Hola a todxs! ¿Como están? Yo, feliz de leerlos! Contenta a mas no poder por tantas palabras de aliento y cariño.

Sé que en especial el capítulo 16 ha sido muy fuerte. Ya les contaré mas adelante algunos detalles de ese episodio en especial.

Solo les diré de nuevo que todo tiene una razón de ser.

Quería contarles que traté de basar mi historia en un momento histórico donde las monarquías, especialmente las asiáticas, tenían este tipo de prácticas, reyes y príncipes con varias concubinas y esposas, palacios en donde acontecían las mas terribles traiciones y violencias, prácticas machistas (que existen aún en la actualidad en todo el mundo) donde las mujeres eran cosificadas y reducidas a meros objetos sexuales.

Pensaba incluso en monarquías europeas, ¿sabían sobre del "Derecho de pernada"? era algo que incluso se llegó a practicar en nuestra querida américa, en el caso de mi país incluso por algunos caudillos del litoral. ¡Es terrible, lo sé! No es mi intención romantizar la violencia como he compartido con algunas de ustedes.

Lo mejor de todo esto, de la lectura de esta simple historia, es que muchos se sintieron muy enojados por estas escenas, ¿y saben que?: ¡me parece genial! Que nos moleste e incomode leer que una persona sea forzada a hacer algo contra su voluntad es algo que me da mucha tranquilidad, y he allí lo que realmente importa, que estas escenas incomoden, porque significa que en la realidad nadie va a permitir que los sometan a los caprichos de otros.

Podríamos hablar un monto al respecto, pero no quiero aburrirlos!

Solo que me dí cuenta, como le comenté a Mary, que incluso en el manga nuestro querido Ranma fue forzado a comprometerse con Shampoo, Akane y Ukyo!

Y de hecho la historia de Ranma y Akane va en la misma sintonía, un compromiso forzado.

Creo que mi inconsciente ha trabajado bien, y sin darme cuenta de ello reflejé ese hecho en esta historia, jajaja. De verdad que no lo hice apropósito

Traté de responder todos los review que pude hacer por privado, por aquí me permito nombrar a quienes no puedo hacerlo de esa forma, quedando muchos incluso en el anonimato, también conocido como "guest", jajaja. Muchas gracias a estos últimos invitados enmascarados o no registrados!

Gracias por sus divinas palabras:

Hikari, Grace, María, Rosi, Teuton, Lili, Iselaglezcam, Lirio, Luis Angel Velas, Sil, Yancy, Decepcin, Manu, Felicius, Alicia, Sil Cortez, Alexandraaa, Ale, Lizz Rodriguez, M1920, Ferchis-chan, Norma Justiniano, July Loera y Beal.

Esperé como siempre sus pensamientos y críticas, agradeciendo su tiempo dedicado a leer la historia y a dejar sus palabras. Son muy importantes para mi.

Les mando un abrazo enorme!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 18: Sangre

"Estimado amigo:

Coincido contigo. Lo has arruinado. Sabes que el sake siempre ha sido tu verdugo… y aquella noche bajó la guadaña sobre tu cuello una vez más.

Pierdes el control, a veces la consciencia. Y si bien con las demás esto último era tu propósito, esta vez perder la razón hizo tirar por la borda todo por lo que habías trabajado.

No desesperes amigo. Por suerte aquel músculo que late al lado izquierdo de tu pecho, y lo que resta de moral en tu consciencia, ha impedido que te conviertas en un miserable. Pero ella no olvidará tus intenciones, mucho menos el hecho de que estuviste a poco de concretarlas.

Creo que dejarla ir hubiese sido lo correcto, pero comprendo por qué no lo has hecho. No sé si ella pueda llegar a entenderlo, sin embargo. Debes ser sincero y continuar esforzándote para demostrarle que puede confiar en ti y en la veracidad de tus sentimientos hacia ella. No puedo engañarte, no sé si lo lograrás.

He enviado lo de siempre, quédate tranquilo que lo hice por medio de terceros. Ya te he dicho infinidad de veces que no hay forma en que el Rey sepa de nuestro arreglo. Empero, no sé por cuánto tiempo puedas ya evitar convertirte en padre. Me siento culpable por ser tu cómplice. Como verás tengo mi moral intacta, pero supongo que no es tan rígida, así que seguiré ayudándote. Recuerda que los efectos a largo plazo pueden ser permanentes. Déjalas ir antes de arruinar todas sus posibilidades de ser felices. Debe haber alguna manera, Ranma. Ahora que ya encontraste el amor con Akane deberías alejarlas de allí, por el bien de ellas y el tuyo mismo.

Sin más me despido, dejando mi lealtad como siempre a tu cuidado".

Las bellas líneas escritas sobre el papel fueron tapadas por un añejo libro que cayó encima de ellas, cuando el Príncipe abrumado por la presencia de un falso eunuco dejó de lado sus intenciones de continuar su lectura.

-¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Por qué?

-¿Acaso… no es lo que querías?

-Sí… digo no, ¡Yo no voy a hacerte nada más!, ¡Te lo prometí!

Akane inspiró profundamente. Quería acabar con aquello lo más rápido posible.

Ranma, por su parte, creía estar viendo una alucinación.

-¿Puede ser que te deseo tanto que estoy imaginando cosas? _dijo en voz baja.

