Abrió los ojos con pesadez, parpadeando múltiples veces con tal de obtener una mayor claridad.
Apretó los dientes involuntariamente y en cuestión de segundos, sin previo aviso, se abalanzó contra la azabache, quien anteriormente mantenía una expresión de preocupación y en cuanto notó que la omega despertó, soltó un suspiro de alivio.
—¡Tú, hija de perra! —gritó Historia, completamente furiosa, mirándola con todo el odio que podía expresar. Enterró sus uñas en los brazos de la contraria, quien únicamente soltaba quejidos por el dolor que sentía—. ¡Eres muy valiente al darme la cara después de la mierda que hiciste!
Momentáneamente, un par de brazos fornidos se encargaron de atraparla, por lo que terminó soltando a Mina, quien obtuvo unas cuantas marcas en su piel.
—¡Suéltame, bastardo! —ordenó la rubia, tratando de zafarse de su agarre mientras hacía su mayor esfuerzo por removerse hasta conseguirlo—. ¡Déjame en paz!
—Señorita Reiss, por favor cálmese —pidió la criada, acercándose nuevamente a ella.
—¡Cállate, malparida! ¡Todo esto es culpa tuya! —vociferó la omega—. ¡Alguien ayúdeme!
—¡¿Cree que yo quise ponerla en esta situación por gusto propio?! ¡No tenía otra opción! —espetó la azabache, con algunas lágrimas deslizándose por sus mejillas—. ¡Jamás la pondría en peligro, señorita! ¡Yo moriría por usted!
—¡No te creo ni una sucia palabra! ¡Eres una zorra mentirosa! —contestó la rubia, negándose a verla—. Y si tanta lealtad me juras, ¡muérete ahora mismo!
El rostro de la criada palideció. El único alfa en la habitación pudo percibir aquel brusco cambio de aroma; definitivamente esas palabras la desmoronaron por completo.
—Hazlo ya —indicó Reiner, observando como Bertolt asentía levemente y se aproximaba a la omega rubia—, jamás se callará por voluntad propia.
—¡¿Qué demonios piensan hacer, inmundas ratas?! —protestó la de orbes azules—. ¡Háganse un favor y suéltenme! ¡Cuando mi padre se entere de lo que hicieron, ustedes...—se detuvo, pues abruptamente recordó las directas palabras de Traute.
"Te trajo aquí, en donde tu padre quería que estuvieras."
El tercer omega no desaprovechó la oportunidad y se apresuró a pasar un viejo trapo por la boca de la cautiva, a modo de mordaza.
—No opongas resistencia, es por tu propio bien —susurró Reiner en el oído de la más baja.
Al escuchar aquello, una ráfaga de furia recorrió su interior. No dudó más y le dio un cabezazo al alfa, dejándolo vulnerable por unos cuantos segundos mientras ella se apresuraba a la puerta a toda velocidad, no sin antes empujar a la molesta criada que le imploró que esperara.
Forcejeó con la perilla, mas ésta no cedió. Volteó lentamente, quedando con la espalda en la puerta.
—¡Aléjense de mí, malditos desquiciados! —advirtió, no sin antes tomar lo más cercano que tenía: un florero—. ¡Manténganse quietos!
El alfa se rió con sorna. Su mano derecha permanecía en su frente, mientras negaba con la cabeza.
—Te vas, ¿y luego qué? —preguntó el rubio, sonriendo de manera burlona.
—¡Pues me voy a Paradis, obviamente! —respondió la omega, frunciendo el ceño con enojo—. ¡¿Qué mierda te parece tan graciosa, depravado?!
