¡Sean bienvenidos!
Simbología
- zzzzzzzzz - || Diálogo de los personajes
Cursiva || Pensamiento de los personajes
[Flashback] || Eventos pasados en la historia
[Flashforward] ||Eventos futuros en la historia
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Disclaimer:
Los personajes no me pertenecen, son de la mente de Rumiko Takahashi
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Nota:
Tomé libertades en temas históricos, geográficos y sociales para el desarrollo del relato.
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Capítulo 17. Estés donde estés, tu lugar es el ayer
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Tarde | 28 de mayo | Nerima, Japón
Akane miraba con bastante desconcierto a Shinnosuke ya que su arribo le sorprendió sobremanera; le había dejado en claro en su último encuentro que se olvidara de ella. Ahora, sentado sobre un tatami con una pequeña mesa de madera al frente, bebía té que Kasumi amablemente le había servido minutos antes mientras hacía un esfuerzo enorme por recordar la razón de su inesperada llegada.
– ¿Sigues sin poder acordarte? – mantenía la barbilla descansando en su mano sin dejar de observarlo.
– Aún no. Por más que lo intento no puedo. – observaba el vaso como si intentara encontrar respuestas en el fondo.
Ella lo observaba minuciosamente buscando alguna peculiaridad que pudiera darle indicios sobre la razón de su venida. De pronto, advirtió un detalle en su mano derecha que le llamó poderosamente la atención: tenía un pequeño hilo rojo atado alrededor de la muñeca. Imaginó que aquel cordel podría haberlo puesto para ayudarle a recordar algo importante.
– ¿Por qué tienes ese hilo en tu mano? – señaló con el dedo el rojizo cordel.
– ¿Este? – le mostró el antebrazo – ¡Ah, ya sé por qué! – exclamó triunfante.
Hurgó dentro de sus bolsillos para sacar un arrugado sobre que le entregó porque tenía escrito el nombre de la menor de las Tendo como destinatario en el exterior. Lo abrió en el instante y comenzó a leer la misiva que contenía.
En pocas palabras el chico fue enviado por su abuelo para solicitar la ayuda de un viejo amigo que vivía en la localidad. Necesitaba que le prepararan un poderoso remedio para aliviar una fatiga crónica que le había provocado la ingesta de un hongo tóxico. Además del agua de la vida se ocupaban otros ingredientes para la elaboración de la medicina y, aunque el bosque de Ryugenzawa poseía gran biodiversidad, carecían de una planta llamada el Ojo del Diablo, pues crecía en limitados territorios de Japón y al hombre que buscaba, conocido como Mako, tenía algunos especímenes.
Sin esa planta la pócima no tendría efectos permanentes por lo que su nieto tuvo que realizar ese viaje como única alternativa para la recuperación del anciano. Este conocía de sobra la desmemoriada característica de su pariente por lo que decidió enviarlo al dojo Tendo para que la popular pareja de Nerima le auxiliara, al igual que lo hicieron cuando derrotaron al legendario Orochi.
– ¿Si podrías ayudarme? – preguntó temeroso el joven a su amiga.
– ¡Claro! Podemos ir ahora mismo, la dirección que dice la carta no está muy lejos de aquí.
Ambos salieron inmediatamente para localizar al viejo Mako. La chica lo guiaba por las calles de la ciudad mientras conversaban sobre los últimos sucesos acontecidos en Ryugenzawa.
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El domicilio que buscaba el joven guardabosque se ubicaba detrás del Instituto Furinkan, en un manzana repleta de pequeñas casas muy sencillas. Llegaron al número que indicaba la carta y llamaron a la puerta; en segundos una amable anciana les atendió por lo que Akane tomó la palabra para preguntar sobre el hombre que indicaba la carta y de paso explicarle el motivo por el cual le buscaban.
– Lamento decirles que mi marido no volverá en unos días. Fue a visitar a uno de nuestros hijos a Okinawa. – mencionó la mujer después de escuchar la razón de su visita.
– Es una lástima. – el chico suspiró derrotado.
– Podrías dejarme tu teléfono para llamar cuando regrese. – acertó a decir la anciana.
– Es que yo no soy de por aquí, señora.
– Puedo dejarle el número de mi casa. Es del dojo Tendo. – la menor de las Tendo interrumpió la conversación
– Perfecto. En cuanto vuelva le diré que te llame para que regreses.
Se despidieron cortésmente y emprendieron el camino de regreso al dojo. Durante el trayecto lucía preocupado porque no quería volver sin la medicina para que su abuelo se recuperara. Casi no había dicho palabra alguna hasta que ella le distrajo de su cavilación.
– Oye, si quieres puedes dejarme las cosas y cuando la medicina esté lista yo se las llevaré. – afirmó mientras cruzaban la calle.
– ¿Tú harías eso por mí? – detuvo la marcha sorprendido ante tal gesto.
– Claro, para eso somos los amigos. – le brindó una encantadora sonrisa.
Muy decidido tomó las manos de la joven de cabello azul y miró intensamente sus marrones ojos. Aunque mantuvo la postura, ella se perdió en los expresivos y llamativos irises de su amigo. Rememoraba que ambos tuvieron cierta química cuando se encontraron por última vez en Ryugenzawa; sin embargo, la aparición de su prometido le hizo ver que aquello no pasaba de una simple y llana atracción. Reaccionó súbitamente al recordar esos momentos rompiendo el contacto visual con un ligero color rojizo en sus mejillas.
– Agradezco mucho tu ayuda. – soltó sus manos mientras sonreía.
Ambos prosiguieron la marcha a casa en silencio puesto que ella analizaba lo que acababa de suceder. Hace tiempo que alguien no me miraba así, y mucho menos que yo me sintiera de esa manera.
