Personajes de Naoko Takeuchi.
Salí del restaurante a eso de las 6 de la tarde. Había quedado de verme con Yaten y Taiki en el bar de siempre. Taiki iba a contarnos cómo había salido su luna de miel en Taiwán y además nos íbamos a poner al tanto de varias cosas. Habían pasado un par de semanas desde la boda, y no sabía nada de ellos.
Esas últimas semanas habían sido un infierno para mí. No dejaba de darle vueltas al asunto de Serena, y me seguía sintiendo muy mal por lo que había pasado. No sabía nada de ella desde entonces, y pensé que sería mejor así. Las cosas entre Rei y yo estaban demasiado extrañas, yo había tratado de evitar pasar mucho tiempo con ella con el pretexto de que tenía mucho trabajo.
Rei no era tonta y sabía que algo estaba ocurriendo, pero yo no podía dejar de pensar en Serena. Había tratado de engañarme a mí mismo haciéndome creer que podía seguir adelante y vivir sin ella, pero desde que había regresado no podía quitármela de la cabeza. Tenía que aceptar que muy dentro de mí mis sentimientos hacia ella no habían cambiado mucho, y al tenerla tan cerca esos sentimientos comenzaban a salir a la luz.
Encontré a Yaten y Taiki sentados en la mesa de siempre. Después de saludarnos, tomé asiento y ordené una cerveza. Escuchamos el relato de Taiki en silencio y haciendo algunos comentarios. Según él, Taiwán era un lugar increíble para ir de vacaciones y se la habían pasado muy bien los dos juntos. Taiki lucía muy contento ahora que estaba casado, y ver a mis dos hermanos así de felices con sus esposas me hacía sentir un poco de envidia en el fondo. De alguna manera me di cuenta de que yo también deseaba poder tener a alguien así en mi vida, y deseaba ser así de feliz. Era obvio que quizá Rei no era esa mujer, pero Serena quizá tampoco…
-¿En qué piensas?-dijo Yaten interrumpiendo mis pensamientos.- Te ves muy mal.
-En nada…-respondí mientras fingía una sonrisa.
-Seiya.-dijo Taiki rodando los ojos.- ¿Cuándo vas a entender que a nosotros no puedes engañarnos?
-¿Acaso esto tiene que ver con Serena Tsukino?-dijo Yaten sonriendo.- ¿O me equivoco?
Me quedé en silencio y le di un trago a mi cerveza. Estaba cansado de seguir fingiendo y tenía que desahogarme con alguien.
-Odio que me conozcan tan bien.-sonreí.
-¿Eso es un sí?-dijo Taiki.
-La verdad es que… estoy muy confundido.-respondí.- Desde que ella reapareció en mi vida… todo ha sido muy confuso para mí. ¿Puedo desahogarme con ustedes?
-Es lo que estamos esperando.-dijo Yaten.- Habla.
-Lo que sucede es que… cuando volví a saber de ella, me sentía muy enojado y muy decepcionado, pero eso cambió… cambió cuando ella regresó a Tokio. Me di cuenta de que había sido un imbécil por tratarla mal, porque no entendía los motivos que había tenido para irse. Luego me sentí mal cuando me di cuenta de que ya se había enamorado de otra persona… me dolió mucho darme cuenta de que la había perdido, no solo físicamente, sino emocionalmente. Sus sentimientos ya no me pertenecen, y eso… y eso me rompe el corazón. Sé que soy un idiota. Sé que le estoy haciendo daño a Rei… traté de seguir mi vida con ella, pero…
-No la amas.-dijo Taiki terminando mi oración.
-Así es.-dije con lágrimas en los ojos.- No la amo… no estoy enamorado de ella como me enamoré de Serena, y quería olvidarla pero todo salió peor… Me hubiera gustado que fuera así, para ser feliz como ustedes, pero no puedo. Y el día de la boda… el día de la boda hice algo muy estúpido.
-¿Qué?-insistió Yaten.
-Bueno… yo… después de dejar a Taiki en la habitación del hotel, me encontré a Serena en el elevador. Íbamos solos, yo estaba algo borracho y… la besé sin su consentimiento. Por supuesto que ella me rechazó, y me pidió que la respetara, pero en ese momento me di cuenta de lo mucho que todavía la quiero y desde entonces me he sentido como una mierda de persona.
-¿Y qué piensas hacer ahora?-preguntó Yaten.- Porque ahora tienes claro lo que sientes…
-Sé que no puedo estar con Serena.-dije agachando la mirada.- Pero… tampoco puedo estar con Rei.
