Se movió un poco, se sentía tan bien donde se encontraba que no quería abrir los ojos. Su cuerpo adolorido estaba calentito que sonrió sin poder evitarlo por notar todo tan agradable. Acomodó más su cabeza donde sea que estuviera y suspiró más feliz que niño con juguete nuevo. Hace tiempo no dormía tan bien y por ese motivo no deseaba despertarse por nada en el mundo.
Aspiró aquel aroma que embriagaba por totalidad sus fosas nasales, se sentía hechizado, el perfume que acariciaba todo su interior ya parecía ser su aroma favorito. No quería dejar de olerlo nunca.
Volvió a removerse al sentir una caricia en su cabello, se preguntó a la lejanía de quien se trataba, pero no se preocupó demasiado de ello ya que aquellas caricias se sentían tan bien que aliviaban su corazón.
—Yura... —una voz que conocía a la perfección se presentó en sus oídos y el nombrado entre sueños calmados, sonrió. Le estaba hablado Beka, su querido amigo que con magia producía miles de sensaciones en él—. Yura... —su voz agradable y masculina sonaba a lo lejos, como si estuviera buscándolo por lo que Yuri entre sus sueños comenzó a ir por él, quería estar junto a Otabek.
—Beka... —susurró un poco asustado al no encontrarlo, pero cuando nuevamente sintió esa caricia en la cabeza, se tranquilizó pues sabía que se trataba de su amigo, de la persona que anhelaba ver.
—Hey, Yura... Despierta —la voz de Otabek esta vez sonó más cercana y palpable, por lo que Yuri obedeció a lo pedido y abrió sus magníficos ojos verdes para encontrase con los iris curiosos de su amigo a centímetros de su rostro—. Ya despertaste —susurró Otabek con una tierna sonrisa marcando un poco su hoyuelo. Las caricias de Otabek en la cabeza de Yuri continuaron por lo que el ruso tuvo unas fuertes ganas de volver a dormir. Se sentía tan bien junto a él.
—Beka... ¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? —inquirió Yuri somnoliento, sin moverse ningún centímetro.
—Te quedaste dormido, al parecer estás cansado... Estamos en tú casa —dijo el kazajo de forma serena
Yuri pensando lo pasado cerró los ojos para ubicarse mejor, recordó que junto a Otabek habían ido a casa para comer Pizza con su abuelo y que este último se retiró al terminar, frunció un poco las cejas al memorizar que luego de eso Otabek hablaba con él y le contaba que se iría por un mes. En ese instante abrió nuevamente sus ojos pero ahora de forma brusca y miró finalmente a su amigo, iba a decir algo respecto a lo recordado pero al verse encima de las piernas del moreno con los brazos de este rodeándolo con suavidad y seguridad, Yuri se sonrojó de manera inminente. Estaba apoyado en el cuerpo de Otabek y hace solo segundos había estado durmiendo en sus brazos apoyando su cabeza en el hombro del mayor. Entre toda su vergüenza se fijó más en todo y se dio cuenta que tenía su boca levemente babeada por lo tanto la ropa de Otabek también había quedado mojada.
—Oh... Beka —soltó Yuri avergonzando viendo la prenda de su amigo mojada con su saliva.
Otabek al parecer comprendiendo a que se refería Yuri miró su hombro sin cambiar su suave expresión.
—Me babeaste —informó Otabek sin mostrarse para nada sorprendido o molesto.
Yuri arrugó su frente ante su acción inconsciente, estaba muriendo de vergüenza, por eso se llevó sus manos que estaban bajo una manta que al parecer Otabek la puso sobre él, y se secó el resto de saliva en su mentón.
—Lo siento... —murmuró apenado.
—Vi que dormías demasiado tranquilo, por eso no quise despertarte —contó su amigo dejando de lado el tema de su camisa mojada.
Yuri tomó aire en sus pulmones para lograr relajarse un poco, pero el permanecer aún sobre Otabek rodeado por sus brazos y embriagándose con su perfume diario... Simplemente se puso más nervioso, por lo que en vez de moverse para alejarse de él y hacer que nada pasó, Yuri permaneció quieto sobre su amigo sin poder levantarse. Tenía el cuerpo petrificado, sí, estaba nervioso, pero de la misma forma se sentía demasiado cómodo que no deseaba alejarse para nada.
Permanecieron en silencio. Yuri que mantenía la mirada baja en la manta que lo cubría se percató que Potya estaba sobre él durmiendo y aprovechándose de su calidez, le pareció curioso no haberse dado cuenta antes de la presencia de su gato sobre él, pero poco pensó en ello ya que llegó a la conclusión de que estaba tan acostumbrado a Puma Tiger Scorpion que ya era parte de él.
