Epilogo
- ¿Esta es tu madre? – Le pregunto Kang a Lan, mientras tomaba una figura de Tigresa vestida con un traje amarrillo de kung fu.
- Así es y te sugiero que la dejes donde estaba, es la figura favorita de mi papá. – Respondió Lan mientras revisaba los cajones del armario de sus padres. – Además de ser única en su tipo, ya que el traje de la figura es del verdadero traje que usaba mi mama en su juventud de maestra, el ultimo que uso antes de tomar el liderazgo del sur. – Explico mientras revolvía las cosas, su papá le había explicado aquello como cincuenta veces.
- ¿No es raro? – Pregunto el chico un poco incómodo.
- ¿La figura? Para nada, mi madre fue una maestra muy famosa y mi papá siendo un gran fan del kung fu coleccionas figuras de todos los maestros que puede… A pesar de su edad… Para desgracia de mamá. – Agrego.
- Las colecciones no son raras, yo colecciono distintos tipos de madera. – Respondió Kang. – Lo que me es incómodo es… ¡Estar en la habitación de tus padres! No sé qué idea tienes en mente, pero ambos sabemos que no terminará bien… Que tal si por una vez vamos al rio como los demás chicos, a nadar en vez de intentar lanzarnos por las escaleras o jugar con los mazos de guerra de los gorilas. Tus planes nunca funcionan.
- Este será diferente. – Sentencio Lan feliz de por fin encontrar lo que buscaba.
- ¿En qué? – Pregunto escéptico su amigo. - ¿Y qué encontraste?
- En que este funcionara. – Respondió muy segura mientras volvía a poner todo en su lugar. – Mi mamá tiene una copia de cada llave del palacio. – Dijo mientras mostraba un gigantesco manojo de llaves.
- Tengo un mal presentimiento de esto. – Dijo con voz cansina Kang mientras era arrastrado por Lan hacia los pasillos del palacio.
Kang se había hecho amigo de la joven Lady hacia siete años. Sus padres habían muerto en un ataque en su pueblo natal, por parte de una banda de bandidos que azotaron al centro del país y huyo lo mas lejos posible hasta que llego aquella ciudad y mientras buscaba alimento se topó con una construcción en donde la Señorita Yen lo encontró, le dio de comer, un trabajo ayudándola en la entrega de recados y limpiando, pero sobre todo una razón para seguir viviendo. Ahora que lo pensaba al ya tener catorce años pronto tendrá más tiempo viviendo en aquella ciudad que con sus padres.
Llegaron a una bodega bastante alejada, donde posiblemente guardaban armas y cosas peligrosas, que definitivamente Lan con lo torpe que podía ser a veces no debía tocar.
- Lan… ¿Qué diantres piensas sacar de esta posible armería peligrosa? Donde literalmente hay un letrero que dice "Prohibido el ingreso a Lan Ping" – La cuestiono su amigo. El letrero posiblemente lo había puesto Xiao en un intento de que su hermanita no se mate o mate a alguien.
- ¿De dónde saca todos estos letreros Xiao? – Se pregunto la chica mientras lo arrancaba y seguía buscando la llave correcta.
- ¡Lady Lan! – Llamo su atención una voz masculina para desgracia de la felina y alegría de su amigo. Era el Capitán Gao, el hijo mayor del general Li. - ¿Qué busca en la… armería? – Miro la cara de la chica de preocupación, además de que intentaba ocultar algo detrás de ella y la de alivio de Kang; y suspiro acababa de evitar otro desastre como el de los mazos de guerra.
- Solo paseábamos… ¿Verdad, Kang? – Intento sonar casual y cuando le dio un codazo a su amigo se le cayeron las llaves.
Kang ni siquiera se atrevió a contestar cuando el leopardo tomo las llaves y se apretó el puente de la nariz.
- Síganme. – Sentenció el felino mayor.
Para suerte de Gao y desgracia de los jóvenes Tigresa se encontraba viendo unos planos junto a Yen en su estudio personal. Apenas Tigresa vio la cara de su hija sabia que la volvieron a atrapar.
- Los atrapé buscando cosas en la armería del sector suroeste, por suerte no alcanzaron a sacar nada. – Informo el felino y entrego el manojo de llaves a su Lady.
Tigresa a pesar del tiempo y los embarazos seguía teniendo una figura esbelta y atlética, aun intentaba estar lo más activa posible, y de no ser por aquellas arrugas que estaban comenzando a crecer cerca de su ojo bueno se diría que los años no habían pasado por ella.
