Capitulo 24 Lo Amo.


Hinata se dejó caer contra el pecho de Naruto. Cuando sintió sus brazos rodeándola apenas podía hablar.

—¿Dónde está Shisui?

—Con Menma y Shion. —Le acarició el pelo con la mano—. Está bien.

—Menma…

—Shh, ahora no.

Se oyó la voz del jefe de policía a sus espaldas.

—Teníamos pruebas y sabíamos…

—No, no teníais nada. —Naruto se apartó de ella y fulminó a Akimichi con la mirada—. Yo mismo metí esas cosas en el Escort antes de marcharme.

Ella contuvo la respiración. Mentía. Lo veía en su cara.

—¿Tú? —dijo Akimichi.

—Eso mismo. Yo. Hinata no sabía nada de ellas. —El tono acerado de su voz desafiaba a Akimichi a contradecirlo y el policía ni lo intentó. Naruto apretó el brazo alrededor de los hombros de Hinata y la condujo hacia la puerta.

El día despuntaba, y, cuando aspiró el aire limpio, pensó que jamás había olido algo tan hermoso. Se dio cuenta de que Naruto la llevaba hacia un Mercedes estacionado en las plazas reservadas para la policía. Le llevó un momento recordar que ese coche era de él, ya que nunca lo había visto conducir otra cosa que la camioneta.

—¿Por qué este?

Él le abrió la puerta.

—Quería que estuvieras cómoda.

Ella intentó sonreír, pero le temblaron las comisuras de la boca.

—Métete dentro —dijo él suavemente.

Ella hizo lo que le pidió y antes de que pasara demasiado tiempo, recorrían las desiertas calles de Salvation acompañados por el ronroneo del perfecto motor alemán. Al llegar a la carretera, él posó una mano sobre su muslo.

—Le prometí a Chip que estarías a tiempo de desayunar. Te puedes quedar en el coche mientras lo recojo.

—¿Lo has visto?

Ella esperó la mirada tensa y distante que aparecía en sus ojos siempre que surgía el nombre de su hijo, pero Naruto parecía más que nada preocupado.

—No le dije que estabas en la cárcel.

—¿Qué le dijiste?

—Sólo que había habido una confusión y que te iba a buscar. Pero es un niño sensible y enseguida se dio cuenta de que algo iba mal.

—Se va a imaginar lo peor.

—Le hice una cama al lado de la cuna de Miroku para que durmiera allí. Pareció tranquilizarlo.

Ella clavó los ojos en él.

—¿Tú le hiciste una cama? Naruto la miró.

—Déjalo estar por ahora, ¿vale, Hina?

Quería preguntarle más, pero la advertencia de su expresión la silenció.

Recorrieron un par de kilómetros más o menos sin hablar. Necesitaba hablarle sobre Kizashi Haruno, pero estaba demasiada cansada, y él parecía preocupado. Sin avisar, aparcó el coche en el arcén y bajó la ventanilla del conductor, luego la miró con tanta intensidad que la alarmó.

—Pasa algo que no me has dicho, ¿verdad?

—No —contestó él—. Pero hay algo que tengo que hacer y no sé cómo.

—¿Qué tienes que hacer?

Él se inclinó hacia adelante, rodeó su pantorrilla con los dedos y la levantó.

—Se que lo has pasado mal, Hina, pero necesito hacer esto. Lo necesito muchísimo.

Desconcertada, lo miró sacarle el zapato. ¿Quería hacer el amor? Pero no sería allí. Ya era completamente de día y, aunque el tráfico era escaso, no estaban precisamente en una carretera aislada.

Le sacó el otro zapato y le dio un beso tierno en los labios. Le gustó, era más reconfortante que apasionado, y deseó que continuara besándola así, pero él se echó para atrás, apartó el pelo de su cara, y la miró con ojos tiernos.

