Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo diecisiete

BPOV

—¡Bella! ¡Edward!

Edward se tensó debajo de mí, y no fue porque acabara de lamerlo, girando mi lengua alrededor de su longitud para lograr un efecto.

—Maldita sea —gimió, tirando mi cabello y sacándome con un pop. No se lo hice fácil, no estaba dispuesta a renunciar a lo que había estado disfrutando.

Ojos verdes y torturados se encontraron con los míos y se estremeció mientras pasaba su pulgar por mi labio inferior.

—Vístete —murmuró, soltando un gemido cuando mis manos lo soltaron.

Las había estado usando para presionar lo que no había podido meter en mi boca. Quería tragarlo entero, pero iba a necesitar algo de práctica... mucha práctica. Lamiendo mis labios, me estremecí cuando vi otra gota escaparse de él.

—Dios mío, Bella, deja de mirarme así —rogó, llamando mi atención. El humor luchó contra la lujuria mientras el músculo de su mejilla se contraía. Se subió los jeans y los bóxers con una mueca.

—¡Bella! —Charlie se estaba acercando.

Edward se rio entre dientes con dureza.

—Tu papá me va a matar. —Se puso de pie, llevándome con él. Mis caderas se encontraron con las suyas, meciéndose contra su polla aún dura—. Si tú no lo haces primero —murmuró, robando un beso rápido antes de agarrar mi sujetador y mi camisa, colocándomelos con demasiada experiencia.

Hizo lo mismo con mi ropa interior y mis jeans, ya que me encontraba en un aturdimiento inducido por Edward. Pasando sus dedos por mi cabello, sacó las hojas de él, llevándolo en una coleta con la banda elástica que tenía en mi muñeca. Para terminar, pasó sus manos sobre mí y sacudió mi ropa. La forma rápida y eficiente en que me había vestido me decía demasiado.

—¿Cuántas chicas has tenido que vestir así?

—¿Eh? —respondió, acomodando su polla en sus jeans antes de buscar mis zapatillas.

Se las arrebaté y me las puse antes de alejarme.

—Solo tú. —Su respuesta me siguió por el sendero donde encontré a mi padre.

Sí, claro. Estaba segura de que el Sr. Hazme Correr Casi Instantáneamente no tenía experiencia con mujeres en el bosque.

No fue hasta mucho más tarde esa noche que me di cuenta de que lo había dejado con las ganas de nuevo, y que mi enojo había sido más por ser interrumpidos que por el hecho de que me había vestido tan rápida y eficientemente. Me reí entre dientes, tenía que admitirlo, hasta que me di cuenta de que o estaba corriendo con pelotas tan grandes como pelotas de béisbol y azules como el cielo, o se estaba ocupando de las cosas sin mí.

Ese pensamiento me hizo enfurecer.

La semana siguiente fue una repetición día tras día. Uno de los chicos vigilaba el sendero, mientras que otro se ocupaba de la noche. Cuando no nos estaban cuidando, entrenaban. Había algo de gran belleza cuando Edward, Jasper, Carlisle o Seth caminaban hacia la cabaña, sin camisa mientras se limpiaban el sudor de sus pechos o abdominales.

Me sonrojé cuando Esme me sorprendió mirando a su esposo, pero ella solo sonrió y dijo:

—Buenos genes. Es algo que viene de familia.

No quería reconocer lo que estaba insinuando, porque estaba enojada con Edward de nuevo.

Había vuelto a su modo profesional, centrándose en la información que estaban recibiendo a través de un teléfono "ultrasecreto" que Jacob había dejado. Los agentes en Seattle habían capturado a un grupo cuando irrumpían en la casa de los Cullen. Los cuatro hombres habían sido rodeados cuando buscaban pistas sobre nuestro paradero. Todos menos uno se había suicidado, el arma del cuarto salió disparada de sus manos. Ese hombre estaba detenido y probablemente no quería saber los métodos con los que lo interrogaban. Se sospechaba que estaban relacionados con mi primo Marcus. Un segundo grupo posiblemente conectado se había enfrentado con mercenarios no lejos de los muelles. Jacob creía que lo habían rastreado hasta esa zona, y se había producido una guerra entre las facciones codiciosas. Solo unos pocos hombres habían salido vivos del tiroteo y habían caído directamente en la red del FBI. Cazarrecompensas privados; los habían trasladado a la cárcel para esperar su juicio por asesinato.

