Sentimientos tras el hielo

Tsutomu, te apuesto 300 yenes a que no puedes hacer malabares con dos balones de volleyball.

¿E-eh? ¿Por qué querría hacer eso, Tendou-san?

No, por nada, es solo que había escuchado que únicamente las verdaderas estrellas podían hacerlo.

...¿de verdad?

Shirabu suspiró al escucharlos, ya imaginándose lo que proseguiría y más cuando Semi no estaba para detener a su ocioso senpai de cabello rojizo. Él solo decidió ignorarlos, más concentrado en terminar de guardar las cosas del entrenamiento.

Todos los demás se habían largado ya, a excepción de Ushijima quien aún hacía calentamientos a un costado de la cancha. Veía por el rabillo del ojo sus movimientos, tentado a pedirle que aquel día se quedaran a practicar hasta más tarde.

Tal vez su error fue tener la vista puesta en él y no en el par que era capaz de destruirlo todo en cosa de segundos. Claro que eso lo descubrió cuando ya su cara había dado de lleno contra el suelo tras ser empujado por Goshiki, quien acababa de perder el equilibrio con los dos objetos que terminaron rebotando sobre su cabeza.

Se hizo el silencio en el gimnasio hasta que éste fue roto por un ataque de risa de Tendou y las reiteras disculpas de Goshiki apartándose de inmediato más en un intento de huida que otra cosa.

Sonrió, recordando las sabias palabras de Semi sobre aprender a tener más paciencia con sus compañeros, fue por ese motivo que no persiguió a Goshiki con la escoba de la bodega y solo lo hizo con la red.

Cuando ya lo había atrapado de uno de sus tobillos y había comenzado a jalarlo en su dirección fue que notó la molestia en una de sus muñecas, probablemente por haberla usado de amortiguación en la caída de antes. Se vio en la obligación de chasquear la lengua y dejarlo escapar ante la extrañeza de Tendou.

¿Hum? ¿Te hiciste daño, Shirashira?— Miró mal al mayor, escondiendo la muñeca adolorida en su espalda y maldiciendo su habilidad para darse cuenta de las cosas tan rápidamente.

No es nada— No quería que algo tan absurdo le impidiera poder seguir entrenando.

Una exclamación de dolor se escapó al sentir presión en su mano, volteando enfadado a quien lo había hecho, pero esa expresión esfumándose al ver de quien se trataba.

Si estás herido— Evidenció Ushijima con rostro serio, suavizando el contacto en su muñeca.

Lo siento tanto, Shirabu-san— Continuaba disculpándose Goshiki, solo que escondido desde el marco de la puerta a muchos metros de distancia.

N-no es nada, de verdad— Volvió a decir, aunque con un tono más ligero.

El toque de Ushijima en su mano lo estaba haciendo sentir de forma extraña, pero trató de canalizar sus pensamientos en algo distinto, como en cuál sería la mejor manera de torturar a Goshiki apenas se descuidara.

Debes cuidar tus manos.

¿Eh?— Parpadeó confuso hacia el más alto.

Eres un armador— Un ligero escalofrío lo recorrió al escuchar sus palabras, sintiendo una ligera sensación de desolación cuando soltó su mano.

"Un armador..."

Como ya se le estaba haciendo costumbre lo siguió con la mirada, el esporádico pensamiento de querer saber si eso era todo lo que significaba para él rondando su mente.

No, tal vez ya no era solo su mente la que quería saberlo.

Levantó los párpados con pesadez, aún pareciéndole que estaba con la mirada fija en las espalda de Ushijima mientras se alejaba de él.

Liberó una de sus manos de entre las mantas, la venda aún cubriendo parte de ella. Ya no estaba dentro del equipo de volleyball de Shiratorizawa y aún no estaba seguro de tener tiempo para inscribirse en el equipo de su futura facultad, así que ya no tendría que preocuparse tanto por cuidar de ellas.

Una sensación insatisfecha lo hizo formar una mueca. Aún recordaba la calidez que le dio la cercanía del mayor el día de ayer, lo tranquilo que lo hizo sentir a pesar de casi infartarlo cuando le pidió descansar en sus piernas.

Pero últimamente un pensamiento no dejaba de atormentarlo, suponía que era por eso que había recordado eso entre sus sueños.

Ushijima y él se conocieron gracias al volleyball, ese era el principal nexo que los unía, pero si había dejado de ser su armador, entonces ¿qué era lo que significaba para él?