-¿Vas a terminar con ella? Creo que sería lo mejor.-dijo Taiki.
-Así es… creo que lo mejor será que termine con ella. Pero, honestamente, tengo mucho miedo de cuál vaya a ser su reacción… desde que Serena regresó, su actitud no ha sido la mejor y me asusta.
-Creo que es mejor que seas sincero con ella, es lo único que necesita. Si hablas con ella sinceramente, estoy seguro de que te va a entender. Recuerda que a pesar de todo, ella es tu amiga, y puede entenderte. Pero no sigas retrasando lo inevitable…-dijo Taiki.
-Así es, además creo que será peor si no hablas ahora. Ya has callado mucho tiempo.-intervino Yaten.- No tengas miedo de decir lo que sientes.
Seiya no había respondido mis mensajes ni mis llamadas en toda la tarde, por lo que me dirigí a su departamento para ver si ya había terminado de trabajar. Últimamente se la pasaba tratando de evitarme y eso me volvía loca. Había tratado de respetar un poco su espacio, pero también me parecía tonto que me evadiera. Me dolía mucho que me tratara como si yo fuera cualquier persona a la que podía lastimar y seguir adelante.
Cuando llegué, afortunadamente los chicos todavía no se iban. Ya eran casi las 10 de la noche, por lo que me dejaron entrar al departamento y cerraron en cuanto yo entré. Toqué un par de veces, pero no respondió. Seguramente no se encontraba ahí, pero quería darle una sorpresa para cuando llegara. Sabía que escondía una llave de repuesto en el restaurante y bajé a buscarla.
Entré con cuidado y como sospeché, todo estaba completamente apagado. Encendí las luces y me dirigí a la cocina a tomar un vaso de agua. Mientras lo esperaba, decidí hacerlo en su habitación mientras ponía algo en la televisión. El tiempo parecía pasar muy lentamente, y cuando miré el reloj me di cuenta de que ya eran pasadas de las 11 de la noche. Decidí que tal vez sería mejor irme, pero cuando me puse de pie y apagué la televisión, hubo algo que llamó mi atención dentro del clóset de Seiya.
La puerta del clóset estaba entreabierta, así que la abrí completamente y lo que llamaba mi atención estaba ahí frente a mí. Uno de sus cajones estaba completamente abierto, y había una prenda femenina justo encima que se podía observar desde muy lejos. Tomé la prenda con cuidado y eran unas bragas rosadas, de inmediato supe que no eran mías. Sentí cómo mi corazón comenzaba a latir rápidamente y un nudo en el estómago. Junto a las bragas también había un papel doblado por la mitad, el cual tomé y leí con cuidado.
Al terminar de leer la nota, pude notar perfectamente cómo mi corazón se rompía. Eran de Serena Tsukino. Ella misma las había dejado ahí hacía mucho tiempo atrás, pero… ¿por qué Seiya aun las conservaba? ¿Por qué estaban justo encima de todo a simple vista? De inmediato sentí mis ojos llenarse de lágrimas y fue entonces cuando escuché a Seiya detrás de mí.
Cuando entré a mi habitación, encontré a Rei en el clóset. Estaba llorando y tenía las bragas de Serena en la mano.
-Rei…-dije en voz baja.
Ella me miró con los ojos llenos de lágrimas y luego soltó la prenda, la cual cayó al suelo junto con la nota.
-¿Qué haces aquí?-pregunté sorprendido de encontrarla.- ¿Por qué… por qué estás buscando entre mis cosas?
Rei me empujó para poder salir del clóset y volvió a mirarme.
-No tuve que buscar tanto.-dijo limpiándose las lágrimas.- Esa cosa estaba ahí, justo encima de todo, como si tú… como si las hubieras sacado recientemente. Yo… yo solo quería darte una sorpresa, quería verte porque tienes días evadiéndome y… ya no sé qué pensar, Seiya Kou. Dime, ¿por qué tienes eso guardado? ¡Dime!
-Rei, por favor no te pongas así.-respondí tranquilamente.- Te prometo que podemos hablar de todo como los adultos que somos.
-Estoy cansada, Seiya.-dijo.- Estoy cansada de esta situación. Desde que ella regresó todo ha sido un martirio… ¡y no quiero que te aleje de mí!
Rei se acercó a mí y me abrazó fuertemente mientras lloraba en mi pecho.
-No quiero perderte.-dijo sin despegarse de mí.- Por favor… eres todo lo que tengo, Seiya.