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Noche | 28 de mayo | Nerima, Japón
El juvenil huésped convivía con la familia Tendo durante la cena ya que Akane le sugirió que pasara la noche en casa para evitar que hiciera un peligroso viaje nocturno de regreso al bosque. Éste acepto pues, aunque le preocupaba la salud de su abuelo, la condición que le aquejaba no era de suma gravedad.
La familia tenía distintas percepciones de él. Soun lo percibió como un chico un poco extraño, aunque lo apreciaba por haber salvado a su hija en el pasado, Kasumi lo trataba con la misma simpatía con la que atendía a los amigos de la familia y Nabiki admiraba lo guapo que lucía y lo afortunada que era su hermana menor de tenerlo de pretendiente. Al maestro Happosai le resultaba indiferente, siempre y cuando no se entrometiera con la valiosa colección que poseía.
La cena preparada por la hija mayor estaba más deliciosa que de costumbre aquella noche. Unas exquisitas empanadillas rellenas de carne habían sido el tentempié mientras que ahora degustaban Tonkatsu, un delicioso platillo tradicional de cerdo.
– ¿Y dime, hay muchas bestias en el bosque dónde vives? – preguntó el padre Tendo mientras probaba el cerdo.
– Bastantes, señor Tendo. Aunque la mayoría son muy mansas. – respondió el invitado.
– ¿Has vivido toda tu vida ahí? – inquirió de nueva cuenta el jefe de familia.
– Sí, es mi deber, como lo ha sido el de mi abuelo.
– Oye, ¿y no tienes novia? – cuestionó Nabiki.
– ¡Hermana, no seas imprudente! – masculló discretamente la menor.
– No. – dijo con mucha timidez.
– Escuché que tendrán tu encargo en varios días. ¡Qué bueno que decidiste quedarte hasta mañana! – declaró con una enorme sonrisa el patriarca.
– Gracias a todos por dejarme pasar la noche.
– Podrías quedarte hasta que te lo entreguen. A fin de cuentas tenemos una habitación disponible, la que ocupaba…
– ¡Basta, Nabiki! – exclamó molesta Akane, interrumpiendo la frase de su hermana.
El chico sintió incomodidad porque advertía que su presencia causaba aquellas desazones familiares, así que no quiso entrar en polémicas innecesarias y decidió declinar la invitación cortésmente.
– No se molesten. Sólo será por hoy. – precisó mientras dejaba el plato en la mesa.
– Sería mejor que esperaras hasta que la persona que buscas regrese. Además, los Tendo siempre somos hospitalarios con nuestros amigos. – Soun le tocó el hombro como señal de respaldo.
– Bueno, sólo si no les molesta. – miró a su amiga buscando aprobación.
– No, por mí no hay problema. Eres bienvenido en casa. – respondió con la vista hacia abajo, pues evitaba enfrentarse de nuevo la poderosa mirada del chico.
El resto de la velada continuó de forma amena ya que Shinnosuke encajó a la perfección dentro de la dinámica familiar pues su presencia llenaba de manera temporal el vacío físico que dejó el antiguo prometido de Akane. Aunque con el joven del bosque solo mantenía una sincera amistad, la visita generaba en el corazón de la menor una maraña de sentimientos que hasta unos días atrás había logrado regular.
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Mediodía | 29 de mayo | Wakayama, Japón
El sol caía con aplomo sobre el claro de la montaña donde realizaba sus prácticas el heredero del combate libre. A pesar del ser constante y responsable con el entrenamiento, apenas mostraba un ligero avance en el ejercicio que le impuso Kenzo, aunque eso no le amainaba el ánimo. Acababa de fracasar en el último intento cuando escuchó un rugido proveniente de su hambriento estómago. Por tanto, decidió tomar uno de los alimentos que llevaba para comer.
Estaba a punto de abrir una bolsa de frituras cuando escuchó lo que parecía ser sollozos de tristeza. Estos provenían del camino por donde había subido así que se acercó sigilosamente y tras unos arbustos observó a una mujer llorar al pie de un viejo árbol. Consideró acercarse para averiguar si tenía dificultades, pero se detuvo debido a que un hombre acababa de llegar.
– ¡No entiendo por qué te pones así, no es para tanto! – exclamó agitado por el esfuerzo que había hecho ya que venía corriendo.
– ¡Para ti no es nada, como siempre! – le dio la espalda como señal de molestia.
– Es que ya te dije que eso no tiene importancia.
– ¡Para mí sí! ¿Cómo crees que me siento después de probar lo que preparé para comer? ¡Sabe horrible! – las lágrimas brotaban sin cesar.
El muchacho calló por varios segundos hasta que la chica se tranquilizara. Un par de minutos después, ella enjugó sus lágrimas e intentó normalizar su respiración. Ranma contemplaba oculto y en completo silencio la escena dado que le resultada familiar aquella postal.
– Oye, sé que la comida aún no te queda muy bien, pero con práctica seguro que la prepararás bien. – se acercó y puso sus manos en los hombros de la dama, que parecía más calmada.
– Lo siento, es que estoy tan presionada por la boda – bajó la mirada –. Mira lo que hice, ¡ya arruiné nuestro paseo!
– Ven aquí – la cobijó entre sus brazos –. Aunque la comida no tenga buen sabor agradezco el esfuerzo que haces. Además, yo puedo cocinar o hasta los dos juntos podríamos hacerlo.
Ambos se dieron un tierno beso como señal de reconciliación. Enseguida, tomados de la mano regresaron al lugar donde acampaban. El chico de la trenza quedó petrificado y ausente por un recuerdo que le vino a la mente mientras contemplaba la retirada de la pareja de enamorados.
[Flashback]
Un sinfín de aventuras había tenido la familia Tendo desde que los Saotome habían aparecido en sus vidas, a pesar de ser muy poco el tiempo que tenían en el barrio. El suceso más reciente estaba relacionado con la extraña abuela de Shampoo que llegó de China con el firme objetivo de velar por el futuro de su nieta.