La consorte por supuesto lo escuchó. No pudo dejar de sonrojarse y de cubrir instintivamente sus pechos con sus brazos cruzados sobre ellos.

Desviando su mirada hacia la ventana le dijo.

-Puedes hacerlo, por eso dije… que vine a entregarme a ti, ¿o no?

- ¿Por qué? _insistió.

-¿Es necesario saberlo?

-No tocaré ni uno de tus cabellos sin entender tus razones, lo prometí _arremetió con firmeza.

Akane volvió su vista tímidamente hacia él, quien la observaba con seriedad.

-Mañana… me revisará el médico real de la Reina. Bueno, a mí y a las demás consortes _comenzó a explicar.

-¿Y qué tiene que ver eso con que quieras que te haga el amor?

-¡Ranma! _lo retó completamente abochornada.

-¡Perdón! … pero bueno… es lo que viniste a pedirme _aclaró en voz baja.

-¡No quiero que me hagas… nada! _exclamó segura_ pero no me queda otra alternativa.

Ranma se levantó y caminó hacia ella, deteniéndose de inmediato al observar como su esposa retrocedía ante su avance.

-Explícame Akane, ¿qué sucede? _pidió impaciente.

-Me van a revisar para comprobar si nuestro matrimonio, ya sabes, si fue consumado.

-¿Qué?, ¿Cómo lo sabes?, ¿Por qué harían eso?

-Ellas lo saben… que nunca me has tomado, que sigo siendo virgen.

-¿Cómo lo supieron?

-Eso no importa.

-¡Dime! _demandó ante ella.

-Sin darme cuenta se lo dije a Lady Ukyo.

Ranma cerró los ojos irritado al escuchar ese nombre.

-¿Por qué se lo dijiste, Akane? _recriminó.

-¡Se me escapó!... yo no estaba pensando, yo… tampoco se lo dije con todas las palabras, solo lo insinué, no me di cuenta _hizo una breve pausa_ pensé que ella tampoco lo haría.

-¡Oh!, ¡Claro que sí!, ¡Créeme, todas ellas son unas hienas! Solo están esperando el momento indicado para atacar.

- ¡Por eso, fue mi error, así que debo enmendarlo!

-Podemos hacer algo, no sé, inventar alguna excusa _propuso nervioso ante la develación de su consorte.

-No hay forma Ranma. ¿Qué podría decirles para evitarlo?, solo levantaría sospechas. Pondría en riesgo a quien me advirtió de todo esto. Además ello confirmaría de inmediato que no lo hicimos.

-¡Malditas sean!

-Si lo descubren sería traición. Recuerda que armaste las cosas para hacerles creer que en la noche de bodas estuvimos juntos. No solo me matarían a mí, sino también a mi familia, a Yuka y quien sabe a cuanta gente inocente. ¡No puedo dejar que eso suceda! _afirmó limpiando las lágrimas que caían por su rostro ante la sola idea de ese desenlace.

-Akane, aún así…

-¡No!, ¡Lo haremos!

Akane pasó por su lado en dirección a la gigantesca cama.

Se sentó sobre el mullido colchón y luego se acostó cerrando los ojos con fuerza.

-Vamos, hazlo rápido por favor_ pidió desde su lugar.

Ranma no sabía qué hacer. Por supuesto que quería hacerle el amor. Había anhelado hacerlo desde que la conoció. Pero aún así, ella lo estaba haciendo por obligación no por amor, ni siquiera deseo o atracción.

Tenía razón. Si ellas descubrían que Akane y él no habían consumado el matrimonio, la matarían y él, como siempre, no podría hacer nada al respecto.

Ligeramente avanzó hacia ella.

Estaba quieta, con sus manos cruzadas sobre su vientre, sus cabellos desparramados sobre la almohada, respirando agitadamente mientras sus lágrimas seguían bañando su rostro.

Era simplemente etérea.

Se sentó sobre el lecho con sigilo.

¿Qué hacer ahora?

¿Besarla?

¿Acariciarla?

¿Lanzarse sobre ella y devorarla como lo había intentado hacer en otra ocasión, dando vía libre a sus deseos carnales?

Solo pudo, sin embargo, observarla.

Tanto así que la misma Akane se vio extrañada por su silencio.

Abrió los ojos y se encontró con esa mirada tan hermosa, tan llena de contradicciones. Amor, deseo, odio y temor. Él tenía los ojos más bellos y expresivos que había visto en un hombre, en cualquier otro ser humano en realidad. Su color azul era muy inusual, ella se había percatado de eso desde la primera vez que lo conoció.

-¿Qué pasa?

-No puedo hacerlo _confesó.

-¿Estás bromeado, verdad?, estuviste a punto de abusar de mi ¿y ahora dices que no puedes hacerlo?

-¡Pero no lo hice! Sé que estuve mal, pero no lo hice por las mismas razones que no puedo hacerlo ahora. No quiero obligarte, mi amor.

-¡No me estas obligando!, ¡Te lo acabo de pedir yo!

-No quiero hacerlo sin que me ames, Akane.

-Está bien _afirmó resignada_ Solo te ruego que salves a mi familia y a mi gente, por favor.

-¿Qué dices?

-Sino pierdo la virginidad ellos me matarán, los engañé, ¿recuerdas? Traición _resaltó como si no fuese lo suficientemente claro.

