Un rato antes…

-Me sorprendes, Hijo de Atenea-

Dice Mysterio sentado en una mesa de afuera de una tienda de falafels. Llevaba un traje de gala, bien planchado, sin ninguna arruga. No llevaba su característico traje aunque todavía conservaba el casco.

Mi cabeza no paraba de dar vueltas, sentía una fuerte jaqueca que, ni siquiera el opio podría calmar, lamentablemente mi munición de ambrosía estaba en mi destrozado piso. Estaba lejos.

-Sé que no vas a probar bocado, eso es un buen punto, ni siquiera en sueños te puedes relajar. Tranquilo, no muerdo, es la ventaja de estar en los sueños, puedes convocar lo que quieras como aquel CD de Green Day perdido o un plato de falafels, no es lo mismo que en el mundo real, pero, algo es algo- dice mientras chasquea los dedos, su vaso de coca cola comienza a descender.

-¿Sueños? Ah sí, tiene sentido… Es increíble que siga vivo en este punto. ¿Qué quieres de mí? Supongo que ya habrás visto la pelea con mi madre…-

-¿Verlo? Ojalá, lo siento, no soy omnisciente, aunque, tengo mis maneras para saber lo que ocurre allá afuera. Ahora mismo estás siendo cuidado por tu novia- dice en un tono algo burlón.

-¿Novia? ¿Qué dices?-

-Me refiero a Artemisa. ¿Sabes? Me sorprende que un semidios se este ganando su corazón, yo pensaba que podría acabar con ese engendro del mar pero en fin…-

-Ella no es mi novia. Cállate, la próxima vez. Si tuvieras un mínimo de neuronas (lo cual lo dudo ya que tu cabeza está expuesto a esos humos), y tu proceso sináptico está bien dentro de lo que cabe, recordarás que Artemisa en el pasado le hizo jurar a Zeus por el Estigio que no se casaría, ella es de espíritu libre-

Aunque mi archienemigo careciera de expresión facial, de alguna manera, su casco me transmitió ese sentimiento de cuando alguien hace el gesto de Poker Face.

-¿Hace falta que te recuerde las veces que los dioses han faltado a sus juramentos? Te recuerdo que la ciudad que tanto proteges últimamente, reside ese engendro del mar cuyo nacimiento se debió a que Poseidón rompió su juramento de no tener más hijos. El Río Estigio no le gusta que sus promesas sean tomadas a la ligera, los dioses las pueden soportar ya que… bueno, son dioses. ¿Te recuerdo esa vez cuando Ares fue castigado en ese ataúd, privado de aire? Para nosotros eso sería nuestra muerte, para ellos no tanto, aunque, es doloroso. - dice él mientras hace formas con sus manos, usando la Niebla.

-Artemisa es fiel a sus juramentos, lleva milenios siendo virgen, solo soy un semidios que está de paso, ella seguirá siendo la misma-

-Un juramento que hizo en la inmadurez de la infancia y un desamor basado en una mentira. Acéptalo, tu rompiste sus esquemas de lo que es un hombre. Eres como un segundo Orión, tus motivaciones son desinteresadas y no buscas la fama al usar una máscara, ella lo valora y está amándote, aunque no lo quieras ver. Ese es tu defecto fatal Spider-Man, quieres que todo siga igual y que nada cambie, ¿tanto odias la guerra?, lamentablemente, todo cambia, aunque no te guste, no hay nada fijo en este universo, tu eres un punto inestable en la realidad por tu existencia al igual como yo, eso nos hace… especiales, como hermanos-

-¿Cuál es tu punto, Mysterio? ¿Qué buscas con esta conversación? No estamos en una novela romántica en donde el amor triunfa por encima de todo, ¿por qué esa obsesión conmigo? Ambos vestimos como nuestros tocayos, pero no somos ellos, yo no soy Peter Parker, tu no eres Quentin Beck, hemos corrido con la suerte de que este universo es tan extraño como para que existamos así. -

-Con toda esa sabiduría e ignoras lo que hay a tu alrededor Spider-Man. Hawking se avergonzaría de ti. Tu y yo no somos tan distintos, ambos hemos sido maldecidos, somos como prófugos de los dioses, tu eres el hijo de la Razón cuando yo soy el maestro de la Ilusión. Somos como dos caras de la misma moneda, nos necesitamos, juntos podemos crear un mundo mejor. Un mundo en donde ningún semidios correrá con el grave destino de servir a unos dioses que carecen de empatía, volver a la Edad Dorada donde todos los hombres vivían felices.-

-Lo siento, no me va las relaciones tóxicas, se lo dejo todo a Afrodita. Jamás me uniré a ti, juro que haré todo lo posible por detenerte, no permitiré que encuentres la Arboleda de Dodona, si es verdad lo que piensas, mejor no te arriesgues a encontrarlo, podrías convertirte en aquello que odias-

-Y aún con toda esa moral, tu madre no te aprecia. Somos iguales, estás maldecido a ser como un vampiro, ¿qué te queda en esta vida? -

-Me quedan los seres a los que debo proteger. Me queda Artemisa, mi hermana Annabeth, Rachel, Nico, Nueva York, el Campamento Mestizo. No somos iguales Mysterio, yo no ando obsesionado con un semidios ajeno, yo no ando amargado contra los dioses, yo no uso mi poder para fines egoístas, yo he visto el precio de la guerra y no se lo deseo a nadie, sí, soy un don nadie, pero eso es lo que me define. Porque aprendí lo que es el poder, si tienes la oportunidad de hacer el bien y que esa persona no sufra, aprovéchala… Porque sé que con un gran poder conlleva una gran responsabilidad-

Mysterio comienza a aplaudir cuando termino de hablar. De pronto comienza a reír, su risa era de todo menos agradable.