La separé de mí con cuidado y la miré a los ojos.
-Sé que he sido un idiota contigo.-dije con un nudo en la garganta.- Pero no puedo seguir jugando contigo.
-¿A qué te refieres?-dijo ella limpiándose las lágrimas.
-A que… creo que lo mejor es que terminemos.-dije tratando de no llorar en ese momento.- Yo… no puedo seguir tratándote así…
-No… no…-dijo ella.- Por favor, no lo hagas. ¡No me dejes!
De pronto Rei se arrodilló frente a mí y me sostuvo fuertemente de las piernas mientras lloraba.
-No, Seiya… tú no me dejes… primero fue Hiromi… ahora tú… no puedo perderte a ti también…
-Rei… no hagas eso.-dije obligándola a pararse.- Créeme que no es fácil, yo te quiero mucho. Eres mi mejor amiga, pero…
-¿Pero qué?-dijo mirándome.
-Pero no… no te amo…
Durante algunos instantes hubo un silencio entre los dos. Rei parecía estar sopesando las palabras que acababa de decirle. Su rostro se había descompuesto por completo y me miraba con rabia.
-Pero…tú… tú fuiste el que me propuso matrimonio.-logró decir con mucho esfuerzo.- Tú… querías que formáramos una familia, que fuéramos felices juntos…
-Lo sé.-respondí avergonzado.- Fui un idiota, yo sí quería… sí quería hacer una vida contigo, pero…
-Todo es culpa de ella, ¿cierto?-dijo claramente enojada.- Si ella… si ella no hubiera aparecido tú… todavía querrías estar conmigo, pero ella tenía que arruinarlo todo, ¡todo!-gritó.- Desde que apareció en tu vida no ha hecho más que arruinarlo todo.
-No es así.-dije tratando de tranquilizarla.- Ella no tiene nada que ver con mi decisión.
-¿Me vas a negar que sigues enamorado de ella?-preguntó mirándome a los ojos.
Me quedé en silencio y tuve que desviar la mirada.
-¡Lo sabía!-gritó.- ¿Ves cómo sí es su culpa? Yo… yo no puedo soportar esto, no quiero perderte, Seiya, por favor… no me dejes…
Rei volvió a abrazarme y durante un largo rato no me atreví a separarme de ella. Después de un tiempo, la alejé de mí y la miré a los ojos.
-Te pido una disculpa sincera.-dije.- Yo no quería hacerte daño, no fue mi intención. Siempre vas a estar en mi corazón, siempre te voy a querer. No puedo darte la felicidad que te mereces, no soy yo esa persona que debe estar a tu lado. Tú te mereces a alguien que pueda entregarse a ti por completo, alguien que se enamore de ti de pies a cabeza y que te entregue todo su corazón, y yo… yo no soy esa persona…
Rei me miró en silencio mientras le hablaba, y cuando terminé, tomó sus cosas y salió del departamento llorando. Quise ir tras ella, pero asumí que sería peor y que no tenía sentido. En cuanto me dejó solo, me sentí como un reverendo idiota. Me acomodé en la cama y me puse a pensar en ella y en todos los momentos que habíamos pasado juntos.
Recordé el día que la vi por primera vez, y cómo me había enamorado de ella al instante. Estábamos en la biblioteca, ella ni siquiera se había dado cuenta de que mi existencia. Luego recordé todos los momentos juntos con Hiromi, las veces que la pasamos increíble y cómo yo solo podía admirarla de lejos. También vinieron a mi mente los recuerdos de cuando Hiromi murió, y cómo pasamos meses enteros juntos porque ninguno de los dos lográbamos superar el dolor. Ella había estado en mi vida por tanto tiempo, y yo la había querido demasiado que siempre creí que iba a morirme sin poder estar con ella.
Pero luego… Serena Tsukino apareció y lo cambió todo. Era la primera mujer que me hacía olvidar mis sentimientos por Rei. Era la primera mujer a la que podía decir que realmente amaba. Lo mío con Serena no había sido un simple enamoramiento platónico, había sido real. Y ahora yo no podía ver a Rei de la misma forma. Sin duda alguna no quería que Rei sufriera, y no quería que me odiara, pero ya no podía estar con ella… Aquella noche ni siquiera pude dormir. Tenía un malestar profundo en el corazón que no me dejaba en paz.