Ranma cerró los ojos derrotado, y antes de que ella terminara de ejecutar su intento de dejar la cama la detuvo.

-Lo haré. Si tú no me amas entonces tendré que poner yo el amor necesario para que esto resulte lo mejor posible.

Akane lo observó por unos instantes más, perdiéndose nuevamente en sus profundos ojos para luego asentir, recostándose sobre las sábanas de seda.

A la espera. A su espera.

Él tragó con dificultad la saliva que estaba acumulada en su boca, sin haber advertido de que su reflejo se había interrumpido en algún momento.

A pesar de que se veía desafectada, decidida y fuerte, la vio temblar.

Justo como aquella noche cuando desabotonó sus pantalones, teniéndola a su merced entre sus piernas. La vio temblar. Le tenía miedo. Entonces todo el alcohol que había consumido se evaporó a través de su piel y la cordura momentáneamente, afortunadamente, se apoderó de su mente. Y así, abotonando de nuevo sus pantalones, se quitó de encima de la mujer que adoraba y que estaba a punto de ultrajar, y dejó la habitación horrorizado de sí mismo.

Pero esta vez ella se lo estaba pidiendo y no había nada que él deseara hacer más que amarla. Y lo haría, porque prefería que ella lo odie por tomarla antes que muriera.

Con mucha cautela se subió sobre ella, sentándose de cuclillas justo encima de sus caderas, como esa noche.

Akane sintió el movimiento y abrió los ojos alertada.

-A… apaga la vela por favor.

-¿Estás segura?

-Por favor.

Ranma estiró su cuerpo llevando su rostro hasta la cercanía del único candelabro que iluminaba la habitación ubicado en la mesa de noche al costado de la cama y sopló.

A pesar de que la luminosidad de la vela se había extinguido, la luz robada del sol por el pequeño satélite que sigue fielmente los pasos de la tierra alcanzaba a bañar sus cuerpos.

Fue por ello que Akane lo pudo detener justo a tiempo.

-¡No!

-¿Qué hice, amor? _preguntó alarmado.

-¡No te saques la ropa! _pidió atemorizada.

-¿Pero cómo lo haremos con ellas puestas?

-Solo… solo bájate los pantalones y corre mi vestimenta. Solo lo suficiente para que puedas… entrar _dijo completamente avergonzada.

Él no quería hacerlo así. Él quería tomarse cada segundo de su maravilloso encuentro para retirar cada tela que recubría su cuerpo, cada ornamento que pudiera quedar en sus cabellos, y llenar cada centímetro de su piel con su propio aroma, hasta que en el aire que flotaba en la habitación se respirase la mezcla de su olor y el suyo, una nueva fragancia, el de Ranma y Akane.

Pero ella se lo pidió. Y él prometió no volver a obligarla.

Dejó que la tela de su camisa descendiera nuevamente por su pecho hasta cubrir su desnudez.

-¿Puedo besarte? _suplicó

-No. Solo hazlo de una vez_ advirtió la consorte.

-No puedo hacerlo así. No quiero lastimarte_ susurró con preocupación.

-Es inevitable.

-Claro que no. Si lo hago de una sola vez te lastimaré, pero si… si tú naturalmente te preparas para que… entre en ti, no será tan doloroso… puede ser incluso placentero, mi amor.

-No lo creo.

-Akane _le dijo acercándose a ella hasta quedar cara a cara, sosteniendo su peso con sus brazos a cada costado del cuerpo de la doncella_ Hay partes de nuestro cuerpo que si sabes cómo estimularlas ellas harán su trabajo para que todo resulte más fácil. ¿Sabes a lo que me refiero?

Akane se quedó callada, repasando en su cabeza lo que el hombre encima suyo acababa de explicar.

-Lo sé _admitió finalmente.

-Pero tú estás con miedo, tal vez asco. No creo que esa parte de ti esté lista para recibir...me. Y si no me dejas besarte, si no puedo acariciar tu piel con mi piel, si mi aroma o mi voz no te producen nada más que rechazo, solo te lastimaré Akane, y no quiero eso.

El silencio una vez más se hizo presente.

-¿Entonces? _preguntó con curiosidad.

-Bueno, puedes hacerlo tú misma.

-¿Yo misma?, ¿A qué te refieres?

-Ya sabes… tocarte, allí.

-¿Cómo… cómo te atreves?, ¡Pervertido! _exclamó empujando a su esposo, alejándolo de su rostro.

-¿Nunca lo has hecho? _preguntó volviendo a su posición anterior.

-¡No!, ¿Por qué lo haría?

-Porque es muy placentero _aseguró.

-No lo es para mí.

-¿Cómo lo sabes si nunca lo has probado?

Silencio

-No sé cómo hacerlo, las mujeres no hacemos eso.

-¡Claro que sí! Shamp-

Ranma se detuvo. No podía contarle a Akane como su segunda esposa solía provocarlo, mostrando ante sus propios ojos como ella misma se daba placer. Era algo que hacía cuando él se negaba a tener relaciones con ella. Y por supuesto que verla hacerlo lo encendía por completo.

-Hay mujeres que lo hacen.

-¡Pues yo no soy esa clase de mujer! _vociferó ofendida, desviando su rostro hacia un costado.

-No, no lo eres _sonrió enternecido.

