Capítulo 21

Kagome se quitó el vestido para ponerse un camisón, la sorpresa que se había llevado era demasiada y aun no podía creer que su hermano la haya traicionado con algo así ¿A qué se debía ese cambio? Si habría sido el primero en querer matar a Inuyasha y ahora resultaba que se habían hecho grandes amigos al grado de darle la confianza de cuidar a su esposa, a Eri y a ella misma.

No necesitaba a nadie que la protegiera ni mucho menos si se trataba de Inuyasha, pero de una cosa estaba claramente segura, nunca, jamás ni en los sueños más perversos de Inuyasha ella sucumbiría a sus encantos, ya no, ya no más, no se le regalaría en bandeja de plata, lo haría pagar caro el desprecio y su engaño, lo humillaría hasta verlo destrozado tal y como él lo hizo con ella.

Apagó una vela, se metió a la cama y cerró sus ojos para dormir, mañana sería un día muy largo ya que tenía que convivir con ese hombre.

Estaba tan concentrada en sus pensamientos ya que no advirtió que la puerta se abría lentamente y se cerraba, sintió a alguien acostarse a su lado, se alarmó y abrió los ojos de un golpe y se reincorporó en la cama y se encontró con aquellos ojos dorados que no deseaba ver nunca en su vida.

¿Qué estás haciendo aquí? – Kagome le preguntó mientras se cubría con una sabana

Está es la habitación de mi esposa ¿no? – El ojidorado esbozó una sonrisa – Ya te dije que no me daré por vencido hasta lograr tenerte una vez más a mi lado

Estás perdiendo tu tiempo – Kagome se levantó de la cama – Haya afuera hay muchas mujeres que estarían dispuestas a compartir la cama contigo ¿Por qué no vas en busca de una de ellas? O mejor dicho ¿Por qué no vas en busca de esa mujer?

Inuyasha negó con la cabeza y se levantó también de la cama, avanzó hacía Kagome la hizo cautiva de sus brazos.

Porque la única mujer que deseo en estos momentos eres tú – y con sus labios comenzó a darle besos en cada una de sus mejillas – Y sólo tú

Kagome cerró los ojos, estar en sus brazos era algo reconfortante y por un momento se había dejado envolver en su encanto ya que ella también lo deseaba, lo deseaba tanto que podría mandar al diablo todo lo que le había hecho y comenzar de nuevo, con tal de estar una vez más entre sus brazos, recibir esos besos que le llenaban por completo el alma, pero las imágenes de él con otra mujer la hicieron regresar a la realidad.

¿Es verdad lo que dices? – Preguntó con voz dulce y él asintió – Que lastima, porque yo no te deseo y lo único que siento por ti es asco, repulsión y odio

Esas palabras lo hirieron en el fondo de su alma, sabía que Kagome iba a reaccionar de esa manera pero tenía que intentarlo y el que no arriesga nunca gana.

Puedes decirme lo que quieras – respondió atrayéndola más hacía él – Ya que en el fondo sabes que es mentira, tus labios pueden decir más que mil mentiras, pero tus ojos solo dirán una verdad y en ellos veo amor por mi

Estas equi…

Pero sus palabras fueron cortadas por un beso de Inuyasha, y al sentir sus tibios labios con los de ella la hacían sentir frágil ante él, su cuerpo temblaba al sentirlo, estaba a punto de rodear su cuello con las manos pero una vez más regresó a la realidad.

Se apartó de él y le dio una cachetada en la mejilla izquierda y otra más en la derecha con la otra mano.

¿Satisfecho? – Preguntó Kagome – Ahora puedes irte

Lo siento si te moleste – se apartó un poco de ella – Descansa – y se marchó de la habitación

Kagome había querido detenerlo me simplemente lo dejo ir, sus lágrimas comenzaron a salir, se llevó las manos al corazón para controlar sus latidos y se dejó caer en la cama, lo amaba y esta situación le dolía mucho ¿Por qué su orgullo era más fuerte que ella?

Te amo maldito

Inuyasha se había quedado recargado en la puerta, sus ojos dorados estaban cristalizados debido a las lágrimas que brotaban, en lugar de irse a su habitación fue al despacho donde encontró una botella de coñac, la tomó y se fue con ella a la sala de estar.

Tomó asiento en un sofá, observó la botella y mejor la dejo en una mesita, no se sentía con deseos de beber, lo único que deseaba en estos momentos era estar entre los brazos de Kagome, sentir su cálido cuerpo sobre de él, sentir esos labios dulces, la amaba más que a su propia vida y por culpa de sus errores estaba pagando caro, pero el desprecio de Kagome era algo difícil de soportar, ese era el castigo que merecía, después de todo que esperaba ¿Qué lo recibiera con los brazos abiertos y lo perdonara así de fácil?

Estaba viviendo en carne propia las canalladas que le había hecho a su esposa, el reflejo de una luz que estaba en la entrada de la sala lo obligó a voltearse y se encontró con la anciana Kaede.