Apenas le conoció, la anciana lo presionó para casarse con la amazona. El joven de ojos azules salió avante en los primeros escarceos que tuvo con la mujer sin saber que con ello había mejorado considerablemente sus dotes de artista marcial.
Tiempo después Ryoga apareció para hacerle frente de nueva cuenta, como tantas veces lo había hecho desde niños. Empero, en esta ocasión Ranma lo derrotó con facilidad, a pesar de no esforzarse al máximo. El padre percibió soberbia en el actuar de su hijo y, con el fin de evitar que la confianza lo dominara, decidió llevarlo a entrenarlo a las montañas. La prometida de su hijo les acompañaría también para ayudarles con la comida, a petición del futuro suegro.
– ¿Por qué hiciste que viniera? ¡No puedo concentrarme con ella, prefiero estar solo! – bramó el joven mientras peleaba con su padre que estaba transformado en panda.
– Porque apestas cocinando – el animal le mostró aquello escrito en un cartel de madera, haciendo muecas de burla.
– No me digas que cocino tan mal. – el chico intentaba golpearlo, pero este lo evitaba con agilidad.
Al finalizar la práctica padre e hijo se reunieron con ella para cenar. Antes de servir los platillos les confesó que tenía poca experiencia en la cocina, algo que el señor Genma pasó por alto ante el hambre que le invadía. Apenas dieron el primer bocado sus rostros palidecieron; dejaron el plato casi como lo recibieron y, con la excusa de seguir entrenando, la abandonaron.
Akane quedó molesta por tal desaire, a pesar del mal sabor de la comida. Mientras refunfuñaba por el maleducado de su prometido, coincidentemente se encontró con Ryoga puesto que este entrenaba con la vieja Cologne en el mismo lugar. Como lo notó hambriento le sirvió la cena que cocinó, lo cual agradeció sumamente emocionado por el simple hecho de probar algo que ella había cocinado.
El joven de ojos azules, que miraba a lo lejos la escena con incredulidad y un poco de celos, apareció para arruinar el momento.
– Ryoga, no solo eres despistado, además tienes mal gusto. – expresó burlándose Ranma frente a ellos.
– ¿Qué te pasa? Él sí sabe apreciar mi comida. – espetó la chica.
– Akane, ¿probaste esto al cocinarlo? – exclamó airado.
– Claro que no. – expresó la chica frente a él.
– Pues deberías hacerlo, ¡es indispensable!
– ¿Por qué lo dices? ¿Sabe mal? – le respondió enfadada
El chico asintió con la cabeza por miedo a recibir un golpe de su prometida. Apenas hizo tal gesto, el joven Hibiki le lanzó un cubierto directamente a la mejilla.
– ¿Cómo te atreves a insultarla? Eres un canalla. – señaló con coraje.
– No me digas que te gustó. – Saotome se puso de pie, irritado por el golpe.
– No permitiré más abusos. – el chico de la pañoleta se puso en guardia.
– ¡Ya basta, por favor! Agradezco que hayan apreciado mi comida, pero no quiero que peleen por eso. – interrumpió la joven Tendo, interponiéndose entre ambos.
– Akane tiene mucha razón, Ryoga. Además, prometí no pelear con alguien más débil que yo. – comentó el joven, poniendo su mano en la nuca.
– ¿Cómo que más débil? ¡Ya verás! – gruñó Ryoga.
El desorientado muchacho se abalanzó para golpearlo debido a la arrogancia con la que lo trataba. Fue impedido en el último momento por la anciana amazona, que le derribó con un golpe que le dio con el bastón que portaba.
– Abuela, ¿qué está haciendo aquí? – preguntó Saotome sorprendido.
– ¡¿Qué le pasa?! – gritó molesta la joven Tendo mientras se acercaba a su amigo, que yacía en el suelo – Ryoga, ¿estás bien?
– Sí, gracias. – respondió sin poder ponerse en pie.
– Este encuentro tendrá que posponerse unos días más – la mujer le sonrió a su yerno –. Y tú Ranma, más vale que sigas preparándote para ese momento – rio con fuerza en tanto cargaba Ryoga –. ¡Él va a estar muy bien! – se alejó burlándose.
– ¡Espere! – la menor de las Tendo quería ir tras ellos.
– ¡Akane, vuelve aquí! – expresó el joven de la trenza imperativamente.
– ¿Para qué quieres que me quede? ¿No soy la peor cocinera? – la chica volteó para enfrentarlo.
– Bueno… es que quizás Ryoga debe ser la única persona en el mundo que puede comer tu comida.
– ¡Qué grosero! ¡Qué poco caballeroso! – la chica le gritó y huyó tras la anciana.
– Bueno, es la verdad. – murmuró en voz baja.
[Flashback]
Esa fue la primera ocasión en la que Ranma tuvo la oportunidad de probar alimentos cocinados por su prometida. Después vinieron varios desaguisados producto de las pocas habilidades culinarias de la joven de pelo azul, incluso en la repostería.
Sólo me burlaba por molestarte, tal vez sufrías igual que esa chica. Si tan sólo te hubiera dicho lo que pensaba cuando me cocinabas algo: realmente tu comida sabía horrible, pero me fascinaba que lo hicieras por mí, sólo por mí y por nadie más, porque sabía que yo te importaba.
Apretó con determinación el puño deshaciendo el bocadillo que llevaba en las manos mientras entrecerraba lo ojos y se lamentaba en silencio. Maldita sea, ¿hasta cuándo la vida me seguirá mostrando todo lo malo que hice para perderla?
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Tarde | 29 de mayo | Nerima, Japón
Akane y varias de sus amigas recién salían del instituto cuando el juvenil guardabosque apareció, lo que asombró a la menor de las Tendo pues su amigo había llegado hasta ese lugar sin ayuda. Apenas la reconoció, se acercó hacia donde el grupo de jovencitas estaba.
