Como no tenían el equipamiento necesario para hacer rayos X en el corto plazo, Senku tuvo que probar esa noche sólo con distintos movimientos y ejercicios para ver la gravedad del estado del tobillo de Kohaku. Lamentablemente, el más mínimo apoyo y movimiento del pie le hacía estremecerse o chillar de dolor, así que estaban lidiando posiblemente con una fisura o una fractura. Por el momento no podría hacer más que obligarla a estar quieta, pero si podía dedicar un tiempo de los días siguientes para conseguir sulfato de calcio, si lo mezclaba con agua podría hacer yeso, y si le pedía a Yuzuriha que le haga unas vendas finas como gasas, podría hacer una férula de yeso bastante buena para asegurar el cuidado del pie. Por lo pronto, le pidió a Kaseki que le haga esa misma noche un soporte de madera cóncavo para que Kohaku pudiera apoyar el pie en alto con más comodidad, y con una pequeña manta de piel para acolchonar y cubrir el pie era suficiente por el momento.

Todos fueron muy atentos y colaboradores con el dúo. Chrome volvió con un manojo de hierbas y aceite en unos cuencos para molerlas y hacer una pasta medicinal con Senku. Françoise se encargó de hacer un rico plato de comida para consolarla, y los demás estaban pendientes de lo que necesitaran ambos. El científico se quedó con ella toda la noche, puso el colchón a su lado para pasar la noche, y cada algunas horas volvía a aplicarle la pasta medicinal o a comprobar si la hinchazón disminuía o empeoraba. Si bien se sentía muy contenida por él, Kohaku no podía evitar una sensación de culpa, ya que él estaba descansando poco y nada por ella, y después de todas las emocionantes palabras que le había dicho más temprano, ella sólo quería abrazarlo y besarlo como siempre, pero tenía que contenerse o iba a confundirlo mucho con sus idas y vueltas. Así que cuando él se volvió a acostar y procuró descansar un poco, la rubia quiso transmitirle su agradecimiento y extendió una mano para tocar la de él. Senku se sobresaltó un poco al sentir el suave contacto, pero le correspondió entrelazando sus dedos con los de ella, y se quedaron dormidos así.

Apenas amaneció, Kohaku se despertó muy incómoda, y se estaba removiendo en el colchón. No quería despertar al peliverde tan pronto, y menos después de lo poco que había dormido, pero no tenía mucha opción. Apretó su mano, y como no reaccionaba, lo sacudió suavemente hasta que lo vio abrir los ojos.

- Senku, no aguanto más, por favor…

- ¿Qué sucede? –pensó que estaba adolorida, pero se encontró con el rostro sonrojado de ella, y por unos segundos le vinieron a la mente recuerdos de ciertas cosas que solían hacer y que la ponían con una expresión similar. Se abofeteó mentalmente y reaccionó.

- Necesito...que me des una mano. – Ante la cara de confusión que todavía veía en el rostro de él, y un ligero rubor que encontró muy sospechoso, pero no le dijo nada, continuó– Tengo que hacer mis necesidades.

-Ah, con que eso era –ejem, sí que su mente viajaba rápido.

- ¿Qué pensabas? No importa, ayúdame a ir afuera solamente.

- ¿"Solamente"? No voy a dejarte sola, al menos no si no es en la cama.

- ¡Pero tengo que ir! Y es muy vergonzoso que te quedes ahí mirando.

- No te voy a mirar, pero con todas las cosas que hemos hecho, y te da pena que te ayude a ir al baño en una situación así.

- No me voy a bañar ahora, eso no es lo urgente, tengo que…

- Ya sé, ya sé. Ustedes no tienen baño todavía, no en el sentido moderno. Te entendí, vamos, apóyate en mí.