Ese día había terminado mis clases temprano porque había un evento de la universidad importante. Yo no tenía que ir al evento, por lo que recogí mis cosas del salón y me dirigí al auto. El tiempo libre me daría la oportunidad de ir al departamento un rato y ver a Darien antes de tener que ir al restaurante. Mientras iba caminando, escuché que alguien me llamaba por mi nombre. Cuando me giré, me di cuenta de que se trataba de Seiya y me puse nerviosa.
-Seiya…-dije cuando estuvo frente a mí.- ¿Qué… qué haces aquí?
Noté que Seiya tenía los ojos algo hinchados, como si hubiera pasado una muy mala noche.
-¿Te sucede algo?-pregunté preocupada.
-Yo… discúlpame.-sonrió.- No sabía a quién buscar y… necesito hablar con alguien. Yo… terminé con Rei.
-¿Qué?-dije sorprendida.- Pero… ¿por qué hiciste eso?
-Mira, Serena, yo… solo quiero que sepas que no tengo la intención de molestarte. Lo que hice en la boda de Taiki fue muy estúpido, es cierto, pero no puedo seguirme engañando.
-No te entiendo.
-Yo… todavía te sigo queriendo.-dijo sin atreverse a mirarme.- Y sé que es estúpido porque tú ya no me quieres a mí, pero no podía seguir engañando a Rei.
-Seiya…
-Solo quería decírtelo personalmente, porque no quisiera que tuvieras un encuentro incómodo con Rei… y también porque quiero que sepas que no tengo la intención de molestarte. Respeto tus sentimientos, y tu relación.-dijo mirándome.- Y no pienso hacer nada en contra de eso…
-Me duele mucho verte así.-le dije.- Quisiera que no sufrieras, pero… desafortunadamente en el corazón no se manda y…
-Lo sé.-me interrumpió.- Y créeme que no te culpo. Yo soy el idiota que sigue enamorado de ti. El idiota que te sigue queriendo y por eso necesitaba decírtelo.
-Perdóname.-le dije.- Perdóname por haber hecho todo esto…
-No tienes por qué disculparte.-respondió.- No es culpa de nadie.
Me acerqué a Seiya y le di un abrazo. Se notaba a leguas que lo necesitaba y no pude negarme a darle al menos eso. En cuanto lo abracé, Seiya comenzó a llorar y me rompió el corazón. Jamás lo había visto así de triste y quise poder ayudarlo, pero no podía hacer nada…
Seiya y Serena se encontraban abrazándose a unos cuantos metros de mí. Ninguno de los dos se había percatado de mi presencia. Me encontraba en la universidad porque sabía que ahí podía encontrar a Serena y necesitaba hablar con ella. Quería decirle que se alejara de Seiya, que nos dejara ser felices, y ahora con mis propios ojos estaba viendo cómo se abrazaban.
Sentí un dolor fuerte en el corazón, como si me estuviera enterrando un cuchillo. Yo solamente quería que Seiya me amara, y que fuéramos felices juntos, ¿por qué no podía quedarse conmigo? Ella ya tenía a Darien… Apreté los puños con fuerza y sentí el enojo recorrer completamente mi cuerpo.
Me alejé de ahí corriendo y me subí al auto para tratar de calmarme. Necesitaba encontrar una solución, necesitaba recuperar a Seiya de alguna forma, pero no se me ocurría nada. Arranqué el auto y manejé sin rumbo fijo durante un largo rato. Odiaba a Serena con toda mi alma, no soportaba su presencia ni su existencia. Necesitaba encontrar una manera de hacerle el mismo daño que ella me estaba haciendo a mí. De pronto me di cuenta de que solo había una forma de darle en donde más le dolía…
Manejé durante un rato más y cuando llegué a mi destino, tomé aire para tratar de calmarme. Me bajé y me coloqué los lentes de sol, no quería que nadie supiera que me encontraba en ese lugar. Entré al edificio y me acerqué a los hombres que estaban detrás del escritorio.
-¿En qué le podemos ayudar?-dijo uno de ellos.
-Yo… yo tengo información importante sobre un hombre al que buscan.
-¿De quién se trata, señorita?
-Darien Chiba.-dije.- Sé que se encuentra en Tokio.
Eran cerca de las 4 de la tarde cuando Karashi entró al despacho. Yo me encontraba realizando algunos pedidos por internet para el restaurante cuando lo vi abrir la puerta con expresión de temor. Me quité los lentes que utilizaba frente a la computadora y lo miré extrañada.
-¿Qué sucede, Karashi? Entra.
-Chef…-dijo acercándose con nerviosismo.- Lo que sucede es que… la policía…
-¿La policía qué?