—¿Tan siquiera has pensando en la posición en la que te encuentras? —el alfa se abrió paso entre Bertolt y Mina, acercándose a la rubia quien lo amenazaba con tirarle el jarrón—. Estás muy lejos de Eldia y no existe la posibilidad de que regreses allá de otra manera que no sea vía marítima, ¿comprendes a lo que me refiero? —se detuvo y se cruzó de brazos, quedando a unos cuantos centímetros de ella—. ¿En serio crees que es tan fácil colarse en una de esas embarcaciones? ¿Crees que no hay personal capacitado y preparado que constantemente revisan que todo esté en orden?
—Me las arreglaré —objetó Historia, manteniendo el jarrón de porcelana enfrente de ella, a modo de límite para que Reiner no continuara avanzando. Su mano temblaba, era evidente su nerviosismo, sin embargo, pretendía ocultarlo mediante su duro y frío semblante.
—Bien, supongamos que lo haces. Pero, ¿sabes cómo llegar hasta ahí? Jamás has estado en Marley, es una zona absolutamente desconocida para ti. ¿Qué piensas hacer? ¿Pedir indicaciones y arriesgarte a mostrarle tu rostro a los pueblerinos enfrente de los soldados? ¿Tienes plena seguridad en que eso no sucedería? —el rubio arqueó una ceja, confundiendo a la mujer—. Peor aún, piensa en el presente. Si lograras salir de estas cuatro paredes, ¿qué te asegura que no hay alguien afuera esperándote?
—¡Ustedes me dan asco! —con su mano libre, la rubia empujó al heredero, el cual no se movió ni unos milímetros—. ¡¿Quieres decir que todo el país está enterado de mi secuestro y aún así lo cubren?!
—No, sólo los guardias de la capital. Que es donde nos encontramos ahora —respondió Reiner.
—¡Eso es asqueroso! ¡¿Por qué lo encubrirían?! —replicó la rubia.
—¿Cuál es la mejor manera de gobernar un reino, Historia? —interrogó el alfa.
—¿Y yo qué mierda voy a saber? —arqueó una ceja, expresando disgusto.
—Con el miedo, Reiss. Con el miedo los tendrás a todos a tus pies. ¿Qué? ¿Acaso no te lo enseñó Frieda? —rió burlón, observando como el rostro de la futura reina enrojecía debido al coraje.
—¡Paren! —pidió Mina al mismo tiempo en el que se las arregló para colocarse entre ellos dos—. Señorita Historia, le ruego encarecidamente que...
Carolina fue detenida por la veloz mano de la rubia, quien sin dudarlo, abofeteó fuertemente a la criada.
—No estás en posición de pedirme algo, mucho menos ahora —bramó Historia—. Si tanta fidelidad profesas, recuerda tu lugar.
Reiner y Bertolt intercambiaron miradas, sorprendidos ante la agresividad de la omega.
—En pocas palabras —retomó el alfa—. No hay manera de que salgas ilesa de aquí. Piénsalo bien, no tienes posibilidades de sobrevivir allá afuera por ti sola.
—Es por eso que nosotros te ayudaremos a escapar —se apresuró a mencionar Bertolt, antes de que la omega pudiera protestar.
La rubia cambió se expresión por completo. Abrió los ojos con desmesura al escuchar aquellas palabras. Incrédula, miró a los tres; uno por uno. Demasiada gentileza, ¿acaso era otra trampa?
—¿Y ahora a dónde demonios me piensas llevar? —preguntó sarcástica, mirando a Mina con desdén.
La criada sollozaba mientras negaba con la cabeza. Pero a Historia esto no le causó ni una pizca de compasión.
—Su padre, Kenny, me descubrió husmeando aquella noche —comenzó Carolina—. Él... Él sabía que me preocupo por usted, así que dedujo que iría a informarle. Me detuvo y me amenazó. Si no lo hacía, yo...—su voz comenzaba a quebrarse—. Matarían a Marco, mi hermano mayor. No podía permitir que eso sucediera —las lágrimas continuaron cayendo, esta vez con mayor intensidad—. Imploro su perdón, mi Señora —se arrodilló ante ella—. Se lo ruego. Sé que no lo justifica, pero no tenía alternativa, no podía dejar que asesinaran a mi hermano y después a mí. Sé que juré protegerla con mi vida, pero esto afectaba a un tercero inocente.