-¿Sabes… cómo hacerlo?_ inquirió la consorte aún sin mirarlo.

-¿A qué te refieres?

-¿Tú… lo haces?

¡Oh, claro que lo hacía! Religiosamente, todos los días, desde que la peliazul llegó a su vida. Lo hacía pensando en ella, soñando con este momento.

-Lo hago, pero los hombres somos diferentes, no necesitamos tanta preparación.

-¿Tú… no necesitas prepararte también? _observándolo de reojo.

¿Cómo decirle que bastaba con pronunciar su nombre para que su órgano reaccionara de inmediato?, ¿Cómo decirle que en ese mismo momento estaba ahí listo, firme, duro, dolorosamente expectante por hundirse en ella.

-Yo…ya estoy listo _declaró ruborizado.

Akane se sorprendió un poco por sus palabras, pero sabía a qué se refería. Incontables veces había sentido el miembro de su esposo rosándola sin haber hecho absolutamente nada por despertarlo.

-¿Sabes cómo preparar a… a una mujer?

Tragó duro ante sus palabras.

-Lo sé.

¿Quién hubiera dicho que observar como su segunda esposa se masturbaba serviría para este momento?

-Hazlo entonces. Quiero terminar con esto de una vez.

-Pero necesitaré tocarte, Akane.

-¿To..tocarme?

-Ne…cesito llevar mi ma…mano allí _enunció con voz entrecortada ante la inminente acción.

-¿No me dolerá?

-Para nada.

-¿Realmente hará que cuando lo hagas duela menos?

-Así es, amor. Hará que todo salga bien.

Akane seguía insegura, pero la promesa del príncipe sonaba bien. No quería sentir dolor, ya suficiente tenía con la humillación que estaba sintiendo para agregar más padecer a su corazón.

-Está bien.

Ranma respiró profundamente entusiasmado.

Llevó su mano derecha hacia el pubis de Akane y la dejó apoyada allí por un momento, sobre sus ropas.

La sintió estremecerse ante su acción, pero no creyó que lo hiciera de mala manera.

-Dime si quieres que me detenga y lo haré, ¿sí? _se aseguró una vez más de dejar en claro que no quería forzarla.

-Sí.

Comenzó a subir y bajar su mano sobre el vientre de Akane, como una suave caricia. Sentía bajo su mano la tela del camisón, pero también podía percibir la presencia de sus vellos, aquellos que protegían la sensible zona, aquellos que deseaba sentir con desesperación.

Entonces descendió su mano hacia la delicada entrepierna de su esposa, haciéndose un espacio suficiente para dejar su rodilla derecha en medio de sus firmes extremidades.

Su nueva posición le permitía acceder a esa zona que lo estaba enloqueciendo.

Volvió a posicionar su mano sobre el pubis de su mujer y repitió unas cuantas veces los movimientos ascendientes y descendientes, solo que ahora comenzó a extender los mismos por encima de los labios de su vagina.

La sintió estremecerse cuando ejerció un poco de presión en esa parte de su cuerpo, y ello generó un tirón en sus propios genitales.

-Voy… a voy a tocar un poco mas Ak...Akane.

Ella no respondió.

Tomó su silencio como una afirmación.

Así que dejó la palma de su mano sobre sus mullidos vellos, mientras su pulgar comenzó a acariciar los vírgenes labios cada vez más profundamente. Hasta que finalmente los separó, haciendo contacto directo con su clítoris.

Akane emitió un sonoro gemido que intentó ahogar con ambas manos cubriendo su deliciosa boca.

Pero los oídos de Ranma lo atestiguaron, sintiendo a continuación como su miembro comenzaba a empaparse y estremecerse en anticipación.

Siguió masajeando los ahora húmedos genitales de su mujer, descubriendo como Akane comenzaba a responder, moviendo levemente sus caderas al compás de sus caricias.

Se encontró él mismo haciéndolo, como si en ese momento estuviera apoderándose de ella.

-Su…biré un poco tu ropa, mi amor _explicó con voz ronca.

Lo único que escuchó de la fémina fue su respiración agitada.

Elevó la ahora mojada prenda apenas un poco, y se inclinó llevando ambas manos debajo de ésta hasta encontrarse con su ropa interior.

Respiró profundo, tratando de contener la fiera que en su interior acechaba a la consorte y estaba a punto de capturarla.

Y entonces llevó las manos al borde la delicada prenda y comenzó a retirarla, lentamente, tortuosamente.

Retrocedió sobre sus rodillas a medida que la ropa interior descendía por las suaves piernas de Akane.

Hasta que finalmente la lanzó al piso.

Akane tenía su rostro oculto por sus manos, pero podía asegurar que estaba excitada. Se lo decía su respiración errática, se lo decían sus pezones erguidos que asomaban por sobre la tela de su camisón. Se lo decía el calor despedido por su piel.

¿Podrían entrar en combustión cuando ambos cuerpos se conectaran?

Él creía que sí, pero no haría nada por evitarlo. Moriría feliz, consumido por la hoguera de sus pieles.

Llevó posteriormente sus manos a la cintura de su pantalón y torpemente desabotonó los mismos.

Y volvió al ataque.

-Ya casi estas lista mi amor, prometo que no dolerá tanto.