Subió lentamente su mirada para ver a Otabek y contuvo su sorpresa cuando apreció que él tenía sus ojos cerrados dormitando plácidamente mientras seguía sosteniéndolo a él entre sus brazos. Yuri con el corazón más alterado por verlo así, desvío sus ojos a su gato y pensó con adrenalina que hacer.
No quería despertar a Otabek que se veía muy cansado, tampoco moverse y asustar a su gato, pero sabía que no podía seguir como estaba, debía levantarse y dejar descansando tranquilo a su amigo, pero al recordar que Otabek se iría mañana por un mes entero, no quiso separase de él.
Pensó en cómo sería todos los siguientes días sin el moreno, una sensación de soledad y angustia se instaló de inmediato en su pecho; no le gustaba lo que se venía pero tenía presente que era algo inevitable. Otabek lo había decidido por su futuro, y Yuri, aunque le doliera esa decisión estaba de acuerdo en que Otabek aprovechara las oportunidades que se le daban.
Por él mantendría al kazajo siempre a su lado, que no se fuera a ningún otro lado nunca, pero no podía ser egoísta, esto era importante para Otabek y no sería él quien arruine sus sueños por pedirle que no se fuera.
"Después de todo... es solo un mes... Si lo pienso bien no es tanto tiempo..."
Yuri suspiró al pensar en eso, aunque trataba de convencerse de que no sería tan difícil, no terminaba por creérselo. Otabek en poco tiempo se le hizo alguien tan importante para su vida que solo pensar en no estar a su lado, dolía.
Miró nuevamente el rostro en paz de su amigo y se sonrojó. Otabek se veía tan bien dormido, sus cejas estaban relajadas junto a toda su expresión que le dio tristeza intervenir su descanso. Aguantando su vergüenza, Yuri se acomodó nuevamente en el hombro de Otabek sin importarle que su piel tocara la parte mojada de la ropa del mayor, para luego cerrar los ojos mientras solo el sonido de las manecillas del reloj en el salón decoraba el lugar.
Yuri no durmió más, solo se quedó quieto entre los brazos del moreno esperando pacientemente que el contrario despertara. Después de unos minutos Otabek abrió los ojos para de inmediato poner su expresión de póker y mirar a Yuri, el cual levantó su cabeza en el instante que notó a su amigo despertar, y así ambos cruzaron la mirada. En el exterior ya no había luz, por lo que ellos se encontraban casi a plena oscuridad viéndose con atención.
—Te quedaste dormido tú esta vez —informó Yuri sonrojándose al tener a Otabek tan cerca de él, podía seguir sintiendo las manos del mayor rodeando su cintura de manera firme.
—Lo siento, repentinamente me sentí cansado —Otabek suspiró haciendo llegar a Yuri si agradable aliento, su corazón se aceleró más—. ¿Qué hora es? —preguntó para barrer el lugar con su mirada hasta hallar el reloj de pared—. Nueve treinta... Creo que ya debería irme.
Yuri apretó su mandíbula al escucharlo, no quería que se fuera, eso significaba el adiós por un largo tiempo.
—¿Te iras en avión? —inquirió entristecido, sin embargo hizo lo posible para no demostrar como realmente estaba.
—Sí, tengo un vuelo programado en unas horas.
—¿Puedo ir a dejarte? —investigó deseando que dijera que sí, no obstante Otabek negó con la cabeza entristeciéndolo de inmediato.
—No puedes, es en la madrugada.
—Ya veo —soltó Yuri desanimado apretando inconscientemente con su diestra la ropa del contrario.
—Yura, será solo un mes, ya verás que el tiempo pasa volando.
Yuri al escucharlo pestañeó lentamente sintiéndose confuso. Observó con detenimiento a Otabek y al apreciar esos ojos marrones tan llamativos, asintió con la cabeza. Su amigo se veía seguro, quizás solamente él le estaba dando mayor importancia a lo que pasaba, por eso respiró profundamente para aclararse y luego habló.
—Lo sé, pasará muy rápido —secundó mostrándose más seguro a pesar de la tristeza que lo envolvía.
A los segundos, con lentitud se levantó de las piernas de Otabek y con Potya en sus brazos quedó viendo a su amigo entre la oscuridad. Sintió frío, estar desprovisto del calor del mayor era una sensación extraña que no le agradaba, sin embargo se mantuvo de pie manteniendo a Potya ya despierto que miraba todo con sus grandes y hermosos ojos.
—Lo siento por haberme quedado dormido… Huh, tus piernas deben de haberse entumido —habló Yuri sin saber que decir, no quería despedirse aún, no obstante tenia presente que su amigo ya debía marchar.
—No te disculpes, y no pasa nada, eres muy ligero —Otabek se levantó doblando la manta para terminar dejándola ordenada sobre el sofá.