Eso no era lo peor, puesto que siempre que sus inseguridades empezaban a atosigarlo, había un pensamiento que volvía a aparecer con tanta fuerza que comenzaba a dolerle.

Solo que ese otro pensamiento...prefería ni siquiera mencionarlo.

—Shirabu.

Su corazón por poco escapa de su garganta al escuchar la voz del protagonista de sus cavilaciones del otro lado de la puerta.

—¿Si?

—Estás despierto— Ushijima optó por dejarse ver abriendo ligeramente la puerta—. Iba a decirte que están retransmitiendo el partido que no pudimos ver el otro día.

No pudo evitar que el atisbo de una sonrisa se escapara de sus labios al notar la leve chispa de entusiasmo en los ojos aceitunados del contrario.

—Iré de inmediato.

Ushijima asintió volviendo al salón, hecho que aprovechó para respirar profundo y despejarse.

"Sé más optimista"

Semi tenía razón, después de todo, aunque no llevaba tanto tiempo viviendo con él, sentía que poco a poco lograba acercarse más a Ushijima. Así que dejaría de carcomerse la cabeza con ideas que no lo llevarían a ninguna parte.

Se prepararon un desayuno ligero mientras veían el partido, a lo que el castaño notó con cierta molestia la sensación rasposa en su garganta, asumiendo que tal vez Ushijima había tenido razón en indicarle que había atrapado un resfriado el día de ayer.

—¿Pasa algo?— Le preguntó el zurdo al notar que había dejado su desayuno a medias.

—No es nada— Le dijo, pero al notar que el mayor seguía mirándolo optó por ser sincero— Me molesta un poco la garganta, es todo.

Ushijima pareció meditar sus palabras unos instantes, para después levantarse rumbo a la cocina. Shirabu lo siguió curioso con la mirada, tuvo la tentación de levantarse e ir a ver qué hacía, pero no quería atosigarlo, por lo que simplemente se quedó sobre el sofá en silencio. Minutos después, Ushijima salió de la cocina con una taza que emanaba un olor refrescante a limón.

—Toma.

—¿Para mí?— Preguntó algo perplejo, tomando la taza con cuidado de no quemarse— Gracias...

Vio por el rabillo del ojo al mayor volver a su lugar junto al sofá, en un mutismo que le daba a entender que estaba a la espera de que probara el contenido de la taza. Tomó un sorbo, percatándose también del dulzor de la miel y agradeciendo la sensación de alivio que dejaba al pasar por su garganta.

—Mi abuela me hacía uno de esos cuando me enfermaba— Le sorprendió el tono con el que habló, éste parecía ser el mismo de siempre, pero no le pasó desapercibido el deje de nostalgia que quedaba atrapado entre sus palabras— Aunque, en realidad, lo dejaba fuera de la habitación.

Shirabu abrazó la taza entre sus dedos, sintiendo como una sensación que asemejaba mucho a la felicidad lo recorría al pensar que Ushijima se estaba abriendo para contarle algo que parecía tan simple, pero tan personal a la vez.

—Suena a que se preocupa mucho por usted— Comentó con una media sonrisa, aprovechando que la atención de Ushijima estaba en la televisión para observar su perfil.

Había escuchado uno que otro detalle de la familia del rematador de boca de sus senpai, pero suponía que el que Ushijima fuera como es era un indicativo de que, a pesar de todo, tenía a personas en su vida que le tenían un gran aprecio.

El zurdo lo había escuchado en silencio, dando un leve asentimiento instantes más tarde.

—¿Y en tu casa?— Preguntó de repente, haciendo que Shirabu parpadeara confundido.

—No creo que sea muy interesante— Dijo formando una mueca, pero Ushijima ya había desviado su atención hasta él, haciendo que un leve rubor tomara sus mejillas, no viéndose con más remedio que responder— Bueno, mi papá solía ser quien cuidaba de mí cuando me enfermaba, pero siempre sobreexageraba mucho, compraba todos los remedios que pillaba y no me dejaba moverme de la habitación durante días— Rió un poco por el recuerdo, pensando que tal vez estaba aburriendo al mayor con su relato, pero éste lo escuchaba atentamente.

En la academia solía tener conversaciones con Ushijima, pero éstas eran netamente sobre volleyball o una que otra planta que estuviera cuidando. Ahora parecía que no solo estaban acercándose de una forma física, sino también por el corazón.