Yen era un par de años más joven, aparte había cuidado toda su vida su piel evitando el sol en exceso, jamás se casó, ni tuvo hijos, así que se podría que estaba igual que en su juventud.
- Por suerte guardo ese tipo de llaves en otro lugar. – Respondió Tigresa mirando con severidad a su hija. – Gracias capitán Gao, puede volver a sus funciones yo me encargare desde ahora.
- Con su permiso, Mi Lady, Señorita Yen. – Se reverencio levemente el leopardo y se fue.
- Mira, mamá lo que paso es que…
- Ni siquiera lo intentes, es la tercera vez este mes que te atrapan, conoces las reglas. – Sentenció la felina cruzando los brazos. – Y tienes suerte, hoy vendrá un emisario del norte a cenar, así que te puedes ir a cambiar.
Su hija agacho las orejas molesta e hizo un puchero en un vano intento de que su madre la dejará pasar esta vez, pero no funciono así que de malas ganas se despidió de su amigo y se fua a cambiar.
- Kang. – Lo llamo Yen y le entrego un rollo. – Por favor ve y entrégale esto al jefe de construcción, Lady Meiying aprobó los planos.
El chico hizo una pequeña reverencia y salió corriendo del lugar.
- Lo siento, Lan siempre mete en líos a Kang. – Se disculpo Tigresa.
- Kang sabe muy bien lo que hace y si sigue a Lan es porque quiere. – O mas bien porque la quiere. - Gao dijo suroeste, ¿cierto? – Tigresa asintió sin entender el porque de la pregunta. – Lan es igual a Po.
- Bastante, pero ¿a qué viene eso?
- Hoy se cumple otro año desde que Kang perdió a sus padres, seguramente buscaba los fuegos artificiales que guarda Po para celebrar vuestro aniversario… O solo quería jugar con espadas, con ella nunca se sabe.
- Es igual a su padre solo el 80% de las veces. – Respondió Tigresa, ella había notado como ella siempre buscaba a Kang para todo, era muy probable que el gustara, pero aun no se daba cuenta, como ella no se dio cuenta de que amaba a Po por mucho tiempo.
Otra cosa que heredo Lan de su madre es el odio por los vestidos. Odiaba esas ropas tan elaboradas y delicadas, que limitaban tanto su movimiento y desde que entro en la pubertad, también su respiración.
- ¿Puedo pasar? – Era su padre.
Po con los años aún mantenía su gran panza y aquellos ojos verdes grandes con un toque de inocencia y de bondad que lo caracterizaba, de no ser por las pequeñas arrugas en sus ojos que comenzaban a parecer y de aquel bigote largo y delgado que Tigresa le había sugerido dejar crecer estaría igual que en su juventud.
- Si. – Respondió Lan mientras intentaba terminar de abrochar el corsé.
Po al verla complicada le ayudo, hacia lo mismo con lo de Tigresa, jamás entendería el porque de aquellas prendas tan incomodas, ambas tenían por naturaleza figuras estilizadas, será más útil que el usara uno, pero agradecía no tener que hacerlo.
- ¿Qué hacías en la armería? – Le pregunto a su hija mientras terminaba de ayudarla.
- Solo buscaba cosas… Tampoco es para tanto. – Respondió la felina.
- Allí guardamos armas y fuegos artificiales, si es para tanto.
- Mamá me conto que mas de una vez has usado fuegos artificiales de forma de líberamente peligrosa.
- Yo ya era un adulto responsable cuando lo hice.
- ¿Responsable?
- Solo aléjate de esas cosas.
- Tranquilo no pensaba atarlos a una silla y volar en una bola de fuego. – Respondió entre risas. – Además ya se usar armas, el abuelo Kun me ha enseñado.
- Lo sé, estabas muy entusiasmada con esas clases de lucha, ¿Por qué las dejaste?
- Me quede estancad, tal vez no era tan buena. – Respondió incomoda. La verdad es que al ser hija de Lady Meiying y del Guerrero Dragon nadie se atrevía a pelar de verdad con ella y eso de vedad la frustraba.
- Bueno, pero deberías volver a intentarlo, por lo que yo vi si eras buena, tente más confianza. – Le sugirió Po con una sonrisa amable. Aun recordaba cuando era solo una bebita y no se despegaba de él en ningún momento – Sera mejor que salgamos, tu mamá y tus hermanos nos deben estar esperando, y sabes lo puntual que son Tigresa y Xiao.