Plisetsky acarició la cabecita de su gato que parecía muy cómodo entre sus brazos. En ese momento sentía que tenía muchas cosas que decir pero a la vez nada, por lo que su mente parecía un gran torbellino de ideas que lo estaban comenzando a poner tenso.
—Debo ir a preparar mi maleta —informó el kazajo espantando el silencio que se había formado.
Yuri ante esas palabras reaccionó saliendo de su ensimismamiento para poner sus ojos en el contrario. De un segundo a otro se había vuelto a poner rígido que sintió un fuerte nudo en su garganta.
—Claro… eh, te acompañó hasta la puerta —dijo Yuri para luego morderse el labio, no quiso decir eso, sin embrago estaba comenzando a sentirse tan inquieto que su boca reaccionaba antes que él.
Otabek aceptó y así se encaminaron hasta la salida de la casa. Otabek se puso su chaqueta y su bufanda para salir al exterior. Una vez ahí Yuri pensó que la noche estaba perfecta para una despedida, pues el frío calaba sus huesos y la soledad del paisaje era parecida a lo que comenzaba a sentir en su interior.
—Si quieres te avisaré cuando llegué a Moscú —le habló Otabek parado frente a él. Yuri permanecía bajó el marco de su puerta y su amigo en la intemperie lo miraba fijamente.
—¡Tienes que hacerlo! —dijo Yuri acomodando mejor a Potya en sus brazos. El felino no apartaba sus ojos del kazajo, pero por algún motivo no hacía nada para ir donde él.
—Estaré casi todo el tiempo ocupado, pero igual podremos hablar. No faltes a tu entrenamiento con Leo, no debes descuidarte —aconsejó el kazajo y Yuri movió su cabeza en afirmación.
—Está bien, no faltare… y sí, me gustaría poder hablar contigo aunque sea unos minutos —dijo Yuri notablemente sonrojado al soltar lo último.
—Haré lo posible para que hablemos —le sonrió Otabek para luego acercarse a Yuri dejando a este más nervioso de lo que estaba. La cercanía de Otabek siempre producía miles de sensaciones en él que no entendía.
—Potya, cuida a Yura —pidió el kazajo tomando una patita del gatito quien maulló como dando una respuesta sin dejar de verlo. Ambos sonrieron ante eso y luego Otabek subió sus ojos a Yuri, quien de inmediato contuvo la respiración por tan fuerte impacto de su mirada.
Ya era momento de despedirse.
—Cuídate, ¿Sí? —solicitó Otabek suavizando su voz.
—Tú también hazlo —devolvió el ruso—. Si no regresas no te lo perdonaré —añadió endureciendo su tono de voz.
Otabek soltó una pequeña risa que desestabilizó a Yuri.
—Volveré, no dudes de eso.
—Eso espero —dijo con voz más suave.
Otabek a los segundos de esas últimas palabras subió su diestra a la cabeza de Yuri y le revolvió sus sedosos cabellos. Yuri ante esa caricia que siempre lo relajaba, atrajo más a Potya a su pecho y cerró sus ojos deseando alargar un poco más todo para que Otabek permaneciera más tiempo junto a él, sin embargo esos pensamientos se difuminaron cuando sintió un suave toque en su frente.
Abrió sus ojos sorprendido para notar que Otabek le había dado un beso en su frente para luego separarse de él y verlo con cariño.
—Nos vemos, Yura —dijo el kazajo y en seguida acariciar un poco más su cabello. A continuación se dio la vuelta y se dirigió a su motocicleta que lo esperaba a unos escasos metros de la entrada.
Yuri con sus mejillas enrojecidas al máximo y con su corazón desbordante de adrenalina, llevó su mano zurda a su frente sin creerse lo ocurrido, no se había esperado ese gesto de Otabek por lo que terminó muy alterado.
Vio cómo su amigo se montaba en la motocicleta para luego prenderla y partir, Yuri de un impulsó salió de casa y de un fuerte grito se dirigió a Otabek.
—¡BEKA, DAVAI! —gritó con todas su fuerzas esperanzado de que su amigo lo hubiera oído a la lejanía.
Sonrió sintiendo el corazón alocado cuando Otabek levantaba una mano de la moto alzando el pulgar para luego aumentar la velocidad y desaparecer de su vista.
Yuri tembloroso por la agitación vivida en solo segundos, respiró entrecortado mientras vahó blanco salía de su boca y el viento jugaba con su cabello largo.
Miró la dirección que tomó el kazajo y acercó más a Potya a su cuerpo.
—Que te vaya bien —susurró escondiendo su rostro en el suave pelaje de Puma Tiger Scorpion, quien le maulló suevamente relajando un poco su pequeño ser.
