.

—Espero tener mucho tiempo para hacerlo.

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Angela caminaba de un lado a otro, pasándose las manos por el pelo mientras Frankie soltaba otro suspiro, mirándola.

—Necesitas calmarte y lo digo en serio. Tú misma lo has dicho: las dos son adultas y saben lo que hacen. Maura la habrá llevado a un lugar seguro y no la dejará sola.

—Lo sé. Lo sé.

—Todos sabemos que Gabriel es —para ti— el mejor hombre posible para ella. ¿Pero has visto cómo la trata, Ma? Apenas está aquí a su lado y Jane, admita o no, tiene problemas con sus pesadillas y ya sabes lo que ha pasado cuando intentamos despertarla o ayudarla. La última vez casi me vuela la cara.

—Sabes que es mejor no despertarla… y no digas esas cosas.

—Pero se veía que estaba sufriendo ¿Qué querías que hiciera? Solo quiero lo mejor para mi hermana.

—Lo sé Frankie…

—Y Gabriel no lo es en estos momentos. ¿Entiendes lo que digo?

Angela suspiró, claramente abatida con toda la situación.

Frankie colocó su mano sobre la de su madre, logrando calmarla un poco.

—Y… Y entonces me partió la nariz. Esa vez sí que dolió.

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—¿¡En serio!? —Exclamó casi derramando el poco vino que le quedaba en la copa—. No creo que esa sea una anécdota heroica, Jane, deberías mantenerlo en secreto—. Se llevó los dedos a los labios con un "Shhhh" y las dos se desternillaron de la risa.

Una hora y dos botellas de vino después y habían perdido toda la noción de lo que significaba comportarse como las adultas que eran. Se estaban comportando como dos adolescentes pasadas de copas por primera vez en sus vidas. No podían decir una palabra sin reír. No importaba qué era, siempre terminaban riendo.

—Ay… Oh no... —Dejó la copa ahora vacía sobre la mesita de café y se miró la mancha roja en el vestido.

Jane abrió los ojos como platos, cubriéndose la boca con las manos, ahogando un grito de sorpresa.

—Oh no… —Las dos se miraron alarmadas por varios segundos en silencio hasta que Maura explotó en risas—. Oye… —dijo con una voz más carrasposa de lo normal—. ¿Cuántas copas nos hemos bebido que has llegado al punto que eso no te importe?

—Hmm… creo que… —Su expresión se volvió pensativa intentando recordar de verdad, pero sus neuronas habían renunciado hace rato bajo el efecto del alcohol—. No, no tengo ni la más mínima idea… aunque está claro que han sido dos botellas. —Señaló las dos botellas sobre la mesa, una de ellas se había caído y rodado peligrosamente hasta el borde.

—¿Alguna vez te has roto algo? —Preguntó de la nada regresando al tema que tenían anteriormente.

—No… me he caído muchas veces, eso sí. En cambio, tú… pensé que siempre que nos encontráramos estarías sangrando. Tu mano… después tu nariz.

—Ahora solo intento cuidarme un poquito más. Es culpa tuya que sepas... sé que te preocupas.

—Entonces tomo responsabilidad de esa culpa.

—Quería agradecerte por permitirme conocerte, Maur —dijo más seria, acostándose de lado en el sofá, apoyando la cabeza en uno de los cojines.

—¿Qué? —preguntó muy distraída por el mechón que cayó sobre aquella mejilla. Se sintió tentada a apartarlo, pero esta vez Jane no dormía como en el carro, así que no lo hizo. Jane brincaba de un tema a otro y se le estaba haciendo difícil mantenerle el ritmo.

—¿Recuerdas? Cuando estábamos en la morgue y me vendabas la mano.

Maura asintió, atenta. Recordaba ese momento a la perfección.

—Te había dicho que quería conocerte.

—Hola, soy Maura…. simplemente Maura.

La sonrisa de Jane se hizo más amplia, justo como aquella vez.

—Lo recuerdas —susurró mostrándose sorprendida.

—No podría olvidarlo.

—¿Sabes qué es gracioso? —Preguntó moviendo su mano de un lado a otro.

—¿Hmm? —Sentía curiosidad por saber con qué tema saldría la mujer.

—Cuando resbalaste intentando subir en el caballo. ¡Tu cara no tenía precio!

—¡Jane! Quedamos en que sería un secreto.

—Aquí no hay nadie más aparte de nosotras dos, sigue siendo un secreto.

—Te ríes de mi cara, pero tenías que ver la tuya.

—La imagino. ¡Me habías asustado!

