Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo diecisiete

—Wow, Bella. Luces estupenda esta noche. —Siobhan silbó cuando Bella abrió la puerta—. ¿Intentas impresionar a alguien?

—Eh…

Antes que Bella pudiera decir algo, alguien abrió aún más la puerta. Ella no tuvo que girarse para saber que Edward había aparecido detrás de ella. Los ojos de Siobhan se ensancharon. Bella sonrió y se sonrojó al mismo tiempo.

—Hola. —Edward ofreció su mano—. Soy Edward.

—Siobhan. —Ella aceptó su mano con gusto.

—Las veré luego, señoritas. Tengo que recoger a Benjamín —dijo Edward, pasando entre ellas y hacia afuera. Se giró para mirar a Bella y estiró una mano para darle una acaricia suave en el brazo.

Siobhan volvió a silbar.

—Wow. ¿Viste como tú miras todos esos programas o películas donde puedes ver el desastre generándose a una milla de distancia? Sí, eso puede que pase o no esta noche.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Bella.

Su amiga hizo una mueca.

—Bueno… Ya sabes, Jacob sigue preguntando por ti.

Bella sintió un pinchazo de algo incómodo en su interior.

—¿Qué hiciste?

—Nada. Él solo dijo que no tenía nada qué hacer esta noche. Quiere verte. —Siobhan se encogió de hombros—. Le dije dónde íbamos a estar, eso es todo. No significa que vaya a aparecer.

—Eso es muy reconfortante.

—Dijiste que el padre de tu bebé y tú no estaban juntos. —Por necesidad, Siobhan sabía una pequeña parte de la verdad. Ella sabía que Bella tenía una hija, de la cual estuvo lejos, y que Edward era el padre de su hija.

—No lo estamos.

Siobhan musitó.

—Sabes que él quiere estarlo, ¿no?

—Entra. Te mostraré el lugar.

~0~

Bella había pasado por muchas cosas en su vida como para ser ingenua. Ella era consciente que Edward se sentía atraído por ella. Ella era una chica hermosa, y él la había visto desnuda. El sentimiento era mutuo. La atracción era fácil de reconocer.

Lo que confundía a Bella era todo lo demás. La manera en que la miraba a veces era más que una simple atracción. Le recordaba al pasado.

Durante el pequeño tiempo que estuvieron juntos en Stanford, hubo bastantes momentos intensos. Ella recordaba observar a Edward parpadear soñolientamente a su computadora, sus ojos rojos del cansancio. Podía recordar cómo, al principio, había estado algo enojado de que ella siguiera haciéndole preguntas.

Algunos de nosotros no somos estudiantes de arte que creamos obras de arte. Algunos de nosotros tenemos que estudiar duro para nuestras clases —él había dicho.

Oh, oh, oh. Es solo porque sé que en cinco segundo tu cerebro se dará cuenta lo que acaba de salir de tu boca y vas a decir…

Mierda, Bella. No lo quise decir de esa manera.

Edward se había apartado de su escritorio y acercado a ella en la cama. Comenzaron a hablar, y él terminó con la cabeza sobre su regazo, sus ojos cerrados para descansarlos. Ella pasó los dedos por su cabello y frotó ese lugar detrás de su oído.

Cuando los ojos de él se abrieron, Bella se quedó sin aliento. Había algo en la manera que él la miraba. Sus ojos soñolientos y suaves. Le llevó una eternidad darse cuenta que ella estaba mirándolo fijamente y cinco segundos más en darse cuenta que no había razón para sentirse avergonzada; él también la estaba mirando fijamente.

Él levantó una mano y, con la caricia más tierna que ella podía imaginar, un roce de sus dedos tan suavemente que casi le hacía cosquillas, él comenzó a trazar las líneas de su rostro. Ella cerró sus ojos, sin aliento mientras él pasaba un dedo por su labio inferior.

—Bella. Oye, Bella. —Siobhan rio mientras sacudía ligeramente el brazo de Bella—. Ah, te extrañé. Tú y tus momentos de ensoñación. Ahora, vamos. Vayamos a nuestro mugroso bar.