Era un agente llamado Michael Newton que llamaba y nos mantenía informados. Si las expresiones de Jasper o de Edward contaban de algo, ellos no creían particularmente que el hombre fuera muy inteligente. Pero por ahora, él era nuestra única conexión con el mundo real mientras la vida en la isla continuaba en un patrón idílico.

Charlie nos seguía a Jack y a mí cuando hacíamos nuestros viajes diarios, y me acerqué a ambos mientras bromeábamos. Era desconcertante lo similar que era a Charlie, incluso después de haber estado separados durante tantos años. Lo sorprendí mordiéndose el labio como lo hacía yo mientras observaba a un par de ballenas nadando no muy lejos de la isla. Bajo la protección de los árboles que crecían hasta los acantilados, las habíamos visto jugar durante casi una hora después de que Jack las señaló. Charlie también, cada vez que pensaba, usaba su pulgar para hacer girar el anillo de casado que todavía estaba en su mano izquierda. Yo hacía lo mismo con la banda de platino que mi padre me había regalado por mi decimosexto cumpleaños. Me hacía querer a mi padre perdido hace mucho tiempo de una manera que no podía explicar. Charlie se ganó la admiración de Jack con su conocimiento de la naturaleza, y sus debates sobre los mejores lugares para pescar en aguas profundas me hicieron sacudir la cabeza en horror. Al parecer, a Charlie le encantaba la pesca y el béisbol.

Así que aparte de la distracción de Edward, el único problema era cómo el inusual sol de los últimos días estaba haciendo estragos con los suministros de agua. Las cisternas que alimentaban la casa estaban bien, pero Jack estaba preocupado por los animales. Él y mi padre habían cavado más profundamente en la tierra húmeda en algunos lugares para permitir que se filtrara más agua subterránea, pero vi un lado tierno de mi padre cuando encontró uno de los ciervos bebé junto a un pozo seco. Avanzando lentamente hacia el bebé que jadeaba, mi padre había vaciado su botella de agua en una de las rocas ahuecadas y nos habíamos ido, esperando que la madre regresara. Al día siguiente, Jack nos informó que había visto a Autumn, como la había llamado, brincando con su madre cerca de donde la habíamos encontrado.

Una semana después del día en que ataqué a Edward en el bosque, resultó ser una mañana hermosa. El sol iluminaba sobre las copas de los árboles, las nubes habían desaparecido e incluso la brisa del océano tenía un toque de calor. Fue suficiente para formar líneas de preocupación a la frente de Jack.

—Voy a hacer un viaje alrededor de la isla para asegurarme de que todo esté bien. Puedo sentir la lluvia en el aire, pero no estoy seguro de que la tengamos antes del calor del día. Tengo un mal presentimiento... así que puede que tengamos una tormenta —dijo, tapándose los ojos y mirando hacia arriba.

Cómo podía predecir la lluvia por el cielo despejado, no tenía ni idea, pero había una cosa que había aprendido sobre el hombre durante las últimas semanas: debías escucharlo.

—Voy a asegurarme de que la pequeña Autumn esté bien. —Me sonrió, sabiendo que me había encariñado.

Jack me había informado que un cervatillo nacido tan tarde en el año probablemente moriría, pero por la falta de depredadores en la isla tenía una oportunidad de vivir si no le hacía falta agua. La pequeña cosa desgarbada estaba en una lucha contra todo pronóstico, y en el fondo sabía que me relacionaba con ella.

—Iré contigo —se ofreció Charlie, mirando a Edward con el ceño fruncido.

Quizás su ojo de águila explicaba algo de la distancia de Edward, porque Charlie se había puesto de un tono rojo poco saludable al verme salir del bosque hacia él la última vez que desaparecí con Edward. Al regresar a la cabaña, me escabullí al baño para examinarme en el espejo y ver si había una ramita de musgo o algo que me delatara, pero no había encontrado nada. Los instintos de padres fue lo único que pude suponer. De todas formas, Charlie le dedicó una mirada a Edward antes de cerrar la puerta detrás de él y Jack.

—Me gustaría ir al claro —dijo Nessie sobre el área cerca del acantilado, minutos después de que Jack y Charlie se fueran—. Si nos espera una tormenta, me gustaría tomar un poco de sol. —Había estado teniendo terribles náuseas matutinas, y verla sonreír era algo que nos hacía respirar mejor a mí y a los demás.

—¿Por qué no van todos y yo terminaré el estofado? —sugirió Esme.