Salieron de la habitación y en las escaleras los estaban esperando el resto de la familia.
El emisario no era más que una cabra muy anciana, que tosía cada dos segundos y sorbia muy fuerte la sopa.
- Veo que mantiene muy bien sus tierras, Lord Po. – Felicito al panda.
- Muchas gracias, pero todo es gracias a la gestión de mi esposa. – Respondió Po mientras comía, con el tiempo ya se había acostumbrado a aquellas cenas de protocolo… Aunque casi pierde el pie en el proceso, por los pisotones de Tigresa.
- ¿Su esposa sabe algo de administración? Vaya, que loca están las cosas ahora. En mis tiempos las esposas solo se ocupaban de tener y criar bebes; y cuando dejaban de concebir uno buscaba una más joven – Lan pudo ver como la oreja de su madre se movía rápidamente molesta. - ¿No piensan tener más hijos?
- No, tres es un numero ideal. -Contesto rápidamente Po, sabía que la paciencia de su esposa no era inagotable. – Por cierto, ¿Qué lo trae por aquí? Es un largo viaje.
- Mi señor, Lord Jian esta muy interesado en su hija, busca una esposa mas joven, y está dispuesto a…
- No. – Hablo por primera vez Tigresa.
- Disculpe, pero esta es una conversación entre hombres, debería ser mas respetuosa.
- Usted habla de mi hija como si fuera un pedazo de carne, para mi esa si es una falta de respeto. – Respondió firme la felina. – Puede ofrecer todo el oro y seda de China y la respuesta seguirá siendo no. – La cabra roja de ira estaba dispuesta a replicar. – Y antes que hable de guerra, bloqueo económico o algo por el estilo, le recuerdo que mi esposo fue maestro del emperador, tenemos muy buenas relaciones con la familia de emperadores y solo debemos mandar una carta y ustedes estarán perdidos. – Sentencio. – ¿Algo más que desee su señor Lord Jian?
- No. – Respondió el anciano.
- Perfecto, entonces que traigan el postre. – Sugirió Po en un muy mal intento por bajar la tensión del momento.
Al terminar la comida Lan se fue a su habitación muy molesta y abochornada.
No era la primera vez que pedían su mano en matrimonio, desde que nació y se esparció la voz de que era la primera tigre dorada que había nacido muchos otros Lords habían querido su mano, así que sus padres habían recibido miles de cartas a todos ellos y expulsando a sus emisarios para que se detengan, pero eso jamás pasaba, seguían intentándolo una y otra vez. Por lo mismo odiaba aquellas comidas de protocolo, la mitad de las veces ella era el tema central, y eso era solo en las que asistía, se preguntaba cuantas veces más había pasado o en cuantas cartas estaba ella de tema principal.
El toque en su puerta la saco de sus pensamientos. No quería ver a nadie así que se quedó callada.
- Se que estas allí, respiras muy fuerte. – Era Xiao junto con Yuan.
- ¿Y mamá con papá? – Preguntó al verlos.
- Posiblemente papá esta intentado que mamá no destripe a la cabra, da igual. – Respondió Xiao mientras se sentaba al lado de ella.
- Ojalá la destripe.
- ¿Estas loca? El papeleo de destripar a un emisario es enorme, seria mejor lanzarlo en un cañón. – Bromeo su hermano mayor sacándole una sonrisa.
- Odio ser yo. – Dijo más triste que molesta Lan.
- Al menos tu pareces un tigre, yo soy una mezcla rara de panda y tigre. – Respondió el mayor. Siempre se había sentido bastante acomplejado por ello, usaba túnicas largas para que solo se vieran sus antebrazos con rayas, además de hacer bastante ejercicio y limitar su dieta para tener la figura musculosa de un felino.
- Yo estoy feliz de ser yo. – Respondió Yuan mientras miraba los juguetes de su hermana, sin prestar mucha atención.
- Todo sería más fácil si fuéramos como tú, Yuan. – Dijo Xiao. Aunque jamás lo diría en voz alta envidaba sus hermanos, le gustaría ser un tigre o un panda simplemente. – Pero somos los que somos, y debemos aceptarnos y amarnos. Que seamos así fue el destino y algo nos deparara.
- Tal vez todo sería más fácil si no fuera Mei Lan Ping. Si fuera una chica corriente no me pasaría esto.
- Pero no eres una chica corriente, además toda chica le encantaría ser tú, usar lindos vestidos, tener pretendientes en todos lados y vivir en un palacio.
