¡Oye! No sé con que cara vuelvo a aparecer, que nervios, que nervios, pero vengo a darles la humilde conclusión de esta historia. Pasaron años, tengo más que claro, así que me pregunté quién leía esto, parece una carta en medio del apocalipsis. Sin embargo, después de pensarlo mucho ( mucho) consideró no cambiar los errores ni reescribir la historia, ¿por qué? ¡Los errores deben de existir para aprender de estos! Por lo que si notan un cambio entre el capitulo anterior y este, combate contra esos errores, ¿para bien o para mal? No lo sé, pero supongo que para bien, yei.
Bueno, entramos oficialmente al clímax donde las preguntas serán respondidas ( O no).
Charco por charco, esos pies huían de una gran colisión, desesperante y cruel. Corrían y corrían, pequeños brincos corrían. Las gotas de sudor combinadas con las gotas de la lluvia de Gélida, revolviendo el agua en un solo círculo líquido que forma una línea descendente por el rostro de esa joven chica; Karen, la amada hermana de Kenneth McCormick. Había obedecido a su hermano mayor, corrió lo que sus pulmones y esos temblorosos pies le permitieron. Bajo el ataque de las lágrimas del cielo, ella marchaba a un lugar lejano, lejos de la pugna entre su hermano y ese a quien le llamaba padre, quien ya ... ya había aprendido que ... no siempre el querer está en la sangre
Jadeó, el pavor por el calor interno se desprendió de sus partidos labios. Descansó ambos brazos sobre sus rodillas flexionadas, sin esperar mucho, trató de reincorporarse.
El reflejo de Butters sobre aquel charco se distorsionó, se llenó de aire y tuvo problemas con la precipitada llamada, tan solo llegó con su amado Kenny, antes de que hubiera tarde.
—¡Que no haya mar mar tarde! ¡Que no sea tarde de mar! - Se repetía en forma de ánimos o, ¿Preparándose para lo peor? No, confiaba en ese chico.
Entre su mirada a lo lejos divisó bajo la manta española de lluvia, un cuerpo y prendas familiares. Entrecerró los ojos sin parar su apresurado paso.
¿Quién? . . . - Tomó forma, cara y nombre aquel cuerpo que pensó —¡Karen! —Karen fue un gran impulso, un empujón y meta que le hizo correr más rápido algo que ni él sabía que podría lograr —¡Karen! - Gritó ya estaba cerca.
La chica respondió levantando su cabeza empapada.
¿Mantequillas? Oh dios ¡Mantequillas! - Sin intención de esconder aquel llanto, se balanceó sobre él abrazando con gran desconsuelo al rubio. A esa alma partida el chico la abrazó tratando de juntar pedazos rotos con su calor.
—Karen. . . ¿Qué pasa? Kenny me dejó. . . ¿Dónde está? ¿Qué sucede?
—Mi hermano. . . - Despegó su cuerpo— Él está peleando con mi padre ... me defendió, quiso dañarme, solo corrí como me dijo ... ¡Sólo! ... ¡Ayúdalo!
—¡Por supuesto! - No era el momento para dudas.
La espera la mano para continuar con su acto de heroísmo ... sin apartar los ojos de la realidad, ¿Sería un estorbo? Empero antes de que los músculos de las piernas se articulen para correr, Butters recibió una llamada.
Contestó sin hacer esperar aquel en el otro lado de la línea.
—¡Tweek!
—¡Aggh! ¿Dónde estás? ¡Voy en AHH camino!
—También lo hago. Encontré a Karen. . .— Rompió el nudo que obstruía su entendimiento de su angustia. —La semana, Kenneth está peleando con su padre. . .¡Debemos ir rápido!
Sin esperar respuesta, colgó y esta vez partició a toda prisa.
Reaccionó tarde al sonido del abandono pues el color del semáforo había cambiado a verde (Avance)
¿Por qué su garganta ardía de esa manera? Era llanto, ¿Lo era? Frustración Tantos sentimientos en tan pocos días que, no había molestado en descargar el recipiente a borde de explotar, reventar en mil y un trozos. Debía soltar ese grito de ayuda, desgarrando cada músculo de su interior, que su respiración se desenfrenara, yeguas, yeguas de llanto, ¿Por qué no? Que ese grito resuene por las paredes del vecino, hasta la cuna del bebé ¡que no importa si este se despierta! ¡Soltar todo, todo el peso, todo!