No logró dormir muy bien en la noche por la preocupación que sentía, a él no le gustaban los aviones ya que le traían muy malos recuerdos y por eso se notaba un tanto inquieto. Sabía que su amigo volaría en la madrugada y por eso contaba entre medio del silencio de la noche las horas preguntándose qué haría Otabek; quizás descansaba antes del vuelo o seguía preparando sus cosas, no obstante aunque se imaginará miles de posibilidades no llegaría a un respuesta pues no lo sabía, no lo sabría estando lejos de él.
Cuando las cuatro de la mañana llegó a su ventana, Yuri rendido y con los ojos adoloridos por permanecer en vela, se acomodó junto a su amado felino y decidió dormir lo que restaba de noche, tratando de convencerse que pronto tendría noticias de su amigo, era increíble pero hace apenas unas horas se habían despedido y ya lo extrañaba demasiado.
Durmió un par de horas y cuando el reloj marcó las 06:50, su móvil comenzó a sonar. Yuri despertó al borde de un infarto por tan repentina interrupción en su descanso y a los segundos, recordando a Otabek, tomó su móvil para ver el mensaje que recibió.
Sonrió más tranquilo, Otabek le avisaba que ya había llegado a Moscú y que luego se iría a la habitación del hotel que tenía reservada para todos los días que se quedaría ahí. Yuri le respondió de inmediato y después de un leve intercambio de mensajes dejó su móvil en su velador pues Otabek debía hacer cosas.
Acarició a Potya que dormía con las patas para arriba y lo apegó a su cuerpo para abrazarlo, el gato ante la presión en su pequeño cuerpo se quejó levemente, no obstante se quedó tranquilo dormitando junto a su humano. Yuri ya relajado de saber que el vuelo de su amigo terminó bien, cerró los ojos para seguir durmiendo un poco más.
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A la hora del desayuno Yuri bajó en pijama teniendo a su gato entre sus brazos. Potya maulló cuando Nikolai se apareció ante ellos dos preparando el desayuno saludándolos con una sonrisa.
—Buenos días para ti también, Potya —dijo el mayor en respuesta al pequeño maullido del pequeño animal.
Yuri bostezó y se sentó en una de las sillas del lugar sin soltar a Puma Tiger Scorpion, que se acomodó entre sus muslos para seguir dormido. El desayuno ya estaba servido y Nikolai transportando el Samovar lo acompañó en la mesa para servir a cada taza agua hervida.
—Baja a Potya —le pidió su abuelo y Yuri obedeció de inmediato para dejar al felino de pie en el suelo, Puma Tiger Scorpion le reclamó de inmediato alzándose de patas traseras para subirse nuevamente a sus piernas, pero Yuri se lo negó y así Potya rendido se fue a la camita que tenía a unos pocos metros de ahí.
—Beka ya llegó a Moscú —informó Yuri acercando su taza caliente.
Ayer en la noche después de que Otabek se marchara su abuelo llegó en una hora y Yuri le contó de inmediato el viaje de su amigo y su ausencia por semanas. Nikolai en ese momento le dijo que estaba feliz de que Otabek aprovechara las oportunidades de la vida para surgir y le aconsejo a su nieto que lo apoyara en todo.
—¿Llegó bien? —preguntó el mayor preparándole un pan a su nieto. Yuri asintió mirando el movimiento de mano que hacia su abuelo para preparar su pan, normalmente él mismo se preparaba su desayuno pero hoy se sentía completamente desganado y con deseos de que lo mimaran.
—Sí, como a las seis o siete de la mañana, en ese momento se fue de inmediato al hotel a descansar.
—Entiendo, ten —su abuelo le pasó su pan y lo recibió encantado, estaba muriendo de hambre.
Comenzó a comer su pan cubierto de mermelada como a él le gustaba y luego bebió un poco de su te. Nikolai al terminar su emparedado miró a su nieto con una expresión de tranquilidad, sin embargo se le notaba la preocupación al ver tan callado a su nieto parlanchín.
—Será un mes largo —habló repentinamente Nikolai llamando la atención de su adorado nieto, Yuri elevó su ahora azulada mirada esperando a que su abuelo prosiguiera—. ¿No puedes ir a visitarlo un fin de semana?
Abrió sus ojos demasiado sorprendido por eso. ¿Su abuelo estaba hablando en serio?
—Huh… —su expresión seria cambio de inmediato sintiéndose un poco extraño y al parecer su abuelo se percató de aquello.
—¿Qué pasa, Yuratchka? ¿No quieres ir a ver unos días a tu amigo?
—No es eso… —Yuri dejó el pan en la mesa y se quedó viendo el té que dejaba libre vapor—. Me gustaría verlo… pero ya sabes…
Nikolai poniendo un semblante de tristeza asintió empáticamente para luego sonreír con un poco de arrepentimiento.
—Sí se tratará de otro lugar… quizás podría ir —agregó Yuri sin mover sus ojos ni ningún musculo de su adolorido cuerpo—… creo que nunca seré capaz de volver a esa maldita ciudad.