-La policía está aquí, y quiere hablar con usted.
-¿Sucedió algo en el restaurante?-dije levantándose del escritorio.
-No… en realidad… ellos me preguntaron por el señor Darien.
Me quedé completamente inmóvil. ¿La policía preguntando por Darien? Sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Afortunadamente, ese día Darien no estaba en el restaurante porque estaba ocupado arreglando algunas cosas del departamento.
-¿Tú… tú les dijiste algo sobre él?
-No.-respondió Karashi.- Lo único que les respondí fue que podían hablar con usted.
Sentí un poco de tranquilidad.
-¿Te preguntaron si lo conocías?
-No… preferí no decir nada al respecto.
-Bien.-dije tratando de respirar.- Por favor, diles que voy en un momento, y no quiero que hables sobre Darien, nada.
-Como usted diga, chef.
Karashi salió del despacho y me quité el mandil que llevaba puesto. Traté de controlar mi respiración. No podía dejar que me vieran alterada, no podía dejar que me vieran mal o podría poner a Darien en peligro. Después de un rato, salí del despacho y me encontré con los hombres en el exterior del restaurante.
-¿Serena Tsukino?-dijo uno de ellos.
-Sí, soy yo.-sonreí.- ¿En qué puedo ayudarles?
-Tenemos informes sobre el posible paradero de Darien Chiba, y creemos que usted puede ayudarnos.
-¿Darien Chiba?-dije fingiendo sorpresa.- Pero… hace años que no sé nada de él.
-Según la información que tenemos, usted fue la última persona que estuvo con él hace algunos años.
-Sí, es verdad.-respondí.- Pero yo me fui a Corea y estuve por allá algún tiempo. Apenas regresé hace algunos meses a Tokio.
-Eso también lo sabemos.-dijo el policía haciendo una mueca.- Por eso creemos que su regreso coincide con la aparición del señor Chiba.
-¿Se puede saber quién dijo eso?-pregunté.
-Lo siento, no podemos revelar nuestras fuentes.
-Mire, oficial, no tengo ni la menor idea de lo que fue de Darien Chiba o de dónde puede estar. Si está o no en Tokio, tampoco podría decirlo, hace mucho tiempo que dejé de verlo.
-¿Le molestaría que entráramos a su restaurante?
-Si van a comer, por supuesto que no.-sonreí.- Podemos hacerles un espacio en este momento. Pero… si es para buscar algo, debo decirles que cuando traigan una orden de cateo con mucho gusto pueden hacerlo.
-Bien… muchas gracias por atendernos, señorita Tsukino. Quizá tengamos que hablar con usted después, ¿estaría dispuesta a hacerlo?
-Lo que ustedes digan.-dije tranquilamente.
La policía se despidió y se retiraron del restaurante. En cuanto regresé al interior, corrí al despacho y tomé el teléfono especial con el que me comunicaba con Darien. Era una línea especial que no podía ser rastreada ni intervenida. Marqué algunos números y esperé a que Darien respondiera.
-¿Darien?-dije cuando escuché su voz del otro lado.
-¿Qué pasa?-me dijo preocupado.- Te oyes mal.
-No se te vaya a ocurrir salir del departamento, por favor.
-¿Sucede algo?
-Yo…. Yo…
-¿Qué pasa, Serena?-insistió.
-La policía… vino a preguntar por ti…
Hubo silencio.
-Yo… logré evadirlos, pero… me temo que alguien les informó…
-Entiendo.-dijo luego de un rato.
-Por favor… dime que te vas a quedar ahí. No salgas, no hagas nada. No sé si la policía puede seguirme, no quiero que te vean y…
-Serena.-dijo interrumpiéndome.- No te preocupes, voy a quedarme aquí hasta que llegues. No cambies tu rutina, no hagas nada sospechoso. Recuerda que tengo experiencia con estas cosas, todo va a estar bien.
-Pero…
-Cuando llegues podremos hablarlo con tranquilidad y pensar en algo.
Cuando terminamos la llamada, sentí ganas de llorar. No quería perder a Darien. No quería que todos nuestros planes y sueños se arruinaran. Traté de controlarme, pero no podía dejar de darle vueltas al asunto. Le pedí a Karashi que reuniera a todos en la cocina, y cuando estuve frente a ellos les pedí que si alguien, cualquier persona, les preguntaba sobre Darien, nadie dijera nada de él. A pesar de tener poco tiempo trabajando con ellos, sabía que podía confiar en ellos y que existía el cariño mutuo.