La mirada de la rubia se apaciguó. Incluso después de haber escuchado la "verdad", no podía darse el lujo de volver a confiar en ella. No cuando claramente Mina no hizo ningún intento de confesarle los hechos.
—Sí, perdonada y lo que quieras —dijo la omega sin darle mucha importancia, sintiendo algo de lástima por la azabache—. Ahora, denme una razón válida para confiar en ustedes —miró con seriedad a Reiner y Bertolt, ya lucía mucho más calmada.
Mina se levantó lentamente, uniéndose a las miradas.
—No es como si tuvieras una mejor opción —aclaró el alfa. Era cierto.
—Podemos ayudarte a escapar si es lo que tu corazón desea —habló el omega varón—. Pero no podemos asegurarte que llegues sana a Paradis, nuestro límite son las fronteras de Marley.
—Además, no estoy segura de que sea una buena idea —comentó Mina—. ¿Qué haremos cuando regresemos, señorita? Su padre me aniquilará, y seguramente usted no tendrá un mejor destino que el mío.
—Puedes quedarte aquí mientras las cosas se calman y los cuatro planeamos otra alternativa —sugirió Reiner—. Fingiremos estar bien, tú y yo —señaló a Historia.
—Los adultos se creen muy listos jugando a decidir sobre nuestras vidas. Vamos a demostrarles cuan equivocados están —dijo el alfa, sonriendo sinceramente.
—¿Tú no me amabas? —preguntó la rubia, curiosa—. ¿Qué te haría cambiar de parecer acerca de casarte conmigo?
El alfa de musculatura atractiva guardó silencio, y la duda de la omega fue respuesta mediante una sigilosa mirada que el alfa le lanzó al omega varón.
—Somos iguales, Historia. Me enamoré de alguien de quien no debería —contestó el rubio.
—Tú...—la omega más baja se quedó atónita—. ¿Cómo lo sabes?
—Pareces olvidarlo. Soy un alfa, percibo detalles de los que ni un beta y mucho menos omega es capaz. Tú también encontraste a tu predestinada, ¿no es así?
La amena charla fue interrumpida por uno de los guardias, quien únicamente deseaba saber si todo se encontraba en orden. Una vez que el alfa le aseguró que así era, se marchó sin más.
—La boda será unos días antes que la de tu gemelo. Tenemos aproximadamente una semana para idear y ejecutar el plan —comentó el rubio.
Historia frunció el ceño con confusión.
—Mi hermano no está en ningún compromiso —objetó la omega.
—Lo está, con Levi Ackerman —aclaró Mina—. La noticia se dio momentáneamente, a todos nos tomó por sorpresa.
La rubia sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo andaba terriblemente mal.
—Tenemos que hacer algo lo más pronto posible, tengo que rescatarlo —determinó Historia.
—¿De qué estás hablando? —preguntó la azabache.
—Él está en la misma situación que yo —contestó la omega—. Mi padre en serio es un desgraciado. Maldito condenado, ¡¿cómo se le ocurre hacerle eso a sus propios hijos?!
La criada pensó un momento en como había sido arrebatada cruelmente de sus padres para servir a la familia real. Recordó aquellos gritos y jadeos de dolor por parte de su padre, siendo acuchillado brutalmente por negarse a dar a sus hijas.
—No tenemos mucho tiempo y no deberíamos malgastarlo —señaló Bertolt—. Mientras más pronto comencemos, mejor será el resultado.
—¿Y que pasará con ustedes? —quiso saber Historia. No se preocupaba por ellos, sin embargo, no quería que por culpa de esos dos el plan se viera estropeado.
—Eso no importa, nosotros ya sabemos lo que haremos —respondió Reiner—. Enfócate en tus acciones. Nuestra parte del trato se cumple cuando te dejemos sana y salva con el pescador.