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En la tarde de ese día salió a pasear al centro de la ciudad para ver si podía encontrar algo que hacer. El día estaba helado pero no era tan extremo como otros que te hacían quedar en casa encerrado todo el día sin salir de la cama.
Yuri se metió a varios negocios de videojuegos y salió de ellos sin encontrar nada que le interesara, aunque la verdad había muchas cosa que le gustaron pero no se sentía con los ánimos para comparar algo, su mente andaba en otro lado y eso le impedía concentrarse o disfrutar lo que hacía.
La conversación con su abuelo en la mañana le había dejado una sensación extraña en el cuerpo, una sensación que no había sentido hace años en él y que no había pretendido que se volviera a presentar, pero ahí estaba nuevamente espantándole los buenos ánimos para mantener una cara de te odio mundo pegada en su semblante. Cuando Otabek le informó que se iría a Moscú, Yuri percibió una desazón en su corazón al escuchar el nombre de aquella ciudad, pero no le quiso hacer mucho caso a lo que sintió en ese instante pues no venía al tema, pero cuando su abuelo le propuso ir a Moscú no pudo evitar que el mal sentir volviera a llegar dándole paso a miles de recuerdos que él deseaba olvidar a toda costa, pero que a pesar de los años no había logrado suprimir pues la herida seguía abierta aunque él lo negara.
Enojado por no poder apartar los malos recuerdos y la soledad que le hacía sentir la ausencia de su amigo, Yuri se dio pequeñas palmaditas en sus mejillas para que después sus ojos cayeran en una biblioteca. No queriendo permanecer más segundos en medio del pasillo de mal humor, se encaminó al lugar visto con la intención de recorrer sus estanterías en busca de algo que lo alejara un ratito de su realidad. Hace tiempo no se leía un buen libro de fantasía y encontraba que ahora era el mejor momento para hacerlo.
Aquella biblioteca era una muy simple para su vista, no tenía una arquitectura impresiónate como otras donde te quedaban minutos infinitos admirándola sin despegar tus ojos de todos sus rincones, pero poco le importó aquello ya que él iba por los libros no por un panorama para sus ojos.
Recorrió los pasillos lentamente leyendo de forma fugaz algunos títulos hasta que llegó a su zona de confort que era la fantasía. Con una pequeña sonrisa iba a ingresar a esta pero algo que vio por el rabillo del ojo llamó su atención deteniendo sus pasos. Miró más detalladamente a su derecha para encontrase, para su sorpresa, a su compañero de clase: Yuuri Katsuki, el cual tenía entre sus brazos dos libros bien gordos que Yuri no supo reconocer.
Intrigado por la coincidencia se acercó al muchacho asiático para quedar tras de él. Viendo que Katsuki estaba algo despistado, Yuri levantó suavemente su pierna izquierda aguantado el dolor de sus músculos y posó su pie en el trasero del contrario para empujarlo levemente.
Yuuri emitió un pequeño gritó que lo silencio de inmediato dándose la vuelta muy asustado, pero cuando sus ojos chocolates encontraron al ruso rubio, su cara adquirió completa sorpresa.
—Yuri, hola, ¿Qué haces aquí? —preguntó Katsuki en un susurro, pues no debían conversar en el lugar.
—Vengo a nadar… —dijo sarcásticamente al notar la pregunta de su compañero un tanto absurda.
Yuuri lo miró confundido sin entender nada y luego miró para los lados como viendo el lugar. Plisetsky suspiró al ver que Yuuri era incapaz de notar la ironía.
—Vengo por un libro, ¿No es obvio? —dijo subiendo un poco su voz creyendo que si no lo hacia su compañero no lo alcanzaría a escuchar.
—Oh —Yuuri volvió a verlo con sus ojos tiernos y rio al parecer dándose cuenta de la broma anterior—. ¿Ya has encontrado algo?
—No —respondió acoplando su tono de voz con el de Yuuri, lo que menos quería es que lo terminaran echando de la biblioteca por subir la voz—. ¿Tú que traes ahí? —preguntó mirando los libros que cargaba el contrario—… ¿Libros de física? —agregó incrédulo al leer el título de uno.
—Sí… —afirmó Yuuri encogiéndose un poco de hombros.
—¿Eres un aburrido? —preguntó cruzándose de brazos al ver que Katsuki llevaba esos tipos de libros.
—Bueno… no es lo mejor para leer, pero es para subir mis notas en clases.
—Pero si tú tienes buenas notas en esta materia de mierda —soltó Yuri con desprecio al recordar a la persona que impartía esa materia en su escuela.