—Sé que soy un imbécil. Sé que soy insensible, y dominante, y bastantes más cosas, pero no puedo soportar verte con ellos ni un minuto más. —Con un giro de la muñeca, arrojó ambos zapatos por la ventanilla.

—¡Naruto!

Arrancó de nuevo el coche, y volvió a la carretera.

—¿Qué has hecho? —Se revolvió en el asiento y trató de ver sus preciados zapatos—. ¡Son los únicos que tengo!

—Pues ya no los tienes.

—¡Naruto!

Otra vez, posó su mano cálida y reconfortante sobre su muslo.

—Silencio. No digas nada, ¿lo harás, cariño?

Ella se dejó caer otra vez en el asiento. Naruto se había vuelto loco. Era la única explicación. La destrucción del autocine lo había empujado hasta el límite.

Sentía el cerebro como si fuera chicle y no podía pensar. Más tarde, mucho más tarde lo haría.

Las puertas con las manos orantes se abrieron para ellos. Naruto las atravesó con el coche y aparcó el Mercedes en medio del patio. Se le había salido un calcetín cuando le había quitado uno de los zapatos y ella se inclinó para sacar el otro. Luego abrió la puerta del coche.

La miró.

—Te dije que entraría yo y lo traería.

—No le tengo miedo a tu hermano.

—No he dicho que lo tuvieras.

—Voy a entrar.

Ella subió los escalones con los pies desnudos. Su pelo no había visto un peine desde el día anterior por la tarde y su vestido de algodón era un mapa de arrugas, pero no había hecho nada malo y no iba a esconderse de Menma Namikaze.

Naruto subió a su lado, tan seguro y sólido como siempre. Pero Naruto no iba a estar siempre. Lo dejaría atrás al día siguiente por la mañana cuando Shisui y ella se subieran al autobús.

La puerta no estaba cerrada con llave y suavemente la condujo al interior. Shion los debía estar esperando porque inmediatamente salió con precipitación al vestíbulo desde la cocina. Llevaba unos vaqueros y una camiseta. Su pelo normalmente recogido estaba suelto y su cara libre de maquillaje.

—¡Hinata! ¿Estás bien?

—Estoy bien. Sólo un poco cansada. ¿Está Shisui ya levantado?

— Miroku acaba de despertarlo. —Envolvió las manos de Hinata entre las suyas.

—Lo siento. No supe lo que había provocado Menma hasta hace unas horas.

Hinata inclinó la cabeza sin saber qué responder.

Justo entonces, oyeron el chillido agudo de un bebé que venía de lo alto de las escaleras seguido por la carcajada de un niño. Levantó la cabeza y miró hacia la barandilla a tiempo de ver a Menma saliendo de la habitación infantil con Miroku y Horse bajo un brazo y su hijo bajo el otro. Hizo botar a ambos niños e imitó a un tren, sólo para paralizarse al ver el trío que estaba abajo en el vestíbulo.

Shisui levantó la cabeza y la vio. Llevaba los mismos pantalones cortos azul marino que cuando lo había dejado con la canguro el día anterior por la noche, pero la camiseta azul que colgaba holgadamente de sus hombros debía ser de Shion porque ponía Los físicos lo hacemos teóricamente.

—¡Mamá!

Ella quiso acercarse a él y apretarlo hasta que desaparecieran todos sus temores, pero eso sólo lo asustaría.

—Hola, dormilón.

Menma lo bajó a la alfombra, y él bajó corriendo las escaleras, con una mano en el pasamanos y los zapatillas de lona volando.

—¡Naruto! ¡Me dijiste que la traerías! —Atravesó corriendo el vestíbulo y se arrojó contra sus piernas—. ¿Sabes qué? Miroku ensució el pañal y olía fatal. Su papá la llamó Miroku Olorosa.

—¿Sí?

—Fue muy gracioso.

—Supongo.

Hinata levantó la cabeza y miró a Menma, que bajaba los últimos escalones con su hija metida bajo el brazo. La miró con frialdad glacial.