Horas más tarde, ambos ya se estaban alistando para ir rumbo a la pista de patinaje. El castaño procurando abrigarse lo suficiente para no acabar congelado apenas saliera del departamento.

—¿Habrá que llevar algo en especial?— Preguntó Ushijima antes de abrir la puerta.

—No lo creo— Respondió Shirabu, acomodándose mejor su bufanda al cuello.

—¿Vamos entonces?

Sintió nuevamente las mariposas revolotear en sus estómago, tratando de ignorarlas para darle un asentimiento que dio inicio a su silenciosa caminata.

Siguieron las indicaciones puestas en el boleto, distrayéndose unos momentos para ver las actividades o grandes publicidades de las calles de Tokio. El castaño sobrecogido por la diferencia con Miyagi hasta que solo pudo sorprenderse más al llegar al gran centro que destacaba por su llamativo cartel.

—Tokio me sorprende cada día más— Comentó distraídamente al notar que la pista ni siquiera abarcaba todo su campo visual de lo grande que era. Ushijima no parecía muy distinto a él, ocupado en observar los alrededores sin saber muy bien qué hacer.

Se acercaron hasta el barandal externo de la pista, Shirabu recordando por unos momentos la gran cancha de las nacionales.

—Es como un gimnasio de volleyball— Ushijima comentó a su lado, a lo que formó una media sonrisa al percatarse de que estaban pensando lo mismo.

—Volleyball sobre hielo— Le siguió la idea.

Ambos se lo imaginaron por unos instantes, negando con la cabeza casi de inmediato al evaluar lo difícil que podría llegar a ser jugar así.

—¿Vamos por los patines?

—Si.

Una vez estuvieron ya preparados en la entrada de la pista, Shirabu vio con algo de desconfianza el hielo bajo sus pies, el ingenuo miedo a que fuera a romperse rondando por su mente. Aún así, se dijo que no podía solo quedarse temblando de miedo, por lo que se arriesgó a avanzar.

Los primeros pasos fueron los más difíciles, intentar no perder el equilibrio con el control de cada uno de sus movimientos le recordaba mucho a cuando recién empezó como armador, teniendo que calibrar todo a su alrededor y a él mismo para que el balón llegara a la otra persona.

Cuando logró avanzar unos metros se sintió orgulloso de sí mismo, sonriendo con mal disimulada alegría en dirección a su acompañante, sin embargo, éste ya no se encontraba a su lado, viéndose en la obligación de buscarlo con la mirada sin resultados.

—Shirabu, estoy aquí.

Siguió su voz, pero seguía sin verlo por ninguna parte.

—Abajo.

El castaño bajó la mirada, encontrándose a Ushijima tendido de espaldas sobre la pista de patinaje mientras el resto de la gente pasaba viéndolo con curiosidad.

—No me puedo levantar.

Una risa amenazó con escapar de sus labios al verlo con su porte tan serio de siempre mirando el techo de la pista, probablemente en serias meditaciones de cómo levantarse sin caerse.

—Ushijima-san— Lo llamó, no pudiendo evitar el deje divertido que acompañó su voz— Yo lo ayudaré.

Tendió una mano en su dirección, la que Ushijima miró algo perplejo unos segundos, tomándola de vuelta ante la sonrisa del menor.

—Bien, a la cuenta de tres— Anunció— Uno, dos...

Y no funcionó.

Al número tres ambos terminaron por volver a resbalar, solo que esta vez el armador también acabó acompañándolo en el frío suelo de la pista, aunque Ushijima alcanzó a sujetarlo a tiempo para que no se diera de cara en ella.

Shirabu tragó pesado al sentir sus brazos rodearlo, levantando la cara, pero arrepintiéndose al instante al tener el rostro contrario tan peligrosamente cerca.

—¿Estás bien?— Le preguntó Ushijima más preocupado de que se hubiera hecho daño al caer.

—Lo estoy, ¿y usted?

—También.

Ambos se quedaron en silencio, Shirabu sintiendo sus mejillas calentarse, ya sea por la repentina cercanía o por las risas de los niños que pasaban patinando como si nada.

—Ushijima-san— Dijo tras un rato de estar sin moverse.

—¿Qué pasa, Shirabu?