Ella siempre era maternal con todos y su generosidad me hizo sentir horrible. Los Cullen habían renunciado a todo por mí. Para mí era una deuda muy dura que no tenía forma de pagar.

Entonces se me ocurrió algo.

—¿Por qué no vas tú? Yo me quedaré aquí y terminaré la comida. —Ante los ojos abiertos de Jasper, le saqué la lengua—. No lo arruinaré, lo juro. Esme ya hizo la mayor parte, así que todo lo que tengo que hacer es agregar las verduras. Vayan a disfrutar del sol por unas horas.

—Me quedaré —dijo Edward suavemente, ganándose varias cejas enarcadas y risas. Me alegré de que mi padre no estuviera cerca. Estaba segura de que no se habría ido con Jack si hubiera sabido que existía la posibilidad de que yo estuviera a solas con Edward.

Carlisle y Jasper intercambiaron miradas con Edward, e hice todo lo que pude para no gritar.

—En serio, todos estarán en el sendero, y Jack y mi papá están explorando el resto de la isla en busca de Autumn. ¿Qué creen que va a pasar?

Seth estaba vigilando, así que se unirían a él.

—Buen punto —concedió Jasper, pero procedió a ir hacia el rincón donde guardaban las armas y colocó varios rifles sobre su hombro. Inclinándose para chequear los cargadores de munición, le arrojó otro a Carlisle.

Cómo había cambiado mi vida; ni siquiera parpadeé.

Se me puso la piel de gallina cuando Alice, Esme, Nessie, Carlisle y Jasper salieron de la casa y se dirigieron hacia Seth. Conté hasta tres antes de volverme hacia Edward. Con los ojos verdes brillantes de lujuria, levantó las manos hacia mí.

—No creas que mi padre o Jasper no regresaran en diez minutos para ver cómo estamos.

—Clocló —cacareé como una gallina. Estirándome, me aseguré de mostrar todos mis atributos y lo vi dar un pequeño paso hacia adelante—. Lástima. Toda esta privacidad y camas suaves, y no hay forma de terminar lo que comencé. —Arqueé una ceja y me aseguré de morderme el labio.

Caminó hacia adelante, enjaulándome contra el fregadero con sus brazos.

—Eres problemática. —Me subió a la encimera y me apretó contra él. Flexionándose para poner su erección en contacto con mi centro, murmuró—: Esto es lo que me haces. Pero no podemos aprovechar eso por muchas razones. ¿Sabes qué podría haber pasado si hubiera sido uno de esos matones en lugar de Charlie ese día? Ni siquiera lo escuché venir hasta que comenzó a gritar nuestros nombres. Tu boquita caliente... —Se acercó para poner sus labios a una pulgada de los míos, dejando que nuestras respiraciones se mezclaran— ...me hace olvidar todo. Y aunque puede que quiera follarte hasta que no puedas pensar en nada más que en mí, tengo un trabajo que hacer. Y no te atrevas a tratar de alejarte y actuar como una presumida al respecto. —Había pronunciado las palabras antes de que pudiera siquiera pensarlo.

Arrastrando sus labios a lo largo de mi mandíbula, se movió hacia mi oído, susurrando suavemente.

—Un día, Bella, te voy a poseer. Voy a besarte hasta que no puedas respirar, voy a lamer tus pechos y morderlos hasta que te corras, y estoy voy a lamer tu coño hasta que grites de placer. Luego, voy a empezar de nuevo para llenarte. No puedo esperar a sentirte apretando mi polla como lo hiciste con mis dedos, porque, cariño, cuando esté dentro de ti, no podrás respirar. Voy a hacer que te corras tan fuerte que te desmayarás.

Dejé de respirar cuando dijo algo de coño. Nunca me había hablado así, y me sorprendía lo mucho que me excitaba. Un fuerte mordisco en el lóbulo me hizo estremecer.

—Pero por ahora, déjame ayudarte con el estofado, porque si empiezo contigo, incluso tu padre no podría hacer que me detuviera. —Me deslizó hasta el suelo, pero me sostuvo el tiempo suficiente para ponerme de pie.

—Eso no fue justo —me quejé.

La oscura lujuria en su rostro fue reemplazada por una amplia sonrisa.