—No parece muy mugroso —dijo Bella. Estuvo algo sorprendida cuando Siobhan enredó su brazo con el suyo. Le tomó un segundo sincronizar sus pasos. Entonces, se preguntó si se suponía que debía dejarlo pasar.

Ah, las preguntas interminables de los inadaptados sociales.

—Oigan, por aquí.

Edward y Benjamín ya estaban allí, sentados en una mesa cerrada. Bella dudó, pero Edward ya estaba haciendo lugar. Ella se sentó a su lado.

—Te pedí esto —dijo él, acercándole un vaso después de presentarla, como una amiga, a su amigo Benjamín.

—¿Qué es?

—Un shot de Jim Beam con cerezas. —Sonrió—. Básicamente son cerezas borrachas. —Quitó una cereza y se la llevó a la boca.

—¿Qué diría tu madre si te viera metiendo los dedos en la comida de alguien?

—Esto es un trago.

Bella quitó una cereza de su vaso.

—Esto es comida.

—No hay valor nutricional en eso.

—Estoy segura de que hay algo. De todas formas, deja de meter los dedos en mi bebida-comida. Nadie sabe dónde han estado.

—Oh. —Benjamín aplaudió—. Creo que acaba de acusarte de haberte masturbado y no lavarte las manos.

Edward se giró hacia Bella.

—Ya ves que uno de los encantadores atributos de Benjamín es su tendencia a decir lo obvio y, en consecuencia, volver un chiste muy incómodo.

Bella frunció los labios.

Cuando la amiga de Edward, Zafrina, llegó, tuvieron que acercarse más aún. Edward colocó su brazo sobre el respaldo del banco para hacer más espacio. Bella estaba prácticamente pegada a su lado. Él olía bien—tenía la cantidad correcta de perfume.

Fue más fácil de lo que Bella hubiera esperado, el llevarse bien con todos en el grupo. Benjamín terminó siendo muy divertido, y Zafrina también era interesante, cuando podían dejar que hiciera ojitos a Siobhan. La conversación fue fácil y ligera, exactamente lo que ellos necesitaban. Bella hizo el esfuerzo de deshacerse de todas sus preocupaciones, incluso su preocupación de que estaba siendo socialmente inepta.

Justo cuando estaba intentando descifrar la forma de insertarse en la conversación actual, fue distraída por un toque en la parte trasera de su cuello. Su espalda se estremeció, haciéndola enderezarse en su lugar. Giró hacia un costado, preguntándose qué diablos estaba haciendo Edward, solo para encontrarlo entretenido hablando con Benjamín.

Se encontraba acariciando su cuello distraídamente—un toque íntimo que parecía ser inconsciente. Ella se mantuvo quieta por un momento, disfrutando la sensación.

Esa era la otra cosa que Bella recordaba sobre Edward. Los amigos de su padrastro la habían tocado, por supuesto. La habían tocado sin su permiso. Su toque fue violento, incluso cuando no la habían lastimado, incluso cuando ella no se había negado. Luego, los otros—los chicos y los hombres que había conocido no habían sido deseados por completo, pero habían tenido un solo objetivo—caricias torpes de chicos adolescentes y hombres jóvenes que solo querían una cosa. Ella podría haber sido cualquiera.

Pero entonces, vino Edward.

Ella había visto la atracción en sus ojos cuando se conocieron en esa escalera. Ella había visto su enojo desvanecerse, siendo reemplazado por el deseo, y luego él la había invitado a cenar. Eso había sido una novedad. Nadie nunca la había invitado a salir. Quizás esa era la diferencia con los universitarios—al menos conseguías comer primero.

Ella fue. Hablaron. Y hablaron. Él mantuvo sus manos apartadas y la miró a los ojos. Estaba disfrutando de su conversación y, al final de la noche, él le preguntó si quería ir con él a una clase al día siguiente. Sus caricias habían comenzado al igual como estas—inocentes y tiernas. Ausentes—como si fuera la cosa más natural del mundo necesitar una parte de él tocándola, rozándola.

Del otro lado de ella, una risita suave la alertó del hecho que su abstracción había sido notada. Otra vez.

—Perdón, ¿qué? —dijo ella, parpadeando hacia Siobhan.

—Dije que necesito otro trago. —Siobhan sacudió su vaso vacío, donde el hielo sonaba.