—Hay café en la cocina —dijo Shion—. A ver qué encuentro para preparar el desayuno.

Hinata le devolvió la mirada a Menma por un momento, luego tomó la mano de Shisui.

—Gracias, Shion, pero tenemos que irnos.

—Pero mamá, el papá de Miroku me dijo que podía tomar Lucky Charms.

—Quizá en otro momento.

—Pero quiero tomarlos ahora. ¿Puedo? Por favor. —Para su sorpresa, Shisui miró a Naruto. Su hijo se volvió cauteloso, bajó la voz y dijo con suavidad—. ¿Puedo, Naruto?

Para su sorpresa Naruto extendió su mano y frotó su hombro. Fue una caricia voluntaria y su voz tuvo una nota de ternura que la sorprendió.

—Creo que tu mamá está muy cansada. ¿Qué te parece si te compro una caja de Lucky Charms de camino a casa?

Ella esperaba que Shisui se apartara, pero no lo hizo. En lugar de volverse hacia ella, continuó hablando con Naruto, y su cautela desapareció.

—Pero entonces no podré ver cómo Miroku se mancha el pelo de comida. Lo va a hacer, Naruto. De verdad… y yo quiero verlo.

Naruto la miró.

—¿Qué te parece, Hinata?

Hinata estaba tan desconcertada por el cambio en su relación que no contestó de inmediato, y Shion añadió:

—Sé que estás cansada, Hinata, pero tienes que comer de todas maneras. Deja que prepare algo antes de que se vayan. —Con enérgica determinación, la empujó a la cocina.

Los hombres las siguieron en silencio y con cautela. Shisui, sin embargo, parecía ignorar la tensión. Se apresuró y adelantó a Miroku, Naruto y Menma, preguntando sobre los Lucky Charms, los hábitos de comer de Miroku y contó una historia de cuando era más pequeño en la que juraba que un dinosaurio había ido a visitarle a la habitación de Miroku. Los hombres estaban completamente pendientes de él, puede que porque les evitaba tratar con los demás.

Hinata se excusó para ir al baño, donde se aseó lo mejor que pudo, pero con los pies desnudos y su viejo vestido arrugado, parecía más preparada para viajar a través de Oklahoma con los Joad en vez de desayunar con los Namikaze.

Cuando salió, Shion comenzaba a preparar tortitas, mientras Shisui estaba sentado sobre un taburete del mostrador con un tazón de cereales y Menma le daba a Miroku, que estaba sentada en una trona, una papilla de cereales.

Naruto se mantenía apartado, apoyado contra el mostrador y acunando entre las manos una taza de café verde oscura.

Shion levantó la vista de lo que hacía, luego miró los pies desnudos de Hinata.

—¿Qué pasó con tus zapatos?

Naruto le lanzó una mirada fulminante a su hermano y habló antes de que ella pudiera contestar.

—Akimichi los confiscó. Ella se pasó la noche con los pies desnudos sobre el sucio suelo de hormigón.

Shion le dirigió a Hinata una mirada horrorizada. Hinata levantó una ceja y, con un movimiento apenas perceptible, negó con la cabeza. ¿Qué le pasaba a Naruto? Era su segunda mentira esa mañana. Aparentemente tenía intención de hacer sufrir a su hermano.

Shion se mordió el labio inferior y fijó su atención en las tortitas. Menma inmediatamente se defendió.

—Les dije que tenían que tener cuidado con ella, Naruto. Akimichi dijo que lo tendrían. — Miroku escogió ese momento para hacer una pedorreta feliz, rociando a su padre con papilla de avena.

Shisui empezó a hablar.

—La mamá de Miroku me enseñó ayer por la noche su ordenador y vi como se movían todos esos planetas, me dijo que formaban el… eh… —miró a Shion y la familiar expresión preocupada se formó en su cara—… me olvidé.

Ella sonrió.

—El sistema solar.

—Ya me acuerdo.