Después del vergonzoso momento para Kohaku, del cual volvió aún más sonrojada si era posible, regresaron a la choza, justo a tiempo para ver a Ruri y Kokuyo traer una bandeja de comida cada uno. Senku les agradeció el gesto, y les contó que posiblemente la herida fuera una fisura o fractura, con lo cual hasta que pudiera hacerle un yeso o algo apropiado para fijar su pie y que pueda apoyarlo de alguna forma, no podía salir de la cama por su cuenta. El padre se ofreció a quedarse con ella, y la sacerdotisa a seguir aplicándole esa pasta medicinal que parecía aliviarla un poco además de charlar con ella y entretenerla, para darle tiempo a Senku de que haga los arreglos necesarios para hacer ese "yeso" y pueda al menos bañarse, ya que se negó a alejarse más tiempo de su tarea de cuidador.

Por suerte para el científico, hacer el sulfato de calcio no iba a tomarle más de un día, y además era el tiempo necesario para pedirle a Yuzuriha que haga las vendas, así luego él le aplicaba el yeso casero y podía hacer la famosa venda de yeso. Nunca se había fracturado un brazo o pierna, pero sí lo había visto en algunos amigos, así que se guió por su lógica para realizar todos los pasos. Luego decidió que podía aprovechar para bañarse él, pero estaba un poco fresco ya el clima como para darse un chapuzón en el río, aunque podía calentar un poco de agua para bañarse cómodamente al menos con un paño. En ese momento recordó que cuando él estuvo herido, Kohaku fue a buscarle una vasija de agua termal… podía hacer lo mismo por ella esta vez. Aunque no tenía la fuerza ni la intención de acarrear con tanto peso todo el camino, así que decidió pedirle ayuda a Ryusui para que lo acompañe y lo ayude a cargar la vasija y manejar el automóvil, a lo cual accedió con gusto. Después del mediodía ya estaba de vuelta y listo, el armado de las vendas podía hacerlo en la choza. Pero antes de ponerle el yeso quería ayudarla a limpiarse. Liberó a Kokuyo y Ruri de la tarea de cuidarla, y cuando quedaron solos le obsequió una de sus sonrisas de costado.

- Mira lo que traje, leona. ¿Te trae recuerdos?

- Esa vasija… ¿agua termal?

- Sí, además de darte un baño, podemos usarla para que remojes un rato tu pie ahí. Se supone que estas aguas son sanadoras.

- ¡Genial, muchas gracias Senku! Déjalo cerca y yo me hago cargo.

- No, yo te ayudaré.

- Salvo el pie, puedo mover el resto de mi cuerpo normalmente, así que puedo bañarme sola, más si es con un paño y no meterme entera.

- Aun así, no quiero que te muevas, al menos hasta terminar el yeso. Después tendrás más libertad, pero por ahora me ocupo yo…quiero hacerlo.

- Sabes que no tienes nada de culpa de lo que me pasó, ¿verdad?

- Bueno, en realidad sí tengo un milímetro de culpa, pero no es por eso que estoy contigo ahora, ni por lo que te estoy cuidando. Y no desapareceré del medio una vez te recuperes, espero que entiendas eso…y estés de acuerdo –había mucha determinación en sus ojos carmín.

Por un momento, Kohaku estaba tentada de preguntarle el motivo por el cual estaba tan seguro de quedarse a su lado, ahora y cuando se recupere, pero se dio cuenta que era obvio, no necesitaba preguntárselo. Y su respuesta no haría más que ablandarle el corazón, como todo lo que hizo en las últimas horas. Lo vio llenar un cuenco profundo con el agua termal, y lo puso cerca de un banquito de madera. La ayudó a levantarse y luego sentarse ahí, para que pudiera meter el pie en el agua en una posición más cómoda. Ooooh delicioso, se sentía tan bien, estaba a una temperatura perfecta. Luego lo vio arrastrar un poco la vasija grande para acercarla a ellos, meter un paño dentro de ella y estrujarlo un poco. Sacó de una de sus bolsas colgantes un trozo de jabón, y lo frotó contra el paño. Se sentó en otro banquito que trajo, y comenzó la dedicada tarea de limpiarla centímetro a centímetro, comenzando por los hombros, bajando por los brazos y hasta las manos, cada dedo e incluso las uñas. Pensó que estaba siendo demasiado detallista, pero recordó que, con el entrenamiento y la caída del día anterior, debía de estar bastante sucia en realidad. Sus movimientos eran suaves, incluso parecían cariñosos, como si él también lo estuviera disfrutando. Enjuagó el paño y otra vez volvió a limpiar todo a su paso, para sacar los restos de jabón. Luego pasó directamente a las piernas, para darle el mismo tratamiento. Pero ahora Kohaku lo veía fruncir el ceño y apretar los labios, y no tardó en darse cuenta de que era por los numerosos moretones y raspaduras que ahora podía ver en detalle.