-Tomaste tu decisión hace tiempo, me gusta verme como alguien tolerante pero… toda acción tiene sus consecuencias. Como dije antes, buscaré a todos tus seres queridos y les haré daño por tu terquedad. Cuida bien tus espaldas, en el día de mañana no seré tan benevolente, no querrás que tu novia corra peligro…-

De pronto todo comienza a volverse borroso, sentía como si una luz se abriera en el cielo. Lo último que veo es Mysterio terminando su coca cola.


De vuelta a la realidad…

-…Y ahí acaba mi historia- le digo a Artemisa todo lo sucedido con mi madre.

-Hay que ser o muy valiente o muy idiota como para sufrir la ira de Atenea. Me sorprende que sigas vivo- dice ella en su forma de mujer de 18 años.

-Vivo… Básicamente soy medio monstruo, creo, espero que una espada de bronce celestial no me envié al Tártaro. Por cierto, gracias por rescatarme, supongo que te debo una. ¿Te llevo al McDonald's?- le digo eso intentando sonar como si todo estuviera bien.

-Ahórrate las bromas, hijo de Atenea. Casi mueres, me sorprende que sobreviviste y le diste pelea a Atenea, aunque ella se contuviese. Lamentablemente, los mortales lo habrán visto, en especial el padre del Oráculo. Eso le beneficiará bastante…- dice ella con sus ojos penetrantes y asesinos.

-Échale la culpa a mi madre, ¿crees que iba a aplacar su ira frente a los mortales? Ya no es un secreto que los dioses existen. Dioses, ¡Iba a ser asesinado por mi propia madre! … Esto no tiene buena pinta…-

-Gracias a Caos que sigues vivo, sino serías otro soldado caído, debes reposar, sospecho que te curarás en unas horas-

-No, no voy a descansar. No quiero perder más tiempo, cada segundo que pasa es una incertidumbre que me mata, debo… trabajar-

-Por Caos, Malcolm. ¡Debes descansar! ¡Tus músculos están adoloridos! ¡No soportarás esa fatiga! ¿En qué vas a trabajar? -

-En crear otro traje…- digo mientras intento incorporarme, aunque solo logro caerme.

-Puedo arreglar tu traje- dice ella autoritaria.

-No. Necesito crear uno nuevo, he sido maldecido, eso es un salto en mi "carrera", necesito un traje que muestre mi evolución. Además, no sé si el otro traje aguantará mis garras, ni hablemos del traje viejo.- digo esto mientras me arrastro por el suelo.

-Dime que te ocurre Malcolm, estás extraño, ¿qué te está pasando? –

-¿Alguna vez has pensado que todo debería seguir como antes, como si el cambio fuera algo peligroso? Es jodido como lo diría Tom Chaplin en Everybody's Changing, todos cambian… Tu estás cambiando y no quiero que, por mi culpa, caigas en desgracia, no quiero en los siglos venideros haya un nuevo mito entre la diosa Artemisa y Spider-Man, un mito trágico donde ella acaba mal. No quiero eso para ti, no lo quiero.

-¿Por qué estás diciendo eso?- dice Artemisa extrañada.

-Artemisa, espero que no te ofendas, solo…-

-¡YA DILO!-

-… ¿es cierto que te estás enamorando de mí? –

El silencio se apodera del lugar. Se miran a las caras. Es un rato algo incómodo.


Nico di Angelo estaba mirándose fijamente en el espejo.

El agua fría descendía sobre su rostro.

Sentía como vibraciones en el aire, como punzadas, todo a su alrededor parecía una bizarra orquesta de vibraciones y perturbaciones.

Su mano temblaba, era como si el simbionte se intensificara con la noche.

La espalda le picaba un poco, no tanto como para rascarse.

Menuda mierda.

No iba a hacer esto solo. Recoge su chaqueta, poniéndosela encima de su camiseta de los Ramones. Deja una nota que rezaba lo siguiente.

Percy, si ves esto y el Campamento está en apuros, mándame un mensaje Iris.

PD: Will, perdóname

Nico usa el viaje en las sombras, yéndose del Campamento, rumbo a Nueva York. Durante el trayecto, aunque corto y veloz, Nico no se podía concentrar. Era como si todo fuera a cámara lenta, su cuerpo empezaba a temblar, sentía una gran oscuridad pesándole sobre sus hombros.

El viaje es un fracaso, cae en un bosque de Long Island. Intenta recomponerse, su cuerpo sigue temblando cada vez más, comienza a recordar todo lo malo en su vida. La muerte de Bianca, su estancia en el Tártaro, densa oscuridad pesando sobre sus hombros hasta que sus ojos se vuelven blancos.

El simbionte recorre su cuerpo, ensanchando su cuerpo hasta el tamaño de un gorila enorme. Donde había boca, había ahora colmillos demasiado afilados. El símbolo de la araña recorre su cuerpo. Donde hubo el cuerpo de un pálido y delgado chico de 15 años ahora solo había... Venom,

Venom había nacido.

Venom ruge hacia el cielo mientras esqueletos emergen de la tierra, acompañando a su señor.