No tardó mucho en descubrir que lo que olía era un ciervo.
El animal vio al lobo ir hacia él y salió huyendo despavorido, pero Syaoran era mucho más rápido.
En pocos segundos estaba corriendo justo detrás de él.
Justo cuando estaba a punto de clavarle sus garras un golpe lo desvió y se lo impidió.
Clavó las uñas en el suelo, se giró furioso y gruñó al lobo caoba que lo había golpeado.
(¡Toma el control, Syaoran!) le dijo Sakura.
El lobo castaño pestañeó algo confundido y cuando se dio cuenta de lo que había estado a punto de hacer echó las orejas atrás.
(¡Joder! casi mato a un ciervo, maldita sea. Y encima te he gruñido).
Vio a los otros dos lobos acercarse a ellos.
(No te preocupes, es tu instinto) le respondió Tomoyo.
Él miró a Sakura con ojos suplicantes.
(Sakura, no dejes que haga daño a ningún animal. No me lo perdonaría nunca).
La loba Sakura asintió.
(Tranquilo, no me separaré de ti hasta que sepas controlarte perfectamente).
(¿Qué tal si hacemos una carrera hasta la cima?) propuso Eriol para que Syaoran pensara en otra cosa.
Los cuatro lobos aullaron y volvieron a correr con todas sus fuerzas.
Ya estaba amaneciendo cuando Sakura y Syaoran volvían a su casa cueva.
Habían pasado toda la noche con Eriol y Tomoyo, entrenando a Syaoran en su autocontrol.
Tras cerrar la puerta Syaoran se quedó mirando por la ventana, perdido en sus pensamientos.
Sintió los brazos de Sakura rodeando su cintura y subiendo por su pecho.
-¿En qué piensas?- le preguntó.
El chico suspiró y se volvió para mirarla a los ojos.
-¿Entonces... ya no soy un mago?-.
Sakura lo observó durante unos segundos.
-No tengo ni idea, nunca he oído hablar de un mago que se volviera licántropo. Prueba a ver- dijo antes de separarse unos metros de él.
Syaoran asintió y juntó sus manos, girándolas levemente.
Sintió un gran alivio al ver que cuando las separaba surgía entre ellas una densa niebla azul donde se iba formando su espada.
Cuando la tuvo en su mano derecha miró a Sakura, sonriendo.
-Mago y licántropo... lo nunca visto- murmuró ella respondiendo a su sonrisa.
Syaoran hizo desaparecer la espada y se acercó a Sakura.
-Me cuesta muchísimo resistirme- gruñó mientras la abrazaba y respiraba el aroma de su cuello.
La besó profundamente en la marca y Sakura gimió.
-Ahora puedo vengarme por todas las veces que me torturaste así- susurró mientras rozaba con la punta de su lengua esa zona de su cuello.
Sakura lo apartó con los brazos y Syaoran vio que tenía los ojos de color verde oscuro.
-Se te nota demasiado que tú también me deseas... y además puedo sentirlo- le dijo levantando una ceja mientras volvía a acercarse.
-No dejaré que te vengues- respondió ella y, antes de que Syaoran pudiera reaccionar, salió corriendo fuera de la casa.
Él sonrió de forma traviesa y la siguió.
La vio escalando la ladera que había detrás de su casa cueva, y dio un gran salto para perseguirla.
Se sorprendió de lo fácil que le resultaba ahora escalar, apenas tenía que esforzarse.
Cuando llegó a la cima de la ladera, vio que Sakura lo estaba esperando en posición de pelea.
-No podrás acercarte a mí- dijo ella frunciendo el ceño.
Syaoran volvió a sonreír.
-Olvidas que yo sé artes marciales... y que ahora soy más fuerte que tú- respondió antes de lanzarse sobre ella.
Sakura trató de defenderse pero en menos de un minuto Syaoran consiguió atraparla contra el suelo.
Ella resopló con fastidio.
-No te acostumbres, en unas semanas ya no serás tan fuerte- gruñó entre dientes.
Syaoran empezó a reírse y ella lo calló con un beso.
Sakura lo besó con pasión mientras le acariciaba todo el cuerpo, y al separarse vio que a Syaoran se le habían dilatado tanto las pupilas que parecía tener los ojos de color negro.
-Serás más fuerte pero todavía no sabes controlar tus impulsos- le dijo con una sonrisa observando sus ojos.
-Cállate- gruñó Syaoran atrapando de nuevo sus labios mientras le empezaba a quitar la ropa.
Sakura suspiró y también se dedicó a desnudarlo, besando su rostro hasta llegar a su cuello, donde saboreó su marca y sintió que Syaoran temblaba.
Él se movió hasta quedar totalmente encima de ella, atrapó sus manos a ambos lados de su cuerpo y empezó a recorrer todo lo que podía con los labios.
-Nos van a oír, Syaoran- murmuró Sakura pensando en que las casas de los demás estaban solo unos treinta metros más abajo.
-Pues no hagas ruido- respondió él mientras la seguía provocando usando su lengua sin soltar sus manos para que no pudiera moverse.
Sakura lo empujó y consiguió moverlo de forma que los dos estuvieran sentados.
-Tú decías que te gusta más cuando disfrutamos los dos- susurró antes de bajar la cabeza y empezar a besar su pecho.