- Siempre tan descuidada, leona, ¿qué voy a hacer contigo? –Ella sólo agachó la cabeza, un poco avergonzada– Seré más cuidadoso, pero esto hay que limpiarlo bien, o los cortes podrían infectarse.

- Gracias, pero ya estás siendo muy cuidadoso, no sé si podrías ser más que eso.

Senku sonrió sin decir nada, aparentemente satisfecho con la observación, y con una lentitud y delicadeza casi insoportables, comenzó a limpiar esta vez milímetro a milímetro. Lo que cambió esta vez, como respondiendo juguetonamente a la observación de que no podía ser más cuidadoso, fue que cuando se sentía satisfecho de limpiar a fondo esas partes lastimadas de piel, acercaba su cara un poco y depositaba un beso en ese lugar, como si quisiera borrarle las lastimaduras con el paso de sus labios. Kohaku se sorprendió de que hiciera eso, cuando él había dicho que no iba a tocarla con intenciones románticas hasta que ella lo buscara…pero, a decir verdad, no era una acción provocadora y sensual, sino una muy tierna y cariñosa, y ella le había tomado la mano durante mucho tiempo la noche anterior, así que no era tan atrevido de su parte que hiciera algo así. Esa dulce tortura de limpieza, toques y besos la habían relajado mucho, y hasta había cerrado los ojos complacida, pero cuando Senku terminó con ambas piernas lo que la despertó de su letargo fue que el científico había levantado un poco el borde del vestido. Abrió los ojos y lo miró inquisitivamente, pero él le devolvió una mirada como diciéndole que era obvio lo que iba a hacer.

- ¿Sabes que también hay que limpiarte por abajo del vestido? No sé por qué me miras así.

- No…deja, está bien, preferiría que no me desnudes –se estaba sonrojando, era una tonta, pero no podía evitarlo. Además se sentiría muy expuesta desnuda con toda la luz del día.

- ¿Otra vez con lo mismo? Además de que tienes ropa interior puesta, con lo cual no quedarías desnuda, créeme que ya te vi demasiadas veces así, recuerdo tu cuerpo perfectamente.

- ¡No seas pervertido! No me imagines desnuda, maldito –aunque era tonto, cubrió con sus manos su cuerpo.

- Oh, demasiado tarde. Aunque te tapes, aquí dentro –señaló su cabeza, riéndose– puedo seguir viéndote, una y otra vez, en el más preciso detalle.

- ¡Basta! ¡No es gracioso! –O mejor, en vez de chillar, podría hacerle probar un poco de su propia medicina– Ooooh, qué buena idea me diste. Ahora yo también puedo verte. Todo tú –Agregó levantan una ceja y mirándolo de arriba abajo, quedándose más de lo debido mirando cierta parte de su bata. Esperaba ponerlo nervioso con eso, pero no contaba con que Senku no tenía muchos problemas de vergüenza.

- No necesitas imaginarme, cuando quieras puedo ofrecerte la vista real y al alcance de tu mano, si la disfrutas tanto –su sonrisa era diabólica, estaba disfrutando mucho eso.

- No, gracias –hizo un mohín mirando al costado, un poco decepcionada de que no surtiera efecto con él. Pero luego terminó estallando en una carcajada junto con él, y se dio cuenta que con eso se había vuelto a relajar bastante. – De acuerdo, tienes razón.

- ¿Qué, que me desnude también? –Comenzó a abrir su ropa desde el cuello.

- ¡No! Me refiero a que no es tan terrible que me veas en ropa interior, es verdad que exageré. Además, si te propasas conmigo, mis manos están sanas como para pegarte– Le retrucó satisfecha, pero vio que la sonrisa confiada de Senku cayó un poco ante eso.