Justo entonces sonó el timbre de la puerta principal, y Menma se levantó de un salto para contestar. Eran apenas las siete y media, demasiado temprano para visitas, pero en cuanto la voz de Menma llegó a la cocina, Hinata se dio cuenta de la identidad del visitante.

—¿Dónde has estado? —Oyó que decía Menma—. Se supone que estabas en Knoxville, pero en el hotel me dijeron que no te habías registrado.

—Hubo un cambio de planes.

Ante el sonido de la voz de Deidara, Hinata le dirigió a Shion una mirada sombría.

—Un montañés más al rescate de Naruto. ¿A qué soy afortunada?

Naruto maldijo entre dientes. Posando de golpe su taza de café, fue hacia el vestíbulo donde Deidara seguía hablando.

—Regresamos… regresé ayer por la noche, pero no oí el contestador hasta hace media hora. Shiho salió corriendo hacia la cárcel tan pronto oímos tu mensaje y… ¡Naruto!

¿Qué había estado haciendo Shiho con Deidara por la mañana tan temprano? Mientras Hinata barajaba las posibilidades, Shion la miraba. Líneas de preocupación arrugaban su frente.

—Sé que has sufrido mucho, Hinata, pero con la ayuda de Narutp, eso ha terminado.

—Supongo. —Hinata tomó la toallita húmeda que Shion le daba y empezó a limpiar a Miroku, que la miraba. Mientras los hombres seguían hablando en el vestíbulo, Hinata plantó un beso en los rizos del bebé, después pasó un paño por la bandeja. —. Gracias por cuidar de Shisui. Estaba muy preocupa por él.

—Cómo no lo ibas a estar. Es un niño maravilloso y listo. Menma y yo lo adoramos.

Shion llenó una taza de leche y se la ofreció a Hinata que se sentó en un taburete del mostrador cuando los hombres entraron.

—¡Reverendo Deidara! —Shisui bajó de un salto del taburete y comenzó a acribillar a Deidara con sus últimas aventuras. Deidara alternó entre responder y mostrarle a ella una expresión de infelicidad que parecía decirle que esperaba algo mejor de ella.

Miroku empezó a dar golpes en la trona, exigiendo que la bajaran. Mientras Shion hacía más tortitas, Menma puso a su hija en el suelo. Inmediatamente gateó hacia Shisui y se puso de pie.

Él se sobresaltó cuando sus pequeñas uñas arañaron su pantorrilla desnuda.

— Miroku, me haces daño.

Ella palmeó ruidosamente con las manos, pero perdió el equilibrio y volvió a caer sobre su trasero. Arrugó la cara, pero antes de que rompiera a llorar, Naruto la levantó en brazos.

Era la primera vez que Hinata lo veía cogerla y por la sorpresa que asomó a las caras de sus hermanos, sabía que no era la única que lo había notado.

Naruto se inclinó y tocó la mejilla de Shisui.

—¿Te gustaría ver la tele mientras los mayores desayunamos?

—No me gustan los programas matinales.

Shion abandonó sus tortitas y se acercó al mostrador.

—Los abuelos de Miroku le regalaron una película de dibujos animados. Pero es demasiado pequeña, sin embargo apuesto lo que quieras que a ti te gustará.

—Vale.

Los dos desaparecieron en la sala de estar. Naruto colocó a Horse, que estaba caído en el suelo, entre su pecho y el de Miroku. Miró a sus hermanos.

—Ya que están los dos aquí, creo que es el momento de tener una charla familiar. Sé que estás cansada, Hinata, pero esto ha llegado demasiado lejos.

Hinata hubiera preferido esconderse en el cuarto de baño que afrontar ese jurado tan parcial, pero se encogió de hombros.

—Nunca he rehuido una pelea, cariño.

Deidara y Menma se pusieron rígidos. Ella se dio una palmadita mental en la espalda. Eran muy fáciles.