—Oh. De acuerdo. Iré contigo.

—No, no, no —respondió Siobhan, demasiado rápido. Se dio vuelta y colocó una mano sobre el hombro de Zafrina.

—Zee quiere ayudarme. ¿Qué quieren todos?

Cuando ellas se fueron, y Benjamín se disculpó para ir al baño, Edward colocó su brazo alrededor de Bella de forma casual.

—A tu amiga le gusta mi amiga.

Bella echó un vistazo hacia la barra donde Siobhan y Zafrina estaban frente a frente, sonriéndose a la otra. Ella sonrió.

—Aparentemente.

Él no se movió para quitar su brazo, simplemente inclinó su cabeza para hablar suavemente en su oído.

—Ahora… por favor, ten en cuenta que estoy un poco borracho. Sé que no es apropiado que lo diga, pero… —Las señaló—. Eso es caliente.

No se esperaba eso en absoluto, por lo que Bella se atragantó. Eso hizo reír a Edward. En serio, le hizo soltar risitas. Eso hizo que Bella se riera entre tosidos. Se sentía bien reírse, pero eso solo empeoraba las cosas. Edward frotó su espalda en ayuda.

—Eso es algo caliente —dijo ella cuando pudo respirar de nuevo.

Él musitó en acuerdo. Su cabeza seguía inclinada hacia ella. Su aliento olía a whisky y cerezas. Bella se dio cuenta muy tarde que estaba observando sus labios. Levantó su mirada para ver que estaba mirándola fijamente, y de repente estaba segura que iba a besarla.

—Oye, Bella. Allí estás.

Bella giró su cabeza rápidamente. Se aclaró la garganta y sonrió débilmente.

—Hola, Jacob.

~0~

Aquí iba la cosa—Jacob no tenía oportunidad. Jamás había tenido oportunidad, realmente. Había una vez, antes de todo esto, que quizás ella hubiera intentado una cita con él. Él se sentía atraído por ella y era bueno. Hubiera sido un buen paso. Eso era lo que ella estaba haciendo antes de todo esto—dando un paso frente al otro, intentando descubrir cómo ser un ser humano real y funcionante.

Esa oportunidad se había ido. Esa vida había acabado, y quizás era por eso que esta noche era tan irreal. ¿Cuánto tiempo Bella había pasado preguntándose qué hubiera pasado si le hubiera dicho a Edward que estaba embarazada? Esa oportunidad también se había perdido, y, aun así… aquí estaban. Dos vidas que no habían ocurrido.

Ella estaba ligeramente ebria para esos pensamientos. Además, estaba bastante distraída.

—De acuerdo, no puedo con esto —dijo ella, poniéndose de pie.

Bella estaba alegre. Edward medio borracho, y se notaba. Ella no pudo evitar sonreír. Había pasado mucho tiempo desde que había bebido por lo que le estaba afectando mucho más rápido de lo que recordaba, pero podía manejarse todavía. Mientras tanto, este hombre…

—Oh, no. —Bella tomó firmemente el hombro de Edward—. Apártate de la mesa de billar. Estás a punto de entregar el juego a este niño. —Le guiñó el ojo a Jacob juguetonamente mientras llevaba a Edward hacia un lado—. Déjame enseñarte una o dos cosas.

—Soy bueno en este juego —dijo Edward con una sonrisa amplia y relajada.

—Oh, obviamente no.

Edward se removió en su lugar.

—Oh. Claro. Dardos. Los dardos es el juego en el que soy bueno. —Él miró a Jacob—. Deberíamos lanzar dardos.

—Creo que el billar es la mejor elección —respondió Jacob, sonriendo engreídamente. Se inclinó sobre su taco y meneó las cejas—. Vamos. Parece que será rápido y divertido para mí.

—¿Eso es lo que le dijiste a tu última novia? —preguntó Zafrina, haciendo que los demás rieran.

—Dame un minuto —dijo Bella.

—Eso es hacer trampa —comentó Jacob.

—Llámalo desventaja. Ahora, calla. —Se giró hacia Edward—. ¿No se supone que eres un genio? Esto es pura matemática.

—¿Matemática?

—Sí. Matemática y mantener tu palo derecho y fuerte.