– Shinnosuke, ¿qué haces aquí? – cuestionó la chica de pelo azul.
– Es que me ofrecí a llevarle a tu hermana unas cosas del mercado, pero creo que olvidé como regresar. – se ruborizó por haberse extraviado de camino al dojo.
– Akane, ¿no nos vas a presentar a tu amigo? – expresó Yuka, dándole un ligero codazo.
– Si, perdón. Él es un amigo que está de visita en casa. Shinnosuke, ellas son mis amigas Sayuri y Yuka. – señaló a cada una mientras mencionada su respectivo nombre.
– Mucho gusto, señoritas. – declaró en tono caballeroso.
Las amigas comenzaron a conversar en tono coqueto mientras él respondía con monosílabos ya que le intimidaban; en cambio, a ellas les parecía sumamente apuesto y no querían desaprovechar la oportunidad que tenían. La chica de cabello azul las observaba de manera recelosa pues presentía que lo incomodaban con esa actitud, aunque en el fondo sentía un poco de envidia que les prestara demasiada atención.
– Creo que ya tenemos que irnos. – dio un pequeño tirón al brazo de su huésped.
– Es una lástima. Podríamos salir un día de éstos todos juntos, Akane. – declaró Sayuri muy emocionada
– Sí, yo les aviso. – ambos se aprestaban a volver a casa.
Súbitamente, una conocida espada de madera se interpuso entre la pareja, separándolos al instante.
– ¿Quién eres tú y porqué estás con ella?
– ¿Tatewaki? – expresó con fastidio la peliazul.
– Querida Akane, sé que hemos estado distanciados bastante tiempo. Pero aquí estoy, ya no tienes que ir con este desconocido. – tomó la mano de la joven.
– Akane, ¿él es tu novio? – preguntó el huésped del dojo, muy intrigado.
– Soy su prometido, el gran rayo azul de la escuela Furinkan, Tatewaki Kuno. – se hinchó el pecho al decir aquella frase.
– ¡No digas estupideces! ¡Yo no soy nada tuyo! – espetó la menor de las Tendo.
– No deberías mentir sobre tu relación con ella. – afirmó decidido el joven cuidador.
– ¿Acaso tú estás amenazándome? – le señaló con la espada el joven Kuno.
– ¡No permitiré que digas mentiras sobre ella! – exclamó irritado.
– ¡¿Cómo te atreves?! – gritó el experto en Kendo.
Ambos guerreros se miraron con bastante coraje. El hijo del director estaba sorprendido de que, ahora que Saotome se había marchado, otro idiota se interpusiera entre él y su gran amor. El juvenil guardabosque lo desafiaba puesto que siempre protegería a la chica de pelo azul ante cualquier amenaza. Los estudiantes contemplaban fascinados la escena porque presentían una pelea cómo las que sucedían cuando Ranma vivía en Nerima. Y las mujeres suspiraban por el atractivo del extraño y el hecho de que dos galanes pelearan por el cariño de la hija más pequeña de Soun.
– Escuchen, no tienen que hacer esto. ¡Shinnosuke, vámonos ya! – exclamó mientras tomaba del brazo a su amigo.
– ¡No permitiré que huyas con ella, miserable! – gritó el joven Kuno arremetiendo contra él.
Hábilmente alejó a la joven Tendo del peligro y eludió los ataques del experto en kendo. Ella miraba con preocupación la escena debido a que el hijo del director no se contenía cuando los celos lo dominaban. Sólo el primogénito de Genma Saotome podía enfrentarlo en aquel estado pues contaba con habilidades superiores a Tatewaki.
La batalla comenzaba a inclinarse a favor del local y en un santiamén consiguió asestarle un espadazo en el hombro, haciendo que el recién llegado se doblegara con mucho dolor. La peliazul corrió con premura para detener la pelea y salvar la integridad de su amigo.
– ¡Basta! – expresó mientras protegía a su amigo.
– Akane, ahora que he ganado puedes venir a mí. – el joven Kuno intentó abrazarla.
– ¡Largo de aquí! – de una patada el hijo del director salió volando por los aires – Ven, vamos a casa para curarte. – le ayudó a levantarse para volver al dojo.
La multitud estudiantil miraba a la pareja alejarse en tanto murmuraban sobre la posible relación que ellos tenían. Mientras caminaban, la joven de ojos castaños sentía culpa por permitir que lo hubieran lastimado por cuidarla. Aunque no le pidió que la protegiera, le agradó que se preocupara por ella ya que eso le hizo recodar los tiempos en los que Ranma vivía a su lado.
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Noche | 29 de mayo| Nerima, Japón
– ¿Así que Tatewaki sintió celos de Shinnosuke? – Nabiki jugueteaba con un lápiz – No lo culpo, es muy guapo, hermanita.
– No tenía por qué hacerlo, es un idiota presuntuoso. – Akane respondió molesta por recordar la pelea de aquella tarde.
Ambas platicaban dentro de la habitación de la menor porque Nabiki acudió para afinar detalles de la inscripción en el torneo y aprovechó el momento para charlar sobre el huésped del dojo. La chica de pelo azul estaba sentada frente al escritorio llenando el formulario de registro en tanto su hermana de cabello castaño intentaba llevar la conversación a donde le convenía.
– Veo que te llevas muy bien con él.
– No empieces, Nabiki. Sólo somos amigos. – respondió sin mirarla y seguía escribiendo.
– Sólo digo que deberías aprovechar que está aquí.
– ¿Qué quieres decir?
– Podrías salir con él. – afirmó de manera categórica.
Se distrajo un momento de lo que escribía puesto que aquella idea le incomodó. A pesar de lo olvidadizo que era el chico, conocía que tenía sentimientos profundos por ella. Y no quería hacerle creer que podía haber algo más que amistad entre ambos.