No mentía, pero tampoco era sincero por completo. Porque él ya no lo hacía solo para prepararla, lo hacía porque quería satisfacerla, hacerla gozar, con él, y solo con él. Ser el causante de que su cuerpo se estremeciera, de que su boca gimiera, de que algún día ella lo deseara como él lo hacía, de que muriera por sus caricias, por sus besos, de que le rogara tomarla, mil veces, de todas las formas posibles.

Deslizó su mano por su pierna, ascendiendo por ella hasta llegar nuevamente a su entrada. Y allí se encontró con sus pelillos cubriendo su piel, y bajo ellos la humedad que él había causado. Entonces sus dedos acariciaron los labios y entraron sin dificultad en contacto con aquel punto sensible. Lo hizo reiteradas veces, notando los espasmos aparecer sobre su plano vientre.

Con osadía sumergió uno de sus dedos en su interior.

Akane gritó con estupor, elevando su torso en un intento de sentarse.

-¡Ranma! _reclamó.

Él retiró su mano y se acercó a ella para decirle al oído.

-Shhh, todo está bien mi cielo. Yo te avisaré cuando lo haga, prometo que no te lastimaré. Confía en mí.

Y no pudo evitar dejar un beso sobre sus cabellos, inhalando profundamente el olor que despedía la joven Tendo.

Cuando la vio asentir y volver a recostarse, descendió hasta su posición previa y retomó sus caricias.

Ingresó nuevamente sus dedos con mucho cuidado y, una vez que la sintió relajarse un poco ante su intrusión, empezó a sacarlos lentamente para después volverlos a ingresar en su húmedo interior.

Ya no podía soportarlo más. Estaba a punto de estallar.

Así que con apremio volvió a poner sus manos sobre sus pantalones y los hizo descender sobre sus fuertes extremidades.

Se ubicó entre las piernas de Akane y ascendió por cuerpo.

Cuando por fin su viril y erecto miembro hizo contacto con la entrada de su consorte, sintió una electricidad recorrer su cuerpo por completo, haciéndolo rugir de excitación.

Nunca había sentido esto. Nunca tan excitado y necesitado. Nunca había amado a alguien como lo hacía con ella. Tan vez por eso todo aquello era tan inmenso y significativo. Era como si lo estuviera haciendo por primera vez.

En realidad así lo era.

-Mi amor, Akane, voy a hacerlo, ya… no puedo esperar más.

-¡Ranma!, Tengo miedo _sollozó la muchacha.

El heredero real bajó sus labios hasta que rozaron la frente de su amante.

-Te prometo que te cuidaré, para siempre. Te amo, Akane. Te amo.

Sosteniendo el peso de su cuerpo con su antebrazo izquierdo, llevó su mano libre hacia su pene alineándolo con la vagina de Akane.

Y comenzó a ingresar en ella.

Akane sintió la intrusión y abrió los ojos ante el inminente dolor, ahogando un grito que murió en su garganta.

Ranma besaba sus cabellos, mientras hacia un esfuerzo colosal por no ser brusco y animal, conteniendo las enormes ganas que tenía de comenzar a hundirse profundamente en ella.

Cuando notó que su mujer se había adaptado un poco más a él, comenzó a moverse paulatinamente.

Quería besarla, llenar todo su cuerpo con caricias para hacer ese momento lo más placentero posible.

Pero ella pido que se abstuviera, así que solo se concentró en sus movimientos, dejando pequeños besos en sus cabellos

Pronto se encontró aumentando la velocidad de sus embestidas, sintiendo como su cuerpo se quemaba ante cada arremetida.

Sentía claramente como el interior de su amada latía, contrayéndose ante cada empuje, respondiendo inconscientemente al su sesión de amor.

Sus caderas se sincronizaban a la perfección, por lo que cada vez que salía de ella Akane pujaba hacia él para volver a recibirlo en su interior, dejando sollozos y gemidos en cada rencuentro.

Ella se sentía tan bien. No sabía si era porque ser virgen, pero no recordaba que sus otras esposas fueran así cuando las tomó.

Ranma simplemente creyó en ese momento que sus cuerpos estaban hecho el uno para el otro.

El joven amante sentía como su orgasmo se construía en su bajo vientre, y por los quejidos que emitía su esposa creía que ella también estaba cerca de explotar.

El ambiente se llenó del olor de sus alientos, de sus fluidos, de sus transpiraciones que empaparon por completo sus prendas.

Y fue cuando llegó a lo más profundo de su ser que Akane llegó a su clímax.

-Ahhhh, mmmmm, ahhhh, Ranma.

El mero hecho de escucharla lo llevó al abismo, descargando su semilla en el interior de la Cuarta Consorte.

Siguieron moviéndose el uno sobre el otro, hasta que su excitación se agotó por completo. Entonces él dejó un último beso sobre la frente de su mujer y le dijo al oído.

-Te amo, Akane.

Y luego rodó hacia un costando, saliendo de ella, pero llevando su extasiado cuerpo sobre él.

Tapó sus desnudeces con las sábanas que, junto con la luna, fueron las únicas testigos de su encuentro.

La abrazó con ternura y necesidad.

Akane se durmió de inmediato, completamente abrumada.

El último pensamiento que pasó por su mente antes de perder la consciencia, la dejó sumamente contrariada.

"Te odio, Ranma, porque me haces sentir esto".