Me despedí de Karashi y le pedí que se hiciera cargo de cerrar el restaurante. Subí a mi auto después de quitarme el uniforme y manejé hasta el despacho de Lita. Afortunadamente, Lita todavía se encontraba trabajando, por lo que le pedí que me recibiera para tratar un asunto urgente. Cuando llegué, su secretaria me recibió y me pidió que esperara algunos minutos mientras Lita terminaba de atender a unas personas.
Un rato después, salieron dos mujeres de la oficina de Lita y detrás de ellas salió Lita. Se despidió de ellas y luego me saludó a mí. Entramos a su oficina y en cuanto estuvimos dentro me solté llorando. Lita me abrazó un rato y luego nos sentamos la una frente a la otra.
-¿Qué sucede, Serena? Me preocupas…
-Lita, alguien acusó a Darien con la policía.-dije limpiándome las lágrimas.- Y ahora lo están buscando de nuevo… alguien… les informó que se encontraba en Tokio, y tengo mucho miedo…
-Serena…-dijo Lita.- Lo siento mucho, de verdad.
-Yo lo amo, ¿sabes? Mucho… y no quiero perderlo… no quiero que la policía lo encuentre.
-¿Te gustaría que intentara ayudarlo?-me preguntó tomando mi mano.
-No… en realidad… sabemos muy bien que nadie puede ayudarlo. No hay escapatoria para lo que le espera si lo atrapan… eso lo sabemos muy bien. Yo… en realidad estoy aquí porque quiero que me ayudes a proteger mi departamento, el restaurante y lo que tengo… no quiero que la policía intente quitarme todo.
-No te preocupes.-sonrió.- Recuerda que soy la mejor abogada y voy a proteger tus cosas. Tú concéntrate en Darien, y deja el resto en mis manos.
-No entiendo quién pudo haber hecho algo así… ¿por qué alguien acusaría a Darien?-dije molesta.- Nosotros no le hemos hecho daño a nadie y…
-A veces las personas actúan sin pensar.-dijo Lita.- Y le hacen daño a los demás…
Me quedé platicando un largo rato con Lita. Le mostré todo lo que necesitaba mostrarle sobre mis bienes y cuando comenzó a oscurecer, me despedí de ella. Necesitaba irme al departamento inmediatamente y ver a Darien. Salí del despacho de Lita y caminé algunas cuadras hasta donde había dejado estacionado el auto.
-¿Serena?-dijo alguien detrás de mí mientras abría la puerta de mi auto.
Me giré y pude ver a Seiya a unos cuantos pasos de mí.
-Seiya…
De pronto todo tuvo sentido para mí. Todo coincidía en mi cabeza. Seiya me había confesado recientemente que seguía enamorado de mí, y también me había dicho que había terminado con Rei. Si él seguía enamorado de mí, seguro que él había ido con la policía y había acusado a Darien. Apreté los puños con coraje y me acerqué a él para poder darle una fuerte cachetada. Seiya me miró extrañado y se tocó la mejilla golpeada mientras me miraba.
-Pero… ¿qué sucede?-dijo confundido.
-No te hagas el ingenuo.-dije molesta.- Sé que fuiste tú, ¡eres un idiota!
-No sé de qué estás hablando.-dijo acercándose nuevamente.- ¿Puedes explicarme?
Cuando estuvo frente a mí, comencé a golpearlo en el pecho mientras algunas lágrimas salían de mis ojos.
-No me engañes…-logré decir.- Sé que tú… tú le dijiste a la policía sobre Darien… y ahora por tu culpa ¡lo están buscando de nuevo!
Él me miró sorprendido, pero yo no le creía.
-Sé que lo hiciste porque aun estás enamorado de mí, ¿cierto? ¡Por eso lo hiciste!
-No, Serena… yo no fui… ni siquiera sé de qué estás hablando.
-¡No te creo! Pero, ¿sabes algo, Seiya? ¡No podría regresar contigo nunca!
Le di la espalda y me subí al auto rápidamente antes de que Seiya pudiera decirme algo más. No podría perdonarle el que hubiera acusado a Darien.
Cuando el auto de Serena desapareció de mi vista, todavía seguía sin entender nada. Podía darme cuenta de lo triste y preocupada que estaba Serena por él. Ni siquiera me había creído que yo no había ido con la policía, yo no tenía ninguna intención de hacerle daño a Serena. De pronto pensé en Rei. Sí, eso debía de ser. Ella seguramente era la que había ido con la policía. Apreté los puños y golpeé la pared que estaba más cercana a mí. Tenía que verla y hablar con ella.