—¿Su parte del trato? —frunció el ceño con enojo. ¿Cómo podía haber considerado que todo sería gratuito?
—Sí. La tuya se cumple al llegar a Paradis. Tenemos una sola petición —habló Bertolt.
—¿Y cuál es? —inquirió Mina, ligeramente preocupada.
El alfa y su predestinado se miraron durante unos segundos, los cuales parecieron una eternidad. Finalmente, ambos suspiraron con pesadez.
—¿Y bien? ¿Qué es? —exigió saber Historia. Se cruzó de brazos, frunciendo el ceño en señal de impaciencia—. ¡Vamos, díganlo!
—Queremos que traigas de vuelta a la princesa Annie Leonhart, y a mi medio hermano, Zeke Jäeger.
El tiempo pasaba y los cuatro se reunían constantemente para perfeccionar el plan. En un principio, Reiner había decidido que saldrían en un carruaje con la excusa de que irían a dar un paseo, posteriormente noquearían al conductor y escaparían con los caballos. Sin embargo, esta idea fue descartada por una simple razón: Dina jamás aceptaría que los muchachos salieran sin supervisión, así que probablemente enviaría dos soldados extra para que los siguieran. Mina mencionó que quizás podrían escabullirse ella y Bertolt (pues al ser sirvientes, tenían la "libertad" de ir al reino con la condición de comprar lo que faltase) y esperarlos en un sitio acordado relativamente lejos, y una vez ahí, escaparían a pie. Esta idea también fue rechazada por lo poco funcional que resultaba. Finalmente Bertolt sugirió la idea más brillante de todas; Mina e Historia se vestirían como unas criadas y saldrían del castillo a realizar sus respectivas labores. Claro, todo esto en compañía de él mismo. Él las guiaría con el pescador, quien supuestamente las llevaría de regreso a su hogar.
—Todo esto es tan absurdo, como un gato persiguiendo un ratón —mencionó Historia mientras le daba la espalda a Mina. Ambas omegas llevaban compartiendo la misma cama desde su estadía ahí.
No había sido tan desagradable como lo hubiese imaginado. En realidad, se había sentido muy cómoda. Apenas y había cruzado palabras con Dina, pues ésta siempre se encontraba ocupada. Los criados la trataban (como era de esperarse) con suma amabilidad, y en cuanto a Reiner, constantemente se veían pero era únicamente para charlar acerca del plan.
—Lo es, señorita —concordó Mina, pasando su mano izquierda por el hombro desnudo de la rubia—. Pero no debería preocuparse, hemos tenido mucha suerte ya que el príncipe Reiner y Bertolt decidieron colaborar con nosotras —habló suavemente, apaciguando a la somnolienta omega.
—Pero... Incluso si regreso, no sé qué voy a hacer ahí. No puedo esconderme por toda mi vida, ¿sabes? En algún momento mi padre me encontrará. Y necesito ir al castillo para cumplir con mi parte del trato, no puedo traicionarlos —comentó Historia, haciendo un gesto de preocupación. Millones de dudas impactaban en sus pensamientos, tenía que encontrar una manera lógica y prudente para solucionar sus interrogantes. Estaba asustada y ansiosa, ¿qué pasaría si no pudiera reaccionar de la mejor forma? ¿Y si todos los esfuerzos fueran en vano?
—Pero no es sólo eso lo que atormenta su corazón... ¿Cierto? —preguntó la criada, deslizando su dedo índice por la piel de la contraria hasta que paró en el centro de su espalda.
Tenía razón. Aquella azabache la conocía mejor que ella misma.