- Así que volvimos al primer paso, ¿eh? –murmuró para él mismo, pero luego la miró a los ojos y habló un poco más alto– ¿Lo harías?

- ¿Qué…pegarte? –Senku asintió levemente con la cabeza– No lo sé. Suena raro después de todo lo que pasó entre nosotros, y porque pese a todo esto, no es como si volviésemos el tiempo atrás y no me interesara tenerte cerca o que nos toquemos…

- Disculpa leona, te hice una pregunta difícil ahora. Tuve que arruinarlo, y eso que había logrado sacarte una sonrisa al final.

- ¿Hiciste todo eso para hacerme reír, eh? Gracias Senku, y no te preocupes. Sé que es igual de difícil para ti. Y no, no te pegaría si soy sincera. Pero eso es lo que me preocupa, que si empiezas…no podré rechazarte, y no sé si es lo mejor para ambos en este momento, y más conmigo en este estado lamentable.

- Tú tampoco te preocupes. Anoche dije que no iba a tocarte de esa forma salvo que tú lo pidas, y pienso cumplir mi palabra. Sólo quería saber cómo te sentías al respecto. En fin, hagamos esto de una vez, o el agua se enfriará.

Kohaku se sacó el vestido por la cabeza, y con eso arrastró también la coleta de su pelo sin querer. Tanto tiempo con el pelo atado, sumado a que no lo tenía suave como su hermana, le dieron el aspecto de verdad de la melena de un león, haciendo reír por lo bajo a Senku.

- Somos tal para cual con el pelo pajoso y desordenado, aunque ahora le haces justicia a tu apodo de leona. Si algún día de verdad tenemos hijos, lo voy a lamentar mucho por ellos, pero el cabello no será su característica más atractiva me parece.

La rubia abrió los ojos sorprendida ante eso. Era la primera vez que hablaba con naturalidad del tema, casi aceptándolo, y sonó raro escucharle esas palabras de su boca. Pero se rió con él cuando se dio cuenta a lo que se refería, y aunque trató de bajar un poco su pelo, desistió de la lucha. Para no quedarse enredados con un tema delicado, Senku volvió a su tarea de limpiarla con el agua y jabón, primero toda su espalda, y después se dedicó al frente. Lo que le resultó más difícil fue contenerse, siempre le había parecido que la leona tenía un cuerpo muy curvilíneo y atractivo, y su cuerpo reaccionaba sólo cuando la veía con poca ropa, ni que hablar cuando la tocaba. Así que involuntariamente se puso un poco más rígido, pero trató de disimularlo lo más que pudo, en especial cuando pasaba sus manos por su escote o su cadera, a pesar de que el paño se interponía entre piel y piel. No fue tan paciente como antes, pero porque realmente no podía soportarlo mucho sin evidenciar lo que pasaba por su mente. Buscó el vestido y se lo dio para que se lo vuelva a poner, evitando mirarla a la cara. De todas formas, Kohaku se dio cuenta de lo que le pasaba, y no le dijo nada para no ponerlo más nervioso. Cuando pensó que él había terminado con la limpieza, estaba por girarse para ver dónde estaba, y lo vio mirándole pensativo el pelo.

- Este jabón no está hecho para el pelo, pero supongo que un poco tampoco lo dañará, y no te vendría mal sacar un poco de suciedad de ahí. Espera un minuto.