No llevaba mi auto, por lo que tuve que buscar un taxi para poder ir hasta casa de Rei. No me encontraba muy lejos, por lo que no tardamos mucho en llegar. Cuando toqué la puerta me di cuenta de que la luz de la sala estaba encendida, por lo que era segura que Rei se encontraba en su casa.
Ella me abrió la puerta y cuando me vio abrió los ojos sorprendida y me sonrió. Intentó abrazarme pero la detuve antes de que pudiera hacerlo.
-¿Por qué lo hiciste?-dije sin rodeos.- ¿Por qué?
-¿De qué hablas?-dijo sin dejar de mirarme.
-¡No me engañes!-dije sosteniéndola fuertemente de los brazos.- ¡Tú acusaste a Darien Chiba!
-¿Y qué si lo hice?-dijo soltándose.- ¿A ti qué te importa?
-Serena no tiene la culpa de lo que haya pasado entre tú y yo.
-¡Sí la tiene! Si ella no estuviera aquí, tú no me hubieras dejado…-dijo llorando.- Y yo… no voy a permitir que ella sea feliz si yo no lo soy tampoco.
-Eres… miserable…-dije alejándome de ella.- No quiero volver a verte en mi vida, eres lo peor que me ha pasado.
Le di la espalda y me fui rápidamente de ahí. No tenía ni las ganas ni el valor de estar cerca de ella. ¿En qué momento Rei se había convertido en una persona así? ¿Era mi culpa? ¿Yo la había lastimado tanto que ahora era una mujer despreciable? Me sentí enojado conmigo mismo, y no podía evitar sentirme culpable. Si yo no hubiera terminado con Rei, ella no hubiera acusado a Darien y ahora Serena me odiaba. Tenía que explicarle que yo no había sido el culpable, pero… ahora todo era mucho más difícil para todos.
Cuando entré al departamento, Darien me estaba esperando en la cocina. Se encontraba preparando la cena y en cuanto lo vi, corrí para abrazarlo por la espalda. Él se giró y me tomó en sus brazos con cuidado. En cuanto coloqué mi cabeza en su pecho, comencé a llorar nuevamente. Darien tomó mi rostro entre sus manos y me limpió las lágrimas que resbalaban por mis mejillas.
-No quiero verte así.-dijo sonriendo.- Por favor.
-Es que no quiero perderte.-le dije.- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
-Porque no tiene caso preocuparse.-dijo.- Así no podemos resolver nada. Supongo que no tienes hambre, ¿cierto?
Asentí con la cabeza y Darien se quitó el mandil. Me tomó de la mano y nos dirigimos a la habitación. Nos recostamos y nos acurrucamos juntos. Su rostro estaba justo frente al mío, lo suficientemente cerca para poder besarnos. Coloqué mis labios sobre los de él y por un momento traté de olvidar lo que sucedía.
-Serena.-dijo Darien después de un rato.- Tú y yo siempre hemos sabido que esto podría pasar algún día, ¿no?
-Sí, pero…
-Yo no tengo escapatoria. Si me atrapan, no habrá nada que me salve y…
-Eso ya lo sé.-le dije.- ¿No piensas hacer nada al respecto?
-Mi única opción es desaparecer de nuevo.-dijo seriamente.- Y eso no puede ser.
-¿Por qué no?
-Porque tendría que separarme de ti, y no quiero hacer eso. Tú tienes mucho trabajo aquí, tienes obligaciones, compromisos, y yo… bueno, sería estúpido pensar que te alejara de eso ahora, cuando has trabajado tanto por ello.
-Darien.-dije colocando mi mano sobre su mejilla.- Tienes que entender que eso no me importa ahora. Yo no voy a permitir que te pase nada malo, y tampoco voy a permitir que te vayas sin mí… yo… me voy a ir contigo si es necesario.
-¿Qué? Pero no…
-Ya lo hice una vez, ¿cierto? Puedo hacerlo de nuevo, te lo juro que no me importa. No me importa mi trabajo en la universidad, tampoco el restaurante y mucho menos este departamento. Si para estar contigo tengo que dejarlo todo, no me importa. No me importa si de ahora en adelante tenemos que irnos de Japón para siempre, si tenemos que vivir escondidos en cualquier parte del mundo. Lo voy a hacer.