Naruto la miró con humilde exasperación, luego miró a sus hermanos.

—Bueno, esto es lo que hay… Deidara lo interrumpió.

—Antes de que sigas, necesitas saber lo preocupados que estábamos Menma y yo por el efecto que la relación de Hinata tendría sobre tí. —Hizo una pausa—. Aunque Menma fue demasiado lejos anoche.

—¿Sí? ¡Bueno, pues tú no estuviste precisamente rezando! —replicó Menma. Naruto explotó.

—¡Qué no tengo diez años, por el amor de Dios! ¡Y maldita sea si no voy a poder ni dormir tranquilo y sin preocuparme de que vayan a atar a Hinata mientras no miro! —Los señaló con el dedo índice—. ¡Ella no les ha hecho nada y la tratan como si fuera mierda, y joder, van a dejar de hacerlo ya!

Shion había regresado a la cocina. Palmeó el brazo de Naruto al pasar, luego se acercó a su marido y lo golpeó en un costado.

Menma adelantó la mandíbula.

—No se trata de que nos haga nada y lo sabes. ¡Eres tú quien nos preocupa!

—¡Joder, pues dejen de preocuparse! —gritó Naruto.

Miroku se quedó rígida y parpadeó. Naruto inspiró profundamente y bajó la voz.

—Dejen en paz a Hinata. Son como un par de gallinas cluecas y ya no lo aguanto más.

Deidara dijo:

—Mira, Naruto… tengo alguna experiencia en estas cosas. He aconsejado a mucha gente y tienes que entender…

—¡No! Tú eres el que va a entender. Si cualquiera de ustedes vuelve a lastimar a Hinata otra vez, lo lamentará. Incluso si sólo le fruncen el ceño, tendrán que vérselas conmigo. ¿Lo han entendido?

Menma metió las manos en los bolsillos y pareció incómodo.

—No iba a contarte esto, pero no tengo otra opción. No te va a gustar oírlo, pero estás tan ciego ante lo que interesa a Hinata que tienes que saber la verdad.

—Tomó aliento—. Le ofrecí a Hinata veinticinco mil dólares si dejaba el pueblo y los aceptó.

Shion suspiró.

—Oh, Menma.

Naruto miró a Hinata y la estudió silenciosamente durante varios segundos.

Finalmente, él levantó una ceja inquisitivo.

Ella se encogió de hombros, luego asintió con la cabeza. Él le dirigió una débil sonrisa.

—Bien por ti.

Esta vez fue Menma el que explotó.

—¡Cómo que bien por ella! ¡Dejó que la comprara!

Ante el sonido enojado de la voz de su padre, Miroku arrugó la cara. Menma la cogió y la besó, haciendo parecer todo el proceso un nubarrón de verano.

Pero Naruto estaba acostumbrado para su explosivo hermano mayor y ni se inmutó.

—Hinata sobrevive como puede. Es una cualidad que he aprendido de ella.

Menma no había obtenido la respuesta que quería, y, con Miroku bajo el brazo como si fuera una pelota de football, atacó de nuevo.

—¿Cómo puedes olvidar lo que hizo en el autocine? Eso sulfuró a Naruto una vez más.

—Dime una cosa, hermanito. ¿Qué harías si llegases a casa una noche y descubrieses que yo había metido a Shion en la cárcel?

Shion lo contempló con interés mientras la cara de Menma enrojecía ante la afrenta.

—No es ni parecido. ¡Shion es mi esposa!

—Bueno, la semana pasada le pedí a Hinata que se casara conmigo.

—¿Qué hiciste qué?

—Ya me has oído.

Deidara y Menma clavaron los ojos en ella. Unas horas antes, en el autocine, ella le había dicho a Menma eso exactamente, pero no la había creído.

Miroku golpeó con su diminuto dedo índice la boca de su padre. Menma estudió a su hermano y lentamente le retiró la mano de su boca.

—¿Vas a casarte con ella?