– No digas locuras.
– Casi no has salido desde que se fue Ranma. Sólo te la pasas entrenando y estudiando. Te haría bien darte una escapada con alguien que no sea de esta familia.
– ¿Tú que ganas con eso? – respondió mientras revisaba las hojas para ver si no había olvidado algún dato.
– Nada. Sólo te lo digo por qué creo que te ayudaría.
– Ya veremos. – firmó los documentos y se los entregó. – Aquí tienes, ¿te falta algo?
– Creo que es todo. Lo enviaré por correo mañana a primera hora.
Tal vez ella tenga razón. Desde que Ranma se fue no he hecho más que estar encerrada, entrenar y estudiar. Aunque he salido con mis amigas no es lo mismo que platicar con un amigo. El único con el que podría hacerlo es Ryoga, pero casi no lo he visto. Creo que podría darme una oportunidad, no tendría nada de malo.
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Mediodía | 30 de mayo | Hong Kong, China
Dentro de un pequeño templo budista en el territorio de Hong Kong, Tatsuo aguardaba a la persona encargada del recinto debido a que se había anunciado minutos antes. Su mentor le indicó que se dirigiera hacia aquel sitio apenas llegara a la ciudad para conseguir uno de los mapas restantes. Semanas atrás el heredero Jaan visitó el mismo lugar para intentar obtener el pergamino, razón por la cual en esta ocasión los encargados del monasterio actuaban con mayor recelo. El joven sabía que lo observaban desde que llegó, pero se mantuvo sereno puesto que él no representaba una amenaza.
Varios minutos después, el mismo hombre que habló con Genjuro se presentó ante su presencia. Vestía de manera sobria con los hábitos comunes de los monjes budistas, aunque en esta ocasión tenía un semblante más amistoso.
– ¿Así que vienes de parte de Kenzo, muchacho?
– Sí, señor. Vengo a llevar el mapa a Japón pues aquí corre mucho peligro.
– De eso nos dimos cuenta hace poco. Un hombre japonés estuvo aquí buscándolo también.
– ¿Su nombre era Genjuro Jaan?
– Así es. Por su presencia tuvimos que ocultar el mapa en otro sitio. Ahora debe estar en un lugar más seguro.
– ¿Podría decirme dónde?
– Por desgracia desconozco el lugar exacto. Pero te enviaré con una persona que te puede ayudar.
Apenas finalizó la conversación con él, se dirigió hacia el hotel donde se hospedaría en aquella ciudad mientras cumplía con la misión. Por desgracia, la persona que buscaba no lo recibiría hasta el día siguiente así que tendría que pasar las horas restantes a la espera.
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Tarde | 30 de mayo | Nerima, Japón
Siguiendo el consejo de Nabiki, la menor de las Tendo aprovechó que aquella tarde no tendría entrenamiento para llevar a su amigo a conocer la ciudad. Ella le sugirió que la acompañara por unos encargos y después de eso le mostraría algunos lugares de interés, pues conocía que el joven sólo había estado en el bosque desde niño.
Después de terminar sus pendientes, se dirigieron a un modesto establecimiento donde se ofrecían diversos postres, siendo los helados la principal especialidad. El juvenil guardabosque se notaba muy entusiasmado por el delicioso sabor de la nieve ya que no había tenido oportunidad de probar eso antes.
– Esto está muy sabroso. – expresó mientras probaba un helado napolitano.
– ¡Qué bueno que te gustó!
– ¡Podría comer esto todos los días! – comenzó a reír después de lo dicho.
– Te enfermarías si lo haces. – la chica cerró los ojos un instante y sonrió por las ocurrencias de su acompañante.
– Akane, – se puso serio antes de proseguir – ¿puedo hacerte una pregunta?
– Claro. – respondió temerosa de lo que podría decir el joven.
– La última vez que te vi estabas con un chico, aunque no recuerdo su nombre. ¿Qué pasó con él?
Esa pregunta la descolocó de inmediato porque hablar de su prometido aún le hacía revivir la tortuosa terminación del compromiso. Intentó evadir la cuestión para evitar abrir viejas heridas; sin embargo, se armó de valor pues no deseaba que cada vez que escuchara un comentario relacionado con Saotome le afectara sobremanera. Razonó que era una perfecta oportunidad para aprender a lidiar con sus sentimientos por lo que decidió responder con la mayor sinceridad que le permitiera su frágil corazón.
– Tuvimos un problema, y él se marchó de casa hace unos meses. – confesó Akane mientras su mirada se tornaba triste.
– Oh, disculpa, no quería incomodarte.
– Está bien, no pasa nada.
– ¿Y aún lo extrañas?
La cuestión fue demoledora para ella. Afirmar que lo echaba de menos quedaba corto pues con la partida de Ranma una importante parte de su vida se desvaneció. Aunque había aprendido a dominar sus negativas emociones el cariño que aún le guardaba algunas veces la sumergía en un océano de melancolía, del cuál le resultaba difícil salir avante.
– La verdad, sí. Vivió con nosotros mucho tiempo y ya lo considerábamos parte de la familia. – fue lo mejor que pudo expresar sin quebrarse ante su amigo.
– ¿Y a dónde fue? – volvió a cuestionarla.
– No lo sé. – dijo casi murmurando.
El chico observó que el brillo en la mirada de la chica se apagó y la sonrisa encantadora se esfumó al hablar de su ex prometido, así que decidió cambiar de tema.
– ¿A dónde iremos ahora? – preguntó ansioso.
– Hay un parque muy bonito por aquí cerca. ¿Quieres ir?
– Seguro. – pagaron la cuenta y abandonaron el establecimiento.
Shinnosuke atraía las miradas femeninas por donde avanzaban. Con la característica ropa en tonos azules que vestía se realzaban sus galantes facciones y aunado a su sencillo comportamiento, le hacían sumamente atractivo para las chicas. Akane podía escuchar que murmuraban acerca de lo guapo que era su acompañante y la suerte que tenía ella de ir con él.