Lo siguió con la mirada, y lo vio buscar otra toalla de tela, y se acercó a ella para colocársela en los hombros. Luego acercó la vasija para que quede justo detrás de ella y no haga un enchastre en el piso, y con otro pequeño cuenco lo llenó con un poco de agua para meter su pelo rubio ahí, mientras que con una mano libre mojaba el resto del pelo. Kohaku sólo podía mirarlo de reojo, y vio cómo se enjabonaba un poco las manos y comenzaba a frotar toda su cabeza, haciéndole masajes circulares. Involuntariamente soltó un gemido de satisfacción, se sentía increíblemente bien eso que le hacía en la cabeza, y no tardó en dejarse llevar y relajarse en sus habilidosas manos. Justo antes de cerrar los ojos, pudo detectar una mirada igual de relajada y placentera en el rostro del científico. Aunque tenía que admitir que cada tanto esos toques le despertaban otras sensaciones más calientes, y misteriosamente en otras partes de su cuerpo, pero trató de alejar esos pensamientos y concentrarse en la paz que le traía. Lavarle el pelo no podía tardar tanto tiempo, así que asumió que ya el joven sólo lo hacía para hacerla sentir bien un rato. Pero evidentemente no podía alargarlo eternamente, y volvió a acercar el cuenco de agua para limpiarle los restos de jabón. Luego le envolvió el pelo con la toalla que tenía en sus hombros, y volvió a los suaves masajes, pero esta vez para ayudarla a secar el pelo. Cuando terminó, quitó la toalla, la peinó un poco con los dedos, y se colocó frente a frente para admirar su obra.

- Es una lástima que no existan los peines ahora, pero al menos estás decente. ¿Cómo te sientes?

- Demasiado relajada, creo que me dio sueño. Gracias por todo el aseo Senku, no dejas de sorprenderme con tu dedicación.

- Lo que sea, y lo mejor, para ti…ya te lo dije. Ya que estás cansada, vamos a recostarte, una siesta no te vendrá mal, ya que no puedes hacer mucho más. Además, tu pie ya estuvo demasiado tiempo ahí remojado ya, va a estar todo arrugado a esta altura. Sácalo así te lo seco un poco, y ya vuelves a la cama.

Después de hacer eso, con tanto cuidado como si fuese de cristal para que no le duela, Kohaku se colgó del cuello de él, preparándose para pararse y apoyarse en el pie sano, pero lo que no se esperara es que Senku, después de inspirar extrañamente largo, la cargara en sus brazos. Era evidente que le costaba un poco hacerlo, estaba reuniendo toda su escasa fuerza para eso, pero podía manejarlo sorprendentemente mejor de lo que él mismo esperaba. Por suerte para él, el trayecto hacia el colchón no era demasiado largo, y se arrodilló en el piso lentamente antes de soltarla lentamente en su mullido lugar de descanso. Pero cuando estaba por alejarse, Kohaku lo agarró de la mano, impidiendo irse.

- ¿Puedes…quedarte?

- Claro, no pensaba dejarte sola e irme. Espera que acerque mi colchón.

- No…ven aquí, quiero tenerte cerca –notó como los ojos carmín de él se abrían mucho, aunque no dijo nada– Si me muevo un poco, entramos juntos, ya lo sabes.

- ¿Segura? No quiero molestarte, o golpearte accidentalmente.

- Sí, segura. ¿Por favor?

Senku le sonrió un poco, y asintió con la cabeza. Se recostó a su lado, poniéndole el brazo bajo su cabeza como una almohada, y ella le apoyó su mejilla en el hombro, y como pudo cruzó un brazo encima de él, como para abrazarlo, aunque no era fácil con el cuerpo boca arriba. Leyendo su intención de acurrucarse contra él, el científico se giró de lado para abrazarla.

- ¿Mejor así?

- Sí, gracias. Pero me temo que se te dormirá el brazo, avísame si te canso.

- No te preocupes. Estoy feliz de perder la circulación del brazo a costa de tu comodidad –dijo bromeando.

- Sabes…estaba pensando. Me voy a aburrir mucho si sólo me acuesto durante varios días, pero no tengo otra opción. Y de todas formas en cuanto hagas el yeso vas a poder volver un poco a tus tareas.

- No me divierte pensar en eso, tendré que ver cómo puedo hacerlo. No te voy a dejar sola, al menos no la mayor parte del día. Pero es verdad que tengo que continuar con las investigaciones.

- Bueno, si quieres puedes traer tu trabajo a la choza. Hacer los planos, y tener las reuniones con los demás aquí, o cerca, así puedes hacer las dos cosas.

- Diez billones de puntos para ti, leona, es una muy buena idea. Y si necesito materiales científicos puedo traer algunos aquí.