Sin embargo ... No sería un grito impregnado en sentimientos cerrados, no, en cambio, podría una llamada, ese número que por memoria ya lo sabía pero lo que tenía agendado con ese nombre y un corazón azul al lado. Era él a quien le mostraría el llamado, que su recipiente se rompiera frente a él, porque entendía que solo Craig podría abrazarle y juntar los fragmentos dispersos.
Marcó esperando por una gloriosa y necesitada respuesta, sin embargo la llamada ni entró, fue directamente al buzón. Desecho, bloqueando la más mínima oportunidad, de tal vez, finalmente antes de que la armónica tragedia comience.
Tweek se desesperó, odiaba eso: que Craig apagara su celular.
—¡Gah! Hijo de ¡Agh! - Volvió a marcar con esa sutil esperanza. Nada, buzón. La oscura y roba sueños incertidumbre le comía ¿Qué tenía que hacer? ¿Pisar el acelerador? Sí, debería llegar rápido, en cuanto antes. Una vez más marcó a ese número soltando maldiciones entre dientes. Sin respuesta. Suspiró decidiendo que le dejaría un mensaje de voz.
Bajó la velocidad al estar acercándose en un cruce de cuatro carriles. Carraspeó un poco, necesita calmar su temblorosa voz para ser claro y directo.
—Craig, ¿Por qué apagas tu teléfono? Joder, Kenny te necesita ahora. ¿Ignoraste sus llamadas? ¡Más mierda, Tucker!
Sin querer su cuerpo se tensó, generando que los dedos de sus pies ejercieran fuerza involuntaria. Pisó el acelerador.
- ¡Contesta, contesta! Cariño… te necesitamos— Como todo un valiente, soltó cada una de sus palabras sin titubear, al mismo tiempo que las llantas levantaban el agua acumulada por la lluvia, dejando brisa por su recorrido. —¡Agh! ¡Mierda!
Colgó tirando el celular sobre el asiento del copiloto, sin quitar la mirada sobre el peligroso camino. Las gotas iluminadas por las propias luces del auto, chocaban contra este provocando el ruido de pequeños golpes, uno tras otro, todos en una misma intensidad, pero, algo andaba mal, Tweek se dio cuenta muy tarde, cuando un sonido fuerte se escuchó retumbando Los vidrios Le hizo soltar un gran grito, frenó en seco, bajó del auto de inmediato y en efecto, como sospechó, una llanta pinchada. No solo eso, fue con toda la intención del mundo, pues un gran hoyo en esta lo confirmaba. Sin dudar, el rubio bajo la lluvia cuestionó.
—Así que esto fue aquel ruido— El confuso ruido que provino de afuera justamente cuando los Stoch salieron cabreados de su hogar.
Tweek perdió la mirada al cielo, esas gotas empaparon su cabello. El chico era un caos. Un nuevo descuido, ¿en dónde se detuvo?
Sin saber que estaba justo en un cruce, sin poder ver más allá de la oscuridad y la lluvia, el cual poco a poco fue comida por una luz cegadora que iluminó un ajuste junto con sus lágrimas, esa luz venía a gran velocidad lo hizo él . Sin entender, ni reaccionar entrecerró los ojos intentando descifrar. Como un muñeco sin alma o una polilla hipnotizada por la luz.
Tarde, tarde, muy tarde, el sonido del claxon sonó muy tarde, la alarma para huir tarde demasiado.
Craig.
Pensó en él, en su rostro, en su aroma, en la suavidad de las oscuras hebras y el par de zafiros; justo antes de que el camión se estrellara con el auto llevándose a Tweek te paso.
Un trágico accidente que duró al menos un minuto.
Kenny limpió la sangre de su boca, de nada ayuda pues el líquido rojo escurrió de nuevo por sus mejillas, las gotas de lluvia limpiaba la sangre de sus manos, tornando como un rojo acuarela. Su padre jadeando, con el rostro carmesí no solo por el fluido sino también por la alteración de la sangre de sus venas por el alcohol.
—Eres un hijo de puta, debí hacer que tu madre te abortara, ¡Sí! ¡Eso! - Exclamó tambaleándose.