—Me hiere un poco que se refiera de forma tan vulgar a mi amada materia —la voz de su profesor de física perforó sus oídos como un taladro y de inmediato se giró para ver al maestro Viktor Nikiforov caminando hacia ellos con un libro en mano. Estaba vestido con una chaqueta marrón y unos pantalones jean que lo hacían ver un tanto extraño, Yuri estaba acostumbrado a verlo en traje.
—¡¿Huh?! —Yuri frunció su ceño preguntándose qué hacia ese tipo justo ahí, ¿Acaso con solo pensar en él lo había invocado?—. ¿Qué mierda hace usted aquí?
—Buenas tardes, joven Yurio —dijo Nikiforov parándose al lado de ambos y sonriendo con alegría.
—¡No me llames así, maldición! —rugió olvidándose de donde estaban por lo que recibió un llamado de silencio por parte de la bibliotecaria que andaba cerca del lugar. Yuri ante eso se sonrojó cohibido y apretó sus puños conteniendo su enojo.
—No grite, es muy joven para tener tan mal humor, sus hijos saldrán amargados —comentó Viktor sin dejar de sonreír, encolerizándolo más.
Deseaba gritarle nuevamente pero prefirió ahorrarse sus palabras para evitar otro regaño.
—¿Qué está haciendo este tipo aquí? —preguntó indicando descaradamente a su maestro con su dedo mientras dirigía sus palabras a su compañero— ¿Está contigo? ¿O simplemente es un maldito psicópata que nos siguió?
—Yuri —Katsuki le sonrió para calmarlo pero no funcionó—. El maestro Nikiforov me está recomendando unos libros para reforzar mejor física, se encuentra aquí porque se lo pedí.
Yuri extrañado volvió a ver a su profesor que seguía sonriendo despreocupado.
—No sabía que los maestros podían hacer clases particulares a sus alumnos —dijo con descrédito.
—Podemos hacerlo si necesitan nuestra ayuda, también podría asesorarlo a usted, señor Plisetsky —Viktor posó su ojos azules en él y un enfrentamiento de miradas azuladas se creó por unos segundos.
—Ni estando apunto de repetir el año se lo pediría a usted, señor Nikiforov.
Ambos enfrentados se quedaron sonriendo de forma tensa sin dejar de verse con desafío, Yuuri entremedio de ellos dos los miró alternadamente mostrando una expresión nerviosa, hasta que decidió moverse poniéndose al medio de los ellos para relajar el ambiente y así evitar una posible guerra.
—Tks… —chasqueó la lengua Yuri echándose unos pasos para atrás a la vez que desviaba su mirada, por esta vez se iba a controlar para evitar problemas, sin embargo no era secreto que deseaba con muchas ganas darle una buena patada a su maestro que se miraba tan seguro de sí mismo.
—Muy bien, señor Katsuki, este es el siguiente libro que encontré para usted —dijo Viktor poniendo el libro que tenía en sus manos en los que transportaba Yuuri sumándole peso a su carga.
—Bi-Bien… gracias —dijo Yuuri mirando los libros de forma nerviosa.
Yuri estudiando a ambos pensó en retirarse ya que no quería seguir enojándose más con por culpa de su maestro y por la personalidad tímida de su compañero, por eso decidió dar la vuelta e irse por su lado fingiendo que no había pasado nada, que no se había encontrado con nadie, pero una mano en su hombro detuvo sus pasos y ante eso Yuri miró sobre su hombro con una expresión de completa furia. Su profesor lo había detenido sonriendo con su estúpida boca de corazón.
—¿Dónde va? ¿No quiere ir a comer algo con nosotros? —lo invitó como si hablara con uno de sus amigos.
—Podría ser divertido —secundó Yuuri dejando ver su rostro iluminado por la emoción.
—¿Eh? —Yuri se giró por completo mostrando su disgusto ante la incoherente idea—. ¿Qué rayos dice?... Con ese tipo —indicó a Yuuri—, quizás sí comería algo, pero con usted —ahora señaló al mayor—. Ni jodiendo.
Nikiforov rio por lo bajo descolocando a Yuri, no entendía por que se reía de sus palabras sinceras de odio.
—No sea así —Viktor le revolvió el cabello y Yuri se apartó de inmediato dándole un manotazo enfurecido, sin embargo a su maestro no le pareció molestarle su reacción—. Tengamos una cita los tres, elijan lo que deseen comer, yo invito.
A Yuuri parecieron iluminarle sus ojos, en cambio Plisetsky negó de inmediato con la cabeza.
—¿No debería mejor invitar a su pareja a una cita que a dos alumnos? Usted es un viejo descarado —dijo con malicia Yuri ya hartó de la situación. Él solo deseaba irse para no comenzar a gritar por el malhumor que cargaba y amenazaba con salir a la visita mostrándose en su máximo esplendor.
—¿Eh? —Yuuri pareció confundió ante las palabras de Yuri mientras que Viktor lo miró dejando de sonreír.