Escucharlas le ruborizó porque desde muy niña tenía poca apreciación de lo hermosa que lucía. Y esto se acentuó más con la llegada de Saotome y sus locas amigas, ya que entre los celos, desplantes e insultos se encargaron de hacerla sentir menos atractiva. Esta vez, mientras caminaba al lado de su apuesto amigo, se percibía como una bella mujer.
Ambos pasaron toda la tarde conociendo la ciudad. Pasearon en bote dentro de un lago, visitaron un conocido templo, comieron bocadillos y terminaron en el cine. Volvían al dojo cuando la Luna engalanaba el cielo, platicando animosamente sobre todas las experiencias que habían tenido aquel día. El joven cuidador se interesaba en cada cosa que Akane decía pues, aunque se conocieron de niños, tenían muchos años perdidos entre ellos. Ella también le cuestionaba acerca de su futuro, sus aficiones y lo que esperaba hacer en cuanto volviera a Ryugenzawa.
– Espero poder verte en el torneo. Estoy seguro que ganarás. – mencionó al escuchar que la joven Tendo participaría.
– Gracias, allí estaré por si puedes ir. Será difícil, pero daré mi mejor esfuerzo.
Esa noche, dentro su habitación y antes de dormir, la chica de pelo azul rememoró el día que pasó con él. Vaya, hace mucho que no pasaba tiempo con alguien así. Ahora que lo recuerdo, sólo salí con chicos cuando llegó Ranma y siempre terminaba todo en un desastre, por culpa de él o de sus tontas amigas.
Aquel pensamiento tenía mucho de verdad pues siempre que intentaba salir con su prometido las cosas terminaban mal, no como ese día. Se decepcionó al pensar que jamás podría tener algo así con Saotome puesto que siempre habría alguien que no les dejara estar juntos, fuesen sus amigas, enemigos o incluso la propia familia. Aquello la llenó de dudas sobre lo que sentía aún por el artista marcial ya que se preguntaba si quería pasar una vida llena de altibajos sentimentales o prefería una relación estable.
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Tarde | 30 de mayo | Hong Kong, China
Un fuerte viento golpeaba las mejillas de Tatsuo debido a que estaba de pie en un atestado mirador situado en la cima del Pico Victoria, una de las atracciones más populares en Hong Kong. En aquel turístico paraje debía esperar a la persona que le daría información sobre la actual ubicación del mapa. El monje con el que se entrevistó fue categórico al afirmarle que debido a los recientes incidentes con Deimos y Jaan, éste sería el lugar de la reunión. No teniendo otra opción, aceptó a regañadientes y acudió a ese sitio varios minutos antes de la cita.
El lugar estaba repleto de turistas que buscaban la mejor instantánea para el recuerdo de su viaje. Y no era para menos: desde ese sitio podía admirarse un majestuoso paisaje donde la naturaleza convivía con el modernismo asiático. El joven guardián observaba como el azul firmamento se mezclaba con la blancura de algunas nubes hacia el infinito. Más cerca notaba que una pequeña cordillera se ocultaba bajo la nubosidad, intentando pasar desapercibida.
El centro de la ciudad lucía espectacular desde ese punto, en vista de que se diferenciaban claramente los edificios que formaban parte de grandes complejos o viviendas, divididos por el azul turquesa de la bahía que visualizaba en medio de aquella estampa. Podía sentir un agradable aroma forestal similar al de su hogar porque la vegetación rodeaba todo el mirador donde se encontraba.
Observaba de vez en cuando a las personas que le rodeaban para ver si podría descubrir a su contacto cuando le interrumpieron en su meditación.
– ¿Tú debes ser el chico que viene de Japón? – una mujer de mediana edad le habló.
– Así es. ¿Y usted debe ser...?
– Cheng Fei, gusto en conocerte.
– Tatsuo Hayashi, mucho gusto.
Ambos fijaron la vista en el panorama que el joven llevaba contemplando varios minutos. Él se preguntaba cómo aquella mujer podría ser parte del entramado que había estado a cargo de la protección del mapa. Pensaba que tal vez se trataba de una broma o quizás de alguna oportunista cuando ella comenzó a explicar los sucesos acontecidos con el pergamino.
– Las cosas por aquí han estado muy movidas, chico. Kenzo debió contártelo. – expresó la mujer.
– Discúlpeme, pero cómo sé que usted es la persona que espero.
De su bolso sacó una fotografía donde aparecía un grupo de personas. En la instantánea reconoció a Kusonoki al fondo tomando de la mano a una pequeña. También estaba el contacto de los guardianes en China, el señor Wang Jiang. Asimismo, notó la imagen de la mujer que en ese momento le acompañaba.
– Esa niña ya debe ser una bella jovencita, ¿o me equivocó? – preguntó señalando a la niña que acompañaba a Kenzo.
– Cierto. ¿Entonces conoce a Kenzo hace tiempo? – cuestionó mientras seguía admirando la fotografía.
– Así es. En un tiempo fui una guardiana como tú. – señaló en tanto guardaba la imagen.
– Ya veo. Es por eso que Kenzo dijo que el mapa estaba en buenas manos.
– Lo estaba, hasta hace unos semanas. – expresó de manera compungida.
– ¿A qué se refiere exactamente?
Cheng explicó que, cómo conservadora del museo, ocultó el mapa dentro de los objetos de las distintas colecciones del recinto. De esta manera y bajo la seguridad del instituto, podría tenerlo muy cerca y protegido de cualquier amenaza. Todo eso hasta que Genjuro apareció en Hong Kong. Esto ocasionó que solicitara el apoyo de un poderoso hombre de negocios para mantener a salvo el pergamino.