- Pero lo que quería pedirte, para no aburrirme tanto, y que tú tampoco sólo te quedes a acompañarme… ¿me puedes enseñar a leer y escribir? Kinro me contó de la academia científica, pero yo no le di importancia y me lo perdí.

- Claro, me encanta que te interese. Es algo muy útil, y así puedes entender un poco más las cosas que escribo y que diseño. Quién dice, pronto podrás ser mi aprendiz científica a medio tiempo, además de tu entrenamiento.

- Suena bien, gracias. Aunque tendrás que tenerme paciencia, no entiendo ni la mitad de las cosas que dices a veces.

- Contigo tengo todo el tiempo y la paciencia que desees, y me hace feliz que te intereses tanto por aprender y entenderme. Gracias a ti, leona.

Poco a poco la paz y el contento que sentían, además del confortable calor de estar juntos, los adormeció un poco, y Kohaku giró un poco su torso y acercó su cara aún más al cuello de Senku. Sin pensarlo, y como tenía su frente casi al alcance de su boca, le dio un tierno y largo beso ahí. Pero se dio cuenta que podía molestarla si se "aprovechaba" de la situación, y se alejó. Pero ella no sólo no se molestó, sino que apoyó su mano en la mejilla de él, como para que se quedara cerca y se miraran a los ojos. La mirada del científico, con los ojos levemente entrecerrados y con un brillo de emoción y amor que no podía contener al poder volverla a tener entre sus brazos por voluntad propia de ella, logró atraparla, y fue acercándose muy lentamente a él, hasta que sus narices casi se rozaron, y podían sentir el cálido aliento del otro. Kohaku no podía negarse o contenerse ni un segundo más, y tampoco lo quería, así que siguió recortando la distancia hasta que sus labios se rozaron. Senku sólo se quedó así, sin responder el beso ya que no sabía lo que pretendía, por lo que ella fue la que presionó sus labios con más decisión contra los de él, hasta que la mano que tenía apoyada en su mejilla se fue deslizando hasta la nuca, para atraerlo ligeramente y darle a entender que quería que él le corresponda. Era el primer beso que se daban en varios días, al menos desde que se distanciaron, pero eso no hizo sino potenciar las sensaciones y los sentimientos que surgieron.

Fue como un oasis en el desierto, y por más que seguían compartiendo un beso tranquilo y dulce, no por eso era menos intenso. Sus labios volvían a explorarse como la primera vez, con un poco de incertidumbre, como si ninguno se animara a dar un paso más. Pero para Senku esto le traía una paz y felicidad para la cual no alcanzaban las palabras, ya que le daban un poco más de esperanza de que las cosas podrían volver a ser como antes, y quiso transmitir esos mismos sentimientos cada movimiento que hacía. Se inclinó un poco más sobre ella, y le acarició la mejilla con suavidad mientras la besaba, como si estuviera tratando con algo sumamente precioso y delicado, todo lo contrario, a los besos apasionados y más salvajes que antes buscaba compartir con ella. Se animó a acariciarle los labios con su lengua, y luego permitir que dance que la de ella, pero siempre con una lentitud y profundidad que no se podían leer como otra cosa que no fuese amor y casi adoración.

Tanta dulzura terminó por hacer mella en el corazón de Kohaku, que ya se había comenzado a abrir un milímetro más cada hora que pasaba desde la noche anterior. ¿Cómo pudo pensar que podía alejarse de él, que podía vivir sin él? Ese joven, que antes solía poner una máscara de frialdad y desinterés, ahora había abierto su corazón entero a ella, y era tanto el amor y el cuidado que emanaban de él que no podía creerlo ya. En su vida se sintió tan cuidada y amada, y él para colmo se esforzaba en romper sus propios prejuicios y esquemas por ella, aunque sin dejar de ser él o ser auténtico, pero sí lo suficiente para ser su compañero en todos los sentidos posibles. Sin darse cuenta en qué momento pasó, la emoción la atravesó, y mientras continuaba ese precioso beso que compartían comenzó a temblar y a llorar, lo cual de pronto preocupó mucho a Senku. Tuvo que interrumpir el momento para ver lo que le pasaba, no se sentía bien si ella se ponía así por un beso.