¿Qué haces aquí hijo? – preguntó la anciana tomando asiento a un lado de él

Quería estar solo – mintió

Te ha rechazado ¿Verdad? – Kaede era una mujer muy madura y conocía la vida más que él, así que Inuyasha sólo asintió

No es capaz de perdonarme y tiene razón. Que me puedo esperar después del daño que le he hecho, merezco su desprecio y odio

No digas eso – la anciana apoyo una mano en la de Inuyasha y el ojidorado la miró a los ojos – Desgraciadamente el padre de Kagome era un hombre muy orgulloso y ella es igual a él, pero una vez que logres abrir las puertas de su orgulloso corazón, encontraras a una Kagome amorosa, dulce, cariñosa

¿Pero cómo lo hago, Kaede? – El hombre se encogió de brazos – Me he arrodillado ante ella, entre a su habitación para pedirle perdón y ella simplemente me rechaza

Kaede esbozó una sonrisa – Si quieres un consejo, el mío es que no le ruegues tanto, ella solita vendrá a ti, pero eso sí, demuéstrale cuanto la amas– la anciana se levantó y avanzó hacia la puerta – Descansa hijo

Gracias Kaede

Antes de entrar a la habitación que le había sido asignada se detuvo en la puerta de la habitación de Kagome, tocó la perrilla de la puerta, pero antes de girarla pensó que tal vez no era lo correcto probablemente Kagome le había puesto seguro para evitar que él pudiera entrar pero se alegró de que ella no le hubiera puesto seguro ya que cuando la giró la puerta se abrió.

Entró sin hacer el menor ruido, ya que no quería despertarla, se detuvo en medio de la cama y sólo se quedó observándola dormir, el viento que estaba un poco frio y la sabana muy apenas cubría su delicado cuerpo, así que recorrió más las sabanas hasta taparla.

Inuyasha…

Cuando escuchó su nombre en esos labios esbozó una sonrisa, seguramente estaba soñando con él y eso le daba una esperanza, se acercó a ella y le dio un beso en la frente.

Te amo – le susurró al oído y por ultimo salió de la habitación para dejarla dormir

Al día siguiente, Kagome, Ayame y Eri se encontraban desayunando en el comedor platicando animadamente hasta que apareció Inuyasha y las tres guardaron silencio.

Ayame le hizo un gesto a Eri de dejarlos solos, pero la joven no quería dejar a su cuñado con él.

Eri ¿Vamos a ayudarle a Kaede? – preguntó Ayame animadamente

De acuerdo – asintió la joven, pero cuando Kagome le susurró que no la dejara con él, ella esbozó una sonrisa y dijo un lo siento para salir con Ayame en busca de Kaede

Una vez solos, Kagome sólo miraba su plato de comida, no se atrevía a hacerle frente a su esposo, pero al verlo tan condenadamente atractivo se mordió la lengua, maldito, si no fuera tan guapo.

¿Qué tal dormiste? – preguntó Inuyasha

Incomoda— comentó Kagome con aires de grandeza – Ya que pensé que podrías interrumpir de nuevo en mi habitación

Inuyasha recordó los consejos de Kaede.

"—No le ruegues tanto, ella solita vendrá a ti"

Bueno debo irme – Inuyasha se levantó del comedor y avanzó hacia la salida pero la voz de Kagome lo detuvo y esbozó una sonrisa, giró sobre sus talones para verla — ¿Si?

¿Vas a salir tan temprano? – preguntó

Así es – Inuyasha asintió – Sesshomaru quiere hablar conmigo y me citó temprano y para tu mayor tranquilidad estaré todo el día con él. Nos vemos luego señorita Higurashi

Y salió del comedor dejándola sola, un hueco se le hizo en el estómago ¿Por qué se comportaba ahora frio con ella si ayer era todo lo contrario? Buscaba en cualquier ocasión una disculpa por parte de ella y ahora estaba tan distante, al grado de irse con su hermano ¿Era verdad que Sesshomaru lo había citado o simplemente era una excusa para ir en busca de esa mujer?

Harta de esos pensamientos hizo a un lado el plato y mejor se fue a los establos, tal vez viendo a su caballo favorito la tranquilizaría.

Inuyasha entró al despachó de su hermano y se sorprendió al verlo feliz, la verdad nunca había visto a Sesshomaru con una sonrisa de oreja a oreja.

¿A qué se debe esa sonrisa en tu rostro? – preguntó mientras tomaba asiento

Inuyasha…me caso

Inuyasha abrió aún más los ojos al escuchar esa notica, nunca se había esperado eso ya que su hermano era un poco frio con las mujeres pero nunca llegó a saber que una le interesaba como para llevarlo al altar.

¿Y quién es la desafortunada? – preguntó divertido

Rin Collins

Te deseo toda la felicidad del mundo

Gracias – asintió Sesshomaru – Pero quiero que tú y Kagome sean mis padrinos

¿Kagome y yo? – Repitió el ojidorado y su hermano asintió – Por supuesto, así será

Kikyo caminaba de un lado a otro de la habitación mientras esperaba la llegada de Naraku y en ese momento él entraba a la habitación.

¿Qué te pasa? – preguntó al verla nerviosa

Me descubrió – respondió la joven – Me tendió una trampa y caí

Naraku lanzó un grito y del coraje tiró la bandeja de comida que estaba en una mesita.

¿Cómo es posible? – Dijo furioso dejándose caer en una silla – Estábamos tan cerca de destruirlo

¿Qué piensas hacer?

En primer lugar a ti ya no te necesito – explicó mientras la miraba – Ahora me vengare por mi propia cuenta, la mejor forma de hacerle daño es golpearlo en donde más le duele….

Kikyo no hizo más comentarios y se dejó caer al borde de la cama, la verdad lo que había pasado la dejo conmocionada y realmente Inuyasha había sido tierno con ella y ella simplemente le pagó con la traición.

Podía ir en su búsqueda y contarle todo de una vez, que lo hizo por órdenes de Naraku ya que quiere vengar la muerte de su hermano, pero ese hombre era muy peligroso y si se enteraba que lo había traicionado seguramente la mataría.

¿En qué piensas? – Naraku la sacó de sus pensamientos

En cómo te vengarías

No puedo decírtelo – Naraku negó con la cabeza – Seguramente podrías llegar a traicionarme

Sabes que no haría eso

Lo sé, pero es mejor prevenir cariño