A través de aquel pasadizo secreto por el que tantas veces se había escurrido para ir al pueblo junto a su escolta, la Cuarta Esposa Saotome volvió a su habitación con los primeros rayos del sol.

Ranma había despertado primero, pensando que todo aquello había sido un sueño.

Pero no lo era, ella estaba abrazada a su pecho durmiendo profundamente. Besó sus cabellos decenas de veces, mientras sus dedos acariciaban sus brazos y su espalda con clamor. El Príncipe Saotome deseó poder congelar el tiempo en ese momento.

Después de esa noche se convenció una vez más que jamás la dejaría ir.

Llevó su vista a su delgado vientre y de nuevo se encontró imaginando verlo hinchado, con su hijo o hija en su interior.

Esta vez era posible. Como nunca antes lo había sido, esta vez estaba la posibilidad fehaciente, la esperanza de que su Akane, su mujer, su todo, estuviera cargando en ese preciso momento a su heredero.

La haría su Reina, mataría a las consortes y a la misma Reina si tenía que hacerlo.

Vio de repente sus ojitos abiertos y su reacción inmediata, tiernamente inmediata.

Se sonrojó como una fresa y rápidamente se levantó abandonando sus brazos, dándole su preciosa espalda con el notable fin de esconder su vergüenza.

-Debo volver. Nadie puede saber lo que pasó aquí.

- Así será. No te preocupes por ello.

Ranma se levantó, se puso sus pantalones y rodeó la cama hasta quedar frente a ella, quien no notó su cercanía pues parecía estar inmersa en sus pensamientos.

-Podemos ir a través de este pasadizo _le indicó.

Juntó la ropa con la que había ingresado anoche a sus aposentos y se la entregó.

-Por las dudas _le aclaró.

Ella las tomó y comenzó a vestirse con las mismas.

-¡Oh! _exclamó al ver las pequeñas manchas de sangre sobre su camisón, sintiendo además el leve dolor entre sus piernas, en su interior.

-¿Estás bien?

Ella solo asintió, y luego expresó preocupación al dirigir su vista a la cama.

Ranma siguió su mirada y se dio cuenta de las manchas rojas sobre las sábanas.

-Yo me encargaré de ello. Nadie lo sabrá.

Ella volvió a asentir.

Ranma por dentro se lamentó profundamente, debía deshacerse de las sábanas. Él quería dormir en ellas lo que le restara de existencia, absorbiendo el olor que había dejado impregnado el cuerpo de Akane.

"Su almohada", pensó, y sonrió.

Se sentía una especie de perverso, pero no le importó demasiado.

Ingresaron al pasillo iluminados con la luz de una vela que el príncipe llevaba, y pronto encontraron la salida que daba al interior del jardín de la consorte.

Akane no tenía idea de tal conexión. Y Ranma lo había olvidado por completo.

Si se hubiese acordado antes… quizás podría haberla visitado en secreto.

La joven esposa se despidió haciendo una reverencia e ingresó al dormitorio.

Él volvió al suyo, con el claro fin de envolverse en su cama y colmarse de los aromas y recuerdos de la mejor noche de su vida.


Cuando por fin llegó el momento de partir, Akane estaba lista. Se había limpiado bien, retirando de su cuerpo todo rastro de sangre, sudor y demás restos que evidenciaban lo que había sucedido hace solo unas horas.

Por suerte la hemorragia había sido pequeña y rogaba que no existieran indicios de que su virginidad había sido entregada recientemente.

Se mostró anonadada, como si no entendiera el anuncio dado por la Reina, como si hubiese llegado al saludo matutino dispuesta a desayunar como siempre. Como si no se hubiese percatado de la sonrisa satisfactoria en la cara de Ukyo y de la Reina Madre.

Ella fue la última, convocada a la revisión justo a tiempo para ver salir a Lady Shampoo con los ojos llorosos y la mirada perdida. A tal punto era su estupor que casi se la llevó por delante al pasar junto a Akane.

Entró en el cuarto acompañada de la Reina Cologne, quien insistió en estar presente. Ukyo, en vez de retirarse como lo habían hecho la amazona y la rosa negra, se quedó de pie junto a la puerta. Se desvistió quedando solo con su ropa interior superior y se recostó sobre la cama con sus piernas abiertas, humillada y colérica. Aún desde la incómoda posición puedo ver con claridad la perversa sonrisa desvaneciéndose cuando el médico, con seriedad y cara de frustración, aseguró que estaba "todo bien, por ser una mujer casada". Y entonces fue el turno de la consorte de sonreír victoriosa y aliviada de haber frustrado el plan de la malvada mujer. Porque incluso si se hubiese dado cuenta de que "lo de su virginidad" era reciente, no había argumento alguno para demostrar que su matrimonio no había sido consumado.

Así que se puso sus ropas y, haciendo una breve reverencia ante los presentes, se dirigió a sus labores de consorte, justo después de pedirle a Yuka que le comunicara con suma discreción a su esposo que todo había salido bien.

Encomendó a su vez otra tarea a ser llevada a cabo con la misma reserva.

-¿Recuerdas las hierbas que te mostré?

-Sí, Mi Señora.

-Tráelas, haré un té con ellas. No puedo dejar pasar más tiempo.

La sierva asintió, pero antes de apartarse tomó las manos de su amiga y le agradeció con absoluta devoción su sacrificio.