—Hum...si no me suelta no puedo levantarme— Le indicó aún algo nervioso por tener sus brazos sujetándolo, aunque si era sincero no le molestaría pasar incluso toda su vida de esa manera.

El mayor pareció percatarse de su acción en ese instante, levantando los brazos con cuidado para dejar al armador alejarse un poco.

—Deberíamos ayudarnos del barandal, ¿le parece bien?— Propuso el castaño al darse cuenta que esa era la única opción que se le ocurría que no terminaba con ellos haciéndose amigos cercanos de la pista de nuevo.

Ushijima aceptó sin mayores complicaciones, a lo que Shirabu solo evitaba pensar en lo ridículos que debían verse al ir prácticamente gateando rumbo al barandal. Lo bueno, y lo penoso también, era que no habían avanzado casi nada desde que entraron por lo que llegaron rápidamente.

Ushijima lo siguió en silencio, pensando en la sensación amarga que se había instalado en su pecho al soltarlo instantes atrás, sin embargo, ésta se esfumó al ver nuevamente la mano del castaño tenderse en su dirección. Levantó la mirada hasta sus ojos cobrizos, los cuales tenían una chispa divertida que en raras ocasiones le veía.

Le tomó la mano de vuelta, sorprendiéndose de lo ligero que se sentía el ser llevado por él sobre la pista. Ambos se tambaleaban a ratos, varias veces chocando uno con otro cuando perdían el equilibrio, pero aún así Shirabu nunca soltó su mano.

Sin pensarlo realmente, sus ojos se dedicaban a observar su perfil mientras avanzaban hasta que Shirabu lo notó y le devolvió la mirada. Probablemente se había acostumbrado a que la evadiera cada vez que sucedía, por eso le sorprendió tanto cuando las mantuvo juntas y le sonrió.

—¿Se está divirtiendo, Ushijima-san?

Le iba a responder con un ligero "si" como normalmente hacía, pero la oración quedó atrapada en su garganta, aún procesando lo extraño que se estaba empezando a sentir cada vez que le sonreía de esa manera.

Comenzaba a preguntarse si, tal vez, necesitaba más que solo tomar su mano para calmar ese sentimiento.

Cuando ya se les hizo tarde y la temperatura comenzó a bajar, fue que decidieron volver a casa. Devolvieron los patines y se fueron conversando en el camino, aunque probablemente nadie sospechaba el tema en debate considerando los rostros tan serios de ambos.

—Dudo mucho que funcione, Ushijima-san— Comentó pensativo el castaño— Los bloqueadores no podrían saltar con los patines.

—¿Lo crees?— Meditó con circunspección el más alto— Supongo que tienes razón, sería peligroso.

—Tal vez si los patines fueran diferentes...

El celular del mayor interrumpió sus teorías de hacer un partido de volleyball en una pista de patinaje, a lo que Shirabu le hizo un gesto de que no se preocupara por contestar, lo que también aprovechó para acomodar mejor el vendaje de su mano.

—¿En serio?

Vio con algo de curiosidad el rostro del rematador, notando el brillo de entusiasmo en sus ojos, preguntándose si se trataba de algún partido importante o algo así.

—Si, estaré allí mañana, gracias por avisar— Terminó la llamada al poco rato de empezarla, aunque tampoco era como si el mayor fuera de muchas palabras en realidad.

—¿Pasó algo bueno?— Preguntó Shirabu sin poder evitar tener curiosidad al respecto.

—Si— Respondió con simpleza Ushijima— Oikawa está en Tokio, aceptó jugar un partido de práctica con nosotros.

Los pasos del castaño fueron disminuyendo el ritmo, temiendo por unos segundos seguir caminando sobre el hielo de la pista.

No, éste parecía más frágil, tan tentado a romperse que le dio escalofríos.

—Oh, ¿en serio? No sabía que estaba en Tokio— Le molestaba la garganta de nuevo, temía que la infusión de la mañana estuviera perdiendo su efecto.

—Yo tampoco lo sabía, pero se lo recomendé al entrenador en varias ocasiones, tal vez acepte quedarse— Ushijima detuvo sus pasos al notar que Shirabu se había quedado unos metros atrás, atrapado observando sus manos en silencio— ¿Shirabu?

Un armador...

Ahí estaban esos molestos sentimientos de nuevo, de estar casi tocando el cielo mientras patinaban tomados de la mano al amargo sentir de que solo los unía un ligero hilo a punto de romperse.