Un asqueroso y claro borracho, quien entre la pelea rompió una botella. Ambos obtuvieron la misma arma, diferente estado, diferente fuerza, ¿Con qué final se cerraría el telón?
—¡Cállate, cada vez me irritas más! - Cauteloso ante los movimientos contrarios, al centímetro, a los pasos, a donde apuntaban sus ojos, todo desplazado el rubio.
—¡Jaaaah? - Nuevamente se balanceó sobre su hijo, con toda intención de encajar los vidrios sobre su estómago. Kenny evadió qué y atacó al girar sobre sus talones.
Entre gritos, quejidos e insultos, un monstruo y un adolescente se enfrentaban. Sin distracciones, Kenny no tendrá que tenerlas o un paso en falso y terminaría con todo lo que construyó o intento de sobrevivir hasta ahora y claro, con pensamientos de triunfo sobre sus dedos. Pero como si el destino estuviese en su contra, un grito se escuchó.
—¡Hermano! - La desgarradora voz de su hermana resonó a sus espaldas.
—Dios, Karen, ¿Qué haces aquí? ¡Dije que te fue! —Volteó en su dirección encontrándose a las dos personas más preciadas en toda su vida: Karen y Butters. No, no, mal momento —¡Butters!
Stoch había corrido tras Karen, que en desespero y por impulso, corrió a donde su hermano, su miedo era demasiado grande, mucho más grande que ella. ¿Qué se espera esperar de tal situación? La pequeña al estar entre los brazos del rubio, fue por un momento, una calma en el medio del océano, un vasto océano de aguas cristalinas, empero ... un empujón, un quejido, Karen contra el suelo y mantequilla de rodillas con sus dedos dedos sobre los hombros de la menor. Sangre, gotas incoloras y gotas de sangre, el olor revoloteando con el aroma a tierra mojada.
Terminó con un Kenny realmente herido, su padre había tirado una apuñalada con el cristal contra Karen, dio gracias a sus reflejos funcionaban, aún tenía un poco de si, pero aquella herida interpretó su carne, un profundo profundo al costado de su vientre. Ambas manos no eran necesarias para mantener el líquido vital dentro de él.
—¡Llévatela lejos! ¡Protégela, Butters! Por favor ... —Gritó con un atorado aliento y curvando sus labios en una sonrisa específica para el adverso, para el amor de su vida que lamentablemente no creía poder cumplir la promesa entre ambos.
Por lo contrario, Butters está un caramelo gelatinoso contempló todo, tenía miedo en voltear y correr, correr y no poder volver, sentir si lo perdía de vista alguna vez volvería a verlo de nuevo ... No Kenny, no a su Kenny. Sin embargo, ese valor que yacía dentro de él, el coraje de un fulgor cegador, él chico no tiene ningún otro cobarde bueno para nada, nos pondremos firmes con la suela de sus zapatos aplanando la tierra húmeda. Por cada gota que caía, de agua o de sangre, el tic tac, los truenos y rayos en el cielo le dieron esa confianza en si mismo; lo haría, salvaría a Karen pese a su negación de querer dejar a su hermano mayor.
La cargó a como pudo, jalones, llanto, repetidas palabras en desosiego, un sentimiento que se gritaba silenciando el rugido de la tormenta. Butters la sacó de ahí, él también entrado en lágrimas, perlas incoloras que caen al suelo, más agua para la tierra. Y así, de tal forma Kenny podrá estar en calma, ya podría aceptar a la bestia glotona de sangre, desvestirse dejando al desnudo a un asesino, la piel ensangrentada y testigo de una batalla victoriosa. Después de dar el último golpe y dejar inconsciente a su progenitor, un paso lento se retiró de ahí.
Con la melodía del viento, un silbar que se transformó una canción de cuna, los relámpagos iluminando los cielos, un camino escarlata marcando las huellas de un osado chico, fue un charco de su propia sangre donde se tendió, rendido y cansado. El par de pupilas apuntando al manto opaco, oh. . . el sonido de la lluvia se desvanecía al igual que el frío en sus extremidades, el pulso descendente y los latidos de su corazón fueron paulatinamente agotados. Una llamarada dejada de existir, Kenneth McCormick se apagó bajo lágrimas de la naturaleza en una noche de lucha y muertes dejadas.
¡Gracias por leer! ¿Les habrá resultado largo?
Nos leemos en el próximo capitulo, bayo ~