—Por Ymir, Caro —exclamó la de ojos azules, dándose la vuelta para quedar cara a cara con la pelinegra. Las sábanas cubrían los senos de ambas, pero aún así, Mina no pudo evitar sonrojarse al verla—. Lo estoy arriesgando todo por una alfa a la que seguramente ni siquiera le importo —se quebró. Normalmente odiaba mostrarse así de vulnerable, sin embargo, esta ocasión era especial. Podía permitirse ser débil de vez en cuando, después de todo, estaba en buenas manos—. Es un mero capricho infantil. Y tengo mucho miedo, más del que he sentido en toda mi vida, apenas y puedo soportarlo —sollozó. No tardó mucho para que comenzara a llorar—. No sé cómo saldrán las cosas, no quiero que todo esto haya sido en vano. Yo sólo...
Los cálidos brazos de la criada rodearon el torso de la rubia. La atrajeron hacia ella, envolviéndola en un emotivo abrazo.
—Todo estará bien —aseguró la pelinegra, susurrando en el oído de la contraria, quien mantenía su cara oculta entre el cuello de la otra. Sus palabras sonaban severamente convencidas—. La suerte nos sonreirá, ya verá señorita. No hay nada que temer, yo la ayudaré en todo lo que me sea posible —deslizó su mano hasta llegar a sus rubios cabellos, una vez ahí, comenzó a acariciarlos—. Ahora descanse, recuerde que mañana mismo se efectuará el plan.
La criada empezó a tararear dulcemente una canción mientras mimaba a la angustiada omega. Al poco tiempo, y como si de un chiquillo se tratase, la rubia quedó profundamente dormida.
Al día siguiente llevaron el plan a cabo. Bertolt les había conseguido las mismas prendas que las criadas solían portar, así que fácilmente pudieron pasar desapercibidas, además de que sus rostros no eran reconocibles puesto que una capucha cubría la mayor parte de estos. Sus aromas no eran ningún problema, pues como únicamente trabajaban omegas en los castillos, apenas y eran perceptibles. Tampoco tuvieron algún inconveniente con Dina o su esposo, pues como era de esperarse, estaban demasiado ocupados con los preparativos de la boda como para notar la ausencia de la novia.
Se escabulleron entre los pueblerinos, lográndolo exitosamente. El omega varón pagó por tres caballos, los cuales utilizaron como medio de transporte para llegar hasta las orillas del mar, donde el pescador aguardaba por ellos pacientemente, junto con otra alfa.
—Bertolt Hoover —le llamó el pescador, alzando la mirada para encontrarse con los nerviosos ojos del nombrado—. ¿Dónde está Reiner, Berth?
—Ganando tiempo. Nos alcanzará después —respondió el tímido omega, luego empujó suavemente a ambas muchachas de la espalda con la palma de su mano—. Váyanse antes de que alguien nos descubra, no tenemos mucho tiempo.
—Entiendo —contestó el viejo, haciendo un ademán a modo de invitación para que las chicas subieran al bote—. Adelante, señoritas. Están a salvo.
—Una cosa más—agregó el azabache antes de que las dos omegas pudieran subir—. Ellas son las encargadas de rescatar a la princesa, contamos con ellas para que nuestra rebelión triunfe.
—Comprendo —asintió el pescador—. Buena suerte, muchacho. No mueras —fue lo último que dijo antes de voltearse para entrar al bote, junto con las otras tres muchachas que aguardaban por él.
—Cuente conmigo, señor —Bertolt levantó su mano derecha y la colocó firmemente frente a su frente, a modo de saludo militar.
El viejo sonrió de lado, después le indicó a la alfa que comenzara a remar para finalmente marcharse.
Una vez que se encontraron en medio del infinito océano, la voz del pescador sacó a Historia de sus pensamientos.
—No nos hemos presentado formalmente, señoritas. Mi nombre es Eren Kruger, pero por estos lares suelen llamarme "El Búho". Y mi acompañante, aquella encantadora dama —dijo sarcásticamente, señalando con la mirada a la alfa que se encontraba remando, quien se limitó a chasquear los dientes—. Es Yelena.
