Neville se colocó el traje, aunque era aparatoso, ya tenía bastante destreza en hacerlo.
No necesitó pensar para amarrar cada uno de los lazos, cada una de los cierres que sellaban todo. La máscara protectora que le aislaba y le hacía llegar los sonidos amortiguados, lejanos, irreales.
Así era como se sentía, irreal, no era capaz de conectar con la idea de su abuela hubiera muerto.
No era capaz, sencillamente no era capaz. Así que hizo lo único para lo que sí se veía capaz.
Anduvo por los pasillos que le llevaban al ala de los pacientes, cuando haces algo muchas veces, no necesitas ni saber por donde vas, tus pies y tu cerebro lo recuerdan a la perfección, conducen tu cuerpo y no hacen preguntas.
Cuando entró en la habitación de Snape, no estaba solo.
Otra persona estaba elaborando el tratamiento de su paciente, otra persona se haría cargo de su responsabilidad, y esta era lo único que él tenía en esos momentos.
Pero había sido rápidamente suplantado, no era necesario. Cualquier otro podría hacer su trabajo y a nadie le importaría.
—Espere, Longbottom.—La voz de Snape fue la que frenó su huída, la medibruja fue entonces cuando le vio, era una de sus compañeras que se sorprendió al verle.
—Neville, pensamos que hoy no tendrías ánimos de venir.
Claramente Snape no había sido informado de lo que había sucedido.
La chica los miraba a ambos, Neville aún tenía agarrado el pomo de la puerta.
—Vaya a avisar a su superior, mi medimago ya ha llegado.
Snape usó toda la autoridad que recordaba de sus años de escuela. Neville sintió un fuerte alivio, también unas fuertes ganas de llorar.
Su compañera se fue, y se quedaron ellos dos a solas.
Neville fue hacia la zona donde elaboraba el tratamiento de Snape. Al no saber el paso en el que se había quedado su ella, decidió comenzarlo desde el principio.
Había hecho aquello tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados, pero no podía equivocarse, no podía estropear lo único que ahora le mantenía en pie.
Estaba concentrado, muy concentrado que no oyó como Snape se acercó a él, tuvo que costarle trabajo, pero el hombre estaba en su campo de visión y parecía preocupado.
—¿Qué ha pasado, Longbottom?
En ese momento Neville se quebró, las manos le temblaron y arruinó por completo todo.
Llorar dentro de uno de esos trajes producía una sensación de ahogo que solo conseguiría controlar calmándose.
El problema era que Neville no conseguía calmarse. Llevó sus manos al cierre de su máscara ante la asombrada mirada de Snape, pero no fue capaz de ver nada.
—Longbottom, cálmese—le instó Snape. Después de los años ambos habían igualado sus alturas, aún así, mermado y enfermo, Snape siempre se vería más imponente. Aún así, su viejo alumno fue incapaz de obedecer. Necesitaba respirar.
—Neville, por favor.
La mirada torturada de su paciente le hizo volver a la realidad, a tratar de respirar, obtener aire y llenar sus pulmones.
Estaba haciendo un trabajo bastante mediocre en ello. No esperaba que lo que sucedería a continuación fuera que Snape, con sus manos doloridas y aún sin el alivio que le proporcionaba la primera dosis de su tratamiento por las mañanas, le estuviera abriendo los cierres de su máscara.
Las lágrimas corrían por el rostro de Neville.
—¿Qué ha pasado?—volvió a preguntarle, como si haberle quitado aquella capa de protección no significara nada.
—Mi abuela ha muerto.—Era la primera vez que lo decía en voz alta, lo había escrito, lo había escuchado, pero era la primera vez que salía de su boca, trayendo la cruda realidad.
Tembló como una criatura, pero era como en ese momento se sentía, como un niño huérfano y desamparado. Solo, completamente solo.
Snape le abrazó, era suave, se notaba que no le resultaba fácil hacer esos gestos, y dudaba que fuera solo por los efectos de las maldiciones y el veneno de Nagini.
Neville se abrazó tan fuerte al hombre que no pudo evitar escuchar su quejido, pero no le separó.
De hecho, le otorgó la calma que tanto necesitaba, un consuelo que jamás hubiera podido imaginar que pudiera venir de una persona como Snape.
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Pobre Neville, no quiero pensar lo que debe ser perder a alguien del que no puedes ni despedirte, aunque sea de sus restos.
Siento el drama, pero era lo que correspondía.
En la próxima la cosa se pondrá más animada con Ron y Seamus, o eso esperamos, ¿verdad?
Hasta el próximo.
Besos.
Shimi.