—Bien, me voy —anunció al ver que ninguno de los restantes decía nada más y aprovechó para alejarse a paso rápido.
Cuando salió de la biblioteca suspiró profundamente con la cara roja de enfado, pero al soltar el aire se relajó un poco al estar apartado de la persona que le molestaba, sin embargo seguía sintiéndose de mal humor y después de aquel encuentro estaba peor.
Sin haber comprado nada volvió a casa para encontrarse a su abuelo tomando una siesta junto a Potya como un ovillo a su lado, al verlos se acercó al mayor y lo tapó con una manta para luego subir las escaleras lentamente y llegar su habitación.
Se tiró en su cama con los ánimos por los suelos, no tenía ganas de nada y sentía que mataría a cualquiera que llegara a interrumpir su descanso, por eso frunció por completo su ceño al sentir su móvil vibrar para tomarlo con gran rabia pensando insultar a quien fuera que lo llamaba, pero todo su malestar se difuminó como el humo del tabaco cuando leyó el nombre en la pantalla.
Llamada entrante: Beka
En ese instante se olvidó de todo su mal día y sintiendo cosquillas en sus manos atendió la llamada rápidamente con el corazón comenzando a latirle de forma rápida que llegó a escucharlo en sus oídos. Se sentó con la agilidad de un gato en la cama y puso el móvil en su oído ansioso por saber de Otabek.
—¡Beka! —atendió con los ojos brillosos y con una sonrisa en sus labios.
—Hey, Yura, ¿Cómo estás? —la voz de su amigo alejó de su ser todo el malestar que tenía en su cuerpo segundos atrás.
—Huh, bien. ¿Tú que tal? —Yuri no quiso decirle acerca de su mal día ya que no quería preocuparlo, por eso optó por hacer que todo iba a la perfección.
—Bien también, aunque un poco cansado. He estado preparando muchas cosas durante el día —le contó Otabek sonando un poco emocionado, Yuri sonrió al sentir la emoción en su voz—. Esta noche tengo mi primera presentación aquí.
—¡Wow! Que rápido, pensé que ibas a descansar hoy.
—No descansaré nada este mes, Yura. Tengo una agenda muy pesada. Lo bueno es que no debo preocuparme por nada más que dar una buena presentación.
—¡La darás! De eso estoy segurísimo.
Otabek soltó una pequeña risita.
—Gracias, Yura.
Se quedaron conversando unos largos minutos, Yuri se terminó por estirar en su cama mientras oía todo lo que le contaba Otabek sobre su trabajo en el lugar. Yuri le respondía de forma ligera y rápida mientras en su rostro mantenía su expresión de absoluta alegría que nadie más que Otabek lograba sacarle. A lo largo de la conversación también escuchó algunas canciones nuevas de Otabek que apenas y comenzaba a arreglarlas, y eso lo hizo sentir muy especial. En un momento Yuri dio la idea de verse por video llamada, pero su amigo le dijo que por ahora era imposible ya que estaba algo ajetreado por las cosas que faltaban y que estaba conversando con él a través de los audífonos para tener sus manos libres. Yuri entendiéndolo no insistió más y siguieron platicando con mucha fluidez, no había momentos de tensión ni de silencio como le solía suceder cuando hablaba con otra persona por móvil, a Yuri le cargaba hablar por teléfono, pero con Otabek las cosas no eran así, sentía que quería contarle miles de historias al kazajo a pesar de haberlo visto el día anterior.
—Yura, ya me tengo que ir, me van a venir a buscar para llevarme al trabajo —contó Otabek.
—Bien, debes estar tranquilo, sabrá todo perfecto —dijo Yuri comenzando a emocionarse.
—Yura —Otabek se rio—. Yo estoy tranquilo, pareces tú el más ansioso entre los dos.
—¡Ehh! Que te estoy dando ánimos ¿Y me respondes eso? —soltó Yuri con fingida ofensa. En respuesta la risa de Otabek se hizo sonar y eso le provocó un vuelco en el corazón.
—Me gustaría que estuvieras aquí —dijo repentinamente Otabek sin dejar de sonar animado.
Yuri ante esas palabras permaneció en silencio por unos segundos con el corazón demasiado alocado a la vez que se llevaba su mano libre a su frente recordando el beso que le dio su amigo antes de irse. Se sonrojó al instante.
—Y a mí… me gustaría que estuvieras aquí —contestó Yuri con la voz pequeña teniendo su vista verde en el techo de su habitación. Sentía el cuerpo petrificado por la vergüenza que lo recorría.
Ambos compartieron un silencio de nostalgia donde su corazón pudo calmarse y al sentirse más ligero, Otabek habló.
—Ya… Ahora sí me voy, ten un buen día mañana y obedece a Leo.