Por primera vez, Naruto pareció perder fuelle.

—No lo sé. Se lo está pensando.

Esta vez cuando Menma se volvió hacia ella, pareció más confundido que enojado.

—Si ya te había pedido que te casaras con él, ¿por qué saboteaste el autocine? Ella comenzó a decirle que no lo había hecho, pero Naruto habló primero.

—Porque el corazón de Hinata es más grande que su cerebro. —Él curvó su mano alrededor de la nuca de Hinata y la acarició con el pulgar—. Ella sabía que el autocine no era bueno para mí, pero no le he hecho ni caso. Hinata es… es una luchadora nata cuando se preocupa por alguien y ésta es su manera peculiar de luchar.

Por un momento pensó que Naruto había dicho su tercera mentira del día, pero luego se percató que no mentía. Honestamente pensaba que lo había hecho.

¡Gusano! Pero mientras se cocía en una justa indignación, la tierna comprensión que veía en sus ojos la hizo sentirse bien. Incluso creyendo eso, estaba de su lado.

—¡Naruto! ¡Naruto! —gritó Shisui desde la habitación de al lado—. ¡Naruto, tienes que ver esto!

Él vaciló, y ella esperaba que le dijera a Shisui que esperara, pero la sorprendió. Lanzando a sus hermanos otra mirada intimidadora, dijo:

—No le hagan nada. Volveré en seguida. —Miró a Shion—. Vigílalos, ¿vale?

—Lo mejor que pueda.

En el momento en que desapareció en la sala de estar, Hinata se levantó de su taburete. Ambos hermanos la observaban con expresiones desconcertadas. Cuando Menma colocó a Miroku sobre el suelo, Hinata buscó dentro de sí misma un poco de furia, pero sólo encontró una inquieta y frustrante confusión y algo de retorcida comprensión.

El amor tenía muchas caras y tenía ante sí por lo menos dos en ese momento. Qué maravilloso debía ser vivir protegido por estos hombres, aunque no fuera demasiado bueno cuando iban contra uno.

Les habló muy suavemente

—Realmente no me importa si me creen o no, pero lo que les acaba de contar Naruto no es cierto. No destrocé el autocine. No quiere decir que no lo hubiera hecho por lo que él dijo, pero la cosa es que no se me ocurrió. —Siguió, determinada a limpiar su nombre lo mejor que pudiera—. Y Akimichi no confiscó mis zapatos. Naruto los tiró por la ventanilla del coche cuando veníamos hacia aquí.

Cuando Menma habló, su tono carecía de su antagonismo acostumbrado.

—¿Qué quiere decir Naruto cuando dice que te pidió que te casaras con él y que te lo estabas pensando?

—Quiere decir que le dije que no. Deidara frunció el ceño.

—¿No te vas a casar con él?

—Sabes que no puedo. Naruto es un hombre bueno. Se preocupa por mí, y eso hace que quiera protegerme. Supongo que es un rasgo típico de la familia Namikaze.—Se despejó la garganta, forzando las palabras—. Casarse conmigo es la única manera que se le ocurre de alejarme de los problemas. Pero no me ama.

—¿Y tú le amas? —preguntó Deidara quedamente.

—Sí. —Asintió con la cabeza. Intentó sonreír—. Bastante. —Para su frustración, se le llenaron los ojos de lágrimas—. Cree que soy fuerte, pero no lo soy lo suficiente para pasarme el resto de mi vida deseando lo que no puedo tener, por eso no puedo casarme con él.

Notó algo en los dedos de los pies y al mirar vio que era Miroku. Contenta con la distracción, se sentó sobre el suelo de mármol negro con las piernas cruzadas y puso al bebé en su regazo.

Un sonido que vino de Menma era en parte gemido y en parte suspiro.

—Hemos metido la pata hasta el fondo.

—¡Hemos! —replicó Deidara, cuando Naruto reaparecía desde la sala—. ¡Yo no la he metido en la cárcel! ¡Y por cierto, tampoco la he sobornado, Don Millonario!