-Serena…
-Hablo totalmente en serio… nosotros… no debimos regresar nunca.-dije.- Debimos quedarnos en Corea, tranquilos y felices… yo no tuve que haber regresado…
-No te sientas culpable por eso.-me dijo apretándome.- Yo fui el que te insistió, y de cualquier forma, tampoco es tu culpa que me hayan acusado. En todo caso yo soy el imbécil que siempre termina alejándote de una vida normal y de cosas buenas…
-No digas eso.-dije antes de darle un beso fugaz.- Créeme cuando te digo que cambiaría todo esto y mucho más solo para estar contigo, Darien Chiba. Si tú decides irte sin mí, nunca te lo voy a perdonar. No puedes dejarme aquí, no puedes alejarte de mí. Prefiero quedarme sin nada a estar sin ti.
-¿De verdad estarías dispuesta a irte por segunda vez conmigo?
-Lo haría miles de veces si fuera necesario.-respondí.- Porque yo quiero estar contigo.
Darien me besó profundamente y me acarició las piernas con cuidado. Cuando se separó de mí, me miró en silencio durante un rato.
-¿Sabes algo? Me… me hubiera encantado casarme contigo. Me hubiera encantado casarme contigo como las personas normales, así como Amy y Taiki. Me hubiera gustado tener una fiesta, ir a la iglesia contigo, me hubiera gustado verte en vestido de novia…
Los ojos se me llenaron de lágrimas y volví a besarlo.
-Oye…-dije sonriendo.- Todavía podemos hacerlo, ¿no? Quizá en Japón no, pero… sin duda podemos hacerlo en otro lugar. ¿Quieres casarte conmigo?
-Por supuesto que sí…-respondió colocándose encima de mí.- Quiero casarme contigo, tener hijos, y todas esas cosas…
Darien me levantó la falda y comenzó a acariciar mi entrepierna sin dejar de mirarme a los ojos.
-Quiero que seas la mamá de mis hijos, y verte despertar todas las mañanas.
Introdujo sus dedos lentamente en mi interior y comenzó a moverlos con cuidado dentro de mí. Acercó su rostro al mío y me besó mientras me acariciaba. Sentí su miembro duro contra mí y de inmediato sentí cómo me humedecía.
-Acepto.-dije entre susurros y gemidos.- Quiero ser toda tuya. Házmelo ahora.
Darien se quitó el pantalón y de inmediato sentí cómo me penetraba. Él ahogó mis gemidos con sus besos. Sentí perfectamente cómo se movía dentro de mí y cómo en cada movimiento mi deseo se incrementaba. Darien me conocía perfectamente y sabía muy bien cómo hacerme el amor. Nunca me cansaba de estar con él y de sentirlo dentro de mí.
Definitivamente no me importaba volver a escapar con él. Darien era todo para mí y no podía separarme de él. Lo único que me interesaba era ser feliz a su lado, sin importar que tuviéramos que permanecer escondidos para siempre. La libertad no valía la pena si él no estaba conmigo.
Ya eran más de las once de la noche. Serena se encontraba dormida y desnuda sobre la cama. Yo había decidido salir a tomar un poco de aire al balcón. Desde ahí, se alcanzaba a ver la Torre Tokio y el resto de la ciudad. Todo estaba iluminado por cientos de luces.
Aunque ante Serena intentara parecer tranquilo, me preocupaba de sobremanera que la policía estuviera detrás de mí nuevamente. Aunque ella estuviera segura de irse conmigo nuevamente, muy dentro de mí sabía que eso no estaba bien. No podíamos vivir para siempre escondidos, yo no tenía ningún derecho de quitarle la libertad. Pero, por otro lado… si ella realmente estaba dispuesta a huir conmigo, yo no iba a detenerla. Yo tampoco podía vivir sin ella y no me atrevería jamás a dejarla para protegerme. Prefería mil veces dejarme atrapar por la policía que alejarme de ella.
Nuestros caminos no eran muy diferentes, y no teníamos muchas opciones. Nuestra opción más viable era irnos nuevamente muy lejos y nunca volver, esta vez en serio. De pronto sentí las manos de Serena en mi pecho y cómo me abrazaba por la espalda. Me giré para mirarla y la tomé entre mis brazos. La luz de la luna iluminaba su cuerpo y acaricié sus curvas con las yemas de mis dedos.
-¿Qué te parece si antes de huir de Japón nos vamos unos días a la playa?-dije en voz baja en medio de la oscuridad.
-Podemos ir a donde quieras.-respondió ella antes de darme un beso.