Maura se rio intentando ponerse de pie, pero todo comenzó a darle vueltas e intentó sostenerse de algo. Habían bebido más de la cuenta y en poco tiempo. No había sido una buena combinación ni una buena decisión.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó intentando agarrarle la mano para ayudarla, fallando varias veces hasta que lo logró—. Maura, siéntate.

—Necesito agua… creo que estoy embriagada.

Jane soltó una carcajada, intentando ponerse de pie también.

—¿¡Crees!? —Se tambaleó un poco y Maura la ayudó como pudo a recuperar el equilibrio.

—Deberías quedarte sentada, te puedo traer agua.

—Pero tengo que cuidarte.

—Humm, creo que tu imagen de chica dura se esfuma con un par de copas de vino…—susurró arqueando una de sus cejas.

—Eso no es cierto. —Frunció el ceño y se sujetó con más fuerza de la mano de Maura cuando sintió que se tambaleaba hacia atrás—. Y que quede claro que no solo te cuido cuando estoy ebria.

—Lo sé —susurró mirándola a los ojos antes de intentar caminar hacia la cocina, llevándola con ella de la mano—. Al menos intenta no arrastrar los pies.

—Si no lo hago me caeré —se quejó.

Maura soltó una carcajada y se apoyó en la mesa mientras se reía.

—Oh Dios, míranos, somos un desastre, Jane.

Y Jane miró. La miró detenidamente con la mente en blanco y nuevos ojos. Estaba viendo una Maura que nunca antes había visto y que imaginaba pocas personas habían tenido el placer de presenciar. Se reía libremente sin ninguna restricción. Una de sus manos aún sostenía la suya y con la otra se sostenía al borde de la mesa. Seguía descalza y con el vestido manchado de vino y su cabello dorado estaba por todos lados, pero se veía inexplicablemente perfecto; podía perderse en esas olas doradas.

—Maura… —susurró y movió su dedo pulgar sobre la piel de la mano que sostenía, pero Maura estaba perdida en su risa y ni siquiera la había escuchado.

En algo tenía razón: eran un desastre.

Los ojos de la rubia se abrieron lentamente y brillaron con lágrimas provocadas por la risa. Jane notó que estaban más oscuros de lo normal.

—Oh Jane… No recuerdo la última vez que me reí de este modo.

Jane asintió, quería decirle que sentía lo mismo pero su mente dejó de funcionar y sus ojos se enfocaron en el rubor de las mejillas enfrente de ella.

—Maura… —susurró otra vez apenas audible.

—Necesito... —dijo sin escucharle.

El cuerpo de Jane colisionó de repente con el de ella y Maura sintió su mundo detenerse ¿Qué había pasado?

—¿Estás bien? No vas a vomitar, ¿verdad?

La morena cerró los ojos con la frente apoyada en su hombro y pestañeó varias veces, negando con la cabeza.

—Un poco mareada. Solo un segundo.

Maura asintió e intentó ignorar el sentir y calor del cuerpo pegado al suyo. Podía sentir el aliento caliente atravesar la tela de su vestido y acariciar su piel. Sus sentidos estaban a mil y por mucho que lo intentase no podía dejar de sentir cada movimiento y sonido que nacía de la garganta y respiración de Jane.

Maura cerró los ojos debatiéndose si deseaba seguir sintiendo absolutamente todo o alejarla. Optó por la segunda opción.

—Jane —murmuró y la mano que las sostenía a las dos la colocó sobre su hombro para separarla lentamente.

—Eres tan hermosa —susurró sobre el vestido apenas entendiéndose a sí misma, pero para Maura fue tan claro como el agua—. Te ríes tanto y sin medidas cuando estás ebria… es hermoso. —Se separó lentamente, mirando una Maura atónita—. Tus mejillas se ponen más roja cuando ríes.

—Los vasos sanguíneos… —comenzó automáticamente, pero fue callada abruptamente cuando sintió dedos rozar sus labios, silenciándola.

—No es necesario que hagas eso.

Maura tragó en seco.

—Solo acepta el cumplido. Eres hermosa ahora y lo eres también cuando no lo estás.

—¿Gracias? —Agradeció insegura—… Estás tomada Jane.

—No soy la única.

Temía lo que podría hacer. Tenerla tan cerca estaba nublando su juicio y los dedos largos y finos rozando sus mejillas sonrojadas no estaban haciendo la situación mejor.

—Jane… Necesitas sentarte… Te traeré agua.