Al llegar a su recámara poco antes del ocaso, preparó la infusión con las hierbas que Yuka había traído para ella. Decidió que los siguientes días también lo haría, solo por precaución.

Justo después de tomar las últimas gotas de la bebida, fue sorprendida por aquella figura de cabello negro y trenzado quien accedió a la habitación desde el jardín.

-¿Cómo te ha ido?, cuéntame _solicitó con entusiasmo.

La consorte se sentó y le señaló que la imitara.

Comenzó a relatar la escena donde tanto la Reina Madre como Ukyo compartían miradas cómplices y satisfactorias antes del anuncio, y cómo al final de su revisión solo restaron atisbos incrédulos y amargos en ambas mujeres.

Ranma rió para no salir a buscarlas y reclamarles por meterse con su mujer. Akane le dijo que no era necesario, que todo había pasado y que le sirvió para estar más atenta. Que protegería a su gente a como dé lugar, y que no dejaría que nadie maltratase a su familia.

Ranma solo pudo asentir admirando con fervor sus palabras.

Fue allí donde Akane distinguió el libro entre sus manos. Y como saliendo de un hechizo en el que estaba suspendido, el muchacho se dio cuenta de que efectivamente estaba sosteniéndolo con sus dedos.

Akane pidió a Yuka que sirviera la cena, y como si nada hubiese sucedido continuaron con sus lecciones de lectura.

Ranma agradeció a los cielos que todo estuviera bien entre ellos. Temía que ella lo odiara y rechazara una vez que se volvieran a ver, lejos de la presión por cumplir con su deber, lejos de la amenaza de muerte, lejos de la euforia y excitación en la que se sumergieron entre las finas sábanas de su cuarto. Pero no fue así, y esa fue una grata noticia para su corazón.

Antes de volver a través del pasadizo secreto, le contó cómo se había olvidado por completo de esa conexión interna y entre ambas habitaciones. Suponía que era porque perdió a su madre muy joven y con ella muchos recuerdos sobre su temprana infancia. Recordó que su padre había construido dicha conexión entre su recámara y la de ellos por si necesitaban acceder a él ante alguna urgencia. Y también cómo solía escabullirse por el estrecho y oscuro pasillo para dormir en la calentita cama matrimonial en las noches de tormenta, en los seguros brazos de su madre.

Le dijo que no temiera, que lo usaría de allí en adelante para llegar a ella solo si se lo permitía.

Akane asintió ante sus palabras breve pero suficientemente.

Y desde ese momento no hubo un día en que Su Majestad no lo recorriera para visitar a su adorada esposa.

Es que efectivamente nada había cambiado para mal. Pero sí había sutiles cambios entre los dos.

Como por ejemplo cuando leían juntos. Sus cuerpos se rosaban, se apoyaban uno sobre otro, sus respiraciones se entremezclaban por la corta distancia a la que se encontraban sus rostros. Indiscutiblemente reían más, mucho más. Y lo mismo había ocurrido con sus charlas, diálogos interminables sobre proyectos para el pueblo, leyes, literatura y chismes de sociedad.

Lo más emocionante ocurrió cuando él tomó su mano en la caminata semanal hacia la biblioteca de los monjes. Y Akane no mostró el mínimo reflejo o intensión de apartarse de su agarre.

O cuando se hizo muy tarde y la Cuarta Consorte le dijo que simplemente durmiera allí, a su lado. Algo que se repitió la siguiente noche cuando él, a propósito, hizo el enorme esfuerzo de permanecer despierto hasta altas horas con tal de escuchar de nuevo la invitación.

Y esa noche se aventuró en ir un poco más allá, porque ya no era suficiente dormir aferrado a un mechón de su cabello. Por lo que acercó su pecho a la pequeña espalda, pasó su brazo por la fina cintura, enterró su cabeza en el cuello de la chica y entrelazó sus dedos con los de ella.

Justo como lo había hecho la noche previa a recibir los latigazos. Lo haría mil veces si era el costo de dormir así, junto a ella.

No era estúpido, sin embargo. Dejó a sus mejores súbditos vigilando la puerta de su habitación con la expresa orden de que nadie, absolutamente nadie podía interrumpir sus sueños a excepción de Hibiki, quien era el único que sabía sobre su paradero.

De esta manera habían transcurrido varias semanas, semanas en las que Akane no dejaba de batallar con sus fueros internos, con su corazón que se agitaba al verlo llegar, con las mariposas que se apabullaban en su estómago cuando lo escuchaba reír, o con la piel de su rostro que se convertía un furioso magma cuando cruzaban miradas.

Todo su cuerpo la traicionaba.

Es que él era el enemigo, él la había chantajeado, la había separado de su prometido, le robó sus sueños y su futuro. La hizo su prisionera.

Él era su verdugo, pues cada vez que estaba a su lado moría de ganas por llevar su nariz hacia sus cabellos y llenarse de su fragancia. Él, que con sus brazos la hacía sentir protegida de todo. Él, que se esforzaba por aprender y combatir sus dificultades. Él, que había mejorado la vida de sus seres queridos.

Incluso su propia familia parecía haberlo perdonado. Comentaban cuanto había cambiado el muchacho, lo sinceras que sonaban sus palabras, el amor que emitían sus ojos cuando la observaba. Él, que solo era un hombre antes que nada.