- Hermano, yo odio los vestidos, no me interesa tener pretendientes… Pero si, vivir en un palacio es genial. Sin embargo, siento que algo me falta, siento que no puedo ser yo de verdad aquí.
- ¿Y dónde planeas irte? A donde quieras que vayas te reconocerán en seguida, hasta donde se sabe eres el único tigre dorado en toda China. – Lan solo gruño como respuesta. – Yuan te trajo unos dumpling que hizo de bambú como te gustan. Nos vemos, hermanita.
Xiao dejo un tazón en la mesa de noche y se fue junto a Yuan que se llevaba un oso de peluche de su hermana.
Lan intento dormir, pero solo dio vueltas en la cama. Ya aburrida, decidió salir un poco para despejarse, pero al ser ya de noche, tuvo que salir por la ventana, solo eran dos pisos y su récord han sido cuatro, era pan comido, aunque como siempre cayo de cara, podía parecer una felina, pero carecía de aquellos instintos.
Salió con cuidado del patio del palacio y escalo para caminar por los techos de los edificios, con lo del toque de queda, debía evitar a los soldados que circulaban por las calles.
Caminar por la fría noche siempre le había ayudado para despejarse, sobre todo las noches cono aquella con una luna tan bella. Por desgracia al estar tan pendiente del cielo no se dio cuenta por donde pisaba y resbalo. Por suerte cayó sobre unas cajas.
- ¿Escucharon eso? – Eran los soldados, así que sin pensarlo dos veces corrió por aquellas calles estrechas, hasta que una mano la agarro y la entro a una casa.
- Shhhhh. – Dijo una voz que no conocía.
Pudo escuchar como llegaban y se iban los soldados.
- ¿Quién eres? – Pregunto después de unos momentos.
- Solo un anciano, espero no haberte asustado, pero ya que respondí tu pregunta responde tú la mía ¿Qué hace una joven caminado de noche? – El hombre se acerco a una pequeña estufa, por la luz que emanaba pudo darse cuenta de que era un leopardo muy anciano.
- Solo caminaba para despejarme un poco. – Respondió nerviosa la chica. Su padre siempre le decía que se alejara de leopardos ancianos, una advertencia bastante especifica que nunca ha terminado de entender.
- Y ¿qué puede ser tan grave que azota la cabeza de Lady Lan?
- Eso exactamente, que todos saben quien soy, es bastante molesto. – Se quejo la felina y se sentó. – me gustaría que nadie me conociera, al menos por un tiempo ser solo Lan.
- Eso se puede lograr. – Respondió el anciano con una sonrisa. – Si quieres te puedo ayudar, pero no será gratis.
- ¿Enserio? No importa lo que necesite yo se lo puedo traer.
- Piénsalo bien y vuelven, te estaré esperando aquí mismo, ya sea día o noche. Sobre el pago que requiero ya hablaremos de eso. – Respondió. – Ahora será mejor que te vayas, no vas a querer que tus padres pregunten por ti.
La felina asintió frenéticamente y se fue con cuidado de hacer el menor ruido posible.
Ya volviendo a la soledad de su pequeña casa el anciano tomo una foto que se mantenía oculta entre las penumbras.
- Sabia que solo debía tener paciencia, Mao. Sabia que tarde o temprano alguno de los hijos de esa gata y ese oso gordo llegarían a mi… Los haré pagar por lo que nos hicieron. – Sentencio Deshi muy feliz acariciando la foto de su sobrino.
Había meditado durante buscando que el universo le diera una respuesta sus preguntan, a sus ansias de venganza, y aunque el universo no era tan parlanchín como con otros, el pudo entrar de todas maneras a su infinita sabiduría y lograr ver las inseguridades de aquellos pequeños fenómenos de la naturaleza y esperar a que alguno de ellos llegara a él, ya fuera en mayor buscando un cambio físico o la de en medio deseando dejar de ser ella…
Hacían pasado casi veinte años, pero aquel era su momento… Repararía cada uno de sus errores.
Les dije que volvería la próxima semana, pero no que día. Bueno esto seria el final, al menos por ahora, tengo pensada una segunda parte, pero no se cuando la comenzare siquiera, así que por ahora de vuelta el "Hiatus"
Gracias por leer hasta aqui, pero que disfrutaran tanto leerla, como yo de escribirla.
Espero verlos pronto, ya sea con la segunda parte o con otro fanfic de Kung Fu Panda...
Nos vemos...