Jane respondió con una sonrisa, mirando los labios rosados de Maura; no tenían pintura labial, pero se veían tan rosados, casi rojos, que daban esa impresión.

"No puedo moverme" pensó rindiéndose a sí misma… a Jane.

—Maura —dijo y colocó la mano que rozaba la mejilla sobre el hombro y miró hacia los lados alarmada como si hubiera escuchado algo y la rubia la miró perpleja.

—¿Escuchaste eso? —Preguntó con una risita. Lo único que Maura escuchaba era el mar y sus respiraciones.

—¿Qué escuchaste? —Se volvió a sostener de la mesa con ambas manos, mirando en la misma dirección que Jane.

—Escucha bien. —Se alejó apenas unos centímetros de ella, dándole la espalda—. No se escucha nada…. Todo ha desaparecido otra vez. —Permaneció en silencio por varios instantes y señaló hacia la ventana de vidrio en dirección al mar—. Las olas regresan ¿Cómo lo hago? —Le preguntó mirándola a los ojos.

Maura había quedado incapacitada y estaba agradecida de estar apoyada al borde de la mesa porque la fuerza de sus piernas la había abandonado y ya no podían mantenerla de pie.

—Tal vez sea el alcohol —respondió, aunque en el fondo no dejaba de preguntarse si quizás, solo quizás, fuera ella la persona de quién le habló en el portal de su casa… ¿Acaso era ella quién detenía su mundo? Con mucho esfuerzo se empujó de la mesa y caminó hasta la cocina, agradecida de no tener los tacones puestos. Jane le había hecho caso y había regresado al sofá, sentándose con la mirada en dirección al ventanal de vidrio.

—¿Estás bien, Jane? —Preguntó acercándose con dos vasos de agua, brindándole uno.

—Aparte del mareo que gracias a Dios ya se me está pasando, estoy mejor que nunca. ¿Te he dicho que este lugar es hermoso?

—Sí. —Se rio divertida sentándose a su lado, bebiendo agua. Jane se bebió toda el agua de una y lo dejó al lado de las botellas vacías.

—Espero no tener una resaca mañana. ¿Crees que podríamos esperar aquí al amanecer?

—No creo que dures mucho tiempo despierta. Puedes subir a la habitación, te aseguro que la vista es mucho más hermosa desde allí.

—¿Por la altura?

—Así es, se ve mucho más. El mar parece infinito.

—¿Has traído a alguien más?

La pregunta la había tomado por sorpresa y por la mirada fija de Jane, concluyó que estaba preguntando en serio.

—No. Solo a ti. Hacía mucho tiempo que no venía aquí.

—Cierto… olvido que no vives aquí… o sea en Boston.

—Cuando estoy en Nueva York y quiero un escape del trabajo, rento una casa en la playa.

—Será difícil volver a verte en pantalla.

—Lo mismo siento… —Se levantó y le brindó una mano para ayudarla—. Si te vas a quedar dormida prefiero que sea en una cama y no aquí.

—Los sofás no tienen nada de malo.

—Dime eso cuando te levantes con dolores en todo el cuerpo.

—Sonaste a mi madre por un segundo. —Pausó enfrente de las escaleras, mirándola detenidamente—. Amm, Maura… ¿Quién hace una escalera transparente?

—Es de vidrio, por si no lo has notado es algo que encuentras mucho en esta casa; es parte de la arquitectura.

—Pero en serio ¿escaleras?

—Es porque está muy oscuro y se te hace más difícil verlas… eso y el alcohol. Dame la mano y te guio.

Jane no dudó un segundo y sostuvo su mano mientras con la otra se aseguraba de mantenerla apoyada a la pared.

—Para la próxima nada de segunda botella —avisó y la rubia se rio subiendo los últimos escalones, dirigiéndose hasta la habitación en el fondo del pasillo.

La habitación hacía esquina y las dos paredes eran totalmente de vidrio. Maura entró lentamente, guiando a Jane por la habitación a oscuras hasta llevarla a la cama y sentarla en ella.

—¿Estás lista? —Preguntó con una sonrisa de oreja a oreja, emocionada.

—¿No encenderás las luces? Apenas te veo.

—Solo espera un segundo. —Se apresuró con un poco de dificultad hasta el rincón, sintiendo la mirada de Jane sobre ella. Las cortinas comenzaron a deslizarse hacia los lados y la luz de la luna comenzó a inundar la habitación.

—Joder. —Tuvo que levantarse y acercarse al vidrio, tocándolo con la mano.

—No se ve mucho en estos momentos.