—¡Yo no soy millonario! —exclamó Menma—. ¡Y si tuvieras mi dinero, habrías hecho lo mismo!

—Niños, niños —amonestó Shion. Y luego, sin previo aviso, se tapó la boca con la mano y empezó a reírse a carcajadas—. ¡Oh, madre mía! —Todos clavaron los ojos en ella.

—Lo siento. —Pero aunque intentaba contenerse, comenzó a reírse otra vez. Menma frunció el ceño.

—¿Qué sucede?

—Es que… oh, cariño. —Cogió un paquete de kleneex del mostrador y se secó los ojos—. Me había olvidado por completo hasta ahora. Ayer llegó una nota de lo más extraña al correo. Iba a preguntarte, pero entonces comencé a cavilar sobre la teoría de Bose-Einstein. Lo de los átomos BEC —agregó, como si eso lo explicara todo— y trajiste a Chip contigo, y me olvidé hasta ahora.

Menma la miró con la paciencia de un hombre bastante acostumbrado a vivir con una mujer obsesionado con cosas como la teoría de Bose-Einstein.

—¿De qué te olvidaste?

Shion se rió entre dientes, luego se dirigió a un montoncito de cartas que había sobre el mostrador al lado de la despensa.

—Esta nota. Es de Mebuki Haruno. Acuérdate. Es la madre de Sumire la niña que tiene leucemia. Contribuimos a su fondo la última vez que vinimos, pero fue hace meses, por eso me extrañó. —Shion comenzó a reírse otra vez. Los tres hermanos Namikaze fruncieron el ceño. Estaba claro que no le veían la gracia a que una niña tuviera leucemia.

Hinata, sin embargo, temía entender la razón para la algarabía incontrolada de Shion. ¿Por qué no había esperado Mebuki cómo le había pedido?

Cogió a Miroku y se empezó a levantar del suelo.

—Creo que es hora de llevar a Shisui a casa. —Le ofreció el bebé a Deidara—.

Naruto, si haces el favor de llevarnos...

—¡Siéntate! —ordenó Shion, señalando el suelo. Hinata aceptó lo inevitable y se sentó.

Miroku emitió un chillido e intentó ir con ella. Deiara la dejó en el suelo y el bebé pronto regresó al regazo de Hinata donde se puso a jugar con los botones del frente del vestido de Hinata. Mientras tanto, Shion comenzó a reírse una vez más y Deidara ya no pudo aguantar más.

—Realmente, Shion. Si vieras lo enferma que está esa niña, creo que no te reirías así.

Shion inmediatamente se detuvo.

—Oh, no es… —Otra risa nerviosa se le escapó, y más risa—. Es simplemente que Hinata… Oh, Hinata. —Se quedó sin aliento—. Recibimos una nota de agradecimiento de Miroku. ¡Hinata dio el dinero de Menma al fondo de Sumire!

Los tres hombres clavaron los ojos en ella. Menma la miró encolerizadamente.

—¿De qué estás hablando?

—¡De tus veinticinco mil monedas de plata! Hinata no las conservó. ¡Regaló todo el dinero!

Naruto miró a Hinata. Parecía confundido, como alguien que acabara de oír que la tierra era cuadrada.

—¿No te quedaste con nada?

—Menma me enfadó de verdad —aclaró Hinata.

—Ya veo.

Rescató su pelo de la boca de Miroku.

—Le pedí a Mebuki que esperara hasta que hubiera dejado el pueblo antes de enviar la nota. Supongo que se olvidó. —Miró a Menma, que aún inclinaba la cabeza sobre la nota—. El cheque está postfechado. No lo puede depositar hasta mañana.

El silencio cayó sobre el grupo. Uno por uno, todos miraron a Menma.

Él finalmente levantó la cabeza y se encogió de hombros. Luego miró a Naruto.