—Mi pobre polla está siendo abusada por mezclilla en lugar de estar aquí... —Me dio unos golpecitos en los labios— ...no fue justo. —Me hizo girar, presionando contra mi espalda para que pudiera sentir cuánto lo había afectado nuestro pequeño intercambio. Entrelazando nuestros dedos, alcanzó el cuchillo y las zanahorias—. Terminemos la cena, y tal vez para entonces esté lo suficientemente tranquilo como para besarte un poco en el sofá antes de que regresen las tropas.

~MF~

Pude robar algunos besos, incluso aunque él trataba de ser bueno.

—Bella.

—Mmm —dije, volviéndome hacia él, solo para ser golpeada en la cara con un paño húmedo.

—¡No me acabas de hacer eso! —gruñí mientras el paño caía al suelo con un chasquido húmedo.

Parecía tener doce años con la mirada traviesa en su rostro.

—¿Qué? —Se encogió de hombros inocentemente.

Desafortunadamente, Jack no había instalado uno de esos rociadores, o se desataría el infierno. En cambio, tomé el vaso de agua del que había estado bebiendo y, con una ceja levantada, extendí la mano para abrir el grifo y llenar el vaso.

Edward sonrió ante mi provocación, haciéndome señas con sus dedos para que avanzara.

—Adelante.

Empecé a levantar el vaso, pero se me resbaló de la mano cuando la puerta se abrió de golpe. Entrando corriendo, Jack se estrelló contra la pared.

—¡Corran! —gritó mientras se deslizaba por la pared, la sangre corriendo por su camisa.

—¡Jack! —Prácticamente me arrastré por el suelo hacia él, presionando mis manos sobre su pecho—. Edward, ayúdalo.

—No. Sácala de aquí. Ahora. A las cuevas. Vienen cuatro de ellos justo detrás de mí. —Su voz era débil y una espuma rosada salía de entre sus labios—. Tu papá vendrá a ayudar. Nos separamos, pero él seguro que escuchó... —Se detuvo, jadeando en busca de aliento— ...los disparos.

—Bella, muévete, nena. Toma tu bolso. Yo buscaré a Jack —dijo Edward a mi lado. Al encontrarme con su mirada, vi lo frío que se encontraba, una persona completamente diferente del niño que acababa de presenciar—. Bella, ahora.

Metiéndome al dormitorio, agarré mi bolso y el suyo, dándome la vuelta cuando Edward levantó a Jack.

—Déjame. No voy a lograrlo. —Jack colgaba sin fuerzas en los brazos de Edward. Su voz era apenas más que un susurro.

—¡No! —grité incluso cuando Edward dijo la palabra.

—Debemos quedarnos juntos —agregó Edward.

Se escuchó otro disparo y cayeron de espaldas al suelo.

Gritando, corrí hacia ellos. Jack se había ido; una bala le había atravesado la garganta, salpicando sangre a Edward por todos lados. Dejando a Jack suavemente en el suelo, Edward se apresuró a cerrar la puerta incluso cuando las balas golpearon la madera, la atravesaron y golpearon la pared.

—¡Bella, ve! Abre el pestillo. —Golpeó la gruesa barra de madera que servía como traba de la puerta de la cabaña, haciendo que cayera en el pasador.

Corriendo hacia el rincón, agarró todas las armas que quedaban, colgándolas sobre su hombro. Corrí hacia el pasadizo secreto, mis manos temblorosas tenían dificultades para empujar la piedra. Presa del pánico, miré hacia atrás para ver a Edward pateando la alfombra y volviéndose para mirar de nuevo a Jack. Un golpe en la puerta de la cabaña me hizo saltar, pero Edward estaba justo detrás de mí, pensando en alcanzar los escombros y esparcirlos. Empujó algo en mis manos antes de tirar del pasador para que la piedra volviera a su lugar. Vi la urna de mis padres antes de que la oscuridad nos inundara.

—Linternas— dijo en voz baja, y agarré una y la encendí. Colocando la palanca en el sistema para bloquearlo, se volvió hacia mí—. Tenemos que irnos.

Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando envolvió su brazo a mi alrededor y tomó la linterna. El recuerdo del cuerpo desplomado de Jack me hizo temblar. Imágenes de mi padre girando y la sangre en el pecho de mi madre me debilitaron. Cuando estuve por caer, Edward me acercó a su lado, sosteniéndome.

Moviéndonos tan rápido como pudimos por los caminos, chillé cuando la tierra debajo de nosotros comenzó a temblar.

Agarrando la urna de mis manos, Edward maldijo.

—¡Corre!


Sí, otro giro... ¿Siguen allí? jajaja

Gracias por leer :)