Él sonrió.

—Estoy bastante seguro que puedo con la parte de la matemática. Ahora, dime más sobre mantener el palo derecho.

Unos minutos después, Bella le ayudaba a colocar sus dedos alrededor del taco, inclinándose sobre él mientras guiaba su mano.

—¿Cómo esto no te está castrando? —preguntó Jacob, aun bromeando.

Edward levantó su mirada y arqueó una ceja.

—¿Ser inclinado sobre una mesa de billar por una hermosa mujer? ¿Está hermosa mujer? —Bufó—. Lo vale.

~0~

Edward estaba borracho. También estaba feliz. Había pasado mucho tiempo desde que se había sentido así de libre. Se encontraba sentado en la mesa, murmurando para sí mismo.

—Tienes unos amigos interesantes —dijo Benjamín, frente a él. Las chicas y Jacob habían ido al baño y en busca de otra ronda al pareces—. Siempre me pregunté cómo lucirías relajado. ¿Han sido un par de meses libre de estrés, entonces?

Con su cabeza echada hacia atrás, Edward comenzó a reír.

—Algún día, entenderás lo gracioso que fue eso. —Abrió sus ojos, observando el techo—. Pero ha sido una buena noche.

—Sí. Sabes que esa hermosa chica te adora, ¿no?

Edward sabía que debía tomárselo con calma, pero no pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro.

—¿Eso crees?

—Creo que tienes oportunidad de echarte un polvo esta noche, dejando a un lado la ética. Intenta de nuevo la próxima semana con menos alcohol, y es seguro.

Para su pesar, toda la sangre de Edward corrió hacia su polla. Ahogó un gruñido, reacomodándose en su asiento. Había momentos donde le era difícil no recordar lo que era sentirla debajo de él, su risa sacudiéndolos a los dos, interrumpido por un jadeo cuando entraba en ella.

Benjamín rio.

—Ha pasado un tiempo, ¿eh? —Sacudió su cabeza—. Intenté arreglar una cita contigo una vez.

—Lo recuerdo. —Edward se enderezó, echando un vistazo hacia el otro lado del bar, donde las mujeres estaban volviendo aquí—. No me interesan las citas a ciegas.

—Mejor para mí. Yo salí con Tia. —Se estiró con una sonrisa—. Me encanta que seas tan antisocial. —Echó hacia atrás su cabeza y se dirigió hacia las mujeres con una sonrisa—. ¿Todo salió bien?

Sonriendo, Zafrina le dio un golpe suave en la nariz.

—Eres malvado.

Bella se acercó en el banco, sonriéndole a Edward mientras se presionaba contra él nuevamente.

—Hola.

El aliento de ella olía dulce—como el Lemon Drop que había tomado previamente.

—Hola —respondió él, estirando una mano hacia ella para apartar el cabello de sus ojos.

Era una buena noche.

~0~

Siobhan los llevó a casa, ya que ninguno de ellos se encontraban en buen estado como para sentarse detrás del volante. Pero todos estaban contentos. Siobhan no dejaba de hablar sobre Zafrina. Era adorable.

—¿Están seguros que estarán bien solos? —preguntó Siobhan, riéndose cuando Edward se tropezó al salir del coche.

Riendo, Bella envolvió un brazo alrededor de Edward, manteniéndolo derecho.

—Estaremos bien.

—Está bien, niños. Pórtense bien. —Agitó su mano mientras ellos se alejaban.

Les tomó varios intentos, pero lograron entrar en la casa. Se tambalearon en la entrada juntos.

—Entonces, Siobhan y Zafrina… —dijo él.

—¿Sigues con eso? Pervertido. —Rio ella—. No puedo sacarte a ningún lado.

—No es eso. —Él rodeó su cintura con su brazo, llevándola hacia él—. Simplemente es divertido.

—¿Qué es divertido? —La mano de ella era cálida contra su pecho.

—No lo sé. —Suspiró, y se mecieron juntos—. Las historias de amor fáciles.

La sonrisa de Bella se suavizó. Ella jugó con el borde de la camisa de él.

—Jamás sabes cómo va a terminar eso. —Lo miró a los ojos—. Nos conocimos en las escaleras de la biblioteca.