—Que sí… lo hare, no es necesario que me lo digas —rezongó Yuri sonando molesto pero la verdad no le había molestado para nada las palabras de Otabek.
—Él me dijo que te llamará cuando salgas de clases. Cualquier cosa llámalo tú también.
—Sí, papá… —dijo bromeando al notar que se preocupaba mucho por ese asunto y nuevamente hizo que su amigo soltara una linda risa.
—Bueno, buenas noches, Yura. Saludos a tu abuelo y a Potya.
—Se los daré, buenas noches igual. Davai.
—Gracias.
Fue el kazajo que cortó la llamada gracias al cielo o Yuri creía que se quedaría toda la noche al teléfono sin ser capaz de colgar. Suspiró alegre por haber hablado un buen rato con su amigo y se levantó lentamente de la cama con sus ánimos renovados, ya parecía casi mentira que pasó la mayor parte del día enojado con el mundo al apreciar la sonrisa que traía pegada en el rostro.
Miró por la ventana para encontrarse con las calles ya oscurecidas sorprendiéndolo por ese detalle, al parecer había hablado mucho más de lo que creyó con el kazajo y eso le agradó. Echó en su mochila todas las cosas para el día siguiente que le tocaba clases y luego bajó donde su abuelo para darle los saludos de Otabek y cenar.
Al acostarse Yuri pensó que después de todo no había sido tan mal día, la llamada de Otabek había arreglado todo.
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El día siguiente en la escuela, Yuri estuvo literalmente todo el día estudiado con los ojos pegados en la pizarra y sus maestros ya que por alguna razón las clases se tornaron pesadas. A la hora del almuerzo se juntó con Katsuki y aprovechó para preguntarle más por la extraña junta de ayer y la presencia del maestro de física que lo dejó de más mal humor al verlo. Katsuki le dijo que le había pedido ayuda al maestro Nikoforov para mejorar sus notas en física pues estaba preocupado sobre su futuro al ingresar a la universidad ya que quería ir a una de difícil acceso y por eso pedía asesorías a varios maestros. Yuri al escucharlo se quedó satisfecho y por su mente quedó la duda de que haría con su vida cuando los años por la escuela acabarán, pero sin querer quemarse más la cabeza ese día comenzó a pensar en otras cosas conversando con su compañero y así pasó la hora del almuerzo.
Cuando el último timbre del día sonó, Yuri recibió un mensaje de Leo que le avisaba que lo estaba esperando en una estación de metro. Yuri conociéndola se apresuró y se fue hasta el lugar acordado para encontrase con Leo, este le iba a enseñar cómo ir al club a través del transporte público, ya que Yuri no lo sabía pues todo este tiempo había ido con Otabek y al estar con él se despreocupaba de ver el camino.
Al llegar a la estación dicha por Leo, Yuri descendió del tren y buscó al amigo de Otabek para encontrarlo a los segundos parado cerca de las escaleras en una esquina. Acomodó su mochila en sus hombros y respirando tranquilamente se acercó a Leo, debía admitir que estaba algo nervioso, esta era la primera vez que estaría en el club sin Otabek y con solo pensar eso se sentía solo, pero rápidamente se negó a pensar en eso para llegar junto a al contrario.
—¿Qué tal, Yuri? —lo saludó Leo de la Iglesia con una amable sonrisa.
Yuri le iba a responder hasta que se enmudeció al ver a una persona más bajita que el al lado de Leo. Sintiéndose un poco incomodó de ver a alguien más, ya que no era para nada sociable, despegó sus ojos verdes del chico de expresión tímida y tierna para ver al más alto a que dijera algo.
Leo al parecer percatándose de eso sonrió y pasó su brazo izquierdo por los hombros del muchacho que hasta ahora permanecía en silencio.
—Yuri, él es Guang Hong Ji —lo presentó alegre y el chico asintió con las mejillas coloradas.
—Hola —dijo Guang con una voz tierna que le hizo creer a Yuri que estaba hablando con un niño.
—Hola —dijo Yuri colocando sus manos en las tiras de su mochila.
—Guang es mi novio —confesó Leo con orgullo haciendo que Yuri quedará viendo a los dos con los ojos muy agrandados y sintiendo el cuerpo completamente tenso.
—¿Novio? —inquirió aturdido.
—Sí —afirmó Leo dejando más extrañado a Yuri mientras Guang miraba el piso con una tierna sonrisa sonrojado hasta la frente.
No se lo había esperado… Leo era ¿Gay? No se lo creía.
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¡Hola, gatitos!
Un nuevo capítulo aunque más relajado. Espero les haya gustado.
Muchas gracias por su compañía y por regalarme unos minutos de su tiempo leyendo este fic.
Un beso enorme a todos.
Bye!
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Se vienen personajes nuevos que moverán estas aguas 7u7