¿Ella lo había perdonado?

No lo sabía, por lo menos no con certeza.

Solo creía ser una enferma. Enferma mental por sentirse bien al estar a su lado.

Una enferma, en verdad, por querer sentirlo como aquella noche en donde se entregó a él.

Es que cuando sus cuerpos se rozaban sentía un calor ascender por sus piernas, expandirse por su vientre y concentrarse debajo de éste, allí, en ese lugar que la hizo delirar esa noche con cada caricia que él le dio.

Era una enferma por soñar con su cuerpo sobre el suyo, esta vez piel contra piel, refregándose hasta que la fricción los llevará al éxtasis nuevamente.

Era por sobre todo una traicionera por desear que la bese otra vez.

Una traición a su gente, que la vieron resistirse contra su injusta y caprichosa voluntad.

¿Qué pensarían de ella si ahora les decía que encontraba la paz junto a él?, ¿Qué le dirían si les contara que en aquella habitación había comenzado a sentirse feliz como antes?

¿Estaba tan mal de la cabeza por tener esos sentimientos por él?, ¿Era erróneo creer en sus palabras cuando cada noche le susurraba cuanto la amaba?

Definitivamente estaba muy mal ya no pensar en Touma. Sí, lo estaba. Muy, muy mal por querer corresponder a sus sentimientos, los de Ranma Saotome, quien la obligó a casarse a la fuerza.

Era enfermizo sentirse así, sentirse enamorada de él.

Con todos esos pensamientos llegó al desayuno con la Reina. Estaba bastante distraída pero no lo suficiente para no escucharlas comentar, preocupadas e irritadas, como desde hace más de un mes su esposo no las visitaba, a ninguna.

Nadie sabía su secreto, y ello, el tener un secreto con él, la hizo feliz.

Algo solo de ellos dos, algo que ninguna de ellas tendría.

Claro que Ranma aseguraba que nadie más que ella tendría su corazón, ni sus atenciones, ni sus pensamientos, ni sus labios o sus abrazos.

Pero para ella compartir ese secreto con él era suficiente.

-¡Ay! _exclamó de repente la Segunda Consorte tomándose el vientre con ambas manos.

Todas las miradas se dirigieron a ella y a la Reina que de inmediato se acercó a su nieta.

-¿Qué sucede, querida? _gritó con notable preocupación en su voz.

-Abuela _la miró con terror_ me… duele.

-¡Vamos! _ dijo asiéndola del brazo, caminando en dirección a la salida_ Envía al médico real a sus aposentos _indicó con urgencia a su eunuco.

Ambas amazonas dejaron el lugar ante la mirada consternada de los demás presentes.

Lo que también había sido dejado atrás fue una mancha de sangre, visiblemente impregnada en el almohadón del sillón donde estaba sentada la Segunda Esposa Saotome.

De camino a su dormitorio lo vio avanzar apresurado hacia la habitación de ésta última.

Algo malo había pasado.

Y esa sensación la tomó por completo, suspendiendo cualquier actividad que había preparado para esa tarde.

No quería admitirlo, pero lo estaba esperando.

Pasaron las horas y no fue hasta la media noche que llegó su esposo con lágrimas en los ojos y desasosiego siendo despedido por sus poros.

Ella estaba acostada, solo una vela encendida la acompañaba.

Él la divisó en la enorme cama y corriendo llegó hasta ella, estrujándola contra su cuerpo.

-Ranma ¿Qué ha pasado? _le preguntó con ahogo.

Él solo respondió abrazándola con mayor intensidad, mientras su llanto mojaba sus pequeños hombros.

No pudo evitar corresponder a su abrazo, deslizando su manos de arriba hacia abajo a lo largo de su fornida espalda.

Hasta que finalmente se separó de ella para contemplarla con una enorme angustia retenida en sus ojos, esos que Akane empezaba a amar.

-Dime, ¿Qué sucedió, cariño? _cuestionó con verdadera preocupación.

Ranma parecía un niño pequeñito que necesitaba protección.

Y ella, en ese momento, deseaba dársela.

-Tú eres mi amor Akane _le dijo tomando su rostro con ambas manos_ la única mujer, no, la única persona que amo en este mundo. Nadie, nadie te puede suplantar, nadie me separará de ti.

Y dicho esto se volvió a aferrar a ella.

Akane no comprendía sus palabras, mucho menos su dolor.

Así que volvió a insistir.

-No entiendo que ha pasado Ranma, explícame por favor. ¿Qué te pasó que estas así?

Nuevamente se distanció de ella, pero esta vez tomó sus manos entre las suyas.

-No importan que la coronen, no importa que sea la Reina, solo tú… ¡Solo tú serás mi mujer, solo tú tendrás a mis hijos, solo tú serás mi Reina Akane!... ¡Lo prometo, lo resolveré mi amor, solo tú, aunque ella se siente en el trono, solo eres tú para mí!... Solo tú.

La besó con toda la pasión que tenía contenida en su interior. Con todo sus miedos y su impotencia. La besó con todo su amor, a ella, su mujer, su dueña.

Y Akane correspondió con la misma intensidad.


Les pido perdón por las escena de intimidad. No estoy acostumbrada a escribirlas, espero que no hayan quedado muy sosas o vulgares!

Gracias de todas formas por leerlas!

Los quiero!