– No tenía muchas opciones. Jaan suponía un riesgo enorme y fue lo mejor que pude hacer. – mencionó mientras miraba el horizonte.
– Por suerte ese hombre no lo tomó. Estoy aquí para llevarlo a casa, ¿podría decirme dónde está?
– Eso es algo complicado.
– ¿Por qué?
– La persona que nos ayudó ocultarlo se llama Xu Fu y ahora exige un pago por entregarlo. He intentado persuadirlo sin lograrlo. Kenzo me matará cuando lo sepa, pero en ese momento temí por la seguridad de mi esposo y de mi hija. Espero pueda comprenderlo. – expresó muy preocupada.
– Lo hará, créeme. Le ayudaré a recuperarlo. – afirmó el chico, para brindarle confianza a la mujer de que lograrían tenerlo de vuelta.
Prosiguieron la plática en la cúspide de aquel monte para analizar las posibilidades de recuperar el pergamino. Ignoraban que dentro de aquella multitud de turistas un individuo les fotografiaba con fines desconocidos.
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Ocaso | 31 de mayo | Wakayama, Japón
Una pertinaz llovizna caía sin cesar aquella tarde y a causa de esto, el único sonido perceptible en la montaña era el que provocaban las gotas cuando impactaban el suelo. El joven Saotome llevaba horas entrenando bajo estas condiciones puesto que podía más su obstinado carácter que aquel fenómeno climatológico. Estaba empapado hasta el último recoveco del cuerpo y sentía el rigor de ese ambiente ya que como chica tenía mayor sensibilidad al frío.
Sentado de piernas cruzadas sobre el suelo llevaba muchos fracasos en la práctica y como el anochecer estaba cerca le quedaban pocas oportunidades. Debido a que la tinta se diluía con el agua no tenía suficiente tiempo para meditar entre cada intento, lo que le provocaba bastante frustración. Razonó que para finalizar el día podría ejecutar el ejercicio de manera diferente.
Decidió evitar usar la pintura en sus manos para lograr meditar el tiempo que considerara prudente. Entró en un estado de calma por varios minutos casi hasta quedarse dormido, pues la lluvia le provocaba bastante somnolencia. Semi inconsciente comenzó a sentir cada gota de agua tocar su piel.
Esto se siente muy extraño, nunca me había pasado. ¿Y si estoy soñando? Qué más da, voy a intentarlo que al fin y al cabo si estoy dormido no pasará nada.
Lanzó el puño contra la palma y percibió como las minúsculas porciones de agua se desplazaban por el contacto de la extremidad. La presión en su mano receptora se incrementaba cada milésima de segundo hasta que sintió que era suficiente por lo que se detuvo. Abrió lentamente los ojos para contemplar que el puño estaba a milímetros de su mano, consiguiendo el anhelado resultado.
– ¡Lo logré! – grito emocionado por el éxito.
Realizó el mismo ejercicio un par de veces más, una incluso con la tinta, y en todas acertó a detener el impacto antes del contacto. Sumamente orgulloso por lo que había conseguido aquella lluviosa tarde regreso a casa con la satisfacción de haber mejorado sus habilidades marciales.
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Noche | 31 de mayo | Hong Kong, China
– ¿Mesa para dos? – preguntó el capitán de meseros a Tatsuo y Cheng Fei.
– No, ya nos espera el señor Xu Fu. – dijo la mujer.
– Entiendo, permítanme un momento.
Esperaron en la recepción de aquel suntuoso restaurante donde habían acordado reunirse. El hombre hizo un espacio entre su agenda para verse con ellos puesto que estaba sumamente interesado en hacer negocios con el pergamino. Un mesero les condujo a la mesa donde Xu Fu, vestido de forma elegante, les aguardaba solitario mientras bebía licor. En cuanto llegaron pidió con amabilidad que tomaran asiento y que pidieran algo de beber para iniciar la charla.
– Estamos aquí para que devuelva el mapa que nos pertenece. – afirmó categórico el joven guardián.
– Veo que tienes agallas, muchacho. – dio un trago al licor.
– Discúlpelo, señor Xu Fu – tomó la palabra la mujer, pues el chico podría arruinar todo con su intempestivo carácter –. Sé que sus servicios por mantenerlo a salvo deben tener un costo, por eso queremos ver cuánto quiere para regresarlo.
– El dinero es algo que me sobra, señora.
– ¡Entonces lo tomaré por la fuerza! – expresó molesto el chico.
– Tranquilízate, Tatsuo. – expresó preocupada la dama.
– Quizás no necesite dinero, pero si puedan darme algo a cambio de él. – confesó el hombre mientras un mesero le rellenaba la copa.
– No voy a negociar con… – decía el joven Hayashi antes de que le cortaran la inspiración.
– ¡Espera! – interrumpió la mujer. – ¿Qué quiere a cambio?
– Miren, no estoy interesado en mantener esa reliquia; también sé quiénes son ustedes y a que se dedican. Les propongo un trato: yo les entrego el mapa a cambio de sus servicios.
Tatsuo iba a oponerse ante tremenda solicitud cuando la mujer se le adelantó.
– ¿Qué es con exactitud lo que quiere que hagamos? – cuestionó la conservadora del museo.
– Saben, a pesar de mi reputación soy un hombre de placeres sencillos. Aprecio mucho las cosas que tienen un significado sentimental por encima de cualquier cosa material. A lo que voy es que hay una casa abandonada en las afueras de la ciudad y dentro hay un artículo muy valioso para mí. He intentado recuperarlo, pero hay fuerzas más allá de mi comprensión que me lo han impedido.
– ¿Cómo qué fuerzas? – mencionó la mujer algo intrigada por la extraña petición.
– Sobrenaturales. Varios de los hombres que he enviado por él han salido huyendo despavoridos. Y el resto se niega a entrar.
– ¿Entonces quiere que nosotros hagamos eso? – dijo el joven Hayashi desafiante.