—… No importa. Esto es… guau, no sé cómo agradecerte. Por traerme aquí… por mostrarme esto.

—No tienes que hacerlo, solo deseaba que te relajaras un poco.

—Te puedo asegurar que este momento no hubiera sido posible en un bar. No tengo palabras.

—Los bares son muy ruidosos.

—Sí… y tu vino tampoco se encontraría. —Bostezó involuntariamente y maldijo en voz baja porque sabía que una vez que empezaba no podría detenerlos.

—Creo que es mejor que descanses—sugirió caminando hacia la puerta.

—¿A dónde vas?

—¿A la habitación del lado?

—¿Por qué? Puedes quedarte aquí…por favor. No he tenido buenas experiencias con el sueño y el alcohol…

—¿Pesadillas?

Jane asintió evitando mirarla.

—Tampoco que sea necesario el alcohol para tenerlas… como ya te has dado cuenta. Entiendo si no deseas quedarte, no es agradable ser despertada por alguien teniendo una pesadilla como las mías. Maura cerró la puerta sin decir una palabra más y se metió en el closet, abriendo y cerrando varios cajones, buscando ropa cómoda para dormir. Jane permaneció de pie en el mismo lugar sin moverse un centímetro.

—No tengo muchas formas para protegerte.

Escuchó desde el closet y dio varios pasos deteniéndose en seco al ver que Maura se quitaba el vestido, doblándolo antes de ponerse una camisa blanca que le quedaba suelta y apenas cubría sus nalgas.

—No tengo tu fuerza… y tampoco tu valentía. —Caminó hasta su lado y la miró por un instante antes de poner sobre la cama un short y una camisa—. Hago lo mejor y todo lo que puedo por cuidarte como sea posible—confesó.

—Lo sé…

Maura extendió su mano hacia ella, esperando. Jane miró la palma de la mano y luego su rostro.

—Sé que lo más que te preocupa es que lo vuelvas a hacer… también sé que siempre la tienes contigo. No la necesitas aquí.

Jane tragó en seco y no se atrevió a hablar porque sabía que su voz se quebraría si lo hacía. Entonces se limitó a asentir y sacó la pistola de la funda, colocándola sobre la mano abierta de Maura.

—Bien… ahora cámbiate, esto fue lo más cómodo que encontré. A mí me quedaban muy sueltos los pijamas… No tienes que usarlos si no son de tu talla.

—Soy más delgada que tú, Maura.

—Entonces no lo uses.

Maura colocó la pistola de Jane en una de las gavetas en el armario, lejos de la cama. Por el rabillo del ojo podía ver la figura de Jane reflejada en el vidrio mientras se cambiaba. Apretó visiblemente la mandíbula y apartó la mirada hasta que escuchó lo que primero dedujo ser Jane tirándose en la cama y luego confirmó con sus ojos.

—¿No hay calefacción?

—Ha de estar apagada. Lo olvidé por completo. Dame un minuto y la enciendo.

—¡No! No te vayas.

—Está en el sótano, no demorare.

—Maura…

Su pecho se contrajo al escuchar ese tono de voz, no era tan desconocido para ella, pero sí viniendo de Jane.

—No iré a ningún lado. —Aseguró acercándose a la cama apartando las sábanas para meterse debajo. Jane hizo lo mismo cerrando los ojos, sonriendo al comenzar a sentir el calor del cuerpo a su lado.

—Me gusta dormir con un poco de frío, es más controlable que el calor.

—¿Sí? ¿En qué sentido? —Giró su cabeza ligeramente para mirarla. La habitación seguía a oscuras, aunque la luna inundaba la habitación de su luz plateada.

—Así —susurró y se acercó más a ella.

—Oh…

—Solo se busca el calor. —Se rio y Maura recordó que aún estaban bajo el efecto del alcohol, especialmente Jane.

—No lo estás haciendo bien entonces —susurró en un segundo de atrevimiento y abrió los brazos esperando a que Jane entendiera.

—Eres muy inteligente, doctora.

Maura no pudo contener su risa que se ahogó en su garganta cuando sintió el cuerpo de Jane acercándose más, recostando la cabeza sobre su hombro.

—Una genia, enciclopedia andante. —Deslizó un brazo a lo largo del abdomen de la rubia.

—Abusas de mi título —dijo, intentando parecer indiferente a las acciones de la mujer.

—Puedes llamarme detective siempre que desees —susurró adormilada, apenas entendible.

—Buenas noches, Jane —susurró apartando el mechón de pelo de aquel rostro.

—…nas noches, Maur.