- Kohaku… ¿qué te sucede? –la última vez que ella se había angustiado tan precipitadamente, había pasado lo peor, y se moriría por dentro si volvía a suceder, ahora que todo parecía encauzarse. Y ahora estaba llorando mucho más fuerte, sus sollozos le interrumpían la respiración y le dificultaban hablar. Él la abrazó con más fuerza, y ella soltó sus lágrimas en el cuello de él, impidiendo que la vea.

- No puedo… –entre sollozos trató de hablar, pero no pudo, y él contuvo la respiración, temiendo lo peor –me estás matando con esto…no quiero…vivir sin ti. Perdóname, lo que nos hice pasar, no lo merecíamos –lo sintió exhalar bruscamente, como si estuviese aliviado– No sé qué haremos en el futuro… pero no quiero que nos separemos más… Me estás rompiendo el corazón con esto, pero no de dolor, sino que haces que realmente no pueda concebir que no estemos juntos.

- Shhhh, tranquila, leona. Estoy aquí, y estamos juntos –maldición, sus sollozos no disminuían, y ahora lo estaban angustiando a él también, además de la felicidad de escuchar que sí podía ser posible que volvieran a compartir su vida como antes, era todo lo que quería en ese momento.

- ¿Cómo demonios haces para hacerme sentir así? Te amo tanto que estoy llorando como una tonta, pero tú…no te rindes conmigo. Diga lo que diga, y aunque te haya lastimado…sigues aquí.

- Podría decir lo mismo de ti, nunca había soltado tantas malditas lágrimas juntas, antes pensaban que eran una debilidad…ahora no sé, quizás lo son, pero no necesariamente una mala. Voy a seguir aquí contigo, no quisiera estar en ningún otro lado. Y algún día tenía que aprender a vivir esto, no soy ni un milímetro tan estable o maduro como piensas. No me alabes tanto ni me pongas en un pedestal, todos nos equivocamos, o nos damos cuenta que nos equivocamos, tarde…aunque no demasiado. Y ya sabíamos que podía ser difícil en algún momento, pero es cuestión de avanzar…paso a paso, hacia lo que uno cree… como en la ciencia, ¿no? –No podía creer que ahora usaba esas palabras para algo como esto, pero no había otras mejores que pudieran explicarlo, ese era su mantra de vida aparentemente.

- Sí, tienes razón.

Finalmente dejó de llorar, habiendo descargado toda la tensión y los sentimientos encontrados que acarreaba hace un buen rato. Todas esas dudas y la incertidumbre. Así como saber que estaban el uno para el otro en las buenas y en las malas. Y pensar que todo esto salió a la luz no por una discusión o una charla extensa y profunda, sino de darse cuenta de pequeños gestos de cariño, de saber acompañarse, entenderse, cuidarse y también tener el temple de hacerle frente a las diferencias. De los granitos de arena que hacían a toda su relación, y no quedarse sólo con una o dos cosas buenas o malas solamente. Pero tendría que aprender a convivir con todo eso, tanto como Senku. Y lo harían, ahora sabía que podían hacerlo si confiaban en el uno en el otro, paso a paso, juntos.

Buenaaas! Me encantan las reflexiones, ¿se nota? jajaja. Pero si se la van a jugar por todo, es hora de buscar el equilibrio y no perder de vista lo importante. Al menos para mí, no es solamente una historia entretenida cuando la escribo, es un modo de compartir puntos de vista, sentimientos y experiencias.

Ojalá lo hayan disfrutado, y vamos dándole un norte a la relación, que todos queremos que sea un norte feliz jaja. Hasta el próximo capítulo, gracias por su apoyo constante! Amo sus reflexiones y comentarios, no me voy a cansar de decirlo, sobre todo porque es parte de esta construcción que me interesa, de lo que les llega y lo que opinan de los vínculos, las relaciones y las expectativas en la vida, además de que se diviertan y disfruten la lectura. Besoooos!