– Al menos tú. Pareces ser de esos tipos valientes y arrojados, por eso creo que podrías lograrlo. Si me traes lo que te pido te devolveré el mapa. ¿Qué dices?
– ¿Podría darnos unos minutos para pensarlo? – sugirió la funcionaria del museo.
Salieron al estacionamiento del lugar para decidir si aceptaban tal propuesta. La mujer encendió un cigarrillo y dio varias bocanadas antes de hablar.
– Es algo peligroso, pero si no lo haces no tendrás ese mapa.
– No sé por qué no sólo se lo quitamos y ya. – recalcó el guardián.
– Ese hombre controla casi todo Hong Kong. Tomarlo sería casi imposible y si lo hicieras, salir de la ciudad podría costarte la vida. – la mujer apagó el cigarrillo.
– No soy tan débil como usted cree.
– Lo sé, pero debes tener en claro que lo importante es el trabajo en equipo.
– ¿Entonces debo aceptar?
– Es lo mejor. Ese hombre, aunque sea frío y calculador, también cumple a su palabra. Si consigues lo que busca es seguro que te lo devolverá.
– Está bien. Voy a aceptar su proposición. Y si no me lo entrega, ya verá.
– Lo que tú digas, solo no seas tan imprudente al hablar, ¿quieres? – sugirió la mujer mientras entraban de nuevo al restaurante.
– No prometo nada. – aseveró el chico.
Volvieron a la mesa para dar la respuesta a su extraña petición. Este los esperaba con interés pues presentía que el chico lo haría con tal de tener el pergamino.
– Lo haré. – expuso Tatsuo muy seguro.
– Excelente. – del elegante saco que vestía extrajo un juego de llaves. – Con esto podrás entrar. Debes buscar un pequeño espejo negro de mano con mi emblema familiar grabado en la parte posterior. Si me lo traes te lo cambiaré por el mapa.
– ¿Es todo?
– Sí. Espero que lo consigas.
– Voy a lograrlo. Y espero que tenga el mapa para que me lo entregue.
– Verás que sí. ¿Tenemos un trato? – extendió la mano para sellar el pacto.
– Trato hecho. – ambos estrecharon las manos como signos del trato.
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Madrugada | 01 de junio | Wakayama, Japón
Hikaru dormía plácidamente en la habitación cuando despertó a mitad de la noche; sintió sed y decidió ir a la cocina por un vaso con agua. Estaba un poco más atenta que de costumbre dado que todos sus compañeros, a excepción del joven Saotome, estaban fuera de la ciudad debido a diversas responsabilidades. Aunque no era la primera ocasión que se quedaba en casa sin el maestro, esta vez sentía mayor responsabilidad por la petición que les hizo Kenzo después de la reciente misión a China.
Regresaba a su dormitorio aún somnolienta cuando escuchó leves gemidos que provenían de la habitación de Ranma. Se encaminó hacia el lugar, acercó el oído a la puerta e intentó escuchar con atención. Logró percibir aquellos lamentos de nuevo por lo que tocó con insistencia y preguntó si todo estaba en orden. La petición no recibió respuesta, así que ingresó de manera precavida a la recámara.
El muchacho se encontraba boca arriba con una expresión de malestar en el rostro. Seguía dormido, pero temblaba demasiado y se quejaba angustiosamente. Hikaru se acercó e intentó despertarlo tocando su brazo.
– ¡Estás ardiendo! – exclamó muy preocupada ya que percibió que tenía calentura al tocarlo.
Encendió la luz y con celeridad fue a la cocina. Volvió unos segundos después con varias compresas frías, las cuales colocó en la frente del chico, que seguía quejándose aún inconsciente. Hecho esto llamó con urgencia al médico de cabecera para solicitarle una visita exprés, pues el estado del joven le mortificaba. Éste le respondió que iría a la brevedad, pero también le instruyó que no lo descuidara y que tratara de disminuir o por lo menos controlar su temperatura.
La chica se sentó al pie da la cama en tanto cambiaba las compresas cada cierto tiempo porque la fiebre de su compañero no cedía. Estaba tan asustada que miraba con frecuencia el reloj esperando la llegada del doctor. En el rostro del chico se apreciaba el sufrimiento que pasaba, aunque aún se mantenía inconsciente.
– Ranma, ya viene el doctor. – expresó la joven Konoye, a pesar de que no estaba despierto.
– Akane… – expresó en tono suplicante Saotome.
Hikaru recordó que ese nombre correspondía a la antigua prometida del chico. Comenzó a repetirlo con insistencia entre lamentos, a pesar de estar todavía inconsciente. La joven Konoye evitó hablarle y prefirió tomar su mano para brindarle seguridad. Sentía como la apretaba con fuerza cada vez que repetía aquella palabra, advirtiendo que unas pequeñas gotas salían de sus azules ojos. Lo que estaba sufriendo el chico era más que un malestar físico.
– Vas a estar bien. – suspiró profundamente, con miedo a lo que pudiera pasarle.
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Continuará
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Buenos días/tardes/noches.
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Es muy difícil controlar los sentimientos verdaderos ya que, como se dice popularmente, en el corazón no se manda. La ex pareja más famosa de Nerima (hasta me dolió escribirlo :( ) está por comprobarlo, cada uno a su manera.
Esta parte sufrió retraso de nueva cuenta, pero por una buena razón, ya que un par de capítulos más están casi listos. Lo siento, esta vez no quise publicar una biblia completa para no cansarlos, amigos lectores :D
Es que los otros dos están muy complicados pues abordan situaciones muy tensas (ya es casi la mitad de la aventura).
Agradezco sus reviews con puntos de vista; aunque sea el autor, si tomo en cuenta sus comentarios.
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Gracias por el tiempo para leer este relato, emitir sus opiniones y recomendarlo.
