Nunca escribí nada de estos ni se me pasó por la cabeza owo, pero se me hizo interesante.
Pareja: ShikaSaku.
El ciervo y la Sakura.
—Sabía que te encontraría aquí.
Shikamaru abrió un ojo para mirarla. Sakura le sonrió mientras se sentaba a su lado. Cargaba un libro entre sus manos, así que acababa de salir de las clases de medicina con Tsunade. Desde que Naruto se marchó con Jiraiya a entrenar, Sakura había sacado una nueva necesidad de pegarse a él. Algo extraña que, por un muy raro que sonara, no le molestaba.
Ella solía sentarse y leer en silencio. A veces tenían conversaciones pero eran mucho más tranquilas que las que podría tener con Ino. Sakura era bastante inteligente, mucho más de lo que parecía con su carácter explosivo. O simplemente, es que hasta ahora no le prestó demasiada atención.
Si tenía que resumirlo: le gustaba su compañía. Y el día que no aparecía, era él quien terminaba caminando por la aldea para saber si estaba bien o no.
Se había convertido en una rutina que le gustaba.
Aunque él siempre había pensando que enamorarse sería algo problemático. Las mujeres eran problemáticas y las historias de romance, también.
Sin embargo, hasta el ser más vago del mundo parecía necesitar una compañera. Lo raro es que fuera Sakura.
Y eso le complicaba las cosas, porque a su mejor amigo también le gustaba esa chica. Y quizás ahora comprendiera por qué.
—¿Por qué siempre miras tanto las nubes, Shikamaru?
Volvió al presente con un parpadeo al escuchar su voz. Miró hacia ella, mientras dejaba el libro a un lado y se recostaba hombro con hombro a su lado.
—Son libres —respondió desviando la mirada hacia el cielo—. O eso me parecen.
Sakura observó en silencio, aceptando su respuesta.
—En realidad, no son libres, si lo piensas detenidamente —dijo al final—. Son guiadas por el deseo del viento y otros asuntos meteorológicos de los que no tengo idea.
Shikamaru chasqueó la lengua.
Generalmente, cuando le hacía esa pregunta solía pensar que era un soñador, un idiota o cualquier otra cosa. Pero Sakura se había ido por el otro lado.
—Aunque justamente, creo que es es muy tú —continuó.
Shikamaru se incorporó para mirarla. Apoyado sobre sus manos, la miró por encima de su hombro. Sakura continuaba recostada, con el cabello extendido bajo su cabeza y enredándose en la hierba.
—¿Por qué?
—Porque eres un poco así. Es como si cuando alargamos la mano no pudiéramos atraparte. Es muy extraño. Aunque realmente se relaciona a tu familia con los ciervos, tú eres una nube, de alguna forma.
Sakura movió su mano lentamente y lo aferró de la camiseta. Parpadeó, sorprendida.
—¿Qué? —cuestionó él.
—Creí que te apartarías —confesó—. Únicamente te he visto soportar a Ino aferrándote de la ropa, estrujándote o cualquier tipo de cosa que se refiere al contacto físico. Nunca pensé que me dejarías hacer algo así.
Shikamaru se rascó la nuca, chasqueando la lengua una vez más.
—Da igual que a Ino le digas que no quieres que lo haga. Lo hará más —reflexionó—. Y… no voy a apartarme porque tú me toques. Sería estúpido.
Sakura se incorporó, todavía sujetándole.
—Te he visto hacerlo con otras chicas.
Bufó, avergonzado.
—No son tú —confesó torpemente.
Sakura parpadeó. Pensaba que no le había escuchado hasta que vio su boca extenderse en una sonrisa feliz. Sus mejillas se sonrojaron y cuando se inclinó para apoyar su mejilla en su hombro y rodear su brazo, Shikamaru sintió que el corazón se le detenía para tomar impulso y latir como loco.
Vio oscilar una flor cerca de ellos. Rosa, delicada. Flotó en el viento hasta quedar aferrada en una de las astas de los ciervos que rondaban cerca.
—La Sakura y el ciervo —dijo más para sí mismo.
Sakura no le escuchó esa vez. Estaba en la cumbre de un momento de felicidad.
Shikamaru se preguntó si eso pronosticaba algo en el futuro.
Y más tarde, en años futuros, él miraría hacia el árbol de cerezo que habían plantado juntos en el jardín de su casa. Sakura, sentada a su lado, sonreiría.
—La Sakura y el ciervo —repetiría.
Él la miraría y asentiría.
—Sí…
Próxima pareja: InoSaku.