—Eso suena romántico. —Él levantó una mano y la llevó hacia la mejilla de ella—. Y fácil.

—¿Me llamas fácil? —preguntó ella, bromeando.

—No —respondió él, ahora serio—. Entonces…

—Entonces…

Él inclinó su cabeza, estudiándola. La expresión de ella era relajada, serena. Por lo que jamás sabrá por qué él eligió hacer la siguiente pregunta.

—Ese tipo de tu trabajo. Ese niño Jacob.

Una sonrisa apareció en el rostro de ella, y rio media borracha.

—El niño Jacob. Suenas como un pistolero del viejo oeste o algo.

Él sonrió en respuesta, distraído por un momento. La sonrisa de ella era tan hermosa. Sonrisas y risas—eso era lo que los dos necesitaban.

—Le gustas. El infame Jacob Black.

—Eso percibí —dijo ella, aun sonriendo—. Por supuesto, lo supe cuando fuimos a bailar.

Edward se sorprendió.

—¿Saliste a bailar con él?

Su expresión era traviesa.

—Sí y no. Salimos, con varios compañeros del trabajo, a un club. Me convenció de bailar con él. Creo que, si hubiera seguido trabajando allí, me hubiera invitado a salir. Los dos solos.

Él tuvo la sensación de que estaba bromeando, pero ella decía la verdad. Extendió la mano que se encontraba en la espalda de ella.

—¿Hubieras dicho que sí?

Ella lo miró a los ojos y su expresión traviesa desapareció.

—No lo sé.

Dio un paso más cerca de ella, cerrando la distancia entre ellos.

—Si te preguntara ahora, ¿qué dirías?

—No —dijo ella, la palabra suave. Sus manos cayeron de sus hombros, haciéndolo temblar de placer.

—¿Por Katie? —preguntó él.

Sus miradas eran intensas ahora. Él analizó su expresión, y su respuesta fue un susurro.

—No —dijo ella.

—Bella…

Sus palabras eran confusas por la bebida, pero sus pensamientos jamás habían sido más claros. Más bien, todo era borroso menos ella. Ella era lo único que veía. Tomó su rostro en sus manos, perdido en su mirada. Por primera vez en meses, su mundo era simple; una historia de amor sencilla.

Habían pasado años desde que había besado a esta mujer. Su último beso había sido una despedida desesperada. Este era como volver a casa. Mientras sus labios se encontraban, ella suspiró contra su boca, su cuerpo maleable y suave contra él. Envolvió sus brazos alrededor de ella. Nada, nadie, se había sentido tan correcto contra su pecho. Sus labios eran suaves y receptivos en los suyos. Las manos de ella se metieron entre su chaqueta, presionando sus dedos contra su espalda.

Se besaron una y otra vez. Besos tiernos que rápidamente se volvieron hambrientos. Las manos de Edward se aferraron a la cintura de ella, sus dedos deseosos de tironear y arrancar la ropa.

Con un gruñido, Bella se apartó de él, jadeando. Ella no lo soltó; ella simplemente terminó el beso. Su camisa estaba enredada en los dedos de ella.

Él la besó nuevamente, un beso pequeño, y gruñó para sí mismo.

—Tenemos que detenernos, ¿no? —preguntó, mareado y sin aliento.

Ella se lamió los labios.

—Eh. Sí. Sí.

Él volvió a gruñir y la besó suavemente.

—¿Estás segura?

Ella rio, un sonido tembloroso.

—No. —Cerró sus ojos, tomando aire profundo. Cuando los volvió a abrir, su expresión era conflictiva, pero suplicante—. Solo es que… He cometido muchos errores en mi vida y algunos fueron hechos por mí. —Sus dedos trazaron formas en su espalda.

—No quieres que este sea uno de ellos —dijo él, levantando una mano y rozando sus nudillos contra su mejilla. Ambos estaban muy borrachos, y todo sobre sus vidas era incierto en ese momento.

—Se supone que deberíamos intentar ser amigos —dijo Bella.

Él rio y besó su frente.

—Creo que hemos intentado eso antes y también fallamos. —Suspiró y besó sus labios una vez más antes dar un paso hacia atrás.


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