—Un gusto en conocerlos, yo soy Mina Carolina y mi ama y señora es Historia Reiss —contestó la criada, sonriendo amablemente.
La futura heredera ignoró completamente cualquier conversación, por lo que el ambiente se tornó un tanto incómodo. La pelinegra constantemente se disculpaba por el hostigoso comportamiento de su superior, pero parecía que a ambos alfas les daba lo mismo.
No tardó mucho para que cayera el anochecer, fue entonces cuando Kruger cambió de lugar con su camarada y comenzó a remar él, mientras la alfa dormía... O al menos eso intentaba.
Al día siguiente, nuevamente ambos alfas cambiaron de lugar. Esta vez, Mina se ofreció a ayudar a remar, a lo que la alta rubia respondió con indiferencia. Así fue, como el cansado trayecto prosiguió.
—Estas nubes no me agradan —comentó Búho, con la mirada fija en el cielo. Acababa de despertar de su corta siesta de apenas un par de horas—. Están cargadas de agua.
—Sí. Parece ser que se aproxima una terrible tormenta y aún no estamos ni a la mitad del recorrido —prosiguió Yelena, frunciendo levemente el ceño mientras alzaba la cabeza—. ¿Deberíamos regresar?
—De ninguna manera —negó el pescador, apartando a Mina de su asiento para reemplazar su lugar—. Acabaremos con esto rápido.
—Viejo, bien sabes que aunque utilices todas tus fuerzas sería en vano —argumentó la alfa—. No se reduciría a más que un par de horas. Por lo menos, nos falta un día más de recorrido.
—Ellas son nuestra última esperanza —Búho empezó a remar con una increíble rapidez, provocando que su compañera perdiera el ritmo—. Sin los futuros herederos Marley está perdido. Son necesarios para derrocar el actual régimen, necesitamos un cambio, los necesitamos a ellos —explicó el mayor, mientras una amplia sonrisa se formaba en el rostro de la contraria.
Las dos omegas se miraron confundidas. Víctima de la curiosidad, Historia se atrevió a preguntar:
—¿Qué planean hacer Reiner y Bertolt?
—La revolución. Eso harán.
En Paradis el viento soplaba fríamente, indicando que no tardaría mucho para que empezara a llover.
La alfa despertó de golpe, encontrándose con la omega pelinegra dormida en una silla, a un lado de ella. Como si la hubiese estado velando.
La morena se desconcertó. No tardó mucho para que se quitara las suaves mantas de pelaje animal y se pusiera de pie, al lado de su acompañante. La miró con confusión, luego, se colocó de cuclillas y colocó su mano derecha en el muslo izquierdo de ésta, prosiguió a sacudirlo levemente a fin de despertarla.
—Pieck, Pieck... —le llamaba la castaña suavemente. Hacía mucho tiempo que se había librado de cualquier rencor o remordimiento hacia la azabache, e incluso, le había tomado cierto cariño.
—Eh... —susurró la omega, encontrándose con los dudosos ojos de Ymir—. ¡Oh, estás aquí! —rodeó con ambos brazos la cabeza de la pecosa, atrayéndola hacia sí—. ¡Me alegra tanto que estés bien!
—¿Qué diablos pasó? —preguntó confundida, separándose lentamente de ella para mirarla a los ojos. Su corazón dolió por unos instantes, fue entonces cuando lo recordó—; Oh no, dime que no es tarde... ¡Pieck! —sujetó a la nombrada de ambos brazos, asustándola—. ¡¿Qué día es hoy?!
—Lunes, veinticinco —respondió un tercero. El poseedor de aquella voz, sin lugar a dudas, era un alfa.
—¡¿Quién demonios eres tú y qué haces en mi hogar?! —se giró furiosa para encararlo, soltando a la omega. Se puso de pie, aún sin separarse del lado de Pieck—. ¡¿Dónde está Annie?! ¡¿Este tipo te hizo daño?! —volteó a ver a la azabache, pasando su mano delicadamente por el rostro de la contraria.