—No sé cómo lo vas a hacer, hermanito, pero será mejor que se te ocurra algo para que no se suba mañana a ese autobús. —Señaló con la cabeza los pies desnudos de Hinata—. Podrías empezar por ahí.

—Me alegro de que lo apruebes —dijo Naruto secamente.

Menma se acercó a la sala.

—¡Oye, Chip! ¿Puedes venir un minuto?

Hinata se levantó de un salto con Mebuki entre sus brazos.

—Menma Namiakze, te juro que como le digas algo a mi hijo… Shisui apareció.

—¿Sí?

Miroku escogió ese momento para darle a Hinata un beso húmedo en la barbilla. Hinata miró furiosamente a Menma y palmeó el trasero cubierto por el pañal de Miroku.

—Gracias, cariño.

Menma acarició el pelo de Shisui.

—Chip, tu mamá y Naruto tienen que hablar de algunas cosas. No es nada malo, no te preocupes. Pero necesitan estar solos para hacerlo, así que ¿qué te parecería quedarte aquí un poco más? Podemos jugar al football y apuesto algo que la tía Shion podría encender su ordenador y mostrarte algunos planetas más.

¿La tía Shion? Hinata arqueó las cejas rápidamente.

—Realmente no creo que…

—¡Qué buena idea! —exclamó Deidara —. ¿Qué opinas, Chip?

—¿Puedo, mamá?

Sólo Hinata oyó el suave susurro de Naruto.

—Como digas que no, mi hermanito se enfadará.

No quería estar sola con Naruto y su sentido del honor de Boy Scout. Necesitaba un amor honesto, no sacrificio. ¿Y después de la cariñosa Suiren Namikaze, cómo podría amar él a alguien tan imperfecto como ella? Había querido protegerse de una despedida, pero ahora la estaban empujando hacia eso.

Recorrió la habitación con la mirada, buscando un aliado, pero la única que había tenido ya no la apoyaba, era como si hubiera vuelto a su mundo de partículas subatómicas. El bebé que tenía en sus brazos era adorable, pero totalmente inservible en esa situación. Su hijo estaba concentrado en ordenadores y football. Miró a los hermanos Namikaze.

Su mirada voló de la cara de Menma a la de Deidara y volvió otra vez. Lo que vio hizo que su estómago se encogiera. Había sido bastante malo que esos hombres la consideraran enemiga de Naruto, pero ahora parecían haber decidido que era buena para su hermano. Se estremeció al imaginar a dónde podrían llegar.

—Tu madre está de acuerdo —dijo Deidara.

—No le importa si te quedas aquí —añadió Menma. Sólo a Naruto le importaron sus deseos.

—¿No te importa, no?

No podía decir que no sin parecer un ogro, así que asintió con la cabeza.

—¡Yupi! —gritó Chip—. ¡ Miroku, me quedo un poco más!

Miroku lo celebró abofeteando las mejillas de Hinata con sus manitas mojadas.

Naruto comenzó a tirar de ella hacia la puerta, sólo para que Shion finalmente llegara en su auxilio.

—Hinata, ¿te gustaría que te prestara unos zapatos? Creo que tengo unas sandalias que…

—No las va a necesitar —dijo Naruto.

Llegaron a la puerta principal, y Menma se adelantó.

—¿Hinata?

Ella se puso rígida, determinada a echarle a la cara cada palabra de disculpa que dijera.

Pero en lugar de disculparse, le dirigió una amplia sonrisa que lo hizo parecer tan atractivo que entendió perfectamente por qué una mujer tan genial como shion se había enamorado de alguien tan sumamente obstinado.

—Sé que me odias y que probablemente te llevará toda la vida perdonarme, pero… —se rascó la barbilla— Por favor, ¿podrías devolverme a Miroku?


Familia Joad: La familia protagonista de las Uvas de la Ira, libro y película que cuenta las vicisitudes de una familia envuelta en la pobreza en la época de la depresión americana.