Oikawa Tooru podía fácilmente tomar el puesto que él había perdido, podía llegar a ser su armador, pero entonces ¿qué función cumplía él?

Si ya no le era útil en el área que más le importaba...

—Me alegro por usted, Ushijima-san— Terminó por salir de sus labios, sintiéndose tan falso que le generaba un rechazo a su propia personalidad.

El resto del camino fue acompañado de un silencio que había dejado de ser ameno como el de antes, éste parecía irrazonablemente ensordecedor para sus oídos. Se separaron apenas llegaron al departamento, Shirabu dirigiéndose rápidamente a su habitación, pero sin poder evitar sentir un pinchazón de culpa al ver el rostro del mayor antes de cerrar la puerta.

Se sentía estúpido al estar comportándose de esa manera tan infantil, al fin y al cabo, Ushijima no tenía la culpa de nada, sin embargo, simplemente no se veía capaz de verlo a los ojos y retener el decirle cuanto quería que lo apreciara de la misma forma que parecía hacer con el ex capitán de Seijoh.

Esa noche, no dejó de tener pesadilla tras pesadilla, siendo evidenciado por el sudor frío que lo cubría una vez despertó definitivamente. Escuchó ruidos en la sala, sabiendo perfectamente que ya era la hora en que Ushijima se alistaba para salir.

Sentía su cabeza pesada y cada paso parecía costarle mucho más de lo normal, aún así llegó hasta el umbral de su habitación justo a tiempo para ver a Ushijima acomodarse su bolso al hombro y encaminarse hacia la puerta.

Ilógicamente aún se sentía como atrapado dentro de una pesadilla, donde el suelo se quebraba bajo sus pies sin nunca poder alcanzar la figura que tanto había perseguido. Su mente le repetía que se trataba de la realidad, pero donde estaría despidiendo con simpleza a Ushijima desde la puerta como siempre hacía, estaba ahora caminando hasta abrazarlo con fuerza por la espalda en un ruego silencioso de que no se fuera.

—¿Shirabu?— Sintió la vibración de su voz, sin embargo, optó por quedarse en silencio aún manteniendo la parte lógica que no dejaba de repetirle que no podía dejar salir sus infantiles súplicas.

Sus sentimientos habían empezado como una admiración a su talento, pero después no pudo evitar enamorarse de su persona, de sus ojos y amable corazón.

Eso era lo que no quería pensar, porque cada vez que sus inseguridades intentaban volver a ahogarlo era cuando se ponía a pensar que esa admiración que Ushijima sentía por Oikawa Tooru podía llegar transformarse en lo mismo.

"Quiero que me enseñes a amar como tú lo haces"

No podía hacerlo, no cuando tenía tanto miedo de que una vez lo ayudara a darse cuenta de lo que era amar a alguien esos sentimientos fueran dirigidos a otra persona.

Pero...

Se aferró unos instantes más a él antes de soltarlo y retroceder unos pasos. Ushijima volteó a mirarlo con un destello de confusión en sus ojos verdosos, la espera a una respuesta tangible en el aire, sin embargo, el castaño solo le brindó una media sonrisa.

—Espero disfrute su entrenamiento, Ushijima-san— Fue lo más sincero que llegó a sus labios.

Ushijima seguía mirándolo no muy convencido hasta que optó por simplemente asentir al notar que ya se le estaba haciendo tarde. Como siempre hacía, se detuvo en el umbral de la puerta para despedirse del de iris miel, no obstante, éste ya se encaminaba a su habitación dejándole una extraña sensación de desolación.

Shirabu esperó a que se cerrara la puerta para suspirar y dejarse caer de rodillas al suelo, el cuerpo repentinamente cansado y la cabeza sin dejarle pensar con claridad.

El tiempo que pasaba junto a Ushijima le daba más felicidad de la que había vivido nunca, le encantaban sus conversaciones, sus ligeras sonrisas, el leve roce que había empezado a darse cuando estaban sentados el uno junto al otro o, incluso, algo tan simple como sentir el ritmo de su respiración a su lado.

Pero si era otra persona quien le hacía sentir eso a Ushijima...

Ah...nuevamente la sensación del hielo rompiéndose bajo sus pies.


¡Hola, hola!

Capítulo con hartas emociones, espero les haya gustado 3

Muchas muchas gracias a todos los que siguen la historia ❤️

¡Saluditos virtuales! ❤️