Syaoran suspiró, ahora que podía estar horas así sin tener que descansar... Sakura tendría que esconderse para escapar de él.
Volvió a empujarla y utilizó la fuerza de su cuerpo para atraparla contra el suelo, entrelazando sus piernas con las de ella.
Los dos reprimieron un gemido cuando sus partes íntimas se rozaron.
-¿Eso decía? No lo recuerdo- murmuró Syaoran volviendo a descender por el cuerpo de Sakura, torturándola con el roce de sus labios mientras sus dedos estaban entretenidos recorriendo sus muslos.
Siguió bajando y miró a Sakura con ojos traviesos.
Ella frunció el ceño.
-¿Qué...?-.
No pudo terminar la pregunta porque sintió los dientes de Syaoran en su muslo izquierdo.
Tuvo que cubrirse la boca con las manos para que su grito de sorpresa no se oyera por todo el valle.
Syaoran se rió bajito y siguió mordisqueándola por esa zona.
-Syaoran, para ya. Me van a oir todos- gruñó Sakura.
La mano derecha de Syaoran le cubrió la boca.
-Arreglado-.
Sakura no pudo evitar reírse, pero cuando notó la lengua de Syaoran acercándose a su entrepierna la risa desapareció.
Ella no podía dejar de retorcerse y él no podía estar disfrutando más.
Syaoran volvió a subir recorriendo su cuerpo hasta que pudo mirarla a los ojos, seguía sonriendo de forma malvada.
-Está bien, no seré tan malo para que no te vengues más adelante- susurró antes de besarla.
Sakura suspiró y cerró los ojos, intentando concentrarse para no hacer ruido.
Una semana después, los ojos de Syaoran ya habían vuelto a su color ámbar de siempre y él había conseguido transformarse veinte veces más.
Cada vez controlaba mejor sus impulsos cuando era lobo, aunque todavía le costaba bastante.
Por suerte estaban en plenas vacaciones navideñas y todavía no tenía que volver a la universidad.
Una tarde de domingo, después de una gran carrera con Eriol, los dos amigos iban caminando por su ciudad en busca de sus compañeras para cenar los cuatro juntos.
Syaoran sintió con más fuerza el olor de Sakura y se giró.
Lo que vio le hizo sentir tanta furia que todo su cuerpo empezó a temblar.
Yukito y Sakura estaban en otra calle hablando, ambos sonreían y acababan de fundirse en un abrazo.
Sin poder evitarlo, Syaoran empezó a retorcerse y a transformarse en lobo.
Eriol se volvió hacia su amigo, extrañado al oír los crujidos, y se quedó paralizado al ver lo que estaba pasando.
-¡Cuidado!- gritó justo cuando el lobo Syaoran se lanzaba contra ellos.
Sakura se separó de Yukito y pudo ver a un lobo de pelaje castaño correr hacia ellos mientras les mostraba los dientes.
Empujó a Yukito hasta quedar delante de él y miró al lobo con el ceño fruncido.
(¡Syaoran, reacciona y contrólate o me harás daño!).
Al oír eso en su mente, el chico se esforzó por controlar sus impulsos y consiguió frenarse justo antes de abalanzarse sobre ella.
Fijó su vista en Yukito y gruñó furioso, enseñando los colmillos.
De repente Touya apareció corriendo a toda velocidad.
-¿Qué pasa, Yuki? He sentido tu miedo- gritó acercándose a su compañero.
Al ver a Syaoran y entender lo que pasaba, lo miró con odio y se transformó en un lobo de pelaje marrón oscuro, colocándose delante de Sakura.
(Si quieres hacerle algo primero tendrás que pasar por encima de mí) le dijo mentalmente a Syaoran.
Un lobo de pelaje azulado también se puso entre Syaoran y Sakura.
(Relájate, estoy seguro de que no es lo que estás pensando) le dijo Eriol a su amigo.
Syaoran volvió a gruñir pero trató de tranquilizarse y se sentó mientras dejaba escapar un bufido.
-Solo ha venido a preguntarme cómo me va con mi mate, Syaoran. Y a desearme que seamos muy felices juntos- explicó Sakura mirando al lobo castaño.
El lobo resopló con fastidio.
-Tienes que evitar ponerte celoso, podrías habernos hecho mucho daño. ¿no confías en mí?-.
Syaoran se acercó a Sakura y le dio un lametón en el rostro.
Ella sonrió.
-Pues entonces ya sabes que no tienes motivos para sentir celos-.
Syaoran agachó las orejas, arrepentido.
Si le hubiera hecho daño a Sakura o a Yukito no se lo habría perdonado jamás.
-No te preocupes, lo comprendo. Al principio Touya tampoco soportaba que me acercara a Sakura- le dijo Yukito, que también sonreía.
(No volverá a pasar) le dijo Syaoran a Touya mentalmente.
(Eso espero o te las verás conmigo) le respondió el lobo marrón enseñando los colmillos.
-Lo siento- murmuró Sakura al chico y al lobo marrón oscuro.
Yukito hizo un gesto dando a entender que no tenía que preocuparse por nada.
Touya se acercó a Yukito y los dos empezaron a alejarse, aunque Touya no dejó de mirar hacia atrás y enseñarle los colmillos a Syaoran hasta que giraron en una esquina.