Un fuerte dolor proveniente de su cabeza la hizo caer de espaldas, de vuelta al pajar, donde anteriormente había estado durmiendo.
—Tranquilízate, por favor —pidió la pelinegra amablemente, cubriéndola con las mismas cobijas—. Aún no estás en condiciones para armar dramas, necesitas reposar —se agachó para sostener el vaso con agua que se encontraba a su lado, el cual le ofreció a la morena.
La pecosa aceptó el agua, bebiéndola toda de un sorbo. Estaba increíblemente sedienta y hambrienta, como si no hubiese ingerido alimento alguno desde hace un mes.
—No es una manera muy cordial de recibir a quien te salvó la vida, he de admitir —se burló el alfa rubio, quien se posicionó a un lado de Pieck. Pasó su mano alrededor de la omega, abrazándola por los hombros.
—Te metiste en una severa pelea, quedaste inconsciente durante cuatro días —informó la pelinegra, frunciendo el ceño con preocupación—. Es un milagro que sigas viva. De no haber sido porque encontré a Zeke a tiempo, probablemente tú ahora estarías...
—Muerta —Jäeger terminó la oración.
Ymir tragó saliva, algo incrédula. Trató de recordar lo que había pasado, pero como resultado, sólo obtuvo un dolor de cabeza aún más fuerte.
—Está bien. Estás a salvo ahora. Annie se hizo cargo de esos papanatas —la omega sonrió amablemente—. Oye, ¿no daña tu orgullo de alfa que un omega sea capaz de hacerlos suplicar perdón y tú no? —bromeó.
—¡Escúchame bien! —vociferó la pecosa, repentina y bruscamente tratando de agarrar a la contraria por la blusa, acto que fue interrumpido por el fuerte bloqueo de Zeke. Era hábil, debía reconocerlo.
—Te lo advierto; si te atreves a ponerle una mano encima, te dejaré morir —amenazó el rubio, mostrando una profunda expresión de odio.
—Ustedes...—murmuró Ymir, mirándolos—. ¿Qué relación mantienen? —preguntó involuntariamente, observando como el rostro de la omega enrojecía mientras la mirada del alfa se suavizaba—. Para lo que me importa —se respondió a sí misma antes de que ellos pudieran—. Como sea, no pensaba hacerle daño. Tampoco me molesté por lo que dijiste —desvió la mirada, molesta por la actitud de Zeke.
—¿Entonces? —quiso saber la pelinegra.
—Necesito rescatarla antes de que sea demasiado tarde. Debo regresar a Marley.
˚₊· ͟͟͞͞➳ ❝ ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇ ᴀᴜᴛᴏʀᴀ ❞
Capítulo dedicado a DohkoAoi porque me inspira a seguir con el drama jeje. No, en serio, muchas gracias por siempre llenarme de comentarios, sé que no respondo muy seguido pero en verdad lo aprecio demasiado 3
Koogi, ni porque es cuarentena actualizas diario. No tienes vergüenza.
¿Cómo les ha estado yendo? ¿Qué han estado haciendo para matar el tiempo? Yo comencé a ver Naruto y me enamoré de un shipp más muerto que Ymir... Gaaneji. Así es, próximamente todo mi perfil estará lleno de fics de esos dos porque no hay en español. Mi camino ninja es poblar el mundo de mi OTP.
Bueno, ¿recuerdan el capítulo anterior con escenas super gays y que les mencioné que lo escribí desde la laptop del trabajo de mi mamá? Pues bien, resulta que tiene una configuración especial para que se guarde todo lo que tipeas... En conclusión, espero que nadie revise eso o de lo contrario, pensarán que mi mamá escribe fanfics homo-eróticos xD y si les soy sincera, pensaba poner algo de lemmon, ¡menos mal que no lo hice!
En fin, bonita noche/día.
